Aclaración: nunca he estado en el ejército, he recogido información de la página web del ejército británico, de otras páginas relacionadas y de experiencias de personas que si han estado. Tendréis que excusarme si cometo algún error en mi relato, mi espíritu aventurero me ha llevado hacia estos derroteros.

Gracias a todas las personas que dejaron un comentario, espero que sigáis conmigo en este camino y a paso ligero…

Me encanta saber vuestra opinión, buena o mala. Con ello aclarado os dejo con el segundo capítulo.

CAPÍTULO II — PRIMER CONTACTO CON EL EJÉRCITO

A la mañana siguiente me desperté con mucho dolor de cabeza, abrí los ojos con algo de miedo pero enseguida comprobé que veía perfectamente. Con una gran sonrisa salté de la cama y salí fuera de la casa para poder apreciar un nuevo mundo de pequeños detalles.

Después de desayunar tomé la poción azul que, según el profesor Dumbledore, agudizaría mi memoria y mi capacidad para aprender. Ordené un poco la casa, la cerré y sin mirar atrás dejé Privet Drive, no tenia buenos recuerdos de mi vida en aquella casa, no la iba a extrañar. Me puse la capa de invisibilidad para dirigirme a la parada del autobús.

Ya en el centro de Londres, pregunté donde estaba la oficina de reclutamiento del ejército y allí me dirigí.

— Buenos días, venia por la convocatoria de nuevas plazas, ¿Dónde debo dirigirme? — pregunté a un soldado en la puerta.

— Es esa cola, despacho ocho, si quiere mientras espera puede ir leyendo los folletos que encontrará en una mesa en el centro de la sala.

Habría unos veinte chicos y chicas delante de mí. Me puse a leer uno de los folletos con información sobre los diferentes cuerpos en los que se podía ingresar, leí que debía tener dieciocho años mínimo y yo todavía no cumplía mis diecisiete, un pequeño temblor recorrió mi cuerpo, pero estaba decidido y eso no iba a impedir mi ingreso, así que disimuladamente cogí mi varita y modifiqué el año de nacimiento del documento de identidad muggle, ya más tranquilo seguí leyendo. Me llamó la atención un pequeño recuadro que ponía unidad de operaciones especiales SAS — "unidad militar formada y entrenada para llevar a cabo misiones de guerra no convencionales, antiterrorismo, reconocimientos, rescate de rehenes, detención de delincuentes peligrosos y acciones especiales que operan bajo los principios de autosuficiencia, camuflaje, velocidad y trabajo en equipo", eso era lo que yo necesitaba, debía entrar en esa unidad. Cuando acabé de leer ya estaban atendiendo a la persona que iba delante de mí.

— Siguiente.

— Buenos días – me encontraba frente a un hombre de unos cincuenta años muy serio y con cara de pocos amigos.

— Siéntese. ¿Nombre?

— Harry Potter Evans.

— ¿Edad?

— Dieciocho, los cumplo en tres días.

— ¿Tiene pensado en que cuerpo le gustaría entrar?

— Quiero entrar en Special Air Service , SAS — contesté muy seguro de mi mismo recordando lo que había leído.

El tipo levantó la cabeza y se me quedó mirando por primera vez.

— Apunta muy alto para ser tan pequeño.

— Es lo que quiero.

— ¿Sabe cuál es el lema de este regimiento?

— No señor.

— Quien arriesga gana.

— Es un buen lema señor.

— Si estoy de acuerdo, pero sólo se puede entrar pasando unas difíciles pruebas. Primero debe realizar el mes de instrucción, al finalizar podrá presentar la solicitud a esa unidad. Apuntaré en el informe su petición, créame que va a llamar la atención a más de uno. Pero empecemos por el principio, irá al centro de selección, allí se le evaluará durante dos días y tendrá un primer contacto con la vida militar — me entregó un dossier con la dirección, horarios de trenes, lo que debía llevar y una descripción de lo que haría durante esos dos días — Día treinta y uno de julio a la 9:00 horas le recogerá un vehículo militar en la misma estación para llevarle al centro. Allí se le realizará el examen médico y algunas pruebas físicas y psicotécnicos, tendrá contacto con la tropa y podrá hacer preguntas si tiene alguna duda. Al finalizar tendrá una entrevista donde se le indicará si es apto y si todavía quiere incorporarse al ejército se le facilitará el día y en que regimiento es asignado.

Salí satisfecho de la oficina de reclutamiento, cogí la llave de la casa que me dejó el profesor Dumbledore y busqué un callejón para desaparecerme. Puse la llave en mi mano como me habían explicado en el banco y desee ir a la propiedad. Me encontré delante de una pequeña casita con jardín, no había vecinos por ninguna parte, todo rodeado por un frondoso bosque. Con razón decía Dumbledore que era su refugio, se oía ruido de agua y fui detrás de la casa donde encontré un precioso jardín y al fondo un lago alimentado por una pequeña cascada. Se respiraba absoluta tranquilidad.

La casa era muy acogedora, constaba de salón—comedor, cocina, despacho con una gran biblioteca y baño en la planta baja, arriba tres habitaciones y otro baño. Todo estaba muy limpio debía tener un hechizo de limpieza permanente. Fui recorriendo la casa y elegí una habitación grande con vistas al lago, dejé el baúl que llevaba en mi bolsillo, la mochila y bajé a la cocina, tenía hambre y pedí una pizza a mi tienda particular.

