HOLLYWOOD
La historia es de Allihavetodoisdream, los personajes son de Stephenie Meyer y yo solo me limito a traducir. Ariana Mendoza también beteo este capitulo.
La historia es Rated M por futuros Lemmons y una relación fuera de lo ético.
"Luces como un hombre de un millón de dólares". —Lana Del Rey
CAPÍTULO DOS.
Miro a Edward Cullen a través de la gigantesca mesa del comedor que Renée compró, aunque sé que es un hecho que nunca hemos tenido a diez invitados para la cena con anterioridad, no veo cuál es la necesidad de una mesa con capacidad para tantos.
Eso es tan Renée, que hace que ruede mis ojos.
Jugueteo con los extremos de mi cabello seco. Está suavemente ondulado, y sin productos en él también se pone algo encrespado, así que lo coloco a un lado y empiezo a trenzarlo lentamente mientras esperamos por nuestra comida.
Edward se remueve en su silla.
Pero yo sigo trenzando mi cabello, tarareando un poco en voz baja. No es el trabajo de una chica iniciar una conversación, después de todo. Una mujer confiada que quiere ser misteriosa siempre espera a que el hombre pregunte primero, y luego ella decide si lo complace con una respuesta.
Finalmente, él lo hace.
Se aclara la garganta.
—Tu mamá me dijo que asistes a la preparatoria en Pensilvania.
No es una pregunta, así que yo simplemente le regalo una sonrisa a medio lado en respuesta, mientras sigo entrelazando mi cabello. Me acomodo poniendo mis piernas arriba, contra mi pecho.
Edward toma de su vaso con agua.
—¿Te gusta?
—No —murmuro dulcemente pero sin siquiera vacilar.
Él se ríe, y la tensión que siento en él se evapora un poco. Se desploma en su silla muy ligeramente, no de manera rígida y apropiada, no en la forma en la que él lo suele hacer cuando mi madre está aquí comiendo también, estoy segura.
—¿Qué es lo que no te gusta, el trabajo o estar atrapada allí?
—No me molesta el trabajo. A veces me gusta la escuela, cuando estoy de humor. Pero sería mucho más de mi agrado si no estuviéramos forzados a estar sentados todo el día, escuchando al profesor enamorarse una y otra vez del sonido de su voz —le contesto en voz baja, aún trenzando mi cabello—. Eso, y que no se permiten chicos en mi escuela.
Edward sonríe de forma torcida de nuevo, entrecerrando sus ojos, y haciéndolo ver más hermoso sin esfuerzo alguno.
—¿De todas formas te sales con la tuya?
—Tengo mis maneras —digo, dulce y juguetonamente.
Termino con mi trenza y tiro de las mangas de mi suéter blanco de lana. Supe qué era lo que quería usar tan prono estuve en mi habitación, cambiándome. El suéter y mi short blanco de encaje son una de mis prendas favoritas para usar, y Rose siempre está diciendo cuán bonito luce con mi cabello oscuro.
Carmen está en la habitación ahora, trayéndonos la comida. Ella la sirve en nuestros platos a pesar de protestar, y cuando le pido que coma con nosotros también se niega. Siempre preocupada sobre lo que es o no apropiado para ella. Renée no está aquí, pero ella es testaruda.
Palabras dulces y sonrisas cálidas son todo lo que Carmen deja a las personas que son cercanas a ella. Yo lo sé mejor que nadie.
Y me pregunto si Edward ya lo sabe.
Le echo un vistazo por debajo de mis pestañas, al tiempo que Carmen abandona la habitación. Su cabeza está inclinada hacia su plato. Sus pestañas son eternamente largas contra sus mejillas. Pero son sus labios los que más llaman mi atención. Él tiene una boca perfecta, una boca un poco torcida, solo adecuada para un chico.
Un hombre, me corrijo.
Levanto mi cabeza hacia él y pregunto:
—¿Cómo se conocieron tú y mi madre?
Edward sonríe un poco, pero no como antes.
