Disclaimer: MLB le pertenece a Thomas Astruc y su asombroso equipo.


Hasta que las mentiras nos separen

Capítulo I. Un afortunado accidente.

Marinette inspeccionó su imagen por undécima vez en los últimos treinta minutos. Contemplaba cuidadosamente su reflejo, agradeciendo que su naturaleza perfeccionista saliera a la siempre que se trataba de una ocasión importante. Y qué otro motivo más importante para lucir prolija que la primera cena oficial con su falso futuro suegro, padre del ex-amor de su vida.

No había visto el reloj, pero, a juzgar por los colores que llenaban el cielo indicando el crepúsculo, sabía que no faltaba mucho para que Adrien pasara a recogerla. Y como si sus pensamientos lo hubieran invocado, escuchó un suave golpe a su puerta. Con un sobresalto se incorporó y fue a atender, no sin antes darse un último vistazo en el espejo y depositar un par de galletas a su bolso, dedicándole una sonrisa a su kwami antes de cerrarlo.

Nada ni nadie la preparó para la encantadora imagen que la esperaba del otro lado de la puerta: Adrien por sí solo era atractivo, Adrien vestido de traje era un arma letal.

"Tan atractivo" pensó.

– Gracias… supongo – respondió Adrien, un leve sonrojo esparciéndose por su rostro – Tú también luces linda.

¿Acaso lo había dicho en voz alta? La pelinegra sacudió su cabeza, sintiendo su propio sonrojo propagarse en sus mejillas.

Antes de que un incómodo silencio pudiera formarse, Adrien le extendió el ramo de flores que hasta ahora había pasado desapercibido por la pelinegra.

– Supuse que ésta sería como nuestra primera cita – explicó el rubio – Aunque técnicamente hemos estado "saliendo" por más tiempo.

Marinette aceptó el ramo, permitiéndose apreciar el gesto de Adrien por unos segundos para finalmente preguntarle si estaba listo para irse, a lo que el chico únicamente asintió.

El trayecto fue más ameno de lo que Marinette había anticipado. Pronto se encontraron entrando por el gran portón de la mansión, y justo cuando la pelinegra se preparaba para bajar, Adrien la detuvo, sujetándola suavemente por la muñeca.

– Espera, casi lo olvido – extrajo una pequeña caja del interior de su saco y se la extendió a la chica – Es para ti.

Cuando Marinette la abrió y encontró un nada modesto anillo de compromiso, ahogó un grito de asombro. Esta no era la manera en la que su yo de catorce imaginó que Adrien Agreste le daría un anillo.

Reparó en la bella argolla de platino, decorada con una hilera de pequeños diamantes circulares. No pudo evitar posar su dedo sobre el enorme diamante de corte princesa que resplandecía incluso con la tenue luz del automóvil. Ella no conocía exactamente de joyería, pero sabía que era costoso.

– ¿No te parece exagerado gastar miles de euros sólo para encubrir tu engaño? – preguntó la joven aún incrédula – Pudiste haberme dado uno de utilería o algo por el estilo.

– Es de la línea de joyería de mi padre – explicó el rubio ligeramente apenado – Él notaría a distancia un anillo corriente y no quiero que sospeche.

"Malditos ricos" pensó Marinette.

– ¿Por qué le dijiste que estabas comprometido? – cuestionó nuevamente la pelinegra – ¿No era más sencillo decirle que soy tu novia?

Adrien se quedó con la cara inmutable, contemplando la idea por un segundo y sintiéndose como un estúpido por no haberlo pensado un día atrás.

– Entré en pánico – respondió inexpresivamente.

– Eres increíble – la pelinegra dejó que se le escapara una risita ante las ocurrencias de su amigo – Te lo devolveré tan pronto esto se termine.

– No es necesario. Lo escogí especialmente para ti, Marinette – la sonrisa que le dedicó el modelo la hacía sentir cálida por dentro, y lo único que pudo hacer fue sonreír de vuelta – ¿Estás lista?

