Capítulo 2
En cuanto abrió la puerta, miró en el interior de la estancia y suspiró aliviada, no había nadie.
- Vamos – le indicó para que la siguiera y cerró la puerta tras él.
- Bonita morada, Swan. Demasiado luminosa para mi gusto pero acogedora.
Ella le miró entre divertida y escéptica
- Casi cualquier cosa que veas te resultará luminosa. Tendrás que acostumbrarte.
Garfio se quedó en mitad del salón y miró a su alrededor. Era un lugar muy diferente a lo que él conocía como hogar. Dirigió su atención al sofá y lo observó con curiosidad.
- ¿Es tan cómodo como parece? - preguntó con cautela mientras lo señalaba.
Emma ladeó la cabeza ligeramente conmovida por la expresión precavida que mostraba el rostro de Garfio. Sonrió comprensiva.
- Adelante, siéntate. Es un sofá, sirve para descansar cuando llegas a casa o simplemente para sentarte mientras tomas un café. Es una de las partes más importantes de un hogar.
- ¿De verdad? - lo miró de nuevo - ¡Vaya! - se dirigió hacia él y se sentó, cuando apoyó la espalda en el respaldo cerró los ojos y sonrió.
Ella aprovechó para observarle detenidamente y le gustó lo que vio. Era un hombre muy atractivo, con un toque canalla pero al mismo tiempo también era imprevisible y peligroso. Nada le apartaba de su objetivo, en caso de que tuviera uno y tampoco le importaban las consecuencias de sus actos. Decididamente cuanto menos tiempo pasara cerca de él, mejor. De todos modos no pudo evitar recrearse en la imagen que ofrecía su cuerpo relajado sobre el sofá. Era difícil adivinar qué se escondía bajo aquellos ropajes medievales pero era bastante evidente que estaba en forma. Finalmente su mirada se detuvo en el garfio y ladeó la cabeza.
- ¿Os resulta repulsivo, Swan?
Ella dio un respingo al oír su voz y al mirarle se encontró con su mirada inquisitiva. Se había incorporado y la observaba atentamente.
- En absoluto, - respondió con sinceridad – tan solo pensaba en el dolor que debiste sentir al perder la mano.
Él bajó la cabeza y respiró hondo mirándose la mano derecha y el garfio en la izquierda.
- El dolor físico es solo eso, físico – levantó la mirada de nuevo y la clavó en sus ojos – es del dolor emocional del que nos cuesta más recuperarnos.
- Crees que tu ansiada venganza resarcirá tu alma pero estás muy equivocado. Que acabes con el señor Gold no te devolverá a Milah.
Él se puso en pie y se acercó a ella con el semblante serio.
- Yo no tengo alma, Swan. No tengo nada perder. Tan solo tengo un objetivo, cuando lo consiga, me iré. - sentenció.
Ella le miró conmovida. Se sintió extrañamente privilegiada por vislumbrar un ligero pedazo de su yo interior. Dio un pequeño paso hacia él y mirándole directamente a los ojos, le puso una mano en el pecho.
- Estas equivocado, Garfio - susurró – pero no voy a intentar convencerte de lo contrario.
El tiempo se detuvo en aquel instante. Se observaron detenidamente, acompasaron sus respiraciones y una extraña consciencia de almas gemelas se instaló entre los dos y los conectó, creando una corriente de energía positiva que fluía sin cesar por toda la habitación.
Él cubrió con su mano la de ella y la mantuvo sobre su propio pecho. Con el garfio le apartó un mechón de la cara y esbozó media sonrisa.
- No sois quien decís ser, princesa.
- Tú tampoco – replicó ella embelesada por su profunda mirada azul.
Él asintió levemente y subió la mano hasta acariciar con los dedos la mejilla de Emma que parecía hechizada por sus ojos.
- Sois suave por fuera y dura por dentro. Una luchadora incansable valerosa y enérgica. Os respeto de corazón pero no me pidáis que me aparte de mi objetivo. Rumple debe pagar por lo que hizo – dijo mientras deslizaba con delicadeza la punta de los dedos a lo largo de la mejilla de Emma.
- No has tenido en cuenta las consecuencias. - dijo ella tras tragar saliva.
- Las afrontaré cuando lleguen. - sentenció dando un paso atrás y rompiendo la magia.
Emma endureció su mirada y se cruzó de brazos.
- Haz lo que te de la gana pero ten claro que no pienso ayudarte.
- No os lo he pedido, tan solo ayudadme a integrarme en la ciudad y no os molestaré más.
