Capitulo 2: Sombras
"Las enfermedades azotan a quienes se lo merecen,
tarde o temprano."
-Pudicitiam 2:4
-Esta aquí, es una prisionera. Tienes que salvarla. Tienes que hacerlo. No sabemos cuanto tiempo le queda antes de que cumpla sus sueños.
No podía ver nada más que una luz delante de él. Parecía lejana, un calor recorría todo su cuerpo, y se sentía demasiado débil como para levantarse del asfalto duro en el que se recostaba. No podía ver en donde se encontraba, ni recordaba que es lo que había sucedido.
Podía escuchar una voz lejana que le hablaba, una voz de una mujer que le parecía familiar, estaba seguro de que la escuchó en algún lugar antes. Lo único que hacia era decirle cosas que no era capaz de comprender, al menos no aun.
-Puedes lograrlo, puedes purificar su alma. Puedes cambiar su destino.
Inmediatamente después, sintió un terrible dolor en todo su pecho, como si se hubiera estrellado con una superficie solida, acto seguido un frió lo golpeó por todo el cuerpo. Acababa de caerse de la cama en la cual se encontraba recostado. Toda la calidez que había sentido hace unos segundos desapareció, sacudió su cabeza e intentó recordar que sucedió. Alzó la vista y vio a sus alrededores, se encontraba en una habitación de paredes blancas y con una litera, él se había caído de la cama inferior. Pudo ver un pequeño escritorio con libros con títulos acerca de temas mágicos. Era la habitación de un estudiante.
Ahora lo recordaba, se supone que se encontraba en la Academia hasta que...
Hasta que vivió una pesadilla. ¿Todo eso fue real? ¿O simplemente un mal sueño? Se vio a si mismo, de pies a cabeza, no parecía haber sufrido algún daño físico. La ventana estaba recubierta con un plástico grisáceo, y varios tablones de madera que impedían que la luz del sol ingresara. Al ver esto, su respiración comenzó a agitarse, temiendo por que todo lo que había visto hasta ahora resultara ser real. Solo esperaba de que si lo era, no se encontrara en donde creía que estaba.
Se dirigió a la única puerta de madera que pudo ver, la única salida de la habitación, y la abrió, esperando poder salir hacia algún lugar que le diera alguna pista sobre donde despertó.
Una puerta de barrotes se interpuso en su camino. Esto no era lo que más lo sorprendió, encontrarse con un bloqueo detrás de la puerta de madera no fue lo que le trajo nauseas, sino lo que estaba justamente en el lado contrario, siendo atravesado por un pasillo, se hallaba la imagen horrorosa de lo que parecían ser carne putrefacta, amontonada justamente en el centro de la habitación, siendo devorada por moscas y otros pequeños insectos, una mancha oscura se extendía por el suelo. Sea lo que fuese eso, tenia un olor hediondo que casi hace vomitar a Andrew, pues lo obligó a retroceder unos pasos y a cubrirse su boca.
Seguía en la pesadilla.
Todo era real, las brujas habían cambiado, algo las cambio, y él se involucró en todo esto sin saberlo. Y entonces se percató de que quizás podría haber involucrado a alguien más sin querer. Intentó buscar en los bolsillos de su pantalón sus celular, no estaba. Había llamado a su mejor amigo para que compartieran un destino tortuoso juntos sin saberlo. Lo condenó.
Tenia que salir de ahí, como sea, de alguna forma u otra tenia que hacerlo. Llamar a la policía o hacer algo, y si lo que esa extraña voz en su cabeza le había dicho era cierto, tendría que salvar a Akko y Diana.
Aun con un asco por la horrible escena delante de él, se acercó a los barrotes y trató de empujar con toda la fuerza que tenía, cosa que fue en vano y solo lo agotó. Aun así, no se iba a dar por vencido. Retrocedió unos pasos y tomó aire, preparándose para soportar todo el dolor que estaba a punto de auto-generarse. Corrió lo más rápido que pudo y estrelló su hombro contra los barrotes, ocasionando un gran ruido y un dolor insoportable en su brazo izquierdo. El eco del metal se pudo oír por todo el pasillo y al parecer llamó la atención de alguien.
Escuchó como es que el sonido de una maquinaria se acercaba. Andrew la reconoció, era la chica de pelo azul conectada a esas piezas de metal extrañas que la hacían ver mucho más alta e intimidante. Los ruidos se hacían más fuertes, supuso que se trataban de los pasos que daba, el piso debajo de sus pies también comenzaba a temblar un poco. Se alejó lo más que pudo de los barrotes para evitar un contacto con esa cosa de metal que probablemente venía a torturarlo o algo peor.
