Ok, aquí va muy rápida la trama y pues, siento que no me expliqué bien, pero, ojala lo lean, no es tanto como el cap 1! XD.

Aquí por cierto saldrán los hijos de Scarlett *-*, tal cual me los imaginé, o bueno, tal cual la Mariel-sempai me ayudo a pensar! XD.

El primero el hijo de Scott, igualito a Scott; el hijo de thomas, me lo imaginé con la personalidad de Scarlett, medio rudo; y al hijo de Dylan, irónicamente sin ninguna de las personalidades de sus padres, me lo imagine medio dulce, aunque más que todo, tranquilo; aunque cuando se enoja o se pone serio agarra la personalidad de Dylan.

Mariel me ayudo para con los colores más que todo, yo les pensé las personalidades, ojala les agraden.

Y, preferí atarme al hecho que sale en global de que los tres kirkland tienen hilos rojos atados a sus meñiques con las hijas de Arthur.

Y eso...

Ojala lean y les guste tanto como a mi x3xb

Hetalia es de Hidekazu Himaruya

global es de Mariel o Vero Vortex :)

ideas raras y demás: mías.


En algún lado, un chico de cabellos color rojizo y ojos verdes se despertaba.

-¿Ahhh?-Se despertó con un dolor de cuello y con un poco de saliva en sus labios. Se la limpio de inmediato y aún con un poco de somnolencia fijó su mirada hacia sus primos. Ian y Saith yacían dormidos. Saith como siempre se había movido demasiado y uno de sus brazos yacía sobre Ian, su pierna estaba sobre él.-chicos…-dijo tratando de levantarlos. No lo logró-chicos…-de nuevo les dijo-…-se le acabó la paciencia en ese momento.-¡Chicos!

-¡Ahh!-gritó Saith por el susto.

-¡Umh!-dijo Ian quien se despertaba por el griterío.

-Maldita sea, ¡Wallace! ¡Te dije que nunca me despiertes!-Se quejó Saith quien empezó a mostrarle su puño a Wallace. Saith era un chico demasiado gruñón a veces, y cuando se trataba de despertarse luego de tener un sueño, vaya que no había quien lo parase.

-Ya ya Saith- Le dijo mientras alejaba ese puño peligrosamente cerca de su cara .- Es que, no te despertabas, además, no sé tú pero ocurrió de nuevo, otra vez ese sueño vino a mí.

Saith al oírlo se sorprendió, suspiró y le respondió.

-Si… Yo igual. De nuevo ese tonto sueño.-Terminó por sentenciar.

Ian que estaba a un lado al ser observado por ambos agregó unas palabras.

-Chicos, no son los únicos, al parecer, como la vez anterior, tuvimos el mismo sueño, al mismo tiempo.

-Ya pasó un mes ¿no?

-Sí, y la vez anterior fue también por la misma fecha.

-Oigan, ya es costumbre ¿no?- preguntó Saith.

-¿Quién sabe?-dijeron al unísono Wallace e Ian.

Los tres chicos se levantaron de la cama y empezaron a cambiarse; por suerte en esa pequeña choza alquilada había un espejo y un caño, los tres, luego de pelearse por quien iba a ser el primero en usar tal lavadero improvisado, además del baño, se alistaron, buscaron al rentero, le pagaron y como muchas otras veces se fueron.

Wallace, el mayor de los tres primos era un chico idéntico a su padre, tenía el mismo rostro que él, pero su diferencia era su peinado ligeramente distinto. Era mil veces más supersticioso, si podía eso podía ser posible. Era un chico listo y tenía más poderes que sus primos. Él podía aparecer rayos de cualquier lado, no solo del cielo, pero ahora, nuevos poderes aparecían; empezaba a hacer aparecer cosas de la nada y a crear agujeros negros, empezaba a manejar una guardia de soldados de piedra. Había una gran cantidad de poder que descubrir, trampas que descubrir.

El segundo en edad era Llewellyn, era un chico con el color de cabello caoba rojizo y ojos verdes con un ligero tono celeste casi imperceptible, mismo color que los de su padre. De cariño le decían Saith, pues su segundo nombre era Saith, o eso creían. Saith significaba "siete" en galés lo cual le gustaba, lo veía casi como un amuleto, o su padre lo había visto como uno en su momento. A pesar de todo, Saith siempre alegaría que el siete era en realidad por los 7 pecados capitales, no por ser un número de la suerte, se había apegado fuertemente a lo arcano y oculto sin que nadie entendiera el porque. Le gustaba mucho molestar a sus primos con eso, ambos eran muy supersticiosos. Hablar de gatos negros, espejos rotos, fantasmas y maldiciones vaya que no era el mejor tema de conversación en casa... pero si que se divertía con eso. Él a diferencia de su padre era gruñón. Siempre se había caracterizado por ser el más faltoso, y a veces flojo, de entre sus primos; además de ser terriblemente problemático. De pequeño empezó una rivalidad con Wallace por ello, Wallace quería paz, él, diversión. Su poder era hacer aparecer bombas por donde quisiera, además de crear fuego y rayos. Se veía como alguien fuerte y poderoso; creía que podía superar a su padre, pues él no le agradaba, era demasiado amable. Era malo con su padre, pero en el fondo aunque no lo quisiera aceptar, lo quería. Aunque claro, muy muy en el fondo...

El menor era Ian, era un chico pelirrojo, quizás no tan pelirrojo como su primo Wallace, pero pelirrojo a fin de cuentas. Su cabello de tono amarillento lo hacía lucir muy diferente a su padre y claro, en personalidad también había diferencia, pero esta era mucho más grande. Él, a diferencia de sus primos, era un poco más amable, siempre había mostrado comprensión hacia con todos, no mostraba esa seriedad de su padre. Incluso, a veces le había tenido algo de miedo, sabía que su actitud era muy severa, por lo cual, de alguna u otra manera eso había contribuido a su tímida personalidad, además de ser el menor de absolutamente toda su familia. sus poderes eran raros, muy variados, dominaba casi cualquier cosa, creía que quizás podía darle algo como vida a los elementos que viera, pues podía controlar y hacer que se muevan las cosas alrededor de él a voluntad. Sus ojos tenían un poder raro, podía atravesar las cosas con la mirada, rayos x, pero, no estaba segura con certesa si podía hacer más que eso, había tenido un entrenamiento fuerte por lo cual, con el tiempo se extendió y al final, su poder terminó siendo un misterio.

-Ahhh...-bostezó Saith.- Que tonto eres Wallace. ¿Quién te dijo que me despertaras?- le dijo con un puchero-¿le hubieras hablado a Ian primero sobre el sueño, no a mí. ¡Que necesidad la tuya por despertarme casi de madrugada!

-si si….- Lo ignoró.- Pero vamos ¡recuerda que esto nos incumbe a los tres!

-Él tiene razón Saith, somos primos que compartimos por un tonto embrujo el mismo sueño, estamos conectados, por lo que tenemos que hablar e intentar llevarnos bien o si no, nunca sabremos quién nos hechizó.

-Si si-Dijo Saith sin querer oírlo, se adelantó en su camino.

Los tres primos habían tenido sueños durante muchos años. Ninguno lo había comentado hasta hace mucho tiempo, pero de nuevo había salido la conversación después de meses.

