Espacio estrecho. Presionando sobre él. Atrapado.
"Sí, teme. Puedo hacerlo. Yo lo haré."
Él sabe que es un error y debe detenerlo. Pero no puede luchar contra ese poder. Ve el círculo roto. El círculo que enlaza el pasado al futuro, sin embargo, en ese punto donde debe converger no está unido. Tiene que hacer que el círculo se una para completarlo. Él debe. . .
Sasuke se despertó en un sobresalto.
Gruñó para sus adentros. El dolor que circulaba por todo su cuerpo no se asemejaba a nada de lo que había sentido en el pasado cuando lo herían en sus batallas. ¿Qué carajo había hecho el dobe con él? Apretó los dientes, procurando esperar pacientemente a que su cuerpo se aclimatara a lo sucedido –del cual todavía no tenía ni la más mínima idea a que. Inicialmente, la oscuridad total a la que emergió provocó un breve ataque de pánico. Era el temor de todo Uchiha perder la visión pero al advertir que las tinieblas se transformaban a una claridad borrosa, concluyó que debía ser efecto del sello.
Sus extremidades perdieron su entumecimiento y se incorporó lentamente, moviéndose con dificultad.
-¿Hinata?
No recibió respuesta. Alarmado, observó derredor suyo, su mirada recorriendo el interior de lo que parecía una habitación. Todo daba la impresión de que se hallaba dentro de una vieja casa pero su desasosiego, el cual había ascendido a niveles elevados, no le permitió reparar que el lugar era familiar. Dejó escapar un improperio, maldiciendo a Naruto por sus exabruptos. El pelinegro procuró razonar en qué tipo de situación estaba y analizar la circunstancia en la que se hallaba con su acostumbrada frialdad, sin embargo, estaba en las garras de un miedo peor de lo que había sentido la primera vez que estuvo a punto de morir. Él aceptaba su propia muerte ahora. Era parte de su naturaleza. Pero no tenerla a su lado, perderla para siempre… eso era diferente.
-Sasuke.
Se inmovilizó, la voz le era conocida. Una que no escuchaba en muchos años. Frunció el entrecejo, intentando precisar quién era su dueña.
-¡Oh, ahí estás!
Tuvo la inaudita sensación de que la joven surgió de la nada y sujetó su brazo como si de ello dependiera su vida. El Uchiha la miraba, aturdido. ¡Qué demonios…!
-¿Karin? –preguntó él.
Ella a su vez lo miró, algo contrariada, -¿A quién más esperabas?
El rostro impasible del Uchiha no indicaba en nada el tumulto en su interior. Temiendo lo peor, dirigió sus ojos a su vestimenta para confirmar su alarma. Volvió a maldecir a Naruto.
-Dobe. –farfulló realmente enojado, -¿En qué demonios pensabas?
Se deshizo del abrazo de la pelirroja, ignorando su expresión herida. Estaba furioso. No tenía idea de cómo lo hizo el rubio cabeza hueca pero ahí estaba, en una época de su vida que hacía hasta lo endemoniadamente imposible para olvidar.
¿Qué en el infierno esperaba el imbécil que hiciera? El Uchiha cerró ambos puños a su lado, toda la figura masculina tensándose. ¿Acaso tenía él idea de lo que estaba colocando sobre sus hombros? La responsabilidad de toda una villa… no, de todo la Tierra de Fuego y los países vecinos, recaía sobre él… y Hinata.
Solo apareció una diminuta reacción en su rostro, casi imperceptible, al advertir que Hinata debía estar en Konoha. Tenía que estar allí.
-Karin, ¿todavía no has hallado a Sasuke?
Rápidamente, el Uchiha reconoció el dueño de esa voz. Jūgo.
-Sí. Está aquí. – replicó ella en un tono petulante.
El pelinegro escuchaba el intercambio desconectado de toda la situación; le parecía estar reviviendo uno de sus aborrecidos sueños que de vez en vez venían a visitarle en la noche para obligarle a recordar todos los horrendos errores que cometió en su pasado.
Jūgo emergió a la habitación donde estaban Karin y él.
-Sasuke, debemos irnos ya.
-¿A dónde? – preguntó el pelinegro sin manifestar emoción alguna.
Por varios segundos, Karin y Jūgo lo miraron como si le hubiese brotado un cuerno de la frente.
-Vamos a la reunión de los kages, como Madara nos ordenó.
-Hn.
Ahora tenía una idea más certera del tiempo en que estaba. Sin decir nada, observó alrededor suyo en búsqueda de su chôkuto para tomarlo y ceñirlo detrás de él, en su cintura.
-No iremos.
Ambos lo miraron perplejo. Karin fue la primera en recuperarse, -Pero, Sasuke, querías ir a confrontar a Danzo…
-Puedo hacerlo luego. No es necesario que vaya a esa reunión.
-¿Y Madara?
