¡Yosh! A seguirle con los retos. Acabo de terminar éste segundo capítulo (la verdad es que estoy improvisando con la historia un poco ;O;) así que espero sea de su agrado.
Capitulo II
Ciudad de Tokyo. 1:30 PM.
El viento mecía suavemente las hojas de los árboles que los cubrían de la luz del sol. La llegada del verano se sentía por todo el lugar, y era algo que la sorprendía. Nunca antes en su vida tuvo un sueño tan detallado, era la primera vez que podía apreciar incluso el rostro de las personas que pasaban por ese parque en el que se encontraban.
El hombre a su lado, de alguna forma, terminó arrastrándola a este sitio para hablar de un tema "delicado." Aunque esto fuera sólo un sueño —ya que de otra forma no se hubiese atrevido a saltarse las clases—, el personaje que ella misma creó en su subconsciente se revelaba en su contra. Tenía bajo su poder a la preciada princesa rosa, y si quería tenerla de vuelta, lo mejor era cooperar con él.
Su mascota, quién decía ser el famoso conejo de la luna, anotaba en un pergamino un par de cosas que el "anciano" le dictaba. Ella sólo los miraba, a la espera de que hicieran las preguntas que tenían.
—Ah, aquellos dos de allá están a punto de encontrarse —comentó Oji-san, señalando a una chica que corría y a un hombre que venía de la mano con otra mujer.
Kyoko observó hacia la dirección que apuntaba, y estudió la situación un momento—. Él ya tiene a alguien, o al menos eso parece.
—Pero ella no es la joven con quién debe estar. —Ambos continuaron mirando hacia la pareja que acababa de ser accidentalmente separada por la muchacha que tropezó con el hombre. Ella se disculpaba con pena, y él sonreía con amabilidad.
—No lo entiendo —dijo Kyoko. Ya que se trataba de algo dentro de su mente, se permitiría expresarse como quisiera.
—¿Qué es lo que no entiendes?
—¿No se supone que su trabajo es evitar eso? Que las personas se enamoren de alguien equivocado y pasen por situaciones innecesarias.
—Oh, Kyoko-san. Nada en este mundo es innecesario. Si algo he aprendido a lo largo de los años, es que cada momento deja una lección invaluable en el corazón de los seres vivos. Puede parecerte cruel el hecho de que esa chica sufrirá el día en que su relación con ese hombre termine, sin embargo, las cosas tienen que ocurrir de ese modo para que cada quien logre encontrar su camino —explicó.
—Sería más sencillo si simplemente nos encontráramos con la persona al otro lado del hilo sin desviarnos ¿No es por eso que los ata?
—Te equivocas. El propósito de hacerlo es ayudarles a no perderse. Las situaciones que tengan que pasar para verse no son mi responsabilidad. No puedo entrometerme en ello.
—¿Y qué es lo que está haciendo conmigo?
El anciano de la luna respingó levemente ante su comentario—. Es diferente… —dijo, luego de aclarar su garganta—. Mi intervención tiene fines meramente científicos, si puedo llamarlo de ese modo. Yo sólo quiero conversar contigo sobre lo que piensas, quiero aprender de ello.
—Y dijo que me ayudaría ¿No es así? Eso cuenta como intervención.
Oji-san cerró sus ojos nerviosamente, intentando encontrar una justificación adecuada. Usa-kun soltó una pequeña risa al ver a su señor en aprietos.
—Claramente estamos rompiendo cientos de reglas contigo, Mogami-san —habló el conejo—. No obstante, él es muy terco y curioso como para dejarlo pasar. Además, siempre ha sentido un extraño afecto por los humanos que no tienen a sus padres. Eso hizo su motivación más fuerte.
La chica alzó la vista—. ¿Cómo sabe lo de mis padres?
—Llevamos un registro de todos los humanos a los que el abuelo de la luna ha unido. Su vida completa está en nuestros pergaminos.
—¿Estaban observando?
