Wow, nunca pensé que este fic recibiría tanto apoyo. Me hace sentir muy bien. Muchas gracias por sus comentarios, son sus palabras las que me inspiran para seguir escribiendo. Este capítulo va dedicado a todas las personas que dejaron tan lindos reviews. Por cierto, la narración en cursiva (no el diálogo del principio) es un recuerdo.

Sumario: Ryoma ha logrado todo lo que la vida tiene para ofrecer: fama, dinero y salud. ¿Pero que sucederá con él cuando caiga al abismo y le falte la persona más importante para salir adelante? Ryoma x Sakuno.

Advertencia: Ver capítulo uno.

Disclaimer: Ver capítulo uno.


Capítulo 2:

¿Tú crees que conocer el futuro es lo contrario a conocer el pasado?

Sí, eso creo.

En realidad son la misma cosa.

Tonterías. El pasado es algo terminado y el futuro está por venir. ¿Cómo pueden ser lo mismo¿Conociendo el pasado puedes cambiarlo?

Por supuesto que no.

¿Y cómo podría el conocimiento de lo inevitable ser diferente del conocimiento de lo que ya ha sucedido?

Nanjiroh no pudo comprender la información al instante. Ahí estaba su hijo, arreglando la mesa para el almuerzo de ambos, luciendo como si estuviera sosteniendo una conversación acerca del clima, impávido sobre aquella decisión tan… cruel. "¿Disculpa?"

"La despedí, papá. Ya no trabaja para mí, no tengo que pagarle el sueldo. No tengo que hacer un cheque a su nombre." Repitió Ryoma, tratando de hacer entender a su padre una cuestión tan simple como es despedir a un empleado.

"Pero… ¿Cuándo¿Cómo?"

El muchacho se sentó en la mesa, frente a su padre. Los alimentos aún se estaban cociendo en la estufa, así que supuso que había tiempo para 'charlar al respecto'. "Esta mañana la llamé y salí temprano para encontrarnos en mi oficina. Le dije que ya no necesitaba de sus servicios."

El antiguo samurai sacudió la cabeza. "Ryoma¿acaso te haz vuelto loco¡Te podría demandar! Hoy en día no puedes despedir a una mujer por el simple hecho de haber salido embarazada."

"Por favor, papá, es Sakuno. Claro que no me va a demandar." Le respondió su hijo, encontrando el asunto bastante gracioso.

"La está subestimando." Dijo el hombre, 'Siempre la haz subestimado.' Agregó para sí.

Luego de ese intercambio de palabras, ninguno de los dos estuvo de ánimo para seguir conversando. El asunto se le había salido de las manos a Nanjiroh; nunca, en todo el tiempo que tiene siendo padre, se había dado cuenta que su hijo era un bastardo sin sentimientos. Ahora lo único que veía era un ególatra sin corazón, que aparta de su camino todo lo que lo incomoda.

Pero, ahora que lo pensaba. Ryoma siempre había sido así, desde que era un niño. Solía recibir llamadas de sus maestros, diciendo que no se acoplaba con los demás niños, aunque admitían que era un genio en la casa. En su juventud, nunca invitó a alguien a la casa a pasar el tiempo, sólo a 'practicar' tenis. Nanjiroh llegó a la horrible idea de que además del tenis, Ryoma no tenía nada más.

El día transcurrió sin muchas glorias. Padre e hijo evitaban hablarse. Nanjiroh observaba más al espacio que de costumbre, actitud algo rara, porque el hombre se caracterizaba por ser un escándalo andante.

Luego de haber llegado a esa espantosa conclusión, el hombre pasó el resto del día buscando recuerdos que le indicaran lo contrario. No se creía capaz de haber criado un monstruo bajo su techo. Es cierto que él no era el mejor padre de todos: le gustaba ver revistas de mujeres en trajes de baños, después de retirarse del tenis no se decido a nada más que a vaguear en su propia casa. Aún así, siempre fue comprensivo con su esposa, nunca tuvieron una pelea que involucrara una amenaza de divorcio, siempre trato de ser el amigo de su hijo en vez de ser 'papá'. En pocas palabras, el motivo de la actitud de Ryoma no se remontaba a su familia, sino a algo dentro de él.