El dueño de la mirada azabache miró al miembro de su grupo, -¿Qué hay con Madara?
El shinobi pelirrojo pareció titubear por unos breves segundos reconociendo que estaba objetando una orden de su líder. No obstante, percibiendo que lo miraba sin ningún tipo de ira en espera de que le respondiera, decidió hacerlo, -Nos espera allí.
-Lo sé.
Y con esas palabras abandonó su habitación, dejando tras de sí a dos de los miembros de Taka totalmente perplejos. Salió de la humilde choza, uno de sus tantos escondites y aspiró el limpio aire de la mañana. Tanta paz, tanta quietud… por lo regular eran los inevitables precursores de una guerra. Sintió a Jūgo y Karin emerger de la choza y se detuvieron detrás de él, aguardando sus próximas órdenes. A pesar de haber actuado en lo que ellos consideraban un modo errático para su personalidad, no abandonaban su lealtad a él.
Inusitadamente, surgió el último del grupo. Bostezó sin elegancia y luego comentó, -Tengo hambre. ¿Desayunaremos antes de partir a la reunión de los kages?
¡Ah, Suigetsu, cómo le había echado de menos! En los labios del Uchiha apareció una diminuta sonrisa. Seguidamente, él sacudió el rostro lentamente, alejando de su cabeza los pensamientos mundanos para ser ocupado por un análisis intenso de lo que debía hacer. ¿Hasta qué punto debía cambiar los sucesos acontecidos del futuro que provenía? Se hallaba ante una paradoja. Su principal objetivo era detener lo que acaecería sobre todas las villas shinobis. Pero, ¿podría hacerlo?
¿Era posible que existiese algo así? Viajar atrás en el tiempo para reparar el camino equivocado y entonces solo descubrir que los cambios que estaba haciendo en el pasado eran decididamente los que ocurrirían de todos modos y regresar al mismo futuro. Opinaba que Naruto había colocado mucha fe en la habilidad tanto de Hinata como la de él en restaurar un posible futuro.
De todos modos, reconociendo que el idiota tenía esa certidumbre en los dos, ¿cómo podría distinguir que simplemente no eran peones involuntarios del tiempo? Frunció el ceño, lograr conseguir algún tipo de lógica en la absurda situación solo le causaba una fuerte jaqueca.
No obstante, después de esa putada mental, el Uchiha alcanzó a determinar al menos dos decisiones - por el momento.
No sería el propulsor de una guerra que le causaría mucho daño a Hinata. Ella todavía no había logrado recuperarse de la muerte de su primo.
Mataría a Danzo. El mal nacido no merecía vivir.
Con esos dos propósitos en su mente, Sasuke volvió a contestar, -No iremos a la asamblea.
-¡¿Qué?! – exclamó el shinobi peliblanco.
El pelinegro se giró con presteza y miró a sus seguidores con su usual rostro libre de expresión, -Pero podemos desayunar algo antes de emprender mi camino a Konoha.
Ignoró las miradas sorprendidas de los tres. Era imperante hallar a Hinata.
. . .
Sasuke no se había detenido ni un solo momento en los tres días que le tomó regresar a Konoha. Una trayectoria que le hubiese tomado un promedio de cinco días, a más seis días. Viajaba solo, habiendo dejado a su grupo en una de las villas aguardando por su regreso y órdenes. En un lugar donde Madara –o mejor dicho, Obito- no los hallara. Él se encargaría de lidiar con el Uchiha más tarde, luego de visitar a cierta pelinegra en Konoha.
Todo pasaba ante sus ojos desdibujado, parecido a un borrón brillante de colores. No escuchaba los sonidos característicos de la naturaleza. Su mirada solo anhelaba ver las enormes puertas que protegían a la Aldea Oculta de la Hoja.
Durante el transcurso de su viaje, él se enfrascó en una intensa reflexión. Todavía no le complacía el hecho de que el dobe lo enviara a ese tiempo. Era loable que el hiperactivo rubio fuese determinado y que aspirase a querer resolver las situaciones difíciles sin darse por vencido, no obstante, existían ciertas circunstancias que no debían cambiarse, tenían que suceder.
Él no logró interpretar todos los sellos que hizo Naruto, a pesar de haber utilizado el sharingan. Fue una sucesión rápida de varios símbolos pero alcanzó a descifrar algunos de ellos que le indicaron que hacía un sello parecido al de la Parca. No; no le agradaba en lo absoluto.
La historia había demostrado una y mil veces que ningún hombre ha adquirido algo positivo a cambio de un pacto con la oscuridad, pero los estúpidos, en sus afanes heroicos, seguían intentándolo, y la astuta oscuridad nunca les daba la espalda. Siempre cumplían su parte del trato, aunque su método concluye siendo una adulteración siniestra de los términos; exigían algo a cambio que por lo general significaba la total ruina del héroe: alma, consciencia, primogénito o algún ser querido.
