Fics Basado en la serie Yu Yu Hakusho
Continua después de: Libro II YYH: La Diosa del Makai.
Libro III YYH: Más allá de la oscuridad
Por DarkCryonic
Cap. 2
Semel insanavimus omnes.
-- Hiei, sólo es un paraguas...-- Dije sonriendo al notar que no quería usarlo.
-- No me gusta...
-- Ok. -- Dije cerrándolo y cerrando el mío, dejándolos en un árbol que había en el camino al templo.
-- ¿Los dejaras allí?
-- Sí.
-- Te los robarán.
-- No me interesa.-- Dije echándome a caminar, mientras Hiei seguía con los ojos clavados en los paraguas sobre el árbol.
-- ¿Y por qué dejaste el tuyo?-- Me preguntó, ya cuando caminaba a mi lado.
-- Si tú te mojas, yo también. Además no quiero que la gente crea que soy mal amigo.-- Dije sin mirarlo, y sin saber porque había dado una excusa tan tonta.
-- ¿La gente? ¿Te importa lo que piensen?-- Preguntó.
-- ¿Quién quieres que te responda? -- Pregunté dejando de caminar y mirándolo con seriedad.
-- Tú.-- Respondió Hiei algo enfadado, ya que no le agradaba mi típico juego de hablar como Minamino y como Youko, por separado.
-- No me interesa.-- Dije sin mirarlo.
-- Lo sabía. Entonces...
-- Entonces nada... Espero que aún hayan flores...-- Dije cambiando el tema.
-- Eres muy extraño...-- Murmuró Hiei.
-- Te escuché.-- Dije sonriendo. Sabía muy bien que siempre terminaba confundiéndolo con mis palabras.-- Esa gorra te sienta bien.-- Dije.
-- No digas tonterías.-- Soltó él, pensé por un momento que tiraría la gorra, pero no se la quitó. Sólo volví a sonreír, antes de volver con nuestra marcha bajo la lluvia. Cuando estábamos ya cerca de nuestro destino, y no habíamos vuelto a cruzar palabra, me di cuenta de que mi abrigo estaba totalmente empapado, ya que empezaba a sentir su peso en agua. Hiei seguía como siempre a mi lado. El agua escurría por su capa sin hacer mella en él. Sabía que no le gustaba la lluvia, pero estaba ahí, acompañándome.
Caminamos tranquilamente hasta llegar a la entrada. Subimos las escaleras que nos separaban de nuestro destino en silencio. El viento era suave y jugaba con el poco de cabello que no estaba protegido por mi gorra, mientras la lluvia recorría mi ropa tratando de llegar a mis pies. No tenía frío. Sólo esperaba ver una flor en medio de toda esta soledad. Sólo estaba allí por ese poderoso deseo...
-- ¿Kitsune?-- Escuché de pronto que me llamaba Hiei. Busqué su rostro y estaba frente a mí, junto a Genkai y Yukina que no dejaban de mirarme. "¿Desde cuando estarían mirándome? ¿Desde cuando estaba divagando?"
-- Hola.-- Dije sonriendo y tratando de parecer natural.
-- Estás todo mojado, Kurama. -- Dijo Genkai echándose a caminar hacia el interior de la parte habitable del templo. Yukina me tomó del brazo y me hizo caminar hacia el interior.
Hiei nos siguió, pude notar que ya no llevaba la gorra... ¿Qué habría hecho con ella?
Yukina me ayudó a quitar el abrigo y escuché que dijo algo de secarlo, pero no presté atención. Mis pensamientos estaban en el jardín que aún no podía ver.
Genkai nos hizo sentar junto a una mesa para tomar algo de té.
Vi que sus labios se movían y que el lugar se llenaba de sus palabras y de las respuestas monosílabas de Hiei y de vez en cuando ambos clavaban sus ojos en mí y sólo podía sonreír, ya que no sabía de qué estaban hablando. Mis ojos sólo recorrían el lugar para terminar en la ventana cerrada que daba al jardín.
-- Tan cerca... pero tan lejos...-- Murmuré.
-- ¿Kitsune?
-- mmm...
-- Ve a ver... ¿No es lo que nos trajo aquí?-- Dijo Hiei mirándome con fastidio.
-- Es verdad.-- Dije.-- Permiso.-- Me puse de pie y salí en dirección al jardín.
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-- ¿Hiei?
-- Hm... -- Respondí mientras observaba al Kitsune por la ventana entornada que daba al jardín.
-- He notado algo extraño en Kurama...
-- Hm...
-- Pero lo que más me llama la atención es notar que está vestido de negro.-- Dijo Genkai mirándome fijo.
-- ¿Qué?-- Me pregunté. No lo había notado. Pero era verdad, aunque no le veía lo importante... sólo era un color.