—Nos conocimos en una cena que mis padres organizaron. A Renée la invitaron por el museo. Mi madre lo amaba y quería conocerla personalmente.
—En cambio, logro conocerla fuiste tú. —Observo con ironía.
Edward se aclara la garganta, espabila, pero me ofrece otra sonrisa, una pequeña; una muy pequeña sonrisa a pesar de su incomodidad. Es la única respuesta que él me da.
Aprieto mis labios y aparto mi mirada, tomando mi vaso de agua.
—Apuesto a que fue un poco incómodo cuando presentaste tu nueva novia a tus padres, entonces.
Edward se carcajea, pero es más como una sonrisa entrecortada. Y es adictiva. Cuando él levanta la mirada y me ve, su disconformidad desaparece y una radiante diversión se pone en su lugar. Él sonríe.
—Estás lidiando muy bien con esto.
—¿Qué esperabas? —pregunto, arqueando mis cejas, sonriendo un poco mientras tomo un sorbo de agua—. ¿Tú pensaste que era una de esas adolescentes rebeldes, groseras y que escriben poesía emo?
De nuevo, Edward hace esa risa entrecortada y niega con la cabeza. Luce tan joven cuando sonríe o se carcajea.
—Estaba pensando más bien en esa cosa del trato frío que solo una chica hace tan bien.
Me encojo de hombros con gracia.
—Estoy segura de que ya sabes que no eres el primer novio que ha tenido mi madre. Y si te interesa saberlo, ya me gustas más que el último.
—¿Sí? –él pregunta, arqueando sus cejas.
—Sí —contesto con remilgo, colocando mi vaso en la mesa y pasando mis dedos sobre el borde del cristal—. Él tenía una barba con comida atrapada en ella y siempre olía a cebolla, pero tenía la voz más divina para cantar. Eso es lo que dice mi madre, de todas formas.
—Bueno, me alegra ser mejor que eso, al menos. —Él sigue sonriendo con esos ojos pícaros mientras baja su mirada hacia su plato.
Sonrío lenta y completamente. Dejo que el tiempo pase a la vez que Edward corta su comida. Sigo sin tocar mi plato mientras pienso. Luego, digo:
—Eres el más joven, ¿sabes?
—¿Disculpa? —dice, levantando su mirada rápidamente hacia mí antes de seguir con su ensalada.
—Eres el más joven de todos con los que ha salido mi madre. Bueno, estoy segura de que salió con muchos hombres de tu edad cuando ella tenía esa edad. Pero, me refiero a que esta es la diferencia de edad más significativa que ha tenido —murmuro.
Su nuez de Adan sube y baja mientras traga, y él sigue mirando su comida, pretendiendo que está cortando un pedazo que ya no necesita ser cortado.
—Es muy poca la diferencia de edad.
—La edad es solo un número, ¿cierto? —pregunto, entrecerrando mis ojos y colocando una sonrisa en mis labios.
Ante esto, Edward finalmente levanta la vista, sonriéndome.
—He procesado hombres que dicen eso, así que yo no iría tan lejos. Pero Renée es madura, y me gusta pensar que también lo soy. Así que trece años no es tan malo. Además, Renée es una mujer muy agradable.
—Entonces, obviamente no la conoces —digo, antes de poder detenerme.
Una sombra oscurece los ojos jade de Edward, y él traga de nuevo. Se remueve. Abre sus labios, pero no dice nada.
Yo solo sonrío, tratando de aligerar el ambiente de la mejor forma posible.
—Oh, mira, supongo que ahora sí estoy siendo grosera, después de todo.
Edward se ríe, pero puedo decir que lo he incomodado.
Su postura es un poco más tensa el resto de la noche.
—Bella. Cariño —murmura una dulce voz, al tiempo que siento un ligera caricia en mi cabello.
Me levanto lentamente de mi sueño, espabilando en la oscuridad de mi habitación, pero la luz de la luna a través de la ventana es suficiente para ver a mi mamá sentada en una esquina de la cama, aún usando su vestido, maquillaje y sus joyas.