Pero, para estas alturas, sus pensamientos estaban en la pobre Ryuzaki. Nanjiroh se sentía muy mal por el destino de esa chica. También recordaba que le había hecho la promesa a Sumire de cuidar a su nieta. ¿Qué diría la vieja entrenadora si estuviera viva?

A pesar de ser una habitación de hospital, aquella recamara estaba llena de arreglos florales, tarjetas, globos y señales de "Mejora Pronto." Le daban cierto toque festivo a la austera morada clínica. El propio Nanjiroh había ido a visitar a la vieja Ryuzaki luego de su operación de cadera. Como ella decía: la edad ya no quería que se siguiera moviendo.

Pero era muy lindo ver que, aunque la mayoría de sus alumnos ya estaban terminando la Universidad o comenzando a trabajar por su cuenta, todos se reunieron para acompañar a su entrenadora. Vale decir que Oishi estaba más nervioso que lo demás, ya que incontables veces se había ofrecido a ser él el médico que se encargara de la operación. Sin embargo se tuvo que contentar con estar presente en el quirófano.

Sumire no podía pedir más, sus muchachos, si bien no todos habían seguido la carrera del tenis, se dedicaron a puestos que iban muy bien con su personalidad.

Oishi se había convertido en médico cirujano, algo maravilloso ya que le encantaba cuidar de las demás personas. Eiji había optado por ser maestro en un preescolar, curiosamente, cada vez que lo veían jugar con los niños, parecía uno de ellos. Para Sumire no fue una sorpresa que Oishi y Eiji se mudaran juntos cuando comenzaron a asistir a la Universidad.

Kawamura también dejó el tenis, pero se convirtió en uno de los mejores chefs de sushi de la ciudad, y su restaurante familiar se hizo el más popular de todos.

Kaoru optó por continuar jugando tenis; cada vez que tenía la oportunidad, la vieja Sumire veía sus partidos por televisión. Y cada vez que Mamushi tenía un partido en el país, le enviaba entradas gratis a su entrenadora. Si no fuera por el estado de salud de la mujer, Kaidoh también le enviaría entradas a las demás competencias.

Por otra parte, Momoshiro fue contratado por la escuela Seigaku para que tomara el puesto de entrenador de tenis. Apenas tenía un año en el puesto y el equipo ganó el Torneo de Kantou. Momoshiro solía decir a la prensa que tuvo una gran entrenadora durante adolescencia y que a ella se debe que hoy día los estudiantes sean tan buenos.

Inui se dedicó a estudiar Ingeniería Química, alegando que algún día sus preparados de vegetales se estarían vendiendo como pan caliente para todos los deportistas. Mientras eso sucediera, el seguiría trabajando en un laboratorio de renombre que estaban interesados en contratar personas con 'inventiva'.

Sin embargo, no todo era color de rosa. El mayor deseo de Tezuka era lograr convertirse en un tenista de clase mundial, y había que admitirlo, el muchacho tenía la habilidad y la fuerza para lograrlo. Pero su codo izquierdo empeoró antes de salir de la secundaria; los doctores le dijeron que no podía exigirle a su cuerpo el tipo de esfuerzo que requiere ser deportista de profesión. Sumire pensó que Tezuka no podría recuperarse de semejante destino, pero estaba equivocada. Antes de que alguien pudiera percibirlo, Tezuka había comunicado que estudiaría Derecho. La vieja entrenadora también se enteró que el capitán del equipo de Seigaku decidió hacer su relación con Fuji pública, cosa que sus padres en un principio no aceptaron pero que a la larga tuvieron que.

Fuji también se retiró del tenis, diciendo que sólo le gustaría seguir practicándolo, más no de manera profesional. Sumire vio esto como un lindo sacrificio de parte de Syusuke. El 'Genio' de Seigaku abrió una galería de fotos, donde mensualmente se hacían exposiciones y sus trabajos, aunque novatos, eran muy cotizados.

En cierto sentido, todos habían logrado cosas positivas con sus vidas. ¿Y por qué no? La anciana estaba convencida que bajo su tutela estuvieron el grupo de chicos más responsables y trabajadores que se pudieran encontrar.

Esa tarde sólo quedaban Sumire, Sakuno, Nanjiroh y Ryoma en la habitación. Los demás se disculparon porque tenían que volver a sus actividades diarias, pero prometieron que volverían más tarde. Ryoma estaba siendo tan conversador como siempre… Entiéndase a que simplemente estaba sentado en silencio. Sakuno arreglaba las flores para que la habitación estuviera un poco más organizada y Nanjiroh habla y habla de cosas que no venían al caso.

