A/N: Gracias: Rose Of Angel por la Review. ¡En serio! Y no te preocupes voy a tratar de actualizar tan pronto como pueda

También gracias Lican Van Wolf por tus palabras tan amables ¡es genial que me digas que te gusta mi fic!

Me encanta que me hayan dejado Reviews. Que se tomen el tiempo para decirme que voy bien, es muy especial para mí. ¡Realmente me alegraron el día! :-D

Otra cosa, planeo responder personalmente cada Review que me dejen, si son anónimas les responderé al principio de cada capitulo, y si ya tienen una cuenta por medio de un PM. ;-)

Bueno gente, espero que les guste este capitulo si ese es el caso por favor déjenme Reviews hoy voy a presentar a algunos Dorados ¡ojala les guste! Sin más que decir les dejo el capi ;-)

Disclaimers: Saint Seiya le pertenece a Masami Kurumada.

Texto normal: El relato de Meryl.

Negrita: cosas a destacar.

Cursiva: pensamientos.

"Cursiva": Citas textuales o Leyendas.

Mi nuevo hogar:

Sigo golpeando… me duelen los puños, pero puedo soportarlo. No es la primera vez que los lastimo, ni será la última.

Lo que me desespera no es el dolor. Es el encierro, el no poder correr a su lado…

Dejo descansar mi cuerpo tembloroso contra la fría superficie. ¿Quién hubiera dicho, cuando llegue aquí, que llegaría a esto?

Sacudo la cabeza e inspiro profundamente. No planeo rendirme aún.

Me incorporo una vez más y miro la barrera con determinación, no pienso quedarme sentada mientras ellos luchan...

Sigo golpeando, siento como el tiempo se me escapa… realmente ¿Quién me hubiera dicho que llegaría a esto? Créanme hubiera agradecido la advertencia…


No podía creer lo que veía, mi boca colgaba abierta en una gran "O" frente a mi se encontraba un pueblo que parecía salido de un libro de historia ¡Incluso la gente usaba ropa de la antigua Grecia! Mire a mi hermano esperando una explicación.

_Este es el pueblo de Rodorio, es el único cerca del santuario, que es hacia donde nos dirigimos. – dijo simplemente. Yo quería saber porque todos se vestían así ¿Por qué no usaban ropa normal? Incluso con ese día soleado, el viento que soplaba era muy frío. Pero o esa gente no lo notaba, lo cual no me pareció así, al ver que un hombre se soplaba las manos en un intento de calentarlas, o… algo, no tenia idea del porque.

Seguimos caminando entre la gente, (estoy segura de que ambos destacábamos bastante, ya que vestíamos normalmente: mi hermano llevaba las mismas ropas de cuando me fue a buscar y yo usaba un suéter violeta, jeans y zapatillas blancas) hasta salir del pueblo… luego de eso el camino seguía serpenteando entre ruinas y columnas caídas. Todo aquello me parecía irreal, como un sueño. Corrí un poco delante de Camus por un momento, ansiosa por verlo todo.

_Meryl, no te alejes. – me llego la voz de mi hermano, me di vuelta sonriéndole y lo espere. Mejor no hacerlo enojar, no fuera a ser que cambiara de idea y me enviara de vuelta a Francia.

Caminamos juntos durante un largo rato hasta que pude ver, aun lejos, una gran construcción de aspecto antiguo.

_Camus ¿Qué es eso? – le pregunte con los ojos abiertos como platos.

_Ese es el Santuario, el lugar donde vivo junto con los otros caballeros.

Mire al Santuario, pensativa. Caballeros… mi madre me había contado un poco sobre ellos. Los caballeros de Athena, ellos eran personas muy poderosas bajo las ordenes de la diosa Athena que luchaban para proteger la tierra. Y mi hermano era uno de ellos… a mis ojos mi hermano mayor era un héroe.

_ ¿Hay muchos caballeros viviendo en el Santuario? – le pregunte, tomándolo de la mano. La idea de que hubiera demasiada gente allí me asustaba.

_En los alrededores entre maestros, aprendices y soldados, sí. Pero adonde nosotros vamos solo viven los caballeros dorados, los de más alto rango entre los caballeros.

