CAPITULO 2: LA ISLA DE CALIPSO
Shura estaba en su casa de Capricornio, algo aburrido. Tal vez se hubiera divertido más si Cristaly se hubiera quedado. En fin, a él la chica no le llamaba la atención, sino que la aceptó en su casa por compromiso. En ese momento, un caballero entró a su casa. Era Saga.
-¿Qué te sucede, Saga?- preguntó Shura- te he notado algo serio últimamente...-
-Estoy aburrido, eso es todo- dijo Saga- desde hace tiempo que no tenemos nada que hacer...-
-Pero Saga- dijo Shura- apenas la semana pasada pelearon con Circe y la vencieron...-
-Una semana sin... hacer nada- murmuró Saga.
Shura miró a Saga sospechosamente. Algo extraño sucedía con él.
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Cristaly miró por la ventana de su camarote. El mar se veía más turbulento que de costumbre. Salió de su camarote y fue hacia el timón, donde se encontraba el capitán y el oficial.
-¿Hacia dónde nos dirigimos, capitán?- preguntó.
-Hacia Grecia, señorita- dijo él- tal y como usted nos lo pidió...-
-Eso ya lo sé- dijo Cristaly- pero el barco, ¿qué ruta eligió?-
-El este-
-¿Qué dice?- dijo ella, palideciendo- ¡les dije que no fueran hacia el este!-
-Pero señorita- dijo el oficial- esta es la ruta más rápida...-
-¡La ruta más rápida para perder la vida!- gritó Cristaly- ¡estamos demasiado cerca de Caribdis y Escila! ¡Den vuelta a la nave!-
-Señorita- dijo el oficial- no tengo idea de donde haya adquirido esos conocimientos, pero todas esas tonterías que dijo no tienen sentido. Las sirenas, Caribdis y Escila no existen...-
Cristaly frunció el entrecejo.
-¡Pero...!- comenzó a decir, pero en ese momento, una nueva turbulencia movió el barco violentamente. Cristaly subió a cubierta, seguida del oficial y del capitán. Los tres palidecieron al ver lo que estaba en frente. Dos enormes rocas, una frente a la otra. Ambas tenían formas de cabezas, no humanas, sino de demonios. Las bocas estaban formadas por grutas del tamaño de un barco grande.
-¡Son Caribdis y Escila!- gritó Cristaly- ¡den vuelta a la nave!-
Los dos marinos bajaron hacia el timón y dieron vuelta al barco. Demasiado tarde. El barco se acercaba más y más a la gruta que Cristaly había identificado como Caribdis. La pequeña gruta se fue abriendo, succionando agua y al barco hacia su interior. Luego, la boca se cerró, triturando al barco entre el techo y el suelo de la gruta. El impacto empujó a Cristaly, haciéndola perder el equilibrio, y la lanzó hacia el mar.
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Cassandra reía al ver a Kiki discutiendo con Aldebarán: le parecía gracioso ver a un niño tan pequeño y un hombre tan grande discutiendo en esa situación. Mu reía a su lado, contento de verla feliz. Pero de pronto...
-¡Mu!- dijo ella, abriendo los ojos ampliamente-¡Cristaly!-
-¿Qué sucedió con ella?-
-No sé- dijo Cassandra- pero algo malo sucedió-
-¿Algo...?- pero Mu no terminó la frase, porque Arilla e Iridia llegaron junto con Cassandra.
-¡Cassandra! ¿Tú también lo sentiste?- preguntó Iridia. Cassandra asintió.
-Iridia sabe donde está- dijo Arilla.
-Sí- dijo Iridia- la última vez que estuvo conciente, estaba junto a Caribdis...-
Cassandra dejó escapar una exclamación de sorpresa. Mu no comprendió.
-¿Caribdis?- preguntó.
-Caribdis y Escila- dijo Cassandra- son dos grutas en el mal, al sur de la isla de Circe... Caribdis es un monstruo gigante que bebe agua de mar y tritura los barcos con sus dientes. Escila era una mujer, pero mi madre la convirtió en un monstruo que ahora habita en la segunda gruta-
-¿La convirtió en un monstruo?- preguntó Aldebarán, asombrado.
