Iniciamos con esta nueva historia, gracias a mi amiga y beta Eve quien me tiene paciencia y dedicación a cada uno de mis inventos!

Capítulo beteado por Eve Runner, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction

Primer Capítulo: El curso de la vida.


POV Edward

Me encontraba recostado en la sala haciendo zapping en la televisión, después de haber sido arrastrado por Alice a más de siete tiendas en el centro comercial, y anterior a eso, tuve una noche desenfrenada de sexo con una linda rubia llamada… Bueno, ya olvidé el nombre, así que ahora estaba agotado.

Lo bueno de vivir solo y en una casa espaciosa es que las casas entre sí están lo suficientemente alejadas la una de la otra y el ambiente en este privado era agradable.

Estaba intentando quedarme dormido cuando sonó el timbre, miré el reloj, diez y quince de la noche; extrañado de que alguien viniera a estas horas, me levanté a abrir la puerta, giré la perilla y nada. Total oscuridad y silencio. Un impulso me llevó a mirar hacia abajo y cuál fue mi sorpresa: envuelto en una frazada blanca se encontraba un bebé recién nacido, salí y miré hacia todos lados, esperando que fuera una broma de mal gusto. Emmett, grité internamente, pero luego recordé que él se encontraba de vacaciones.

Eché un vistazo una vez más pero nada. Con algo de nervios y miedo tomé al pequeño bultito del piso, abrí lentamente la frazada, era una niña demasiado pequeñita, estaba desnuda, la observé detenidamente; no tenía días de haber nacido, tan solo tendría unas pocas horas, lo deduje por el color de su piel, todavía rojita; sus pequeños mechones de cabello tenían rastros de sangre, seguramente la placenta.

Sin saber qué hacer entré con ella a casa.

—¿Dónde está tu madre? —pregunté, como si ella me pudiera contestar.

Cómo alguien podría hacer semejante bestialidad de abandonar a un inocente, como si fuera cualquier cosa. Una ola de coraje recorrió mi cuerpo; traté de tranquilizarme, pues esta pequeña era un alma pura y se encontraba en mis brazos.

Noté un brillo entre la manta, acomodé a la bebé con cuidado en el sofá, desenvolví la manta y ahí se encontraba un relicario en forma de corazón, era fino, por lo que pude apreciar; tenía un nombre plasmado: Isabella.

La pequeña se empezó a remover, dejé de prestar atención a ese relicario. Recordé las veces que cargué a mi sobrina Lilian de pequeña y de la misma manera arrullé a la bebé, tratando de calmarla. No me di cuenta del tiempo que pasó hasta que vi el reloj, marcaba la una de la madrugada.

Miré a la pequeña… Se veía tan frágil, como una muñequita de porcelana, una muñequita muy linda, sus pequeños mechones rizados se veían de color castaño, su carita era redonda, sus ojitos permanecían cerrados, podía deducir que su piel sería blanca, tan parecida a la mía; ¿así sería la de sus padres?, me pregunté. Y a todo esto, ¿dónde están sus padres?

Suspiré, porque no iba a obtener respuestas preguntándome a mí mismo. Sentí un calor instalarse en mi pecho, justo en ese pedazo de órgano que tengo, llamado corazón, el cual había estado frío por varios años.

Se sentía tan bien tenerla entre mis brazos, una necesidad de protegerla me invadió. Con sumo cuidado acaricié su mejilla, acto seguido, la pequeñita, puso su manita sobre la mía.

—Aquí estás segura, nena. Vuelve a dormir —le susurré.

Esta pequeña en segundos me tenía comiendo de la palma de su mano y eso no era algo bueno, no podía encariñarme con ella; sabía que tenía que hacer lo correcto, no podía quedármela, tenía que dar parte a las autoridades.

No podía simplemente dejar las cosas así; tal vez la secuestraron, quizá su mamá se arrepintió y esté buscándola y no recuerde dónde la dejó, o quizá no la quisieron y simplemente hicieron lo primero que se les pasó por la cabeza… abandonarla. Por más que quisiera quedarme con ella, tenía que dejar de pensar y llevar a la pequeña a que la revisaran, por si tenía alguna complicación.

Subí a mi habitación con la bebé en brazos, tomé una frazada y la abrigué con cuidado; tenía que llevarla al hospital. Jasper estaba de turno, él me ayudaría y aconsejaría, era mi mejor amigo y cuñado; seguro me diría qué hacer antes de informar a las autoridades. Tomé unas almohadas, las llaves del Volvo y me dirigí al auto, incliné el asiento del copiloto y deposité las almohadas, poniendo en el centro a la bebé, quien estaba profundamente dormida. Puse la calefacción, pues era una noche fría, un poco de música y salí rumbo al hospital.