_ ¿Cuántos son? – si mis preguntas lo molestaban no lo demostró. Me tomaría tiempo acostumbrarme a esa personalidad tan calmada que lo hacía difícil de leer.

_Son doce casas, una por cada signo del zodiaco. Cada una de estas casas es custodiada por un caballero de oro, solo las personas que tengan una invitación del patriarca o el permiso de Atena pueden pasar por las doce casas.

_O sea que hay doce caballeros de oro – resumí, esperando haber entendido bien, Camus asintió – Pero… ¿Por qué no puede pasar nadie?

_Pasando las doce casas se encuentran los aposentos del patriarca… y los de Atena.

Me detuve de pura sorpresa y mire a mi hermano sin poder creer lo que me estaba diciendo ¡Una diosa! ¡Iba a vivir cerca de una diosa!

_ ¡¿Atena vive aquí?! – Mi sorpresa no hizo más que divertir a Camus, quien sonrió – ¿Cuántos años tiene? – fue lo primero que me vino a la cabeza preguntar.

_En realidad es apenas un año menor que tú.

_Entonces ¿Podremos jugar juntas? – pregunte con una sonrisa, la idea de tener una niña con quien jugar me llenaba de alegría, puesto que en el orfanato los otros niños nunca jugaban conmigo. Pero la expresión de mi hermano me dio mi respuesta antes que sus palabras.

_No, solo el patriarca tiene permitido acercarse a ella. – en esto fue cortante, me entristeció mucho oír eso. Sentí pena por la pequeña Atena, debía ser muy aburrido no tener a nadie con quien jugar, yo había pasado por ello y no había sido agradable...

Seguimos andando en silencio.

Finalmente alcanzamos el Santuario, muchas personas iban y venían, principalmente hombres en ropas que se veían diferentes a las que usaban las personas en Rodorio, por lo que pude suponer que era la ropa que vestían para entrenar. Después de caminar y pasar por esta zona, al fin llegamos a las doce casas. Mire la gran cantidad de escaleras con creciente horror, ya me encontraba bastante cansada y, aunque llevaba zapatillas, me dolían los pies. Sin embargo Camus ni siquiera parecía afectado por la caminata.

_Camus… ¿Hasta donde tenemos que subir? – le pregunte con la vista fija en las escaleras y en la primera casa, tenía la esperanza de que no fuera mucho. Las escaleras parecían interminables…

_Tenemos que subir hasta Acuario, la onceava casa. – me dijo tan tranquilo como si se tratara de solo ir hasta la esquina.

_ ¡¿HEEEEEE?! – me caí de pura sorpresa (y una buena dosis de espanto, debo admitir) me apoye en mis brazos y me quede allí de rodillas totalmente desamparada ante el horror de subir todas esas escaleras "imposible… moriré antes de subir hasta allí arriba ¡Ni siquiera se ve desde aquí!"

_Meryl. – mi hermano estaba frente a mí, tendiéndome la mano con una sonrisa amable. Tomé su mano, me pareció escuchar que se reía por lo bajo, pero no estaba segura.

Comenzamos a subir las escaleras. Antes de darme cuenta habíamos entrado a la primera casa… pero ¿No había dicho mi hermano que un caballero dorado custodiaba cada casa?

_Camus… aquí no hay nadie – le dije, mirando alrededor. El lugar donde estábamos era un salón vacío, aparte de una mesa en un costado y unos asientos grandes, también en los costados. Sin embargo pude ver varias "puertas" (en realidad eran huecos en las paredes que parecían llevar a otra parte) el lugar estaba muy iluminado gracias al sol que entraba por las ventanas, por la entrada y la salida del recinto.