-¿Por qué?- preguntó Mu.
-Por celos- dijo Cassandra- hace varios cientos de años, un hombre llamado Glauco fue con mi madre a pedirle una poción para enamorar a una mujer llamada Escila, pero Circe se enamoró de él. Como Glauco no la correspondió, mi madre decidió vengarse con Escila. Puso un filtro venenoso en las aguas donde Escila metió los pies, convirtiéndola en un monstruo...-
Mu guardó silencio. Sabía que la cólera de Circe era terrible, pero no sabía hasta que punto.
-Cassandra, ¿crees que lo que sucedió con Cristaly tiene alguna relación con tu madre?- preguntó Iridia. Cassandra se encogió de hombros.
-No lo sé...-
-Debemos ir por ella- dijo Arilla. Iridia y Cassandra asintieron.
-No, claro que no- dijo Camus, apenas llegando junto con Milo.
-¿Y porqué no?- preguntó Iridia.
-Si se perdió cerca de Caribdis- dijo Camus- sería una locura ir en barco a buscarla, ¿no crees? Pues a su barco le sucederá lo mismo que al de ella...-
Iridia no respondió. Camus tenía razón. No había nada que ellas pudieran hacer.
-Será mejor que se calmen- dijo Camus- Cristaly es fuerte, y aún tiene sus poderes...-
-Camus tiene razón-dijo Milo- tal vez logró llegar a una isla cercana-
-Sí- dijo Arilla- tal vez llegó a Ogigia...-
-¿Ogigia?- preguntó Milo.
-Es la isla de Calipso- dijo Iridia.
-¿Quién es Calipso?- preguntó Milo.
-Es una ninfa- explicó Arilla- ella vive en esa isla solamente. No ha tenido contacto con nadie más desde hace varios cientos de años, cuando ayudó al héroe Odiseo-
-Entonces...- dijo Milo
-Ella es buena. Si Cristaly cayó en esa isla, Calipso la ayudará...- dijo Arilla.
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En la casa de Virgo, Tamara también se percató de lo que sucedía.
-Shaka- le dijo- algo malo le sucedió a Cristaly...-
-¿Qué sucedió?-
Tamara le contó a Shaka lo que había sentido: la calma de Circe y el accidente de Cristaly.
-Es probable- dijo Shaka- que Circe haya roto su juramento...-
-¿Y qué podemos hacer en ese caso?- preguntó Tamara. Shaka se encogió de hombros.
-No lo sé, Tamara- dijo Shaka- además, conoces a Circe. Su ira es terrible...-
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-Simple y efectivo- dijo la diosa Afrodita, después de escuchar el plan de Circe- me agrada...-
-Entonces, ¿me ayudarás?- preguntó la bruja.
-¿Bromeas?- dijo la diosa- para ver la cara humillada de Apolo, lo que sea...-
-Bien- dijo Circe.
-Pero...- dijo Afrodita- antes que nada, quiero algo más a cambio de mi ayuda...-
-Lo que sea- dijo Circe.
-Que no le quites la vida a tu hija- dijo Afrodita. Circe frunció el entrecejo, pero la diosa explicó- la necesito con vida... pero claro que la haré sufrir, y tu venganza se cumplirá...-
-Está bien- dijo Circe- mientras se ejecute mi venganza...-
-Entonces mandaré a mi hijo de inmediato- dijo la diosa. Con eso, la estatua volvió a su rigidez original. Circe sonrió, satisfecha de sí misma.
-Ahora- se dijo- esperar a que las cosas sigan su curso...-
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Apolo, uno de los dioses más hermosos, estaba en el Olimpo, aburrido. Un chico de apariencia bella, de 13 años más o menos, se presentó ante él. El chico estaba vestido con una túnica blanca. En su espalda, un arco y una decena de flechas doradas.
-Apolo, ¿qué haces?-
-Nada, Eros- dijo Apolo- no molestes, mejor vete a enredar a los mortales...-
-He venido a mostrarte algo, Apolo- dijo Eros- una chica muy hermosa que tienes que conocer...-
-¿Una chica?-
-¿No vas a acompañarme?- preguntó Eros- no veo que tengas algo mejor que hacer...-
-Está bien- dijo Apolo, pensando en que no le haría mal distraerse un rato.
