Disclaimer: Todo lo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling
Este fic participa del reto "En tiempos de guerra" del foro La Sala de los Menesteres
Y el segundo de una vez, con la pareja que se imaginarán que no podía faltar si quien escribía era yo.
La excusa fue el amor
2.- Astoria Greengrass
—¡Avada Kedavra! —había gritado sin pensar, pero sintiendo con todas sus fuerzas aquella devastadora magia recorrer su cuerpo, hasta que el rayo había golpeado de lleno a aquel hombre que amenazaba con matar a su amado.
La varita cayó de su mano, haciéndole eco al sonido seco que había provocado aquel hombre al caer muerto. La mascara de mortifago se le había desprendido del rostro, pero ella no tenía intención de ver de quien se trataba. Sus manos temblaban, su corazón latía con fuerza y se sentía la peor persona del mundo por lo que acaba de hacer. Asas artes prohibidas que siempre había repudiado, las había terminado usando ella misma.
—Astoria —le llamó Draco, levantándose adolorido del suelo, para ir hasta donde ella.
No daba crédito a lo que su propia novia acaba de hacer. Él no había sido capaz de realizar semejante hechizo el año anterior, cuando su vida dependía de ello, pero ella, sin casi meditar las consecuencias, había reunido el valor y el deseo suficiente de matar para protegerlo a él.
La abrazó sin muchas fuerzas, pues aun se sentía débil por la tortura a la que lo habían sometido. El castillo se estaba cayendo en pedazos, pero se dieron el tiempo estar abrazados entre los escombros de aquel pasillo, mientras la castaña lloraba.
—Yo no lo quería hacer —aseguraba la Greengrass entre sollozos. El rubio sabía que eso no podía ser verdad, magia tan oscura como esa, requería una conexión emocional que él no había llegado a formar ni para salvarse a si mismo. Sin embargo, no le dijo nada de eso a su novia, no la iba a hacer sentir peor de lo que ya se sentía en esos momentos. Tan solo le acarició la espalda para reconfortarla.
—Tranquila —le susurró tras un par de minutos—. Yo no le diré a nadie, tú tampoco y dudo que él pueda hablar —apuntó con la cabeza el muerto—. Vayámonos de aquí —sentenció, sin profundizar más en el asunto. En ese momento, más que nunca, se daba una idea de cuanto Astoria lo quería y hasta que limites insospechados podía llegar una mujer bajo la influencia del amor.
¿Y que les pareció? ¿Cruciatos? ¿Avas? ¿Galletas? ¿Ranas? ¿Una patada? ¿Un abrazo o una mentada?
Espero que aunque pequeños los disfrutaran.
Pasadla bien y muchas gracias por leer.
¡Hasta la próxima!
-Ophe.
