Inglaterra cierra los ojos y sonríe un poquito porque acaba de tener una idea peligrosa fruto del alcohol y el dolor de cabeza. Francia sonríe más.
—¿En qué maldad estás pensando?
El inglés se sonroja de golpe abriendo los ojos como platos.
—¡No pienso en una maldad! —miente.
—Bueno, vale... Tranquilo — Francia le pasa una mano por el pelo e Inglaterra se relaja un poco—. ¿Entonces quoi? ¿Vamos a cocinar?
—Hazlo tú, yo voy a ducharme a ver si me despejo un poco —pide.
—Bien —le besa los labios suavemente.
El inglés cierra los ojos y luego vuelve a abrirlos, mirándole.
—Quoi? —sonríe. Inglaterra niega con la cabeza, esperando a que salga del cuarto y Francia se levanta y le sonríe yendo a la puerta mientras el inglés sigue mirándole sin moverse. Francia sale y... se queda afuera de la puerta.
Inglaterra se va corriendo al baño para mojarse un poco la cabeza y fingir que se ha duchado, lo más rápido que puede.
Francia levanta las cejas y cuando el inglés sale del baño, aún en pijama, sale del cuarto y se lo debe topar allí.
—A... llò
Inglaterra parpadea.
—¿Q-Qué haces aquí?
—Vengo a preguntarte... Mmmm ¿qué quieres beber?
—Té... yo lo haré... luego.
—¿A dónde vas?
—Ah... —Inglaterra vacila—. Buscar ropa...
—Mmmm bien... —Francia le mira.
El inglés sonríe nervioso, moviéndose por la pared para salir del cuarto. Francia le mira pero no le sigue esta vez.
Inglaterra se acerca a las escaleras del desván aún sin dejar de vigilarle, con lo que Francia se ríe un poco y baja las escaleras. Inglaterra sube corriendo cerrando el acceso y buscando unas cuantas cosas. Haciendo... una poción.
Francia baja a la cocina y empieza a preparar el desayuno
Al cabo de un buen rato, Inglaterra baja del desván con un baúl de madera oscura con cierre de metal negro. Cerrado.
—Angleterreeeee!
Deja el baúl en su cuarto y se mete a duchar, ahora sí. Aún desganado y tomando un poco más de Whiskey. Francia sube las escaleras con una charola en la mano mientras Inglaterra sigue duchándose tan tranquilo. Se sienta en la cama y bufa.
Y sale por fin, Inglaterra en albornoz y con la botella de Whiskey (ha recogido antes todas las fotos del salón y todo eso que había sacado).
—¿Cómo estás?
El inglés se pasa una mano por un ojo.
—Me voy a Washington.
Francia levanta las cejas hasta el techo.
—¿TE vas a Washington?
—Yes.
—¿Vas a ir al festejo de Amérique?
—Yes —asiente. Francia se humedece los labios.
—Bien... voy a ducharme y querría pasar a casa por una maleta, sinceramente.
—Bien —el inglés asiente—. Podemos desayunar primero —señala la bandeja. Francia asiente sentándose en la cama y mirándole a los ojos. El menor se sienta a su lado, apartando el baúl, pero vigilándolo. Francia parpadea notando el baúl y suspira.
—¿Y a qué se debe el cambio tan repentino de pensamiento?
Inglaterra se encoge de hombros.
—En doscientos treinta y seis años, nunca has ido a uno festejo de Amérique... y hace una hora estabas llorando en la cama. Además de que te has tomado... —mira la botella... —una cantidad abundante de alcohol.
Inglaterra esconde un poco la botella con culpabilidad.
—No planeo dejar de tomar alcohol.
—Más la botella de ginebra de ayer... ¿Qué vas a hacer en Washington?
—Ir a ver a America.
El francés suspira otra vez.
—Esto es infinitamente más simple cuando me cuentas tu plan, ¿sabes? —le mira a los ojos—, no soy tu niñera... soy tu...—Hace una pausa, pellizcándose el puente de la nariz frustrado.