—Si. Creo que comenzamos a hacerlo luego de que cambiaras de casa, hasta el día en que conociste…
—Eso es lo de menos —interrumpió Oji-san—. Como el tuyo es un caso especial, me permito intervenir libremente, aunque eso no quiere decir que no tenga un límite.
Kyoko desconfiaba de sus palabras ¿Qué clase de límites podría tener él? Si se atrevía a secuestrar a su princesa rosa para extorsionarla. Suspiró levemente, preguntándose cuando despertaría de éste sueño. Creyó que dejándose llevar aceleraría las cosas, sin embargo, parecía interminable. Hablar con ambos personajes no era la clave para volver a la vida real, y ya comenzaba a preocuparse por no estar a tiempo para las clases.
—¿Puede explicarme por qué soy un caso especial? —preguntó. Quizás sabiéndolo concluiría con todo. Posiblemente su subconsciente quería hacerla aceptar algunas cosas respecto a su promesa de no volver a amar.
—Como había mencionado antes, eres la primer alma que se niega rotundamente a corresponder el lazo que la une a otra persona —dijo Oji-san—. Ciertamente, he visto más casos donde uno de los dos es demasiado orgulloso para aceptar sus sentimientos, y eso complica las cosas; pero tú, Kyoko-san, tú no solamente eres orgullosa, sino que realmente deseas erradicar tu amor. No estás dándole una sola oportunidad.
Ella asintió sin agregar nada.
—Me intriga bastante el por qué de tu decisión.
—Es porque no quiero volver a ser la misma tonta de mi pasado. Si dejo que algo como el amor ensucie mi vida, perderé todo rastro de mi cordura.
—¿Qué tendría eso de malo? Según mis investigaciones, la mayoría de los humanos se comportan de forma ridícula una vez que se enamoran. Para una chica de tu edad no debería ser raro.
—¡Eso es terrible! Es por cosas así que los demás pueden aprovecharse de ti, y hacerte terminar con el corazón roto de la forma más miserable.
—El karma se encargara de eso, y por otra parte, he visto que sólo así se alcanza la madurez mental.
La chica respiró, comenzando a exasperarse. Para éste personaje imaginario era algo fácil, no obstante, jamás lograría entender la impotencia, y el deseo asesino que surge en alguien cuando ha sido traicionado.
—Si verdaderamente es un gran conocedor, ya debería saber que hay cientos de personas viles y crueles que no dudarían en pisotear a los otros con tal de obtener su propio beneficio. El amor es la perfecta herramienta para ayudarlos en ello.
Oji-san llevó la mano a su mentón, mientras meditaba—. Entonces tú has decidido no darle esa herramienta a nadie —murmuró.
—Es la mejor forma de decirlo —concordó—. Si dejase que el amor volviera a mi, estaría arriesgándome.
—Así que eso quiere decir que no confías en Tsuruga Ren —declaró el anciano de la luna.
—¿Eh? Yo no dije eso. Él no tiene nada que ver con mi promesa de no volver a amar.
—Claro que lo tiene, Kyoko-san. Siendo él la persona al otro lado de tu hilo rojo, está completamente involucrado en esto.
Si pensaba con detenimiento, podía encontrarle la coherencia. Al ser consiente de que Ren es el hombre al que ama, y aun así negarse a hacerlo, daba a entender que tampoco confiaba en él para darle esa "herramienta" que la convertiría en su eterna seguidora.
—¿Crees que él se aprovechará de tus sentimientos?
—¡Por supuesto que no! Yo no pienso así de Tsuruga-san.
—Siendo así ¿Por qué negar tu conexión con él? Si no se trata de tu miedo a ser usada.
—Eso es… un asunto distinto —respondió, desviando su mirada.
Oji-san suspiró. Este caso era incluso más complicado de lo que había imaginado. Por mucho que intentara comprender los motivos de la joven, no lograba encontrarles una lógica. Antes de venir aquí, averiguó lo mejor que pudo qué cosas estuvo haciendo ella durante los años pasados, y estaba al tanto de la situación con Fuwa Shoutaro, o al menos, conocía la mayoría de los detalles. Era obvio que él fue la razón para que Kyoko decidiera dejar atrás el amor; pero ¿Por qué? ¿Por qué no se reponía de esa triste experiencia como los demás?