El dobe terminó entregando su alma. Tenía la certeza de ello. Pero presentía que la entidad codiciaba más…
Al final, lo que fuera que había logrado que él viajara a través del tiempo, terminó ganando más pues, a pesar que ofreció lo que se esperaba exactamente, no existían garantías de que él pudiese completar la tarea requerida. Quizás era una misión imposible, una que la entidad sabía de antemano que no podría completar.
Al igual que estaba la posibilidad de que todo tomara un horrible curso, peor del que provino. Nada era seguro. Sasuke apretó sus dientes. Aunque tenía varias ventajas a su favor como madurez y más experiencias vividas, esos factores no eran suficiente para obtener un desenlace óptimo. Él podría tener éxito en cambiar la historia, pero a un costo terrible.
Se detuvo por unos breves minutos y permaneció en lo alto de un enorme árbol, inspeccionando cuidadosamente todo a su alrededor con una simulada actitud indolente. Había estado sintiendo una presencia cercana. Toda su piel se erizó al comprobar que lo seguían.
-¿Quién anda ahí? – demandó con voz fría.
-Sasuke.
El pelinegro reprimió el impulso de retroceder, el zetsu negro apareciendo frente a él. Pero llevó su mano hasta el chôkuto detrás de su espalda, esperando. Su instinto y las experiencias vividas lo obligaban a desconfiar del singular ente.
-Madara quiere saber porque no apareciste a la reunión de los kages.
Dándole una inflexión de indiferencia a su voz, Sasuke respondió, -No es el modo como quiero enfrentarme con Danzo.
El zetsu no comentó nada, simplemente mirándolo como si quisiese encontrar la verdadera razón detrás de sus motivos. El Uchiha apretó la empuñadura de su arma, procurando tolerar esa mirada. No era imposible recelar de él.
-¿A dónde vas? – finalmente preguntó.
-Konoha.
Su respuesta sorprendió al zetsu y no era para menos, todo ese tiempo jurando venganza contra Konoha.
-Este no es el momento para vindicar a tu hermano y atacar la aldea.
-Yo no he dicho nada sobre atacarla.
El ente vegetal entrecerró sus ojos. El dueño de la mirada obsidiana se tensó, preparado. No dudaba que su aseveración lo hubiese desconcertado e intentaba descubrir su propósito.
-Madara está esperándote, Sasuke.
El pelinegro rezongó. No era Madara quien lo esperaba. Pero tampoco le rebatiría, tener ese conocimiento para sí era una jugada a su favor. Aun el infame Uchiha no hacía su aparición y haría todo lo posible para que no sucediera tal evento.
-Pues tendrá que seguir esperando. – le argumentó Sasuke con apatía.
El movimiento surgió de la nada, tomándolo por sorpresa. Había estado observando el rostro del zetsu con el fin de determinar que haría. El vegetal apenas movió un músculo, pero con un movimiento casual de sus dedos un látigo vegetal se alargó y se arqueó en el aire, su extremidad con púas para ir directamente hacia su cara.
Sasuke retrocedió con un brinco, pero el material se enroscó en su cuello varias veces. Admitía que era rápido y ágil, sin embargo, sus reflejos, extraordinariamente rápidos, eran más agudos que los del zetsu. Desenfundó su chôkuto y cercenó la extremidad, los pedazos alrededor de su cuello cayendo al suelo.
Los dedos ágiles del zetsu se movieron de nuevo y volvió a extender sus extremidades, esta vez envolviéndose alrededor de los tobillos de Sasuke mientras éste daba un paso hacia adelante para atacar. El Uchiha perdió el equilibrio y tuvo que detener su caída con una mano. La furia nubló su visión si bien por unos segundos, recuperando su frialdad inmediatamente y centrándose en la tranquilidad interna que iba a necesitar para la batalla. No serviría de nada perder los estribos y entregarse a la furia que en el pasado solo había contribuido a que abandonara su control y permitir que las garras del desequilibrio mental tomaran posesión de su ser.
Se volteó con presteza, quedando sobre su espalda, utilizó el chôkuto para deshacerse del miembro extendido y de un brinco se colocó de pie. No le dio oportunidad a actuar de nuevo, acercándose velozmente al zetsu para asirlo por el cuello con una mano.
-No vuelvas a atacarme. – Sasuke enunció cada palabra con una suavidad alarmante.
Lo tenía levantado en vilo, los pies suspendidos en el aire.
-Le dirás a Madara que tengo un asunto pendiente en Konoha, luego buscaré a Danzo y entonces iré donde él.
Lo liberó sin delicadeza alguna y el zetsu perdió el equilibrio.
-Tampoco me sigas. – le advirtió antes de desaparecer en un fugaz desplazamiento, saltando a uno de los árboles para proseguir en su acelerada trayectoria.
. . .