Los tres empezaron a pensar en como había empezado ese "hechizo". Desde que tenían memoria habían tenido el mismo sueño, el mismo día, y siempre, los mismo hechos. En sus sueños, una mujer pelirroja era la personaje principal, querían siempre recordar todo el sueño, pero nunca podían, al despertarse el sueño se esfumaba y nunca recordaban nada, solo pequeños fragmentos de peleas, ninguno podía creer que sus padres pudieran luchar así. Escocia, Gales y Norte de Irlanda luchaban por aquella chica con dos personas, una bruja y su secuaz. Lo poco que recordaban era el final, cuando Escocia posaba su mano cerca de la cabeza de chica y aquella chica se desmayaba. Ellos no sabían que significaba eso, ¿era una creación de sus mentes? Era imposible, por cual su conclusión fue que era un hechizo, no sabía que solo era el recuerdo de un pasado demasiado lejano. Al final, terminaron creyendo que aquella chica había muerto, por lo cual, la única que quizás sabía que significaba todo ahora estaba muerta. Durante años los tres se habían dedicado a buscarla, o en todo caso, buscar a su espíritu, la materia muere, el alma perdura, si tenían suerte, quizás podrían contactarla. Su misión de búsqueda con el tiempo terminaron volviéndose unas "vacaciones de sus padres" como ellos dirían.

Habían huido de sus padres al no tener una real respuesta a ese sueño. ¿Qué pasaba?, si tenían un sueño los tres al mismo tiempo, entonces ¿no era eso un hechizo? Los que estaban "embrujados" buscaban a aquella chica de sus sueños y buscaban el modo de recordar su rostro.

La vida era triste por no tener una madre...

Wallace estaba seguro que aún podía recordar bien a aquella mujer pelirroja de sus sueños. No había una madre, pero sí una "niñera". La recordaba sí, pero cuando trataba de describirla, no podía, su imagen se iba de su mente; solo en la noche cuando dormía, podía verla, esa sonrisa dulce, la veía con el vientre algo abultado, ¿estaba embarazada? ¿Qué habría pasado con ese bebé...? A veces recordaba estar junto a otro bebé, por momentos creía que quizás era Saith ¿sería? TEnía el cabello marrón, aunque, sonreía mucho... no, no podía ser Saith... Por todos sus sueños empezó a creer que "su niñera" quizás había traicionado a su padre y a sus tíos, y por eso, había sido asesinada. No lo sabía, no estaba seguro, pero por ahí iban sus pensamientos. Los tres tenían esa misma idea. Wallace realmente deseaba saber quien era aquella mujer que lo había cuidado con tanto cariño de pequeño.

Por solo recordar a alguien que trató de llenar ese vacío...

Si es que Wallace lograba recordar su rostro, Saith podía recordar su voz. Recordaba que ella le decía Llewellyn, siempre que estaban solos ella lo llamaba así, había también un bebe pelirrojo ¿Wallace quizás? Cuando estaban con aquel bebé ella le decía Saith, era por facilidad quizás. No estaba muy seguro de las cosas, de la vida, pero su voz... su voz, su canto, eran muy bellos, no podía evitar sonrojarse pensando en aquella voz, quería oirla, quería oirla una vez más, pedía a alguien que por favor le devolvieran el recuerdo de ese canto...

O no tener ningún recuerdo.

Por su parte Ian no podía recordar nada. Era el menor, esperaba que por eso no la recordara. Realmente deseaba poder verla, aunque sea una sola vez en su vida... ¿Cómo sería? ¿Sería tan bella como sus hermanos la describían? ¿Tendría esa voz tan melodiosa? Deseaba darle un abrazo, no importaba si fuera ya un fantasma, quería darle un abraso y por fin... saber su nombre.

-Ohh, ¡un gato negro!-gritó Saith mientras lo veía fascinado en medio de toda la niebla que poblaba el lugar. Le gustaban mucho los gatos de ese color, eran un reflejo de su vida, oculto, poco aceptado, negado, solo para que su padre no estuviera en problemas; por eso, cuando Wallace le dijo la idea de fugarse y buscar a aquella bruja que los hechizó con ese sueño y al espíritu de su niñera para saber toda la verdad respecto a sus respectivas madres, no dudó ni preguntó y al primer segundo se fue con ellos.

-Diablos, se metió en nuestro camino, mejor vallamos por otro lado ¿si?-Dijo Ian.

-Tiene razón, vámonos-dijo Wallace quien no quería tener mala suerte.

-Pfff, por favor-se rió Saith.- ¡Aidan!-Gritó con su típico "grito de guerra". Aidan era el nombre de un santo que significaba "pequeño fuego". Desde que era niño siempre le había gustado decir esa frase en todos sus ataques.

-¡No Saith!-gritaron sus dos primos. Pero era tarde, al milisegundo una gran explosión había ocurrido.

Al dispersarse el polvo y humo Saith logró ver la ropa de sus primos por completo negra, el cabello afectado por la explosión y por último, al gato negro irse por otro lado.

-Maldita sea Saith, ¡Te dije que no lo hicieras!-Le gritó Wallace.

-Diablos, nos meterás en problemas…-se resigno a suspirar Ian.

-Por favor, esto no es nada, ¿se acuerdan lo que pasó el Londres?

-¡No nos lo recuerdes!-Le gritaron Wallace e Ian.

-Ok ok, si no quieren, no es mi problema maricas.-Wallace estaba a punto de replicarle que no insultara pero de repente oyó sirenas, era la policía.

-Diablos, ¡huyamos!-Gritó Wallace.

-¡¿Sabes que siempre que nos vamos de un pueblo pasa esto?!-Replicó Ian cansado de todo lo que pasaba, era típico que al irse de algún lugar, todo terminara en una explosión, cortesía de Saith.

-Pero vamos, ¿a poco no es el gran final que merece un pueblo al perdernos? Jajaja-dijo Saith corriendo mientras a la vez se reía.

Luego de muchos minutos de correr se cansaron y pararon, habían llegado a un campo de cosecha, la policía nunca los vio para su suerte, pero aún así se habían atrevido a correr mucho más de lo imaginable.

-¡Tonto Llewellyn!-Gritó Wallace mientras le daba un coscorrón.-Mira que siempre nos metes en líos-lo sacudió lo más fuerte que pudo haciendo que el otro se mareara.

-Ja, pero no me dirás que no fue divertido-le decía Saith algo mareado.

-Oigan chicos, mejor olvídenlo y vámonos, recuerden que nuestra anterior pista nos llevaba aquí, a Irlanda. Busquemos esa capilla, ha de estar cerca. En Londres, antes que Saith casi destruyera la biblioteca, lo había encontrado, una noticia de la capilla, de un extraño fenómeno metereológico y claro, la imagen idéntica a la capilla de sus recuerdos.

-Si…supongo que tienes razón.-Dijo Wallace quien dejó de sacudir a su primo y lo soltó.

-Bueno, creo que sí, tienes razón, apurémonos- dijo Saith quien de inmediato empezó la marcha.

Los tres primos empezaron a caminar, buscaban aquel lugar de sus sueños. Caminaron un rato más cuando de repente pasaron campesinos con algunos rebaños de ovejas.

-¡Oye mira Ian!-dijo Saith-¿A poco no es como lo que nos decía tu papá?-Saith no le gustaba aceptar que AMABA las ovejas.

-¿umh? ¿De qué hablas?

-Pues ya sabes, eso de que él tenía esas competencias con su hermana Scarlett.

-Ah… te refieres a eso… ¡sí, en verdad, el ver todas estas ovejas me hace pensar en eso! jeje.

Wallace recordó un poco toda esa historia, siempre sus padres le habían contado sobre todo lo que hicieron de jóvenes, una de sus historia favoritas siempre había sido la famosa "pelea de ovejas". Era un juego simple, El papá de Ian, su tío Dylan, junto con su tía Scarlett peleaban de jóvenes, según su padre, cuando desataban sus poderes, usaban lo que estuviera a la mano para pelearse. Una vez se habían peleado en un gran campo lleno de ovejas, esa vez, a las ovejas que encontraban las convertían en piedra y se las lanzaban. Siempre peleaban por ver quien era el mejor irlandés, y siempre quedaban en empate ...o la chica ganaba.