_El caballero de Aries rara vez se encuentra en el Santuario. – fue todo lo que me respondió. Parpadee confundida, realmente mi hermano tenia que ampliar su vocabulario ¿No? Nunca decía mucho…

Al salir de la casa de Aries pude ver aun más escaleras, si no fuera porque mi hermano sostenía mi mano; no hubiera comenzado a subir, me hubiera sentado allí y negado a subir más. Corría un serio riesgo de echarme a llorar y hacer un berrinche… pero no lo hice… no sé bien porque al ver a mi hermano, al ver la serenidad de su expresión… no pude, no podía hacer como con mamá y papá y simplemente llorar hasta conseguir lo que quería, no estaba bien hacerle eso a Camus, era una de esas cosas que sabía sin que nadie me las dijera, y nunca cuestioné el por qué sabía estas cosas… tal vez tendría que haberlo hecho…


Fue un largo camino pero, de algún modo, sobreviví y ahora solo unos escalones me separaban de la casa de Tauro… pude ver una figura sentada en la entrada. Al acercarnos más me di cuenta… ¡De que ese hombre era enorme! Parpadee sorprendida con los ojos como platos, él llevaba una pesada armadura de oro que despedía destellos al reflejar los rayos del sol, su rostro era moreno y curtido como si hubiese pasado mucho rato trabajando bajo el sol… o más bien entrenando, sus facciones era mucho más rudas que las de mi hermano, dándole a su rostro una apariencia casi cuadrada, cejas espesas se juntaban formando algo así como un ceño fruncido, tenia los ojos cerrados y los brazos cruzados ¿Estaría durmiendo? Solté la mano de mi hermano para acercarme y examinarlo mejor, olvidada mi timidez en medio de mi curiosidad. La impresión que me causo fue que se parecía a un toro dormitando al sol, la idea me hizo sonreír divertida ¡Si hasta su casco tenia cuernos!

De repente… el toro abrió los ojos…

_ ¡EEK! – salí corriendo lo más rápido que pude y me escondí tras mi hermano.

_ ¿Eh? – ahora era el turno del caballero de Tauro para estar sorprendido – ¿Qué paso, quien es esa niña? – dijo el caballero, inclinándose un poco a la derecha, tratando de verme.

Escuche suspirar a Camus cuando me sintió moverme a la izquierda, tratando de escapar de la mirada del caballero.

_Es mi hermana, desde hoy va a vivir conmigo. – Aclaro y luego, para horror mío me dijo – Ve y preséntate.

Lo mire con absoluto terror y luego mire al caballero sentado frente a mi, luego nuevamente a mi hermano que me miraba de forma inescrutable. Inspire profundo y camine hacia el caballero de Tauro que me miraba fijamente, (lo cual solo empeoraba la experiencia) si alguien más me hubiera visto, habría pensado que me dirigía a la guarida de un dragón.

Cuando estuve solo a dos pasos de él tome aire:

_MuchogustominombresMeryl. – dije rápidamente y sin tomar aire, luego guarde silencio. Vi con el rabillo del ojo como mi hermano se palmeaba la frente. Sentía la cara ardiendo, clara señal de que me estaba ruborizando de pura vergüenza ¿Por qué no hace algo? No acaba de pensar eso cuando escuche la risa del caballero de Tauro ¡Cielos en ese hombre todo era desmesurado, incluso su risa! Creí que habría podido escucharlo reír desde la casa de Aries. Al escucharlo reír así me ruboricé incluso más…

_Mi nombre es Aldebarán y soy el caballero que custodia esta casa – me dijo en cuanto pudo controlarse – pero me temo que tendrás que repetirme tu nombre porque no lo entendí – añadió con una gran sonrisa. Al verlo nuevamente, comprendí que sus ojos eran amables y su sonrisa sincera. De repente no parecía tan intimidante.

_Mi nombre es Meryl, mucho gusto señor Aldebarán. – le dije, esta vez de forma entendible y quise reírme de lo tonta que había sido antes ¡Si no daba nada de miedo! Sonreí tímidamente.

_Bien Meryl, me alegra que ya no me mires como si fuera a morderte o algo. Te aseguro que no me alimento de niños, así que no hay necesidad de tenerme miedo. – Me dijo con la misma sonrisa de forma tranquilizadora – Además, como caballeros de Athena, nuestro deber es proteger a las personas no dañarlas, por lo tanto no deberías tener miedo de todos nosotros.

_De todos… – repetí pensativamente, eso había sonado diferente – señor ¿Quiere decir eso que debo tener miedo de algunos de ustedes? – pregunte. – provocando que su sonrisa diera paso a otra expresión ¿Sorpresa quizás? Y luego se pusiera serio.

_Solo digo que deberías tener cuidado, estoy seguro de que tu hermano te lo explicara más tarde.

