¡Holis! Prometí actualizar hoy, y aquí estoy. Haciendo hueco en mi agenda para dedicarme a escribir.
Este capítulo va dedicado a Connie1, gracias por tu amable RR. Al igual, gracias a todas las que pusisteis RR's.
.
.
.
CAPÍTULO 2 – CONOCIENDO A EDWARD.
(Pov. Bella).
Después de pedir unas pizzas al restaurante del pueblo y ya teniéndolas en frente de nosotros, creí momentáneo hablar con Edward. Sé que lo conozco hace menos de 5 horas, y no suelo confiar tanto en tan poco tiempo. Pero algo me pasa con él, no sé si es el hecho de que su madre conoce a la mía o que se ha portado como un buen amigo a pesar de ser solo conocidos pero quería desahogarme.
-Edward- le llamé, para tener su atención.- Sé que nos conocemos desde hace poco, pero espero poder confiar en ti. Desde lo que le pasó a mis padres no he hablado de ello con nadie.
-Puedes confiar en mí, Bella.-Me cogió de la mano y mi corazón se saltó un latido. Por dios, ¿qué me pasa con este chico?- Cuéntamelo todo, te escucho.
-No sé por dónde empezar…-Me estaba desilusionando, ¿por qué me va a escuchar él?
-¿Por qué no por el principio?- Dijo, con una preciosa sonrisa torcida en sus rosados labios, para aligerar el ambiente.
-Tu madre conocía a la mía de la universidad, ¿verdad?- Pregunté, recordando lo poco que Renne me había dicho de una tal Esme. Edward asintió.-Bueno, ella y mi padre, Charlie, murieron hace tres años. En un accidente de coche de vuelta a Phoenix desde San Diego.- Un sollozo escapó de mi garganta, impidiéndome hablar. Instantáneamente Edward pasó sus brazos por mi cintura y me apoyó contra su musculoso pecho, por segunda vez esta noche. Creo que estar sola en un sitio nuevo me ha puesto nostálgica.
-Eh, Bella.- Me consoló lo mejor que pudo.-Tranquila. No estás sola, si es en eso en lo que estás pensando. Lo he dicho antes, yo estoy aquí y mi familia también.
-¿Por qué haces esto, Edward? Hace apenas una tarde que me conoces, ¿por qué me consuelas? No me conoces.-No lo entendía, ¿por qué decía que su familia me podía ayudar?
-Ni yo sé por qué lo hago. Bella, lo mejor será que vayas a dormir. Ya hablaremos un día en que no te hayas mudado.-Esbozó mi sonrisa pícara predilecta y me hizo sonreír a mí también.- Ve a descansar.-Me dio un beso en la mejilla y se fue saludándome con la mano.
Cuando cerró la puerta sonreí, ¡ME BESÓ LA MEJILLA! Venir a Forks ha sido una buena idea. Edward será un muy buen amigo. Aunque era demasiado guapo para ser algo más. El próximo día me tocará saber a mí cosas de su vida.
Me encaminé a mi habitación, decorada a mí gusto y por mí. Mi pequeña casita. Realmente estaba cansada, pero podía haber estado toda la noche hablando con mi vecino. Es increíble en cómo una tarde confiamos el uno en el otro hasta tal punto que estaba a punto de contarle mi mayor secreto, si las lágrimas me hubieran dejado.
Morfeo me atrapó en cuanto mi cabeza se posó en la almohada. Inconscientemente un chico de ojos verdes y pelo caoba enredado se coló en mis sueños…
.
.
.
(Pov. Edward).
Desperté con el sol golpeándome de lleno en la cara, atontándome. Me giré para mirar el reloj de la mesilla de noche que me confirmaba que ya era hora de levantarse. Es lo que tiene estar de vacaciones, aunque ya se acaben dentro de tres días. Y hay que volver al instituto, el último año.
Bajé a la cocina, dónde el olor a tortitas me llegó a las fosas nasales, haciendo que babeara. Es lo que tiene tener una madre que cocina como los ángeles.
Aparecí en la habitación, dónde se encontraba mi madre haciendo uno de sus impresionantes desayunos y mi hermana gemela, pequeña por cinco minutos, Alice. Fácilmente podríamos pasar por hermanos comunes ya que ella era todo lo contrario a mí; yo tenía el pelo caoba, ella negro; yo era alto, ella era un duende; yo tenía los ojos verdes, ella azules. Son bromas pesadas de la genética.
Di un beso a mi madre en la mejilla y me dispuse a devorar el contenido de mi plato.
-Buenos días Alice.- Dije, después de devorar mi primera tortita.- ¿Qué tal has dormido duende?- Ella hizo un monín al escuchar su sobrenombre.
-Bien, Eddie.- Ahora, el que hizo el monín fui yo. Odiaba ese nombre que Alice me había puesto en vendetta.
Seguí comiendo más calmadamente mi desayuno al lado de mis dos mujeres favoritas cuando mi madre recordó algo.
-¡Oh! Chicos, acabo de recordar algo acerca de la casa de los Swan.-Era la casa pequeñita y olvidada que estaba al lado de la nuestra.-Resulta que la pequeña de la familia, Isabella, se va a mudar ahí. Y tiene vuestra edad, así que chicos. Hacerla sentirse integrada en el instituto.