-¿Te imaginas? No puedo pensar en el tío Dylan furioso y jugando a tal juego jajaja.

-Y luego ¿se acuerdan como nos decían que ambos tenían que pedir disculpas a los granjeros por la pérdida de sus ovejas? Jajaja papá siempre era el más afectado pues todo ocurría en Gales jajaja.

-Si jaja.-Se rió Ian.

Luego de recordar esos cuentos decidieron tomar un descanso, con sus poderes los tres primos creaban alguna comida que quisieran y comían a gusto. No tenían dinero, por lo cual siempre terminaban haciendo eso. Era eso, o mendigar, pero para su mala suerte... no había gente cerca.

-Ven, vamos pequeño Cadwaladr, vamos, come-le dijo Saith al pequeño dragón que siempre iba en su cuello.-Vamos, los pequeños dragones tienen que comer.-Le dijo de manera cariñ los dragones siempre mostraba ese lado dulce que con los humanos escondía. Él sentía que solo ellos lo comprendían y llegaban a ver el interior del alma real de la gente. Eran los únicos que tenían el derecho de ver todos sus sentimientos.

-Es increíble que esa cosa no se muera, ¡no come nada!-Dijo Wallace.

-Ya lo sé, vamos Cadwaladr, ¿por el rey? Vamos anda, que te di nombre de rey, vamos, ¿come si?-Le rogó Saith.

El dragón a pesar de no querer, se puso a comer el pedazo de pan que le ofrecía su amo.

-Bien, ¡está comiendo!-dijo con mucha felicidad Saith.

-Vaya, ojala yo tuviera también algo así para cuidar…

-Por favor Ian, tú tienes leprechauns, y yo tengo a la hija de Nessi. Vamos, no estamos solos.

-Sí, quizás, pero recuerda que no son como mascotas, son amigos, pequeñas personitas con su propia vida.

-Hey, Cadwaladr no es mascota, ¡es amigo!

-Si si.

-¿Y que hay de ti? ¿Tuviste mucho miedo que tu "mini-nessi" no quisiera acompañarte?-le dijo en forma de desafío Saith.

-Saith, tu y yo sabemos que necesitaba agua y pues no veo suficiente agua por aquí para que viviera tranquila ¿no?- le gritó mientras agitaba los brazos.

-Aún así, si la querías tanto debiste de crear en uno de tus agujeros negros un lago y así poder mantener sus ansias de nadar.

-Ya te dije, eso no es vida… La pobre se hubiera muerto de ansiedad o algo así.

-Si si…como digas señor.

-Ah… ¡¿Cuándo dejaras de ser un inmaduro?!

-¡¿Qué?¡ ¿inmaduro yo? Vamos, pues te demostraré cuan inmaduro soy.- De inmediato se paro e hizo aparecer pequeños dragones de fuego cerca de él.

-¿A si? ¡Pues quiero verlo!-Wallace también se levantó y el cielo de inmediato se puso más negro de lo que estaba.

Ian poco a poco se aburrió de sus absurdas peleas, era típico que por alguna razón tonta ellos se terminaran peleando. Se puso a ver su collar de moneda de oro que le habían regalado los leprechauns mientras los otros dos seguían aún insultándose. Pensó en lo curioso que era que él a pesar de ser el menor, quizás era el más maduro de los tres. Entre las explosiones y los rayos, solo se resignó y suspiro. A veces lo aburrían.

Entonces, se dio cuenta, un ave fénix se dirigía hacia ellos.

-Oigan chicos.-Los dos primos dejaron de pelearse y miraron en dirección hacia donde miraba su primo menor-¿es un fénix?

Los tres chicos solo vieron a tal ave volar hasta ellos. Ian dejo que el ave se posara sobre su brazo derecho y lo miró, tenía un mensaje en una pequeña mochila amarrada a su lomo. Se lo quitó, y de inmediato, el ave voló en dirección opuesta a ellos.

-¿Y qué dice Ian?-preguntó Saith.

-No lo sé, vengan-les llamó Ian y los tres empezaron a leer.

Al cabo de unos segundos, no podían creerlo, la carta cayó de las manos de Ian. Su rostro era el más afectado de los tres.

-Ellos... papá...-decía muy asustado Ian.

La carta había sido solo una invitación, pero el suceso que iba a suceder era algo demasiado grande, ¡era imposible que eso sucediera!

-Nuestros padres... se casan...-Sentenció casi en un susurro Wallace mientras Saith sentía miedo en su corazón e Ian sentía el más grande susto de su vida, el horror se veía en sus miradas.


Luego de un viaje hacia el norte de Irlanda, ya pasado un mes, los tres chicos llegaron a su destino.

-No puedo creer que hayamos llegado...-Dijo en un susurro Saith.- ¡Esto es absurdo!-Gritó en voz baja.

-Lo mejor es seguir, la casa está cerca-Dijo Ian algo tres chicos continuaron con su camino, ya había pasado un mes pero, los dos primos menores, especialmente Ian, estaban pasando por una depresión.

Mientras pasaban por las calles de la ciudad de Belfast, capital de norte de Irlanda, a cada uno de los chicos se les revolvían algunos recuerdos.

Los tres chicos desde muy pequeños habían sido cuidados por nanas o mujeres desconocidas. Siempre había en sus recuerdos algunas mujeres. Los cuidaban y de alguna manera los querían. Quizás algún rostro se había vuelto más significativo y querido que otro, pero siempre todo acababa igual. Aquellas mujeres se iban. No importaba cuanto quisieran a alguna, aquella persona siempre terminaría lejos de ellos con el paso del tiempo. Cada uno tuvo su preferida, pero al final, no valía la pena encariñarse, siempre iban a terminar solos. Los tes recordaron esa conclusión fugaz a la cual llegaron cuando niños, las niñeras y mayordomos siempre fueron juguetes, un juguete cuando se rompe o se pierde se lo reemplaza, eso pasaba con sus niñeras. Ninguna chica duraba mucho, o moría o era despedida luego de un tiempo. Se notaba que sus padres no entendían que querían una especie de constancia con alguna de esas mujeres, querían que alguna de esas personas fuera como "un reemplazo" a la madre que nunca tuvieron sin saber si quiera el porqué. Les recordaba todo eso a su primera niñera. A la mujer pelirroja de sus sueños.

En medio de la lluvia, los tres hermanos empezaron a recordar algunas cosas. Entre estas, la explicación a sus odios respectivos a sus padres.

Ian empezó a recordar a una de sus tantas niñeras. Era una chica muy amable, pero si se portaba mal, de inmediato lo castigaba. Recordó que un día cuando habían decidido, por decisión del menor, limpiar el gran sótano,habían encontrado unos tres cuadros. Él sabía bien que estaba prohibido aquello, pero, la curiosidad de su mente aún pequeña lo obligaba a ver que había más allá de su mundo. En aquella habitación los bellos cuadros mostraban a tres hermosas mujeres. De manera inocente le pidió a su nana que le ayudara a subirlas, las imágenes eran bellas, ¿acaso su padre le prohibía aquello por esos cuadros? ¡Eran bellos! Debían salir a la luz... Pero fue un error, su padre al verlas se enojo mucho, y no se enojó con él, se enojó con aquella chica. Nunca más la vio. Al no entender el porqué de su enojo, y el porqué la despedía a ella si él era el que había sacado las pinturas, se juró buscar una explicación a todo y a nunca confiar en su padre. Todo había sido solo un dulce gesto por parte de él, pero su padre no quiso oír explicación alguna, ahí entendió lo fácil que era reemplazar a las personas y lo malo que podían ser las personas, incluso las más cercanas. Lo que él nunca se dio cuenta fue del gesto dolido que había en rostro de su padre por pensar en el amor, temía sufrir de nuevo, y esas pinturas le recordaban a una persona que estaba viva y muerta a la vez.

