Nota del Autor: Este es el final amigos (como si lo hubieran leído muchos xD) espero les haya gustado tanto a ustedes como a mí me gusto escribirlo. Creo que me ha quedado bastante cursi sin querer, pero ni hablar, que esto de ser mala y hacer sufrir a los demás lo tengo que practicar. Esperen el punto de vista de Feliciano, ese se lo dedicare a Van der Bank que es como la hermanita yaoista que siempre quise tener. Este fue dedicado a Lorena claro está, que me tiene más que atrapada en sus historias. Gracias Lore.

Aclaración: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, solo los utilizo para mi sana diversión. Si me perteneciera esa serie, seria todo un trastorno mental.

"Quiero cantar el abismo
y a la muerte estafar
volvamos a cero borrémoslo todo
y festejemos si mañana me despierto solo y feliz…"

Tomo una vieja mochila tirada entre sus cosas, empezó a buscar algunas prendas y acomodo todo desordenadamente dentro de ella, saco un par de tenis viejos y un suéter que lo cubriera mas aquella fría noche, y tomando consigo todas sus cosas personales que encontró a su paso se dispuso a cometer su fuga. Entre tanto preámbulo y preparación no se dio cuenta que se hicieron las doce de la noche, estaba buscando algunas otras cosas que le pudieran ser útiles, además de claro, su cartera y su dinero que había estado ahorrando desde hace tiempo. La ansiedad se apoderaba de él, mientras sentir una adrenalina que le recorría todo el cuerpo. El recuerdo de esa tarde era lo que más le taladraba, era una sensación de decepción que no podía omitir por más que quisiera, y aun que no le sorprendía del todo encontrarse con la escena, la sorpresa y molestia no se la quitaba nadie.

Fue en busca de su celular en la mesita de noche, lo apretó fuertemente entre sus manos mientras exhalaba aire de forma ruidosa, era un gesto que poseía cuando se aceleraba como ahora, busco en la agenda el número entre sus contactos y le encontró: Antonio Fernández se hacía presente en los mejores eventos. Puso su dedo en la tecla de marcar, pensativo y confuso, no pensaba en que decirle claramente, esa noche solos sus emociones hablaban a través de su persona, y ellas le indicaban que le marcara de una vez al españolete antes de desaparecer del mapa.

Apretó el botón sin darse cuenta, en una especie de efecto automático de su cuerpo, llevándoselo a la oreja y escuchando como sonaba el tono de marcado. Una parte de Lovino quería que el tono nunca cediera, pero otra parte tenía una gran urgencia por escucharle hablar de nuevo, por escuchar su acento marcado una última vez más. Pensó que era un caso perdido, cuando de repente una voz ronca y adormilada se escucho del otro lado del teléfono.

-¿Diga…?.-Lovino se congelo al escucharlo, tenía un montón de cosas que decirle, que al momento de escucharle se quedaron en el olvido. Suspiro hondamente, apretándose más el celular al oído, escuchando como la lenta y acompasada respiración de Antonio es escuchaba del otro lado. Ambos se quedaron en silencio, uno por modorres y el otro por cobardía, quizás si seguían a la expectativa podrían tener una respuesta mejor que esa.

-¿Lovino, eres tú? Reconocí tu numero... ¿sucede algo malo? –la voz del español causaba un extraño efecto sobre él. Era como si pudiera paralizarle, no entendía muy bien qué clase de efecto era ese, pero en ocasiones se descubría completamente perdido con ello, con la mirada fija en sus ojos y su atención dispersa entre sus palabras.

-No pasa nada bastardo, no creí que te durmieras tan temprano siendo viernes por la noche, imagine que estarías en una de tus típicas reuniones o borracheras con tus amigos de mierda.

-Esta noche me han invitado a muchos sitios, pero me sentía cansado después de trabajar el turno de la mañana, así que me tome el día libre de fiestas o cosas por el estilo, por eso solo fui a verte hoy. Pero si quieres me puedo levantar e ir a buscarte, podemos salir a tomar algo, no llevo mucho tiempo de estar acostado. –El español se escuchaba bastante adormilado, frotaba sus ojos mientras bostezaba repetidas veces, siempre que Antonio alteraba un poco su ciclo de sueño se veía en un estado de somnolencia durante casi todo el día. A Lovino le había tocado un par de veces verlo dormido en las bancas o en los parques.

-Suenas tan adormilado ya, que dudo que puedas levantarte y ponerte decente. Además, no en necesario que te tomes esa molestia de venir a buscarme, creo que no me encentrarías ya…

Estas últimas palabras hicieron que Antonio terminara de despertarse por completo. Abrió de par en par los ojos, mientras se levantaba lentamente de su mullida cama y buscaba el reloj despertador y las llaves de su carro a tanteos.

-¿Qué dijiste? No entiendo que quieres decir con eso de que no te encontrare. Déjame busco las llaves y te voy a buscar.

-¡Ya te dije que no vinieras a buscarme! No es necesario que vengas, solo quería despedirme y ya, pero creo que fue un error marcarte. Vuelve a dormirte mejor.