_Aldebarán si nos disculpas, tenemos que irnos. – le recordó mi hermano tranquilamente.

_Si, claro – asintió el caballero mirando a Camus y luego a mi – fue un placer conocerte Meryl – me dijo tendiéndome su manota.

_Igualmente, señor Aldebarán – le dije estrechando su mano ¡Que pequeña se veía mi manito en la suya! Tuve miedo de que me la estrujara como hacían en las caricaturas. Pero, como si el también hubiera pensado lo mismo, me estrecho muy suavemente e incluso tuvo cuidado de no sacudirme mucho.

_Ya no me digas señor ¡No estoy tan viejo! – Me dijo con una enorme sonrisa y me soltó. Después de esto se dirigió a mi hermano – Camus, ten cuidado cuando pasen por Cáncer, sabes a que me refiero. – yo no entendía el porque de la seriedad de sus expresiones. Pero Camus asintió y comenzó a alejarse, corrí un poco para ponerme a su par y volví a tomarlo de la mano.

Al salir de la casa me preguntó:

_ ¿Ya no te da miedo Aldebarán?

_No, me recuerda a mi cuento favorito – le respondí con una sonrisa.

_ ¿Tu cuento favorito? – preguntó.

_ ¡El Toro Ferdinando! – Le dije con entusiasmo, Camus alzó una ceja interrogante – Porque parece muy grande y malo y da miedo al principio ¡Pero al final no es malo ni peligroso! – mi razonamiento le dio un pequeño ataque de risa a mi hermano (supongo que imaginarse a Aldebarán tirado en un campo de flores oliendo su perfume le hubiera provocado eso a cualquiera).

_No le digas eso. Además Aldebarán es muy fuerte y puede ser peligroso si se lo propone. – me dijo al calmarse.

_ ¡Pero no quiso ser malo conmigo y creo que debe ser una persona amable! Por eso creo que se parece a Ferdinando. – le respondí muy segura de mi misma. Camus solo me sonrió sin decir más nada.


La casa de Géminis estaba desierta.

_ ¿Y el caballero de esta casa? – pregunte mirando a mi alrededor buscándolo.

_El caballero de esta casa desapareció hace mucho tiempo. – contestó secamente.


Finalmente llegamos a Cáncer… y yo estaba al borde de gritar que no quería ver otra escalera durante el resto de mi vida… me dolían mucho los pies. Mire a Camus con la esperanza de que él también estuviera cansado y quisiera sentarse un momento antes de continuar, al ver que se quitaba el abrigo creí que sentía calor por tanto subir las escaleras.

_Meryl – me llamó pero cuando me acerque a él ¡me arrojó el abrigo a la cara! Cubriéndome así del todo.

_ ¡Hey ¿Por qué hiciste eso?! – exclame con enojo luchando por quitarme la prenda de encima. – ¡No veo nada!

_No te lo quites. – me dijo, luego sentí que, de repente, mi hermano me levantaba en brazos. – Hay cosas que es mejor que no veas – explico, su tono no daba lugar a replicas, así que me callé. Estaba cansada de caminar de todas formas.

Así como estaba entramos a la casa… el aire allí dentro era opresivo… se sentía pesado y espeso, costaba respirar y había algo más, algo que me daba miedo…

Escuche pasos, parecía que se acercaban.

_Bueno, bueno ¿Si no es mi frío compañero Camus? ¿Qué llevas allí? – dijo alguien, solo podía adivinar que esa voz le pertenecía al caballero de Cáncer. Había algo en su voz que me resultaba repulsivo, me aferre a mi hermano con más fuerza. – Te recuerdo que es mi deber el ver todo lo que pasa por mi casa y no puedo faltar a mi deber ¿Verdad?

_Mascara de la Muerte lo que llevo en mis brazos no es asunto tuyo ¿Esta claro? – le respondió Camus, para cualquiera hubiera sonado calmado e indiferente pero yo detecte un tono de amenaza oculto en su voz que no había escuchado antes. Mascara de la Muerte también debió notarlo porque empezó a reír con ganas, una risa helada siniestra y demente… una risa que no se parecía en nada a la del caballero de Tauro esta era una risa que helaba la sangre… me aferre con más fuerza a mi hermano.