Llewellyn también empezó a recordar algunas cosas, de alguna manera el volver a ver a su padre lo perturbaba. Su dragón al sentir su inseguridad se acurrucó mejor en su cuello. Al sentir eso sonrió y recordó como lo había obtenido. Ese dragón fue un regalo, su padre al ver como él quería tanto a Gochi un día en uno de sus tantos cumpleaños se lo dio como una sorpresa. Al principio estaba muy feliz, era un dragón sumamente bello. Sus alas era de un color verde al igual que su cuerpo, pero la cabeza y la cola tenían un bello color azul, de alguna manera era como sus ojos y los de su padre. Durante muchos años ese dragón fue su mejor amigo, al principio recibió el nombre "Newyd", al igual que Gochi recibía su nombre por Rojo, su dragón lo recibía por verde "gwyrdd" y celeste "nefol". El nombre le había gustado pues también significaba algo como congelado y ese nombre sentía que le quedaba al dragón, pues además de los colores, tiraba hielo. Era el opuesto a Gochi, el era fuego, su dragón hielo. Podía contar siempre con él, si sus primos no estaban podía jugar con él. Entonces, recordó lo que pasó un día, el día en que le perdió el respeto a su padre y no sabía ya que era la amistad y el amor. Empezó a pensar en ese día, era un día lluvioso, su niñera y él estaban dibujando. Recordó que aquella chica siempre había sido algo problemática, se desesperaba a veces por alguna tontería, era errática y su padre no lo sabía pero necesitaba medicamentos constantemente, pero siempre se atrevía a mostrarle una sonrisa, le sonreía con el alma y le decía las cosas directamente. "La honestidad y una sonrisa sincera es lo que le puedes dar al mundo y siempre debes de hacer, aunque no te la devuelvan" ya una vez le había dicho. Sin quererlo se había robado su corazón, él se había enamorado de ella, no sabía que hacer, solo le sonreía, deseando ver esa dulce sonrisa una vez más. Entonces recordó que un día lluvioso ambos empezaron a hablar de mitología, amaba hacer eso pues él a diferencia de ella podía ver a todos esos seres y decirle que opinaban realmente, la chica siempre había creído que era una ilusión de la pequeña mente de aquel niño, le gustaba oir todo lo que él le decía, era muy imaginativo y creativo. Entonces, en aquel día frío le dijo que había una manera de viera a los seres mágicos como él, la llevo a la biblioteca de su padre, y ahí, de entre los tantos libros buscó el hechizo. En galés, empezó a recitar un hechizo, pero nunca logró culminarlo. El hechizo salió mal, el círculo de luz que había creado bajo los pies de la chica se la había tragado, unas sombras no la dejaron huir y él descubrió con dureza que en un hechizo tenías que ser preciso en la pronunciación. Una palabra errónea… podía ser mortal. Ese día, cuando su padre llegó, le rogó que la trajera, que algo había salido mal, que quizás había desobedecido sus órdenes de usar magia frente a los humanos, pero que por favor no la dejara morir y que se la devolviera, con lágrimas en los ojos le rogó eso. Lo último que recordaba de ese hecho era como su padre le acariciaba la cabeza y le decía "tengo trabajo, perdón". Ese día juró nunca más mostrarle cariño a alguien, si quería a alguien, le pasaría algo así. La gente con poderes no podía amar a alguien, la magia se la quitaría. Ese día también su dragón dejo de comer, sentía esa sensación de soledad y tristeza de su amo. El mundo se volvió gris y no, sonreírle al mundo no iba a cambiarlo. Llewellyn ni por un momento pensó en que su padre se preocupaba demasiado por la situación, que si es que liberaba a aquella chica, si es que continuaba viva, ella se atrevería a decirle al mundo sobre sus poderes, él mundo no debía saber sobre eso aún, no estaban listos; y aunque se sintiera mal por aquella pobre joven, no podía realmente hacer algo, había pasado mucho tiempo desde que pasó el hechizo. Podía borrarle la memoria si es que deseaba, pero era probable que nunca la pudiera sacar de aquel hechizo. Era imposible. Se lamentó por siempre por no poder hacer nada...

Por último, la última persona que se perdía entre sus pensamientos en esa ciudad lluviosa era Wallace. Durante mucho tiempo había temido el volver a ver a su padre. Recordó el porqué había desde hace mucho tomado la decisión de irse de casa. Muchos años antes, cuando aún era un niño, empezó a tener un sueño, el mismo sueño que lo atormentaba cada mes. Recordó como fue su primera vez, se había despertado sudando, muy asustado y sin saber que hacer, corrió en pijama hacia el lago Ness. En la orilla empezó a tirar algunas piedras. No estaba seguro de que podía hacer, era un sueño muy vívido y no sabía si comentarlo con su padre, esperaba a que Nessi llegara para poder recorrer el lago en su lomo, eso lo relajaba mucho. Aprovechando la niebla lo harían y así quizás se despejaría su mente. Entonces, en la orilla conoció a un joven, era como dos años mayor que él. El chico al verlo le preguntó que pasaba y desde ese día ambos entablaron una amistad. Siempre se veían en la orilla del lago, de alguna manera se volvieron como hermanos, se ayudaban, discutían y se divertían. Él lo veía como una figura a seguir, justo como un hermano. Pasaron algunos años y esa persona creció mucho, a diferencia de él que no había crecido más que en apariencia unos meses, siempre andaba ahí el misterio, el humano se preguntaba si sufría algo, muchas veces le había dicho que si era un espíritu fácil podía decírselo; Wallace siempre lo negó. Entonces, un día, una guerra llegó. Los escoceses no tenían nada que hacer en esa tonta guerra, pero como albergaba a todos los países del mundo, no había opción. Wallace al enterarse de aquello le rogó a su padre que no lo hiciera, que convenciera a su hermano Arthur a no entrar en esa guerra. Pero nada sirvió ¿Acaso su padre no tenía corazón? Lo último que recordó de aquel chico fue como se despedía de aquella chica que amaba, aún estando la chica embarazada, le dijo adiós por última vez a esa persona y al hijo que nunca conocería. Al año siguiente le llegó la noticia de la muerte del chico. Nunca perdonó a su padre por haber destruido esa familia. No llegó a entender, o no quiso pensar en que su padre lo hacía para proteger a su propia familia.

La lluvia se detuvo para su felicidad.

Los tres chicos continuaron caminando hasta que llegaron a la, un tanto alejada, mansión de Norte de Irlanda.

-Bien…-Saith empujó a su primo hacia la puerta de la reja de la mansión.-Es tu papá, tú empieza.-Le dijo fastidiándolo y temblando sin querer.

Ian suspiró sin saber que hacer, no quería entrar, odiaba de alguna manera a su padre por tal extraña noticia y no estaba seguro que hacer.

-Saben, mejor olvídenlo, yo tocaré el timbre ¿bien?

-si.- dijeron los dos primos a Wallace. Se sentían demasiado nerviosos. Al principio Wallace iba decidido, pero cuando estaba a escasos milímetros, le entró la duda, su padre estaría ahí, no quería verlo, tenía algo de pánico. Sus primos no le decían nada pues tampoco querían entrar.

De repente, sin que se lo esperaran, las puertas de la enorme reja se abrieron. Los tres chicos sin querer empezaron a temblar.

Wallace tomó valor y empezó a caminar hacia la puerta, el segundo en armarse de valor fue Ian. Saith no tenía el real coraje para entrar, solo se quedó ahí.