Después de cuarenta minutos aparqué mi Volvo en mi lugar habitual, rodeé el auto y tomé a la pequeña en brazos, protegiéndola del frío. Caminé por los pasillos y saludé al vigilante y a la encargada del área de pediatría, quienes se me quedaron o más bien se quedaron viendo detenidamente lo que traía en brazos. Entré a la sala de pediatría y ahí sentado revisando unos documentos se encontraba Jasper.

—Hola, Jazz —saludé.

—Edward, ¿qué haces aquí? —me preguntó sin levantar la vista de los papeles.

—Tengo un problema —solté con la esperanza de que volteara y así lo hizo.

—¡Pero…! Eso no es lo que me imagino, ¿o sí? —Cuestionó abriendo los ojos y levantándose de golpe—. Edward, ¿es un bebé? —inquirió nervioso—. Te dije que alguna vez meterías la pata. —Me miró entrecerrando los ojos—. No podías mantener tus manos y tu amiguito para ti mismo —me acusó.

—Sí, es un bebé, pero no es mía —respondí mirándolo fijamente. —Mmm… Verás… La abandonaron frente a la puerta de mi casa, estoy seguro que tiene unas horas de nacida —le dije mirando a la bebé.

—¿Y qué tal si es tuya y la madre huyó evadiendo su responsabilidad? —Volvió a acusarme.

Sabía que tenía fama de mujeriego y lo era, pero eso era todo nunca habría consecuencias.

—No es mía, Jazz—aseguré — sabes muy bien que no puede ser mía, deja de jugar con eso.

No necesito falsas ilusiones.

—Lo siento Edward, pero no compartimos la misma opinión y lo sabes —En segundos llegó a mi lado, descubrió las mantas y una sonrisa apareció en su cara—. Es muy bonita y tienes razón tiene todas las características de una recién nacida —aseveró contemplando a la bebé.

—Necesito que la valores, no sé quién fue capaz de semejante atrocidad —exclamé enojado por el abandono de la pequeña.

—Hay gente que no merece llamarse Madre —comentó Jasper totalmente de acuerdo conmigo—. Dame a la pequeña, ahora mismo la limpiaré y revisaré, aunque se ve muy sana. —Le entregué a la bebé en brazos y me sentí vacío.

—Por cierto, Carlisle está por aquí, lo han llamado de emergencia —indicó Jasper algo preocupado.

—¿Por qué? —Era raro que llamaran a mi padre, debería ser algo serio.

—Un caso de un paciente y la policía está implicada, solo eso he sabido —comunicó mientras seguía revisando a la pequeña.

—Jasper, tengo que hablar con mi padre, ¿podrías quedarte con la pequeña?

—Sí, claro. Aún no termino de revisarla. —Puso al bebé en la camilla. La miré una vez más.

—Ok. Debo ponerlo al tanto de la bebé, quiero su consejo. Ya regreso —dije saliendo de la habitación. Caminé por los pasillos hasta el elevador, presioné el botón del segundo piso. Cuando las puertas se abrieron, caminé deprisa llegando al mostrador del área de urgencias.

—Buenas noches, Clara —saludé a la asistente en turno.

—Buenas noches, Edward. ¿Qué haces por aquí? ¿No era tu día libre? —preguntó amablemente.

—Sí, pero he venido a buscar a mi padre, algo importante —le expliqué.

—Se encuentra en terapia intensiva, ingresó una joven que estaba al borde de la muerte —me contó algo triste. Clara era una señora mayor, pero de sentimientos muy nobles.

—Gracias, que tengas buena noche —le dije saliendo a buscar a papá.

Me encaminé hacia la sala. Entré visualizando a mi padre, él estaba checando a la que me imaginé debía ser la joven de la que habló Clara.

—Papá —lo llamé. Se giró a verme y supe en seguida que veía la preocupación en mis ojos.

—¿Qué pasa, Edward? —me preguntó angustiado—. ¿Estás bien? —Volvió a preguntar.

—Yo estoy bien… quería hablar contigo de algo importante —manifesté pasando las manos por mi cabello.

—Dime, hijo —me animó—. ¿En qué te puedo ayudar?

Me acerqué a observar a la joven, me horroricé al ver los golpes en su cara, tenía una venda en la cabeza y otra en las costillas, y moretones saltaban a la vista en su cara y brazos.

—Pero… ¡Santo cielos! ¿Qué le ha pasado a esta chica? —le pregunté con terror. La chica estaba muy lastimada y pálida.

Mi padre respiró profundo antes de hablar.