-- Creo que es tan raro como si un día tu aparecieras vestido de blanco.-- Argumentó sólo para que terminara de entender sus palabras.
"¿Yo de blanco? ¡Acaso estaba loca! Aunque ya entendía los motivos de su preocupación... Era verdad, desde que conocía al Kitsune sólo lo había visto una sola vez vestido de negro y había sido para la pelea contra su hermano"
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-- ¡Genial! -- Dije al verme frente al jardín. El árbol de sakura en medio, aunque algo falto de vida. Pero aún había algunas flores rebeldes que luchaban por mantenerse firmes ante el frío, el viento y la lluvia...-- Flores del Makai...
La lluvia me calaba hasta los huesos, ahora que no llevaba el abrigo. Pero no importaba. Un resfrío valía la pena por observar algo de vida a mi alrededor. Saqué algunas de mis semillas y las puse cuidadosamente en la tierra. Eran del Makai y al igual que sus hermanas resistirían el invierno humano sólo para hacerme compañía.
Podía sonar egoísta, pero era eso o sentirme extraño por todo el invierno. Supuestamente en este último año había resuelto más de un problema de mi pasado y en vez, de sentirme aliviado, me sentía más vacío.
¿Qué era lo que me faltaba?
Tenía a Shiori, a los chicos, a mi escuela... Todo un futuro frente a mí.
Sería que ya estaba cansado de esta vida. A veces me olvidaba lo viejo que era... Quizás era eso..
-- ¿Cansado de vivir?-- Me pregunto a mi mismo en voz baja. Un sonido me hizo volver a la realidad. Yukina estaba parada a mi lado con un paraguas sobre mi cabeza. Sus ojos parecían tristes, sería que me había escuchado.-- No tenías de que preocuparte.-- Le dije sonriendo.
-- Joven Kurama...
-- ¿Sí?
Trató de decir algo, pero no pudo.
-- Es el invierno, no te preocupes.-- Le dije adivinado sus preguntas y tratando que mis palabras fueran suficiente para ella. Aunque dudaba que mis palabras tuvieran un real significado para una koorime, que la nieve, el frío y el invierno eran parte de lo que ella llamaba hogar.
Pude notar que Hiei nos observaba desde la ventana.
-- Es mejor que entres, Yukina.
--Pero...
-- Yo estoy bien... Recuerda que también soy un Youko...-- Dije sonriendo.
Ella sonrió y se fue silenciosamente. La lluvia bañó nuevamente mi rostro. No pude evitar elevar mi rostro y dejar que el agua cayera directamente sobre el. Era una sensación que podría llegar a disfrutar, pero había algo dentro de mi pecho que no lo permitía. Bajé el rostro y suspiré. Volví a las semillas que había plantado y observé un momento el lugar. Si usaba mi poder podía hacer florecer todo, pero sería extraño y podría provocar extrañas preguntas de los humanos que visitaban regularmente el lugar. Además sabía que no debía desgastar mi energía.
Sólo debería esperar algo más de dos meses para que volviera la primavera, eran sólo unos cuantos días en comparación a toda su vida. Un instante. Solo un cerrar de ojos para youko Kurama... Pero yo no era youko Kurama, ahora me sentía más un ningen, con una vida corta y con la preocupación de no desperdiciar ni un segundo de mi mortal existencia.
-- "Destinado a morir como ningen"-- Murmuré mientras me ponía de pie y le daba la espalda al jardín para encontrarme con los ojos rojos de Hiei que me observaba a menos de tres metros. ¿Cuando había venido? Caminé por su lado con naturalidad, pero sabía muy bien que me había escuchado.
-- Kitsune...
-- Ya podemos volver a mi casa, Hiei.-- Dije. No sé si mis ojos lloraban, pero el agua que resbalaba por mi cara parecía algo más que lluvia.-- Vamos a despedirnos de Yukina y la maestra Genkai.-- Dije tratando de evitar darle tiempo de hablar y preguntar.
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Cuando volvimos a casa del kitsune, no dijimos nada. Él se comportaba como siempre lo hacia. Nada extraño parecía haber, pero yo podía ver más allá de su mascara de kitsune astuto.
Recordaba sus palabras "No quiero estar solo"
¿Por qué alguien como él podía llegar a sentirse solo? Cuando estaba rodeado de amigos, tenía una familia, iba a esa escuela para ningen y siempre parecía estar acompañado.
¿Soledad?
Por un momento podía haber jurado que Kurama no conocía la soledad, pero ahora la verdad se revelaba ante mis ojos. Los profundos ojos verdes del Kitsune no eran los mismos. Hasta sus palabras sonaban diferentes.
"Sólo es el invierno"... escuché dentro de mi cabeza, recordando.
¿Cómo una maldita estación del año podía hacer cambiar tanto a alguien?
No era el primer invierno que compartía con Kurama, pero era primera vez que podía notar tan claramente sus inquietudes.