Marinette sintió las manos sudorosas y los nervios arremolinarse en su interior, pero finalmente asintió y dirigió al rubio una mirada de determinación.

– Es hora del show.


Fueron dirigidos por Nathalie hasta el salón principal, donde el Sr. Agreste aguardaba dramáticamente en el descanso de la escalera imperial. Examinó a la acompañante de su hijo, y al observar de quién se trataba, una pequeña sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro.

– Padre, ella es Marinette, mi prometida – Adrien sostenía de la mano a la pelinegra, señalándola respetuosamente con la otra.

Madmoiselle Dupain-Cheng, que grata sorpresa verla fuera del trabajo – saludó el hombre con una ligera reverencia – Y más aún dadas las circunstancias.

Gabriel sonrió para sí mismo al percibir la fugaz mirada de confusión de su hijo.

– ¿Trabajas para mi padre? – preguntó, mostrando más asombro del que hubiera preferido.

Antes de que la chica pudiera contestar, Gabriel tomó la palabra.

Madmoiselle Dupain-Cheng es una de mis diseñadoras más prometedoras. Es curioso que no lo supieras, Adrien.

El aludido enmudeció, suplicando a su cerebro que pensara en una excusa creíble. Pero la voz de Marinette lo sacó del trance.

– Creo que eso es mi culpa, Monsieur Agreste – expuso la joven – No es común que Adrien y yo nos veamos en el trabajo, y temí que, si le contaba que trabajo para usted, él pudiera pensar que yo quiero sacarle provecho a su estatus.

Marinette era un salvavidas en medio del océano, decidió Adrien mientras exhalaba con alivio y le dirigía una mirada llena de adoración, retomando inmediatamente su papel.

– Aw, Mari, yo nunca podría pensar eso de ti – dijo con un guiño.

Gabriel observó la mirada de ternura de la chica, por lo que se apresuró a intervenir para evitar la prolongación de ese momento saturado de romance.

– Detesto interrumpir – mintió – Pero creo que es momento de pasar al comedor.


Si no hubiera sido porque Marinette había asistido a diferentes eventos de la compañía, se habría desconcertado por la cena de cinco tiempos. Intentó concentrarse, en su lugar, en mantener la calma por el resto de la velada y suplicar que Gabriel no los interrogara. Pero la primera pregunta llegó incluso antes de que sirvieran el entremés.

– ¿En dónde se conocieron? – preguntó casualmente – Evidentemente no fue en el trabajo.

– En el collège* – respondió Adrien con total seguridad, después de todo era la verdad – Hemos sido buenos amigos desde entonces.

– ¿Buenos amigos? ¿Cómo fue que comenzaron a salir, entonces? – les cuestionó con auténtica curiosidad.

– Cielos, esto es tan vergonzoso, derramé por accidente mi café en la camisa de Adrien y cuando le pregunté si podía hacer algo para compensarlo, él respondió que con una cita quedaríamos a mano – Marinette se adelantó a responder, mostrando una expresión ensoñadora – Creo que fue un accidente muy afortunado.

– Un suceso muy fortuito, en efecto – comentó Gabriel complacido.

– Desde entonces somos inseparables – añadió el rubio, satisfecho con la respuesta de su prometida. – Estamos hechos el uno para el otro.

– Tendrá que disculpar el exceso de personalidad de mi hijo, mademoiselle – Gabriel rodó los ojos – Es igual que su madre.

– Por favor, dígame Marinette – dijo cortésmente – Y, con todo respeto, esa es una de las cosas que más amo de Adrien.

Las palabras de la pelinegra rodaron sinceramente, y las acompañó con un ligero apretón a la mano de Adrien, quien tenía que reconocer que su actuación dio justo en el punto.

A partir de eso, Marinette se encargó de responder con practicado profesionalismo a la mayoría de las preguntas, para impresión de ambos Agrestes. Al demonio con el salvavidas, Marinette era un maldito crucero todo-incluido a la deriva.