Cuando terminé de comer fui al despacho, quería poner en orden todo el programa de magia que seguiría, cogí el libro de mis cámaras y fui comprobando los títulos de los libros. Reclamé algunos, me los miraba si no me gustaban los devolvía. Al final me encontré con veinte libros, diez que me dejó Dumbledore en su cámara sobre diferentes materias, cinco con hechizos interesantes, de dudosa legalidad, de la bóveda de los Black, uno de cómo realizar invocaciones y dos de sanación de la bóveda de los Potter, también tenía los dos que compré en la tienda sobre hechizos de supervivencia y hechizos para proteger objetos.

Saqué la primera botellita de conocimientos, la que decía magia sin varita, y la puse en el pensadero, no sabía lo que me esperaba, pero para algo era un Gryffindor y sin pensármelo dos veces puse mi varita y dije la palabra "adquirir", noté como una corriente que subía por mi brazo hasta mi cabeza y después algo frío, me maree unos segundos, pero enseguida volví a estar bien. Sentí como si ese conocimiento hubiera estado siempre en mi e instintivamente pude realizar cualquier hechizo sin la varita. Fue verdaderamente fascinante.

En la cena, mire las etiquetas de las próximas botellitas y leí transformaciones, encantamientos , hechizos de ataque y defensa, animagia, magia ancestral, magia elemental, sanación, pociones, herbologia, artes marciales muggles, legeremancia, oclumancia, lucha con espada, leyes mágicas, derecho mágico, leyes muggles, derecho muggle, astronomía, runas, aritmancia, y venían un montón de etiquetas con idiomas diferentes, francés, español, italiano, ruso, alemán, árabe, chino, japonés, griego, latín, y continuaba con matemáticas muggles, historia mágica, historia muggle, jeroglíficos egipcios, hebreo, como absorber un conocimiento de otra persona sin dañarla, criaturas mágicas y como combatirlas y un montón de botellitas mas, pero esas fueron las que me llamaron más la atención y las separé.

Cuando acabara el año iba a convertirme en un superdotado con tanta información en mi cabeza, lástima que debía esperar una semana para cada botellita No sabía de qué amigos había sacado tanta información Dumbledore, pero se lo agradecía.

Tardaría unos nueve meses en absorber todos esos conocimientos. Puse las botellitas, el pensadero y la varita en un cofre, busqué la manera de proteger el cofre leyendo uno de los libros de la tienda y lo hechicé para protegerlo contra los golpes, de inundación, de temperatura y para que nadie lo abriera, solo mi magia podría acceder a él.

Pase los siguientes dos días leyendo, o más bien devorando libros, todo lo que leía quedaba en mi cerebro almacenado. Cuando terminé todos los libros de magia que había escogido y algunos más de la biblioteca de la casa, fui a la biblioteca de Londres y leí toda clase de libros que pudieran serme útiles, aprendí a utilizar un ordenador y conocimientos básicos que yo no tenía al haber estado estudiando en Hogwarts y no en el mundo muggle.

Llegó al fin el día treinta y uno y cumplía mis diecisiete años. Me desperté sobre las seis, no sabía si los mortífagos habían conseguido entrar en la casa de mis tíos o si desistieron al no localizarme, pero lo que me tenia nervioso era que hoy debía coger el tren para ir a esos dos días en el centro de selección del ejército. A las siete cogí mi mochila, ya preparada con algo de ropa y algún libro, y desaparecí para aparecer en un baño de la estación de Londres, el tren partía a las siete y media.

El trayecto fue tranquilo y aproveché para seguir leyendo. Al bajar del tren localicé, en la puerta de la estación, a un militar, había varios chicos y chicas que también se dirigían hacia él, al menos no estaría solo. Todos teníamos la misma cara de tontos asustados que no saben que deben hacer.

El soldado comprobó nuestra identidad con la lista que tenia y entramos en una furgoneta. Era muy simpático y durante el camino nos tranquilizó a todos de que no debíamos preocuparnos, que todo era muy fácil.

Llegamos al centro, nos volvieron a identificar y nos asignaron un número para reconocernos en las pruebas. Nos entregaron un mono de trabajo verde a nuestra medida, un chaleco rojo con nuestro número en blanco y nos llevaron a la habitación para que dejáramos las bolsas. Era una habitación enorme con muchas literas, buscamos la cama con nuestro número, guardamos la mochila en el armario y nos pusimos el mono y el chaleco, luego bajamos a una sala donde esperaban sentados varios chicos y chicas, debíamos ser unos treinta en total. Nos dieron la primera charla de lo que significaba entrar en el ejército, a partir de allí empezaron las pruebas: revisión médica primero, un test técnico, una presentación donde hablábamos ante todos para romper el hielo, otro test de conocimientos básicos, una entrevista personal y luego empezaron la selección física en un gimnasio: pruebas de agilidad, de velocidad, de resistencia. Más tarde hablamos con los veteranos y por fin terminamos el día llegando exhaustos a la cama.

