Naranja
Lo tenía absolutamente claro. Esa mocosa no iba a salirse con la suya después de todo el sufrimiento que me había causado su maldita equivocación. Había pasado una semana en el peor de los infiernos. Ir al gremio con esas pintas, era un suicidio, pero por desgracia, no había tenido otra opción. Además, la palabra miedo no estaba en mi vocabulario.
Grave error.
Soportar a Natsu y a Gray riendo a mi costa era una cosa, pero que Erza y Wendy se incluyeran en dicha acción fue la gota que colmó el vaso. Mataría a Levy cuando la viese.
Escapando de aquella risa exasperante entre en uno de las tantas habitaciones que había en el gremio, sin imaginar que dicha estancia sería el vestuario de las chicas.
Me mantuve quieto mientras escuchaba el sonido de la ducha, si lo encontraban allí estaría en serios problemas, era mejor irse.
-Lu-chan- dijo una alegre voz del otro lado de la pared. No podía ser, de todas las personas que podía encontrar, era la causante de todo eso la que estaba allí- Eres tu no ¿? Podrías pasarme la ropa que esta en el mueble, por favor.
Miré el lugar que indicaba la chica y no pude más que abrir los ojos ante la prenda que se encontraba encima del todo. Unas bragas de color naranja pastel. Estaba algo decepcionado con el poco grado de sex-appeal que tenía la comelibros. Tenía que aprender de la rubia.
Una sonrisa arrogante surcó mis labios, aquí estaba mi dulce venganza. Agarré ese trapo al tiempo que salía del lugar. Y me senté en una de las mesas esperando pacientemente a que Levy saliera del lugar abochornada e ignorando completamente la risa del pelirosa.
Tal y como predije, vi como la peliazul salía del cuarto de baño con las mejillas sonrosadas mientras intentaba no despegar demasiado las piernas. Tragó seco, viendo como su falda se movía a su antojo, eso no lo había previsto en sus planes, hasta deseó que la falda se levantara. Estaba disfrutando más de lo que había previsto.
De repente, la chica tropezó y todo el gremio tuvo el privilegio de ver su bien formado trasero. Supe que no había sido el único porque un silencio se hizo presente y eso era algo que nunca pasaba, repito nunca.
Me enfureci, eso no podía consentirlo, el único que tenía permitido gozar de ese hecho era yo y nadie más.
Con ese pensamiento en mente, me levanté, agarré el pequeño cuerpo y salí del gremio sin que nadie tuviese el tiempo de decir nada.
-Gajeel- dijo mientras hacía un puchero- No es justo-.
No pude evitar mirarla de soslayo sin entender demasiado a qué venía esa frase.
-Tu has visto mi trasero- continuó- yo también quiero-.
Mis ojos se abrieron de golpe, desde cuando esa niña era tan atrevida, cuando sus roles se habían intercambiado. Si, definitivamente había hecho mal el haberle quitado aquella maldita prenda, pero se encargaría personalmente de que volviese a ser igual y sobre todo, de deshacerse de esas horribles bragas naranjas y de paso comprarle otras más adecuadas a mis gustos y a su cuerpo.