La pelinegra respiraba agitadamente cuando finalizó sus ejercicios. No se había equivocado al pensar que cuando retomara la vigorosa práctica despertaría tal dolorosa molestia que le haría descubrir partes de su cuerpo que desconocía de su existencia. Aun así, admitía que era necesario.
Caminó hasta la casa principal del distrito Hyuuga, bañada en sudor y con el único deseo de darse un agradable duchazo. Era todo lo que la empujaba a dar un agonizante paso detrás del otro. Entró a su habitación, comenzó a desvestirse, dejando un rastro de ropa tras de ella y entró a su ducha. Sentir esa agua tibia golpear su piel fue la gloria. Colocó ambas manos en las frías lozas que cubrían las paredes del baño, el agua chorreando por su cabello y bajando a lo largo de su esbelto cuerpo. Su mente vagó hasta Sasuke.
Ella se mordió su labio inferior. La reunión de los kages se había realizado tres días atrás. Estaba corriendo el rumor de la interrupción de Madara en tan importante asamblea. Pero Sasuke no había estado presente, según lo que escuchaba. ¿Estaba su Sasuke, él que ella conocía, entre ellos? Kami, la angustia estaba menoscabando con la poca compostura que todavía mantenía. La indecisión de no saber qué hacer era devastadora.
Cerró los puños; no era correcto lo que estaba haciendo, esperando su presencia. Tenía que continuar con la búsqueda de una solución. Era el momento de demostrar que no era un fracaso; que era capaz de solucionar un problema por sí misma. Buscó el jabón líquido, vertió una parte en sus manos y con movimientos suaves, cubrió su piel al tiempo que meditaba lo que había descubierto hasta ese día. Se había mantenido en los últimos días recluida en la biblioteca de la torre del Hokage, uno de los pocos lugares que sobrevivió al ataque de Pain. Leía todo lo que llegaba a sus manos sobre Senju Hashirama, su kekkei genkai conocido como elemento madera y la estatua Gedo.
Al deshacerse de los últimos vestigios de jabón en su cuerpo, corrió la cortina y buscó su toalla. Se vistió y recogió la ropa que había dejado en el suelo de su habitación. Pensó en Kiba y la misión que hacía junto a Sakura. Probablemente ella ya debía haberle dicho a Naruto-kun que lo amaba. Hinata suspiró, ¿la peli rosa realmente pensó que eso detendría la búsqueda del rubio de su amigo?
Luego de lo acontecido en la primera reunión de los once –excepto Naruto por supuesto- donde ella cometió el error de hablar más de lo debido, se prometió no repetir el mismo desacierto. Se quedaría callada y no brindaría su opinión. Oh, pero que difícil fue mantener su boca cerrada mientras la shinobi galeno explicaba su plan. Con cada resolución que hacía Sakura, la pelinegra no podía evitar hacer una exclamación mental. ¿Si sentía remordimientos del dolor que le causó a Naruto-kun, entonces porque era necesario causarle más dolor con una mentira?
Otro suspiro, en esta ocasión casi imperceptible, escapó a través de los entre abiertos labios de Hinata. La muerte de Sakura sería una sacudida mental casi intolerable para el rubio, apenas estando al borde de perder su sano juicio. Gracias a Sasuke, el futuro hokage recuperaría su balance emocional y regresaría a batallar junto a ellos, aunque no con el mismo ímpetu de tiempos pasados. Los azules ojos no tendrían el mismo brillo y la sonrisa perdería su intensidad.
Sí, la muerte de Sakura la ayudó a realizar que tanto la amaba Naruto-kun. Para ese horrendo acontecimiento ella ya había aceptado que el rubio amaba a la peli rosa, si bien nunca sospechó cuan intenso era lo que sentía por ella. El descubrimiento no provocó en ella un intenso dolor, simplemente fue una bofetada a sus sentidos, una advertencia de lo que nunca obtendría…
Hinata tomó su cepillo y comenzó a peinar su larga melena, hábito de todas las noches antes de dormir. Los movimientos rítmicos la ayudaban a relajarse, aunque no del mismo modo cuando cierta mano nervuda solía realizar la misma labor. Amaba sentir esos largos dedos bajar por su cabellera, desenredando los inevitables nudos. Quizás él no la amaba pero ella podía aceptarlo; era evidente que ella le importaba lo suficiente para cuidarla y protegerla, como había hecho en incontables ocasiones. Aunque su alma anhelara más, debía conformarse. Ese era su destino.
Por ese motivo, la dulce pelinegra no podía molestarse con la peli rosa y sus acciones. No podía exigirle mucho y debía colocarse en su lugar. Era innegable que compartían los mismos sentimientos. Todos ellos tenían un largo camino que recorrer y mucho que aprender, como lo hicieron Hinata… y Sasuke. Sakura fue una excelente guerrera, una aliada, una amiga. La había extrañado desde ese fatídico día que murió; tanto como Ino, Tenten y Temari cuando las perdió. Las cinco desarrollarían un vínculo especial y sólido; uno que las ayudaría a afrontar lo que tendrían que vivir día a día en los años postreros de sus vidas. Todavía la pelinegra no podía asimilar la idea de que ella fuese la última sobreviviente del grupo, la débil Hyuuga.