—Ren-san intenta sanar tus heridas de algún modo —habló con seriedad—, no obstante, haces lo posible para que no pueda acercarse.
—No quiero que él se moleste por alguien como yo —expresó la chica—. Además quiero hacer las cosas por mi misma. Trabajare arduamente hasta el día en que consiga mi objetivo, y una vez que eso pase, podré estar en paz. Por eso no puedo distraerme, ni volverme tan débil como lo fui una vez.
—El amor no te hace más débil.
—Aunque nos haya observado o lo que sea, no puede saberlo si nunca lo ha experimentado.
Estaba algo cansada de que el clon de Takarada Lory dentro de su cabeza tratara de convencerla de que la infección en su alma es algo hermoso ¿Qué clase de sueño era éste? Nunca creyó que entre sus pensamientos estuvieran escondidas pecaminosas ideas como las de aceptar libremente sus sentimientos por Tsuruga-san y que él fuese a corresponderle, o que se preocupara por ella de forma más allá de la profesional. Era una completa idiota si creía que las cosas eran así.
Tanto el conejo como el anciano de la luna guardaron silencio durante largo rato. Quizás Oji-san estaba analizando sus palabras. Era extraño, pero éste hombre no dejaba pasar ningún detalle, cualquier cosa que ella dijera era tomada en consideración, aún si estuviese diciéndolo en broma. Dejó de lado al par de seres imaginarios, y enfocó su atención al parque donde estaban. Sabía que se hallaba cerca de la escuela, aunque no lo conocía bien, y por ello le resultaba raro que fuese el escenario de su peculiar sueño.
Notó con interés como todo parecía fluir igual que en el mundo real, era una maravilla. Estando así no podía evitar sentir que esto verdaderamente estaba ocurriéndole. El hilo rojo del destino existía, y Tsuruga-san y ella compartían ese lazo. Sonaba absurdo, pero con ésta vista y el viento soplando a su alrededor lo hacían sentirse autentico.
Éste pensamiento la hizo tensarse un poco ¿Qué pasaría de ser cierto? De estar viviendo un encuentro que va más allá del razonamiento humano. Si las palabras del anciano fuesen verídicas, y su destino con su senpai también… Entonces sería horrible. Nada cambiaría su opinión sobre el amor, y tal cosa sólo condenaría a Tsuruga Ren a amar a alguien que no desea ser amada.
—Disculpe —dijo para llamar la atención—. ¿Es inminente lo que ocurre con las personas que ata con su hilo rojo? Quiero decir ¿Ellas realmente se enamorarán?
—Por supuesto —aseguró, tras mirarla unos segundos—. ¿No estás tú enamorada de Ren-san?
No respondió a esa cuestión. Simplemente sintió su cabeza dar vueltas al saber que el actor estaba destinado a sufrir por su culpa. Ella no quería, bajo ningún concepto, ser la causante de su angustia.
—Él dijo que no tenía permitido tener a una persona especial —recordó en voz alta—. ¿Cree que eso sea posible?
—Hay un gran trecho entre lo que se dice y lo que se hace —contestó Oji-san.
—Pero de ser así, no habría necesidad de que él sufra.
—¿Por qué sufriría?
—Por estar a mi lado ¿No se lo dije ya? Alguien como yo sólo le traería conflictos. Sin embargo, si él no está interesado en enamorarse, y yo no puedo corresponderle no hay problema.
—¿Y crees que él no siente ya algo por ti? No puedes apresurar tus conclusiones.
—En ese caso…
—En ese caso tienes que tomar una sabia decisión —interrumpió el anciano—. Tal vez tengas razón, y en tus condiciones sólo lograrás herirlo. Por eso debes pensarlo detenidamente ¿Aceptarás mi ayuda y superarás esto o continuarás como hasta ahora?
