Disclaimer: Nada que se reconozca me pertenece, pertenece a la serie Merlín de la BBC.


2. ENVIDIA

Sir Percival había sido envidioso desde pequeño. Cuando era un niño siempre quería el juguete que acababa de coger su hermano. No lo hacía por maldad, simplemente lo que ocurría era que ese caballito o esa espada de madera repentinamente parecían más atractivas y divertidas. Así que, como es completamente lógico —sobre todo para un chiquillo — tenía que cogerlo. Debía ser suyo, aunque lo estuviera utilizando su hermanito menor y pareciera muy contento.

Así pues, la pobre criatura casi siempre acababa llorando cuando jugaba estando su hermano cerca, aunque hay que reconocer que la mitad de las veces el joven Percival recapacitaba y era capaz de compartir el juguete.

Otras veces no. Simplemente tenía que ser suyo.

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Había sido un banquete espectacular, la comida estaba incluso más deliciosa de lo que era usual. Se habían servido todo tipo de patatas: asadas, para guarnición, en puré… para acompañar a cualquier clase de carne: desde pequeños conejos rellenos aromatizados hasta enormes venados con setas, pasando por unos sabrosos cerdos asados. Y junto a todo esto una generosa copa de vino especiado para ayudar a digerir.

Sir Percival se encontraba saciado. Él siempre había sido un hombre fuerte y musculoso y le gustaba comer bien. Esa noche así lo había hecho y estaba contento. Además, el ambiente era magnífico con buenas conversaciones y una agradable música de fondo. Se encontraba completo y relajado, incluso empezaba a notar que se adormecía. Tal vez había tomado demasiado vino.

Por eso, en ese estado, cuando un sirviente le ofreció un apetitoso pastel de manzana lo rechazó. Realmente no podía dar ni un bocado más y aunque olía fantásticamente bien, no lo necesitaba.

Sin embargo, sir Elyan que pese a lo pequeño y delgado que parecía comía como tres o cuatro caballeros juntos, no pudo rechazar una generosa porción. Estaba sentado a su lado y sir Percival pudo ver cómo disfrutaba del postre. Lentamente hincaba el tenedor en el pastel, elevaba ese pequeño trozo con deliberada lentitud, primero lo olía y suspiraba y finalmente se lo metía en la boca. Ahí comenzaba a masticar mientras se le escapaban pequeños gemidos de placer. Más que comer una tarta parecía que estaba pasando un buen rato con una fogosa mujer.

Sir Percival siempre fue un poco envidioso y al ver cómo disfrutaba sir Elyan no pudo evitar desear ese mismo trozo de pastel. No podía servirse otro pedazo del postre: quería ese y ese tendría.

—Venga, Elyan, amigo —empezó a decir con voz melosa— ¿por qué no me das esa porción que tienes ahí?

—¿Ésta? —preguntó sorprendido señalando con el tenedor—. Creo que no, ve a buscarte otro, hay por allá —señaló con un vago gesto hacia la mesa, sin mirar en ninguna dirección concreta mientras engullía otro tenedor.

—Pero es que yo quiero ese. Tú puedes cogerte otro trozo enorme, solo dame ese.

Sir Elyan no contestó. Siguió disfrutando del placer que le proporcionaba la tarta de manzana. Incluso cerró los ojos mientras ignoraba al caballero. Cuando por fin tragó, abrió los ojos con reticencia y, finalmente, le respondió:

—Percival, es el mismo pastel —intentó razonar— ve tu mismo a por un cacho.

Pero eso era algo que el noble caballero no podía hacer. Él quería ese trozo, no era tan difícil de entender —al menos eso era lo que él pensaba—. Ni siquiera intentó decirse que era un sinsentido. Sabía que podría comer cuanto quisiera, pero para él ya solo tenía valor ese pedazo tan delicioso que comía sir Elyan. Así que, habiendo decidido que ese pastel sería para él, empezó a pensar cómo podría conseguirlo. Su compañero iba comiendo despacio, pero si no se daba prisa pronto desaparecería. Se le ocurrió un plan, no era precisamente brillante, pero tendría que valer.

