CAPÍTULO DOS: Te lo prohíbo

PRESENTE

Clarke sintió la luz del sol colarse por las cortinas de la ventana, se giró dándole la espalda, y estiró su mano para con gran desilusión darse cuenta que se encontraba sola en ella, el frío invadió su cuerpo y rápidamente abrió los ojos. Una sonrisa se dibujó en su rostro al recordar la noche anterior, la suave seda de las sábanas acariciaban su cuerpo como horas antes lo habían hecho aquellas manos que tanto amaba.

Se colocó boca abajo, con su mejilla contra la almohada, y cerró los ojos, disfrutando de aquella sensación de sentirse llena, sentirse completa. Sintió unos labios sobre su nuca y una sonrisa se dibujó en su rostro, luego pudo sentir como una mano se colaba por debajo de las sábanas, y con la yema de sus dedos acariciaba la desnuda espalda de Clarke. La rubia dejó salir un gemido, justo en el mismo momento en que aquellos labios volvían a depositar unos besos sobre el desnudo cuello, las sábanas volvieron a acariciar la espalda de la rubia, hasta llegar a su cintura.

-Si comienzas –Comenzó diciendo Clarke, su voz era ronca y su respiración comenzaba a entrecortarse, mientras su pecho bajaba y subía de forma rápida.- tendrás que terminar. –La risa de su amante llenó la habitación, hizo sentir a la rubia completa por segunda vez en menos de un minuto. Clarke sintió los finos dedos recorrer su columna vertebral, desde la nuca hasta la cintura.

-Cariño… –Susurró contra el oído de Clarke, la estaba matando y ella lo sabía completamente, porque así mismo era como ella se sentía cuando Clarke la tocaba.- …quizás… –Clarke sintió cómo la chica se sentaba a horcajadas en su cintura.- …te deje a la mitad –Volvió a susurrar contra su oído, Clarke volvió a gemir cuando sintió nuevamente sus labios sobre su nuca, para luego besar su hombro y su espalda.- Te debo un café, cariño –Volvió a susurrar contra el oído de la rubia, y antes de que esta tuviera tiempo de reaccionar, salió de encima de ella.

-¡Lexa! –Se quejó Clarke mientras tomaba un almohadón y se lo arrojaba a la castaña, quien comenzó a reír mientras esquivaba aquel objeto.- Te odio –Dijo con frustración mientras golpeaba la almohada que le quedaba, tomó las sábanas para cubrirse y se giró para observar a la castaña, quien en esos momentos una sonrisa dibujaba su rostro. Lexa llevaba un impecable traje negro, camisa blanca y una corbata desanudada en su cuello.

-Cariño, tú me amas –Lexa se acercó a ella nuevamente, y depositó un casto beso en los labios de Clarke.- Y lo dejaste muy claro el día de nuestra boda –Clarke tomó la corbata que llevaba Lexa, impidiendo que pudiera alejarse.- ¿Me harás el nudo? –Preguntó de forma seductora Lexa, Clarke arrugó la nariz, después de tantos años de estar con Lexa sabía que eso era una de sus debilidades.- No hagas eso –Se quejó la castaña, Clarke rió mientras se ponía de pie, dejando que las sábanas cayeran por su abdomen y sus piernas, dejando al descubierto su cuerpo.- Te gusta provocarme –Susurró Lexa mientras su mirada se posaba en los desnudos pechos de su esposa.

-¿Quién comenzó? –Se defendió Clarke, mientras con sus manos anudaba la corbata de Lexa.- Si fuese otro día, ya no estarías vestida –Comentó justo en el momento en que terminaba de hacerlo, Clarke tomó la camisa que la noche anterior había caído al suelo y se vistió con ella.- ¿Almorzamos juntas? –Preguntó Clarke mientras se dirigía al baño para darse una ducha.

-Si –Respondió Lexa mientras la seguía, abrazó por la cintura a Clarke, y luego depositó un beso en la mejilla de su esposa. Clarke se giró para quedar frente a la castaña, y pasó sus manos por detrás de la nuca de Lexa.- Prometo que esta noche te compenso –Clarke sonrió y unió sus labios con los de Lexa, quien respondió gustosa. En cuanto se separaron, la castaña pegó su frente con la de la rubia.

-Te amo –Susurró Clarke, Lexa sonrió y antes de poder responder, la rubia volvió a unir sus labios. Clarke abrió la boca, dejando entrar la lengua de Lexa, en cuanto sus lenguas se tocaron una corriente eléctrica recorrió ambos cuerpos, igual que había sucedido cuando se besaron la primera vez, igual que sucedía cada vez que se besaban. Estaban tan o más enamoradas que antes, y eso lo podían notar en la mirada de la otra.

