-Vaya, parece que el golpe os a afectado más de lo que pensaba nyaha ha ha. No os preocupéis, en Dunnottar nadie os hará daño.
-¿Dunnottar?
Sólo entonces la rubia consiguió despertar del encantamiento en que aquellos orbes la habían mantenido para echar un vistazo al lugar en el que se encontraba. Lo primero que le llamó la atención fue una enorme chimenea que presidía la habitación, luego comprobó que todo el cuarto estaba construido en piedra y adornado además con varios tapices. Después se fijo en que las mantas que tenía sobre ella eran pieles y sentía unas sábanas más ásperas de lo normal. Finalmente su mirada volvió a caer sobre la mujer. Sus ropas parecían sacadas de alguna película de caballeros y la forma en que hablaba…
-¿Pero dónde demonios estoy?
-Ya os lo he dicho, en el castillo de Dunnottar.
-Eso es imposible.
-¿Por qué ha de ser imposible?
-Porque el castillo está en ruinas, apenas si quedan algunos muros.
-Nyaha ha ha… Señora, sois aún más extraña de lo que en un principio parecíais. ¿De dónde provenís? Porque para considerar ruinosa la fortaleza que ahora os acoge asombrosa debe ser vuestra casa.
Fate no podía creer lo que estaba oyendo, simplemente no podía ser verdad. El corazón casi le dolía cuando negaba las palabras que su anfitriona le decía con tanta dulzura, pero sin duda aquella mujer debía estar equivocada. Dunnottar era el castillo que ella estaba intentando restaurar por lo que era imposible que se encontrara en él, sí, seguramente estaba en algún tipo de hotel "mediaval" en el que obligaban a sus empleados a disfrazarse, además de hablar de aquella manera, y casualmente ambos lugares tenían el mismo nombre. Lo que no lograba explicar era como había acabado en dicho hotel "¿Quizás Jim me trajo hasta aquí en su coche buscando ayuda?". Se levantó de la cama para asomarse a la ventana y tratar de ubicarse un poco, quizás se encontraba junto a la carretera del sur donde había visto varios moteles cada vez que pasaba. Una pequeña brisa la golpeó ligeramente cuando abandonó las mantas y caminaba hacia su destino. Al apartar lo que parecía ser una tela encerada sólo encontró el mar, no había carretera y mucho menos coches, tampoco carteles publicitarios ni luces a lo lejos, únicamente el mar. Mucho más confusa que antes volvió a introducir la cabeza en la estancia ya que el frío inicial dejaba de parecerle ligero. "Está bien que quisieran hacer una réplica fiel de un edifico mediaval pero esto es pasarse, al menos podrían haber puesto un cristalito". Se giró para intentar interrogar a su nueva acompañante cuando se vio hipnotizada de nuevo por aquellos ojos. Los zafiros la observaban intensamente y distinguió en ellos cierto brillo que no supo identificar.
-Ciertamente seréis de algún lugar al sur de éstas tierras, el frío no puede adueñarse más de vos. –Le hicieron falta unos minutos para "traducir" esas palabras y preguntar.
-¿Por qué?
-Porque vuestros pezones competirían en dureza con el metal más puro Señora.
Fate bajó la mirada, no se había percatado antes pero sobre ella no había ni rastro de su ropa, se encontraba total y absolutamente desnuda. Salió disparada y se refugió entre las mantas, su cara era un auténtico tomate lo que provocó unas sonoras carcajadas en la otra joven.
-No sé donde está la gracia.
-Perdonadme, es sólo que ese color en vuestro rostro os hace ver realmente encantadora.
El rojo de sus mejillas se intensificó y tuvo que esconderse aún más en la cama para poder disimularlo. No estaba acostumbrada a sentirse avergonzada y parecía que esta nueva mujer tenía el poder de conseguirlo sin ningún esfuerzo. La risa continúo unos segundos más para acabar siendo sustituida por un tono serio y cortante que no parecía pertenecer a la misma persona.
-Muy bien, ahora decidme, ¿Quién sois y de donde venís?
-Yo… -No sabía que decir exactamente, se encontraba desorientada y algo en la pregunta le hacía plantearse que, tal vez, su situación no era del todo segura. Finalmente optó por decir la verdad, o al menos parte de ella –Fate, me llamo Fate Testarossa… y soy italina.