-Saith,¿ qué pasa?-preguntó Ian.

-ehh… ¿yo? Nooo, nada pues, solamente, eh …admiro el jardín tuyo jajaja-Le respondió.

-¡Vamos Saith! No es momento de estos juegos inútiles, tenemos que ver que pasa, ya sabes, esos tres, ¿casados…?-Le dijo Wallace, recordándole que ese día conocerían a esas tres personas que serían las esposas de sus padres.

-ahhh-suspiró-Bueno, si insistes…-le respondió haciendo un puchero.

Los tres chicos entraron a la gran mansión, en ese lugar también sería la boda.

-Bueno, aquí estamos-dijo de manera nervioso Wallace.

-Sí, ya lo veo-dijo Saith riéndose de manera nerviosa

-Vamos chicos, terminemos esto-Les dijo para su sorpresa el menor de ellos.

Los tres chicos continuaron hasta llegar al comedor. Ahí, en ese lugar los vieron, eran sus padres.

-Hola papá-se atrevió a decir Ian. De inmediato, los padres fueron en su dirección, pero de inmediato Wallace les habló.

-Papá, tíos, sólo estamos aquí por lo de la carta, dígannos, ¿Realmente se casan?

Los tres padres se sorprendieron, vaya que fueron al grano, y pesar de que los habían extrañado y que aunque sea querían mínimo un abrazo, sabían que ellos ya eran jóvenes y que tenían sus propios asuntos.

-Sí-dijo con valor Scott, le era difícil decirle algo tan directo a su hijo.

Por un momento el cuarto se llenó de una atmósfera pesada y un silencio los albergó. Thomas estaba a punto de decir algo pero de repente su hijo lo detuvo.

Saith se dirigió hasta su atónito primo mayor y lo empezó a jalonear como un niño.

-¡Wa-Wallace!

-¡Sa-Saith!

-Wallace, papi se casa-dijo casi lloriqueando.

-Ya lo sé, el mío también- Le dijo a la vez lloriqueando

-¡Ahhh!-empezaron a decir los chicos imitando un lamento, haciendo que sus padres se avergonzaran, a pesar de los años fuera de casa, eran los mismos niños de 16 años que se habían fugado, quizás aparentaban ahora 18 y 17, pero eran iguales, o incluso, parecían de menor edad, parecían niños pequeños, no habían cambiado mucho para su alivio.

-Chicos, ¡no se comporten como niños!-De repente les dijo Ian haciendo que se separaran.-Vamos, es momento de ponerse serios.

-Ok...- dijeron los dos primos con caras llorosas.

-Papá, nosotros solo vinimos para que nos aclaren eso lo de su boda, solo dígannos que pasa, quienes son las tres chicas y listo, nosotros tenemos cosas que hacer.

-Te refieres a buscar a esa que les "hechizó"-Preguntó Scott moviendo sus dedos al decir la palabra en comillas.

-Sí-respondió Wallace un poco incómodo.

-Chicos, ya les dijimos que no existe tal hechizo, por alguna razón que no entendemos ustedes pueden compartir sueños, esa búsqueda es inútil. Se lo dijimos hace muchos años, y se lo volvemos a decir hora.-Les dijo de manea comprensiva Thomas. Quería que su hijo y sus sobrinos se quedaran con ellos, los querían y los extrañaban mucho.

Los tres chicos sabían que era una mentira, a pesar que sus padres los intentaran convencer, era mentira. Era imposible que sin algún hechizo compartieran ese raro lazo. Habían cosas muy extrañas, además no solo buscaban a esa bruja, sino que también deseaban encontrar a sus madres. Deseaban saber que en algún momento tuvieron cada uno una madre que los amó.

-olvídalo Thomas, son tercos, lo heredaron-Ian se refería a Scarlett.- Mejor presentémoslas.

Los tres padres se dirigieron hacia la habitación continua, tenían algo de miedo, pero debían mostrarles a sus hijos aquellas personas destinadas a ellos. Y a pesar que deseaban abrazarlos, sabían que era imposible pues ellos ya eran hombres, quisquillosos y aniñados, pero hombres.

Mientras los tres chicos entraban, empezaron a oír algunas voces.

-Calma Amanda, ven y míralos, es sólo una rato.

-Pero Alison, es que, esto me complica la vida…

-Chicas, vamos, mostremos madurez ¿ok?

-si si-Dijo Amanda algo enojada pero con mucha inseguridad en su corazón.

Los tres más jóvenes entraron en la habitación sin previo aviso. Adentro las tres hermanas estaban con sus respectivos novios.

Las tres hermanas miraron a aquellos jóvenes y los novios se enojaron con sus hijos por tal intromisión sin previo aviso.

-¡Good afternoon!-De inmediato gritó Alison. Quería mostrarles a los tres chicos confianza.

-Calma Alison.-Le dijo su hermana quien se paró y se dirigió hacia Ian. Al estar cerca de él lo examinó, era idéntico a Dylan y a Scarlett. Le extendió la mano a modo de saludo. Ian al verla, no pudo creerlo, esa chica era… era… . De inmediato apartó la mano de la chica y se dirigió hacia la salida.

-Padre… esto es asqueroso.-Dijo antes de irse. Sus dos primos sentían algo parecido, se sentían horribles y preocupados a la vez por el menor.

-Creo que nos quitó las palabras de la boca-dijo Saith antes de irse, su rostro mostraba un poco de tristeza.

-Papá... ¿realmente tú…?-Se atrevió a preguntar en voz alta Wallace antes de salir. Se calló sin saber que más decir.

Los tres chicos no esperaban eso.


-¡Hey! ¡Ian, deja de correr!-Gritó Saith quien perseguía corriendo a su primo.

Wallace se separó de ellos y se dirigió al jardín y se sentó bajo un árbol. Trató de pensar un poco en todo.

Había empezado a llover, no sabía si su tío estaba triste o algo así, quiso ignorar todo eso y pensar ¡¿cómo era posible que sus tíos y su padre se hubieran enamorado de sus sobrinas?! La idea lo dejaba confundido y alteraba más sus pensamientos sobre su padre.-Recordó las cosas que había pasado con él, desde que era niño hasta que se fue; no podía creer que su padre se estuviera casando con una de las hijas de su hermano Arthur. Recordaba que siempre de alguna manera le había dicho que los ingleses eran crueles. Su mismo nombre, Wallace, se lo recordaba. ¿Cómo era posible que ahora se casara con alguien así?, pero el problema no era en tanto que fuera inglesa, el problema era que eran FAMILIA. Se sintió mal, nunca antes pensó que ese tipo de cosas pasaran, al menos no con sus padres.

Estaba mirando hacia el suelo con sus piernas pegadas a su pecho cuando sintió como las gotas dejaban de caerle. Miró de frente, aún llovía; entonces miró hacia su izquierda y la vio, era la prometida de su padre, tenía un paraguas.

-Haló-Le dijo la chica.

-No insultes el escocés idiota…-le dijo Wallace. Quería irse, pero entonces la chica se sentó a su lado y empezó a charlar con él debajo de ese paraguas.

-Oye, sé que no me conoces y puedes estar enojado conmigo, pero si es que me das la oportunidad yo….

-No creas que lo haré…. Si es que crees que me atreveré a darte una estúpida oportunidad, te equivocas. Se nota que aún eres una niña.-Le miró enojado.

-ahh-suspiró.-Ya veo…, pero, a pesar de todo, quiero que lo sepas, amo a Scott, no importa que digas tú o mi madre. Ojalá que cuando nazca mi bebe, te atrevas a visitarlo.

-¿Ah?-La miró y de inmediato miró hacia su vientre. Se veía normal, pero dudó y entonces le pregunto.- ¿Estás embarazada?-Terminó por preguntar.

