Disclaimer: Los personajes de Sailor Moon no me pertenecen.
Advertencias: Ligero Lime.
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-Dejen review's – Pensamientos.
~oO::: Subrepticias :::Oo~
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Mejor Que Lo Esperado (Capítulo II)
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Se aferró fuertemente hacia él, sintiendo en ese momento, las cálidas y placenteras sensaciones le erizaban la piel a cada embestida que él daba.
Clavó sus uñas sobre los fuerte brazos que la rodeaban por la cintura, mientras que mordía su labio inferior en manifestación a el clímax que se aproximaba a cada segundo.
Una última embestida y un gemido que retumbó por toda la habitación. Lo abrazó, para sentir junto a él la cumbre de sensaciones que brotaban a través de sus poros, dejándola completamente agotada y satisfecha de sus acciones.
Suspiró cansina y sonrió, mirando directamente a los ojos de aquel moreno.
– Fue increíble… - lo halagó mientras se bajaba lentamente del amplio mueble y se cubría sus desnudos pechos con ambas manos.
-Gracias… ¿Nos veremos mañana? – aquel hombre preguntó tratando de recuperar la respiración, con sonrisa seductora.
-Por supuesto – se dirigió hasta el otro extremo de la habitación y cogió una bata para poder cubrirse.
-¿Aquí o en mi casa?
Ella rodó los ojos. ¿Qué importaba en qué lugar fuera? ¿Cómo si llegaran a un acuerdo de en que lugar tener sexo? Eso pasa sin precedentes, algo natural sin aviso previo. ¿Cómo pregunta algo así? Si hace un rato ni siquiera habían llegado a la cama…
El se encogió de hombros por la actitud de ella. Era cierto, esa pregunta fue absolutamente estúpida, ya que eso dependía, sin duda, de a qué lugar llegaran primero.
-Toma – le dijo ella, al momento que le lanzaba su camisa, obviamente para que se vistiera.
-Grac… –. No terminó de agradecer, ya que el sonido de la puerta principal de la casa, lo advirtieron de que alguien acaba de llegar.
-¡Mierda! Es Darien, apresúrate – le ordenó nerviosa de que la descubrieran en su adulterio. - ¿Es que no entiendes? ¡APURATE! – alzó la voz ya exasperada de que él no terminara de vestirse.
-Ya casi, ya casi... – ya terminaba de colocarse la camisa, pero al percatarse de la mirada impaciente de la morena, no le quedó más que dejarla desabotonada. ¿Tiempo para eso? De ninguna manera. -¿No se supone que llegaría más tarde?
-Se supone – dijo entre dientes. -¿Ya estás listo? – exclamó sin mirarlo, puesto que su vista estaba concentrada en espiar a su novio desde la habitación.
-Sí… ¿Pero por dónde salgo?
Buena pregunta… ¿De donde diablos iba a escapar sin ser descubierto? ¿La ventana? Lanzarse desde el segundo piso, directo al jardín principal, en donde todos sus vecinos se darían cuenta, idea descartada. ¿Por la puerta? Ni hablar, era estúpido. ¿Qué hacer?
Pensó rápidamente mientras miraba en todas las direcciones, para buscar un lugar en el cual él pudiera esconderse momentáneamente. Miró bajo la cama, hacía el baño, el closet… ¡Hey el closet! No era mala idea… ¿O si? Bueno ya daba igual, ya a esas alturas era la mejor opción.
-¡Al armario ahora! – susurró apuntando hacía el gran armario.
Él asintió en silencio e ingresó como pudo a ese oscuro lugar cubierto de ropas femeninas y masculinas estratégicamente posicionadas.
Ella, por su parte, corrió rápido hacía la cama y se tumbó sobre ella, cogió una revista que estaba encima de un velador y simuló estar leyendo.
La puerta se abrió lentamente revelando el rostro del moreno de bellos ojos azules que se encaminaba hacia ella.
Sonrió nerviosa.
– ¡Hola, mi amor!
~oOo~
Abrió la puerta y la vio recostada sobre su cama… Leyendo ¿No tenía nada mejor que hacer? Claro que no, si vivía a costillas de él. No trabajaba, tenía lujos… No hacía nada, sólo hacerlo perder la paciencia con los continuos reproches de las últimas semanas.
-¡Hola, mi amor!
Darien se detuvo y amplió los ojos. ¿Hola, mi amor? Ok, definitivamente algo andaba mal. ¿Saludos afectuosos? Rei saludándolo con una amplia sonrisa era de extrañarse y decirle "Mi amor"… Estaba ocultando algo o simplemente tenía algo que pedirle.
-¿Pasa algo?
Ella frunció el ceño, al parecer no le había gustado aquélla interrogante.
-¿Pasa algo? ¿Por qué pasaría algo? – se encogió de hombros. -Por lo de ¿Mi amor, dices?
Él asintió dudoso.
Rei dejó a un lado la revista que supuestamente estaba leyendo y se levantó de la cama para acercarse a su novio.
-¿Acaso no puedo decirle amor a mi novio? – dijo con voz seductora, caminando hasta quedar frente a Darien. Acercó su rostro al del pelinegro y depositó un beso en su mejilla.
-Supongo que tienes razón – respondió devolviéndole el beso en la mejilla.
Ella sonrió.