Sacudió su rostro, queriendo alejar esos pensamientos oscuros y colocó el cepillo sobre su cómoda. Abrió la primera gaveta para mirar detenidamente sus dos nuevas adquisiciones: un chôkuto y un arco yumi. Anduvo toda la aldea, entre las tiendas disponibles luego del ataque, buscando ambas armas de acuerdo a sus requisitos personales. Fue una ardua tarea; era imposible reemplazar las que tuvo. Pero tendría que tolerar esas y aprender a aceptarlas hasta que poco a poco se adaptaran a su estilo de lucha. Deseaba estar preparada ante cualquier adversidad.
Cerró la gaveta. Era un lugar seguro, ni tan siquiera la doncella que entraba a limpiar su cuarto se atrevería a abrirla. Apagó la luz y se reclinó en su cama, deseando que sus sueños fueran agradables y que no le visitaran las pesadillas que solían atormentarla.
. . .
Hinata estaba teniendo un sueño tan maravilloso. Ella sentía que estaba flotando en el aire, su piel despertando a sensaciones deliciosas. Un gemido lleno de deseo escapó de sus labios, un calor singular acumulándose en sus entrañas.
-¿Todavía no estamos divorciados?
Despertó abruptamente, la gruesa voz resonando en su oído, -¿Qué?
-¿Todavía no estamos divorciados?
Inmediatamente supo quién era. El corazón femenino dio un brinco en su pecho. Había aguardado su aparición si bien muy dentro de sí opinaba que albergaba una ilusoria esperanza. Su respuesta fue automática, -No.
Era una pregunta que él solía hacerle en las noches. Una especie de juego entre los dos; su modo de hacerle saber que tenía intenciones nada discretas con ella. Su mano se deslizó en la suave y larga melena mientras su cuerpo cubría el de ella. Lo que a él le interesaba estaba envuelto en un suave material de algodón caliente. La boca masculina descendió sobre la suya, demandante. Se separó con renuencia y reclamó contrariado, -¿Por qué no duermes desnuda?
A pesar de los años que llevaba junto a él, se ruborizó ante esa solicitud. Decidió ignorar su pregunta y retrucó con otra contestación, -Yo también me alegro de que estés aquí.
-Hn.
Reclamó los labios femeninos una vez más, solo que en esta ocasión fue más tierno, moviendo su boca sobre la de ella en una suave danza seductora. Hinata suspiró. El imbécil siempre sabía cómo despertar todas sus ansias con hábil destreza. Ella liberó los labios masculinos, algo reacia y formuló la siguiente pregunta:
-Sasuke, ¿cómo pudiste entrar a nuestro distrito?
Él arqueó una ceja, -Olvidas quien soy.
Rodó sus ojos ante su petulancia. Ella le ignoró, para añadir lo próximo, -No fuiste a la asamblea de los kages.
No fue una pregunta, más bien fue formulado como una aseveración.
-Sasuke, no creo que debamos cambiar mucho de nuestro pasado… tal vez no sea prudente.
-El dobe no nos envió al pasado para no hacer nada.
Hinata se alejó de los brazos masculinos, contorsionándose para escabullirse de su abrazo. Siempre se le dificultaba pensar al hallarse muy cerca de él. El pelinegro gruñó su protesta.
-¿Cómo podemos estar seguros de que no estamos arriesgando el futuro con nuestras acciones?
Esperó pacientemente pero él no respondía. La miraba en silencio. Consciente de sí misma, subió las piernas hasta que sus rodillas cubrieron sus pechos.
-¿Sa… Sasuke?
-Verdaderamente hermosa.
Turbada, ella giró su rostro, el rubor tornándolo carmesí. Exasperada, exclamó, -¡Sasuke! ¿No escuchaste?
Él resopló algo fastidiado y se dejó caer en la cama, colocándose boca arriba, -Te escuché, Hinata. ¿Qué crees que he hecho en estos tres días? Pensar en todas las posibilidades. Pero no fui yo quien elegí venir. Fue el dobe quien decidió por nosotros.
Ella lo observó, tirado en su cama, con ambos brazos debajo de su cabeza, su mirada indolente en algún punto del techo de su habitación. Súbitamente sobrevino sobre ella la realización de que él estaba enfrentando un periodo difícil y doloroso de su vida. Una blanca mano se posó en el pecho masculino.
-¿Estás bien?
Si Hinata no le conociera tan bien quizás hubiese pasado por desapercibido la fugaz expresión de angustia que cruzó por las apuestas facciones varoniles.
