¡Hola!

Bien, antes que nada…

¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!

Sé que aún es Noche Buena, quiero hacer todo esto por adelantado XP. En fin, gracias por la paciencia y por todos los comentarios, me emociono tanto cuando los leo y los vuelvo a leer con mucho amor ñ_ñ

Vayamos a lo importante, el fic.

Soul Eater pertenece a Atsushi Okubo, solo la trama es mía.


My Little Sensei

Segundo Acto:

Clases Particulares + Un Poco de Vida Social = Esta es mi Vida


Durante todo el rato que Tsubaki llevaba dentro de su casa no había podido despegarle la vista de encima. Estaba al pendiente de sus movimientos, esperando que en algún descuido la pobre muchacha dejase entrever algo de su anatomía. Sería genial que los botones de la ligera camisa blanca salieran volando, o que mágicamente apareciera alguna corriente de viento y levantara su diminuta falda. Oh sí, eso sería fenomenal para su grandeza, al menos era lo que Black Star pensaba.

Cada palabra que era emitida por la boca de Nakatsukasa carecía de significado para él. Lo único a lo que prestaba atención era al movimiento de los labios de su tutora y al involuntario contoneo de su cuerpo. A su mente llegó el recuerdo de la primera película para adultos que vio con Soul y Kid a la no tan inocente edad de doce años; trataba la misma situación: un chaval de no más de veinte con una institutriz bastante exuberante. Por un momento se imaginó a él en el papel de protagonista y Tsubaki como su estelar… Esa película sí que sería exitosa en el cine porno.

—¿Entendiste, Black Star?

El muchacho parpadeó, confundido, en realidad no sabía que materia estaban tratando, ¿sería álgebra, historia o química?

—Ah… este… yo… ¿podrías volverme a explicar? —balbuceó.

Tsubaki, muy al contrario de lo que otro tutor o Maka hubiese hecho —entiéndase por gritonearle, o en el caso de Maka darle un buen Maka-chop— solo sonrió y asintió. Volvió a tomar el libro de Física y señaló lo que había estado explicando previamente.

—Te decía que la segunda ley de Newton, la de la relación entre masa y fuerza, dicta: «si a un cuerpo se le aplica una o más fuerzas, este adquiere una aceleración que es directamente proporcional a la magnitud de la fuerza resultante y toma su misma dirección».

—¿O sea cómo?

—Bueno, un ejemplo sencillo sería como lanzar este lápiz —le arrebató el lápiz a Black Star y lo lanzó. Dicho objeto pasó por encima de la lámpara de la sala y cayó casi en la entrada de la cocina.

—¿Eso es todo? ¡Mira que es fácil!

—Permíteme terminar. El lápiz cayó bastante lejos y apliqué una fuerza promedio. Si lanzara un objeto más pesado con la misma fuerza este no llegaría tan lejos, como por ejemplo… ¡esta naranja! —La chica tomó dicha fruta que yacía en la mesita de la sala, la que hubiera sido la jugosa cena del Dios Black Star —. Al ser un objeto un poco más pesado no llegará tan lejos como el lápiz aunque haya aplicado la misma fuerza. —Y dicho eso la lanzó lejos.

Black Star no observó la trayectoria de dicha fruta sino más bien se quedó admirado el cuerpo de la joven. Sus pechos, al haber realizado tal acción, se movieron produciendo una especie de boing. Estaba decidido, proclamaría «el día internacional de la naranja» cuando se convirtiera en Dios.

Mas el sonido de la lámpara quebrarse le sacó de su mundo de fantasía; ¡la naranja había ido a estrellarse contra el objeto! Decidido, adiós «día internacional de la naranja».

—¡Lo siento! —gritó ella completamente apenada y corriendo hasta el desastre —. Lo siento mucho, lo siento mucho, lo siento mucho...

—No hay problema. Estaba vieja, mi padre ya la iba a regalar —mintió. En realidad White amaba esa lámpara.

Ella pareció tranquilizarse. Respiró hondo, juntó sus manos a modo de oración y comenzó a recitar algo en un idioma raro. Volvió a abrir sus hermosos ojos azules y miró a Black Star, o más bien, derritió a Black Star.

