Autor Original: YenGirl
ID: 1441036
Los 20 primeros capítulos están ya traducidos pero por algunos motivos tuvo que dejar de traducirlo y, después de hablar con ella y con la autora original, ambas me han dado permiso para continuar con los 10 capitulos que quedan y así dejar acabada la historia.
Por ello, esos 20 capitulos llevarán esta pequeña explicación con los siguientes datos:
Traductora: VaneCaos
ID: 1641450
Y sí, he subido los 20 capítulos a la vez y os preguntaréis, ¿por qué? Simplemente por el hecho de que ya están subidos y no voy a subir los 20 de uno en uno cada semana cuando ya están todos colgados. Es un poco tonto. Los 10 últimos si irán semanales pero estos mejor ponerlos todos a la vez~
Dicho eso, nada más que añadir~
¡Que lo disfrutéis~!
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Capítulo 2. Ven a sentarte conmigo
Maldición.
Fíate de Cross para que te encargue tareas adicionales el mismo día del concierto. Zero iba a llegar tarde y eso no le gustaba. No le gustaba nada. El prefecto de pelo plateado frunció el ceño ominosamente mientras avanzaba a zancadas desde las cuadras de vuelta a la Residencia Sol para una ducha rápida.
Era viernes por la noche y el recital estaba organizado por la asociación de vecinos de la ciudad para un chico que había logrado obtener una beca para continuar sus estudios musicales. Iba a dar un concierto de una sola noche junto con la orquesta local antes de abandonar la ciudad. El concierto debía comenzar en media hora en el pequeño pueblo justo al lado de la Academia Cross.
La lujosa sala construida para los musicales y obras de teatro no era muy grande, por lo que se aplicaba estrictamente la regla de que "el primero que llegue, el primero que se sienta". La única excepción eran los asientos situados en la parte delantera de la sala, algo más caros que el resto: cuatro filas de lujosas y confortables sillas acolchadas. Cada par de sillas compartía una pequeña mesa redonda situada delante de ellas para depositar las bebidas y las pastas. Detrás de estas cuatro hileras se situaban diez filas más de sillas normales sin mesa, mientras que los que llegaran tarde tendrían que permanecer en la parte trasera de la sala. Normalmente, se permitía –y se esperaba- que los clientes de las primeras filas pidieran bebidas, mientras que los demás eran ignorados, ya que difílmente se podía esperar que aplaudieran sin derramar nada encima de ellos mismos y de las sillas que ocupaban.
Ansioso por asegurarse una de las sillas de precio normal, ya que no le apetecía lo más mínimo pasarse de pie los cuarenta y cinco minutos que duraba el recital, Zero se despojó de su camiseta y vaqueros y se dio una ducha rápida pero meticulosa, antes de ponerse la chaqueta de su uniforme encima de una camisa limpia, ya que necesitaba tanto chaqueta como corbata para ser admitido en la sala. Era una pena que Yuuki no estuviera interesada en la música clásica; habría estado bien llevarla también. Afortunadamente, el director había prometido que le echaría una mano con la vigilancia durante el cambio de clases.
Zero se ató la corbata roja de seda mientras caminaba rápidamente fuera de la Academia Cross y se dirigía a la ciudad, con la entrada que había comprado dos días antes firmemente apretada en un puño. Seis minutos más tarde, subía a zancadas las escaleras de la sala de conciertos. Presentó su entrada al acomodador y negó con la cabeza cuando éste le preguntó si quería comprar el programa de la velada. En su opinión, era demasiado caro, y no iba a malgastar dinero en ello.
El prefecto de pelo plateado entró en el fresco interior de la sala, con sus gruesas alfombras, elaborados tapices de color rojo y dorado e impresionantes arañas de cristal. Sus ojos amatista repasaron rápidamente las filas de sillas delante de él y su corazón se hundió. Maldición, era demasiado tarde. Muchos de los asientos de primera fila aún estaban vacíos, pero todas las sillas de las diez filas posteriores estaban ocupadas. Escrutó de nuevo las hileras, más lentamente esta vez, por si acaso había pasado por alto alguna silla vacía en alguna parte. Sin embargo, todas las desocupadas tenían programas o bolsos encima, indicando que habían sido reservadas. Zero exhaló con irritación, apretando los labios.Maldito Cross. Aún quedaban diez minutos antes de que diera comienzo el concierto, pero parecía que tendría que estar de pie después de todo.
Aún maldiciendo por lo bajo al director de la Academia Cross, caminó hacia el centro, con sus ojos aún repasando ausentes la mitad delantera de la sala. Se paró a media zancada. Espera, ¿aquel era Kaname Kuran sentado en la mismísima primera fila? No había manera de confundir aquel regio y arrogante porte y el oscuro y ondulado cabello que le quedaba tan apropiado. Y solo, también. Eso era sorprendente. Quizás la pesona con quien había venido estaba cerca, en algún lugar...
Un momento después, Zero esbozó una sonrisa malévola. Un escuálido y demacrado chico con el pelo largo sentado sólo dos filas detrás del purasangre lo estaba repasando arriba y abajo con una obvia mirada de interés en sus pálidos ojos acuosos. ¿Podría ser que aquel tipo estuviera insinuándose a Kuran? ¡Bueno, bueno, bueno, parecía que el purasangre podía ser vulnerable después de todo, sin su habitual séquito de nobles para besarle el culo y protegerlo!
Sus labios se curvaron. Mala suerte. Deja que el niño bonito de Kuran se las apañe él solo con ese gay, no era su problema. Hundiendo las manos más a fondo en los bolsillos de los pantalones, Zero se apoyó contra la pared, apoyando el peso sobre su pie derecho mientras doblaba la pierna izquierda y plantaba el pie en la pared. Un pensamiento brotó en su mente y amplió su sonrisa mientras se preguntaba qué sería más entretenido aquella noche: el concierto... o la incomodidad de Kuran al sentirse devorado con la mirada, y por otro hombre, nada menos. Aunque prefería con mucho lo primero, se inclinaba a pensar que lo último se acercaría más a la verdad.