-¿Italiana*?¿Es ese vuestro credo? –La rubia pensó que su anfitriona volvía a tomarle el pelo, pero viendo que su gesto no había cambiado decidió aclarar la situación, aún sin comprender el por qué debía aclararla.
-Eh… no, quiero decir… soy de Florencia.
La otra mujer abrió los ojos e hizo ademán de asentir, al parecer ahora sí la había entendido, aunque por alguna extraña razón se quedó en silencio como meditando las palabras que acababa de oír. Al poco tiempo se volvió a escuchar la fría voz.
-¿Y qué hacéis señora tan lejos de vuestra patria?
-Esto yo… -supuso que lo mejor era no comprometerse demasiado –He venido a ver los castillos.
-¿"Ver los castillos"? ¿Decís que habéis venido hasta Dunnottar a ver castillos? –Ante el gesto afirmativo la pelirroja continuó –¿Pretendéis que crea que no existen castillos en la República de Florencia y que esa es la razón por la habéis atravesado tantas tierras y peligros? Y si es cierto ¿dónde está pues vuestra escolta?
-¿Cómo? –Aquella conversación empezaba a parecerle extraña, demasiado extraña, tenía la sensación de estar hablando con un extraterrestre más que con otra persona –No tengo ninguna escolta…
Fate seguía refugiada entre las sábanas cuando la mujer se acercó a ella sujetándola por la barbilla. El agarre era fuerte y la mirada gélida, muy al contrario de lo que ocurrió al principio el sentimiento que ahora la invadía era el miedo.
-Única y clara es la verdadera razón por la que una mujer viaje sin escolta hasta tierras en guerra. O sois una espía de Inglaterra, o sois una espía del conde Douglas. En ambos casos os halláis en una posición peligrosa señora pues habéis sido descubierta.
-Qué… espía, ¿yo? Estás equivocada…
El cierre sobre su barbilla se intensificó hasta hacerle verdadero daño mientras que los ojos azules la atravesaban por completo. La mujer se inclinó un poco más hacia delante y la rubia pudo sentir como aquella cálida respiración rozaba sus propios labios, su corazón latía a mil por hora.
Finalmente, y tras unos minutos que le parecieron eternos, su anfitriona soltó el agarre y se alejó de la chica para cambiar totalmente de semblante. En un abrir y cerrar de ojos volvía a tener frente a sí al dulce y hermoso ángel que vio al despertar. No, su situación no era para nada segura.
-Os ruego perdonéis mi rudeza, son tiempos peligrosos y la cautela es el mejor de los aliados.
-Sí claro… no hay problema.-Se frotó la dolorosa barbilla.
-Sin embargo, el hecho de que no seáis una espía sigue sin explicar qué hacías en el establo del castillo en plena noche y con una fea herida en vuestra cabeza además.
-Yo… estaba hablando y entonces…
Fate se acordó en ese momento del golpe que recibió cuando el suelo cedió bajo sus pies y de como, tras recuperar la consciencia, podía notar la sangre corriendo por su rostro. Levantó las manos rápidamente para llevárselas a la cabeza y descubrió que un fuerte vendaje le cubría la frente a la vez de que el resto de sus heridas y araños habían sido limpiados. Alzó la vista y se encontró con la mirada preocupada de la pelirroja.
-Teníais un fuerte golpe en la testa ¿Recordáis quién os atacó?.
La última frase iluminó a Fate. No sería tan extraño perder la memoria tras un ataque así y si usaba la amnesia como excusa podría evitar contar cualquier detalle de su vida, ahorrándose de paso un nuevo susto como el que acababa de sufrir, además de que podría indagar y averiguar por fin donde diablos estaba sin resultar sospechosa o lo que ahora consideraba mucho peor, parecer una espía. "¿Pero qué tipo de antros frecuenta Jim?"
-Lo… siento mucho, pero… no puedo recordar nada más. Me… duele la cabeza.
-No os preocupéis, es comprensible, aún no han sanado adecuadamente vuestras heridas. Ahora descansad, volveré en unas horas.