La figura perturbadora de la muchacha se presentó delante de la puerta de metal, mostrando un rostro cargado de ira. Sin decir nada, con una de sus manos metálicas introdujo una pequeña llave en la cerradura y abrió la salida. El corazón de Andrew palpitaba con fuerza, invadido por un miedo profundo que le evitaba hacer pensar sobre su próximo movimiento.
La muchacha ni siquiera tuvo que ingresar a la habitación, solo bastó con meter su mano gigante de metal para tomar por el torso al pobre muchacho y obligarlo a salir. Andrew intentó zafarse del híbrido mitad maquina mitad humano, quien lo único que hizo fue tomarlo y acercar su rostro al de él, mirándolo directamente a los ojos, su rostro perturbador y que aumentara la fuerza del agarre solo lo hacían temerle más. Después de unos segundos, lo empujó con toda la fuerza que tenia y lo hizo volar por los aires unos cuantos metros antes de caer de espaldas en el suelo, haciéndose aun más daño. Andrew se quejó del dolor y sintió que algo en la espalda se había removido de su lugar. Aun en el suelo, vio a la maquinaria acercarse con pasos lentos. El muchacho en su desesperación se arrastró por el suelo invadido por el terror de perecer en un lugar como ese.
El pasillo que recorría tenia varias puertas en ambos lados, todas cerradas, algunas tenían un rastro de mancha negra por el suelo. Eran prisiones, probablemente cuando todo era normal eran las habitaciones de las brujas que pertenecían a la Academia.
Por más veloz que se moviera por el suelo, sentía como es que era elevado por la espalda nuevamente por la mano metálica, y era llevado por la fuerza hacia algún lugar que desconocía. Mientras era transportado con brutalidad, pudo notar el camino que tomaban. Primero cruzaron ,por lo que Andrew reconoció, la cafetería, ahora sin mesas y sillas y de la misma manera como todo el lugar las ventanas eran recubiertas con madera y plástico, el suelo estaba lleno de manchas verdes y negras, un olor a quemado también era perceptible. Siguió siendo transportado con brusquedad hasta un pasillo mucho más grande que el de las habitaciones, con unas cuantas puerta mucho más grandes en un solo lado y con ventanas obviamente cubiertas del otro. Eran las aulas donde las brujas estudiaban.
Podía escuchar gritos retumbando por las paredes, gritos de sufrimiento, mayormente de mujeres. No era capaz de imaginar que es lo que sucedía, ni quería saberlo. Se detuvieron delante de una de las puertas de los salones, y antes de ingresar, la maquinaria lo soltó. Ya tocando el suelo con manos y rodillas, levantó la vista en dirección al guardián que lo vigilaba detrás de él, y por su misma mirada de odio, comprendió que quería que él ingresara por su propia cuenta.
Al parecer, no tenia otra opción.
Adolorido, se puso de pie y procedió a ingresar. Lo primero que vio fueron los escritorios en formas de gradas que ocupaban un gran espacio, vacíos por completo, y una gran pizarra vacía, el escritorio delante de todo el aula donde se supone debía ir la maestra dictando sus respectiva clase ahora estaba cubierto de un liquido rojizo, fresco. Andrew sentía que en cualquier momento sufriría un paró cardíaco. Avanzando con pequeños empujones que le daba la maquinaria, se quedó delante de este, al parecer, tenia que esperar a alguien.
No se atrevía ni a dirigirle la palabra a la muchacha monstruo, no quería desatar su furia y terminar muerto, o sufrir un destino peor. Al cabo de unos segundos, vio como es que la puerta volvía a abrirse y una persona familiar ingresaba al lugar. La encapuchada Sucy se hacia presente, aun trayendo esa gran hoz, que parecía tener una hoja mucho más larga que antes. Sonreía ahora, viendo la escena, como si se regocijara con el miedo que invadía a Andrew.
-Bien hecho, Constanze. —Le hablaba a la maquina— Ahora solo esperare a la encargada de las ejecuciones, puedes irte a vigilar a los impuros.
La muchacha de pelo azul asintió y se retiró. Andrew retrocedió unos pasos atrás al ver a Sucy acercarse poco a poco.
-No te preocupes, no te matare. No hasta que estemos seguros. —No la entendía, mas la sonrisa diabólica que la muchacha de piel pálida le mostraba era una señal de malas noticias. Tenia que buscar la oportunidad de evitar algún ataque con la guadaña de esa bruja desquiciada.