La sala seguía llenándose y Zero miró alrededor. Todo el mundo vestía ropa formal, los hombres con chaquetas y corbatas y las mujeres con vestidos. Incluso Kuran, por lo que podía ver, estaba de foto con una ligera chaqueta que parecía que hubieran confeccionado especialmente para él, por la manera en que se ajustaba perfectamente a sus hombros. Probablemente era así. Probablemente también había costado un riñón. Zero se encogió de hombros con desinterés y miró alrededor.
Pero más o menos un minuto después, y a pesar de su resolución, se dio cuenta de que tanto sus ojos como su atención volvían de nuevo al purasangre. Sus agudos sentidos de cazador le dijeron que Kuranestaba realmente incómodo. El pursangre aparentaba estar totalmente a gusto, reclinado en su silla, con las largas piernas cruzagas elegantemente y una mano apoyada ligeramente en la mesa delante de él; la mismísima imagen de la satisfacción relajada. Sin embargo, algo en su postura estaba fuera de lugar para Zero. Aquel detalle se aferraba a él, exigiendo que le prestara toda su atención hasta resolver el misterio. Zero se dedicó a ello ya que el recital aún no había empezado. Tampoco tenía nada más en lo que ocupar su mente...
Centró toda su atención en el purasangre sentado en la primera fila. Sí, la posición de aquella elegante cabeza morena era un pelín demasiado rígida para que pareciera realmente cómoda y se percibía una cierta tensión en aquellos hombros bien definidos. Kuran claramente no estaba relajado y tenía que deberse a la no deseaba y constante atención del tipo sentado dos filas detrás de él. Las cejas de Zero se elevaron ligeramente; aquel voyeur tenía que estar también forrado para ser capaz de pagar un asiento de primera clase.
Por alguna razón, el hecho de que hubiera conseguido reconocer las sutiles señales del purasangre le molestó y resopló por lo bajo. Así que a Kuran lo estaban desvistiendo con la mirada, ¿y qué?. La culpa era suya por tener aquella perfecta pinta de niño bonito, ¿vale?. Y además era un purasangre, una mirada y el Sr. Lascivo estaría frito. O reducido a un idiota balbuceante. O las dos cosas. Lo que sea. Zero había venido a disfrutar del concierto y eso es lo que iba a hacer.
Apretando los labios de nuevo, pero esta vez con decisión, cruzó los brazos sobre el pecho y apoyó el peso sobre su otro pie mientras devolvía la mirada al escenario situado al frente de la sala. El escenario estaba algo hundido, unos 70 centímetros por debajo de la audiencia. En el centro del escenario había un pequeño piano de cola, con la orquesta dispuesta detrás y sus integrantes estaban ya sentados y preparados. Zero querría poder estar lo bastante cerca como para poder ver los dedos del pianista, pero eso significaba tener que comprar entradas en las primeras filas. Y ahora, ni siquiera tenía un asiento. Iba a ser bastante agotador aguantar de pie durante cuarenta y cinco minutos...
Casi involuntariamente, los ojos de Zero vagaron de nuevo hacia el purasangre sentado en el centro de la primera fila. Por supuesto, Kuran tenía que tener los mejores asientos de la casa... Ahora era evidente que aquella noche estaba solo, ya que el concierto iba a comenzar en un par de minutos y la silla a su lado todavía estaba vacía. Aquello también debía sumarse al malestar que podía sentir en él.
El admirador de Kuran estaba sentado en la tercera fila, tres mesas atrás hacia el lado derecho de la sala y aún espiándolo abiertamente. De vez en cuando, su pálida mirada se deslizaba a la silla vacía a la izquierda del purasangre, como si estuviera dándole vueltas a la idea de sentarse allí. Zero sacudió brevemente la cabeza. Era obvio que el Sr. Lascivo no era un vampiro, sino ni siquiera se habría atrevido a hacer un movimiento tan descarado.
De repente, una indecisa idea se coló en la mente de Zero. Casi horrorizado, la descartó inmediatamente, pero volvió con sutil insistencia. Mira, susurró persuasivamente. Kuran tiene la mejor mesa de toda la sala, ¿no? Está justo en el centro y sus dos asientos –especialmente el izquierdo- ofrecen la mejor vista de las teclas del piano para que su ocupante pueda apreciar fácilmente el virtuosismo del pianista. Kuran está solo y la silla de la izquierda está disponible. Podrías ir allí y ponerte cómodo...
Sí. Claro. Zero cortó la idea de raíz. El purasangre elevaría una ceja presuntuosa y, o bien le negaría aquel asiento, o pediría a alguien que lo echara. Estaba en su derecho y Zero se sentiría demasiado humillado como para quedarse en la sala después de algo así. Pero la idea continuó dándole la lata. Mira, susurró aún más persuasivamente que antes. Kuran no te diría que no porque también serviría para ayudarle a él, la silla libre quedaría ocupada y el marica de dos filas atrás tendría que rendirse, ¿no? De hecho, al purasangre le beneficiaría tener a alguien sentado a su mesa, incluso si ese alguien era su rival. Después de todo, no tenían por qué entablar conversación, por Dios. Las dos sillas estaban separadas unos 90 centímetros, así que no tendrían ni que sentarse muy cerca, sólo a la misma mesa. Un simple acuerdo, realmente...