¿Sería que a esto se refería el Kitsune cuando me había dicho que me había pegado lo ningen?
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Dormía Kurama en su cama, mientras Hiei descansaba en su futón con los ojos clavados en el techo del cuarto. Un maldito y extraño sueño lo había despertado. ¿Pero que había sido tan importante como para despertarlo?
"Kurama moría"
Sí, frente a sus ojos... Pero era extraño, no era herido por alguien más, era el mismo kitsune quien se hería.
--Hm....-- Soltó el youkai de fuego en medio de la noche tratando de alejar las imágenes del sueño de sus retinas. Volteó hacia un lado, y no pudo evitar concentrar su visión en la mano blanca de Kurama que colgaba de su cama. La luz de la luna que se colaba por la ventana la iluminaba, y la hacía parecer más pálida.
Hiei entrecerró los ojos y trató de pensar en otra cosa diferente; pero las imágenes del día se negaban a dejarlo en paz. Primero, Kurama sentado en el piso de la cocina; luego, Kurama bajo la lluvia camino al templo; y por último, en el jardín a merced del viento y del frío observando las pocas flores existentes.
¿Pero por qué un youko kitsune tomaría una decisión tan drástica? No... El Kitsune no era de esos... Pero, ya antes había tomado decisiones extremas y él había sabido actuar en ellas, pero está vez no podía hacer nada. Una cosa es proteger a un amigo de alguien más, y otro es rescatarlo de sí mismo.
-- ¡Maldición! -- Murmuró Hiei.
Notó que el Kitsune se movió en su cama, haciendo desaparecer la mano entre las sábanas de su cama. A primera vista parecía dormir tranquilo, pero nunca se sabía con los youkos kitsunes, más cuando se trataba específicamente de Youko Kurama, el controlador de plantas, legendario ladrón del Makai.
-- Hiei, ¿Estás despierto?-- Preguntó de pronto el pelirrojo asomando su rostro de entre las sábanas.
Hiei volteó a verlo. La luz de la luna era suficiente como para verse en medio de la habitación a oscuras.
-- Sí. -- Contestó Hiei.
-- ¿Por qué no duermes?-- Preguntó el kitsune clavando sus verdes ojos en el rostro de su amigo.
-- No estoy cansado.-- Respondió Hiei. Además no estaba en él contarle sobre su pesadilla al pelirrojo.-- ¿Y tú?
-- Mm... Creo que estoy algo afiebrado, así que no puedo dormirme sin sentirme mareado...-- Dijo mientras rebeldes cabellos caían sobre parte de su rostro.
-- Eso es tu culpa...-- Dijo Hiei.
-- Lo sé. Y no me quejo...-- Dijo esbozando una sonrisa que Hiei supo identificar.
-- ¿Kitsune?
-- ¿Hm..?
-- ¿Tú no harías una tontería, verdad?
-- ¿Tontería? ¿Cómo cuál? -- Preguntó Kurama.
-- Una tontería como hizo Sensui.-- Dijo Hiei después de meditar sus palabras. Kurama se recogió en su cama al escucharlas.
-- ¿Sensui?...Mm... ¿Cuál de todas?-- Preguntó.
Hiei podría jurar que Kurama le había entendido perfectamente.
-- Hm... -- Dijo sin mirar a Kurama, mientras se volteaba, dándole la espalda.
-- Ok, sé a lo que te refieres...-- Murmuró el pelirrojo.-- No puedo negar que ha veces lo pienso.-- Dijo bajito.
-- ¿QUÉ? ¿Acaso estás loco?-- Le preguntó Hiei sentándose en su futón y mirando a Kurama, y actuando más efusivo de lo común. Tanto que Kurama abrió los ojos grandemente.
-- Hiei... yo... lo siento... no debí...
-- ¡Kitsune Loco! -- Bufó Hiei.
-- Lo siento. -- Murmuró Kurama ocultándose entre las sábanas. Se sentía muy afiebrado como para discutir.
-- Hm... ¡Duérmete mejor, antes que te mande yo mismo al otro mundo! -- Gritó Hiei volviendo a recostarse en su futón.
Kurama no dijo más, su corazón latía fuertemente. Era extraño sentir que Hiei se preocupaba realmente por él. Así que se sintió egoísta por no pensar en los demás y centrarse sólo en su tristeza.
-- Lo siento. -- Murmuró antes de quedarse dormido.
Hiei lo escuchó, y trató de calmar sus ganas locas de patear cosas... Las tonterías del kitsune siempre lo alteraban y la única forma de calmarse era destruir algo, pero está vez se contuvo. Era mejor dormir. Mañana ya vería que hacer con el loco de su amigo.
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Fin capítulo II
DarkCryonic
Septiembre
2005.
"Semel insanavimus omnes": Todos hemos estado locos alguna vez. (Latín)