-Y… ¿Qué haces tan temprano en casa? –. Preguntó fingiendo no darle importancia a su inoportuna llegada a su hogar. Claro que necesitaba saber que hacía él a esas horas, ya que por lo general llegaba a altas horas de la noche.
-Debo asistir a un evento y vine a cambiarme.
-Oh… ¿Te irás pronto?
Sin duda, algo ocultaba. Primero el porqué llegaba temprano, y segundo si acaso se iría pronto… Algo no concordaba.
Miró a la morena frente a él y la observó detenidamente. Miró los cabellos largos algo desordenados y sudorosos de Rei, los labios hinchados y la respiración agitada. Algo andaba mal… Podía sentirlo, casi palparlo.
Ella desvió la mirada examinadora de su novio, caminó fuera de él y se fue nuevamente a la cama.
-Sí…
La vio recostarse y volver a leer la revista que hace instantes tenía en sus manos. Y notó, en un gesto de ella, cuando pasaba un mechón de cabello detrás de su oreja, una pequeña mancha en su cuello. ¿Qué era eso?... Enarcó una ceja, mas sus locas ideas que en ese momento le pasaban velozmente por la cabeza, las obvió. Lo último que quería ahora, era una discusión por la actitud y marca en el cuello de ella.
Sospechaba a que se debía, pero no dijo nada. Aunque ganas no le faltaron. Ya estaba derrotado en tener una discusión con ella, no en ese momento en donde tenía que prepararse para hacer su labor. No quería estropear su ánimo por sospechas evidentes.
Ya tendría tiempo de aclarar las cosas.
Suspirando y restándole importancia al asunto, se dirigió al baño y se dispuso a arreglarse para asistir a ese evento antes mencionado. -Espero que no me estés engañando, Rei…
-Iré a darme un baño...
~oOo~
Mirándola desde todos los ángulos, Lita posó su mano en el mentón a modo de reflexión y le indicó que girara una vez más a serena que modelaba y posaba para mostrar el hermoso vestido que llevaba.
-Te ves estupenda – reconoció admirando lo bien que se veía Serena. Llevaba un vestido ceñido, negro y largo, hasta por debajo de las rodillas, sujetado por unos delgados breteles, dejando un revelador y elegante escote que resaltaba su buen formado busto. Llevaba también, zapatos tacón aguja de color negro. Se veía hermosa.
-¡Tú también Lita! ¡Te ves increíble con ese trasero vas a dejar a todos babosos! –. Le dijo mientras observaba a la castaña que llevaba un vestido verde, straples, ajustado, a medio muslo, con una leve abertura que dejaba su pierna al descubierto, haciéndola ver sensual y refinada a la vez.
Lita se ruborizó avergonzada ¿Por qué siempre tenía que destacar su trasero?
–¡Ay, Serena, no es para tanto! –. Debido al nerviosismo sacudió su mano. - Bueno… es hora de irnos. A trabajar. -Lo mejor era ir de una buena vez a comenzar la misión.
La rubia asintió y cogió un pequeño bolso que combinaba perfectamente con su vestido, acto seguido, siguió a la castaña que salía por la puerta.
No tardaron más de 20 minutos en llegar a ese lugar, gracias a Dios no quedaba tan lejos la exposición de Bellas Artes.
Serena que iba al volante, buscó un estacionamiento disponible. Notó que cerca había un lugar accesible para estacionarse. Retrocedió un poco y cuando iba a avanzar para ocupar aquel lugar, un vehículo de color gris se aventuro rápidamente a ese espacio vacío, dejando el auto ahí.
Tanto Lita como Serena bufaron molestas por la impertinente llegada de ese auto que le usurpaba el lugar.
La rubia, bajó el vidrio y sacó su cabeza hacia fuera para gritarle un par de palabrotas a aquel estúpido que había llegado. ¿Cómo tan descortés? ¡Caray!
-¡¿Pero quién te crees que eres?! ¡¿Acaso no viste que nosotras íbamos a ocupar ese lugar primero?! –. Gritó molesta, mirando furiosa a un sujeto de cabello oscuro y de atractivos ojos azules que en ese momento cerraba la puerta de su vehículo.
La miró con el ceño fruncido y le dijo – Yo que sepa este lugar no tiene el nombre de nadie. Es público, y si se demoró tanto en estacionarse no es mi culpa.
Serena lo miró despectivamente y respondió; – Pero no debiste hacerlo, ¿acaso no tienes modales? –. Lita que estaba a su lado, avergonzada insistía en que ella dejara de discutir con aquel desconocido.
-Mire Srta. ¿Por qué no deja de discutir y mejor estaciona su auto en otro lugar? Una mujer bella como usted no debería estar gritando como una loca. Va a terminar amargada, arrugada y fea. – Le dijo mirando divertido el rostro de Serena que comenzaba a deformarse y a tornarse rojizo.
-¡Estúpido! – le gritó una vez más, escondiendo su rostro, enrojecido por la rabia, dentro de coche. Maldito estúpido que se cree…
-Serena, relájate. – Trató de calmarla.
-Srta. No sea tan cabeza de chorlito, ¿si? – dijo sonriendo divertido. – Hay más espacios para estacionarse –. Señaló varios lugares disponibles.