—No hace falta que vengas si no quieres.
—Esto no es divertido así —declara.
Inglaterra le mira mientras come. Francia suspira derrotado negando con la cabeza.
—El cambio de planes tiene que ver con algo, algo que hiciste en el desván mientras yo bajaba a cocinar... no soy idiota. Pretendes hacer algo en Washington, no tengo idea de quoi, pero...
El inglés le señala el baúl con la cabeza (es un baúl pequeñito, de la medida de una caja de zapatos).
—Es un baúl...
—Es el regalo para America.
—¿Qué es?
—Un regalo.
Francia mira a Inglaterra a los ojos, perdiendo la paciencia a una velocidad vertiginosa.
—Oui, eso lo he oído la primera vez. Qué hay adentro del baúl.
—Es para America.
—Bien. ¿Quieres que vaya contigo? —pregunta Francia mirando a Inglaterra a la cara, bajando su plato y poniéndolo en la charola.
—Como quieras —Inglaterra le mira fijamente.
—No dejas de empujarme, de alejarme y de correrme —responde.
—No he dicho que no vengas —se encoge de hombros y toma el Whiskey.
—Pero no quieres un cómplice —agrega Francia mirándose las manos.
—Solo voy a darle a America un regalo y a desearle un feliz cumpleaños... ¿qué cómplice puedo necesitar?
—Sigues insultándome cada vez... —El francés le sonríe.
—¿De qué hablas? —pregunta frunciendo el ceño y bebiendo un poco de whiskey.
—De que no soy ningún idiota...
—¿Qué quieres que te diga, France? ¿"Ven conmigo, please"? ¿"Lárgate a tu casa y déjame en paz"? No es como que vayas a hacerme caso en ninguna de ambas
—Qué hay en el baúl.
—Mi regalo para America.
Francia hace los ojos en blanco, se levanta y se mete al baño, sin decir más. Inglaterra toma el baúl y la bandeja y baja corriendo a la cocina a acabar un par de cosas que le faltan a la poción.
Suena el teléfono de Canadá con un mensaje.
Canadá está jugando con Estados Unidos a Assassins Creed, pone el juego en pausa y saca el teléfono mirándolo.
"Voy a Washington con Angleterre. Está borracho, necio y punk. Lleva un regalo misterioso en una caja, no me ha dicho que es. Alértale"
Canadá parpadea... y lee el mensaje cuatro veces entre las protestas de su hermano por haber parado el juego y le mira.
—What?
—Es... France...
—Oh... ¿qué pasó? ¿Cómo está Iggy?
—Dice que vienen.
Estados Unidos levanta las cejas y se pone serio.
—What?
Canadá gira el teléfono y se lo pasa. Estados Unidos levanta las cejas.
—¿Un... regalo... misterioso? —se muerde el labio y mira a Canadá de reojo —. Oh, oh...
—What? ¿Qué piensas?
—No será capaz de traerme una bomba, ¿verdad?
—Pues... no lo... creo —sonríe nervioso.
—Es que... tú has visto lo RARO que se pone estos días. Raro... RARO. Como Russia.
El canadiense traga saliva.
—Pero...
—Es decir, no es que no quiera que venga ni nada... siempre he querido que venga... pero a la vez nunca nunca viene y es como... —le mira preocupado.
—Y... ¿qué crees que deberíamos hacer?
—Pues... —Estados Unidos se encoge de hombros —, nada. Que venga. Espero que le gusten los fuegos artificiales y eso... va a ser rarísimo que esté aquí.
—Quizás deberías no abrir su regalo... por si acaso. Pasarlo por rayos X y eso antes. Aunque si son explosivos no le dejarán montarlos en el avión... —sigue pensando Canadá.
—No puede ser peor que el de Russia —insiste.
—Quizás por fin te ha perdonado y... ya —le mira.