- ¿Por qué será que no me lo creo? - preguntó ella con desdén
- Porque vos me conocéis, Swan. - y le guiñó un ojo.
Ella rebufó arrugando el entrecejo. Nadie iba perturbar su lucha por la paz y el orden en Storybrook y menos aun un pirata en busca de problemas.
Sin embargo, tras cavilar unos instantes, le dirigió una mirada descarada y sonrió. ¿No quería aprender a vivir en el mundo moderno? Pues ella le daría unas clases prácticas.
- ¿Os gusta lo que veis? - preguntó.
- No especialmente, necesitas agua y jabón urgente. Se aprecia tu presencia desde lejos.
Él arqueó una ceja visiblemente molesto
- ¿Acaso insinuáis que necesito un baño?
- No es una insinuación, Garfio. Apestas. ¡Ah! Y te hace falta ropa nueva. No puedes ir vestido así por la ciudad. Pareces un... un...
- ¿… pirata? - terminó la frase por ella.
- Sí, bueno, ven, te enseñaré dónde está el baño.
Al llegar a la estancia él se quedó parado en el umbral de la puerta. Aquel lugar le gustó pero lo único que reconoció fue la bañera, el resto de muebles y utensilios le resultaron desconocidos. Emma, al ver su cara de desconcierto soltó una carcajada y tiró de su brazo para que entrara.
- A ver, esto es el lavabo, para lavarse la cara o las manos. El agua sale al mover esto que se llama grifo.
Él miró incrédulo cómo manaba el agua con mayor o menor caudal en función de lo que movía la manivela.
- Y esto – continuó ella – es el inodoro. Sirve para... bueno, para hacer las necesidades básicas fisiológicas.
- Eso es muy pequeño – dijo él a modo de respuesta – y tiene un agujero al fondo.
- Lo se – respondió divertida, si aprietas aquí – dijo al tirar de la cadena – hayas hecho lo que hayas hecho, se lo lleva el agua.
- ¡Fascinante! - exclamó tocando el mecanismo.
Emma sonrió divertida ante tanto entusiasmo y le tocó de nuevo el brazo para llamar su atención sobre la bañera.
- Mira, si giras este grifo te saldrá el agua caliente. Toma, aquí te dejo toallas limpias – dijo poniéndolas sobre un taburete – para secarte – aclaró.
- ¿Agua caliente? - exclamó asombrado.
- Si, agua caliente – repitió – pruébalo, es una experiencia totalmente diferente a lo que conoces. - y le guiñó un ojo - Mientras te bañas buscaré algo de ropa para ti.- comentó mientras salia del baño.
Él se quedó mirando la puerta unos instantes sin saber bien qué debía hacer. Parpadeó y se rascó la cabeza. Aquella habitación era luminosa y olía a limpio. Curioseó todos aquellos frascos extraños de algo que debía ser jabón hasta que encontró uno que le gustaba como olía. Se desnudó, se quitó el garfio y se metió en la bañera, abrió el grifo tal y como ella le había dicho y efectivamente, salió agua caliente.
- Esto debe ser cosa de brujería – pensó en voz alta complacido mientras se escurría en la bañera y el agua iba cubriendo su cuerpo. Cerró los ojos y respiró hondo. Por primera vez en mucho tiempo se sentía abatido, vulnerable y dependiente. A medida que transcurría el tiempo, y gracias al agua caliente, sentía cómo todos y cada uno de los músculos doloridos de su cuerpo iban relajándose poco a poco.
No le gustaba admitirlo pero Emma le había impresionado gratamente. Tenía una fortaleza comparable a la de Milah y era tan valerosa como cualquier hombre. Era inteligente, valiente y bonita, una combinación muy peligrosa.