-Te amo –Susurró Lexa una vez sus labios se separaron, depositó un casto beso en los labios de la rubia y luego se separó.

-¡Suerte! –Gritó Clarke cuando Lexa salía del baño. La rubia se quitó la camisa y entró en la regadera, el agua caliente golpeaba su cuerpo, había decidido que después de aquella ducha iría al estudio o saldría por algunas fotografías, lo primero y lo principal era disfrutar de aquel baño.

Cuando el reloj marcaba las doce en punto, Clarke cruzaba por la puerta del edificio del juzgado, allí se llevaría a cabo el juicio que Lexa tenía, siendo abogada de la parte defensora. Lexa había logrado ser una de las abogadas más reconocidas del país, si bien su apellido había influenciado mucho, la chica había ganado tantos juicios como su jefe y padre, por lo que su nombre aún seguía en lo alto.

Saludó con la cabeza al guardia de aquel edificio, hombres y mujeres con trajes o vestidos pasaban por su lado, siempre le había llamado la atención lo bien que se mantenía aquel edificio, el cual parecía ser de esos años, pero era uno de los más viejos en la ciudad. Clarke preguntó en recepción en cuál de las salas se llevaba a cabo el juicio, una vez se le informó, la rubia caminó hacia donde le habían indicado. Había tenido que pasar por una revisión, ya que tenían que tener un control de lo que pasaba y de lo que no. Una vez terminó con ello, la oficial que le había realizado el escaneó la dejó pasar, pero justo en ese momento un ruido sordo y gritos comenzaron a llenar el lugar.

Clarke tuvo un fuerte presentimiento, sin pensarlo dos veces comenzó a correr hacia las puertas de aquella sala, a pesar de que la mayoría de las personas intentaba salir ella hacía todo lo posible por entrar. Nuevamente el mismo ruido volvió a ser escuchado, esta vez Clarke supo perfectamente de lo que se trataba, esos habían sido disparos, los cuales provenían del mismo lugar donde ella intentaba entrar. Empujó a un hombre que intentaba salir, y tuvo que deshacerse del guardia que le impedía avanzar, Clarke no había visto por ningún lado a su esposa, ni tampoco al sospechoso de aquel homicidio, pero podía observar a los guardias que sujetaban a alguien, rápidamente lo pusieron de pie y se lo llevaban por la puerta detrás del estrado. Clarke no supo en que momento, pero sus piernas habían comenzado a moverse solas, su respiración comenzaba a acelerarse y un sentimiento de angustia estaba comenzando a invadir su cuerpo, en cuanto vio a Lexa corrió hacia ella sin pensarlo dos veces.

-Clarke –Susurró la castaña. La aludida dejó que las lágrimas comenzaran a surgir, no le importaba nada sólo su esposa. Lexa se encontraba en el suelo, su mano derecha sobre su abdomen y Clarke pudo observar la sangre que salía de allí, rápidamente se quitó su camisa, siempre solía llevar una camiseta de finos tirantes debajo, la estrujó y la aprisionó contra su abdomen. Clarke escuchó decir que los paramédicos estaban de camino, pero eso no la tranquilizaba, si hubiese dependido de ella, la hubiese llevado al hospital ella misma, pero sabía que lo mejor era no moverla.- Clarke –Volvió a repetir la castaña, la aludida negó con la cabeza mientras se inclinaba para depositar un casto beso en los labios de ésta.- Te amo –Susurró nuevamente Lexa, una vez sus labios se separaron.

-No –La voz de Clarke estaba rota, sus lágrimas corrían por sus mejillas sin cesar, sus miradas estaban conectadas, y la rubia sabía que la castaña se estaba intentando despedir, pero ella no la dejaría.- Te lo prohíbo –Susurró como pudo, la camisa blanca de Lexa estaba completamente manchada de sangre, y las lágrimas de Clarke una vez terminaban de recorrer su rostro caían en la castaña.- ¿Me escuchaste? –Preguntó intentando parecer seria.- Te prohíbo que te despidas, no puedes dejarme –Lexa había comenzado a cerrar sus ojos, sentía los párpados pesados y los gritos de las personas le eran lejanas, sus oídos sólo eran capaces de escuchar una sola voz, eran capaces de diferenciar aquella angelical voz de cualquier murmullo que hubiese a su alrededor, Clarke le rogaba una y otra vez que abriera los ojos, que no la dejara, y lo último que había podido escuchar eran las dos mismas palabras que ella había podido decir.