-Serena, no digas nada… – trató de detener a la ojiazul, pero le fue imposible, la rubia ya estaba con la cabeza afuera dispuesta a gritar nuevamente.
-¡Maldito estúpido! – gruñó con llamas en los ojos y roja de la ira.
-Ya, Serena… Por favor.
La rubia asintiendo de mala gana, cerró ambos ojos, respiró profundamente y contó hasta diez. Quizá las técnicas de relajación darían resultado...
Uno, dos, tres, cuatro…. ¡Ayy! ¡Ese tipo la había exasperado!... ocho, nueve, diez.
-Ya estoy bien… busquemos otro lugar en donde aparcar – dijo mientras aceleraba lentamente. Volvió la mirada hacia ese sujeto que estaba observándola por la ventana con una sonrisa de burla. Ella simplemente le dedicó una mueca de fastidio. -Piérdete...
Se bajó del vehículo y cerró la puerta de un sólo golpe.
-¡Serena! Mi auto no tiene la culpa – reprochó la castaña desde el otro lado del carro.
-Lo siento Lita, ese tipo me enfureció – chilló entre dientes mirando hacia atrás, en donde se encontraba estacionado el auto gris.
La castaña sonrió.
- ¿Sabes? Ese tipo era bastante guapo, ¿tú qué crees?
Serena la miró con cara de espanto.
-¡¿Qué?! – gruñó horrorizada.
¿Ese sujeto guapo? No, no… Definitivamente no… Bueno ok, pensándolo bien sí era atractivo, muy atractivo… Increíblemente guapo. Se ruborizó. ¿Qué? ¿Pero en qué estaba pensando? Ese tipo era un estúpido, descortés, arrogante y sabelotodo... Lo reconozco, guapo, pero estúpido…
-¿Por qué te sonrojas?
-¿Q-QUÉ? ¿Quién está sonrojada? - preguntó nerviosa, levantando las manos a todos lados, negando con todo su cuerpo.
-jajaja. Tú, ¿quién más? – rió a carcajadas dejando atrás a la rubia.
-No lo estoy haciendo – corrió hasta alcanzar el paso de la ojiverde.
-Si lo hiciste, te quedaste en silencio y te sonrojaste. Reconócelo, el tipo era atractivo.
-Ya está bien… Era atractivo ¿feliz?
Lita asintió.
~oOo~
Observó detenidamente la pintura expuesta frente a él. Los colores estampados en aquella tela, lucían todo el comunicado interno del creador, el uso de colores correctos y formas desarrollados, daban una perspectiva real del verdadero significado íntimo, que se transmitían en cada pincelada de aquella pintura con componentes abstractos.
-Una obra maestra… - murmuró admirando cada parte de la creación frente a sus ojos.
-Sí, un muy buen uso de colores.
Miró de reojo a la persona a su lado y asintió en completo acuerdo.
-Quiero comprarlo. – Concluyó luego de una examinadora visión sobre el trabajo artístico. –Combinará bien con los demás que tengo.
-Vale la pena, es una excelente inversión.
-Lo es, Taiki.
Su hermano asintió en silencio, al parecer, también había quedado embobado con el trabajo.
-¿Viniste con Amy? -. Le preguntó luego de un extenso silencio para nada incómodo.
-No, tenía turno en la clínica.
-Entiendo… - metió la mano derecha en el bolsillo del pantalón, y sacó su celular que estaba vibrando. – Ya vuelvo – avisó mientras se alejaba para poder contestar.
~oOo~
Ambas, asombradas más que nunca, miraron las maravillas de obras que estaban en exposición. Un sinfín de esculturas contemporáneas y cuadros adornaban la gran galería, claro que unos más lindos que otros.
-Este lugar es increíble – comentó la castaña admirando una gran escultura a su lado. –Cada obra debe costar millones.
-Sí, aquí deben venir sólo personas con una gran fortuna.
-Exacto. Tal cual como nuestros herederos.
Serena sonrió e inspeccionó el lugar, buscando a su objetivo. No tardó mucho en divisarlo, a pocos metros de ella, hablando por teléfono.
-Bingo.
-¿Qué?
-Mira a tu izquierda – la ojiverde volteó, y notó al instante el por qué había dicho bingo la rubia.
-Buen trabajo, Serena… Ahora manos a la obra – caminaron unos cuantos pasos, y comenzaron su trabajo.
Se detuvieron cerca de su objetivo y comenzaron a analizar un cuadro que estaba a pocos metros de él. De esa manera, tendrían la oportunidad de que él se acercara a ellas, más bien a Serena para poder cumplir su misión.
El plan era, simular y debatir sobre la pintura, lo suficientemente audible, para que él se interesara en ellas e hiciera algún comentario. El problema era que, Serena, quién tenía que aprenderse y estudiar algo sobre artes (para poder sorprenderlo), no lo había hecho, ya que según ella sería algo muy tedioso y aburrido. Así que, no quedó otra opción, más que debatir de algo que no tenían ni la más remota idea de lo que se trataba.
Improvisar, sería lo mejor. ¿Y quién mejor que la castaña experta en aquello?
-Me gusta mucho. Tiene una muy buena elección en colores. – Dijo lanzando palabras generalizadas al aire. Después de todo, el arte era y tenía una perspectiva subjetiva, así que cualquier comentario era válido.