Por la mañana nos levantaron a las cinco y media, a las 6h inspección de dormitorio, después de desayunar empezamos con una lección teórica militar, luego nos llevaron al exterior y realizamos pruebas de construcción de pequeños puentes que debíamos pasar todos, unir unas guías metálicas para construir una pasarela por donde descendimos un tonel pesado, correr durante 1,5 millas (2,4Km.), pruebas de equipo, pasar por túneles y lanzar granadas ficticias gritando donde las lanzábamos y los otros debían tirarse al suelo en sentido contrario. Al fin acabó nuestro día, fuimos a las duchas y arreglarnos en la habitación, recogimos nuestras cosas y bajamos a esperar en una sala a que nos llamaran para la última entrevista donde nos iban a evaluar.

— Harry Potter

— Si señor – contesté, levantándome y entrando al despacho

— Siéntese, tengo el informe de todos los instructores que han estado con usted durante estos dos días, Sus resultados han sobresalido de la media, Felicidades.

— Gracias señor.

— En lo que es forma física, le falta un poco de entrenamiento, pero lo ha reemplazado con mucho esfuerzo, por lo que se le valora mucho más. Tengo aquí una nota del oficial de reclutamiento en que usted mostró interés por el regimiento SAS.

— Si señor.

— Puedo preguntar por qué.

— Para limpiar nuestro país de indeseados, quiero poner mi granito de arena para que se pueda vivir tranquilo y ese regimiento está especializado en lo que es terrorismo y ayuda en operaciones especiales. Estoy capacitado para aprender y adaptarme y creo que les puedo ser de mucha utilidad.

— Vaya, también sabe venderse bien — sonrió — Si nos demuestra su valía, vamos a darle la oportunidad para que se presente a las pruebas de ingreso al SAS. Primero debe pasar su mes de instrucción, pero le aviso, las pruebas de ingreso en el SAS no son nada fáciles. Le vamos a destinar al ejército del aire, a la unidad de paracaidismo, para que pueda prepararse bien, demuéstrenos lo que vale.

— Gracias señor, daré todo de mi.

¡Lo había conseguido!, pero debía ponerme en forma, había sudado sangre para conseguir un buen nivel en las pruebas físicas.

Nos volvieron a llevar a la estación y cogimos el tren. Todos los que íbamos a Londres nos sentamos juntos y hablamos de nuestros destinos, de lo que nos costó seguir el ritmo esos dos días. Había muchachos que no fueron aceptados y estaban muy decepcionados. En Londres nos despedimos y cada uno siguió su camino, quizás algún día volveríamos a encontrarnos.

Tenía hasta el uno de septiembre, día en que debía incorporarme al regimiento, lo que me daba un mes para absorber cuatro botellas de conocimientos y practicar, entrenarme con magia y seguir leyendo muchos libros, pero lo primordial era mi forma física, así que siguiendo un libro que encontré en la biblioteca de Londres, de la que era muy asiduo, me confeccioné un estricto plan de entrenamiento, con dos horas de correr por el exterior de la casa y toda clase de ejercicios, carreras de obstáculos en el bosque, que también me ayudaba a agudizar mis sentidos y nadar en el lago.

Los cuatro conocimientos que escogí fueron: artes marciales, que me ayudaría en mi entrenamiento, hechizos de ataque y defensa, para saber protegerme mágicamente por si acaso, animagia, que era algo que deseaba con todas mis fuerzas, como un homenaje a mi padre y mi padrino Sirius y sanación para poderme curar las múltiples heridas que sabía que me haría.

Cuando absorbí el conocimiento de animagia, salí al jardín, me senté en el suelo mirando al lago y me concentré en mi animal interior. Apareció en mi mente claramente, lo visualicé y desee convertirme en él. Noté que mi cuerpo iba cambiando, un poco dolorosamente al principio, hasta que todo yo era un precioso halcón peregrino, con la cabeza y las alas de un gris oscuro y el pecho blanco con pequeñas manchitas. Me pasé horas volando conociendo todos los alrededores que no había descubierto desde tierra, también noté que el volar me ayudaba en mi entrenamiento y mi cuerpo se iba endureciendo.

Pasó el mes de agosto muy rápido, éramos treinta y uno y partía a la mañana siguiente hacia mi nueva vida. Estaba muy nervioso, tenía mi mochila preparada con todo lo que creía necesario: el cofre con las memorias, la varita, la ropa, la tienda de alimentos, no me llevaba la capa de invisibilidad porque había aprendido hechizos de camuflaje e invisibilidad, ni la escoba ya que siendo un halcón no la necesitaba y podía perderla, preparé la bolsa de dinero y me fui a dormir temprano. La última noche en mi tranquilo refugio.

Por la mañana cogí el tren, como la otra vez, un soldado esperaba en la estación. Nos reunimos ocho chicos y tras identificarnos, subimos al camión que nos llevaría a destino.

Cuando llegamos, bajamos del camión que nos dejó delante de lo que parecía el edificio principal, nos estaban esperando un sargento con cara de mala leche y un cabo.

— ¡Firmes! — gritó el cabo, y nos colocamos en fila uno al lado del otro, con las bolsas en el suelo a nuestro lado.

— Soy el sargento Jeremy Strong y junto al cabo John Peterson vamos a encargarnos de ustedes durante el próximo mes, realizaremos la difícil misión de convertirlos en soldados, son muy pocos los afortunados que pueden llegar a nuestro regimiento, es un regimiento de élite y sólo los mejores son aceptados. Voy a exigirles mucho y van a cumplir todas mis órdenes. No sé porque extraña razón ustedes han llegado aquí, pero yo mismo les sacaré a patadas si no dan la talla.