Y acabada la frase, aquella viva imagen de afrodita desapareció por la puerta dejándola en la soledad más absoluta. En la habitación ahora vacía no hacía sino rememorar todo lo ocurrido. "¿Qué ha pasado exactamente?, ¿Dónde me encuentro?, ¿Estaré simplemente soñando?... Sí, eso es, esto no es más que una absurda pesadilla y pronto despertaré." Se acurrucó entre las sábanas y dejó de buscar respuestas al millón de preguntas que se agolpaban en su cabeza. Si realmente estaba soñando no merecía la pena preocuparse. Se acomodó la almohada mientras que su mente era invadida por la imagen de aquella mujer pelirroja con ojos claros… "En verdad era muy hermosa". Poco a poco fue dejándose llevar por el sueño hasta quedar profundamente dormida.
-0-
-¡Buenos Días!
-Mmmm…
-¡Es hora de levantarse dormilona, todo el mundo espera!
-Cinco minutos más.
-¡Despierte! Si no madre la castigará y creedme, no es nada divertido quitarle las pulgas al perro de Lady… –Fate iba a seguir remoloneando en la cama hasta que se dio cuenta de que aquel tono de voz era demasiado agudo para una persona normal, solo podía pertenecer a… "una niña".
-¿Quién eres tú?
-Jejeje yo soy…
-¡Vivio! Te he dicho que nuestra invitada no ha de ser molestada.
-Perdonadme madre, sólo quería dar los buenos días a Fate.
-Cuántas veces tengo que decirlo, pasadas las doce no es correcto saludar con buenos días, debes decir buenas tardes.
-Pues no lo entiendo, sigue siendo el mismo día qué importa la hora que sea si…
Fate miraba boquiabierta lo que parecía ser una disputa familiar y, aunque no le desagradaba en lo más mínimo volver a ver a la pelirroja, no entendía por qué seguía allí. "Es imposible que siga soñando ¿Verdad? Entonces qué ocurre, sufro algún tipo de conmoción o…" Empezó a murmurar en voz alta de forma inconsciente llamando la atención de sus acompañantes que por unos momentos habían estado inmersas en su propia conversación.
-Perdonad a mi hija, es una niña que aún no sabe controlar sus impulsos –La chica seguía perdida en sus cavilaciones, ni si quiera el gruñido de Vivio por el comentario de su madre logró despertarla. –Espero que no os importe pero le he pedido que me acompañe en esta visita, es menester que conozcáis cuanto antes a la señora del castillo y necesitaba ayuda en vestiros adecuadamente para la cena de esta noche. No os preocupéis, ya he dado una explicación apropiada sobre vuestra llegada al castillo. Lo primero que debéis saber es… ¿Fate? –Escuchar su nombre en aquella dulce voz la sacó de sus pensamientos.
-¿Si?
-¡Ains…! –La rubia la miraba con una tonta sonrisa en el rostro, era obvio que no había escuchado ni una palabra –Vivio por favor, trae el vestido que hay sobre mi cama.-La chica salió rápidamente para cumplir con la orden de su madre- Veréis, esta mañana tras asegurar que no erais una espía, me dirigí a los aposentos de la señora del castillo para conversar con ella. No podía seguir ocultando vuestra presencia a Lady Hayate, sería peligroso, sobretodo para vos. Y, como era de esperar, rauda se corrió la voz de que una extranjera se hallaba en Dunnottar. Para evitar rumores y preocupaciones innecesarias esta noche se ha convocado una cena para presentaros adecuadamente por lo que he venido a vestiros.
La chica, aunque esta vez sí la había oído, no se había enterado de nada. La teoría del sueño-pesadilla perdía peso y ahora volvía a pensar que se encontraba perdida en algún lugar de los alrededores, quizás algo más lejana de lo que en un principio se había imaginado "gracias a la más que segura borrachera de Jim". Lo único que la tranquilizó fue saber que no se encontraba en ningún manicomio, por lo que ella sabía en ese tipo de sitios no encerraban a niños, ¿verdad? De todo lo que le había dicho su anfitriona lo único que sacó en claro era que tenía que vestirse y que supuestamente ella había venido a ayudarla.
-Gracias, pero aprendí a vestirme solita a los cinco años y… ¿Dónde está mi ropa?
-La quemé.
-¡¿Quéeeeee? –La rubia casi se cae de la cama del salto.