-¿Qué? ¿Lita, estás loca? Eso es horrible, parece que al pintor le dio un ataque de epilepsia cuando estaba tratando de dibujar o algo por el estilo. Estoy segura de que yo haría un mejor trabajo.
¡Dios! ¿Por qué Serena tenía que actuar así? La idea era que al menos le encontrara la razón para que él se sorprendiera y fijara su atención la ojiazul, pero así como iba, con ese tipo de comentarios, lo único que lograría la rubia sería alejar a su objetivo.
-Serena, se supone que tienes que seguirme el juego – susurró mirándola por el rabillo del ojo.
-¡Pero, Lita, si esta cosa está muy fea, si la idea de este artista era asustarnos créeme que lo logró! –. Apuntó el cuadro con el dedo acusador antes de cruzarse de brazos bajo el pecho.
-Diosito, por favor dame las fuerzas necesarias para lograr esta misión con éxito y no degollar a Serena – rogó la castaña mirando el techo. – Por favor, juro que rezaré todos los días, e iré a la iglesia. Incluso podría continuar con mi celibato por tiempo indefinido...
-¿Lita, qué estás haciendo? – preguntó extrañada, mirando como su amiga que tenía sus manos juntas y miraba el techo.
-Pidiendo a dios que me dé la paciencia necesaria para aguantarte.
La rubia infló las mejillas con aire de manera infantil y bufó algo incoherente por lo bajo.
–Es broma. –Sonrió. -Ya sigamos trabajando.
-Ya, pero insisto esta cosa está muy fea.
Lita llevó su palma a la su frente y negó. Serena era simplemente un caso perdido.
-Concuerdo con usted señorita – una voz masculina dijo a sus espaldas.
Ambas giraron y ampliaron los ojos al ver de quién se trataba. Nada más y nada menos que su objetivo; Seiya Kou.
-Genial, después de tanto esfuerzo este tipo le encuentra la razón a Serena – pensó la castaña con resignación. –Mira el lado positivo Lita, al menos la primera parte del plan está lista, no al pie de la letra, pero al menos se acercó a nosotras.
-Ves que tengo razón – sonrió con alegría y miró a la ojiverde que no le quedó de otra más que encogerse de hombros.
-Es una obra muy monótona, pero claro en gustos no hay nada escrito.
Lita sintió la mirada inquisitiva del pelinegro sobre ella, mas lo ignoró. Era lo mejor que podía hacer.
-Supongo… – masculló sonriendo fingidamente.
-Disculpen, no sé donde quedaron mis modales. Seiya Kou y... ¿ustedes señoritas? –. Extendió cortésmente su mano.
Serena pestañó sin reaccionar, había quedado impresionado con la cortesía de aquel pelinegro, ni comparado con el estúpido del estacionamiento.
-Lita Kino – se presentó dándole la mano, ya que su amiga había tardado mucho. –Tu turno – le pegó un suave codazo a la rubia para que reaccionara y correspondiera la presentación.
-Eh, ah, lo siento. Serena Tsukino. – Alzó la mano con nerviosismo. –Mucho gusto.
-El gusto es mío señoritas. – Les dedicó una sonrisa radiante, que a Serena casi la hizo derretirse.
-Oh, dios, es tan guapo y educado… - ¿Dígame señor Kou, ha visto algo de su gusto por este lugar? Por que lo que es yo, son contadas las obras que me han parecido buenas.
El azabache rió por lo bajo y asintió. – He visto algunas que valen la pena. Parece que compartimos gustos en lo que respecta al arte – indicó aduciendo que ambos encontraban la misma obra frente a ellos, horrible.
-Así parece, Sr. Kou – sonrió coqueta, al momento que jugaba con un mechón de cabello que caía seductoramente por sobre su escote.
-Llámeme Seiya no más, después de todo no soy tan viejo – la rubia se ruborizó y asintió en acuerdo. – Dejemos las formalidades de lado.
-Está bien, Seiya – pudo jurar que cuando mencionó su nombre, él degustó cada sílaba que había dicho. -Che. Esto va mejor de lo planeado.
-Buen trabajo Serena, así se hace… - Este… eh, iré al tocador. Si me disculpan – ambos asintieron y Lita se retiró, dejando a cargo a la ojiazul, porque de ahora en adelante todo dependía de las habilidades innatas de seducción que poseía la rubia.
-Dime, Seiya. ¿Te parece si buscamos una copa? – preguntó audaz, lo cual pareció gustarle al heredero que de inmediato asintió.
-Claro… ¿por qué no?
~oOo~
Caminó por un largo pasillo, maldiciendo entre dientes el haber elegido unos zapatos tan incómodos, hasta que por fin llegó al tocador. Aquel lugar era verdaderamente un laberinto.
-Por fin... – murmuró ingresando al baño.
No tardó más de 5 minutos en maquillarse un poco y mirar su reflejo en el espejo. Se puso algo de brillo labial, se miró una vez más y sonrió.
Caminó hacía la puerta y cuando giró la manilla para poder salir, no pudo. Al parecer estaba atascada con algo. Agitó la perilla con fuerza, pero fue inútil, ni señas de que la estúpida puerta abriera.
-Genial ahora me quedaré encerrada en un baño – bufó tratando de no perder la paciencia. -Bien Lita, ahora tratarás como sea posible de salir de aquí. – Inhaló, exhaló y trató una vez más de abrir la puerta.