—Eres tan considerado. No te pareces nada a lo que me habían dicho de ti.

—Es más que obvio que todos hablan de mí, así que no me sorprende. Dime, ¿qué maravillas te contaron?

—Que eras idiota, vago, poco cortes y egocéntrico —susurró quedito. Black Star alzó una ceja, ¿quién se atrevería a decir semejante barbaridad de su grandiosa persona? Mataría a aquel blasfemo en cuanto descubriera su identidad—. Pero veo que es mentira. No eres idiota, solo eres de lento aprendizaje; no eres vago, sino no pasarías tu viernes por la noche en casa; me has tratado bien así que eres muy cortés; y respecto a ser egocéntrico… bueno… lo importante es que eres un buen chico.

Black se sonrojó. Ninguna chica, ni siquiera su madre, lo había halagado tanto en toda su vida. Tsubaki era la primera chica —y la primera persona— que en verdad estaba admirándolo. Sonrió con suficiencia, se subió a la mesa y se señaló con el pulgar.

—Por supuesto que tienes razón, Tsubaki, tú sí eres digna de compartir mi mismo aire. Desde este instante te has vuelto mi persona favorita.

—¿Gracias? —contesto ella con nerviosismo, no sabía cómo interpretar aquello.

—También eres mi tutora favorita.

—Pero soy tu única tutora, Black Star.

—¡Continuemos! —ordenó.

Y así volvieron a reanudar las clases particulares. Fue tanta la dicha de Black que no pensó ni por un momento en el regaño que le daría su papá por la lámpara rota, ¡pero qué importaba!


La jornada escolar dio inicio el martes ya que el lunes —por razones de papeleo según el director— hubo suspensión de labores. Black Star llegó a su respectivo salón de clases más animado que de costumbre, algo que no paso desapercibido para ninguno de los presentes y mucho menos para sus amigos de toda la vida: Soul Evans y Death The Kid.

—¿A qué se debe ese semblante tan alegre? —preguntó Kid con formalidad; ese tipo era educado para todo, típico «niño de papá», apodo cortesía de Black Star.

—¿Sucedió algo interesante el fin de semana? —Soul tampoco se quedó atrás, también debía preguntar.

—¿Recuerdan lo de mi tutor?

—Sí, pero qué tiene que ver.

—Mi tutor, bueno, tutora, ¡es una autentica Diosa! —Los demás se giraron a verlos como si de un espectáculo se tratase. El trió decidió ignorar los murmullos —. No se imaginan… ¡Es guapísima! Se llama Tsubaki; es alta, delgada, tiene un cuerpo hermoso, va en último grado y lo mejor de todo: ¡tiene unos enormes senos!

—De acuerdo a tu descripción sí debe tratarse de una chica atractiva —corroboró Soul.

—Espera, espera. —Kid hizo un ademán con las manos, los otros se giraron hacia él —. No crees que estás siento un poco, como decirlo, exagerado. No dudo que la chica sea linda, pero tú mismo lo has dicho, va en último grado, y sabes lo que significa. —Black Star abrió la boca para decir algo, pero antes de que soltara cualquier idiotez Kid decidió continuar —: No tienes ni la más mínima oportunidad con ella.

—¡Oye! Con Soul decíamos lo mismo y ya casi va cumplir un año con Maka.

—Pero Maka no es mayor que yo, y bueno, era demasiado evidente que nosotros terminaríamos juntos —agregó el albino, luego se giró hacia Black —. Y ahora que lo mencionas… ¡no le he comprado nada a Maka de aniversario!

Y casi como si la hubiesen invocado, por el umbral de la puerta apareció la nombrada. Vestía el típico uniforme de Shibusen que consistía en una camisa blanca, saco negro y falda escocesa acompañado de unas largas medias color negro. Sus coletas bailoteaban al compás de sus pasos, casi como si de un comercial de shampú para cabello se tratase —de shampú de manzanilla para cabello rubio —. Black Star no entendía el porqué Soul siempre se le quedaba mirando como bobo, cual idiota enamorado, entonces lo recordó: Soul era un bobo por fijarse en esa loca chica y, efectivamente, también era un idiota enamorado.