—Mamá —susurro, girándome.
—Hola, cariño. —Ella se inclina y me besa en la frente, como lo ha hecho desde que soy pequeña, solo que ahora ella huele a perfumes costosos. Cuando era pequeña, ella solía oler a loción Sweet pea—. Te he echado de menos.
—También te extrañé. —Bostezo y me levanto. Enciendo la lámpara de mesa, iluminando la habitación con una luz dorada.
Renée está sonriendo de forma radiante y de belleza natural, ella ha sido así siempre. Excepto que ahora hay un par de arrugas en su boca, y en sus grandes ojos cafés iguales a los míos.
—Lamento haberte despertado, solo que no podía esperar más para verte.
Le sonrió, apoyando mi cabeza en la cabecera de la cama.
—Está bien. Me alegra que lo hicieras.
—Escuché que conociste a Edward —dice Renée, removiendo mis sábanas para permitirle a sus manos hacer algo.
—Lo hice.
Hay una ligera pausa.
Y luego ambas reímos; voces casi idénticas llenando el aire.
—No te burles de mí. —Renée chilla, empujándome mientras nos reímos—. Dime qué opinas.
—Opino que hiciste muy bien —le contesto—, es lindo.
—Lo es, ¿verdad que sí? —murmura, fantaseando.
—Y es rico —agrego.
Mi madre deja caer su rostro un poco, y trata lo más que puede de sonar firme.
—Bella.
Agarro mis manos y las levanto en forma de arrepentimiento. Después de todo, odio pelear con Renée. Las cosas son más ligeras cuando estamos juntas. Estar en malos términos con ella es como estar bajo una fuerte nevada en Wisconsin.
—¿Cómo estuvo la escuela? —pregunta Renée.
—Bien. Me encantó.
—¿En serio? —Ella sonríe, acercándose más—. ¿Algún novio?
—Dos.
—Esa es mi chica. —Renée se carcajea y toca mi mejilla—. ¿Cómo está Rose?
—Siendo Rose.
—Hm. —Renée asiente con la cabeza como si eso fuese suficiente, lo cual supongo que así es. Luego, agrega—: ¿Algo interesante para contar?
—Realmente no —digo, y luego bostezo otra vez, pero esta vez es falso.
Renée se levanta tal y como supe que haría.
—Oh, cariño, sé que has tenido un gran día. Lo siento. Hablaremos mañana, ¿está bien? Trataré de salir temprano del museo y luego tendremos un día de chicas, ¿qué tal suena eso?
—Genial —contesto, sonriéndole.
—Bien. —Renée se inclina y me besa otra vez en la frente, y luego me desea buenas noches y se va.
Caigo sobre mis almohadas tan pronto como se cierra la puerta y apago la luz. Pero ahora no puedo dormir. Hay un nudo en mi estómago, torturándome entre más me quedo quieta.
Cada vez que cierro mis ojos veo a Edward y a su muy bonita sonrisa.
Suspiro y me siento, encendiendo la luz de nuevo. Tomo mi computadora y trato de escribir. Pero no me ayuda porque no puedo pensar en ninguna oración que no tenga que ver con los ojos color verde jade y la gracia y el encanto del viejo Hollywood.
Así que pateo mis sabanas para deshacerme de ellas y salgo de mi habitación, siguiendo la tenue luz de la luna que ilumina mis pasos hacia la cocina. Encuentro el teléfono. Marco el número que me sé de memoria y sonrió, porque, a pesar de la hora, contestará.
—¿Hola? —Ella responde con un marcado acento inglés.
Suspiro de alivio y me recuesto contra la pared.
—Hola, cariño.
—Pensé que tenía que ser demasiado bueno para ser verdad cuando vi el nombre de Eddie en el identificador de llamadas. —Ella suspira dramáticamente—. Pero, ¡vaya!