Obviamente, todo esfuerzo fue en vano.
-¡Mierda! – gritó irritada, mientras golpeaba con fuerza la puerta, para que al menos, alguien la oyera y la ayudara. –¡Estúpida puerta! – no hubo caso. No obstante, no se dio por vencida tan fácilmente...
¿Cuánto rato estuvo tratando inútilmente en salir de ahí? No lo sabía, pero sospechaba que al menos 10 minutos.
-¡Ahhh! ¿Pero cómo nadie va a venir al baño? –. Caminó en círculos desesperadamente con la respiración agitada, no era para menos… ella sufría de claustrofobia y podía sentir que de a poco el aire se le acababa. -¡MIERDA! – gritó una vez más, golpeó la puerta, pero nada sucedió.
En definitiva, la puerta no iba a ceder. ¿Qué diablos había hecho para merecer tan penoso incidente?
-Ni siquiera traje el celular – se enojó consigo misma al no traer aquel objeto tan indispensable, sobre todo para ella, que era una agente.
Su opción y única salida de aquel lugar se había esfumado, todo porque se le había olvidado traer el móvil. Ni siquiera podía llamar a Serena.
-Bien, Lita, una vez más. Tú puedes… - respiró profundo, giró la manilla y comenzó a golpearla con ayuda de su hombro y el peso de su cuerpo.
Un golpe, dos golpes, tres golpes, cuatro golpes y de repente gracias a su insistencia, la puerta se abrió con fuerza dando de lleno con algo.
-¡Ouch! – escuchó quejarse a alguien del otro lado acompañado de un sonido sordo que se precipitaba hacia el suelo. Apenas salió, notó a un sujeto de cabello platinado tumbado de espaldas contra el piso, casi inconsciente.
No había sido algo lo que golpeó, fue alguien.
-Oh no… - corrió a socorrer al sujeto desorientado que se quejaba de dolor y llevaba su mano a la cabeza. – ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! - se arrodilló ante él y trató de ayudarlo.
¡Mierda! ¿Qué se supone tengo que hacer?
Tocó la frente de aquel hombre, notando como se le formaba, producto de la inflamación, una gran prominencia enrojecida que comenzaba a aumentar de tamaño a cada segundo que pasaba. Amplió los ojos aterrada. ¿Yo le hice eso?
-Ay… mi cabeza… - murmuró el hombre, tratando de girar su cabeza y abrir los ojos.
-No te muevas. – Dijo apartando la mano del sujeto de cabello gris que insistía en tocarse la frente. – ¿Cómo te sientes?
-No muy bien…
-Esto es malo… - Mordió el labio inferior en señal de nerviosismo y miró a ambos lados, tratando de ver si alguien se acercaba para que la ayudara. Ningún ser viviente… - ¡Rayos!
-Me duele… - se quejó entrecortado.
-¿Cuántos dedos ves? – le preguntó mostrándole tres dedos. ¿Eso siempre hacen en las películas, por algo será, no?
-Tres dedos, y un precioso ángel…
Fue capaz de sentir cómo la sangre la sangre le subía a la cabeza de una sola vez, provocándole un pequeño ardor en sus mejillas.
-Ehh… - no pudo evitar sonrojarse. Es que a decir verdad, no pensó que aquel sujeto en el estado en que estaba, haya dicho algo como eso.
-Tienes hermosos ojos.
¡Diablos! Continuaba con aquellas palabras halagadoras.
Sonrió con nerviosismo.
–Entonces me imagino que ya estás mejor.
-Algo mejor, estoy aún mareado.
Asintiendo en silencio, trató de ayudarlo a duras penas para que pudiera sentarse.
En el intentó, él se aferró a la cintura de ella, para poder acomodarse mejor y sostenerse bien, pues aún estaba algo desorientado. Volteó su torso como pudo, y se apoyó de espaldas contra ella.
Por segunda vez, en menos de 3 minutos, Lita se había ruborizada en extremo, pasando por una gama de rojizos jamás vistos.
-Es cierto… - murmuró él tratando de mantener la respiración regular.
-¿Qué cosa? – preguntó sin saber a qué se refería.
El hombre giró su cabeza para mirar el rostro de la ojiverde, quedando a escasos centímetros de ella.
Sintió la respiración entrecortada de él, aquel aliento cálido casi chocar contra sus labios.
Demasiado tentador…
-Eres un ángel… Uno realmente hermoso...
No supo qué decir, es que en una situación como esa, las palabras se habían esfumado. De lo único que era consciente era de que sus rostros estaban cada vez más cerca, sólo a milímetros de distancia.
-Di algo, di algo – su interior pedía con euforia. –Creo que te afectó el golpe – se reprochó por haber dicho algo tan estúpido.
Aún mantenía el contacto visual con él, era imposible dejar de mirarlo a los ojos, tan cautivadores e intensos.
En un acto de raciocinio, su cerebro ordenó que la distancia entre ellos era demasiado comprometedora, más aún tratándose de un completo desconocido.
Hizo su cabeza hacía atrás para alejarse un poco, sin quitar la vista de él. Tenerlo muy cerca, era algo excesivamente apetitoso, sobre todo para una mujer como ella hace tiempo no tenía contacto con el género masculino, más ahora que se trataba de un hombre increíblemente atractivo.