El sargento se calló y nos fue mirando a todos, uno por uno, quería intimidarnos.

— ¿Nombre? — me dijo al llegar a mí.

— Harry Potter señor.

— ¿Que hace algo tan pequeño en mi sección?, — gruñó refiriéndose a mi poca estatura — ¿seguro llega usted a su mayoría de edad?

— Si señor, tengo mis dieciocho años cumplidos y no por ser alto se es mejor señor — le contesté mirando al frente, pero sin avergonzarme de mi pequeña talla, yo todavía iba a crecer durante ese año, o al menos eso esperaba, era mucho más joven que todos mis compañeros aunque nadie debía saberlo.

— Vaya, vaya, nos ha salido contestón el chiquitín, al suelo y treinta flexiones, deberemos fortalecer este pequeño cuerpo, voy a exigirle mucho más que a sus compañeros para ello y no espero quejas.

Empezábamos mal, sólo hacia unos minutos que estaba en el ejército y ya estaba haciendo flexiones, suerte que me había preparado físicamente durante el mes de agosto. Terminé las flexiones y el sargento me miró con mala cara pero no dijo nada más, volví a formar y continuó su discurso.

Pasamos el resto de la mañana con el cabo , primero en el furrier donde nos entregaron el equipo, en los barracones a dejar las bolsas y ordenar el armario, a comer y otra vez con el sargento en una sala donde nos dieron un manual donde explicaba toda la normativa militar, como saludar, a quien y en qué circunstancias, la escala de mandos, con la insignia que se lleva en el uniforme para reconocerlos, desde el mariscal de campo que era el que tenia mas graduación hasta el soldado raso, como se dividía el ejercito, vi la foto de las armas reglamentarias y sus nombres, los aviones que teníamos en la base y toda una serie de información que debíamos saber. Habituado a la lectura lo leí todo muy rápido.

— Soldado Potter.

— Si señor — dije levantándome de la silla.

— ¿Me puede explicar porque no está leyendo el manual como sus compañeros?, ¿deberemos también ejercitar su cerebro?

— He terminado señor.

— ¿Y he de creerme que se ha leído todo el manual y puede contestarme a cualquier pregunta?

— Sí señor.

— Creo que voy a pasármelo muy bien con usted, soldado Potter, bien veamos, por cada contestación errónea va a dar una vuelta al campo esta noche, ¿está preparado para ello?

— Sí señor.

— ¿Cuántos soldados tiene una compañía?

— Cien señor, comandados por un mayor.

— ¿Y una sección?

— Ocho, comandados por un sargento, señor.

— ¿Un pelotón?

— Sobre unos treinta, comandados por un teniente, señor.

— ¿Un regimiento?

— Setecientos soldados aproximadamente, comandados por un teniente coronel, señor.

Siguió preguntando sin parar y respondí correctamente.

— Soldado Potter, veo que no deberemos ejercitar su cerebro, ya viene ejercitado, quiero que se lea este manual y me lo resuma — masculló pasándome un libro.

Empecé a leer, era un manual de un arma, el SA80, un rifle de asalto. Explicaba sus prestaciones, como desmontarlo y volverlo a montar, estaba lleno de nombres técnicos.

— Ya está señor — le dije entregándole el libro.

— Haga un resumen.

Le expliqué todo lo que había leído

— ¿Vio un arma anteriormente?

— Sólo en el centro de selección, señor.

Me dio cinco manuales más, de una ametralladora ligera Minimi, de un rifle de francotirador L96, de un arma personal L86A21SW, de un misil anti tanque Milán y un vehículo blindado Challenger MBT, este último era un libro muy complejo pero los acabé justo cuando terminaba el tiempo que nos dieron para estudiar el primer manual.

Nos puso una prueba escrita a todos del manual que habíamos leído y el cabo Peterson las recogió, eran ya las seis de la tarde.

— Cabo acompañe a los soldados a su barracón e infórmeles de los horarios.

— Sí señor.

Todos nos levantamos, saludamos al sargento para seguir al cabo.

— Usted no soldado Potter, sígame.

Me entró pánico, le había contestado bien a todas las preguntas ¿sería capaz de ponerme a correr solo por orgullo?

Seguí al sargento al edificio principal que estaba lleno de oficinas y saludamos a todos los oficiales que entraban y salían de los despachos, hasta que se paró en un despacho.

— Espere aquí soldado — llamó a la puerta, entró y cerró la puerta dejándome en el pasillo.

— Mi teniente, pido permiso para realizar unas pruebas al soldado Potter que llegó esta mañana con la nueva sección.

— ¿Pruebas sargento?

— Si señor, demuestra una aptitud extraña, algo así como memoria fotográfica y quisiera saber si también comprende lo que lee para ponerlo en práctica o si solo retiene las palabras — y le contó el resultado del examen y que había leído los manuales de varias armas, resumiéndolo perfectamente sin equivocación alguna — es muy pequeño de talla y se ve muy joven pero con agallas.

— Me deja intrigado, sargento, tengo un rato libre, puedo acompañarlo y conocer a esa celebridad.

— Está aquí mismo señor.