Me río y me siento en una de las sillas de la barra de granito, y miro a la brillante piscina a través de las grandes ventanas.
—Soy yo. Te he extrañado.
—Querida, no tienes idea. ¿Sabes que traté de ver Absolutamente fabulosas la otra noche, pero me puse a llorar a la mitad? Ni siquiera pude escuchar a Patsy y a Eddie insultar a Saffron.
—Es una parodia.
—Lo es, lo es, tal como lo ha sido tu ausencia. ¿Por qué no has llamado?
—Renée. —Suspiro.
—Oh —contesta Alice agriamente.
—Sí. ¿Sabes que está saliendo con alguien de veintisiete?
—¡Mentira!
—No.
—¡Que asaltacunas! Bueno, espero estar tan bien como Renée para atrapar a un hombre que sea mucho más joven que yo cuando tenga esa edad.
Me río en voz baja.
—Es bastante simpático.
—En una escala de uno a George Clooney…
—George Clooney.
—¿Cuándo te puedo visitar? —Ella pregunta rápidamente.
Muevo mi cabeza y sonrió, y me recuesto contra la fría encimera.
—Te he extrañado tanto, Alice.
—También te he extrañado tanto, cariño. Pero estaba hablando en serio. Bueno, no sobre el hecho de que quiero conocer a este delicioso y caliente novio-George Clooney. Pero yo quiero ir. ¿Cuándo me dejarás?
—Pronto, eso espero. Sabes que Renée trabaja la mayoría del tiempo. Ella probablemente saldrá a uno de esos viajes anuales a París para el final del mes. ¿Algún inconveniente con esas fechas?
—Ya quisiera. Mi vida es extremadamente aburrida.
—Entonces ven. Veremos toda nuestra colección de películas de Marilyn y Audrey mientras nos ahogamos en helado y nos deleitamos la vista con el muy caliente George Clooney durante los recesos.
—Has encontrado la llave de mi felicidad.
Sonrío.
—Te amo.
—¡También te amo! ¡Besos!
Entonces cuelgo.
Al día siguiente, Renée no sale temprano del trabajo, tampoco es como si esperara que lo hubiera hecho.
Así que mi tarde consiste en estar en la piscina y ver películas en blanco y negro con Carmen en el sofá. También me tomo el tiempo para pintar mis uñas de rojo, mientras hablo por teléfono con Rose, escuchando sus quejas sobre la falta de chicos degenerados cerca del club de campo.
Este sería mi verano.
Y no lo querría de otra forma distinta.
Excepto que es interrumpido al día siguiente por unos ojos color jade y una sonrisa petulante.
Cuando salgo de mi habitación a la mañana siguiente, lo escucho hablando abajo con Renée y me detengo, realmente me congelo, porque no me he hecho el mejor trabajo en mi cabello y maquillaje, y porque soy un poco chismosa.
Él está hablando.
—¿No es un poco pronto para esto?
—Edward, cariño, estás pagando una ridícula cantidad de dinero por ese lugar tan pequeño en el centro. Esto estaría tan solo a media hora del trabajo, y seria gratis. Por supuesto tu podrías tener tu propia habitación, después de todo, aquí hay siete.
—Bueno…. —Él suspira.
—Edward, mi amor, casi ni nos vemos. Yo trabajo y tú también. Esto haría las cosas más fáciles, ¿no lo crees?
Ruedo mis ojos por la conversación de los Edward-cariño, Edward-mi amor, Edward-pastelito y las palabras dulces y toda la manipulación.
—¿Qué hay de Isabella?
Me alerto al escuchar mi nombre, volviendo de nuevo mi concentración a la conversación.
—¿Qué hay con ella? —pregunta Renée, sonando completamente desconcertada.
—Bueno, ella es tu hija, ¿no crees que esto sería un poco raro para ella? ¿El novio de su mamá viviendo justo al otro lado del jodido pasillo?
—Bella es una niña muy madura, Edward. Ella puede manejar este tipo de cosas muy bien. A ella no le importará del todo.