—¿De verdad está dispuesto a ayudarme con lo que sea?
—Siempre y cuando esté al alcance de mis manos.
Kyoko cambió su expresión, analizando sus palabras con seriedad—. Entonces hágalo. Ayúdeme con esto —pidió, tras meditarlo unos minutos. Se levantó de la banca y se posicionó al frente del anciano de la luna—. Por favor, Tsuki no Oji-san… rompa el hilo rojo que me une a Tsuruga Ren.
Una ráfaga de viento movió el cabello de todos, trayendo algo de dramatismo a su petición. El conejo de la luna dejó a un lado el pergamino donde garabateaba cosas que un simple humano no podría traducir, y abrió sus ojos de par en par, incrédulo a las palabras que acababa de escuchar. El gesto de su señor no fue muy diferente, ambos no concebían lo que ella estaba pidiéndoles. Luego de permanecer estáticos un tiempo, se vieron entre sí y comenzaron a reír.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó, un tanto ofendida por la reacción.
—Mogami-san eso que pides es…
—Es completamente disparatado —terminó la frase el anciano de la luna—. Piensas tan diferente del resto ¿Estás segura de que eres humana? —bromeó.
La chica volvió a tomar asiento con enfado ¡Era el colmo! Sus propias alucinaciones estaban burlándose de ella—. ¿Por qué es disparatado? Usted coloca el hilo ¿No puede romperlo?
Oji-san contuvo la risa y tomó un aire de seriedad, aunque aún en su mirada se notaba la diversión por ésta conversación—. No es tu culpa si no lo entiendes, Kyoko-san —opinó—. Verás… no es algo tan sencillo. Jamás en lo largo de mi existencia he hecho algo como eso, además no es decisión mía, como tampoco lo es unirlos.
—Entonces el destino…
—El destino lo forjan ustedes mismos —dijo—. Aun si es verdad que hay ciertos encuentros que son inevitables, sólo las personas eligen que les depara el futuro. Todas las almas tienen el derecho a decidir quién estará al otro lado de su hilo rojo.
—Yo no recuerdo haber decidido algo así.
—No en ésta vida, pero en su vida pasada tanto tú como Ren-san debieron haberse encontrado, y desearon con intensidad volver a verse aun después de dejar este mundo.
Kyoko continúo callada, observando detenidamente al anciano de la luna.
—Cuando el anhelo de dos almas es así de fuerte, yo coloco el hilo para ayudar a cumplir su deseo. La gente llamó a esto "estar predestinados" cuando en realidad es algo que ellos mismos han elegido, aunque no estén conscientes de ello.
—Por eso Oji-san no puede ir por ahí deshaciendo lazos sólo porque si. Estaría deshonrando su trabajo —agregó el conejo.
—Nosotros tenemos la decisión en nuestras manos —susurró la chica. El sonriente rostro de su senpai acudió a su mente. Esa sonrisa... no quería dañarla. Aun si esto era un sueño y nada de lo que le dijeran fuese verdad, no podía darse por vencida—. ¿Y qué pasa si yo he decidido romperlo?
—De cualquier forma no puedo hacer nada.
—¿Necesita que ambas partes deseen separarse?
—Técnicamente si, aunque es improbable que ocurra.
—¡Entonces no hay problema! Si convenzo a Tsuruga-san de romper el hilo, usted lo hará ¿Cierto?
—Kyoko-san ¿Qué tonterías dices? Cuando te ofrecí mi ayuda no me refería a algo así.
—No aceptaré otra clase de ayuda de su parte —sentenció—. Puedo decirle lo que quiera respecto lo que pienso del amor para que me devuelva a la princesa rosa, pero en cuanto a lo otro no le permitiré hacer nada.
—No seas tan terca. Lo que me pides es imposible.
—No. No estaría rompiendo ninguna regla. Si ambas almas deseamos que el lazo se rompa debería funcionar.