Clarke podía ver cómo se llevaban a Lexa, le habían colocado una mascarilla para respirar, una intravenosa para pasarle suero, la veía tan débil, tan frágil, sentía que si la tocaba podía romperla, el color de sus mejillas se había ido, estaba pálida y Clarke temía pensar lo peor, sus lágrimas no dejaban de salir. En cuanto llegaron al hospital tuvo que separarse de ella, lo único que había podido escuchar era la palabra cirugía, se detuvo en la puerta que ya no pudo traspasar, estaba segura que había recorrido medio hospital y no se había dado cuenta. Sintió unos brazos que rodeaban su cuerpo y se aferró a ellos como si la vida dependiera de eso.

-Clarke, cariño –Escuchó que le hablaban con ternura, sabía perfectamente de quien se trataba, su madre la sujetaba con fuerza, sintiendo el fuerte agarre de la rubia en sus ropas.- Todo estará bien –Abby sobaba la espalda de su hija, intentando que calmara un poco su llanto pero Clarke lo único que pudo hacer fue sujetarse con más fuerza y dejarse llevar, las lágrimas brotaron de sus ojos como si de una catarata se tratara. Sentía que estaba siendo conducida hacia algún lugar de aquel hospital, no le interesaba a dónde se dirigía, sólo quería ver a su esposa.- Clarke, mírame –La rubia clavó sus ojos azules, Abby había visto un brillo en ellos desde el día en que su hija conoció a Lexa, y desde entonces jamás se había apagado, pero por primera vez aquel brillo no estaba, había desaparecido.

Abby se sentó en la silla contigua donde se encontraba Clarke, la rubia había recargado su cabeza sobre el hombro de su madre, la mujer estaba hablando pero Clarke no sabía ni le importaba con quién, después de todo ya había escuchado que debía esperar para saber el resultado de la cirugía. No supo cuánto tiempo pasó, hasta que sintió que otros brazos la rodeaban, estaba segura que se trataría de Raven y Octavia, sabía que algo le estaban diciendo pero la rubia no escuchaba nada, estaba en un estado de shock que lo único que podía hacer era girar el anillo de bodas que llevaba sobre su dedo anular.

No tenía idea de lo que sucedía a su alrededor, sólo necesitaba que alguien llegara y le diera una explicación de lo ocurrido. La furia estaba comenzando a inundarla, junto con la desesperación de no saber cómo se encontraba Lexa, la angustia, y las últimas palabras de la castaña retumbaban en todo su ser, quería ser lo último que escuchara, no le importaba si en esos momentos quedaba sorda, ciega o muda. Comenzó a tamborilear los dedos sobre su pierna, producto del nerviosismo que estaba comenzando a sentir, pero nuevamente comenzó a girar el anillo en su dedo, sentía que era lo único que la aferraba a Lexa en esos momentos.

-Está reaccionando –Escuchó que una de sus amigas decía.- Clarke, cariño –La rubia fijó su mirada en la persona que tenía frente a ella, el rostro de Octavia mostraba preocupación, sintió las manos de la morena sobre sus piernas. Clarke bajó la mirada hacia sus manos, las cuales estaban teñidas de rojo, subió un poco la mirada y se detuvo en su camiseta, también con manchas rojas.- ¡Oh! Cariño –Octavia se sentó a su lado, pasó su brazo por detrás de los hombros de la rubia y la atrajo hacia sí para abrazarla, Clarke se aferró a ella mientras comenzaba a llorar nuevamente.- Ve por café –Le dijo Octavia a Raven, quien asintió con la cabeza y salió de allí en dirección a la cafetería del hospital. Octavia sabía que lo más seguro era que la rubia no la escuchara, pero aun así prefirió hablarle.- Tu madre llamó a los padres de Lexa, están de camino –Cuando Clarke escuchó el nombre de su esposa aferró sus manos con más fuerza al cuerpo de la morena, y luego asintió con la cabeza.- Ven, vamos a lavarte un poco.

A pesar de que Clarke se negó varias veces, terminó aceptando el pedido de la morena, quien la condujo hasta los baños, una vez allí la rubia se detuvo frente al espejo y por primera vez desde que había salido de su casa, se observó detenidamente. El rostro de Clarke se había tornado blanco, sus ojos estaban hinchados por el llanto, su labio estaba partido, por lo que supuso que en algún momento se lo había apretado con fuerza o quizás se había quitado demasiado la piel de ellos, sus ojos estaban apagados, no quiso seguir mirando, por lo que bajó la vista a sus manos. Octavia abrió el grifo del agua y la rubia entendió aquello, llevó sus manos debajo del agua fría y se lavó las manos quitándose la sangre que ya se encontraba seca, después de enjuagarlas, llevó agua a su rostro y se lavó con ella.