—Mmmmm... —saca su teléfono y le enseña el mensaje de media noche que le mandó el inglés.
—Quizás France le convenció esta mañana —propone Canadá bastante inseguro
—Quizás... ¿Por qué no le pides a France que... intente averiguar más del regalo?
Canadá le responde el mensaje a Francia "Eso es muy raro, ¿seguro estáis bien? ¿Necesitas algo? ¿Podrías investigar un poco más sobre el regalo?"
"Non, no estamos bien. Angleterre está en el punto en el que no le importa nada Y sigue bebiendo. Veré si puedo investigar más. Un beso a los dos y joyeux anniversaire para Amérique :) Me dará gusto darle su abrazo"
Inglaterra baja del avión y se aleja hasta el duty free, donde compra otra botella, esta vez de ron. Francia suspira, siguiéndole y pensando que si tan sólo él estuviera tan borracho como el inglés, quizás podría pasarlo bien (Francia opina que la pasó mejor el año pasado que era cómplice del inglés y no su niñera...)
—¿No te arde el estómago?
Inglaterra le mira un segundo y luego se descojona. (Inglaterra opina que puede beber con él si quiere). Francia levanta una ceja.
—Quoi?
—Recién estoy llegando al punto adecuado de alcohol en la sangre para poder pilotar un barco como es debido.
—Mon dieu... —Francia se ríe un poco y le quita la botella de la mano—. ¿Sabes? Estoy harto de ti hoy, necesito más o menos el mismo nivel en la sangre que tú para soportarte —empina la botella en su boca.
—¡Cómprate tu propia botella! —protesta el inglés.
—Ñañañaña... ¡COF! ¡COF!. —suelta después de beberse más o menos un tercio de la botella de un trago, tosiendo. Inglaterra le arrebata la botella dirigiéndose a la salida a por un taxi y viendo todas las banderitas y la decoración del cuatro de Julio.
—I hate this stupid country — protesta apretando los ojos dándole otro trago a la botella.
—¿Sabes? Yo también lo odio. A este imbécile y a ti.
—Pues vete a tu casa —responde el británico parando un taxi.
—Oui, eso voy a hacer —sentencia sin moverse un solo centímetro.
—Habla tú con el bloody taxista o acabaré por arrancarle la cabeza —pide el inglés exasperándose por el acento. Francia se sube tras él, indicándole a dónde van y arrancándole la botella a Inglaterra de la mano.
—Bloody hell, France, mira lo que tengo que soportar. Cómprate tu propia botella —Replica tratando de quitársela.
—Mais oui... pobre víctima —replica el aludido alejando la botella del alcance del inglés y preguntándose cómo no hizo esto antes. Ah, sí, porque en el avión no le dejaron subir la botella.
Inglaterra se le tira encima para quitársela.
—Ahh.—Francia le abraza un poco de la cintura y le da un beso en los labios.
Inglaterra... consigue recuperar la botella, pero se sonroja mucho, apartándose. Francia sonríe pasándole una mano por detrás de los hombros, acariciándole la cabeza.
—¡Suéltame! —Inglaterra frunce el ceño, sonrojado.
Francia se le recarga un poco más, dándole un beso en el pelo, sin soltarle. Y el taxi se detiene porque ya han llegado.
El francés saca un billete y le paga al taxista, bajándose detrás de Inglaterra, quien mira la casa con cierta angustia y se le revuelve el estómago, apretando contra sí el baúl. Francia le abraza por la espalda, recargando su cabeza en el hombro del inglés.
—¿Estás bien?
Inglaterra asiente frunciendo el ceño con determinación, dando un paso hacia la casa.
—Angleterre... —suplica Francia sin soltarle. El inglés le mira de reojo—. S'il vous plaît, no hagas nada de lo que te arrepientas mañana —pide con voz seria, casi en un susurro.