No sabia que es lo que le esperaba, pero no tenia otra opción si no quería acabar muerto mas que quedarse y obedecer lo que le dijeran. ¿Que demonios le paso a la Academia? Esto se asemejaba más a un maldito manicomio.
Después de unos segundos de silencio, solo oyendo unos cuantos gritos a lo lejos, probablemente de otras victimas como él, la puerta se volvió a abrir permitiendo entrar a otra persona. Una persona que creía que era una prisionera, se equivocó. Era algo peor.
Era uno de ellos.
-¿Diana? —Se podía notar la sorpresa en su rostro al verla llegar, no podía decirse lo mismo de Diana, quien solo miró con indiferencia, sin siquiera sorprenderle el reencuentro con Andrew. No parecía haber sufrido algún cambio físico horrible como sus compañeras, a excepción de un desarrollo que la hizo aumentar de altura un poco, y su cabello se había vuelto un poco más largo. Se veía tan elegante y hermosa como siempre, con una pureza que reflejaba cada vez que se encontró con él en el pasado.
Usaba un vestido azul precioso, uno muy similar al que uso en la fiesta de Andrew hace ya tres años. Y resultaba totalmente perturbador. Una presencia casi angelical venia a hacerle sufrir aun más. En cualquier momento podría colapsar, no podía soportar tantas noticias en un solo día.
-Andrew, volviste. —Nada más que una mirada sin emoción fue lo que recibió el joven asustado.
-¿Que...? ¿Que esta pasando? —Su confusión y frustración no hacían nada más que aumentar, y lo hacia ver todo de una manera mucho peor de lo que en realidad era. Diana avanzó hacia él, quedando a solo un paso de distancia, Andrew se quedó petrificado.
-Solo la verdad. —Acto seguido, un ardor recorrió su estomago, como si una tajada le hubiera repasado de una manera extremadamente rápida. Y así fue. Colocó ambas manos en su estomago intentando parar el sangrado superficial que se formó de manera vertical, cayó de espaldas, levantando la vista y observando a su atacante.
Diana observaba con atención la navaja en su mano derecha, levantándola delante de su rostro, admirando la sangre que goteaba de la hoja. Le había hecho un corte, no tan profundo, para extraer algo de su sangre. Tras unos momentos, Diana bajo la arma blanca y observó a un miserable Andrew en el suelo.
-Encierralo de nuevo, esto es todo lo que necesito. —Se lo decía a Sucy, sin siquiera mirarla. Tras la orden, Diana dio media vuelta e hizo el ademán de retirarse, mientras que la otra muchacha se acercaba en tono amenazante contra el desprotegido joven.
-¡No! ¡Espera! ¡Diana!
Intentó ir tras ella, la guadaña se interpuso en su camino impediendole avanzar, Sucy lo detuvo con una sonrisa de oreja a oreja.
-Ni un paso más. —Le amenazó acercando la hoja al cuello de Andrew, dispuesta a decapitarlo si fuese necesario. Este obedeció, con una mirada cargada de ira en su rostro, hartó de sentirse tan impotente. Diana desapareció tras la puerta, sin siquiera voltear a ver de reojo a su amigo de la infancia.
Se sentía traicionado, esperaba que al menos Diana no hubiera sucumbido ante la locura que ahora asolaba ese lugar. Aunque, más bien, se veía como si ella fuera la única cuerda y aun así quisiera continuar con toda esta pesadilla miserable.
"Descansa guerrero, tu travesía ha terminado."
-Rebel 1:3
Le dijo que serviría para la clase de Anatomía. No sabia en que pensar en ese momento, solo necesitaba encontrar una oportunidad para escapar y todo terminaría, o pedir ayuda desde su celular si tuviera alguna idea en donde terminaron todas sus cosas. Le seria mucho más fácil todo esto si no tuviera las manos atadas con una cuerda y la bruja con la hoz lo estuviera acompañando desde su espalda siempre amenazante con rebanarle el cuello.
-Iremos a nuestra clase. —Rió Sucy, obligandole a caminar a paso veloz. Estaban a punto de cruzar el patio interno de la Academia, que era capaz de ser visto desde las estructuras por las ventanas selladas. Sea lo que sea que hubiera ahí, no tendría que ser visto. Por lo menos, descubriría de donde viene el horrible olor a muerto.