-Tu madre fue al quirófano –Comenzó diciendo Octavia con cautela, no quería que su amiga comenzara a llorar nuevamente, le partía el corazón verla en ese estado. Al ver que Clarke sólo asintió con la cabeza, decidió continuar con lo que estaba diciendo.- Supuso que preferías que estuviese presente allí. –Clarke volvió a asentir con la cabeza, cerró el grifo y tomó papel para secarse las manos y el rostro, una vez lo consiguió se giró para observar a Octavia, tomó aire y lo expulsó con pesar. Sentía que el aire le quemaba, respirar le estaba costando un fuerte trabajo, pero sólo lo hacía por pura inercia. Octavia llevó sus manos a los hombros de la rubia y los apretó con cuidado.- Todo saldrá bien –Clarke mordió su labio inferior y asintió por tercera vez en menos de dos minutos.- Tienes que ser fuerte para ella, porque va a necesitarte –La rubia, después de mover la cabeza por cuarta vez, abrazó a la morena, quien entendió su forma de agradecer.

Clarke sentía la garganta seca, y cuando intentó tragar sintió que le raspaba, a pesar de aquello lo hizo unas cuantas veces más, y agradeció cuando Raven la esperaba con un vaso de agua y otro de café. Tomó el de agua y bebió todo su contenido, ya no sentía aquellos problemas al tragar. Después de tomar el vaso de café, una mueca surcó sus labios, intento de sonrisa que la castaña supo que le agradecía aquello, las tres chicas tomaron asiento. Los minutos eran interminables, Clarke observó su reloj pulsera, notando que eran las dos de la tarde, sólo habían pasado dos horas desde que había llegado al edificio, pero para ella había pasado una eternidad.

Los minutos pasaban, ni su madre ni ningún otro médico salía para informarles el estado de Lexa, Clarke se sentía morir por dentro, pero aquello que Octavia le había dicho había quedado retumbando en su cabeza, tenía que ser fuerte por Lexa, tenía que ser positiva y saber que todo saldría bien. Instintivamente se llevó dos dedos a sus labios, con la yema de estos los recorrió lentamente, recordando el beso de aquella mañana, recordando la noche que habían tenido el día anterior, recordando cada momento que habían pasado juntas, desde el día que se habían conocido en aquella cafetería, hacía años atrás, la cual ahora era la favorita de ambas chicas, la cual había sido testigo de lo vivido entre ellas. Pero rápidamente aquella sonrisa como llegó se esfumó, la rubia recordó el beso que había depositado en Lexa, segundos antes de que los paramédicos llegaran, lo había sentido frío.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Clarke cuando pudo ver a su madre acercarse a ella, llevaba algo en las manos, pero la rubia desvió su mirada hacia el hombre que venía detrás de Abby. Un mal presentimiento se apoderó de ella, se puso de pie rápidamente, sintió a Raven y Octavia tomar sus manos y presionarlas, sabía que suceda lo que suceda ellas estarían allí. Clarke bajó la vista nuevamente hacia las manos de su madre, y fue ahí cuando supo que lo que llevaba en aquella pequeña bolsa eran las pertenencias de Lexa, tomó aire intentando ahogar el nudo en la garganta que se estaba formando y tuvo que repetir aquello todo el tiempo en que, tanto su madre como aquel médico demoraron en llegar frente a ellas.

Clarke se estaba sintiendo morir, aferró con fuerza las manos de sus amigas, y ambas se acercaron más a ella, el médico se detuvo justo frente a las tres jóvenes, posó su mirada en Abby y luego en Clarke, su semblante era serio, no demostraba ningún tipo de sentimiento.

-Clarke –Dijo el hombre observando fijamente a la rubia, quien en esos momentos tuvo que requerir de mucha fuerza de voluntad para mantenerse de pie, firme frente a él, porque Clarke estaba a punto de escuchar el parte médico sobre Lexa.


¡Hola! Antes de que me maten quiero aclarar algo, no será una bala perdida, había pensado que podía ser un accidente, pero necesitaba que Clarke estuviese presente y que no se sintiera culpable después por lo ocurrido, así que lo dejé así. Como notarán, un capítulo será del pasado y otro del presente, así que paciencia.
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Aún así, espero que el cap les haya gustado y dejen sus comentarios, me gustaría saber su opinión, aunque no les puedo responder a algunos, los leo. Espero no quieran matarme.

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