El británico vuelve a mirar la casa y le da otro trago largo a la botella de ron. Francia sigue mirándole angustiado y él se dirige a la casa sin contestar.
—Ay, Angleterre... —protesta Francia tocando el timbre.
Un joven con una corbata de la bandera estadounidense amarrada en la cabeza, un vaso rojo en la mano y un saco con lentejuelas brillantes bordadas formando la bandera estadounidense abre la puerta.
Se escucha música al fondo.
Inglaterra mira al suelo tomando aire profundamente y volviendo a abrazar su baúl. Francia le pone una mano en el cuello y mira al chico.
—Ehh... Hello! Come on in! —les hace un gesto con la mano y se mete a la casa, sin esperarles ni cerrar la puerta. Inglaterra levanta una ceja y le da otro trago a su botella peligrosamente vacía para lo larga que promete ser la noche.
Francia se queda mirando la puerta y mira a Inglaterra de reojo. Le empuja un poco del cuello invitándole a entrar.
—Venga, vamos adentro...
Inglaterra se muestra reticente, haciendo fuerza y pensando que esto ha sido una de las peores ideas que ha tenido nunca, se le llenan los ojos de lágrimas. Francia le mira de reojo y entra un poco en pánico cuando le ve la cara.
—Cher... cher, ¿qué pasa? —le da la vuelta y le pone ambas manos en los hombros.
El inglés respira con dificultad haciendo un puchero. Francia le acaricia la cara y le pasa una mano por el pelo, levantándole el rostro para que le mire a los ojos.
—¿Qué hay en la caja? —urge a que le diga.
Inglaterra la abraza con fuerza temblando y tratando con todas sus fuerzas de no echarse a llorar, sin conseguirlo del todo. Se limpia los ojos lo más disimuladamente que puede. El francés le mira mordiéndose el labio y le besa la frente, e Inglaterra aprieta los ojos y se sorbe los mocos.
—Háblame, Angleterre —prácticamente suplica, muy muy frustrado, sin entender un pimiento. El inglés traga saliva y entreabre los labios.
—I...
El francés le mira con toda su atención. El menor se humedece los labios y le mira a los ojos. Francia le mira preocupado. Inglaterra le toma del cuello y le besa con ansia, con miedo, con frustración, con nervios... Con todo.
Y Francia le responde el beso, con los mismos sentimientos, tomándole del cuello. Al cabo de unos segundos Inglaterra se separa, sintiéndose un poco más tranquilo. Francia también se siente más tranquilo acariciándole la mejilla y mirándole a los ojos.
—Lo que sea que le vayas a dar... ¿es irreversible? —pregunta en un tono mucho menos consternado. Inglaterra le mira como si le hubiera salido otra cabeza, tensándose otra vez—. Oui/Non. Respóndeme —ordena.
—No le voy a dar nada —responde negando con la cabeza, asustado, dando un paso atrás.
—¿Qué tienes en la caja? —pregunta más imperativamente esta vez, aunque con un tono de voz bastante suave, dando un paso al frente.
Inglaterra se abraza a ella, dando un pasito atrás otra vez.
—¿Es irreversible? —vuelve a preguntar.
Inglaterra solloza.
—Vamos a casa —sentencia Francia empujándole hacia la salida.
Inglaterra mira dentro de la casa viendo las banderas y la música y la decoración y todo y se le revuelven las tripas y luego mira a Francia, frunciendo el ceño con eso. Francia sigue empujándole un poco con cierta determinación, logrando que baje los tres escalones de la puerta, pero el inglés hace un gesto brusco para soltarse.
—Vete tú si quieres.
—No quiero irme, quiero que me digas que hay en la caja, para YO decidir por ti si quieres o no quieres arrepentirte toda tu vida de lo que planeas darle —replica Francia dejando de empujarle y encarándole.
El inglés le mira y se le llenan los ojos de lágrimas otra vez.
—Vete a la mierda, haré esto yo solo. Como siempre.