Parecía una especie de castigo divino, una peste inmunda, una enfermedad extremadamente contagiosa, una masacre horrible, lo cierto era que nada de esto podía ser hecho por manos humanas. Una especie de campamento, con varias tiendas de campañas montadas en todo el lugar, manchadas de porquería, suelo que hace muchos años era verde había sido remplazado por una tierra seca y árida, una estatua que se hallaba en el centro tenia inscripciones con toda clase de palabras incomprensibles para él, no todas eran del mismo color. Esta no era la peor parte.
Lo que casi lo obliga a huir, a casi perder el control, fue a un montón de alumnas de la Academia girando su vista contra él. Su aspecto era terrible, tenían una mirada perdida de psicópatas, usaban el uniforme de la Academia todo sucio y desgarrado, andaban descalzas, alguna estaban en las tiendas y tenían heridas en el rostro, como quemaduras y marcas que parecían recién hechas. Guardaban un aspecto escuálido terrible, falta de alimentación y una palidez de muerto. Un montón de uniformes manchados de lo que obviamente no podía ser un liquido que provenía del exterior del cuerpo humano estaban amontonados en una de las entradas, juraba poder ver algunos restos de sus anteriores dueños, incluso vio algo moverse entre ellos.
Se cubrían como si sufrieran un frío terrible, ¿hace cuanto tiempo sufrían de esto?
En serio necesitaba salir de ese lugar.
Lograron llegar hacia el otro extremo, sin poder evitar miradas de ojos desorbitados en su dirección. Pudo reconocer a algunas brujas en su camino, como a Barbara que se la paso sonriendole, y a la muchacha de tez negra y pelirroja, Wangari.
Siguieron su camino tras cruzar una puerta que les daba un nuevo acceso al interior y se dirigieron a uno de los salones, con la mirada intentaba buscar alguna oportunidad de escape, pero cada vez que observaba solo se encontraba con otra estudiante que vagaba por los pasillos con la misma mirada perdida.
-¿Que es lo que me harán?
Preguntó Andrew antes de cruzar otra gran puerta que probablemente era el acceso a otra aula. No recibió una respuesta inmediata. Al cruzar la puerta, se encontró con una sección mucho más grande que la anterior aula, varias mesas circulares con el logo de Luna Nova encima estaban repartidos y manchados con porquería negra y restos de, quizás, animales. Algunos tenían pedazos de carbón encima, y ya varias alumnas estaban ahí presentes delante de las mesas, con la mirada perdida, casi como si soñaran despiertas. Sea lo que sea que iban a hacerle, seria una demostración para ellas.
Si iba a escapar tenia que hacerlo ahora, encontrar la oportunidad, evitar los peligros, cualquier cosa con salir de ese lugar monstruoso. Nunca creyó verse tan intimidado por una persona de estatura menor que él.
Sucy la orden de que se recostara sobre una de las mesas. Andrew dudó por un momento, sabiendo de que lo que le fueran a hacer, le dolería, estaba seguro de ello. Su otra opción era huir y esperar correr suerte, al estar rodeado esto era casi imposible que pudiera salir ileso de esta. Tomó aire y sin mostrar más resistencia obedeció.
Al recostarse, observó atemorizado como es que las otras alumnas lo rodeaban, mirándolo como si de una exposición se tratase. Sus ojos seguían a Sucy, quien ahora se comunicaba con las demás brujas, siempre con esa sonrisa horrible que nunca dejaba de mostrar esos dientes filosos.
-Compañeras, el día de hoy aprenderán una lección de Anatomía. Esta joven ha decidido ofrecerse voluntario como sujeto de pruebas. —Sacó un pequeño frasco con un liquido purpura de su manga derecha, lentamente, abrió su tapa y vertió una gota en la cabeza del joven Andrew— Conoceremos como funciona el interior de un imperfecto.
Sintió su cuerpo pesado, y la adrenalina volvió a sacudir todos sus huesos, era como si hubieran puesto un yunque sobre su pecho que lo aplastaba lentamente. El pánico lo invadía aun más justo en el momento en que vio que la bruja levantaba la hoz nuevamente, lista para darle una tajada mortal y definitiva. Ya no podía salvarse de eso.
Su tortura apenas comenzaba.
La punta de la guadaña no cayó en su rostro como creyó en un principio. Directamente se incrustó en su pecho, con una distancia medida para que no tocase su corazón, solo atravesó el tejido de la piel y quizás algún hueso huesos.
"Estaba tan asustada que gritó"
-Somniabunt 1:1