-No creo que sea el golpe. Sé reconocer cuando hay una bella mujer frente a mis ojos, incluso después de estar aturdido. – Sonrió sincero, lo suficientemente para que la castaña diera por afirmada sus palabras tan cautivadoras.
Lita suspiró y desvió la mirada de aquel sujeto, las cosas se estaban saliendo del margen, ella estaba trabajando. No debería estar perdiendo el tiempo socorriendo a un sujeto que ella misma había golpeado.
Sin embargo, la culpabilidad le negaba dejarlo solo, pues ella había sido la causante de dejarlo tumbado contra el piso.
-El golpe valió la pena. Estaría dispuesto a que mi cabeza se llenara de de golpes, por encontrarme a alguien como tú.
¿No bastaba acaso con todos los cumplidos ya dichos? Al parecer no, así como iba, continuaría con sus elogios que lo único que lograban eran hacerla sonrojar como nunca antes.
-Tengo que irme – susurró incómoda, no quería que él siguiera diciéndole palabras tan bellas, no quería sentirse tan vulnerable frente a ese desconocido tan guapo.
-¿Me dejarás solo? – preguntó fingiendo dolor.
-Estás bien ahora.
Claro, ya hablaba correctamente y estaba consciente de sus actos, por lo tanto, ya era tiempo de que saliera cuanto antes de ese lugar.
Tomó los hombros de él, y lo deslizó hacía adelante para que se sentara sin apoyo de ella, y así pudiera levantarse.
Pudo notar, en el contacto de sus manos, los firmes hombros de él, que probablemente por su tono muscular se trataba de un muy buen formado cuerpo.
Llevó ambas manos a sus muslos antes de poder pararse, el estar de rodillas, cargando el peso de ese hombre, le estaban pasando la cuenta a sus piernas.
Lo vio apoyarse en sus propias manos sobre el piso, y como si nunca le hubiera pasado nada, el tipo de cabello platinado se levantó sin problema alguno.
Ella frunció el ceño. ¿Acaso había estado fingiendo?
Dudó. Pues, por una parte él estaba bien físicamente, no se notaba desorientado ni nada de eso, por algo se había levantado sin problemas, pero por otra parte, la inflamación sobre la frente denunciaba lo contrario.
-Los hombres tienen la cabeza dura – dibujó una sonrisa de medio lado sobre su rostro.
-¿Va a permanecer toda la noche ahí, ángel?
Sacudió su cabeza para despejar sus pensamientos, y notó que él estaba frente a ella extendiéndole la mano para que pudiera levantarse.
-Oh… - sujetó la mano que le ofrecía y se paró gracias a la ayuda de él.
Lo miró de pies a cabeza con disimulo, y en ese momento se dio cuenta de lo alto que era, mucho más que ella, de su complexión física atlética… Buen cuerpo, firme, con presencia y elegancia. Cualidades que no se ven todos los días. Además de la buena vestimenta que llevaba, supuso que se trataba de alguien con bastante dinero. ¿No todo el mundo se viste con ropa de Armani, cierto?
-Gracias.
Él sonrió.
¡Dios! Si hasta la sonrisa de él era bella…
-Gracias a ti, aún después del golpe…
-Ehh… Bueno, me voy – giró sobre sus talones y se dispuso a desaparecer cuanto antes de ahí, pero no alcanzó a avanzar unos pasos cuando sintió que le agarraban la muñeca.
-Espera – giró y lo vio frente a ella. –Necesito saber el nombre de mi ángel golpeador y salvador también.
Enarcó una ceja incrédula. ¿De verdad estaba sucediendo eso? ¿O era sólo producto de su imaginación? ¡Caray! De seguro el almuerzo que compartió con Serena estaba descompuesto o tenía algún compuesto alucinógeno.
-¿Y su nombre es…?
-¿Lita? – Bueno, eso había sonado más a una pregunta que una respuesta, mas era obvio, apenas podía consolidar las palabras en su mente antes de articularlas correctamente. – Lita Kino – corrigió al percatarse de su contestación.
-Lita… Un nombre acorde a tan bello ángel – dijo sin dejar de mirarla. –Diamante – se presentó, dándole un fugaz beso en la mejilla a la ojiverde que amplió sus ojos de la impresión.
-Yo creo que… – miró su muñeca que aún estaba atrapada entre la mano del ojiazul. –Debo irme.
La soltó sin más preámbulos, con una delicadeza y suavidad que le provocaron a la castaña una descarga eléctrica que recorrió toda su columna.
–Espero volver a verla…
Lita asintió con nerviosismo y se retiró lo más rápido que pudo, murmurando por lo bajo lo tonta que había actuado. No era para menos, por primera vez en su vida se había sentido intimidada de tal manera que se había sonrojado más veces de la que en su vida lo había hecho.
~oOo~
Estaba sorprendida, y de muy buena manera, pues no había imaginado ni en sus mejores sueños que el pelinegro frente a ella, sería tan educado, amable, dulce, cordial, culto y extremadamente atento con ella.
Estaba cautivada por completo, y eso que sólo había compartido con él unos cuantos minutos.