—¡Y un HUEVO como siempre! ¿Qué coño vas a darle? ¡Dime que es! —chilla Francia.
—Que te jodan —responde el inglés con absoluta acritud, muy dolido. Ahora sí llorando, se da la vuelta y se encamina hacia el interior de la casa otra vez con las rodillas temblorosas. Francia le sigue con el ceño fruncido y como siempre que hacen estas cosas, le detiene del brazo con fuerza.
El inglés le da un empujón MUY fuerte y casi sin mirarle, sin ninguna consideración. Francia sale volando, pegando en el marco de la puerta y cayéndose sentado en el suelo.
Inglaterra entra a la fiesta saludando de pasada a los demás invitados que parecen todos muy sorprendidos de que esté ahí y empiezan a callarse y a mirarle a medida que va entrando a buscar a Estados Unidos. Él se sorbe los mocos y se limpia la cara lo más sutilmente que puede.
Japón, que estaba hablando con Estados Unidos, se calla en cuanto ve venir al inglés, levantando las cejas. Estados Unidos se gira en redondo, sorbiendo su Coca Cola de la lata. Inglaterra se para delante suyo mirándole sin sonreír, con el corazón acelerado, respirando profundamente. Al estadounidense se le borra la sonrisa un instante, levantando las cejas.
El inglés, agarrándose muy fuerte a la botella que lleva en la mano como si fuera a sujetarle, mientras todos los presentes, le miran sosteniendo el aliento más o menos, incluido Francia, que se ha levantado del suelo con ayuda de Prusia y España que estaban por ahí.
—Iggy... —Estados Unidos le sonríe un poquito.
—Ha-Happy —susurra, el inglés hace una pausa cerrando los ojos y suspira—. Birthday.
Estados Unidos sonríe mucho, mucho, mucho más, y... cosa muy muy sorprendente, logra vencer el impulso de abrazarle o molestarle o reírse.
—Tha... thank you.
El inglés traga saliva y le entrega el baúl, aún sin mirarle.
—Esto es para ti.
Estados Unidos toma el baúl y le da su Coca Cola para que se la detenga. Inglaterra la toma y mira alrededor nervioso. El estadounidense mira el baúl y lo primero que hace es agitarlo un poco, sin dejar de sonreír. No se oye nada dentro.
—No lo abras aquí —le pide el inglés al notar a la gente.
—Oh... why? —le mira un poco apenado —. Es... es el mejor regalo que nadie me ha dado nunca para mi cumpleaños, seguro —sentencia.
—Please —el inglés le mira y pone la mano sobre el baúl, incómodo.
—A excepción de la figura que me dio Canadá en la mañana... —puntualiza Estados Unidos sonriendo un poco —, es el tipo del Assassin's Creed III y tiene una bandera de... —se detiene y levanta las cejas. Le sonríe y le toma del brazo—. ¿Me acompañas a la cocina a que lo abra?
Inglaterra traga saliva y asiente. Estados Unidos sonríe contento y camina con él hasta la cocina, agitando aún el baúl. Francia abre los ojos con terror caminando hasta la cocina también. Inglaterra aprovecha ese momento para sacar la poción del bolsillo y mezclarla con la Coca Cola de Estados Unidos que lleva en la mano.
Estados Unidos entra a la cocina con todo y baul, mientras Francia se esconde junto a la puerta y en cuanto ésta se cierra, mira por el vidrio redondo.
Inglaterra comprueba nervioso que no les sigan y no ve a nadie, mira a Estados Unidos, quien, en cuanto entran a la cocina, mira al inglés.
—¿Esto tiene llave o lo abro así como así?
—Tiene una llave, no destroces nada. Ahora te la doy —responde mientras busca un vaso en los armarios, llevando la Coca Cola en la mano. La deja en el mármol, sirviéndose el ron en el vaso que ha sacado, luego toma la Coca Cola y su vaso y se la tiende a Estados Unidos.