—¡Elyan! ¡Creo que Arturo y Guinevere te están llamando! —exclamó señalando con torpeza hacia la mesa de los reyes mientras no apartaba la vista del plato con el postre.

Solo tuvo un segundo en el que el caballero dirigió su mirada a la mesa que presidía el banquete, pero lo aprovechó: cogió el plato y salió corriendo mientras tragaba con rapidez lo que quedaba del postre. Ciertamente, sir Elyan tenía motivos para disfrutar tanto con el postre: estaba francamente sabroso.

Una vez se lo hubo terminado dirigió la mirada al caballero que no se había movido de su asiento y que a su vez observaba a sir Percival con estupefacción. No podía creerse lo que acababa de pasar. Sir Percival intentó disculparse con una sonrisilla, pero no surtió efecto ya que el otro caballero pensaba que se estaba burlando de él. Sir Elyan se levantó indignado y dio una vuelta por la sala de baile, considerando concluida la cena sin un postre satisfactorio.

El caballero que en ocasiones era bastante envidioso se encogió de hombros "ya se le pasará" pensó con sarisfacción "ese pastel tenía que ser mío".

Con una enorme sonrisa en la boca recordando todavía el sabor del postre y la agradable sensación de quitarle a alguien lo que era suyo —aunque eso no lo reconocería nunca— decidió que también él buscaría pareja para bailar, la noche aún era joven y había muchas oportunidades.

Dio vueltas y más vueltas, habló con muchísima gente y pasó un rato muy divertido. Sin embargo, no encontró ninguna mujer que le atrajera lo suficiente. Decaído pensó que esa noche no podría encandilar a ninguna hermosa joven y rindiéndose se alejaba hacia donde se encontraban sus hermanos, los otros caballeros de Camelot, cuando les vio.

Una pareja bailaba con mucha elegancia mientras reían. Ya había visto antes a la joven muchacha y, aunque antes no le había parecido especialmente guapa, ahora parecía brillar con cierta luz. Tenía que ser suya.

Sin embargo, para disgusto del caballero, su pareja de baile no era nada más y nada menos que sir Elyan. Intentó contenerse, pues ya le había quitado antes el postre. Además, no era muy noble robarle un ligue. Esta vez de verdad quiso dominarse, casi por primera vez en su vida. Pero no había mucho que él pudiera hacer —se reconoció— él era bastante —puede que muy— envidioso. Y lo que era peor, estaba casi seguro de la única razón por la que ahora le parecía tan atractiva era porque estaba con otro caballero.

Así que decidió que no tenía sentido fingir ser quien no era. Él la quería, y ella sería suya. Sir Elyan era un buen amigo y, con el tiempo le perdonará —al menos, eso esperaba.

Se acercó con grandes zancadas a la pareja. Cuando sir Elyan le vio su mirada se oscureció y abrió la boca mientras negaba con la cabeza. Pero era demasiado tarde, aprovechando un giro había cogido a la joven y ahora se alejaban de sir Elyan bailando, con una enorme mano agarrando su estrecha cintura, para marcar su territorio.

—¡Percival, tienes que estar de broma! —fue lo último que escuchó de sir Elyan y el caballero sonrió con un ligera mueca de disculpa.

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A un banquete espectacular le siguió una noche mágica con aquella joven que le había quitado a su amigo. Una parte dentro de él se preocupaba y temía que tal vez se hubiera pasado y sir Elyan no le perdonaría. Pero otra parte se encontraba feliz y se aseguraba que el caballero también le disculparía esta vez, porque él la quería y ella había sido suya —al menos por una noche.

Porque sir Percival era un pecador y la envidia sería siempre su perdición.


¡Hola! ¿Review? =)

Bueno, no sé cómo os parecerá que va esto. Pero yo me he divertido escribiéndolo, espero que os entretengáis leyéndolo y si consigo al menos una sonrisa me doy por satisfecha.

Me temo que no tiene mucho éxito esta historia ='S pero a mi me gusta y la terminaré de escribir, a ver que termina saliendo.

El siguiente caballero será Arturo... ¿alguien adivina de qué pecará nuestro rey favorito? =D

Saludos - Selenia.