-Estoy sobreviviendo. – y se encogió de hombros, intentando aparentar indiferencia pero ella sabía mejor que eso.
-¿Te… te enfrentaras a Danzo?
-Sí. El bastardo merece morir.
La dulce pelinegra no reprimió el impulso de subir una mano para cubrir su boca. No debía sorprenderse de la franqueza de Sasuke.
-Y luego de matar a Danzo, - él pelinegro se quedó impávido mientras lo decía, no así Hinata, un leve escalofrío recorriendo todo el cuerpo femenino al escuchar sus palabras, -intentaré matar a Sakura.
-¿A Sakura?
-Hn. ¿No me pediste que no cambiara mucho de nuestro pasado?
-Oh. – murmuró ella sofocada.
-Mmm… Quizás deba matarla también, le ahorraría muchos problemas al dobe en el futuro.
-Espero que no estés hablando en serio. Sabes lo mucho que Naruto-kun la ama y lo feliz que fue a su lado, a pesar de sus intensas demostraciones de violencia hacia él.
Ella sabía que no lo haría, admitía que el dueño de la mirada obsidiana tenía un macabro sentido del humor. Al iniciar su relación con él se le dificultó aceptar ese lado oscuro masculino, muchas veces tomando su palabra como una posible realidad.
-Yo simplemente opino que debemos ser cuidadosos con las acciones que ejecutemos, es el único modo de que Naruto-kun…
La Hyuuga no pudo finalizar esa aseveración. El Uchiha suspiró, era cierto lo que reclamaba, sobre ellos no solo pendía el bienestar de la villa, también estaba la vida de Naruto.
-¿Y piensas que no lo sé? – rebatió él con dureza y abandonó la cama, enfurecido, -No tienes que recordarme cuáles son tus prioridades. Las conozco muy bien.
Hinata lo miró aturdida. Nunca podía entender sus exabruptos. El Uchiha tenía el temperamento de mil demonios. Solo bastaba ella decir algo equivocado y salía a flote. Aunque en muchas ocasiones no tenía idea cual había sido su falla, como ese instante. Se mantuvo callada, aguardando pacientemente a que se aplacara su ira. Había aprendido por pasadas experiencias que era lo acertado; intentar razonar con él podía ser contraproducente.
Sasuke, de pie en medio de la habitación, miraba a través de las ventanas procurando calmarse. ¿Qué tenía que hacer para lograr que ella olvidase al idiota? Ella pensaba únicamente en el bienestar del hiperactivo shinobi. Primero defendió a Sakura porque sabía que el rubio la amaba y luego, se angustió ante la eventualidad de que pudiese morir.
Cerró sus ojos, buscando ese punto en su interior donde estaba localizado su balance y se centró en esa zona, sintiendo como las aspas del sharingan retrocedían. La maldición de todo Uchiha, las emociones extremas avivaban su inestabilidad, nublando sus sentidos. Aprendió a combatir sus exaltadas sensaciones a través de ejercicios que lo auxiliaban a calmar ese lado oscuro. Alcanzar ese balance óptimo fue un arduo esfuerzo de varios años. Sin embargo, en ciertos instantes accedía a ser arrastrado por sus emociones, precisamente aquellos que se relacionaban con Hinata, demostrándole lo profundo de sus sentimientos por ella.
Él nunca imaginó…
-Sasuke…
La dulce voz vacilante lo retiró del sendero que tomaron sus pensamientos. Más sosegado, se giró a mirarla. Advirtió la suave exhalación que escapó de los labios de la pelinegra, evidenciado la preocupación de la Hyuuga.
-Ven aquí.
No hubo necesidad de repetir la orden. Salió de la cama con prontitud, dirigiéndose a esos fuertes brazos que le proveían de toda la protección que ella necesitaba. Se arrimó a él, sus brazos rodeando la cintura masculina, los de Sasuke sobre su hombro y escondió el rostro debajo de la barbilla masculina, aspirando la esencia exclusiva del Uchiha.
Él, a su vez, la sintió temblar entre sus brazos. Le satisfacía reconocer que a la dulce pelinegra le agradaba ser abrazada por él. Era una pequeña victoria sobre el dobe, un triunfo agridulce al saber en dónde ella realmente colocaba sus lealtades. Pero, en cierto modo, ser él quien la afectaba de esa manera… sí, lo complacía grandemente.
-¿Qué haremos, Sasuke?
-Descansar por ahora. Luego, a las primeras horas de la madrugada, nos iremos.
Ella inclinó su rostro hacia atrás para mirarlo.
-¿Me iré contigo?
-Sí. Necesito que traigas tus documentos contigo.
-Hai.
