CAPITULO 2

Revven despertó confusa y con malestar, recuperando la conciencia muy lentamente. Recuerdos vagos llegaban a su mente al percibir que alguien sujetaba la mano cálidamente, con firmeza, ¿Tamlen...?

-¿Da'len(Pequeña)?- Sonó la cariñosa voz de la custodia del clan.

-¿M.. Mare...?

-Shh.. - Interrumpió Marethari. -Tranquila, Da'len, aún necesitas descansar.

-No... -Se incorporó, no sin esfuerzo esfuerzo, para luego mirar alrededor del interior del Aravel(Caravana dalishana) en el que se encontraba y comprobar, asustada, que solo estaban ellas dos. -¿Dónde está Tamlen?

-Eso es algo de lo que hablaremos luego, Da'len, ahora descansa, llevas 4 días inconsciente -Insistió-

-¿Está bien?¿Está aquí? -Insistió-

-Resolveré todas tus dudas cuando te hayas recuperado. -Evitó la pregunta-

-¡No! -Exclamó Revven, colocándose de lado para levantarse, cayendo al suelo sin apenas fuerzas. ¡¿Dónde está Tamlen?! -Miró suplicante a Marethari, agarrándola.

Marethari ayudó a Revven a incorporarse antes de desviar la mirada para contestar.

-Me temo encontrado a Tamlen, lethallan... - Contestó con pesar.

-¡¿Qué?! ¡¿Lo estamos buscando?! ¡Tengo que ir...! - Intentó salir sola del aravel, cayendo de nuevo al suelo.

-Tus heridas son graves, y el clan ya está haciendo todo lo que puede por encontrar a Tamlen, tendrás que dejar esto a tus hermanos y hermanas. Lo siento, se lo unidos que estábais ese joven y tú, pero no puedo dejarte ir así...

-¡Tú no sabes nada! - Dirigió un chillido roto a la custodia, luchando por no romper a llorar, impotente y confusa, si tan siquiera poder levantarse.

-Tranquilizate, da'len, tú no eres así... - Pidió sorprendida por el comportamiento de Revven, ayudándola a sentarse de nuevo – La enfermedad que te ha debilitado era muy fuerte, me ha tomado enormes esfuerzos mantenerte con vida con magia antigua, si no llega a ser por Duncan, no sé qué habría sido de ti...

-¿Duncan..?

-Es un amigo del clan, fue quien te encontró y te trajo de vuelta a nosotros... Será mejor que hables directamente con él. -Abrió la puerta del Aravel y lo mandó llamar-

-Merril, avisa a Duncan, Revven ha despertado, y trae algo de agua y comida para ella.

-Ma vhenan... -Susurró Merril con alivio al recibir la noticia.

Duncan entró en el aravel en menos de un minuto desde que Marethari reclamara su presencia, y Merril junto a él, que dejó el pedido en una mesa próxima a la custodia y se apartó, observando en silencio desde la pared del interior del aravel.

-Me alegra ver que estás consciente, mi señora. -Saludó Duncan cordialmente.

-¡Shem'alas lath'din (Sucio humano, nadie te quiere aquí)!¡Es un maldito shemlen! -exclamó, dirigiendo una mirada acusadora y furiosa a Marethati.

-Muestra respeto, da'len, si no hubiera sido por él, no te habríamos encontrado a tiempo. -Contestó autoritaria y molesta.-

-¡¿Donde está Tamlen?! -Repitió por tercera vez con los ojos abiertos de par en par, esta vez mirando al recien llegado-

-Ya te he dicho que no sabemos donde está, lethallan.

-Cuando llegué a aquellas ruinas solo estabas tú en aquella habitación, no había rastro del tal Tamlen... Estoy al tanto de que tenéis efectivos en su búsqueda, sin embargo...

-¡Miente! -Interrumpió-

-Déjalo acabar, da'len...

-La enfermedad que te aflige también afectó a tu amigo Tamlen... Considerando un milagro que tu custodia haya conseguido mantenerte con vida estos días, es inútil que su búsqueda continúe...