Eros lo llevó al Santuario de Atena. Le mostró un sitio junto a la entrada de la casa de Aries. Ahí estaba Cassandra sentada en un escalón, mientras Kiki estaba frente a ella. La joven, con sus poderes, creaba pequeñas chispas de colores, y haciendo que adquieran formas, mientras que Kiki se entretenía mirándolas y riendo.
-¿Ella?- preguntó Apolo- ¿la hija de Circe?-
-Claro- dijo Eros- y no puedes negar que mi madre ha sido generosa con ella, a pesar de ser mortal...-
Apolo la miró. Era cierto, su belleza superaba a la de muchas mujeres mortales que había conocido antes. Eros aprovechó su distracción y, sin que el dios se percatara, le clavó uno de sus dardos dorados en el corazón y desapareció. En ese momento, Apolo sintió una pasión y un amor desesperado por la joven frente a él. Estaba a punto de hacerse visible y acercarse, cuando un caballero dorado llegó.
-Basta, Kiki- dijo Mu- ya no la molestes...-
-No me molesta, Mu- dijo ella, sonriendo. Mu le devolvió la sonrisa y le ofreció la mano para ayudarla a levantarse. Ella la aceptó y ambos volvieron juntos al interior de la casa de Aries. Apolo los siguió con la mirada encolerizada y comenzó a formar un plan para llevar a cabo sus deseos.
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Cristaly abrió los ojos. Estaba en una playa. Con dificultad se levantó. Recordó cómo había caído al mar, se había aferrado a una tabla y se había dejado llevar por la corriente. Se sacudió la arena.
Una mujer, vestida de blanco, caminaba descalza sobre la playa. Se acercó a Cristaly con una sonrisa, y le ofreció un vaso con agua. Cristaly lo aceptó y lo bebió todo. El agua de mar, salada, había aumentado su sed, así que el agua dulce que la mujer le ofreció había sido más que oportuna. Cuando terminó de beber, Cristaly miró a la mujer. Su belleza no era humana.
-Bienvenida a Ogigia- dijo ella- yo soy quien reina este sitio...-
-Entonces tú eres Calipso- dijo Cristaly. Ella asintió- me llamo Cristaly, soy una hechicera... ¿podrías ayudarme a volver a Atenas?-
-Claro, Cristaly- sonrió Calipso- pero primero, acompáñame al palacio. Mis sirvientes prepararán todo para tu partida...-
-Gracias, Calipso- dijo Cristaly, y la siguió.
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En la casa de Acuario, Iridia seguía confundida por la frialdad con la que Camus la trataba.
-No te preocupes por tu amiga- le dijo- de seguro estará bien...-
-Eso espero- respondió Iridia- también me preocupa la calma de Circe, eso no puede estar bien...- Camus no respondió nada, y ella continuó- bueno, quizá ya se hizo a la idea...-
A pesar de la seriedad del caballero de Acuario, Iridia estaba segura que Camus estuvo a punto de sonreír por su comentario: ¿Circe? ¿hacerse a la idea? Ni en un millón de años...
Sin embargo, el caballero no lo hizo, porque otros dos acababan de llegar a su casa. Eran Shura y Saga.
-¿Alguna noticia de Cristaly?- preguntó Shura. Iridia negó con la cabeza. Saga dejó escapar una exclamación de tristeza. Camus fijó su vista en el caballero de Géminis. ¿Qué le estaba ocurriendo?
De pronto, todos sintieron un cosmo aproximándose a la casa de Aries. Era un cosmo sumamente extraño, y poderoso.
-¿Sintieron eso?- preguntó Shura, sorprendido. Camus y Saga asintieron.
-Un cosmo... muy poderoso- dijo Saga.
-Y proviene de la casa de Aries...- agregó Camus.
-Cassandra...- murmuró Iridia. Los tres caballeros dorados corrieron hacia allá, después de advertir a Iridia que no saliera de la casa de Acuario.
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Mu y Cassandra estaban sentados en la entrada de la casa de Aries, cuando el caballero sintió un cosmo muy poderoso, tanto como el de un dios. Palideció.
-¿Qué sucede?- preguntó Cassandra al percatarse de ello.