Los ojos lilas miraron los negros sin rastro alguno de duda, ni vacilación. Sasuke admitía, interiormente, que no estaba siendo justo al arrastrarla a su estilo de vida –al menos la que vivió en esa época de su pasado. Era un egoísta y no podía evitarlo; ella era suya. Súbitamente surgió en los labios masculinos apenas una sonrisa perspicaz y reconoció el sentimiento que crecía en su interior: orgullo. Ella albergaba la certeza de seguirle. Y no era para menos, luego del futuro del cual provinieron. Esa era otra deleitable victoria sobre el dobe.
-Ven, vayamos a dormir. Mañana será un día largo.
La haló delicadamente por la mano, guiándola a la cama. Ella se sentó en la cama, aguardando a que se deshiciera de su chaqueta. Las sandalias, junto con su chôkuto, las había dejado bajo la ventana, respetando la costumbre de no entrar con ellas a una morada. Seguidamente, ambos se acostaron en la cama. Ella sobre su lado derecho, él sobre el izquierdo, uno frente al otro. Él alargó su brazo y lo enroscó en la cintura femenina, aproximándola a su cuerpo.
Ella sintió una peculiar pero poderosa sensación apoderarse de todo su ser al reclinar su cabeza en el pecho masculino, escuchando el sonido tranquilizador de los latidos del corazón del Uchiha. Esperanza. Tenía suficiente osadía para abrigar la idea de poseer un poco de ella. Rápidamente se sumergió en un sueño profundo, quizás sintiendo la seguridad de la cercanía de Sasuke.
El pelinegro la sintió relajarse en sus brazos, el cuerpo femenino ladeándose y apartándose un poco de él. La espesa melena negra caía sobre sus hombros; el pecho subía y bajaba siguiendo la respiración rítmica y pausada de la Hyuuga. Él levantó la mano para enredarla en su suave cabellera. Mirando su bello rostro, deseó quedarse allí para siempre y olvidarse del mundo. Ella le brindaba paz a su alma. Perdió la cuenta de los momentos en que su rostro y su sonrisa lo ayudaron a alcanzar su cordura y recuperar su compostura.
Era cierto lo que ella le había pedido. Tenía que alcanzar a arreglar el horrendo futuro y no permitir que Naruto recurriera al uso del Sello de la Parca. Pero, sobre todo ello, un singular propósito lo empujaba a corregir el destino de ambos.
-Hinata. – murmuró él en voz baja, sabiendo que no lo escuchaba, -Haré todo lo posible para que no le suceda nada al dobe. Pero no sin antes asegurarme de que tu futuro esté totalmente seguro.
Y solo entonces permitió que el sueño se posesionara de sus sentidos.
. . .
-Hinata.
-¿Mmm? – fue la somnolienta réplica femenina.
Se compelió a abrir sus ojos. De pie, junto a su cama, estaba un paciente Sasuke.
-Es hora de irnos. – ella declaró lo obvio.
Estiró sus extremidades para alejar los vestigios del sueño. Los ojos violáceos regresaron hacia la figura del Uchiha. Ella no pudo contener el impulso de hacer un mohín con su boca; era, hasta cierto grado, indecente como él siempre podía estar fresco como una lechuga, aún después de una vigorosa batalla o despierto a esas horas infernales de la madrugada. Mirando la hora fluorescente de su pequeño reloj digital descubrió que habían dormido cuatro horas.
Sasuke cruzó los brazos frente suyo y arqueó una ceja.
-Voy, voy ya mismo. – murmuró ella contrariada. No era una dormilona pero tampoco se alcanzaba a descansar tan bien con pocas horas.
Fue a su baño para enjuagar su rostro y lavarse los dientes. Al salir, se encontró con la grata sorpresa de que su ropa había sido elegida y esperaba sobre su cama. Ella le lanzó una mirada fulminante a la espalda de Sasuke, quien estaba frente a su ventana observando detenidamente el exterior. En ocasiones, su actitud preponderante bastaba para que la pelinegra se enfureciera con él. Pero, respirando hondo, decidió que era preferible no iniciar una discusión por algo tonto como la selección de su ropa.
Terminó de vestirse con la última prenda y se dirigió a la cómoda a tomar su cepillo. Inesperadamente, él estaba detrás de ella, su enorme mano sobre la de ella.
-Permíteme.
Ella reconoció en su voz la orden. Rezongó para sus adentros; el soberbio pelinegro nunca pedía, él exigía y dictaba. Accedió, un poco adusta. Hinata no sabía si su irritabilidad se debía a la intransigencia masculina, a que había sido privada de unas buenas horas de sueños o una mezcla de ambos factores.
Se acomodó en el centro de la cama, como solía hacer, con sus piernas debajo de ella y él hizo lo propio, detrás de ella. Sin embargo, luego del primer desplazamiento del cepillo por su melena, cerró sus ojos y todo enojo la abandonó por completo. Era absolutamente evidente que había extrañado el ritual de sus noches junto a Sasuke. Nunca descifró que tenían sus enormes manos que la relajaban a tal grado que perdía la percepción de todo lo que se hallaba su alrededor excepto a Sasuke y sus movimientos pausados sobre su cabello.