—Buenos días chicos —saludó ella cordialmente, Kid devolvió el saludo de igual forma, Black hizo un movimiento de cabeza y Soul...

—Hola, pecho-plano.

Maka intentó contener su ira mas no lo logró, Black Star sabía en que terminaría aquello.

—¡Maka-chop! —gritó a la vez que lo golpeaba con un libro.

Soul solo atinó a sobarse la parte afectada, mientras le reprochaba a su novia por el golpe entre balbuceos. Siempre era lo mismo; todos los días de todas las semanas de todos los meses de todos los años desde que se conocían. Aunque ya fueran oficinalmente novios ese tipo de escenas nunca dejaban de presenciarse.

A simple vista el día no tenía nada de especial, pero para Black Star, ese día lo acompañaría la imagen de Tsubaki.


La hora del almuerzo llegó. Los chicos y chicas de último año estaban en la cafetería tomando su desayuno. En una de las mesas del centro se encontraba un grupo de amigas charlando entre ellas de forma animada, bueno, solo una hablaba, las demás solo escuchaban con atención cada una de las palabras de la despampanante rubia que se encontraba en medio de ellas. La chica sonreía y jugueteaba con su cabello, dejando boquiabiertos a más de uno, y como no, la mayoría de los chicos presentes no podían evitar admirarla. A la capitana de las porristas, a la chica más popular de Shibusen, a la próxima reina del baile de Aniversario… a Elizabeth Thompson.

—Así es chicas. —La rubia solo les dirigió una mirada altanera a las otras tres, las cuales, en lugar de mostrar desagrado por ella, le ponían más atención que a la maestra de Historia —: Iré al baile de Aniversario con Kilik Rung.

Kilik Rung era el capitán del equipo de baloncesto de la escuela además de ser el chico más asediado de todo el condado; era más que obvio que era el único digno de ser compañero de alguien como Liz, al menos eso pensaba ella.

—¿Y ustedes con quién irán? —Ninguna contestó, solo se miraron entre ellas. Liz rodó los ojos algo fastidiada —. Vamos, deben tener al menos una invitación. ¿Qué me dices tú, Jackie?

—Bueno… creo que iré con Harvar. Hace días me lo pidió. Aparte no me desagrada —contestó. Y en parte Liz la entendía. Jacqueline O Lantern Dupré y Harvar D Eclair eran una pareja semi-oficial de Shibusen.

—¿Qué hay de ti, Kim? Escuche que el amigo de Harvar, Ox, te invitó.

—Ah, sí, el friki Ford. Por supuesto que no iré con él… es raro. —Hizo una mueca de asco de tan solo recordar a aquel tipo —. Planeaba ir con Wes Evans pero creo que él ya tiene pareja, así que supongo que iré con cualquier otro.

—Sí, Wes ira con la sosa de Eruka Frog, la presidenta del club de periodismo —corroboró Liz, luego dirigió su atención hacia la última de sus amigas, la cual no había dicho ni una sola palabra en todo el rato y permanecía un poco ajena al asunto —. ¿Tú qué dices, Tsubaki? ¿No tienes algún pretendiente?

La aludida solo se sobresaltó ante el repentino cuestionamiento. Se sonrojó levemente y negó de forma lenta con la cabeza.

—No —susurró tan quedito que muy apenas alcanzaron a oírla —, todavía no tengo pareja.

—Bueno, siempre queda la opción de ir entre amigas; si Kim no consigue pareja podrían ir juntas y quedar como las solteronas del baile. —Liz rió ante su broma, Jacqueline siguió el juego y Kim, solo para no desentonar, también rio. Tsubaki permaneció callada, no le gustaban ese tipo de comentarios —. Ya, ya, no pongas esa cara, ya encontrarás a alguien.