-Cassandra- dijo Mu, respirando hondo para calmarse- entra a la casa... siento un cosmo muy poderoso...¿lo sientes?-
Cassandra asintió.
-Entra entonces... y ten cuidado- le dijo en voz baja.
Apenas la chica se hubo alejado de Mu unos diez pasos, el dios Apolo apareció frente a ella. Cassandra gritó al verlo, sintiendo de nuevo su enorme cosmo. Comenzó a dar un par de pasos hacia atrás, pero el dios la atrapó por la cintura con una mano, y con la otra la silenció.
Mu se volvió al escucharla gritar, pero ya era demasiado tarde, y solo alcanzó a ver al dios desaparecer con ella.
-¡No...!- murmuró el caballero. Saga, Shura y Camus llegaron en ese momento, y alcanzaron a ver parte de la escena.
-¡Mu!- dijo Shura- ¿quién era...?-
Mu no respondió. Cerró los ojos y se concentró, tratando de encontrar al intruso por su cosmo.
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Mientras tanto, en la isla donde había llegado, Cristaly miró, maravillada, el palacio de Calipso. Era tan grande como el de Circe, pero a diferencia de éste, estaba lleno de luz. A ella le parecía mucho más hermoso. Aún la entrada se continuaba con la playa.
Calipso llamó a algunos de sus sirvientes: hombres y mujeres hermosos, como los que nunca había visto antes.
-Preparen una habitación para Cristaly- dijo a sus sirvientes- porque se quedará con nosotros un tiempo...-
Cristaly la miró asombrada.
-Calipso- dijo la hechicera- lamento mucho rechazar tu invitación, pero es de suma importancia que yo vuelva a Atenas lo antes posible...-
-La que lo lamenta soy yo, Cristaly- dijo Calipso, sacando una hoja de papel color azul y mostrándoselo, haciendo que la hechicera palideciera al reconocerlo- Circe me ordena retenerte...-
Con una señal de Calipso, dos de los sirvientes atraparon a Cristaly, le arrancaron sus amuletos y la encerraron en una habitación.
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CONTINUARÁ...
Shura estaba en su casa de Capricornio, algo aburrido. Tal vez se hubiera divertido más si Cristaly se hubiera quedado. En fin, a él la chica no le llamaba la atención, sino que la aceptó en su casa por compromiso. En ese momento, un caballero entró a su casa. Era Saga.
-¿Qué te sucede, Saga?- preguntó Shura- te he notado algo serio últimamente...-
-Estoy aburrido, eso es todo- dijo Saga- desde hace tiempo que no tenemos nada que hacer...-
-Pero Saga- dijo Shura- apenas la semana pasada pelearon con Circe y la vencieron...-
-Una semana sin... hacer nada- murmuró Saga.
Shura miró a Saga sospechosamente. Algo extraño sucedía con él.
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Cristaly miró por la ventana de su camarote. El mar se veía más turbulento que de costumbre. Salió de su camarote y fue hacia el timón, donde se encontraba el capitán y el oficial.
-¿Hacia dónde nos dirigimos, capitán?- preguntó.
-Hacia Grecia, señorita- dijo él- tal y como usted nos lo pidió...-
-Eso ya lo sé- dijo Cristaly- pero el barco, ¿qué ruta eligió?-
-El este-
-¿Qué dice?- dijo ella, palideciendo- ¡les dije que no fueran hacia el este!-
-Pero señorita- dijo el oficial- esta es la ruta más rápida...-
-¡La ruta más rápida para perder la vida!- gritó Cristaly- ¡estamos demasiado cerca de Caribdis y Escila! ¡Den vuelta a la nave!-
-Señorita- dijo el oficial- no tengo idea de donde haya adquirido esos conocimientos, pero todas esas tonterías que dijo no tienen sentido. Las sirenas, Caribdis y Escila no existen...-
Cristaly frunció el entrecejo.
-¡Pero...!- comenzó a decir, pero en ese momento, una nueva turbulencia movió el barco violentamente. Cristaly subió a cubierta, seguida del oficial y del capitán. Los tres palidecieron al ver lo que estaba en frente. Dos enormes rocas, una frente a la otra. Ambas tenían formas de cabezas, no humanas, sino de demonios. Las bocas estaban formadas por grutas del tamaño de un barco grande.