Antonio quería replicar, pero Lovino ya había colgado al momento. Por más que lo intentara, no podía ni hacerse a la idea de volver a acomodarse en su cama. Y Lovino, que carajo se traía en mente ese italiano… por su parte, se sentía como si se le hubiera salido el alma, sentía una nostalgia que nunca antes había experimentado, seguida de una necesidad constante de volver a ver esos ojos tan desmesuradamente bellos que lo perturbaban durante sus tardes.

No podía detenerse a estas alturas, tomo su mochila y miro por última vez su cuarto, antes de cerrar la puerta con la mayor sutileza posible esperando que sus padres no le escucharan. Abrió lentamente la puerta del cuarto de Feliciano, adentrándose lentamente en el, mirándole por un breve momento donde creyó por un momento despertaría. Agradeció para sus adentros que ni siquiera un elefante pasándole encima pudiera despertar o turbar el sueño de su hermano, y son una sonrisa que nunca se atrevió a dedicarle frente a frente, se despidió de él y cerró la puerta.

Imagino la dramática reacción por la mañana al descubrir su ausencia, y casi pudo sentirse nostálgico al momento, pero no podía retractarse después de tanto tiempo planeando esto. Era la primera vez en su vida que actuaba o hacia algo que realmente fuera decisión suya, siempre aceptaba el porvenir de la forma más desinteresada, pero lo aceptaba al fin por no haber otra opción viable. Así fue como entro a la escuela de paga, así fue como estudio cursos de música que no le interesaban en absoluto, así fue como mal gasto sus días estando en los estudios en donde Feliciano parecía más cómodo, en donde se explayaba mas. Entendió desde muy joven que lo artístico no era lo suyo, ni tampoco lo era lo académico en realidad. Aun que muchas cosas se le daban con facilidad en xmaterias poco comunes, esa su falta de interés la que hacía que las cosas quedaran siempre a la mitad.

Sus padres le recalcaban esto, y esas comparaciones constantes con Feliciano lo hacían exasperarse de tal manera que a veces creía detestarle. No era como si su hermano menor fuera su competencia, pero siempre se vio ensombrecido por su talento innato hacia las artes y la belleza. Era ese tipo de actitudes y de tendencias las que habían hecho tiempo atrás que sospechara sobre sus preferencias, que le viera de una manera diferente al del resto, el hecho de que le descubriera muchas veces esbozando una sonrisa bobalicona al ver a Ludwig, o que le diera por entablar buenas amistades con personas que en su mayoría eran mujeres o maricas.

Pero en fin, no podía decir mucho sin saber que pensar de sí mismo. Desde su infancia conocía a Antonio, jugaban y convivían siempre en un parque cercano a su vivienda. El españolete llevaba tiempo buscando a alguien que le siguiera el ritmo al ser una persona enérgica y vivaz. Lovino siempre le seguía a regañadientes, porque a pesar de que le resultaba muy hiperactivo y muy impulsivo, siempre le hacía pasar un buen rato con su compañía. Al ítalo lo que le faltaba era amigos, su soledad era bastante marcada a la hora del receso, pasaba sus tardes mirando por la ventana o cambiándole al televisión, y siempre se lamentaba el estarse perdiendo algunos juegos o partidos de soccer, que en realidad le fascinaban. Pero nunca lo admitía, siempre se ponía su coraza y se defendía con hostilidad del resto del mundo. El único que le entendía era Antonio, que le seguía la corriente muchas veces también, quedándose hasta tarde en las canchas, llevándolo por uno de esos helados que tanto le gustaban o simplemente escuchándole balbucear maldiciones e improperios como siempre solía hacerlo.

Era en su adolescencia cuando noto que había algo en su sentir, algo diferente que aparecía al momento de estar cerca de Antonio. Fue aquí en donde se empezó a distorsionar todo para ellos, creando una tensión que fue difícil disipara a pesar de los esfuerzos del moreno. Antonio estaba bien consciente de lo enamorado que estaba de Lovino, se había dado cuenta de esto desde que se descubrió a si mismo contemplándole una tarde, mientras reposaba su helado tirando entre las hierbas, con el ítalo cerca de él. Le encantaba ese momento donde Lovino se relajaba y sus facciones se volvían suaves, amables y armónicas. Su perfil era tan delicado y sus facciones tan finas que había tenido que admitir que estaba más que atraído por su amigo.

Pero ninguno de los dos lo había mencionado en voz alta, sabían muy bien que traería muchas represarías el confesar abiertamente sus sentimientos, sus emociones. Al cruzar por el parque recordaba todo esto, la vista se le nublaba lentamente entre la oscuridad y la melancolía. Pensaba en todo, en su madre preocupada gritándole, en su padre adicto al trabajo ignorándole, en su hermano marica y manipulable, en el alemán hijo de puta que se aprovecho de él, en el bastardo español que le robaba en aliento, en las cosas simples de la vida que había complicado por su obstinación.

Llego a la central, comprando un pasaje que le llevara lejos, sin importarle el destino al que le llevaran. Las posibilidades que tenían era bajas y en realidad, las estadísticas estaban en su contra, pero que más le daba matarse un poco de hambre, sufriendo la gente aprende mejor. Cuando se disponía a abordar, una mano lo tomo con mucha fuerza, haciéndolo voltear y observando frente a frente a su pesadilla andante.