Antes de que pudiera cambiar de opinión, y diciéndose firmemente que sólo buscaba su propia comodidad, Zero se despegó de la pared y caminó con confianza por el pasillo central. Había un espacio de casi un metro entre cada par de sillas de primera clase y Zero no tuvo problema para acercarse a la primera fila. Algunos de los asistentes sentados cerca lo miraron de reojo y un par fruncieron el ceño, tanto por su rudeza, ya que el concierto estaba a punto de empezar, como por su vestuario. El uniforme de la Clase Diurna que llevaba Zero no encajaba exactamente en la norma de "vestimenta formal" que aplicaban los otros asistentes.
Un acomodador uniformado se materializó detrás de Zero como una sombra.
-¿Puedo ayudarle, señor?- murmuró con un tono que implicaba claramente que no le gustaba las molestias que estaba causando aquel chico alto de pelo plateado.
Zero lo ignoró y se paró al lado de la silla vacía de la mesa de Kaname. El purasangre levantó la vista hacia él, con una expresión educadamente interrogante. De cerca, era obvio para Zero lo tensos que estaban los hombros de Kaname, pero se preguntó cómo podía haberlo notado desde el fondo de la sala. También podía percibir la mirada inquisitiva del Sr. Lascivo sobre él.
Zero fijó deliberamente la vista en el purasangre pero esperó a que él hablara primero. El acomodador aguardó en silencio y algo indeciso a un lado, sin atreverse a hablar más ya que kaname no había reaccionado de inmediato. Después de aproximadamente medio minuto de embarazoso silencio, Kaname finalmente habló.
-Kiriyu-kun.- murmuró, inclinando la cabeza educadamente.
Zero asintió lentamente, aún contemplando aquel rostro familiar con sus elegantes y perfectos rasgos.
-Kuran.
Como de costumbre, omitió el calificativo honorífico y el acomodador retrocedió un paso, preguntándose si aquello denotaba alguna familiaridad entre los dos. Detestaría provocar algún enfado si aquel era el caso.
El purasangre esperaba a que Zero expusiera el motivo para acercarse a él y el prefecto hundió las manos en los bolsillos de los pantalones antes de señalar con la barbilla a la silla vacía en frente suyo.
-He llegado tarde. ¿Está ocupada?- preguntó suavemente, conteniéndose para no sonar abiertamente maleducado.
Kaname aún lo estaba contemplando pero parecía estar considerando algo.
-Se suponía que Takuma Ichijo me iba a acompañar pero le ha surgido una urgencia.- murmuró, para luego hacer una pausa.
Aunque su cabeza estaba girada hacia la izquierda y sus ojos fijos en Zero, éste tuvo la impresión de que la atención del purasangre estaba en algún lugar a su derecha, vigilando a su voyeur. Kaname pareció tomar una decisión porque inclinó la cabeza amablemente y gesticuló con una mano elegante hacia la silla vacía.
-Ya que no tienes asiento, acompáñame, por favor, Kiriyu-kun.- lo que parecía algo de reconocimiento divertido chispeó brevemente en sus profundos ojos marrones.
Y Zero lo supo. Kuran lo sabía...
Antes de que pudiera arrepentirse, Zero hizo un breve asentimiento de agradecimiento y se sentó. La actitud del acomodador se volvió inmediatamente más servicial.
-¿Puedo tomarle nota, señor?- preguntó con deferencia.
Zero elevó las cejas al tiempo que sus hombros se tensaron levemente. No tenía previsto consumir ninguna de las bebidas horríblemente caras de aquí. De hecho, probablemente ni siquiera llevaba suficiente dinero para pagarlas. Mierda.
-Por favor, Kiriyu-kun. A mi cuenta.- invitó Kaname y Zero le dedicó una mirada recelosa.
El purasasangre se la devolvió serenamente. Zero dudó y luego asintió.
-Tomaré lo mismo que él.- murmuró, indicando el vaso de líquido ámbar en la mesa, al lado del programa que, evidentemente, había comprado.
Bueno, desde luego el purasangre tenía pasta para derrochar. El acomodador hizo una pequeña reverencia y se desvaneció.
Acto seguido, las luces del techo se atenuaron y se apagaron, dejando sólo uno o dos focos sobre el piano del escenario. Mientras la conversación de la sala enmudecía, el director entró en el escenario entre educados aplausos. Agradeció el gesto a la audiencia y subió hacia su atril. El pianista apareció medio minuto más tarde entre más aplausos, dedicó al público y a la orquesta una reverencia y se sentó frente al piano.
Kaname miró de nuevo a Zero de reojo.
-Gracias.- murmuró suavemente.
Zero se negó a mirarle pero bufó suavemente.
-¿Por dejarme sentar aquí? No es necesario.- sin embargo, su honestidad innata le forzó a añadir algo más.- Gracias por la bebida.
Kaname no respondió y Zero le dedicó una mirada suspicaz. El purasangre aún le miraba con una leve sonrisa en aquellos labios bien perfilados.
-Entonces disfrútala, con mi agradecimiento.- replicó con calma.
Era como si quisiera que Zero supiera que lo sabía...
Zero quiso negarlo, pero en vez de eso se encontró asintiendo con cautela. Se hizo otro silencio expectantre en la sala y, simultáneamente, los dos vampiros se reclinaron en sus sillas y volvieron la vista al escenario. A una señal del director de orquesta, la familiares notas de apertura del Concierto para Piano nº 9 de Mozart llenaron la sala. A pesar de sí mismo, el vampiro de pelo plateado se encontró echando un vistazo por encima del hombro del purasangre. Sentados, Kaname y él eran exactamente de la misma altura y Zero se escondió tras la cabeza de Kaname para espiar de nuevo al Sr. Lascivo, cuyos ojos estaban ahora midiendo los cuatro centímetros que separaban las sillas de los dos vampiros. Con un tenso vuelco de estómago, se dio cuenta de que ocupar la silla vacía no sería suficiente para disuadir al admirador de Kaname. Aparentemente, la distancia entre las sillas indicaba al Sr. Lascivo que Kaname y Zero eran sólo... conocidos.