— Entonces hágalo pasar.

Me llamaron para que entrara, saludé al oficial y me puse firme.

— Descanse soldado — me ordenó el teniente — soy el teniente Sunder, el sargento me comenta de su facilidad para retener la información que lee, pero quisiéramos saber su grado de comprensión — puso un arma encima de la mesa y me miró — soldado dígame de que arma se trata.

— Un rifle L96 señor.

— Seria capaz de desmontarlo y volverlo a montar.

— Creo que sí, señor.

— ¿Cree?

— Estoy seguro, señor.

— Entonces empiece.

Empecé a desmontar el rifle dejando las piezas todas bien puestas para no mezclarlas, recordando lo que vi en los gráficos del manual. Una vez desmontado los mire y me hizo un movimiento de cabeza para que lo montara. Eso fue más difícil, no había tocado un arma en mi vida, pero lo fui montando hasta completarlo y entregue el arma al teniente.

— ¿Vio un arma anteriormente, soldado? — me preguntó el teniente.

— En el centro de selección, pero no las utilizamos.

— ¿Y se ha guiado por el manual que ha leído anteriormente?

— Si señor.

— Deberemos explotar ese don que tiene, soldado, hablaré con mis superiores de su caso.

— Sí señor — Estaba muy nervioso, no quería llamar la atención y estaba consiguiendo todo lo contrario.

— Puede retirarse — y saludando a los dos oficiales salí del despacho, por suerte, el cabo me estaba esperando y me acompaño al barracón, sino me habría perdido.

Ya en el barracón, todos me preguntaron que quería el sargento y les conté un poco.

— Sólo con leer algo, se me queda, no hace falta que lo vuelva a leer — les comenté al final.

— Eres de lujo chico, no te separes de mí, yo soy bueno en el tema físico y puedo ayudarte, pero en lo que es memoria soy un desastre, me llamo Smith pero todos me llaman Smity.

— Hola, Harry Potter.

Con el stress del día no pudimos presentarnos, así que todos nos fuimos presentando: Charly Wears, era el mayor, con veinte años, 1,80m, rubio, ojos avellana; Pablo Rodríguez, de origen español, moreno, 1,85, ojos oscuros casi negros, diecinueve años; con dieciocho años estaban, Sócrates Hansen, 1,75, corpulento, moreno, ojos azules, se veía más reservado y el nombre se las traía; Stephan Román, 1,75, rubio claro, ojos azules, delgado; Dani Doyle, 1,85, castaño, ojos negros, musculoso; Aki Smith, le gustaba más que le llamaran Smity, diecinueve años, 1,70,m. castaño ojos marrones, delgado, extrovertido y divertido; Fede Anderson era el más alto, 1,90m., rubio oscuro, ojos marrones.

— Venga sección a dormir, mañana va a ser un día muy cansado, van a empezar las clases y la instrucción — anunció el cabo, entrando y apagando las luces a los cinco minutos.

La diana tocó a las cinco y media de la mañana y me desperté de golpe asustado por el griterío del cabo.

— Señores arriba, levántense, ducha y ropa de trabajo, veinte minutos para estar listos, venga, venga arriba, preparados para revisión –gritaba el cabo despertando a todo el mundo.

En veinte minutos estábamos todos listos, aseados, con las camas hechas y preparados para inspección, formados al lado de nuestra cama. Y ya entraba por la puerta el sargento.

— Buenos días sección.

— Buenos días señor — contestamos todos.

Revisó camas, armarios, uniformes y, por suerte, no encontró nada grave.

— Rompan filas, todos fuera a comer.

En el comedor había mucha gente que se me quedaba mirando, aparte de tener cara de niño era bajito y llamaba la atención.

— Sabes que no vamos a estar aburridos contigo – se rió Smity al ver que todos me miraban.

— ¿Eso es malo? — pregunté.

— Ni bueno, ni malo — me dijo Charly — anda come que seguro no tenemos mucho tiempo.

El cabo vino a buscarnos y formamos, el sargento estaba junto a nuestro teniente. Este se presentó y nos dio otro discurso.

Pasamos todo el día con el sargento y el cabo aprendiendo a marchar todos al mismo paso, empezando por el pie izquierdo y ….. Izquierda, izquierda, izquierda, derecha izquierda,….. Paso ligero… Alto,….. Variación derecha,….. De frente,….

— No van a descansar hasta que consigan ir al mismo paso, Soldado Potter haga un esfuerzo para conseguir la misma zancada — gritó el sargento enfadado, cuando no se perdía uno se perdía el otro y yo, al ser más bajito, no conseguía el mismo paso.

Eran las diez de la noche cuando logramos ir todos al mismo paso, en la misma dirección y al mismo tiempo, siguiendo las órdenes del sargento y oímos el esperado… "rompan filas".

Fuimos a la cama sin poder cenar, agotados.

A la mañana siguiente el sargento ya nos esperaba fuera del barracón.

— Vamos a correr y a comprobar su resistencia, soldado Potter usted llevará este saco, para que se acuerde de alargar su zancada.