-¡Qué carajo crees que estás haciendo! –grito Antonio, quien no parecía creerse estar frente a la imagen asustada de Lovino ante él.

-¿Qué mierda estás haciendo aquí Antonio? ¡Como supiste que estaría aquí!

-Eres demasiado predecible Lovino, solo podías estar en dos sitios, en el parque en la últimas bancas como hoy, escapando de la realidad, o en algún otro lugar en donde puedas escapar realmente del panorama. ¿A que le temes?

Esas palabras, ese tono, ese rostro irritado y esas facciones marcadas no era para nada parecidas al habitual Antonio. Realmente estaba enojado. Lovino rara vez lo había visto enojado, lo miraba molesto en ocasiones, pero se la pasaba rápido. Aquello era realmente enojo, el español estaba cabreado. El agarre era fuerte, incluso hiriente, y a Lovino le costaba trabajo desprenderse de esos ojos vivaces y flameantes que le miraban inquisitivos, como analizándole y alterándole a propósito.

-Suéltame de una puta vez, no estoy escapando de nada. Que te importa lo que haga o deje de hacer.

-Si me importa, y mucho, eso ya lo debes de saber bien.

Antonio le atrajo mas hasta quedar cerca de él, Lovino podía sentir la pasión y la molestia que el moreno desprendía de cada una de sus palabras, sentir su respiración chocar contra su mejilla mientras lo apretaba y lo mantenía frente a él. Sus ojos lo decían todos sin quererlo, a Lovino nunca se le dio eso de ocultar sus emociones.

-¡Te digo que me sueltes!

-¡Deja de escapar de una maldita vez y acepta que entre nosotros hay algo! Por una vez en tu vida actúa, has algo.

-¡No me vengas a joder con tu filosofía barata! ¡Entre tú y yo no hay nada!

-No te voy a demostrar que si lo hay…-y dicho esto, Antonio le robo un fierro beso de los labios a Lovino, que impresionado y choqueado, empezó a empujarle y a golpearle con fuerza con sus puños. El moreno le apretó de la cintura y lo abrazo con posesividad, se aferro tan fuertemente a su cuerpo que incluso a Lovino se le hacía difícil respirar ante esto. Sus labios devoraban y exigían, mientras al ítalo le costaba llevar el ritmo que el español sostenía. Después de un rato, este fue cediendo lentamente hasta sucumbir ante el beso demandante, aferrándose instintivamente a su cuello, sintiendo esas hebras gruesas entre sus dedos.

Aquello fue disminuyendo, el aire en los pulmones hacía falta, los jadeos iban acompasándose a medida que sus pechos tomaban el ritmo nuevamente, a Antonio le hacía falta sentirle de esa manera, volvió a su estado natural de comodidad y felicidad continua, mientras le revolvía el cabello a su ahora, muy mal humorado amante.

-No puedo dejarte ir así como así Lovino, piensa en todos tus seres queridos, en como sufrirán y se preocuparan si no te encuentran en la mañana. –La voz de Antonio volvió a la normalidad, ahora se escuchaba nuevamente alegre, comprensible, amable y capas de canalizarle.

-No pienso dar marcha atrás Antonio, nunca me había sentido tan seguro de algo en toda mi vida.

-¿Ni siquiera con lo nuestro? –Antonio reclino su cabeza sobre la frente de Lovino, mientras sonreía, al ítalo se le frunció el entre cejo y bajo la mirada, sintiéndose como un completo idiota al no saber cómo contestarle al españolete bipolar que tenía enfrente.

-Ni hablar, no puedo hacerme a la idea de estar así sin ti, tendré que acompañarte a donde vayas sin más.

Lovino creyó escuchar mal, pero cuando miro al español comprando el boleto de pasaje entendió la idea de que en realidad aquel bastardo no le dejaría marcharse sin réplica. Esbozo una sonrisa de oreja a oreja, mientras se acomodaba al lado del ítalo y le sostenía la mano firmemente, sin importarle que esto le incomodase o le pareciera raro a alguna otra persona. Total, un par de jóvenes escapando de la ciudad a las 2:35 de la madrugada era bastante cliché, como para agregarle como toque extra el hecho de que ahora eran más que amigos.

-No tienes ni siquiera ropa, ni traes maletas ni nada, ¿Cómo te piensas tú que aras estando en otro lugar sin nada?

-Traigo dinero, supongo que haya habrá tiendas, ¡qué más da! Esto será parte de la experiencia.

-Enserio que eres un imbécil…

El autobús empezaba a avanzar, dándose paso entre el camino, mientras ambos jóvenes se encontraban perdidos entre sus sueños. No sabían que les esperaría, como vivirán o que se dedicarían de ahora en adelante, pero al menos podían estar seguros de que si morían de hambre, iban a morir de hambre los dos juntos.

La canción que puse al principio es de Babasónicos, la estaba tarareando mientras lo escribía y creí que seria apropiada.