-¡NO! ¡MIENTES! ¡SI ESTÁ TAN ENFERMO NO PUDO LARGARSE EL SOLO! - Acusó con gritos rotos de dolor... Estaba entrando en pánico, con los nervios a flor de piel, su pulso y respiración se aceleraban.

Duncan continuó su explicación, observándola, apenado.

-La corrupción del espejo al que os acercasteis era la misma que tienen los engendros tenebrosos... Solo existe una cura, y puedo proporcionártela si vienes conmigo en los próximos días, pero tu amigo ya ha sucumbido a la enfermedad, tal vez se lo llevaran los engendros para reclutar uno más para su creciente ejército, contra el cual necesito fuertes y resistentes guerreros como tú con el fin de poder derrotarlos, tu clan tiene tratados con los guardas grises que os obliga a ayudar contra la ruina que se aproxima...

-¡NO!-Fue lo último que gritó antes de desmayarse de nuevo, esta vez por el estrés emocional.

Merril se apresuró a colocarse a su lado, entonces, para asegurarse de que estaría bien.

-¿Estás segura de que tendrá la fortaleza suficiente para ser un guarda gris? -Preguntó Duncan.

-Esto es muy cercano y personal para ella, debemos dejar que supere su pena... aguantará todo lo que venga después de esto.

-Espero que tengas razon...

Merril y Marethari continuaron a su lado durante horas, hablando en voz baja con su invitado, esperando que él presenciara su próximo despertar.

La joven elfa comenzó a moverse en sueños, inquieta, mientras decía cosas desordenadas en voz baja.

-Ma sa'lath (Mi único amor)...-Se pudo oir entre sus murmullos- ¡NO! -Despertó al instante, alterada, para luego llevarse el antebrazo sobre los ojos, intentando inutilmente ocultar su dolor.

- Me alegro de que hayas desperado, Da'len... -Marethari se aproximó a Revven- No se si eres consciente de que todos estos días has estado hablando en sueños...

-No quiero hablar de eso ahora, custodia. -Contestó con voz débil-

- Siento ir tan rápido, Da'len, pero no puedo mantener alejada más tiempo la corrupción que invade tu interior, Duncan conoce una cura, pero a cambio, deberás unirte a los guardas grises... De hecho, es urgente que lo hagas cuanto antes -Explicó directa y autoritaria, pero pesarosa.

-¿El sucio shemlen no quiere nada a cambio de la cura? - Hablaba aún con el brazo sobre los ojos-

-Revven, te suplico que muestres respeto, Duncan es amigo del clan y un hombre honorable.

-No es tan sencillo -Explicó el guarda gris-, si estuviera en mis manos os daría la cura sin pedir nada a cambio, sin embargo... tu necesitas esa cura, y yo guerreros habilidosos... además, -remató- Si te unes a los guardas grises, lucharás contra los engendros tenebrosos y podrás liberar tu ira y sed de venganza contra estas criaturas...

-¿Es que tengo eleccion, acaso...? -Se resignó.

-No, la iniciación es tu única cura. - Contestó Duncan con sequedad.

-Ir abelas, lethallan(Mi más sincero pésame, chica). -Intervino Merril.

Revven tuvo un día para explicar lo que ocurrió, exceptuando su encuentro con Tamlen, a Marethari y Duncan, recuperarse y despedirse del clan para, más tarde y más tranquila, contar todo a su amiga Merril y poder desahogarse con ella.

-Dareth Shiral, lethallan (Cuídate en tu viaje, chica) -Fueron las últimas palabras que recibió de su clan antes de partir, que la despidió cálidamente, entre regalos y abrazos. Inútiles gestos en ese momento, ya que nada llenaría el vacío de su pecho, de su alma, pues se ya nunca más abrazaría a Tamlen, nunca más oiría las historias del hahren Paivel, ni cabalgaría un halla, y para colmo, estaba destinada a ser la única extranjera entre un ejército de hombres Shemlens.

Los únicos sentimientos que podrían negarse a abandonar ese vacío que ahora invadía su pecho, serían ira y rabia. No necesitaría más que eso para matar engendros tenebrosos.