—Primero brinda conmigo —pide levantando su vaso. Estados Unidos sonríe y choca la lata contra el vaso.
—¡Porque estás aquí! —indica. Inglaterra sonríe un poquito.
—Por qué te haces mayor —responde.
Estados Unidos sonríe orgulloso y se lleva el popote a la boca tomando toda la Coca Cola de un trago, haciendo MUUUUUUCHO ruido. Inglaterra se toma su vaso de ron también de golpe.
Francia sigue mirando la escena a través del vidrio.
—Ahora la llave —pide Estados Unidos extendiendo una mano.
Y no le pasa nada a Estados Unidos porque la poción que le ha dado no hace efecto hasta al cabo de las horas. Inglaterra se descuelga la cadena con la llave que lleva al cuello, extendiéndosela.
Estados Unidos la toma y abre la caja con ansias. Dentro de ella hay un muñeco de trapo de un conejito de hace como cientos de años. Es el conejito que usaba para dormir las raras veces que se quedaba en Londres.
Estados Unidos parpadea y parpadea otra vez, mirando al conejito sorprendido.
—Te dije que se había perdido por que ya eras muy mayor para seguir usándolo. Ahora ya eres bastante mayor para saberlo —indica sirviéndose otro vaso de ron. Estados Unidos saca el conejo de la caja mirándolo serio.
—M-Mr. Carrot... —susurra.
Inglaterra se bebe el ron y le mira. Francia, por cierto, está limpiándose las lágrimas desde el vidrio, porque es todo un sentimental. Estados Unidos se rasca la cabeza mirando al conejo con un nudo en el estómago.
— I-Iggy...
—¿Esto es lo que quieres, no? No tiene sentido que siga guardado en una casa que no es la tuya.
Estados Unidos suspira, cerrando los ojos.
—Iggy... please... —susurra.
—Haz con él lo que quieras, tíralo... igualmente está muy viejo —sigue, mirando el muñeco.
—No quiero tirarlo, esto... esto es absurdo. Hace doscientos años de esto, Iggy, please!
Inglaterra se pasa la mano por el pelo, le mira y suspira.
—Good nigth, mister United States of America. I see you tomorrow morning —sentencia antes de dirigirse a la puerta de la cocina.
Estados Unidos le mira irse tristemente, abrazando a su conejo y hoy en la noche, dormirá abrazándolo. Lo cual, al parecer, va a agradecer en cuanto se despierte.
Inglaterra sale con las rodillas temblándole, de nuevo agarrado a su botella de ron como si ésta fuera a sujetarle. Francia le sigue a distancia prudente.
El inglés pide un taxi pensando en si irse a la embajada y recuerda que lleva un pedo de whiskey un poco gordo, así que pide que le lleven a un hotel donde no estén de fiesta. Francia le sigue afuera de la casa y pide un taxi tras el suyo, indicándole al taxista que siga al taxi del inglés.
Inglaterra pide un cuarto individual y se va a él dispuesto a dormir la mona, dejándose caer en la cama sin desvestirse siquiera. Francia amanece en el cuarto de Inglaterra, dormido en el sillón.
Cuando Inglaterra se levanta a por agua y aspirinas y le nota allí le da prácticamente un infarto. Francia se mueve algo incómodo en el sillón, pero sigue durmiendo.
Inglaterra parpadea nervioso y nota el reloj, pensado en Estados Unidos, solo en su casa sucia de la fiesta y sin entender nada. Sobre todo teniendo en cuenta que siempre se levanta muy pronto, aunque ayer durmió muy tarde...
Francia abre la boca como de salmón. Inglaterra toma un papel, escribiendo una nota para Francia y sale del cuarto lo más silenciosamente que puede. Francia va a matarlo
Inglaterra toma un taxi, intentando llegar ahí lo más rápido posible.
Chan chan chaaaaan. No te olvides de agradecerle a Tari su trabajo de edición en tu review!