A pesar del animado primer movimiento del concierto, Zero oyó, o más bien sintió, el casi silencioso suspiro que exhaló el purasangre sentado a su lado. Pero Kaname no dijo ni hizo nada. Era como si estuviera dispuesto a soportar la tortura de que se lo comieran con los ojos durante todo el concierto. Y, por alguna razón, algo en Zero... se rebeló. Con fuerza. No sabía por qué, debería estar riéndose a carcajadas ante la mera idea de alguien haciendo sentir incómodo al arrogante y confiado purasangre. Pero no era así. Zero suspiró. ¿Quizás porque Kuran había sido amable al dejarle sentarse?
Antes de poder reprimirse, Zero se levantó un poco y movió su silla más cerca de la de Kaname, volviéndose a sentar. Ahora las sillas estaban sólo a unos dos centímetros de distancia. Sintió la mirada del purasangre de nuevo sobre él y lo miró de reojo, casi esperando una reprimenda de Kaname para que por favor se reprimiera y guardara las distancias. Pero, sorprendentemente, sólo encontró aquella críptica media sonrisa en los labios cincelados mientras el purasangre murmuraba un casi inaudible "Gracias". Zero asintió de manera inconsciente por respuesta.
En ese momento, el acomodador se materializó junto a su codo izquierdo, dispuso su copa sobre la mesa, se inclinó y desapareció. Zero tuvo la oportunidad de echar una ojeada subrepticiamente al Sr. Lascivo, que parecía algo más extrañado ahora. Pero seguía sin dejar de mirar a Kaname. Zero era demasiado consciente de la incomodidad del purasangre y aquello estaba afectando su disfrute de la música. De hecho, se dio cuenta de que estaba prestando más atención al voyeur que a cualquier otra cosa, lo cual no era un buen augurio para el resto de la noche.
Contempló al pianista en el escenario, pero no estaba concentrándose en sus ágiles dedos, ni siquiera escuchando la música. En todo en lo que podía pensar era en conseguir echar al voyeur de Kaname para que él, Zero, pudiera disfrutar del resto del concierto. Su irritación hizo que se le pusiera la mosca detrás de la oreja. Incluso mientras se decía a sí mismo que lo estaba haciendo sólo para asegurar su propio disfrute de la música y no para ayudar a Kuran, Zero movió deliberamente su silla hasta que la parte derecha chocó contra la de Kaname. Un par de irritados "ssh" sonaron detrás suyo; sus frecuentes movimientos estaban molestando al resto de asistentes. Zero los ignoró mientras se acomodaba de nuevo en la silla. Al hacerlo, su hombro derecho rozó el izquierdo de Kaname y, por alguna razón, aquel breve contacto hizo que sus orejas ardieran. Esperaba que el purasangre no pensara que estaba, bueno, insinuándose o algo así.
Pero Kaname no hizo nada. Medio escondido tras los largos y ondulados mechones del purasangre, Zero disimuló otra mirada a su observador. Sí, definitivamente, en la cara del Sr. Lascivo había aparecido una mirada de desagrado. Aquello provocó una súbida satisfación en Zero, pero la ignoró. Se oyó una suave risita de Kaname y la ignoró también, con las orejas hormigueando aún más.
Resueltamente, Zero cruzó los brazos y miró al frente, prácticamente fulminando con la mirada al inocente y talentoso pianista. Pero un momento después, no pudo evitar volver a mirar al Sr. Lascivo. Estaba lívido pero seguía mirando. Puso los ojos en blanco. Ya se estaba sentando tan cerca de Kaname como podía, ¡sus sillas estaban pegadas, por Dios! ¿Es que no había nada que pudiera disuadir a aquel pervertido? ¡De verdad!
Kaname giró un poco la cabeza hacia la izquierda, con sus ojos oscuros reparando en la mandíbula cerrada y los dientes apretados de su compañero de pelo plateado.
-Lo agradezco, Kiriyu-kun.- murmuró, para luego tensarse.
Su voz había transmitido más calor de lo que pretendía mostrar y el hecho de que Zero girara súbitamente la cabeza hacia él con sorpresa le dijo que también se había dado cuenta. Rápidamente, Kaname volvió a mirar al frente. Mierda.
Zero se encontró estudiando el perfil del purasangre. Había una extraña sensación de soledad... o...vulnerabilidad en aquella voz suave. Algo que apelaba a él. Inhaló suavemente, extrañamente conmovido, y maldijo. Maldita sea si su corazón no era demasiado débil...
Suspiró, intentando que sonara tan irritado y molesto como fue capaz mientras cambiaba de postura en la silla, acercándose tanto a Kaname que sus hombros y brazos se tocaban. Entonces se paralizó, esperando a ver si el purasangre se retiraba o incluso si le daba una colleja por ser tan presuntuoso. Después de todo, estaba invadiendo el espacio personal del otro y nadie tocaba a un purasangre o se sentaba tan cerca de él sin una invitación. Nadie. Ni siquiera un vampiro Nivel D que también era su rival por la misma chica. No, mejor dicho, especialmente no un Nivel D que también era su rival por la misma chica.
Pero, sorprendentemente, Kaname ni se separó ni le pegó. Si acaso, se acercó un poco más a Zero, por lo que sus brazos continuaron tocándose. Incluso a través de las mangas de sus chaquetas y camisas, Zero podía sentir el calor del cuerpo del purasangre contra su brazo. Era... tranquilizador. Mostraba que Kaname era una criatura que respiraba, viva y cálida. Y, por improbable que pareciera, estar tan cerca del purasangre no hizo sonar campanas de advertencia en su mente. Después de todo, Kaname no iba a matarle en aquel momento y durante un concierto, nada menos.