No dejaba de mirarlo ni un segundo, su maravilloso comportamiento la tenía perpleja, y le era imposible desprender su mirada de sus ojos azules tan profundos.
Era demasiado bueno para ser verdad, y todo estaba funcionando de acuerdo a sus expectativas.
Había logrado obtener su atención, y parecía que el interés se incrementaba a cada momento. Las probabilidades de éxito, sin duda eran cada vez mejores.
-Así que dime, Serena. ¿Estás de acuerdo en que salgamos a cenar mañana?
-¡Claro! – no había querido sonar tan desesperada y entusiasmada, pero la impulsividad de la cual le era innata se lo había impedido.
Cenar con él, sería una excelente oportunidad para conquistarlo y lograr negociar. ¡Joder! Estaba saliendo todo excelente.
-Eso es bueno.
-Por supuesto… - Él sonrió. –Ha sido una agradable coincidencia, el que tú buscaras nuevos socios para un nuevo hotel respecto al area gastronómica, y que yo buscara socios para alianzar un restaurante. Justo lo que tú buscabas… Es extraño. - Comentó simulando sorpresa.
-Como tú dices, es extraño, pero agradable. Será un placer hacer negocios contigo.
¡Si! Esto va cada vez mejor… - Así será… Seiya – pronunció coquetamente, de tal manera que dejó fascinado al pelinegro.
-Nunca me gustó más mi nombre que ahora, suena perfecto de tus labios – rió nervioso por la situación y la tensión de ambos.
-Vas a hacer que me sonroje – agitó su mano con vergüenza.
-Creo que ya lo logré – ambos rieron, llamando la atención de los presentes en aquel lugar.
-Así que aquí estabas – dijo una voz masculina proveniente de un costado.
Tanto la rubia como el pelinegro, dirigieron su mirada al individuo originario de esas palabras, y no venía solo.
Oh no… Lo que me faltaba. El cretino acá – desvió la mirada hacia otro lugar, sin prestar atención a esos sujetos.
-Creímos que ya te habías ido – dijo una segunda voz.
-Darien, Neprhite. Un gusto verlos acá – los saludó Seiya a ambos. –Yo creí que ustedes no iban a venir.
Con que es amigo de Seiya el estúpido – fingió no escuchar nada. Aún mirando hacia otro lado, frunció la nariz. ¡Caramba! ¿Por qué justo tenía que llegar el cretino a irrumpir tan buena compañía?
-Le dije a Darien que sería bueno distraernos, sobre todo después de tanto trabajo. – Comentó el hombre alto de cabello largo.
-Ya veo.
-¿Y quién es tú amiga? – preguntó el pelinegro con curiosidad, fijando su atención en la rubia que hace rato había capturado su atención en el estacionamiento.
-Ella es Serena.
La ojiazul lo miró de mala gana y trató de fingir una sonrisa, pero al final pareció más una mueca de fastidio que no pasó desapercibida por el recién llegado.
-Darien ella es Serena… Serena él es Darien, mi amigo - presentó.
Tardó en extenderle la mano, pero lo hizo. Lo que no se esperó fue que él le besara la mano.
Retiró rápidamente su mano, apenas sintió los suaves labios de él en contra de su piel aunque el contacto haya sido simplemente… Encantador.
-Un gusto.
-Lo mismo digo – replicó no prestándole atención.
-Y él es Neprhite, también un amigo.
Miró al de cabellera oscura y lo saludó de buena gana, no como con el pelinegro estúpido.
Menos mal que este otro no me besó la mano, eso es bueno. Me simpatiza. – Sonrió amable. –Un gusto Neprhite.
-Lo mismo Srta.… Si me disculpan, tengo cosas que hacer. De ahí nos vemos – y tan rápido como llegó, se fue dejando a los tres ahí.
Por una parte Serena no sabía qué decir, estaba incómoda con la presencia del recién llegado. –Estúpido, tenía que llegar a arruinar todo – suspiró.
A Seiya se le habían ido las palabras, era quizás porque estaba su amigo ahí, y no podía seguir con el juego de coqueteo mutuo con la rubia.
Darien, por otro lado, no dejaba de mirar divertido a Serena que actuaba con indiferencia hacía él, pero notaba perfectamente que ratos desviaba su mirada, provocando que en más de una ocasión sus ojos se cruzaran.
Nadie decía nada, sólo estaba la presencia de un incómodo silencio que se estaba haciendo cada vez más tenso. ¿Por qué nadie llegaba a interrumpir en el momento justo?
¡Maldición! Tendria que ser ella quien rompiera el hielo, ya no lo soportaba más. ¡Se volvería loca!
-Iré a ver a Lita, se ha demorado mucho. Un gusto conocerte… - dirigió su mirada al estúpido guapo que le había arrebatado el estacionamiento y luego a su objetivo - Seiya mañana nos vemos – quebró la tensión. No tuvo otra opción más que decir eso, pues para ese tipo de situaciones prefería escapar, más aún con la mirada intensa y persistente del ojiazul… -Cretino.
Se despidió de Darien con un gesto manual, y de Seiya con un beso en la mejilla.
–Ya sabes como ubicarme – le susurró al oído.
Él asintió en silencio y sonrió.
-Hasta mañana, Serena. Despídeme de Lita.
-Lo haré – sin esperar una réplica más, se fue en busca de su amiga que hace rato no veía.
