Vamos por el segundo cap, hoy vengo inspirada XD

Espero sea de su agrado, no sé qué tan seguido actualizare, pero les prometo terminarla, tenía miles de ideas para el reencuentro, pero me decidí por algo de "Akai Ito" (habla sobre la leyenda japonesa del hilo rojo del destino) y también me inspire medio en una escena de "A Gentlemans Dignity" un dorama que estoy viendo a medias 3.

Tratare de llevar lo mejor que pueda la historia, pues no sé si es porque ya tengo un poco más de experiencia escribiendo o porque cada vez que pienso en esta historia se me ocurren miles de ideas diferentes; pero muchas veces me cuesta decidir en cómo llevar la trama :o.

Besos!

Asile-chan

Había llegado por fin el tan esperado día, Mikasa se levantó muy temprano y comenzó a arreglarse; Se puso un vestido rojo ceñido al cuerpo y un par de tacones negros que resaltaban sus largar piernas, para el peinado de su corta cabellera y el maquillaje, se dirigiría a una de las sucursales de "Queen" la empresa que manejaba su amiga, ella misma había volado hasta María junto a Mikasa para poder arreglarla para la ocasión.

Condujo su Mercedes Benz y en cuestión de minutos se encontraba ya en su destino. Vio a Historia por una de las grandes ventanas, la pequeña se miraba muy ocupada mandando cosas de un lugar a otro en la sala; podía ser bajita y tierna, pero cuando se trataba de trabajo, era también bastante dedicada. Al notar que su amiga estaba tan absorta en su trabajo, decidió entrar y saludar:

-Hola Historia, ¿Llego en mal momento?—pregunto.

-Para nada Mikasa, solo quería cambiar las cosas de lugar, ya sabes, para darle un nuevo aire a esta sucursal—decía animada la chica rubia—Ven siéntate, es hora de comenzar a resaltar tu belleza natural—hablaba al tiempo que dirigía a Mikasa a un asiento para poner manos a la obra; comenzaron a pintar sus uñas con un esmalte mate que quedaba perfecto con su blanquecino color de piel, luego, comenzó a maquillar su rostro con colores bajos, dejando como punto llamativo sus labios, sus ojos brillaban por si solos por su espectacular color plomo, por lo que solo se le aplicó una sombra piel, para su cabello, corto las puntas y lo arreglo a un lado, era bastante corto, pero aun podía arreglarse de diversas formas.

En más o menos una hora la chica azabache estaba totalmente lista para dirigirse al evento, "Justo a Tiempo" pensó al ver el reloj que tenía en su mano derecha.

-Has hecho un trabajo espectacular Historia, muchas gracias—dijo ella sinceramente, su pequeña amiga era una estilista totalmente genial, ella misma elegía los colores y combinaciones para cada nuevo producto que lanzaba, y siempre acertaba rotundamente.

-No tienes nada que agradecer Mikasa, lamento no poder acompañarte al evento—se lamentó la rubia, que había recibido a última hora la noticia que la supermodelo que sería la cara de sus productos en Francia había aterrizado antes, y esa misma tarde tendrían que firmar el contrato—Sé que Armin lo siente igual—añadió; su gemelo estaba en esos momentos en una conferencia de prensa en Shinganisa, con el motivo de dar a conocer sobre el recién aprobado proyecto de una nueva ala del hospital que se especializaría solo en atención gratuita a los sectores más pobres.

-No te lamentes Historia—Dijo Mikasa consolando a su amiga,- Agradezco sus buenas intenciones y comprendo perfectamente los motivos por los que ninguno pudo ir—finalizo dándole una palmadita en la espalda—Ahora, tengo que irme, o llegare tarde; te deseo suerte con la supermodelo—se despidió la chica.

-Mucha suerte a ti también—dijo la rubia.

Mikasa se dirigió al evento, al cual llego (como siempre) puntual; recibió muchos cumplidos de uno que otro camarada que la vio en el lugar; la ceremonia dio luego inicio y se le entrego el esperado reconocimiento, cosa que todos aplaudieron en aprobación, pues hasta sus rivales de noticias, reconocían que la chica lo tenía bien merecido. Al terminar la ceremonia recibió muchas invitaciones para ir a celebrar, pero la huraña chica las rechazo a todas cordialmente, pensó en verse con Historia, pero al llamarle y darse cuenta que tenía el teléfono apagado, supuso que no había salido de su cita, por lo que para matar el tiempo, decidió irse a comprar algunos recuerdos del lugar, más para Historia y Armin que para sí misma, pues a ella, incluso luego de tantos años no le hacía mucho ánimo encontrarse en esa ciudad. De camino a su destino, paso por el viejo orfanato, que todavía seguía en pie, vacío, debido a sus peligrosas estructuras ya ruinas, pero seguía dando ese aire nostálgico y triste que Mikasa recordaba durante su infancia.