Era... extraño. Zero nunca había reparado en el olor de Kaname antes pero ahora no podría ignorarlo ni aunque lo intentara. El purasangre olía a recién duchado, con la fragancia del champú adherida a su largo cabello y el leve olor del jabón alrededor. Sus ropas también estaban recién salidas de la lavandería. Pero, incluso bajo todo aquello, Kaname olía bien. Intoxicantemente bien. No era el olor de su sangre, porque no estaba herido, era simplemete él. El mismo Kaname. Zero tuvo un pensamiento estúpido en aquel momento, preguntándose si todos los purasangres olían tan bien. No era de extrañar que el tipo no usara nunca aftershave o colonía, simplemente no lo necesitaba. Y no debería, parecía casi un crimen tapar su olor natural... Se mordió el labio, sofocando un gemido y reprimiendo sus rebeldes pensamientos casi con un chirrido. Qué estaba mal en él aquella tarde, pensando aquellas cosas raras, y de Kaname, de entre toda la gente.
Kaname estaba sorprendido también. Si alguien le hubiera dicho que su rival estaría sentado tan cerca de él que sus brazos se tocarían, habría pensado que estaba loco. O le habría abofeteado. O le habría agujereado de punta a punta antes de estrellarlo contra un árbol. Pero aquí estaba Kiriyu, haciendo exactamente eso y dejando a Kaname la mar de satisfecho. Desde luego, el hecho de que aquel gay dos filas y tres mesas detrás suyo le estuviera prácticamente desnudando con la mirada era un factor decisivo, pero aún así... Kaname estaba sorprendido al darse cuenta de que la idea de Kiriyu sentado cerca suyo e invadiendo su espacio personal no fuera en absoluto tan desagradable como inicialmente había pensado que sería. No era amenazadora e incluso se atrevía decir que era... agradable.
Kiriyu olía como si se hubiera duchado hacía poco. El húmedo pelo plateado estaba recién lavado. Era obvio que había usado la chaqueta de su uniforme y los pantalones todo el día, pero no había problema. La camisa blanca debajo de la chaqueta estaba limpia y recién salida de la colada, aunque retenía un leve olor a transpiración. El hecho de que Kiriyu hubiera llegado tarde debía haber implicado que se esforzara a fondo lo suficiente como para sudar un poco. Pero aún así era... agradable. El olor del ex humano, en vez de crisparle los nervios, le relajaba de alguna manera. Caviló sobre un ello un momento antes de decidir que tenía que ser porque Kiriyu era la única persona que le resultaba familiar en aquella habitación. Era una sensación de familiaridad que creaba una falsa imagen de consuelo, eso era todo.
Pero aún más sorprendente que darse cuenta de que la cercanía y el olor de Zero eran aceptables, era el hecho de que Kiriyu se había esforzado por el purasangre. Sentados tan cerca, Kaname casi estaba tentado de pensar que Kiriyu podría estar insinuándose, si no fuera porque de hecho eran enemigos y rivales absolutos por el amor de la misma chica. O sea que lo que Kiriyu estaba haciendo en aquel momento, además de conseguirse un asiento, tenía que ser por... ¿comprensión? Las cejas de Kaname se juntaron en un suave ceño. No podía creerlo...
A su lado, Zero se inclinó hacia delante para alcanzar su bebida con su mano derecha. Al mismo tiempo, Kaname hizo lo mismo con la izquierda. Sus nudillos se rozaron levemente, casi provocativamente, y Zero retiró su mano con rapidez, como si se la hubiera quemado, provocando que su vaso oscilara peligrosamente sin llegar a derramarse, aunque algo de whisky salpicó la mesa y un par de gotas aterrizaron en una esquina del programa de Kaname. Aunque no había sido culpa suya, Kaname no pudo evitar un "perdón" al que Zero respondió encogiéndose de hombros y mascullando un "no es culpa tuya".
Ambos bebieron un sorbo de sus respectivos vasos antes de depositarlos de nuevo en la mesa. Luego se reclinaron otra vez, moviéndose un poco para asegurarse de que sus brazos aún se tocaban. La música suavizó algo la violenta situación y Zero espió encubiertamente al Sr. Lascivo: aún estaba haciendo honor a su nombre. Con el sorbo de whisly calentando agradablemente su estómago, Zero inclinó la cabeza hacia la derecha y susurró por la comisura de la boca.
-Tu admirador aún no se ha rendido, Kuran.
El purasangre se removió incómodamente al lado suyo y Zero sonrió. Kaname suspiró. Fue un sonido melancólico, suave.
-Lo sé.- murmuró, casi con tristeza.
De nuevo, Zero sintió que le recorría aquel extraño impulso protector. Sin saber por qué, se encontró espetando sin poder contenerse:
-¿Quieres probar algo para quitártelo de encima?
Silencio.
Zero ignoró el suspiro molesto procedente justo de detrás suyo y se giró para enfrentarse directamente a la atónita mirada de Kaname.
-Bueno, ¿quieres o no?- repitió, bajando la voz.
Kaname fruncía el ceño ligeramente, como enfrentándose a algo a lo que no sabía muy bien cómo responder. Por alguna razón, el que pudiera sorprender al purasangre conmovió a Zero. Kaname asintió con decisión.
-Lo que sea.- afirmó.
Algo de su frustración asomó en aquella palabra y Zero reprimió una sonrisa.
-De acuerdo.- susurró, sintiéndose como un cómplice de asesinato con el purasangre, unidos contra el mundo por una sola vez. O, más exactamente, contra tipos lascivos en conciertos de música...- Intenta no gritar, ¿vale?- masculló irónicamente antes de hundirse un poco en su silla, de manera que su oreja derecha quedó a la misma altura que el hombro del purasangre.