-¡Son Caribdis y Escila!- gritó Cristaly- ¡den vuelta a la nave!-
Los dos marinos bajaron hacia el timón y dieron vuelta al barco. Demasiado tarde. El barco se acercaba más y más a la gruta que Cristaly había identificado como Caribdis. La pequeña gruta se fue abriendo, succionando agua y al barco hacia su interior. Luego, la boca se cerró, triturando al barco entre el techo y el suelo de la gruta. El impacto empujó a Cristaly, haciéndola perder el equilibrio, y la lanzó hacia el mar.
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Cassandra reía al ver a Kiki discutiendo con Aldebarán: le parecía gracioso ver a un niño tan pequeño y un hombre tan grande discutiendo en esa situación. Mu reía a su lado, contento de verla feliz. Pero de pronto...
-¡Mu!- dijo ella, abriendo los ojos ampliamente-¡Cristaly!-
-¿Qué sucedió con ella?-
-No sé- dijo Cassandra- pero algo malo sucedió-
-¿Algo...?- pero Mu no terminó la frase, porque Arilla e Iridia llegaron junto con Cassandra.
-¡Cassandra! ¿Tú también lo sentiste?- preguntó Iridia. Cassandra asintió.
-Iridia sabe donde está- dijo Arilla.
-Sí- dijo Iridia- la última vez que estuvo conciente, estaba junto a Caribdis...-
Cassandra dejó escapar una exclamación de sorpresa. Mu no comprendió.
-¿Caribdis?- preguntó.
-Caribdis y Escila- dijo Cassandra- son dos grutas en el mal, al sur de la isla de Circe... Caribdis es un monstruo gigante que bebe agua de mar y tritura los barcos con sus dientes. Escila era una mujer, pero mi madre la convirtió en un monstruo que ahora habita en la segunda gruta-
-¿La convirtió en un monstruo?- preguntó Aldebarán, asombrado.
-¿Por qué?- preguntó Mu.
-Por celos- dijo Cassandra- hace varios cientos de años, un hombre llamado Glauco fue con mi madre a pedirle una poción para enamorar a una mujer llamada Escila, pero Circe se enamoró de él. Como Glauco no la correspondió, mi madre decidió vengarse con Escila. Puso un filtro venenoso en las aguas donde Escila metió los pies, convirtiéndola en un monstruo...-
Mu guardó silencio. Sabía que la cólera de Circe era terrible, pero no sabía hasta que punto.
-Cassandra, ¿crees que lo que sucedió con Cristaly tiene alguna relación con tu madre?- preguntó Iridia. Cassandra se encogió de hombros.
-No lo sé...-
-Debemos ir por ella- dijo Arilla. Iridia y Cassandra asintieron.
-No, claro que no- dijo Camus, apenas llegando junto con Milo.
-¿Y porqué no?- preguntó Iridia.
-Si se perdió cerca de Caribdis- dijo Camus- sería una locura ir en barco a buscarla, ¿no crees? Pues a su barco le sucederá lo mismo que al de ella...-
Iridia no respondió. Camus tenía razón. No había nada que ellas pudieran hacer.
-Será mejor que se calmen- dijo Camus- Cristaly es fuerte, y aún tiene sus poderes...-
-Camus tiene razón-dijo Milo- tal vez logró llegar a una isla cercana-
-Sí- dijo Arilla- tal vez llegó a Ogigia...-
-¿Ogigia?- preguntó Milo.
-Es la isla de Calipso- dijo Iridia.
-¿Quién es Calipso?- preguntó Milo.
-Es una ninfa- explicó Arilla- ella vive en esa isla solamente. No ha tenido contacto con nadie más desde hace varios cientos de años, cuando ayudó al héroe Odiseo-
-Entonces...- dijo Milo
-Ella es buena. Si Cristaly cayó en esa isla, Calipso la ayudará...- dijo Arilla.
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En la casa de Virgo, Tamara también se percató de lo que sucedía.