Tal como lo predijo Adrien, su padre inspeccionó la sortijade la pelinegra, felicitando a su hijo por su gusto exquisito, y justo cuando los meseros aparecían con la ensalada del segundo tiempo, Gabriel aprovechó para cambiar abruptamente la conversación.

– Espero que esta unión no se derive de una travesura extramatrimonial – advirtió, haciendo énfasis y apuntando con su tenedor alternadamente entre ambos jóvenes, logrando una reacción instantánea en el rubio.

Por otra parte, Marinette no parecía comprender las implicaciones de la acusación de su futuro suegro.

– ¿A qué se refiere, Monsieur Agreste? – musitó, insegura de si debía hacerlo.

– ¡Mi padre quiere saber si estás embarazada! – exclamó Adrien, al borde de sufrir un colapso mental.

– ¿QUEEÉ? – Marinette comenzó a agitar desenfrenadamente sus brazos, un fuerte sonrojo cubriendo sus mejillas, tan fuerte como el deseo de que se la tragara la tierra – ¡Adrien y yo no…! ¡Nosotros no hemos…! ¡Aghhh!

Gabriel pareció no inmutarse por el despliegue emocional de sus invitados, simplemente levantó una ceja y se sacudió el hombro.

– A pesar de eso, espero que me den un nieto en el futuro cercano – comentó con completa naturalidad – Un heredero para la marca Agreste.

Lo único que se escuchó fue el impacto de la cabeza de Adrien contra la mesa. Mientras tanto, Marinette cubría su cara con sus manos para ocultar su imposiblemente enrojecido rostro.

Afortunadamente eso fue lo peor de la noche. La cena llegó al quinto tiempo sin otro percance embarazoso y pronto Adrien y Marinette se encontraron a la puerta.

O quizás Adrien habló muy pronto, porque, justo antes de despedirse, Gabriel realizó la única pregunta que Adrien esperaba no tener que responder.

– ¿Cuándo será la boda? – La pareja se miró mutuamente, balbuceando, sin saber que responder.

– Aún… aún es muy pronto para hablar de eso…

– Tonterías – interrumpió Gabriel con expresión neutra – Les quitaré ese peso de encima y me encargaré de la planeación de la boda para que la podamos realizar lo más pronto posible.

Oh mierda… eso no es bueno.

– Y madmois… eh… Marinette, he decidido que personalmente diseñaré su vestido – la pelinegra abrió la boca para reclamar, pero el señorAgreste le indicó detenerse con una mano – Es lo que mi adorada esposa hubiera querido.

Marinette golpeó el costando de Adrien, buscando ayuda, sin embargo, él lucía igual de consternado que ella. Y antes de que su padre pudiera hacer más ofrecimientos para empeorar las cosas, Adrien prácticamente la arrastró hasta el auto.

– Estamos jodidos – declaró el rubio, seguro de que nada podía ser peor en ese momento.

Sip

No fue hasta que se encontraron afuera del edificio de la pelinegra que Adrien se atrevió a hablar nuevamente de lo ocurrido.

– Lamento todo esto, Marinette – se disculpó, la angustia inundando su voz – Entenderé si quieres salirte de este embrollo.

La chica se simpatizó por el modelo, prometida o no prometida, no soportaba verlo afligido. Colocó una mano en su hombro, forzándolo a mirarla a los ojos.

– Estamos juntos en esto, Adrien – le aseguró – Para eso están los amigos.


Gracias a quienes siguen esta historia, la escribo con toda la inspiración de las comedias románticas baratas y con mucho cariño para ustedes.

E infinitos agradecimientos a las/los que dejaron review, hacen mi día como no tienen idea. Les mando un abrazo enorme.

*El collège viene siendo parte de la educación secundaria en Francia, tengo entendido que abarca las edades estimadas de los personajes… entonces a lo mejor está mal, pero síganme la corriente xD