Al momento siguiente, recostó la cabeza contra aquel hombro. El cuerpo de Kaname se tensó inmediatamente y Zero lo oyó espirar suavemente, con una exhalación sorprendida.
-Cálmate, Kuran.- añadió rápidamente.- No voy a saltar encima tuyo, sólo...
-Lo sé.- respondió Kuran, interrumpiéndole.
Zero notó su tenso cuerpo relajarse y el suyo hizo lo propio en respuesta. Permanecieron sentados en un silencio amigable, consiguiendo extrañamente disfrutar de la música. Pronto, una prolongada vibración seguida de una serie de arpegios descendentes del pianista condujeron a la orquesta a cerrar el primer movimiento con una floritura. Tras una pausa, dio comienzo el segundo movimiento. Andantino. Un ritmo moderado.
Algo rozó la mejilla derecha de Zero. Por su olor, supo que era un mechón de la melena oscura de Kaname, increíblemente suave y fragante. Acarició la piel de Zero cuando el purasangre apoyó su mejilla sobre su cabeza, haciendo que el prefecto se pusiera tenso.
-Cálmate, Kiriyu-kun.- murmuró aquella voz suave y sedosa sobre su cabeza, sonando extrañamente acorde con el lento, hermoso y sensual pasaje de la música.-No voy a saltar encima tuyo, sólo... –Kaname enderezó la cabeza mientras dejaba que su voz se desvaneciera con intención.
Tal como esperaba, Zero se separó para fulminarlo con la mirada antes de resoplar suavemente, cruzando los brazos casi de manera defensiva al encajar la pulla del purasangre. Kaname, sorprendentemente, le guiñó un ojo, reprimiendo una sonrisa cuando los labios de Zero se entreabrieron con sorpresa. Por un momento, el ex humano experimentó el horrible impulso de guiñarle un ojo también, pero se contuvo.
Kaname gesticuló suavemente con la cabeza, animando a Zero a continuar con lo que estaba haciendo. El ex humano accedió, recostando la cabeza en el hombro del purasangre una vez más. El segundo movimiento era más lento, calmante... Zero disimuló un bostezo. El trasnochar le estaba pasando factura de nuevo y el hombro de Kaname era un buen lugar donde apoyarse. Sorprendentemente bueno, de hecho. Musculosamente firme y cálido... Zero disimuló otro bostezo y la imagen del pianista en el escenario se volvió borrosa por un momento.
-¿Soñoliento, Kiriyu-kun?- murmuró la misma voz baja y sedosa, que sonaba casi íntima en la penumbra de la sala, amortiguada por la música.
Zero resistió el instintivo y casi irresistible impulso de frotar su mejilla contra el suave y fino lino de la manga de la chaqueta de Kaname.
-Mmm, echo una mano a Yuuki... álgebra.- murmuró sin mucho sentido mientras se frotaba los ojos y se hundía otro par de centímetros en su cómoda silla.
-Ah, ya veo.- la voz del purasangre traslucía un cálido afecto, pero Zero lo ignoró.
Un momento después, algo igual de cálido se posó sobre sus hombros. Casi saltó de la sorpresa, pero aquella calidez era firme... dura... y lo sujetó sin problemas.
-Cálmate, Kiriyu-kun.- susurró Kaname, con la mirada fija en el piano del escenario.
La de Zero también lo estaba.
-¿Tu admirador aún no se ha rendido?- preguntó secamente. Sin esperar una respuesta, sus párpados se cerraron un poco.
El tercer movimiento del concierto era rápido, vívido y despertó un poco a Zero. Mintras finalizaba entre aplausos entusiastas, giró el cuello para mirar atrás. El Sr. Lascivo estaba a punto de irse, dirigiéndole a Zero una última mirada lívida antes de salir hecho una furia. Un acomodador se aceró al airado asistente y recibió una brusca réplica a su educada pregunta. Luego se acercó a la mesa para retirar el vaso vacío. Parecía que el Sr. Lascivo ya no iba a volver. Esperando que Kaname retirara su brazo y lo empujara en cualquier momento, Zero se sorprendió cuando su compañero no hizo ninguna de las dos cosas. ¿Quizás no se había dado cuenta de que ya no estaba siendo observado? Zero se encogió mentalmente de hombros y decidió ignorarlo, en pos de que el hombro del purasangre era realmente cómodo. Lo que fuera...
Los integrantes de la orquesta abandonaron el escenario para permitir al pianista que continuara con la segunda pieza de la velada, la Sonata Claro de Luna de Beethoven. El ritmo majestuoso y el tono sombrío de la famosa sonata provocó que Zero bostezara de nuevo y, esta vez, frotó insconscientemente la mejilla contra la manga de la chaqueta de Kaname. Pero si el purasangre se dio cuenta, no dijo nada. Las firmes y persuasivas notas pronto hicieron que los párpados de Zero se cerraran, acunándolo en un dulce y profundo sueño.
Un rato después, los ojos oscuros miraron hacia abajo y una sonrisa socarrona curvó aquellos labios cincelados. Era extraño. Zero había estado vigilando estrechamente a aquel crápula de detrás, pero obviamente no se había dado cuenta de que ya se había marchado. Si no, Kaname estaba seguro de que el ex humano no habría perdido el tiempo en escabullirse lo más lejos posible de su rival. Si Zero hubiera roncado, el purasangre se lo habría sacudido de encima sin dudarlo. Pero el vampiro de pelo plateado dormía silenciosamente y era extrañamente... agradable... tenerle tan cerca. Kaname se dijo que sólo lo mantenía por si aquel marica volvía. O en agradecimiento al saber que había sacrificado unas cuantas noches de sueño ayudando a Yuuki con sus estudios. Pero la parte más honesta de Kaname sabía que aquel lascivo no iba a volver. Y estaba seguro de que Zero habría recibido su recompensa con el agradecimiento de Yuuki. Eso significaba que Kaname mantenía a Zero cerca por la sencilla razón de que le hacía sentir que no estaba tan solo.