El cabo me entregó una mochila que pesaba una barbaridad, tambalee un poco al no esperar el peso, Charly se me quedó mirando con pena, me la puse a la espalda y empezamos a correr al paso. Al principio nos costó, pero lo conseguimos, mis compañeros redujeron un poco su zancada y luego solo fue seguir el mismo ritmo. Llevábamos dos horas corriendo, estaba destrozado pero seguía el ritmo y no me quedaba atrás, una cosa era correr solo y otra seguir el ritmo de todos, me dolía la espalda del peso, pero debía conseguirlo, no me daría por vencido.

— Alllllto — gritó el sargento — rompan filas, cinco minutos de descanso y luego volvemos

Me quedé de pie, encorvado, con las manos en mis rodillas intentando relajar mi dolorida musculatura.

— ¿Cómo estás Harry? — Pregunto Charly — ¿vas a aguantar la vuelta?

— Si, si voy a llegar, sólo necesito dos minutos.

— En formación — gritó el cabo.

Volvimos a correr de vuelta, intenté relajar mi cuerpo y normalizar mi respiración para poder aguantar la vuelta. El sargento empezó a cantar una canción que debíamos repetir y pensando en la canción fue más fácil aguantar la vuelta.

Cuando llegamos me tenia de pie de milagro, pero llegué sin perder el ritmo ni quedarme atrás. Nos tuvo allí firmes durante media hora, sin decirnos nada.

— Señores ¿están cansados?

— No señor — contestamos todos a una voz.

— Si no están cansados, me pueden hacer treinta flexiones cada uno ¿verdad?

— Sí señor.

Nos tiramos al suelo y empezamos las flexiones, pero yo todavía llevaba el saco de piedras a la espalda dificultando mis movimientos y cuando todos habían terminado, todavía iba por la mitad

— Soldado Potter, diez más por ir más lento — ordenó con una sonrisa maliciosa

— Si señor — fue lo único que pude contestar. Y seguí en el suelo haciendo flexiones.

El resto de la mañana, gracias a Merlín, estuvimos en un aula, aprendiendo teoría, de cómo montar y desmontar un arma, los diferentes tipos de granadas, minas, como colocar o inutilizar una mina, los tanques, la mejor manera de colocar una mina debajo de un tanque para que quede destruido. El sargento me dejó sobre la mesa tres manuales técnicos de todo lo que los otros veían como una reseña.

— Soldado estúdielos, el teniente me los ha dado para usted.

— Sí señor — y me puse a leer todos esos manuales rápidamente.

Luego de comer fuimos a una clase de artes marciales.

— ¿Alguien tiene alguna idea de algún tipo de lucha, kárate, judo? — preguntó el instructor.

No sabía si levantar la mano, el sargento me estaba mirando, pero al final si la levanté.

— ¿Por qué no me extraña? – murmuró el sargento.

— ¿Soldado? — preguntó el instructor.

— Potter señor.

— Venga aquí soldado Potter, ¿En qué modalidad ha trabajado?

— Karate y algo de kick-boxing, señor.

— Bien, veamos que sabe hacer con el Karate.

Empezamos una lucha en la que el instructor acabó de narices en el dojo

— Lo siento señor — le dije dándole la mano para ayudarlo a levantar.

— Es usted bueno soldado, no debe disculparse por ello. Quédese en el dojo, va a ayudarme con sus compañeros.

Pasamos toda la tarde enseñando algunos movimientos a mis compañeros, que estaban felices de que les enseñara yo, el instructor les tiraba bruscamente al suelo y yo iba con cuidado y les avisaba de los errores para que no los volvieran a cometer.

Cuando terminamos el instructor se me acercó.

— Soldado Potter, ¿ha oído hablar del Krav Magá?

— No señor.

— Es una técnica de combate cuerpo a cuerpo, la misma palabra lo define, traducido del hebreo, significa combate de contacto, se basa en la rapidez, la fuerza y la adaptación para neutralizar al adversario y usted tiene un instinto que me gustaría explotar. Si le parece bien podría venir a entrenar conmigo después de cenar, durante una hora ¿Qué le parecería?

— Me gustaría señor, pero no sé si pueda.

— Su sargento ha hablado con su teniente, mientras entrenábamos, y no ve ningún problema, siempre y cuando no interfiera en su entrenamiento, ni en las posibles maniobras nocturnas, en ese caso lo aplazaríamos al siguiente día. No debe preocuparse por ello el sargento me avisará.

— Será un honor recibir sus clases señor.

— Le espero esta tarde a las 20:00 horas, soldado.

— Si señor — le respondí saludándole.

Cuando llegamos al barracón para asearnos un poco todos me preguntaron qué había pasado.

— Quiere darme unas clases de algo que se llama Krav Maga, lucha cuerpo a cuerpo.

— Vaya Harry, eso es fantástico, he oído que el teniente instructor es verdaderamente bueno.

Era pronto para ir a comer y estuvimos hablando un poco, les ayudé en algunas dudas que tenían, Smity siempre se perdía en la teoría y el problema de Fede eran las flexiones, entre todos, lo ayudamos para que no tuviera que estar repitiéndolas una y otra vez por caer antes de hora de narices al suelo. En poco tiempo nos habíamos convertido en más que compañeros y nos ayudábamos para que todos consiguiéramos nuestras metas.

Después de cenar me dirigí con el teniente instructor y la clase fue muy interesante, aprendí mucho, era adaptar los conocimientos que ya tenía para ganar, sea como sea, y eso de ganar me gustaba. Mi sargento y mi teniente vinieron a curiosear y los vi hablando entre ellos mientras nos miraban y eso me puso un poco nervioso por lo que caí bajo el cuerpo del instructor.