Cualquier otro se preguntaría que habría sido de todos los niños con los que creció, pero ella, que debido a su timidez siempre fue como un cero a la izquierda en ese lugar, no recuerda ni siquiera el nombre de alguno de ellos. El único recuerdo de esos años, fue el momento en que salió, más precisamente, en el que llego a la ciudad subterránea y cierto chico pelinegro la rescato y hasta la dejo dormir en su casa una noche, siendo prácticamente extraños. Era raro, tenía mucho tiempo sin acordarse de ese hecho, prefería tener su mente ocupada en el trabajo, eso para ella era sin duda más productivo.

Intento recordar el nombre de su rescator, pero tanto eso como su rostro eran bastante borrosos en su mente, lo único que recuerda exactamente era el color de su cabello y la confianza que le infundio sin ni siquiera conocerse.

Se dio cuenta de que había estado perdida en sus pensamientos durante bastante tiempo, pues el clima había comenzado a ponerse más helado, levanto su mano para poder observar la hora en su reloj, pero en ese preciso instante alguien paso detrás de ella, y un hilillo de la bufanda roja que esa persona cargaba quedo atorada en el reloj; al parecer la persona no lo había notado, pues seguía su camino, pero ella, pensado en que de seguir así la bufanda terminaría por deshilársele, se volteo y llamo su atención:

-Disculpe, su bufanda esta atorada en mi reloj—dijo y observo al dueño de la bufanda, algo dentro de su interior comenzó a moverse, esa cabellera, ese color negro que para cualquiera podía ser común se le hizo tan familiar, que no supo si el hombre tardo minutos en voltearse o fue ella quien lo sintió así.

Al estar de frente, a ella casi se le para el corazón, sentía que todo lo que hasta hace poco no podía recordar llego a su mente de forma tan rápida; ese rostro inexpresivo, esos ojos azules, incluso la forma del peinado, todo le recordó a ese jovencito que en su infancia la salvo de ser la víctima de un mercado con mal carácter.

El por su lado, tardo unos segundos más en reaccionar, al escuchar la voz que lo llamaba en el momento en que iba tan metido en sus pensamientos, sintió que se transportaba al pasado, justo al momento en que, en un acto estúpido según él, ayudo a una desconocida, y no solo eso, sino que además la dejo dormir con él; y por si fuera poco, recordó la tristeza que le causo que esa desconocida se fuera a la mañana siguiente. Había reprimido esos recuerdos durante años, y ahora todo volvía, por lo que al voltearse, y reconocer aun con el maquillaje y la madurez adquirida, el rostro de esa quinceañera que en algún momento ayudo, cambio un poco ese rostro serio por uno de verdadera sorpresa, ella se encontraba en el mismo estado, con ver el asombro en sus ojos lo sabía.

Ambos estaban callados, solo viéndose, sin saber que decir o que hacer. No eran viejos amigos, se toparon una sola vez y ya. Ninguno pronunciaba palabra alguno, y era incomodo, porque aun en su interior, temían que si no decían nada, el otro se iría y muchas dudas que en esos minutos iban surgiendo quedarían sin respuesta de nuevo.

-Levi—dijo Mikasa luego otro rato de silencio, en el que seguían parados como estatuas, su nombre había salido solo de su boca, sin forzar nada, incluso se avergonzó un poco, ¿Qué tal si él no la recordaba? No, eso era imposible, estaba igual de sorprendido que ella, pero, ¿Y si para el eso no era igual de importante? Incluso ella misma se sentía estúpida por darle tremenda importancia a alguien que conoció hace diez años y con quien ya nunca había tenido contacto; pero ¿Cómo le explicaba eso a su corazón que no paraba de latir?

-Mikasa…Ackerman—pronuncio el, recordó su nombre a la perfección en cuanto la vio, aun vestida de forma elegante y dejando de ser la mocosa delgadísima que fue hace 10 años, al mirarla a los ojos su nombre inundaba su mente.

-¿Cómo has estado?—dijo la azabache intentando darle flote a alguna conversación.

-Bien—dijo él y callo durante un momento, pensando en que si seguía el rumbo de esta conversación monótona, dentro de un par de minutos habría acabado y cada uno se iría por su propio camino, cosa que si se ve desde el punto racional era lo más lógico, pero en ese momento, a Levi le importaba un carajo la lógica, lo que quería es hallar la forma de seguir hablando con ella—Vamos por un café—dijo al fin. No era una pregunta, estaba afirmándole que irían por un café, no dejaba espacio para negarse, y esto Mikasa lo noto; si fuera otra situación se negaría de inmediato con solo sentir de que alguien quería controlarla, pero en estos momentos no era Mikasa Ackerman, la gran periodista, la mujer fuerte e independiente; sino que había vuelto a ser esa pequeña quinceañera que se dejó arrastrar por un desconocido que la rescataba.

-Vamos—fue su corta respuesta, comenzó a caminar pasos atrás de Levi, dejando incluso su auto olvidado, no le importaba si le pasaba algo en ese instante, su mente estaba dirigida a una sola cosa "El reencuetro de Levi Rivaille"./