—Me han llamado hace tres horas más o menos, era de suma importancia puesto que la policía esté implicada en esto, daban una ronda por la Avenida Houston, cuando visualizaron a la chica en el suelo y a un sujeto tratando de llevársela, al percatarse de que la policía iba hacia ellos salió corriendo, los policías decidieron auxiliar a la mujer en vez de ir tras el delincuente; ellos mismos la han traído, cayó inconsciente cuando la tomaron en brazos. —Estaba asimilando la historia, la Avenida Houston quedaba a cuatro calles de mi casa—. El desmayo fue causado por la herida en la cabeza, tiene dos costillas rotas, moretones por casi todo el cuerpo y cara. —Papá se pasó las manos por el rostro, eran pocas veces las que lo había visto así de preocupado—. Perdió mucha sangre y entró en estado de coma, no sabemos si despertará pronto, confiamos en que sí, pero hay algo más que nos preocupa —dijo y sus ojos mostraban miedo.

—¿Qué…Qué es? —le pregunté. Una espantosa idea vino a mí—. La violaron —solté de golpe, mirando a la joven.

—No, Edward. No la violaron, es algo relativamente angustiante… Llegó con la ropa íntima manchada de sangre, pensamos que era una hemorragia interna, pero cuando la chequeé supe que estábamos equivocados, tuvimos que limpiar con cuidado y extraer todos los restos de placenta, si nos hubiéramos tardado más probablemente hubiera muerto.

Placenta, placenta, placenta, placenta, placenta… Esa palabra retumbaba en mis pensamientos…

—¿De qué hablas? —pregunté tratando de hacerme a la idea de que había escuchado mal.

—Estamos 100% seguros que el canal del parto está sensible debido a un alumbramiento, esta joven sin duda acaba de dar a luz, no sabemos en qué condiciones y no sabemos si el feto estaba al término de las cuarenta semanas; de lo único que estamos seguros es que esta joven hace unas horas dio a luz —aseguró papá con tristeza mirando a la chica—. No sabemos quién es, no traía ningún tipo de identificación, la policía estará investigando. Hasta que ellos averigüen algo o ella despierte estamos cegados.

Me quedé analizando lo que decía papá y en minutos ideas cruzaron por mi mente. La pequeña bebé en mi puerta, esta joven a solo unas calles de su casa, ella había dado a luz y la bebé tenía horas de nacida; todo encajaba, por ilógico que pareciera, a la vez era tan claro como el agua, una idea pasó por mi cabeza: ella no la abandonó, ella protegió a su bebé, de la única manera que supo hacerlo. Una ola de paz me invadió, estaba seguro que esa niña era de esta joven.

—Papá, tengo algo que decirte, es muy importante… —Pasé mis manos por mi cabello, desordenándolo más de lo que estaba. Solo díselo, Edward, me dije a mí mismo—. Hace unas tres horas y un poquito más… Mmm, alguien tocó a la puerta, cuando fui abrirla encontré a una recién nacida, estoy seguro que tiene tan solo unas horas —dije mirando atentamente su reacción.

Vi a papá ponerse más pálido de lo normal, así que decidí seguir hablando:

—La he traído para que la revisen, Jasper se ha quedado con ella, ¿crees que podría ser la de la bebé? Yo estoy… pienso que tal vez sí… no sé por qué, pero estoy seguro —hablé más para mí que para papá.

—¿Qué te hace pensar eso, Edward? —preguntó saliendo de su trance.

—Son demasiadas coincidencias. Encontraron a la joven a cuatro calles de donde vivo; casi a la misma hora, alguien dejó a la bebé en mi puerta, la bebé tiene horas de nacida, rastros de placenta en su cabello. Esta joven —continué apuntando a la muchacha—, tiene horas de haber dado a luz. —Traté de explicarme. De pronto un clic apareció en mi cerebro—. Además, la pequeña trae un relicario en forma de corazón que dice: Isabella —le dije a papá, buscando en los bolsillos de mi pantalón—. Mira —le insté entregándole la cadenita. Papá la observó detenidamente y se percató de algo que yo no, un pequeño ganchito, lo abrió, mostrando en el interior una pequeña imagen; me quedé en shock, una cosa es pensarlo y otra confirmarlo.

—¡Dios mío! —expresó papá.

Era el rostro de la misma joven tendida en esa cama de hospital en la que ellos se encontraban, pero con la diferencia de que en dicha foto tenía una sonrisa en su cara… y no estaba en estas condiciones, tan desafortunadas en las que ahora se encontraba.


El primer capítulo como lo prometí, está arriba.

Nada feliz al empezar esta historia, tantas dudas y preguntas que estarán formulando sus cabecitas mis queridas lectoras!

Espero ansiosa sus comentarios y suposiciones acerca de este capitulo!

Besos...

Karina Castillo