-Shaka- le dijo- algo malo le sucedió a Cristaly...-
-¿Qué sucedió?-
Tamara le contó a Shaka lo que había sentido: la calma de Circe y el accidente de Cristaly.
-Es probable- dijo Shaka- que Circe haya roto su juramento...-
-¿Y qué podemos hacer en ese caso?- preguntó Tamara. Shaka se encogió de hombros.
-No lo sé, Tamara- dijo Shaka- además, conoces a Circe. Su ira es terrible...-
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-Simple y efectivo- dijo la diosa Afrodita, después de escuchar el plan de Circe- me agrada...-
-Entonces, ¿me ayudarás?- preguntó la bruja.
-¿Bromeas?- dijo la diosa- para ver la cara humillada de Apolo, lo que sea...-
-Bien- dijo Circe.
-Pero...- dijo Afrodita- antes que nada, quiero algo más a cambio de mi ayuda...-
-Lo que sea- dijo Circe.
-Que no le quites la vida a tu hija- dijo Afrodita. Circe frunció el entrecejo, pero la diosa explicó- la necesito con vida... pero claro que la haré sufrir, y tu venganza se cumplirá...-
-Está bien- dijo Circe- mientras se ejecute mi venganza...-
-Entonces mandaré a mi hijo de inmediato- dijo la diosa. Con eso, la estatua volvió a su rigidez original. Circe sonrió, satisfecha de sí misma.
-Ahora- se dijo- esperar a que las cosas sigan su curso...-
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Apolo, uno de los dioses más hermosos, estaba en el Olimpo, aburrido. Un chico de apariencia bella, de 13 años más o menos, se presentó ante él. El chico estaba vestido con una túnica blanca. En su espalda, un arco y una decena de flechas doradas.
-Apolo, ¿qué haces?-
-Nada, Eros- dijo Apolo- no molestes, mejor vete a enredar a los mortales...-
-He venido a mostrarte algo, Apolo- dijo Eros- una chica muy hermosa que tienes que conocer...-
-¿Una chica?-
-¿No vas a acompañarme?- preguntó Eros- no veo que tengas algo mejor que hacer...-
-Está bien- dijo Apolo, pensando en que no le haría mal distraerse un rato.
Eros lo llevó al Santuario de Atena. Le mostró un sitio junto a la entrada de la casa de Aries. Ahí estaba Cassandra sentada en un escalón, mientras Kiki estaba frente a ella. La joven, con sus poderes, creaba pequeñas chispas de colores, y haciendo que adquieran formas, mientras que Kiki se entretenía mirándolas y riendo.
-¿Ella?- preguntó Apolo- ¿la hija de Circe?-
-Claro- dijo Eros- y no puedes negar que mi madre ha sido generosa con ella, a pesar de ser mortal...-
Apolo la miró. Era cierto, su belleza superaba a la de muchas mujeres mortales que había conocido antes. Eros aprovechó su distracción y, sin que el dios se percatara, le clavó uno de sus dardos dorados en el corazón y desapareció. En ese momento, Apolo sintió una pasión y un amor desesperado por la joven frente a él. Estaba a punto de hacerse visible y acercarse, cuando un caballero dorado llegó.
-Basta, Kiki- dijo Mu- ya no la molestes...-
-No me molesta, Mu- dijo ella, sonriendo. Mu le devolvió la sonrisa y le ofreció la mano para ayudarla a levantarse. Ella la aceptó y ambos volvieron juntos al interior de la casa de Aries. Apolo los siguió con la mirada encolerizada y comenzó a formar un plan para llevar a cabo sus deseos.
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Cristaly abrió los ojos. Estaba en una playa. Con dificultad se levantó. Recordó cómo había caído al mar, se había aferrado a una tabla y se había dejado llevar por la corriente. Se sacudió la arena.
Una mujer, vestida de blanco, caminaba descalza sobre la playa. Se acercó a Cristaly con una sonrisa, y le ofreció un vaso con agua. Cristaly lo aceptó y lo bebió todo. El agua de mar, salada, había aumentado su sed, así que el agua dulce que la mujer le ofreció había sido más que oportuna. Cuando terminó de beber, Cristaly miró a la mujer. Su belleza no era humana.