Kaname siempre estaba solo. Había crecido con aquella certeza y se había acostumbrado bastante. Pero no significaba que le gustara, ni siquiera acompañada de los otros privilegios de ser un purasangre. Incluso si Takuma hubiera podido estar allí con él, el Ayudante del Líder de la Residencia nunca se habría atrevido a sentarse tan cerca, simplemente eso no se hacía. Pero alguien lo estaba haciendo. Qué irónico que fuera la única persona en la Academia Cross que ni le respetaba ni le admiraba. Sí, Kaname tenía a alguien a su lado, incluso si ese alguien era benditamente inconsciente de ello. Y lo más extraño era que le hacía sentir calidez. Le hacía sentir bien.
Ciertamente, la vida era extraña. Pero si el destino le estaba ofreciendo a Kaname un momento de calor en un vasto océano de soledad, ¿quién era él para rechazarlo? Él, que ansiaba amor, calor y aceptación más que nada en el mundo. Con los ojos oscuros fijos en el pianista y una extraña, suave y contemplativa expresión en su rostro, Kaname bajó la cabeza, rozando muy ligeramente con sus labios el suave pelo plateado mientras la cabeza de su rival descansaba confiadamente en su brazo.
- o -
Takuma estaba sentado en el asiento trasero de la limusina mientras veía al público abandonar la sala. Sentía haber regresado sólo a tiempo de acompañar al conductor para que trajera a Kaname de vuelta a la Academia. Pero, sobre todo, sentía no haber podido estar con su amigo, acompañarlo y cuidarlo.
Diez minutos después, los últimos asistenteshabían abandonado la sala, pero seguía sin haber ni rastro de su carismático amigo purasangre. Con una ligera arruga de preocupación entre las cejas, Takuma bajó de la limusina y subió los escalones.
Mostró su entrada, rechazando educamente las profusas disculpas del acomodador por el hecho de que el concierto hubiera finalizado y entró en la sala. Kaname parecía ser la única persona que quedaba, sentado en el centro de la primera fila. El lujoso alfombrado amortiguó los silenciosos pasos de Takuma pero la cabeza morena se giró ligeramente, reconociendo su presencia.
Cuando el Ayudante del Líder de la Residencia alcanzó la parte trasera de la primera fila se paró en seco, abriendo los ojos verdes. Kaname no estaba solo después de todo, había alguien sentado al lado. Rápidamente, Takuma se acercó al frente de la fila y su boca se abrió de pura sorpresa.
El desconocido compañero de Kaname era Zero Kiriyu, el huraño guardián de la Academia Cross. La cabeza plateada estaba apoyada contra el brazo del purasangre. Takuma abrió la boca para hablar pero Kaname se llevó un largo dedo a los labios antes de negar suavemente con la cabeza. Luego, los ojos oscuros reposaron en la figura durmiente del joven antes de fijarse en los de su amigo.
-Siéntate, Takuma.-dijo con suavidad.- Kiriyu no se va a despertar pronto.- el purasangre no podía ni imaginar que Zero fuese capaz de dormir en medio de atronadores aplausos o de las piezas de ritmo rápido que habían sonado luego...
Takuma asintió con una suave sonrisa irónica en los labios. Se detuvo delante de ambos y se inclinó silenciosamente para examinar más de cerca al dormido prefecto. Entonces, se mordió el labio.
-Kaname, Zero-kun te está arrugando la manga de la chaqueta.
-Se puede planchar.
-Creo que también está babeando. Al menos, un poco...
-Se puede lavar.
Takuma asintió y se acercó a Kaname. En silencio, se sentó en la silla de la mesa de al lado.
-Entonces... ¿qué quería tu abuelo?
Ambos vampiros conversaron en tono suave y Kiriyu ni se inmutó. Pero, diez minutos después, el ex humano seguía sin dar señales de ir a despertar pronto y Takuma se removió un poco. No quería romper aquella escena extrañamente pacífica al ver que su amigo se sentía cómodo como estaba, pero...
-Kaname.- dijo con reticencia.- Tenemos que volver pronto. Los demás te están esperando.
El purasangre no dio ninguna seña de haber oído a su amigo, pero movió suavemente el brazo contra el que reposaba Zero. Esperó y repitió el suave movimiento hasta que el prefecto rebulló. Zero abrió los ojos y registró la visión inclinada del escenario. La orquesta había desaparecido y no había nadie sentado al piano. ¿Dónde estaba el pianista? ¿Por qué no había nadie tocando? ¿Es que estaban en el intermedio? Zero parpadeó de nuevo cuando sus oídos registraron el silencio de la sala y levantó la cabeza poco a poco. Oh, claro. El concierto sólo duraba 45 minutos, por lo que no era necesario ningún intermedio. ¿Entonces, dónde narices estaba la gente? ¿Había acabado ya el recital?
Se incorporó, rascándose inconscientemente la nuca y flexionando los hombros mientras miraba por detrás de su hombro izquierdo. Cada silla en el lado izquierdo de la sala estaba vacía. El estómago se le cayó hasta la silla que ocupaba. Oh, no. Oh, no. No había dormido todo el concierto, ¿verdad? Zero se volvió hacia la derecha y vio a Kaname aún sentado en la silla al lado suyo, mirándolo con aquella cara impasible. Detrás, el lado derecho de la sala también estaba vacío. Al otro lado de Kaname estaba Takuma Ichijo, intentando sin mucho éxito esconder la divertida sonrisa de su cara. Tragó saliva al notar el estómago hundirse desde la silla hasta la alfombra.