-Era una indumentaria extraña, jamás se había visto por estas tierras nada parecido y creedme, si alguien las hubiera descubierto las sospechas no se hubieran hecho esperar. Y ahora, por muy placentera que pueda ser para la vista vuestra vestimenta actual, es tiempo de alistaros.
Las mejillas de Fate no tardaron en sonrojarse de nuevo, algo que en las últimas horas se había vuelto demasiado habitual para su gusto. Entonces fue cuando se dio cuenta de que no sabía el nombre de la mujer que provocaba tan fácilmente este efecto en ella.
-Disculpa, pero aún no me has dicho tu nombre.
-Es cierto, que maleducado de mí parte. Soy Lady Nanoha de Crondwell, pero podéis llamadme Nanoha.
-Na… no… ha –Las sílabas salieron de su boca despacio, como si saboreara cada letra. Las miradas se cruzaron y por un momento el ambiente tornó en algo distinto, era una sensación cálida pero a la vez fuerte, imposible de explicar con palabras.
-¡Madre aquí tenéis, el vestido rojo!
-¡Perfecto!
-O-
Fate caminaba por el pasillo como buenamente podía, se hubiera parado unos segundos a observar mejor el edificio por el que la pelirroja la conducía, pero caminar con aquel vestido requería de toda su atención. Había perdido la cuenta del número de ropas que llevaba encima "¿Son realmente necesarias tantas camisas?" Le resultaba sumamente incómodo moverse con ellas, lo único que la consolaba era saber que aquella noche no pasaría nada de frío.
Concentrada como estaba en avanzar lo más recto posible no se percató cuando los pasillos quedaron atrás para cerrarse en una enorme puerta de madera labrada, fueron unas sonoras carcajadas acompañadas por una dulce melodía las que consiguieron despertarla y hacer que recordara donde estaba, o al menos que estaba en alguna parte. Sin darle mucho tiempo a pensar las pesadas puertas se abrieron dando paso a la rojiza luz de decenas de antorchas. Frente a ella una inmensa sala compuesta por tres naves infinitas cubiertas con bóvedas de arista y construidas mediante sillares enormes que nunca encontrarías hoy día en un edificio. Las estrellas se colaban por las estrechas ventanas sin cristales que aparecían en las paredes laterales mientras que un sinfín de tapices y alfombras aterciopelaban el vasto lugar.
La rubia no salía de su asombro, ya no era sólo que pocas personas en el mundo pudieran permitirse construir algo como aquello sino que hallar a alguien que trabajara la piedra de una manera tan exquisita era prácticamente Imposible.
-Cerrad la boca o se os colaran las moscas.
-¿Eh?
-Parece ser cierto que amáis los castillos Nyaha ha ha… Acompañadme, os presentare a nuestra anfitriona.
Fate bajó la cabeza un tanto avergonzada y siguió a su compañera hasta el centro de la sala donde varias mesas con caballetes habían sido colocadas para acomodar a la veintena de comensales que allí se encontraban. Si el olor de la comida ya había conseguido despertar su apetito la imagen que apareció ante ella no hizo sino incrementarlo. Numerosos platos habían sido colocados sobre las tablas: faisanes y cordero asado, también salmón y otros tipos de pescado así como un caldo humeante que unas mujeres ya habían comenzado a repartir entre los asistentes a tan opulenta cena.
-¡Por fin habéis llegado! Venid –Una muchacha joven con pelo castaño y sentada en el centro de la sala se dirigía a ellas –Amigos, quiero presentaros a Fate Testarossa, nuestra nueva invitada.
Un "¡Oh!" de asombro se escuchó por todo el comedor seguido de unos pocos silenciosos murmullos, la chica comenzó a entender mejor a los pequeños pececitos de colores en sus diminutas urnas de cristal, era observada sin pudor por un montón de desconocidos y no tenía lugar en el que esconderse.
-Fate será a partir de hoy el huésped más reciente de Dunnottar y permanecerá con nosotros una larga temporada –La nombrada arqueó una ceja ante tan rotunda afirmación, puede que el lugar fuera grandioso pero tampoco tenía previsto ausentarse demasiado tiempo del trabajo –Os ruego la tratéis como si fuera parte de mi familia. –Ante los gestos afirmativos y algunas sonrisas de los asistentes la joven continuó –Hechas ya las presentaciones, ahora es tiempo de cenar ¡Buen provecho!