"Voy por un refresco." Comunicó el muchacho mientras se ponía de pie y salía de la habitación.

"Sakuno¿por qué no lo acompañas?" Le sugirió la anciana. La muchacha lucía como si no quiera ir, asustada de hacer enojar a Ryoma. Pero si su abuela se lo pidió de esa manera, significaba que tenía algo que hablar con el padre de Echizen y ella no debería estar presente. Sakuno suspiró y salió sin hacer ruido.

"Lo que lamento de mi edad es que no tendré la oportunidad de ver a Sakuno vestida de blanco y caminando por el altar." Comentó Sumire; su rostro lucía como si estuviera soñando despierta.

"Vamos, anciana¿qué dices?"

"Nanjiroh, conociendo a tu hijo, creo que 'matrimonio' es la última palabra en su vocabulario."

"En eso tienes razón." Admitió el hombre, rascándose la barbilla. Para todo el mundo era obvia aquella relación, el único que parecía no estar enterado era Ryoma.

"Escucha Nanjiroh, no voy a estar por mucho tiempo." Nanjiroh la miró de forma severa, pero eso no inmutó a la anciana. "Una operación en la cadera puede que sea cosa de todos los días, pero ya mi sistema no soporta las mínimas actividades del día a día. El médico también me lo advirtió y, en cierto sentido, yo ya lo sabía. Por eso no quería que Oishi fuera mi doctor de cabecilla. Pero… regresando al punto. Sabes que los padres de Sakuno no están vivos y necesito estar segura que al menos estarás al tanto de ella. Tezuka ya me lo prometió, ese muchacho tiene buenas conexiones con este hospital y sus doctores, pero me hará sentir más tranquila que tú también la cuidarás."

El hombre hizo algo muy poco propio de su persona; tomó la mano de Sumire y la apretó cariñosamente. Aquella mujer era como su madre, incluso fue la madrina de su matrimonio.

"Lo prometo, me haré cargo de que nada le falte a Sakuno cuando tú no estés."

"Bien." Dijo la anciana, sonriendo y dándole un leve golpe en el brazo a Nanjiroh. "Espero que no me des motivo para dejar aquel gran juego de bingo en el cielo para venir a atormentarte como un fantasma." Ambos comenzaron a reír, dejando atrás aquel augurio tan negativo.

Dos años después de eso, Sumire murió de un infarto. Los doctores dijeron que su corazón ya no soportaba más y dejó de funcionar. Su muerte los dejó a todos devastados.

Y curiosamente, Nanjiroh se volvió a sentir de la misma manera el día de hoy.


El tráfico de la tarde al parecer estaba en contra de Kippei Tachibana. Sólo podía agradecer que su auto tuviera un buen sistema de aire acondicionado, todo gracias a Ann que se empeña en mantenerlo 'como un auto debe ser' ya que ella también lo usa. El muchacho decidió tomar un desvío para evadir el embotellamiento. La verdad es que quizás le tomaría unos minutos más llegar a su apartamento, pero sería menos tedioso.

Mientras conducía, su mirada se cruzó con un rostro familiar. Una muchacha estaba sentada sola en el banquillo de un parque para infantes. La chica tenía el cabello suelto y algo alborotado, y su postura indicaba que no se encontraba bien.

"¿No es esa Ryuzaki?" Murmuró para sí mientras detenía su auto. Antes de salir, Kippei tomó su celular y marcó el número de su hermana.


"Sakuno se fue esta mañana y no ha regresado. No contesta su celular ni tampoco el de su apartamento. Horio llamó a Ryoma, pero él tampoco contesta. Estoy preocupada." Tomoka se encontraba paseando la sala de su apartamento, se notaba tensa y nerviosa, como si estuviera a punto de saltar por la ventana y salir corriendo por las calles.

"Cálmate, Tomoka. No podemos pensar lo peor, Sakuno no es así." Decía Ann desde su teléfono, tratando de calmar a la otra chica.

"¡Pero ella está mal¡Está nerviosa¡Quien sabe lo que podría hacer en ese estado!" Vociferó la muchacha.