_Ahhh… me pregunto que es lo que mi frío compañero esta intentando proteger… ¿Una pequeña carga quizás? – sentí como Camus daba un salto hacia atrás como para alejarse del otro caballero. Quise levantarme para decirle a ese hombre que tenia permitido estar allí, aunque tenía miedo no quería que Mascara de la Muerte atacara a mi hermano por causa mía. El abrigo resbalo un poco de mi cabeza dejando ver mi cabello oscuro, pero antes de que se cayera más, Camus lo volvió a poner en su lugar poniendo su mano solo un instante en mi cabeza, para indicarme que me quedara quieta.

_Es mi hermana menor – respondió fríamente – pensé que podía ahorrarle la vista de tus "decoraciones" – añadió la ultima palabra con sarcasmo.

_ ¿Por qué? ¡Son una muestra de mi grandeza! – Camus no respondió y siguió su camino.

Una vez fuera me bajo y me saco el abrigo de encima. Al verle deseé ponérmelo de nuevo, estaba enfadado.

_Cuando te digo algo, espero que me obedezcas. No vuelvas a desobedecerme ¿Esta claro? – su voz era fría de un modo al que no estaba acostumbrada, no me gustó ver su mirada de reproche y baje la mirada avergonzada.

_Sí lo siento, Camus. – sin embargo, estaba segura de haber hecho lo correcto por lo que no me arrepentía de lo que había intentado hacer. Si no lo hubiera hecho al final habrían terminado peleando.

Seguimos nuestro camino… en silencio, no me atreví a tomar su mano...


Cuando llegue a Leo solo quería dormir en el suelo… no podía dar otro paso. Sin embargo no le había dicho nada a Camus por miedo a disgustarlo aun más. Así que me había quitado el suéter (dejando una camiseta del mismo color) y lo había atado a mi cintura.

Al entrar vimos a un joven de cabello rojo sentado frente a una mesa en una esquina, junto a él un hombre al que le faltaba un brazo le servia té. Lo que me llamó la atención fue que este chico no usaba la armadura como Aldebarán. Caminamos un poco más hasta estar más cerca del joven (solo a un metro más o menos de su mesa) el pelirrojo miró a mi hermano interrogante.

_Meryl, él es Aioria el caballero de oro de Leo. – Camus me dijo – ella es mi hermana menor. – añadió hizo ademán de seguir caminando pero en ese momento me tambalee y me caí al suelo. Pude ver como los ojos del caballero de Leo se abrían preocupados.

_ ¡Meryl! – mi hermano se arrodillo a mi lado.

_ ¡Garran trae algo de agua para la niña! – le dijo Aioria al hombre quien desapareció por una puerta lateral para volver rápidamente con una jarra y un vaso en una bandeja, junto con un vaso con agua y una toalla pequeña, de esas que uno usa para secarse las manos. Aioria tomo la toalla y la humedeció mientras Camus me daba el vaso, comencé a beber con rapidez pero Camus me detuvo.

_Despacio o te hará mal al estomago – me dijo, pude ver la preocupación en sus ojos. Aioria le dio la toalla húmeda.

_Pásasela por el rostro, la ayudará. – le dijo secamente, Camus hizo eso, el frío me ayudo un poco, hasta entonces no me había percatado de que una ligera capa de sudor me cubría la frente.

_Menudo hermano mayor eres – le dijo Aioria a Camus – dejándola subir las escaleras en ese estado ¡Deberías de haber prestado atención! Tuviste suerte de que no colapsara antes. – había reproche en la voz de Aioria, pero Camus no dijo nada solo me miraba. Traté de sonreír.

_Estoy bien. – dije pero obviamente ese no era el caso y ellos lo sabían, el hecho de que dijera eso solo hizo sentir peor a Camus, lo supe por su mirada. Aioria nos miraba en silencio, no muy seguro de que hacer en ese momento.

_Espera a que se reponga un poco antes de seguir – dijo Aioria. Camus asintió.

_Gracias – dijo luego de un momento.

_Ni lo menciones. – respondió Aioria, por algún motivo parecía decirlo literalmente.