-Bienvenida a Ogigia- dijo ella- yo soy quien reina este sitio...-
-Entonces tú eres Calipso- dijo Cristaly. Ella asintió- me llamo Cristaly, soy una hechicera... ¿podrías ayudarme a volver a Atenas?-
-Claro, Cristaly- sonrió Calipso- pero primero, acompáñame al palacio. Mis sirvientes prepararán todo para tu partida...-
-Gracias, Calipso- dijo Cristaly, y la siguió.
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En la casa de Acuario, Iridia seguía confundida por la frialdad con la que Camus la trataba.
-No te preocupes por tu amiga- le dijo- de seguro estará bien...-
-Eso espero- respondió Iridia- también me preocupa la calma de Circe, eso no puede estar bien...- Camus no respondió nada, y ella continuó- bueno, quizá ya se hizo a la idea...-
A pesar de la seriedad del caballero de Acuario, Iridia estaba segura que Camus estuvo a punto de sonreír por su comentario: ¿Circe? ¿hacerse a la idea? Ni en un millón de años...
Sin embargo, el caballero no lo hizo, porque otros dos acababan de llegar a su casa. Eran Shura y Saga.
-¿Alguna noticia de Cristaly?- preguntó Shura. Iridia negó con la cabeza. Saga dejó escapar una exclamación de tristeza. Camus fijó su vista en el caballero de Géminis. ¿Qué le estaba ocurriendo?
De pronto, todos sintieron un cosmo aproximándose a la casa de Aries. Era un cosmo sumamente extraño, y poderoso.
-¿Sintieron eso?- preguntó Shura, sorprendido. Camus y Saga asintieron.
-Un cosmo... muy poderoso- dijo Saga.
-Y proviene de la casa de Aries...- agregó Camus.
-Cassandra...- murmuró Iridia. Los tres caballeros dorados corrieron hacia allá, después de advertir a Iridia que no saliera de la casa de Acuario.
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Mu y Cassandra estaban sentados en la entrada de la casa de Aries, cuando el caballero sintió un cosmo muy poderoso, tanto como el de un dios. Palideció.
-¿Qué sucede?- preguntó Cassandra al percatarse de ello.
-Cassandra- dijo Mu, respirando hondo para calmarse- entra a la casa... siento un cosmo muy poderoso...¿lo sientes?-
Cassandra asintió.
-Entra entonces... y ten cuidado- le dijo en voz baja.
Apenas la chica se hubo alejado de Mu unos diez pasos, el dios Apolo apareció frente a ella. Cassandra gritó al verlo, sintiendo de nuevo su enorme cosmo. Comenzó a dar un par de pasos hacia atrás, pero el dios la atrapó por la cintura con una mano, y con la otra la silenció.
Mu se volvió al escucharla gritar, pero ya era demasiado tarde, y solo alcanzó a ver al dios desaparecer con ella.
-¡No...!- murmuró el caballero. Saga, Shura y Camus llegaron en ese momento, y alcanzaron a ver parte de la escena.
-¡Mu!- dijo Shura- ¿quién era...?-
Mu no respondió. Cerró los ojos y se concentró, tratando de encontrar al intruso por su cosmo.
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Mientras tanto, en la isla donde había llegado, Cristaly miró, maravillada, el palacio de Calipso. Era tan grande como el de Circe, pero a diferencia de éste, estaba lleno de luz. A ella le parecía mucho más hermoso. Aún la entrada se continuaba con la playa.
Calipso llamó a algunos de sus sirvientes: hombres y mujeres hermosos, como los que nunca había visto antes.
-Preparen una habitación para Cristaly- dijo a sus sirvientes- porque se quedará con nosotros un tiempo...-
Cristaly la miró asombrada.
-Calipso- dijo la hechicera- lamento mucho rechazar tu invitación, pero es de suma importancia que yo vuelva a Atenas lo antes posible...-
-La que lo lamenta soy yo, Cristaly- dijo Calipso, sacando una hoja de papel color azul y mostrándoselo, haciendo que la hechicera palideciera al reconocerlo- Circe me ordena retenerte...-
Con una señal de Calipso, dos de los sirvientes atraparon a Cristaly, le arrancaron sus amuletos y la encerraron en una habitación.
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CONTINUARÁ...