Lita, estarás orgullosa de lo que he logrado – Sonrió ampliamente, feliz de que todo haya salido a la perfección -Claro a excepción del estúpido cretino, que además de estúpido es inoportuno.
~oOo~
Desde hace un rato que la miraba y no la perdía de vista. Sonrió satisfactoriamente cuando ella le besó la mejilla, eso significaba un gran avance.
No había querido irrumpir, ya que su tarea, era mantenerse al margen de la tarea específica que tenía que hacer la rubia. Seducir al heredero para después apuñalarlo por la espalda…
Ella, realmente no quería ser parte de aquello. No quería, porque sabía que los riesgos eran muy altos. Pero siempre iba a resguardar la seguridad de Serena, porque la misión es arriesgada, y las consecuencias pueden llegar a ser dolorosas si es que no se lograba separar bien el trabajo de los sentimientos y lazos que se pueden involucrar con el objetivo. Más aún si se trataba de una persona de vulnerables sentimiento como su amiga.
Ella protegería a su hermana, y velaría que nada se saliera de contraste por el bien de ella, ese era su mayor temor.
-Serena – la llamó desde su lugar, algo escondido y alejado de la multitud.
-¡Lita! – caminó hacia ella sonriente. -¿Me imagino que estabas viendo lo que pasó?
-Así es. Has hecho un gran trabajo, estoy orgullosa de ti.
A la rubia se le iluminaron los ojos. Feliz de que la persona más importante para ella reconociera su trabajo.
-Gracias, esto será cada vez mejor. – Le tomó las manos a la castaña y agradeció.
-¿Algún avance?
-Me invitó a cenar mañana… ¡Esto salió mejor de lo planeado!
-Serena, si seguimos así podremos terminar pronto y eso significa cuanto antes irnos de vacaciones…. – Dijo soñadora.
-¡Siii! Ya quiero eso. – Se imaginó en una playa paradisíaca, con aguas cristalinas y arena blanca, siendo abanicada por un guapo y firme hombre a pecho descubierto, que de vez en cuando le daba uvas para degustar.
-Serena, Serena despierta – sacudió su mano frente a la rubia que parecía perdida en su ilusión.
-Ah, lo siento estaba soñando.
-Sí lo noté.
-¿Me ibas a preguntar algo?
-Si, ese tipo que estaba con Seiya era el mismo del estacionamiento, ¿no?
-Sí, es amigo de él. Se llama Daniel, Dani o algo así.
-¿No recuerdas cómo se llama?
Puso su dedo índice en el mentón e hizo memoria, la verdad es que como estuvo ignorándolo todo el rato, no prestó ni siquiera atención de su nombre.
-No recuerdo… Lo siento, Lita...
-No importa, tendremos que descubrir quién es y qué tipo de relación tiene con él. Me parece sospechoso. Le daremos a Luna los datos para que nos diga que trae con Kou.
-Lo siento Lita, debí prestar más atención. – Bajó la vista avergonzada, se sintió inútil, pues debía además de estrechar relaciones con el heredero, recaudar información de su entorno para obtener pistas de su supuesta vinculación con drogas, y ella no lo había hecho porque ese tipo Dan o como se llamara, la había irritado, no dejándole más opción que ignorarlo.
-No hay problema, lo importante es que lograste acercarte a Seiya. Ya habrá tiempo de averiguar de quien se trata ese sujeto.
-Está bien… - susurró.
-Ya, no te preocupes. – Le dedicó una sonrisa sincera. –Ya vamos a la casa, no hay nada más que hacer aquí… - Notó el rostro de decepción de la rubia. -Te prepararé un rico pastel ¿qué dices?
-¿En serio?
-Claro. – Le guiñó un ojo.
-Lita eres la mejor.
-Lo sé.
~oOo~
Subió a su vehículo y se marchó de ese lugar, mientras manejaba no podía dejar de pensar en una persona que lo había cautivado por completo.
Hace bastante tiempo que no se sentía atraído por una mujer, de tal manera que lo hacían sentirse como un adolescente ingenuo... Si hasta había sentido algo en su estómago cuando la había visto, una atracción natural hacía ella, y lo mejor es que era mutuo.
El coqueteo de ambos le había dado a conocer que así era, y él pocas veces se equivocaba
Aquella rubia, que con aire inocente y audaz a la vez, lo hacían querer perderse en ella, sin duda, tenía que acercarse a ella, no dejaría pasar la oportunidad de conocer a alguien que su corazón dictaba que se trataba de lo estaba buscando.
Podía sonar como cliché, pero sabía que se trataba de aquellas personas que valen la pena conocer. De aquellas personas que marcan tu vida.
Además, sería la oportunidad perfecta de sacarse de las espaldas a Kakyuu.
-Serena… Tengo la impresión de que pasaremos mucho tiempo juntos...
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TO BE CONTINUED…
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Si ha llegado hasta aquí, es muy valiente. xD Jaja. Gracias por los comentarios.
Próximo capítulo lemon.
¡Hasta pronto, cuídense mucho y suerte!
PD: Consultas, reclamos, sugerencias, tomatazos, críticas constructivas, amenazas de muerte… Háganlo a través de un review. (Ojala no sean amenazas de muerte… sería algo que mi frágil corazoncito no podría tolerar… T-T)