—¿Así que ya has hablado de esto con ella, o lo tomas por seguro? ¿O simplemente estás hablando por ella? —Él deja que la irritación se note en su voz, y no puedo detenerme, sonrió un poco.
Renée resopla y hace una pausa.
—¿Lo que mi hija piense te importa tanto?
—¿No te importa a ti? —contesta, elevando un poco el tono de su voz.
Y tan solo con eso, creo que estoy enamorada.
Renée no suena tan herida cuando le responde, con un tono un poco calmado.
—Bueno, no estaba enterada de que estuvieses en tan buenos términos con Isabella.
—Lo que estoy diciendo es que ella ha sido demasiado buena con esta situación de la manera en cómo está. Ponte en su lugar, su madre de cuarenta años está saliendo con alguien de unos malditos veintisiete.
—No pensé que te perturbara tanto nuestra diferencia de edad, Edward.
—A mí no. A ella debería.
—Edward, si no quieres pasar más tiempo conmigo o estar conmigo, solo déjame saberlo. Preferiría que me lo dijeras a la cara en vez de estar dándole vueltas al asunto.
—Soy un abogado. Darle vueltas al asunto es lo que hacemos.
Renee resopla más fuerte esta vez.
—Ahórrate tus bromas, Edward.
—Y ahórrate tu manipulación.
Mi sonrisa es tan gigantesca que mis mejillas duelen.
—¿Manipulación? —Renée casi grita, como si eso fuese algo absurdo.
—Soy un fiscal, Renée. ¿No te parece que estoy muy familiarizado con eso?
—No te estoy manipulando.
—¿Entonces que estás haciendo exactamente? Porque yo pensé haber sido bastante claro cuando empezamos todo esto: no me gustan las mierdas. Solo quiero honestidad. Veo suficientes jodidas mentiras en la maldita corte. No las necesito en mi vida personal también.
Él es un príncipe con la boca muy sucia.
Y Renée está sin palabras. Le toma un minuto entero para responder.
—Bien. Yo quiero que vivas conmigo, si no quieres solo dímelo. ¿Así está mejor?
—Mucho mejor.
—Entonces, ¿cuál es tu respuesta?
—Yo…
—¡Señora Swan! —la llama Carmen desde algún lugar de la casa.
Renée suspira irritada.
—¿Qué, Carmen?
—Su celular está sonando, ¡creo que es del museo!
—¡Ya voy! —responde Renée, y luego dirige su atención a Edward—. ¿Terminaremos luego nuestra conversación?
—Está bien —él murmura, y un momento después escucho cómo abren la puerta principal y luego la cierran.
De la forma más rápida y silenciosa que puedo, camino de puntillas y subo hasta la segunda planta, y corro por el pasillo para asomarme por la ventana que da a la carretera.
Pillo a Edward mientras camina hacia lo que debe ser su auto… Es un muy elegante BMW, por supuesto. Hoy, él no está usando un traje; está usando unos jeans oscuros y costosos y una camisa blanca. Sus movimientos son rápidos y peligrosos. Su cabello está desordenado, aumentando su atracción masculina a la vez que abre las puertas de su auto y entra en él.
Veo cuando lo enciende y maneja fuera de aquí, de forma muy rápida. Pero me pregunto si quizá es esa la manera en la que siempre conduce: rápido.
Es algo que me gustaría saber.
NOTA DEL TRADUCTOR:
Hola! Quiero decirles que actualizare cada fin de semana. Agradezco a las 55 fologüeritas y los rrs del capitulo pasado, su interes por esta historia realmente me emociona :)
*Eddie, Patsy & saffron son personajes de absolutamente fabulosas, una serie inglesa de los años 1992.
*Sweet pea es una marca de lociones americana muy conocida por ser económica.
Recuerden que si tienen alguna duda sobre la historia, la autora o sobre mi, pueden escribirme.
Entonces, ¿Reviews? -son buenos para el alma :)