-Claro, mamá, preveo que seremos muy buenas amigas.-Alice y sus raras visiones…
-Ella es la hija de Renee, ¿no? Tu compañera de la universidad.-Intenté averiguar. Mi madre asintió.
-Lo que no sé es porqué se habrá mudado sola, ¿habrá peleado con sus padres? Pobre chica…-Mi madre sacudió la cabeza, seguramente apenándose por la chica y preguntándose que la habrá pasado.
Después de desayunar me subí a matar el tiempo a mi habitación. Y cuando menos me di cuenta ya eran las seis. Me apetecía despejarme un poco de estar en casa, así que fui a dar una vuelta por el pueblo, a despejarme un poco.
La puerta de la casa de la familia Swan estaba entre abierta, ¿habrá venido ya Isabella? Sí, al lado de la casa me encontré con una camioneta, aunque mejor llamarlo trasto, lleno de maletas y objetos. Así que me acomodé contra la carrocería, a la espera de la dueña.
Estaba recostado, descansando la vista perdido en mis pensamientos cuando escuché unos pasos cerca de mí. Abrí los ojos y pensaba que seguía soñando. Tenía un ángel de aspecto frágil en frente de mí: piel de porcelana, pelo y ojos marrones chocolate, labios rojos. Una chica irreal.
Solo la pude preguntar:
- Hola, ¿tú eres mi nueva vecina?- Qué hábil, Edward. Me dije a mi mismo. Pues claro que es Isabella.
-Oh, ¿vives en la mansión de al lado?- Asentí. Contento, por alguna razón que dentro de mí sabía perfectamente: era mi vecina de enfrente. - Soy Isabella Swan, pero dime Bella.- Se presentó, con un diminutivo que la hacía justicia.
-Yo soy Edward Cullen, y sí, vivo en la casa de al lado junto con mis padres y mi gemela Alice. ¿Necesitas ayuda con el equipaje?- Oh, a ella que le importa tu vida, tonto. Me reproché a mí mismo. Vale, no era nuevo en esto de chicas, había tenido una novia. Si se le podían llamar así a mi relación con Tanya, suerte que se fue de Forks. Pero había perdido tacto en mis charlas con chicas, me estaba comportando como estúpido.
Ella aceptó mi propuesta, así que nos tiramos toda la tarde recogiendo cajas y colocando objetos de la casa, ya que estaba toda amueblada. Era cansado, pero estuvimos hablando de temas sin importancia, entre ellos, que Bella iba a ir a mi instituto. Claro, es el único que hay en el pueblo.
De repente, mientras estaba en la planta de abajo escuché mi nombre con una voz de campanitas desde la planta superior. Y después de que respondiera con un escueto "¿Si?" Bella bajó por las escaleras.
Me invitó a quedarme a comer pizza pero a mí me apetecía que viniera a mi casa a cenar. Seguro que Esme se pondrá muy contenta de verla, ya que me contó que solo la ha visto en fotos que Renne mandaba desde Phoenix en email.
En cuanto mencioné que su madre y mi madre se conocían Bella hizo una extraña mueca, seguido por un sollozo. Me alarmé, sin saber qué había hecho mal para que Bella hiciera ese gesto. Así que la envolví con mis brazos para que llorara en mi pecho, asombrándome de lo bien que encajaba allí.
Me preocupé más cuándo noté que Bella me mojó la camiseta de lágrimas, no me importaba. Sólo me preocupé porque de su boca solo salían pequeños sollozos, parecía que se había tranquilizado.
Cuando me propuso quedarnos en su hogar porqué me tenía que contar algo me alegré, eso significaba que confiaba en mí.
Lo que ninguno de los dos se esperaba fue la frase que salió de lo más hondo de mi pecho:
-Nunca estarás más sola. Sé que te conozco desde hace cinco horas pero siempre estaré para ti.
La desplacé al sofá, todavía estaba recostada sobre mi pecho. Y nos sentamos. Me empezó a contar, entre pequeños sollozos, él porqué estaba en este pueblo. Estaba sola, sus padres habían muerto. Pero de eso me encargaría yo, era mi próximo destino, encargarme de este pequeño ángel que descansaba triste entre mis brazos.
Seguía intentando contarme algo más pero no la dejé, no porque no quisiera enterarme de su vida. Sino porque no podía hablar, así que la hice prometer que me lo contaría otro día y que descansara.
Salí de su casa después de atreverme a darla un beso en la mejilla. Con un nuevo propósito en mi vida: Ser el protector de un pequeño ángel de pelo chocolate.
.
.
.
Fin del segundo capítulo de Protector.
Debo decir que me ha costado porque quería que Edward diera su punto de vista al conocer a Bella pero sin que se haga repetitivo al contar lo mismo. ¿Lo conseguí? No es una de mis mejores creaciones pero bueno, no me ha gustado mucho.
Ya sabemos un poco sobre Edward y su vida. Junto lo que siente nada más conocer al ángel, como él lo llama.
Sí queréis saber que pasará no os perdáis en tercer capítulo de Protector. Seguramente lo publicaré el sábado o domingo.
¿Reviews?
¿Please?
¿Me borro la cuenta por mala escritora?
¿O por pesada?
¡HASTA LA PRÓXIMA!