Nos quedamos un rato en Leo, no mucho, solo lo suficiente para que pudiera andar de nuevo ambos caballeros parecían aliviados cuando les dije que podía andar y de que nos marcháramos, el ambiente había estado silencioso y tenso todo el rato.

_Gracias – le dije a Aioria, quien me dedico una pequeña sonrisa.

_Cuídate. – me dijo.

Luego de esto nos marchamos, al salir Camus se puso a mi altura pero de espaldas a mí.

_ ¿Camus? – no entendí el gesto.

_Sube, te cargaré el resto del camino – me dijo, otra vez usando ese tono que dejaba en claro que no aceptaba cuestionamientos, por lo que hice lo que me pedía. Me subí a su espalda y pase los brazos alrededor de su cuello tratando de no apretar mucho, mientras él me sujetaba las piernas, noté que el sol había bajado un poco más, pronto iba a atardecer. Camus se levantó y comenzó a caminar, esta vez cargándome.

_ ¿Por qué no me dijiste que estabas cansada? – me dijo, no podía ver su rostro, pero creí escuchar tristeza en su voz.

_No quería molestarte, además temía que te enfadaras más conmigo. – le dije.

_La próxima vez, avísame – me dijo, aunque sonó más como una petición – sin importar que este enojado, tu dime cuando te sientas mal.

_Sí.

El movimiento al caminar me relajaba y estaba cómoda en la espalda de mi hermano, recosté la cabeza en su hombro y me quede dormida.


Cuando desperté estaba recostada sobre algo cómodo, me levante confundida estaba en una habitación, sobre una cama. Por la ventana podía ver que ya había atardecido aunque no hacía mucho. Me levante preguntándome donde estaba mi hermano. Escuche voces así que me dirigí hacia ellas.

En una sala contigua pude ver a mi hermano sentado de espaldas a mí y frente a él, con una mesa redonda de por medio, se sentaba otro caballero, este tenía largo cabello azul-violáceo y no llevaba el casco puesto. Él y mi hermano estaban hablando. Ambos se veían serios.

_... por eso fuiste a pedir permiso para traerla. – decía el caballero.

_Así es Milo ¿Y si ocurría otro incidente? Además… no podía simplemente dejarla allí. – Le respondió Camus tomando una taza, mientras el caballero, Milo, tomaba la otra – el patriarca me concedió el permiso solo con una condición.

_ ¿Cuál?

_ Qué si algo así ocurre nuevamente, ella tendrá que entrenar. – Camus mantenía la vista fija en su taza.

_Tiene sentido, nadie puede manifestar su cosmo a tan temprana edad y sin entrenamiento a menos que…

_Sí ya lo sé – lo corto Camus de repente, como si no quisiera oír lo que seguía, levanto la vista para seguir hablando. – si eso pasa entrenará para la única armadura que no pertenece a ninguna constelación.

_La armadura del guerrero que sirve a Athena pero que no es un caballero y cuyo poder depende únicamente del portador. – continuo Milo.

Entonces entre a la sala aún cansada y con hambre así que no medite mucho lo que había oído.

_Camus tu hermanita se levantó.

_ ¿Te sientes mejor? – me preguntó Camus.

_Si… pero tengo hambre.

_Te daremos algo de comer, no te preocupes – me dijo Milo con una sonrisa.

_Meryl este es Milo el caballero de Escorpio y un buen amigo mío. – me dijo corriendo un silla para que me sentara a su lado, cosa que hice.

_Mucho gusto – le dije a Milo, aun refregándome los ojos a causa del sueño.

_Igualmente, Sabes Camus me ha hablado mucho sobre ti – eso me despertó del todo.

_ ¿¡De verdad!? – creo que mis ojos se habrán iluminado de pura alegría.

_Sí. Incluso me dijo que le mandabas cartas.

Sonreí todo el rato mientras esperaba que me trajeran algo de comer, al final Milo trajo unos bollos dulces y pastelillos para que acompañara el té. Me quede allí mientras escuchaba como él y mi hermano hablaban. Sin saber que oiría más de una cosa interesante…

A/N: ¡Siento la tardanza! Pero es que un virus casi destruye mi computadora, afortunadamente la pude salvar… :-P en fin presten atención al siguiente capi y espero que les haya gustado este.

Sin más que decir me despido ¡Dejen Reviews! :-D