Terminado el saludo de quien la rubia supuso sería la dueña de aquella especie de resort, ella y Nanoha tomaron asiento junto a Vivio en las únicas sillas libres de la mesa. Ya "cómodamente" sentada pudo apreciar con calma todo y a todos los que la rodeaban. La chica seguía sin salir de su asombro: la envergadura y majestuosidad de la arquitectura, lo rudimentario tanto de la mesa como de los utensilios y la singularidad de los trajes que vestían aquellas personas, en su gran mayoría mujeres. Nadie se tomaría tantas molestias para crear un complejo tan fiel a una determinada era y si así fuera ella sabría de la existencia de un lugar así, una perfecta representación del Medievo. Había comenzado a asustarse.
-Disculpad mi osadía pero Lady Hayate nos contó que erais florentina, decidme por favor ¿Cómo es vuestra tierra?
-Fate, ella es Lady Amy, esposa de uno de los más valerosos caballeros de Sir William.
-E… Encantada –No sabía si lo del tratamiento era algún tipo de broma o no, pero como había comprobado lo peligroso que podía ser meter la pata prefirió seguir la corriente de los que allí se encontraban –Lady Amy.
-¡Vaya pero si puede hablar! Empezaba a creer que tan penoso accidente os había causado algún tipo de dolencia… real. –Se escuchó de una voz no muy lejana.
-Las vendas que llevo no son de adorno si es lo que insinúa. Me gustaría verla a usted después de darse un ostión como el mío.
-¡Oh! Me he equivocado, sí que os a afectado al habla pues no hay quien os entienda, además de a los buenos modales claro. Lady Nanoha, como soportáis una compañía con semejante educación.
-Perdonadla Lady Adira, es extranjera y aún no habla bien nuestro idioma. No os preocupéis, pronto pondré remedio a ese problema.
Fate tuvo que morderse la lengua para no soltarle ciertas "palabras" que estaba segura esa pomposa y petulante mujer entendería. Sabía que si lo hacía dejaría en mal lugar a la pelirroja y eso no se lo habría perdonado. Por otra parte, Amy había llamado su atención.
-Tranquilizaos Fate, nadie en Dunnottar toma en serio a Lady Quattro. Su marido es el Barón Duncan, primo de Sir William, por eso actúa como si fuera de la realeza jajaja.
-¿Lady Quattro? –Ante la pregunta Amy sonrió traviesa.
-Um, pues cuatro han sido los maridos que ha desposado en su vida y cuatro son también los que han perecido a los pocos meses de la boda. El Barón es su última adquisición así que quién sabe cuando se convertirá en Lady Cinque jajaja.
-¡Amy! No es educado esparcir rumores sobre otras personas. Todos apreciamos a Lady Qua… Adira.
Aunque sus palabras habían sido duras y pretendían significar un reproche, la joven madre apenas si podía contener la risa. Bastaron unos segundos para que ambas mujeres estallaran en carcajadas y así continuaron durante un buen rato.
El resto de la cena prosiguió con tranquilidad y sin ningún otro percance para la rubia, salvo por algunos problemillas con los cubiertos. Por más que buscó no encontró ningún tenedor o cuchillo al alcance para sacarse un trozo del suculento cordero que tenía frente a ella. Pensó en preguntar a Vivio que se sentaba a su lado, pero entonces se dio cuenta de que la niña tampoco tenía cubiertos salvo la cuchara que usaba para la sopa. Extrañada levantó la vista y vio que ninguno de los presentes usaba utensilios para comer sino que con sus propias manos arrancaban los pedazos de carne o pescado que tenían más cerca para llevárselos directamente a la boca. La servilleta también parecía haber desaparecido del mapa.
Acabada la comida y sin poder seguir la "recargada" conversación de sus acompañantes, Fate volvió a centrarse en su situación actual. ¿Dónde se encontraba exactamente? ¿Quién era esta gente tan extraña? Y lo más importante ¿Cómo volver a su habitación en "El caballero errante"? Por más vuelta que le daba a la cabeza no encontraba ninguna solución. Parte de su angustia debió reflejarse en su cara ya que la pelirroja agarró con fuerza su mano bajo la mesa.
-Lady Hayate, lo siento pero es llegada la hora de que vuestra invitada se retire. Sus heridas aún no han sanado y necesitan descanso.