-Sí-le dijo Alison feliz.


En otro lado, Saith por fin detenía a su primo, habían corrido quien ya sabe cuantas calles, estaban empapados.

-Ian, ¡que tonto!-le replicó Saith.

Ian solo apretó las manos enojado y triste ¿su padre se había atrevido a meterse con aquella chica? ¿Con un familiar? ¿Con alguien menor incluso que él? Pero, en parte lo sabía, recordaba aún las pinturas del sótano de la casa de su padre. Se sintió mal, él siempre había creído que esas pinturas solo predecían la llegada de las hijas de Arthur, no que aquellas chicas iban a ser las esposas de su padre y tíos...

-Oye… sé que te pone triste el pensar en que se casan, más aún con un familiar y eso… -el mismo se sentía asqueado- Pero, somos primos ¡al diablo sus vidas! Lo que importa es que por fin pues nos dejaran de fastidiar y eso, que se ocupen de esas tipas-dijo tipas por no insultar.- ¡somos libres!-Gritó con felicidad Saith tratando de buscarle un lado bueno a todo.

-Es que… no te diste cuenta ¿no?-preguntó Ian con la cara llorosa a su primo.

-¿Ah…?

-Las tres chicas... están embarazadas…-Le dijo Ian con una mirada triste.

Saith abrió cuanto pudo los ojos por la sorpresa y un escalofrió recorrió todo su cuerpo.


-Ahhh-Se levantó dando un gran bostezo.

Se sentó en la cama y recordó, ¡ese día sus tres hermanitos se casaban! Se alegró por ellos, corrió al baño, se cambió, se peinó y empezó con los arreglos para el regalo.

Llamó a su jefe y le dijo que ese día se lo autodejaba libre. Alegó que no la necesitaban, que si es que pasaba algo sumamente urgente volvía, pero que hasta ese momento no la fastidiaran.

Empezó a buscar su vestido. Era un vestido coqueto, azul y algo brillante. Era bello, con pequeñas tiras, y cortado en la parte derecha, pensó que estaba lista para la acción y empezó a reírse de manera pícara.

Empezó a recordar como con sus hermanos se había divertido de niña. Era algo triste el pensar que se casaban. Entonces, lo pensó, su edad era mayor, pero a la vez, nunca se había enamorado. Empezó a hacer pucheros y a jugar frente a los espejos. A modelar y a juguetear. Le gustaba pensar en su juventud aún presente. Empezó a reírse, le hacía gracias todo eso.

-Se casan... Bien chicos-susurró Scarlett mientras sonreía de felicidad.

Se metió al jet privado y al pasar los minutos llegó.

Ella siempre había querido organizar algún tipo de festividad así, una boda era algo único, más aún si era la de un país.

Llegó al aeropuerto, se metió en su limosina y luego de unos minutos llegó a la casa de su hermano Dylan.

Caminó por toda la mansión y empezó a examinarla, vaya que era igual de hermosa como en sus recuerdos. Al continuar caminando por ese lugar vio un gran destrozo, y no sólo era uno, ¡eran muchos! Se extrañó pero continuó con su camino, ya luego le replicaría a Dylan.

-Bien, ¡llegó por quien lloraban!-dijo mientras entraba a la habitación donde estaban las tres parejas.

-Oh, ¡hola Scarlett!- sonrió Alison y se dirigió a ella para saludarle. Le dio un beso en la mejilla y le empezó a hacer un montón de preguntas mientras le decía que se veía muy bonita como siempre.

Scarlett esperaba ver el avance de sus hermanos. Para su desgracia no sentía que hubiera mucho avance, faltaban rosas, bocadillos y demás. Scarlett al ver todo eso pensó en que vaya que sus hermanos la necesitaban más de lo que ella creía.

El tiempo pasó y cuando por fin los cuatro "hermanos" estuvieron a solas, Scott, Thomas y Dylan la reprocharon.

-Scarlett, ¿Qué te dijimos de venir?-Empezó con el reproche Scott.

-Cierto, hermana, te dijimos que no lo hicieras…-Le replicó Thomas.

-Scarlett…-Se dedicó a lanzarle una mirada Dylan.

-Ahhh, es increíble que me traten como niña ¡yo soy la mayor! Vamos, ¡¿Qué hay de malo en que su hermanita les ayude en los preparativos?! Malditos, primero oculto sus cochinada con sus sobrinas, y luego no quieren ayuda, no sé pasen…-Les dijo Scarlett entre enojada y haciendo un puchero. Los chicos los recordaron y se sonrojaron.

-Scarlett, vamos, es nuestro deseo, y lo debes respetar.-Le dijo por último Scott.

-Umh…-luego de unos segundos de pensar, Scarlett tuvo una idea.-¡Esta bien! Entiendo, si no quieren que esta vieja venga, ok-dijo de manera dramática- Pero, luego no me acusen si no reciben sus súper irlandeses regalos-le dijo guiñando un ojo y se dirigió a la puerta. Antes de salir los miró.-Suerte-Les dijo y les sonrió de manera sincera solo para luego salir por la puerta.

Vaya que no le gustaba como sus hermanos no la querían ver ahí "por miedo a que ella lo arruinará". ¡Ella no haría algo así! ¡Nunca lo hacía!-De repente empezó a pensar en como se embriagaba, era tan ebria a veces…. Por alguna razón pensó en que quizás sus hermanos tenían una razón comprensible para ello.., pero aún así, era injusto.

Pasaron horas en las cuales ella anduvo divagando de bar en bar, no tomaba nada, pero pasaba el rato riendo con cualquier chico y bromeando.

Y entonces, al ver la hora, se apresuró y salió corriendo del bar. Le hizo una broma a todos los chicos de ese lugar diciendo que al igual que una doncella, tenía que partir y alejarse de amado, pero que no se preocuparan, ella volvería, y que claro, ella no era tan inocente como aquellas doncellas... . Se fue dando un beso volado y se dirigió a su destino.

Al pasar los minutos la vio, la mansión donde se llevaría a cabo la boda. Sabía que en la entrada habían guardias, pero a los costados, por la altura de las paredes, no había seguridad, quizás cámaras, pero de ahí nada más.

Corrió sin importarle la altura, hizo crecer unas ramas en sus pies y al saltar, calló de puntas al estilo de una gimnasta. Se alegró que los tacos de sus zapatos no se rompieran y continúo.

Lo había logrado, ¡había entrado en la mansión!

Se limpió el polvo que quizás podía tener y comenzó a correr hacia una de las ventanas. Miró hacia todos lados y entonces entró por una ventana abierta. Al llegar perdió el balance y cayó, se acomodó lo más rápido que pudo el cabello su vestido y de inmediato empezó a sonreír como nunca. Estaba perfecta como siempre.