Sasuke, a su vez, estaba cautivado en desenredar cada mechón de la reluciente cabellera negra. La tarea siempre había sido atrayente, logrando que mitigara sus tensiones. Además, ¿cuándo volverían a tener un momento de paz como ese? Deseaba obtener provecho de cada minuto de ese instante al lado de Hinata. Al finalizar, levantó toda la melena y besó fugazmente la nuca femenina al tiempo que aspiraba su esencia particular.
-Listo. – murmuró él sobre la descubierta piel.
Hinata luchó contra la oleada de placer que surgió intempestivamente, alterando todos sus sentidos. Asintió, bajando de su cama. Sasuke la observó caminar hasta su cómoda, sus ojos violáceos deteniéndose sobre el hitai-ate femenino. Advirtió el breve temblor de su cuerpo, como si realizara hacia que ella se adentraba y que, quizás, no podría dar vuelta atrás. Él apretó su quijada, permitiendo que ella decidiese. La vio sacudir su rostro suavemente y luego abrir la primera gaveta. Una diminuta sonrisa apareció en los labios masculinos al ver que ella sacaba un chôkuto y un arco yumi. Hinata era práctica, era una de las tantas cualidades que rápidamente conocería de ella.
Abstraída en sus pensamientos, manos blancas asiendo varios artículos personales para colocarlos dentro de su bolsa de viaje, meditaba en el paso que estaba tomando. Era probable que su vida diese un giro de trescientos grados… ¿a quién creía ella que engañaba? Era definitivo que ese giro se efectuaría con su decisión pero, si no lo hacía, ¿podría aceptar la idea de no tener a Sasuke a su lado? No; era un sacrificio necesario. Y no solo para ella, quizás para todos en el futuro. Percibió al pelinegro aproximarse a ella y lo vio colocando el cepillo dentro de su bolso.
Levantó su mirada hacia él. El corazón femenino dio un brinco en su pecho al ver la tierna sonrisa torcida. Sasuke siempre había sido un enigma para ella y continuaba siéndolo, como esos raros instantes en que se veía humano.
-¿Lista?
-Hai.
Se agachó para besar la frente de ella. Luego caminó hasta sus sandalias para calzarlas y tomar su chôkuto para ceñirlo en su espalda. Extendió su mano hacia ella y sin ningún tipo de vacilación, ella caminó hacia él para sujetarla.
Saltaron a través de la ventana hacia el exterior, sin la certeza de que les depararía el destino, pero Hinata, deteniendo su mirada sobre su diminuta mano en la enorme de Sasuke, consideró que junto a él era capaz de enfrentar lo que llegara.
. . .
Notas de la Autora: ¿Por qué presiento que los he enredado más con la trama en vez de aclarar la situación? "sonrisa malvada"
Estoy pensando seriamente en narrar un suceso del futuro en el próximo capítulo, explicando como esos dos terminaron juntos. Habrán varios de esos episodios, aunque no sé con seguridad cuantos serán. Como dije en mi capítulo anterior, estoy escribiendo la historia con mi santa paciencia. Quiero estra bien segura y satisfecha de como voy desarrollando la trama.
Al igual que estoy desarrollando a tanto a Sasuke y a Hinata con un carácter más maduro, de acuerdo a las experiencias que vivieron.
También casi completo una escena lemon que tendrá que ver con el siguiente capítulo. Siento mucho si no la publico en esta historia. Fanfiction . net es muy exigente con sus reglas. Saben que cualquier historia que ellos consideren inapropiada, tienen la autoridad de borrarla del sistema y no me agradaría que sucediese. Pueden también borrar mi cuenta y sería muy triste perder mis historias. Así que la subiré en la clasificación de M.
Ahora, sobre los comentarios. ¡No puedo creer todos los que he recibido! Muchas gracias, de veras que estoy algo avergonzada por su apreciación de mi historia. Me gustaría saber si prefieren que les de mi gracias de este modo o a través de un mensaje personal. Me dejan saber, por favor. No a todo el mundo le agrada recibir PM.
Y bueno, aquí está mi cuadro de honor: tenshihinata, Fer12, Jesus MSV, Meow, lp, yue yuna, dharmachakra, crystal luna, lady hyuuga, Hyuga-Princess, Lady Sakura Lee, ahmaira, dama jade, Fernanda, jade de mara y varios anónimos -es una pena que no conozca sus nombres. :( Gracias a cada uno, con sus comentarios me ayudan a saber si estoy tomando el camino correcto. Todos los que escribimos siempre tenemos un poco de inseguridad y leer sus elogios nos ayuda a continuar nuestra tarea. Del mismo modo, gracias a todos aquellos que colocaron esta historia, apenas comenzando, entre sus favoritos y quienes se subcribieron para seguirla.
FPC : jueves 4 de abril de 2014