"Escucha, mi hermano está a punto de llegar. Tan pronto pise el estacionamiento, iré a tu apartamento para que la busquemos juntas¿te parece? Y llama a Horio para que nos ayude a buscar."

"Suena bien." Admitió Tomoka. "Disculpa por gritarte."

"No hay problema." Le dijo Ann; un ruido en su teléfono le indicó que había otra llamada. "Tomoka, tengo otra llamada. Te llamaré cuando llegue mi hermano."

"Está bien." Y cerró la llamada.

"¿Hola?" Dijo Ann en el teléfono.

"Ann, soy yo."

"Ah, hermano. Justamente te quería llamar. Por favor, sé que hoy te toca andar en el auto, pero lo necesito, es una emergencia." Le comunicó Ann.

"¿Se trata sobre Ryuzaki?"

La muchacha se sentó de golpe en su cama, agarrando su pecho y con muy poco color en su rostro. "Sí¿cómo lo sabes?" Le preguntó en un hilo de voz.

"Porque la estoy viendo ahora mismo. Está sentada en el parque y no luce muy bien." Le respondió Kippei y Ann no pudo evitar suspirar del alivio. "¿Qué le ocurrió?"

"Es una historia muy larga, pero escúchame bien, tienes que traerla a casa. Prometo explicarte." Le ordenó su hermana.

Kippei emitió un bufido. "Como si la fuera dejar en ese estado." Comentó, antes de colgar la llamada. La verdad es que Ryuzaki y su hermana se había hecho buenas amigas desde la primaria, y particularmente él la había comenzado a ver como otra hermana menor.

Mientras tanto, la menor de los Tachibana volvió a marcar el número de la casa de Tomoka. "Tomoka, soy yo. Por favor, ven a mi casa. Mi hermano encontró a Sakuno y la va a traer."

"Que alivio." Murmuró la castaña. "Voy saliendo para allá." Cerró el teléfono, pero antes de alejarse dos pasos de él, volvió a sonar. "¿Hola?"

"Disculpe, pero me dijeron que podía encontrar a Ryuzaki Sakuno en ese número¿se encuentra?" Preguntó una voz masculina.

"¿Quién habla?" Cuestionó Tomoka.

"Soy Echizen Nanjiroh, el padre de Ryoma." La muchacha apretó con fuerzas el aparato, controlándose para no gritarle. Desde esta mañana que Ryoma llamó tuvo la sensación de que algo malo iba a ocurrir. Aparentemente su enojo se podía sentir por su silencio repentino. "Tomoka¿verdad? Escucha, tampoco estoy de acuerdo con lo que hizo Ryoma, pero no puedo hacer nada para que cambie de opinión."

"¿Qué hizo Ryoma?"

"Despidió a Sakuno."

"¿QUE!"

"Sí, ese hijo mío es un imbecil. Pero necesito hablar con Ryuzaki¿está allí contigo?"

"No, salió desde esta mañana y no ha vuelto. Pero estará en la casa de una amiga." Por algún motivo se sentía bien diciéndole la localización de Sakuno, podía sentir en Nanjiroh el apoyo que Sakuno necesitaba. "Si quiere, puede pasar a buscarme para que vayamos juntos."

"Muy bien, ya tengo tu dirección, así que no te preocupes. ¿Te molestaría si voy ahora?"

"Para nada."

"Bien, sólo tengo que hacer un llamada más y nos veremos dentro de 15 minutos. Mi auto es un Toyota azul."

"Bien, nos veremos."

Nanjiroh marcó otro teléfono, uno más largo, y después de hablar con la operadora y esperar unos minutos, estaba hablando con su esposa y contándole lo sucedido. Estaba aprovechando que Ryoma había salido para atender un asunto pendiente. Su mujer sonaba decepcionada y triste.

"¿Qué vamos a hacer, Nanjiroh? No podemos dejar a esa pobre niña así."

"Me temo que no podemos hacer mucho. Pero ya tengo un plan. Ahora iré a verla y le daré la llave de nuestra casa en Estados Unidos, creo que le hará bien salir el país."

"¿Y qué hay del dinero?"

"Ya me encargué de los bancos. Ryoma no va a mantener a ese niño, pero nosotros sí y él no tiene derecho a enojarse."

"¿Qué haremos con Ryoma?"

