INUYASHA NO NOS PERTENECE. ESTE FANFIC HA SIDO REALIZADO POR LAS CHICAS DEL GAZZIERO GUMI PARA CELEBRAR EL CUMPLEAÑOS DE ANALÚ (SOYEFIMERA).
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No había duda, estaba embarazada. Kagome Higurashi estaba embarazada del primer hijo de Inuyasha. Tragó saliva nerviosa y sin poder creerlo. ¡Estaba embarazada! ¡Por Dios, iba a tener un hijo con Inuyasha!
EL PRIMOGÉNITO DE INUYASHA
Por: Gazziero Gumi
Capítulo 2: El Segundo Mes por Luisee
En la cabaña había silencio, el Hanyou había hecho un comentario que había provocado un fruncimiento en el entrecejo de Kagome, ni recordaba cuáles habían sido sus palabras pero ver como las finas cejas se movían sobre aquellos ojos brillantes, ese sencillo gesto sinceramente le asustó.
—No de nuevo, no, por favor.
Inuyasha suspiró sonoramente al ver que la joven sacerdotisa se calmaba y seguía quieta, con los labios cerrados.
Amaba a Kagome, y ahora que ella le daría un hijo, ese amor enorme se había hecho gigantesco, y cada instante tomaba más fuerza si es que eso era posible. Las impresiones e ilusiones en la mente de Inuyasha eran cada día más grandes, porque Kagome cambiaba cada día más, su cuerpo aún era esbelto pues tan sólo tenía dos meses recién cumplidos pero… su actitud cambiaba a cada rato, y eso era un problema, pero no para la chica…
—¡Siéntate!
Esos problemas los sufría él. Porque ahora debía cuidar cada palabra que salía de sus labios, de otra forma acaba enterrado en el piso. Lo peor del caso es que la muchacha siempre había sido cruel y atacaba de sorpresa. Ver que los síntomas del embarazo eran cada vez más notorios lo emocionaba tanto como lo horrorizaba.
Se emocionaba porque verla tan distinta lo hacía comprobar que su hijo estaba ahí, haciéndose notar desde dentro de su madre, eso lograba que un sentimiento de felicidad inexplicable se alojara en su corazón de manera casi irreal, Inuyasha realmente estaba feliz. Pero Kagome parecía sentir todo lo contrario y eso era el punto donde la emoción se volvía horror.
— ¡¿Y ahora que dije?!—gritó con un poco de desesperación.
Él nunca fue un hombre paciente y tener que aguantar los cambios hormonales de Kagome durante tanto tiempo no era precisamente placentero. Se esforzaba, pero le era difícil y sabía controlarse hasta cierto punto. Sólo hasta cierto punto.
—¿Est-Estás m-molesto con-conmigo? —el labio inferior de Kagome tembló causando remordimiento en Inuyasha.
Ese remordimiento creció al ver como algunas lágrimas salían de los ojos de la muchacha y los hipidos se escapaban de su boca, uno tras otro como una cadena de culpa sin fin. Durante el tiempo que Kagome llevaba con los conocidos achaques, incluso antes de que supieran que estaba esperando el llanto había estado muy presente en sus vidas. Simple, él no podía con eso, jamás toleró ver a una mujer llorar, menos a SU mujer.
El primer mes de embarazo, justo cuando su enteraron de la gran noticia, ella se la había pasado vomitando cada mañana, a veces no podía ver comida sin correr detrás de un arbusto para devolverlo lo poco que tenía en el estómago, también se la pasaba quejándose de dolores aquí y allá, pero su humor era el de siempre, nada raro, pero como a la sexta semana Kagome había empezado a ser muy sensible, se enojaba, lloraba, gritaba y reía… A veces él pensaba que estaba loca en vez de embarazada.
—Cl-Claro que no estoy molesto, tonta —le acarició la mejilla de forma cariñosa tratando de limpiar el agua salada que resbalaba por la blanca piel mientras su voz salía de sus labios con calma y cuidado, no quería hacer o decir algo estúpido de nuevo.
—¿De verdad?—los labios rosados de Kagome curvaron en un sonrisa tierna.
Fue cuando Inuyasha sintió ternura como pocas veces había sentido en su vida, tan sólo asintió mientras se acercaba a besar con dulzura los labios de la madre de su futuro hijo. Era de noche, estaba pasando un hermoso momento con la mujer que amaba, un instante de tranquilidad y sin peleas. Inuyasha dejó de pensar con la cabeza para pensar con… otras partes de su cuerpo. Sólo quería besar a Kagome, sentirla, porque lo necesitaba.
—Inuyasha —suspiró Kagome cuando, sintió como él la tomaba en brazos y se sentaba en el piso de la pequeña cabaña, el beso se hacía más apasionado.
Y Kagome no sabía si regañar al Hanyou o sólo disfrutar el momento. En realidad ¿Cuántas veces él era tan tierno y dócil? Tenía que aprovechar.
La mujer sólo pudo apreciar aquellos brazos que la rodeaban, eran cálidos y cómodos, tanto que Kagome pensó encontrarse en una nube, sintió la brisa de la noche arrullarla junto a la voz trémula del Hanyou. Se sintió tan bien, en paz… relajada.
—Kagome, yo… yo quiera… —las mejillas masculinas se sonrojaron por lo que quería decir, pero él especulaba que había que aprovechar el tiempo antes de que ella empezara a crecer, pronto Kagome estaría indispuesta para… demostrarse su amor físicamente—. Yo sólo quería… quiero estar contigo —murmuró con vergüenza esperando que ella entendiera el mensaje y no lo golpeará—, quizá tú no quieras y eso está bien, y no, Kagome, no voy a enojarme, porque eres lo más importante para mí, no… ya no podría enojarme contigo jamás, po-porque te amo…
Miró su rostro, esperando ver a Kagome feliz por sus palabras, ya que para él era difícil decir cosas vergonzosas como esa, pero por Kagome valía la pena hacer cualquier esfuerzo.
Pero…
Pero sólo escuchó como respuesta una respiración lenta y tranquila, ella estaba dormida.
— ¿Ka…? ¿Kago…me?
Pero la sacerdotisa sólo se acurrucó más contra su pecho. Él suspiró y se resignó, abrazando a la chica entre sus brazos.
¡Y pensar que esa situación no era la peor que tendrían que pasar!
CONTINUARÁ…
¿y? ¿Qué tal? Les está gustando? A medida que pasen los meses se irá poniendo cada vez mejor. Muchas gracias por atreverte a leer nuestras locuras grupales. Es muy entretenido hacerlas, esperamos que sea igual de entretenido leerlas.
Un abrazo! Esperamos sus Reviews!
03/01/2013