-¡Por supuesto! Fate, espero que consideréis a Dunnottar vuestra casa a partir de hoy. Y vos Nanoha, no os preocupéis tanto por la salud de mi nuevo huésped, la rojez en su rostro me indica que está más sana de lo que parece jajaja.
La chica no sabía dónde esconderse, el gesto de Nanoha fue tan inesperado para ella como dulce y el simple contacto con su piel la había hecho sonrojarse. No hacía un día que había adquirido este estúpido hábito y ya había comenzado a odiarlo. Por su parte la aludida no hizo ademán de mirarla, con su mano aún sujeta tiro suavemente de ella para que se levantara de la dura silla de madera y ambas salieron del comedor. Vivio hacía tiempo que había abandonado la mesa acompañada de lo que parecía ser su niñera.
Durante el camino de vuelta a su cuarto la rubia se sentía como una niña pequeña, estaba perdida, sola y con el cuerpo todavía adolorido por su caída pero ahí, junto a ella, se encontraba "su" madre protectora. Aquella mujer no sólo la rescató sino que la había curado con sumo cuidado y ahora, la llevaba cogida de la mano hacia la cama como si en algún despiste se fuera a perder. "¿También me arropará? Jejeje… ¡Fate, pero en qué piensas! Por Dios contrólate, no eres una adolescente…"
-¿Os ocurre algo?
-¿Eh? No nada, lo siento –Una sonrisa pícara asomo a los labios de su interlocutora.
-Eso espero, tengo una sorpresa para vos y es mi deseo que la disfrutéis. Por favor, abrid la puerta.
Ambas se encontraban en un estrecho pasillo y ante ellas se situaba una pequeña puertecita que nada tenía de especial, salvo la robustez de los materiales claro. La rubia arqueó una ceja por lo extraño de la petición ¿Una sorpresa?, ¿Para ella? "Igual todo es una broma de cámara oculta y detrás de aquel umbral se encuentra todo el equipo riéndose a mi costa."
-Ufffff
La chica soltó un largo suspiro antes de girar el rudimentario cerrojo. Una fresca brisa y un profundo olor a mar la recibieron, la noche era tranquila, sólo las olas se dejaban oír en su eterna lucha con las rocas. Avanzó unos pocos pasos adentrándose en la más absoluta oscuridad, sólo cuando las nubes perezosas por fin pasaron de largo consiguió alcanzarla la luz de la luna y con ella Fate creyó que el suelo volvia a ceder bajo sus pies.
-E… Esta… Estamos en… ¡DUNNOTTAR!
-O-
AN: Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios, sois estupendos ^^ No sabía si la historia sería lo suficientemente entretenida como para publicarla pero vuestras palabras me han dado la seguridad para seguir escribiendo y aquí está el segundo capítulo. Quizás parezca un poco aburrido o repetitivo por el hecho de que Fate tarde tanto en darse cuenta de que ha viajado al pasado, pero creo que eso es lo último que se le ocurriría a alguien pensar en ese hipotético caso, porque todos sabemos que los viajes en el tiempo no existen, verdad? ;P
Una historia sobre viajar en el tiempo no es muy original pero me apeteció muchísimo escribir sobre este género después de leer un libro del que me enamoré perdidamente. Al principio quise escribir un fic adaptando el libro a los personajes del anime, pero comprendí que sólo conseguiría destrozar una gran historia y nunca me lo hubiera perdonado, además de que me parece más entretenido escribir algo nuevo. Así nació el fic. Debo decir tb q el castillo de Dunnottar existe y si lo buscáis en google veréis algunas fotos. Y si por aburrimiento hacéis una búsqueda más exhaustiva quizás encontréis "El toque del Highlander"… Sí, es ese tipo de novelas xDDD Y lo más gracioso es q trata de una chica que viaja al pasado… si es q ya está todo inventado jajaja
Ahora, después de la AN más larga que haya hecho, una pequeña explicación:
*Italia: Durante la Edad Media Italia se componía de numerosas ciudades estado, como la República de Florencia. La unificación italiana no llegaría hasta 1870 (Wikipedia). En el fic he preferido optar pq el Nanoha sólo conocía los nombres de las ciudades importantes, si la región era conocida como Italia antes de estar unificada lo desconozco.