— Soldado no puede distraerse — me advirtió serio — en un combate real hay muchos factores exteriores que pueden distraerlo, pero en la mayoría de las veces es su vida la que se está jugando, nunca, y le repito nunca, debe dejarse distraer por factores ajenos a su combate pero tampoco debe ignorarlos y estar alerta.

— Sí señor, lo siento señor — Esas palabras quedaron grabadas en mi cerebro.

Continuamos durante dos horas con la clase, ninguno de los dos quería terminar.

— Teniente, creo que el soldado Potter debería irse a la cama — dijo el sargento — son las 22:00 horas.

— ¡Vaya!, no me di cuenta de la hora, si desde luego, soldado una ducha y a su barracón.

Las siguientes semanas fueron intensas, empezamos un entrenamiento con ejercicios de alto riesgo, pero tanto el teniente como el sargento nos vigilaban para que no hubiera ningún accidente. Pasamos un puente de tres cuerdas de un kilómetro de largo, donde había una delgada cuerda y vacío bajo nuestros pies, aunque íbamos con un arnés y atados a una de las cuerdas del puente, impresionaba. Escalada, rappel, nos trasladaron a la costa para lanzarnos de una lancha rápida al mar, pasamos la pista con numerosos obstáculos, tanto de día como de noche. Aprendimos a disparar, a tirar granadas, a poner una mina bajo un tanque pasando por entre las ruedas del mismo tanque, aprender a resistir en una sala cerrada con una granada de humo. Bucear, entrenamiento para resistir bajo el agua lo máximo posible, entrenamiento en un simulador de vuelo y lo mejor y más fantástico nos tiramos muchas veces con paracaídas de un avión a 4000 metros, no era la misma sensación de libertad que cuando volaba con la escoba pero estaba en el aire y me encantaba. A veces nos tiraban a una zona hostil y debíamos escondernos para no ser capturados por el grupo de ataque. Cada día acabábamos destrozados, llenos de golpes y arañazos, agotados y lo peor es que si tardábamos en realizar el ejercicio más de lo estipulado, no dormíamos hasta conseguirlo. Nuestro teniente era muy exigente y quería todo perfecto, pero no podíamos decirle nada porque él estaba siempre con nosotros, si no dormíamos ni él ni el sargento tampoco dormían y con su ejemplo consiguió que intentáramos siempre superarnos a nosotros mismos y conseguir más.

Durante esas cuatro semanas, el teniente, siempre exigió mucho más de mí físicamente, para contrarrestar mi falta de estatura y de fuerza en comparación a mis compañeros, con tanto entrenamiento conseguí ser ágil, rápido y resistente. Siempre era mi nombre el que salía primero cuando hacíamos un nuevo ejercicio y mientras esperaba a los otros acababa en mis manos un libro teórico de algo relacionado con ese ejercicio.

Además el teniente me entregaba un libro cada día para que lo leyera antes de dormir, si íbamos a dormir claro, y a la mañana siguiente me preguntaba sobre él. Cuando se le acabaron los manuales de armamento, empezó con los manuales de telecomunicaciones, aprendí morse, y un día me llevó con el técnico de la base para que practicara con él, las señales que debía conocer un piloto, el lenguaje de banderas, luego información sobre los aviones militares y los helicópteros, siguió con tácticas de combate, de guerrilla, de estrategia militar y al final explosivos, como manipularlo, tipos, como crear una bomba, como desarmarla.

En cuanto a mi entrenamiento mágico, había absorbido los conocimientos de transformaciones, magia elemental, oclumancia, y como absorber un conocimiento sin dañar a la persona.

Estuve practicando, cuando podía, a escondidas y de noche. Ahora era muy bueno con toda clase de transformaciones, en magia elemental dominaba el fuego y el aire, el agua y la tierra tenía que trabajarlos un poco más. En oclumancia no pude practicar, pero lo más interesante fue aprender a absorber un conocimiento, debía tocar a la persona y desear aprender un conocimiento en particular y en un segundo sabia tanto de ello como la otra persona. Con el primero que lo utilicé fue con el teniente instructor de artes marciales y acabé de mejorar mi técnica.

Llegamos a los últimos días y debíamos pasar un examen tanto escrito como práctico, estábamos en el barracón repasando para el examen escrito de por la mañana.

— Harry, por favor — suplicó Smity desesperado — vuelve a explicarme los tipos de vientos y lo de las bolsas de aire caliente y de aire frío cuando estamos bajando con el paracaídas.

— Smity relájate, con esos nervios no vas a conseguir nada, cierra los ojos y visualiza que estas en el cielo bajando — y le empecé a explicar todo por tercera vez en ese día.

— ¡Creo que lo he entendido! , si Harry eres de lujo, gracias, gracias.

— Anda ve a estudiar, pesado — le dije riendo.

En otro lado estaban, Chaly y Sócrates, intentando ayudar a Fede con el tema de las minas, Pablo, estaba repasando un manual en su cama y Dani y Stephen ya dormían .agotados por el stress, así que les imité y me fui a dormir, todo lo que debía saber ya lo sabía.