"Nada, que el resuelva su mundo como quiera." Su esposa permaneció en silencio, aceptando la decisión de su marido. "Mi vuelo sale dentro de dos días. Saluda a Nanako de mi parte. Nos veremos."


Cuando se aproximó a Sakuno, Kippei se dio cuenta que la muchacha tenía el rostro empapado de lagrimas. También notó que estaba temblando, por eso se quitó su chaqueta y la puso sobre sus hombros.

Sakuno tardó unos momentos en reconocer al extraño que la estaba ayudando, pero una vez que vio que era Kippei, le sonrió débilmente y susurró un "gracias". El muchacho no dudó un segundo en levantarla y llevarla hasta su auto. Lo que sea que haya ocurrido… o quien sea que lo haya causado… deberá de cuidarse de ahora en adelante.

Una vez en el apartamento, Kippei dejó que Ann acomodara a Sakuno en la sala. Ya había preparado una taza de té que Ryuzaki no rechazó. Desde el trayecto en el auto, la chica de cabello castaño no había hablado. Tachibana entró en una de las habitaciones con su hermana para que ésta le narrara lo acontecido con Sakuno. No hay que mencionar que Kippei quedó asombrado y asqueado por la actitud de Ryoma.

Minutos más tarde llegaron al apartamento Tomoka, acompañada del padre de Ryoma.

El hombre no perdió tiempo, se acercó a Ryuzaki y se arrodilló enfrente de ella. "Sakuno, no sabes lo mal que me siento por todo esto." Le dijo, secando las nuevas lagrimas que estaban cayendo por las mejillas de la chica. "Mi hijo es un patán, y no te merece. Pero no estoy aquí para decirte esto, estoy aquí para asegurarme que no vas a hacer ninguna tontería y que el futuro de ese bebé que esperas será uno bueno."

"Pero…" Interrumpió Sakuno, su voz sonaba áspera y cansada. "No es de Ryoma… ustedes no tienen porqué responsabilizarse."

Nanjiroh sacudió su cabeza. "Tranquila, esos mínimos detalles no me interesan. Lo que me interesa es que tú estés bien y que el bebé también lo esté. No pretendes abortarlo¿verdad?" Sakuno negó.

"Aún si no lo aborta, ella no puede criar a un bebé sin una familia. Sakuno está sola, y para rematar, no tiene empleo." Comentó Kippei.

"Por eso estoy aquí muchacho." Dijo mientras sacaba una libreta. "Hice una cuenta para ti a partir del dinero que mi esposa y yo ahorramos. Es bastante como para costear tus meses de embarazo. Con respecto a la educación, la pagaré personalmente."

"¿Por qué está haciendo todo esto?" Preguntó Sakuno.

"Porque se lo prometí a tu abuela, y un samurai siempre cumple su palabra." Le respondió con una sonrisa. "Además, me agradas mucho, niña." Nanjiroh se aclaró la garganta y prosiguió. "Tengo una segunda propuesta para que no se arme un escándalo en los medios. Si quieres, puedes vivir en mi casa en Estados Unidos mientras todo esto pasa."

"¿Tratando de proteger la reputación de su hijo?" Espetó Ann, visiblemente enojada. Ya sabía que todo esto tenía un truco.

"No." Respondió el hombre. "Sé que Sakuno no querrá vivir de esa manera." Comentó y sacó un juego de llaves y un pasaje de ida a Estados Unidos. "¿Qué me dices?"

Sakuno observó las cosas que Nanjiroh le estaba ofreciendo. Creía en su corazón que el hombre lo estaba haciendo por su bien. La muchacha colocó una mano sobre su vientre y cerró los ojos; no iba a sentir nada, pero aún así el bebé estaba ahí. Era real, y dentro de nueve meses estaría en el mundo. El no tenía la culpa de nada y se merecía una vida tranquila.

"Muchas gracias, señor." Le dijo Sakuno, tomando las llaves y el pasaje.

CONTINUARA…



Vaya, y yo que pensaba que a mitad de narración me quedaría sin ideas. Gran Juego de Bingo en el Cielo, xP no pude evitar nombrar la obsesión de mi abuela con el bingo… y que curiosamente varios de su generación comparten…

Sakuno se irá del país¿se irá sola¿Y que será de Ryoma? Eso vendrá más adelante. ¡Gracias por leer!