Empezó a caminar por entre los salones de la gran casa. Recordó que muchas veces había pasado ahí junto con Dylan. Era increíble pensar que en algún momento fueron jóvenes, que ahí había aprendido a bailar, sonreír y vivir. Bajó el rostro pensando en todas las cosas que había pasado con sus hermanos y entonces lo vio, en el suelo había algo así como una hoja rota de un periódico doblada. La levanto extrañada y enojada pensando en que el lugar debía estar limpio y pulcro para la boda y empezó a caminar. Mientras caminaba empezó a desdoblarla y al mirar una de las caras, con un montón de letras que hablaban de Inglaterra empezó a pensar que quizás le pertenecían al cejón ese, pero entonces, cuando miró hacia la otra cara y se sorprendió, empezó a temblar sin saber porque. En la hoja podía ver una foto antigua, había una especie de catedral con un árbol algo cercano. El paisaje era bello, las nubes, a pesar de que la foto era en blanco y negro aún mostraban la hermosura del color que en algún momento tuvo. Pero de alguna manera la reconocía, era como si hubiera estado ahí, quizás… en algún sueño…

Se dejó de preocupar, trató de olvidar todo mientras caminaba. Llegó hasta el salón principal. La gente la empezó a saludar. Se acercó a una de las mesas y cogió una copa. Intentó disimular el gran dolor de cabeza que poco a poco la invadía. Se apoyó con una mano en la mesa de bocadillos. Empezó a cogerse la cabeza y la copa que tenía en su mano derecha se cayó. Empezó a perder la fuerza en sus piernas y cayó arrodillada. Entonces, empezó a perder el contacto con la realidad. Veía a la gente moverse de manera rápida. Pero era raro, por momentos sentía que estaba en el salón donde se casaban sus hermanos, luego, al pasar alguna persona, lo veía, el escenario cambiaba y de repente estaba en una capilla. Miró hacia donde sus hermanos estaban en la realidad, y podía verlos, ellos tenían un hilo rojo en sus meñiques los cuales se unían a los de sus prometidas, pero a la vez tenían uno roto. Al caer de nuevo en la ilusión, solo podía ver a aquellos hilos rojos antes rotos, estos se unían a su meñique.

Entre el gran dolor de cabeza y el tumulto que poco a poco empezó a rodearla, empezó a recordarlo todo.

Eran pequeños pedazos de recuerdos, emociones colores y sabores llegaban a su memoria. Todas y cada una de ellas le mostraban cosas demasiado extrañas, cosas desconocidas. Primero veía un docel por el cual salía y se encontraba con sus hermanos. Luego, podía verse con cada uno de ellos, entonces, llegaba una mujer de ojos tristes, una bruja con el corazón roto. Empezó a llorar sin querer. Y entonces, antes de sentir el dolor de cabeza más fuerte de todos, los vió, una última lucha para estar con unos tres bebes. Antes de desmayarse por el dolor, los recordó.

-Mis hijos…-pronunció suavemente antes de dejarse caer.

El gran tumulto había atraído la mirada de las tres parejas que habían de comprometer. Las tres chicas con sus vestido blancos y bellos ramos miraron hacia el gran tumulto, las tres les pidieron a sus futuros esposos que por favor vieran que pasaba, podía ser algo grave.

Al minuto, los tres prometidos llegaron hasta donde estaba Scarlett, a los tercer minutos la habían llegado a uno de los sillones, al cuarto, sus prometidas se acercaron a ellos. Al quinto minuto, ese lugar se volvería un caos y ocurriría un desastre.


*flashback*

El día había empezado no como cualquier otro aunque claro, ese era "el día". Sí, era el día más importante de todos, excepto el de ellos.

Los tres se levantaron algo incómodos. Era increíble el pensar que a pesar de que habían camas suficientes para los tres, habían decidido dormir todos juntos. No sabían si decir que era un "Epic Fail" o sí se les había hecho costumbre el dormir juntos.

Los tres se levantaron con pesar, uno antes que otro. Wallace fue el primero en ir al baño, se baño peino y mientras estuvo ahí, no podía creer cuán grande era ese baño. ¡Las pequeñas chozas donde tuvo que dormir con sus hermanos eran más pequeñas!

Al salir del baño se estiró lo más que pudo, le dijo a Ian que ya podía entrar. Ian aceptó. Al salir el segundo le dijo a su otro primo que ya podía entrar, pero era inútil, Saith seguía en esa cama, no saldría de ahí ni en sueños.

-Olvídalo, déjalo disfrutar de una cama blanda. No la ha disfrutado en años.- Por último le dijo Wallace a Ian al final lo dejó tranquilo.

Ambos salieron lo más arreglados posible. Ian incluso se había llevado el cabello hacia atrás.

Caminaron con sus estorbosos "trajes de monos" y se dirigieron hacia sus padres. Los tres habían tomado una decisión. Wallace fue el primero, se acercó a su padre que hablaba muy alegre con su prometida. No pudo evitar sentir asco a pesar del tiempo.

-Oye… ¡viejo!-Le dijo fastidiándolo.- Buenos días…-le dijo alzando la mano.

Scott quiso ignorar el que le haya dicho anciano y le devolvió el saludo. Trató de mirar el lado bueno, al menos ya le hablaba a diferencia del día anterior cuando había llegado.

-Papá, hemos decidido que no iremos a tu boda…- dicho eso, Scott abrió más los ojos muy sorprendido.- Pero no nos iremos, al menos no hoy, hay algo que te debemos preguntar.

-Además, Saith y yo creemos que debemos quedarnos para comer el bufet. Será caro y rico así que por eso nos quedamos-dijo sin nada de pudor Ian.

-¿Era necesario que lo dijeras Ian?-preguntó el pelirrojo menor.

-No te hagas que tú también quieres comer del bufet-le dijo de manera simple y llana.

-Bueno bueno, si aunque sea se van a quedar a comer a la boda, entonces me vale.-Dijo Scott algo enojado y resignado.

-No, nosotros dijimos que no iríamos a tu boda. La cosa es que estaremos en casa encerrados en nuestra habitación. Ahí comeremos lo que queramos.

-¿Pero… entonces no verán la boda?

-Sí, si la veremos, pero no seas tonto, lo veremos desde nuestro cuarto con algunas cámaras.-Dijo Saith quien de repente apareció con su dragón volando a su costado. Aún seguía en pijama.

Los tres chicos miraron hacia Scott y le advirtieron. Esa iba a ser su única oportunidad para que los tres se quedaran en casa. Si no aceptaba, era probable que los tres chicos decidieran fugarse de ahí.

Scott aunque sabía que perdía pues la idea era que justamente todos estuvieran en familia, lo entendió. Quizás todo había sido muy rápido. Aunque, ¡¿quién les mandaba llegar un mes tarde?!

-Está bien...-dijo resignado Scott.

-Bien, entonces, dile a alguno de tus empleados que instalen cámaras y eso. Nos vemos…-dijo su hijo mientras se iba.

-¿Oigan, no van a comer con nosotros?-Los tres chicos no se veían interesados y continuaban con su camino-…¿Ni siquiera van a tomar el té?-Los tres chicos de inmediato se detuvieron. Hacía muchos años que no tenían una buena "hora del té". Por un segundo en los ojos de cada uno de ellos se posaron las lágrimas por la alegría. Al principio Scott creyó que quizás los iba a convencer de comer con todos ellos, pero los chicos de inmediato se miraron y empezaron a correr sin dirección aparente.

Sin que Scott se lo imaginara, los tres chicos habían tenido un plan. Corrieron hacia la cocina lo más rápido posible, se metieron y luego de un conjunto de ruidos que la gente oía desde fuera de ese lugar, salieron con uno de los carritos que usaban las sirvientas para llevar té. Lo estaba usando de coche de fuga. Ahí dentro había desde pan y té hasta bocadillos para la boda y unos exquisitos chocolates que le habían robado de las manos a Bélgica. Estaban demasiado felices hasta que apareció de la nada Suiza en traje de cocinero con su típica arma. Los amenazó en que se detuvieran o disparaba. Wallace al verlo decidió usar su magia. Eran países, no importaba. Abrió un agujero negro justo cuando estaban por chocar con Suiza, y de inmediato reaparecieron por detrás de él. Con su magia Ian empezó a controlar el carrito y lo movió entre curvas y países que por ahí pasaban. Pasaron unos segundo hasta que llegaron a su cuarto. Entonces chocaron de golpe con él en la cama. Los bocadillos cayeron por todos lados mientras el té cayó por toda la cama. Empezaron a reírse como unos niños que acaban de hacer una broma a algún maestro, vaya que no se habían divertido en mucho tiempo. Rieron como nunca cuando entonces vieron a sus padres en la puerta sumamente enojados.