-¿Has tenido buenos sueños, Kiriyu-kun?- murmuró Kaname.
Para su total mortificación, Zero se sonrojó profundamente. Mierda. El concierto se había acabado y se lo había perdido casi del todo, pero ¿acaso aquella era la peor parte? No. La peor parte era que había usado el brazo de Kaname como almohada todo aquel rato. ¿Algo podría ser peor? Bueno, sí. El hecho de que, aunque obviamente el concierto había acabado, Kaname hubiera escogido no despertarlo inmediatamente podría ser considerado como peor. Mierda. Bueno, "mierda" no definía del todo lo que quería decir, pero...
-Uh, Kuran.- empezó Zero embarazosamente, con la vista fija en la aguja de oro de la corbata del purasangre.
Pero Kaname simplemente meneó la cabeza.
-Por favor, kiriyu-kun, no.- dijo suavemente. Sabes que también me ayudaste.
Zero le miró entonces. Su tentativa mirada captó el mensaje no pronuciado en los atrayentes ojos oscuros e hizo una pausa, sorprendido. ¿Había algo de comprensiva gratitud en aquellas oscuras profundidades? Imposible, y aún así...
Tras un momento, Zero asintió, alisándose el pelo con una mano. Se hizo un silencio incómodo mientras Takuma paseaba la mirada del uno al otro antes de que Zero se levantara.
-Es tarde, debería volver.- empezó, para detenerse cuando Kaname levantó una mano elegante.
-Nosotros también volvemos a la Academia, Kiriyu-kun. Irías más rápido en coche.- invitó graciosamente.
Zero empezó a mover la cabeza y luego miró de reojo a Takuma, que asintió al punto.
-Vale.- aceptó.
Sintiéndose incómodo, esperó a que Kaname y Takuma se levantaran y empezaran a andar antes de seguirles fuera de la sala. A Zero le habría gustado guardarse el programa pero Kaname lo había cogido y no quedaban más en las sillas de alrededor. Podía oír a los acomodadores entrando rápidamente desde las puertas laterales para limpiar las mesas de vasos usados y platos y enderezar las sillas. Los apresurados sonidos hicieron arder las orejas de Zero de nuevo al darse cuenta de que el purasangre les habría pedido que esperaran para limpiar a que él se despertara... Miró subrepcitiamente su reloj. Oh, cielos, ¿había dormido durante 20 minutos después de que acabara el concierto? ¡Mierda!
El corto trayecto de vuelta fue silencioso. Zero escogió sentarse delante al ver que el conductor abría la puerta trasera a Kaname y Takuma. Tan pronto como la limusina paró delante de la entrada de la Residencia Luna, Zero saltó fuera antes de que lo hiciera el conductor. Masculló un breve agradecimiento, deseó las buenas noches y se giró, esperando que los otros dos vampiros no dijeran nada. Una persona no podía aguantar tanta vergüenza en una sola noche...
-Kiriyu-kun.
Zero se congeló. Reticentemente, se giró hacia Kaname, que había dado un paso al frente.
-Gracias.- murmuró el purasangre.
No cabía error posible en aquella voz suave y Zero dudó.
-Yo... uh... vale, ¿de acuerdo?- masculló, reprimiendo el impulso de juguetear con su corbata floja. ¿Por qué demonios le estaba dando las gracias?
Kaname esbozó una sonrisa enigmática, leyendo sus pensamientos con facilidad.
-Por ayudarme a disfrutar de la música.- precisó.
Zero dudó otra vez. Deseó poder decir lo mismo, pero no podía, ¿verdad?, porque a parte del primer concierto, se había dormido con la cabeza apoyada en...
-Ya... -masculló de nuevo y luego se giró para marcharse.
o -
Tres días después, Zero entró en su habitación de la Residencia Diurna tras el final de las clases. Un sobre marrón encima de la cama le llamó la atención y lo recogió con curiosidad. Iba dirigido a él con una hermosa y florida escritura. Cuando lo abrió y le dio la vuelta, cayeron un CD y un folleto envuelto para regalo.
Se sentó en la cama y cogió el CD. Contenía una selección de piezas clásicas para piano, entre las cuales estaban el Concierto para Piano Número 9 de Mozart y la Sonata Claro de Luna de Beethoven. El folleto era el programa del concierto del viernes anterior. Frunciendo el ceño, lo alzó. Había un par de pequeñas manchas húmedas en la esquina superior izquierda, exactamente donde habían caído dos gotas de su vaso de whisky.
Zero se llevó el programa a la nariz, captando un leve olorcillo del aroma de Kaname junto con un fuerte olor a tinta. Esto último se lo explicó duando abrió el programa y leyó "Gracias por una velada tan inolvidable" escrito sobre la página izquierda, que estaba en blanco, con la misma hermosa caligrafía. Zero se sonrojó a pesar de sí mismo e hizo amago de tirar el programa en su papelera. Luego cambió de idea y lo guardó en su escritorio. Después de todo, no había tenido que pagarlo...
Durante el cambio de clases de aquella tarde, Zero intentó atraer la mirada de Kaname para agradecerle el CD. Pero el purasangre rehusó mirar en su dirección y finalmente Zero se rindió antes de que Yuuki se diera cuenta de su extraño comportamiento y lo comentara. Nunca le habló del regalo ni de que cuando le costaba dormir se ponía los auriculares y escuchaba una sonata en particular de aquel CD. A pesar de recordarle al olor único del purasangre, nunca fallaba a la hora de sumir a Zero en un profundo y reparador sueño.