Luego de esa incómoda conversación, las otras volvieron a sumergirse en su conversación. Tsubaki suspiró de forma melancólica pero ninguna de las otras pareció notarlo. A veces, solo algunas veces, sentía que no encajaba con ese grupo de amigas que había escogido, eran muy diferentes a ella, demasiado superficiales, demasiado huecas, demasiado plásticas. Si pensaba así, entonces, ¿por qué seguía junto a ellas?

—¿Así que qué dices Tsubaki, nos ayudas con nuestro reporte de Ciencias? —pidió Liz, con las palmas juntas en modo de ruego y la misma sonrisa que derretía a todo el género masculino en Shibusen.

Entonces Tsubaki lo recordó. Ellas siempre necesitaban de su ayuda. Tanto Liz como Kim y también Jacqueline; y a ella le encantaba ayudar a los demás, y si sus amigas se lo pedían ella con gusto lo haría.

—Por supuesto. Aunque no creo poder hoy, doy tutoría a un par de chicos esta tarde.

—Bueno, entonces iremos a tu casa esta noche —intervino Kim —, recuerda que Marie lo quiere para mañana.

—Pero… yo…

—Ya sé, ¿por qué no lo haces tú y nos lo entregas mañana? —sugirió Jacqueline.

—Está… está bien —contestó la morena muy a su pesar —. Mañana se los entregaré.

—Por eso te amamos, Tsubaki —gritaron las otras tres a coro, como en sus ensayos de porristas.


A la hora de salida, Black Star se dirigió de forma animada hasta la biblioteca. Nunca en su vida se imaginó pisar aquel recinto tan sagrado para Maka, donde la muy loca rendía culto a los libros y sacrificaba a los otros menos nerds que ella —aquello era exagerado, pero no dudaba que lo hiciera—. Pero esta ocasión iba por un motivo muy especial. Tsubaki le había pedido que se encontraran en la biblioteca ya que la japonesa también asesoraba a otro chico, y a ambos les daría clases en ese lugar.

Eso molestaba a Black, en parte porque no le agradaba tanto la idea de compartir a Tsubaki con nadie más, pero si ella lo pedía, ¿cómo negarse? La palabra de su futura Diosa era ley para él. Tsubaki debería sentirse honrada en despertar todo aquello en un chico como él.

Al llegar buscó con la mirada a su tutora, siéndole fácil distinguirla en una de las mesas del fondo. Pero no estaba sola, a su lado estaba el otro chico, al cual también reconoció conforme se iba acercando. Cabello disparejo, delgadez extrema que llegaba a rozar en anorexia, piel tan pálida como una hoja. Ese chico era Chrona, el dueño de los suspiros de Kid.

—Buenos días Black Star —saludó Tsubaki de forma amable.

—¡Hola, Tsubaki! —gritó, siendo callado al instante por los demás presentes del lugar —¿Has extrañado mi presencia? —susurró lo más bajo que pudo.

—Por supuesto. Déjame presentarte a Chrona Gorgon, ¿de hecho no van a la misma clase?

—No, Chrona va a la clase «C», recuerda que yo estoy en la «B» —respondió el chico de cabello azul —. Entonces, un gusto Chrona, ¡tienes suerte de conocerme!

Nuevamente fue callado por los demás. Chrona se levantó de la silla y le extendió la mano.

—Un… Un placer conocerte, Black —hablaba bajo, demasiado, muy apenas pudo oírlo.

—Por supuesto que es un placer para ti.

Genial, no solo tenía que compartir a Tsubaki, sino que además lo haría con el introvertido, rarito y el tipo que volvió homosexual a Kid. Menuda suerte que tenía, pero no importaba; era una de las tantas pruebas que el universo le ponía para poder ganarse a su Diosa… y con gusto la afrontaría.


Así que ya conocimos un poquito más de nuestro protagonistas. No se preocupen, la situación actual de Tsubaki pronto terminará, solo es cuestión de que Black Star entre un poquito más en su vida :3

Y respecto a Chrona… bueno, tendrán que esperar (soy mala), pero no se preocupen, creo que o será mucho.

Espero que les haya gustado. Así que sin más me despido.

¿Review…?

Ah y nuevamente… ¡Feliz Navidad!