Cuando comenzó a enfriarse el agua decidió que sería buena idea evitar un resfriado y se puso en pie. Cogió una de aquellas piezas de tela que ella había llamado toallas y se rodeó las caderas con ella. Era suave y agradable al tacto. Todos aquellos avances le estaban resultando muy gratificantes y esbozó una sonrisa de satisfacción. Levantó la vista y un montón de ropa sobre el taburete llamó su atención. Miró alrededor pero de la suya no había ni rastro. Vaya, vaya, pensó, ella había entrado y él no se había percatado, cuan sigilosa era... Sonrió divertido y desplegó aquellos ropajes tan novedosos. Vio un pantalón azul de una tela desconocida y una especie de camisa de color negro con mangas muy cortas pero sin botones. La acarició y le pareció suave. También vio un pantalón negro con perneras muy cortas y dedujo que aquello debía ser algo parecido a los calzones. Se los puso y se sintió raro, el nunca llevaba calzones. Sobre ellos se puso el pantalón y comprobó asombrado que le resultaba cómodo. Se los abrochó y se miró en el espejo. Contempló la imagen que éste le devolvió y le pareció la de un extraño. Tenía el pecho lleno de cicatrices y se estremeció. Jamás se las había visto de un modo tan claro y exacto. Observó su rostro detenidamente y se retiró el pelo de la frente con los dedos. Ya sabía que sus ojos eran azules pero no era consciente de que su mirada fuera tan penetrante. Levantó el brazo izquierdo y éste se reflejó en el espejo. Hizo lo mismo con el derecho. Contempló ambos con detenimiento y por primera vez en su vida se sintió físicamente incompleto. Decididamente aquel lugar le estaba volviendo vulnerable. Con una mueca de desagrado en el rostro decidió ponerse aquella extraña camisa sin botones y salir del baño en busca de Emma.
La encontró sentada en el sofá. Bebiendo de un recipiente, con la mirada fija en el horizonte. Parecía tan perdida como él.
- Swan – la llamó
- ¡Garfio!, vaya – respondió sorprendida – menudo cambio – parpadeó confundida ante aquella imagen tan diferente del pirata. Su nuevo atuendo le sentaba estupendamente sin embargo su rostro parecía confuso .
- Gracias por los ropajes. No os he oído entrar.
- Estabas tan relajado que no he querido molestarte. Ven que te quite la etiqueta del pantalón.
Él la miró extrañado pero obedeció. Ella se puso en pie, le rodeó y tras unos instantes apareció ante sus ojos con un trozo de cartón en las manos.
- Ya está. He ido a la tienda porque la ropa de David no era de tu talla. Creo que tengo buen ojo. - y sonrió complacida.
Garfio se miró a si mismo unos instantes y luego a ella.
- Me siento extraño
- Te acostumbrarás. Los pantalones vaqueros y las camisetas son algo así como un uniforme habitual en estos tiempos. Por cierto, he llevado tu cazadora de piel a la tintorería, allí la limpiarán. Y te hacen falta unos zapatos. Tienes el pie grande.
- Tanta amabilidad me desconcierta, Swan - afirmó con cautela
- No te acostumbres. En cuanto llegue mi familia y te vea aquí, se acabó la amabilidad. - le advirtió con una fina ironía en su tono de voz.
- Bueno – esbozó media sonrisa comprensiva – todo lo bueno dura poco – y con gesto cansado se frotó el puente de la nariz.
Emma no pudo evitar apiadarse de él. Era evidente que necesitaba dormir y el único lugar libre era su propio dormitorio, además era imposible él que cupiera en el sofá, no iba a quedarse en la habitación de Henry ni mucho menos en la de sus padres.
- Debes descansar, lo necesitas.
Garfio la miró agradecido y asintió pero no dijo nada.
- Ven, de momento te dejaré mi cama – Emma advirtió un fugaz destello pícaro en los ojos azules de Garfio – pero no la voy a compartir contigo, evidentemente.
- No sois divertida, Swan - replicó con fastidio mientras la seguía de camino a su habitación.
Cuando llegaron él se quedó inmóvil en el umbral de la puerta, tal y como había hecho en el baño y observó el interior de la estancia. Predominaban los colores claros y la cama situada justo en medio parecía enorme.
- Adelante, pasa.
- Siento como si mi presencia aquí fuera una profanación de vuestros aposentos, mi princesa. A mi parecer, no debería quedarme con tu lecho.
- No te inquietes, mi aposentos no se sienten mal y yo tampoco - comentó despreocupada mientras se dirigía a la cama, la destapó y le invitó a acercarse con un gesto. - Te daré un consejo: quítate los vaqueros para dormir, estarás más cómodo - y dándole una palmada en la espalda salió de la estancia cerrando la puerta tras de si.
Killian miró con atención aquel lecho mientras se rascaba la barbilla. Él nunca dormía con ropa por lo que se desnudó del todo dejando la ropa sobre una silla y se deslizó entre las sábanas.
- ¡Dios! - masculló entre dientes.
Aquellas telas eran las más suaves que jamás habían rozado su maltrecho cuerpo. Cuando apoyó la cabeza en la almohada y hundió la nariz en ella, se sintió reconfortado mientras sus sentidos se impregnaban del sutil aroma de Emma. Era absolutamente cautivador.
Se giró hacia la ventana y contemplando el alba a través de la ventana, se durmió.
Continuará...