—Siguiendo la lógica del por qué Oji-san ata los hilos rojos, Mogami-san tiene razón —opinó Usa-kun. El anciano de la luna le dirigió una mirada de fastidio.
—Es inaudito. La única manera en que yo podría concebir tal barbaridad sería si de verdad Ren-san viene a pedírmelo junto contigo.
—No hay problema —dijo con convicción—. Traeré a Tsuruga-san hasta aquí para que él mismo le pida que rompa nuestro hilo rojo, lo prometo. —Dicho esto, la chica Love Me emprendió camino hacia LME sin detenerse a oír las quejas del anciano. Creía haber encontrado la meta a cumplir dentro de su sueño, ahora sólo restaba esforzarse en conseguirlo para despertar.
Corría a gran velocidad para salir de los terrenos del parque, y justo cuando vislumbró la avenida que la llevaba hacia la escuela, tropezó con alguien—. Lo siento mucho —Se disculpó dando una reverencia.
—¿Podrías fijarte en lo que haces, torpe? —Una voz conocida la regañó.
—¿Moko-san? —Vio con sorpresa a su amiga recogiendo un bolso del piso.
—Claro que soy yo. Y más vale que tengas una buena explicación que darme. Es muy grosero que cites a las personas y no te presentes ¿Tienes idea de cuanto tiempo estuve fuera de esa escuela esperando a que salieras? Si ibas a ir a algún otro sitio antes, debiste decírmelo.
—Pero... pero... nuestra cita es a las 3 —mencionó confundida.
—¿Y qué hora crees que es? —preguntó fastidiada—. ¡Son las 3:40, Kyoko!
—No hay tiempo dentro de un sueño, Moko-san.
—¿Qué demonios dices?
—A menos que en mi sueño esto sea un nuevo obstáculo.
—¿A qué te refieres? Deja ya de hacerte la tonta. Voy a tomar un taxi, así que si quieres que te acompañe comienza a moverte o me arrepentiré.
—No puedo, tengo que ir a LME.
—Hoy no tienes trabajo ¿Recuerdas? Dijiste que irías hasta el jueves. Por eso volviste a tus clases.
Su cara empalideció ¿Qué estaba ocurriendo? El enojo de su amiga era bastante real.
—Me encuentro dormida y ésta situación es sólo parte de una elaborada pesadilla donde un conejo y un sujeto extraño me dijeron que vienen de la luna para hablar conmigo sobre mi lema de no volver a enamorarme. Por eso es que debo ir a la oficina.
—Es lo más estúpido que he escuchado.
—¡Pero es la verdad!
Kanae suspiró—. Si en serio estuvieses soñando esto no te dolería —dijo, estampando su bolsa contra la cara de Kyoko.
—¡Moko-san lo que hiciste fue muy cruel! —lloriqueó ella, hincándose en el suelo mientras sobaba su rostro.
—Te lo mereces por dejarme plantada, idiota.
Aunque quería seguir quejándose, el temblor en sus piernas le reveló que nada de lo que dijera iba a cambiar las cosas. El malhumor de su compañera y el ardor en su frente comprobaban la teoría: en ningún instante dejó el mundo real. El anciano de la luna existía, se saltó las clases luego del almuerzo y prometió traer a Tsuruga Ren para romper un hilo que verdaderamente la unía a él como símbolo de un amor que se juraron en alguna vida pasada.
—¡Es imposible! —gritó frenética ante la revelación de que nada fue un sueño.
A lo lejos, Oji-san y Usa-kun suspiraban con resignación.
—Se lo dije desde un principio... —murmuró el hombre.
A tan sólo unas horas de haberse conocido, las cosas tomaban un rumbo diferente pero interesante ¿De verdad Kyoko cumpliría con lo que dijo de convencer a Ren de renunciar a su hilo rojo? El anciano de la luna tenía muchas expectativas de lo que pasaría en la tierra con esta singular joven.
Gracias a todas por sus reviews y por pasarse a leer! ;3