Saith en medio de sus risas se burló de sus caras tan enojadas y con su magia creó un dragón de pólvora. Scott y Dylan al verlo se tiraron al suelo, sabían que como con Thomas el dragón explotaría. Thomas no se inmutó, sabía como eran la explosiones y no le tenía miedo al dragón de su hijo.

-¡Llewellyn! ¡Mira el desastre que has…!-No pudo continuar pues cuando se dio cuenta el dragón de pólvora se empezó a deshacer. Se empezó a caer la pólvora, pero no se desvanecía, al contrario, pudo visualizar a un dragón real; era Newyd, el dragón de su hijo. Se sorprendió y cuando iba a decir algo más, el dragón empezó a votar su famoso fuego azul el cual se congelo al instante. Lo había congelado.

Thomas no podía creer que realmente eso le estaba pasando. Cadwaladr entró dentro del cuarto y de inmediato las puertas se habían cerrado, cortesía por parte de Ian.

Lo último que los padres supieron de sus hijos era que se estaban burlando de ellos.

-¡¿A poco eso no fue increíble?!-Gritó por un momento Wallace.

-¡Si, eso estuvo super!-respondió Ian.

-Oigan, no negaran que el congelarle la cara a mi viejo no fue increíble ¡jajaja!

-Estuvo bueno-le respondió Wallace- aunque no tan bueno como cuando creé ese agujero frente a Suiza. ¡¿A poco no fue divertido?!

-Si, fue increíble, pero por favor, el que le quitara a esa chica… ¡Bélgica! Todos sus chocolates recién hechos, no dirán que no es muy beneficioso-dijo Ian muy divertido.

-¡Si, chocolates belgas gratis!-Gritaron como dos niños sus dos primos mayores.

Empezaron a festejar por su botín robado. No importaba si es que todo se había caído o ensuciado, con su magia la levantaban todo y lo ponían en algunos platos o tazas para comer y beber tranquilos.

Al pasar los minutos continuaron así, festejando, riéndose, viendo la tele que por fin les habían subido. Wallace por un momento miró hacia el jardín, se preguntaba si es que podían continuar jugando y a lo mejor Saith podía mandar bombas de broma. Joder a sus padres nunca esperó que fuera una de las cosas más increíbles y divertidas del mundo; y entonces, la vio el cabello rojizo, el mismo cabello de aquella chica que pasaba por sus sueños, ¿era acaso su niñera? Sólo estaba ahí, hablando con sus padres. Pero era imposible, esa chica estaba muerta. Corrió hacia sus primos que veían la gran pantalla que estaba frente a ellos y los jaló hacia la ventana. Les señaló hacia el piso pero no había nadie.

-Quizás es tu imaginación –le dijo Ian.

-Ya sabes, el que nuestros padres se casen afecta algo, pero no pasa nada hermano, ya verás y luego podemos pedir dinero y cosas así con mayor facilidad.-Le dijo Saith bromeando.

Wallace se quedó pensando, era algo imposible, sabía que había visto algo. Se decidió por salir a ver si es que no había sido su imaginación y entonces cuando intentó abrir la puerta, lo notó, estaba cerrada con magia.

-Oigan chicos, ¡estamos atrapados! ¡Nos encerraron los malditos!-dijo Wallace atrayendo las miradas de sus primos.

Ian y Saith se acercaron hacia él y sí, la cerradura estaba cerrada. Saith le pidió a su dragón que tratara de congelar la herradura para abrirla, pero cuando el dragón botaba fuego azul, las llamas se iban hacia los lados.

-No puede ser ¡Nos encerraron!-Gritó algo desesperado Saith.

-Calma, si te enojas ellos estarán felices-Le advirtió Ian. Wallace al analizarlo de eso modo lo olvidó y se dirigió hacia la cama seguido por su primo y se echaron a ver la tele. Wallace sabía que no había salida, si el fuego sagrado del dragón de su primo no había servido, entonces nadie podría, era mejor no arriesgarse con esa magia. No sabía que hacer, estaba seguro que aquella chica era la chica de sus sueños, pero no podía hacer nada, se resignó, trató de pensar en algo diferente y se sentó a los pies de la cama. Junto con sus primos se dedicó a ver la tele. Vaya que hacía mucho tiempo que no la veía de esa manera tan calmada.

*Fin del flashback*


Scarlett se había desmayado hacía unos minutos. Empezó a abrir los ojos y entonces vio la cara de Scott, Thomas y Dylan. Al principio sólo se los quedó mirando, pero de repente, sin que los chicos se lo esperasen, hizo aparecer granadas por todos lados.

-Malditos…-les decía con una voz por completa triste mientras los chicos se percataban de que estaban rodeados de bombas.-¡Devuélvanmelos!-Dijo antes de que el cuarto explotara.

Scarlett aprovechó el humo para salir. Las bombas en realidad no eran bombas fuertes, solo eran de distracción, de humo. Tenía que encontrarlos. Tenía que saber si es que estaban ahí.

Corrió por un montón de lugares, por cada pasillo que pasaba, aunque la intentaran detener, ella corría. Al pasar por alguna puerta simplemente la abría bruscamente.

Estaba buscando a sus hijos

Estaba un poco asustada y desesperada. No por nada se decía que una madre haría lo que fuera por sus hijos; ella estaba haciendo eso, como si fuera una leona a quien le hubieran quitado sus crías, ella atacaba a quien sea que se le apareciera en su camino.

La adrenalina y el miedo corrían por todo su cuerpo. La adrenalina le daba más poder y energía. El miedo la obligaba a continuar con su búsqueda.

Buscaba a su corazón.

Wallace, Saith e Ian estaban sumamente aburridos viendo la aburrida boda cuando de repente vieron como las cámaras giraban en dirección de un tumulto. A pesar de que Saith esperaba que fuera una pelea, ellos se dieron cuenta, alguien se había desmayado. Al principio mostraron desinterés, estaban aburridos con todo eso cuando de repente al pasar los minutos las cámaras giraron hacia la dirección de a donde habían llevado a aquella persona desmayada; el lugar había explotado.

Los tres se sorprendieron, pensaron que quizás era un ataque terrorista o quién sabía, hasta que de repente Saith habló.

-Distracción- pronunció.

Ian y Wallace oyendo de nuevo algunos gritos, se decidieron, debían salir y ver que pasaba. Intentaron salir pero no podían, era ese tonto hechizo.

.

Scarlett continuaba abriendo cada puerta que veía, entonces llegó a una gran habitación, la abrió.

.

Continuaron luchando contra aquel hechizo por varios minutos hasta que la puerta se abrió de golpe.

.

La puerta se abrió fuertemente hacia su dirección. Entonces, ahí los vio. Eran unos tres chicos de quizás 17 años. Sin pensarlo más, los abrazó. Lo sabía, eran aquellos bebes que en algún momento se les fueron negados a criar.

.

Wallace, Saith e Ian no podían creerlo, una mujer los abrazaba. Lo sabían, la chica estaba llorando.

Quizás debían sentir miedo o confusión, pero no, sentían una calidez casi de en sueño.

Aunque no lo quisieran aceptar lo sabían muy adentro de sus corazones, aquella mujer era…

.

Scarlett lo sabía muy muy adentro de ella, esos chicos eran…

.

Esa mujer era su madre.

.

Esos tres chicos eran sus hijos.


.

AAhhhhwww ;o;

Bueno, gracias por leer, y ojala que les haya gustado!

Si comentan, sería excelente saben? XD

si no, igual :3

Las quiero, continúen amando a Scarlett y a sus hijos por cierto /*3*/

Saludos