Por la mañana, empezaron con una inspección al barracón en toda regla, casi no tuvimos tiempo de comer que ya estábamos encerrados en el aula haciendo el examen, que duró cuatro horas, el mío tenía un anexo con preguntas de todos los libros que había leído. Salimos zombis perdidos con las preguntas saliéndonos por las orejas, teníamos la tarde libre y mis compañeros se fueron a dormir un rato después de una noche de insomnio, estudiando, yo como había dormido bien, me dirigí al dojo a ver si encontraba el teniente para practicar un poco.

— Teniente, permiso para entrar.

— Adelante soldado Potter, ¿Cómo ha ido el examen?

— Bien señor, aunque muy largo.

— Si, siempre he dicho que un soldado no debe escribir, debe actuar, ¿le apetece subir un rato?, estoy libre durante una hora.

— Me encantaría señor.

Estuvimos toda la hora practicando Krav Magá, en la que era muy bueno, y fue desestresante, como siempre reunimos numeroso público cuando se enteraron de que estábamos los dos en el dojo. Nuestras peleas habían llegado a ser famosas, ninguno de los dos quería perder y siempre poníamos mucha imaginación en ello.

A la mañana siguiente, nos levantamos para el examen práctico, nos reunimos todos en el patio, con ropa de combate y nos explicaron que íbamos a realizar una maniobra de asalto con munición real a nuestro alrededor.

Subimos a un avión, con pintura de camuflaje en nuestra cara y nos lanzaron en paracaídas sobre una zona rocosa. Nos esperaba una guerrilla a la que debíamos combatir y capturar. Una vez pusimos los pies en el suelo, recogimos nuestros paracaídas rápidamente, los escondimos y empezamos a avanzar. Eso se convirtió en un infierno, estallaban granadas por todos lados, se oían balas zumbando muy cerca. Tirados en el suelo, avanzamos hasta una colina siguiendo las órdenes de nuestro teniente y nuestro sargento que nos acompañaban, éramos una buena sección, nos coordinábamos fácilmente y tanto el sargento, como el teniente eran muy buenos. Llegamos, al final, a la colina donde se escondía la guerrilla y los rodeamos en silencio, conseguimos neutralizar a los dos vigías y localizamos al resto escondidos, pero faltaban dos soldados en el grupo.

— Teniente, faltan dos — susurró Charly

— Ustedes dos — susurró el teniente señalando a Fede y a Dani — por la derecha y ustedes — señalando a Charly y Sócrates — por la izquierda neutralicen a esos cuatro hombres, sargento llévese a los demás y sigan buscando los dos elementos que faltan.

Smity, Pablo, Stephan y yo mismo seguimos al sargento, pronto descubrimos a los que nos faltaban escondidos en unas rocas muy bien protegidos y en una zona elevada, lo que hacia que si nos acercábamos nos verían enseguida, iban armados con automáticas.

El sargento nos reunió.

— Vosotros dos derecha, vosotros dos izquierda, voy a tirar granadas de humo para que pierdan visión, debéis ir muy rápido tenéis pocos segundos antes de que os localicen y neutralicen, confío en vosotros, adelante.

Cuando el sargento tiró la granada de humo nos levantamos rápidamente, vigilando de no levantar mucho la cabeza para evitar el fuego cruzado, y corrimos hacia las rocas, en pocos segundos teníamos a los dos guerrilleros en el suelo con nuestras armas en sus cabezas.

En ese momento sonó una sirena y todo se detuvo, no había más explosiones y poco a poco todo se calmó. Nos dirigimos todos con nuestros prisioneros siguiendo al teniente y al sargento hacia una explanada donde se encontraba nuestro teniente coronel en persona, controlando el ejercicio, había más secciones que estaban de pruebas y nos fuimos reuniendo.

El teniente nos felicitó.

— Estoy orgulloso de ustedes, han conseguido acabar el ejercicio en muy poco tiempo, superando el record que hacía cinco años nadie lograba.

Todos estábamos con cara de felicidad y la verdad es que fue muy divertido.

Al lado de nuestro teniente coronel estaba un general y otro teniente coronel. Nos felicitaron y marchamos hacia la base a comer y descansar. Estuvimos seis horas con la prueba práctica sin comer y nuestros estómagos pedían comida y nuestros cuerpos un buen descanso.

Por la noche armamos una pequeña fiesta, a la que se unió el cabo de nuestra sección, con el consentimiento de nuestro teniente.

— Somos los mejores — cantaba Fede por un lado.

— Si los mejores — decían un tanto alegres Charly y Sócrates que siempre estaban juntos

— Harry, ¿chiquitín no quieres un trago? –gritó un alegre Smity

— No me sienta bien el alcohol.

— Oh, eso no es posible, has de tomar para ser un hombre — insistió y haciendo una señal a los otros se fueron acercando.

Me cogieron por detrás los brazos y otro sujetaba mi cabeza para que bebiera de la botella que me acercaba Smity, pero no se acordaron de mis lecciones de Krav Maga y se encontraron los cuatro intrépidos en el suelo, quejándose del golpe y yo riendo a mandíbula batiente.

— Pero chiquitines — les dije con sorna — a Harry Potter no se le puede ganar.

Acabamos todos riendo, unos más que otros, debido al alcohol, hasta que el cabo nos metió a todos a la cama y apagó las luces.