Cap 2.

¡Necesito ayuda!

Tres golpes suaves pero firmes del otro lado de la puerta, le indicaron que ella ya había llegado. Le abrió, emocionada, y se hizo a un lado para que la pelirroja entrara. Ginny nunca la había visto sonreír tanto, sospechaba que algo con su hermano había sucedido. ¡Quizá se le había declarado! Pero no, eso era mucho decir. Hermione cerró la puerta sin delicadeza, no le interesaba si hacía demasiado ruido o no, de todas formas los cuatro adolescentes estaban solos en la casa, no molestaría a nadie. Parecía renovada... Desprendía una energía inexplicable... o tal vez, sí era explicable, sólo por una cosa: el amor. De pronto, esa energía transmitió vibraciones muy conocidas por la castaña... los nervios y la ansiedad. Su amiga la observaba inquisitivamente sentada en la cama, a la espera de que se decidiera a hablar. Algo impaciente, la pelirroja cambió de posición y se cruzó de piernas, y carraspeó ligeramente. Hermione se colocó un mechón de pelo tras la oreja, y se sentó a su lado. Se tomó su tiempo en acomodarse, y una vez que se quedó quieta, pensó que no tenía idea de cómo empezar. Pero no lo pudo soportar más, y estalló emocionada:

-¡Ron me invitó a una cita esta noche! ¡Él vino aquí y me lo dijo! ¿Entiendes lo que eso significa?

-Claro que sí, Herms... Significa que tu sueño se hizo realidad... ¡Gracias a Merlín el cabeza dura de mi hermano tuvo el valor suficiente para pedírtelo!

-Ginny... ¡Me siento tan... tan... no sé como explicarlo! Me siento... completa.

-Wow, Ron sí que te pegó fuerte, Hermione.

-¿Cómo es eso?

-¿No te habías dado cuenta?- le preguntó una Ginny extrañada.

-¿De qué? ¿Acaso me perdí de algo?

-¡Oh, Hermione! ¡Todos te califican como la estudiante más inteligente de Hogwarts, y tú no pudiste enterarte de algo que se nota a leguas!

-Ya basta, Ginny, estás asustándome. ¿Quieres dejar las adivinanzas a un lado, y explicarme de una vez lo que tratas de decirme?- le exigió Hermione, desconcertada.

-¡Como quieras, amiga! Merlín... ¡es tan simple! ¡Herms, estás enamorada!

Ella, que había comenzado a caminar de un lado a otro de la habitación, nerviosa, curiosa, ansiosa, se detuvo en seco. Se giró hacia su amiga con una expresión confundida y perpleja a la vez, abrió y cerró la boca repetidas veces, y luego le susurró:

-¿Tú crees? ¿Ves la maginutd de lo que estás diciendo, cierto? ¡Ginny, estás hablando de amor!

-¡Claro que sí, Herms! Y sabes que no te lo diría si no fuera que lo veo con mis propios ojos... O si no es así, tú dime: ¿estabas tan emocionada y completa cuando Victor Krum te invitó al baile de tu cuarto curso?- le preguntó sin rodeos.

-Pues...- la gryffindor tardó unos segundos en responder. - De hecho, no. Mas bien me sentía... halagada. Sí, creo que esa es la palabra indicada. Me halagaba que un chico como Victor se fijara en mí, que me regalara constantemente palabras de admiración y me tratara como a una princesa, ¿me entiendes?

-A la perfección. ¿Y cómo te sentiste con ese chico de Ravenclaw? Mmm... Eric McLow, ¿cierto?

-¡Oh sí! Eric... Bueno... Era un chico muy apuesto e inteligente... Recuerdo que me invitó a Hogsmeade... Estábamos en el Salón de té de Madame Pudipié, muy empalagoso para mi gusto... Pero me sentí bien con él, estaba cómoda. Sin embargo... Cuando me besó, no sentí nada especial. Me gustó, pero no sentí esas mariposas en el estómago que dicen que siente uno cuando se enamora...

-Exacto. ¿Lo ves? Y entonces, Hermione... ¿Qué es lo que tiene Ron que hace que te sientas tan nerviosa, ansiosa, emocionada, feliz, llena?

-Quizás... quizás tengas razón, Ginny, como siempre. Si de chicos se trata, tú estás ahí para aclararme las cosas... ¡No se qué haría sin ti!

La pelirroja rió con fuerza.

-Por supuesto, Herms. Sabes que ese tema es mi especialidad...- dijo con picardía, y al instante su risa fue acompañada por la de la castaña.

De pronto, Hermione recibió un mullido almohadón en la cara. El impacto repentino de éste, la desconecrtó completamente. Luego observó a Ginny, sus ojos reflejaban una mezcla de diversión, e inocente venganza. Rápidamente la leona más grande se lanzó a la cama, y se adueñó de la mayor cantidad de almohadones decorativos que había ordenado en su cama, paralelos a la pared. Pero Ginny ya estaba preparada, y logró esquivar el primer almohadazo de su amiga. No obstante, el segundo le impactó de lleno en el pecho. Hermione reía con escandalosas carcajadas mientras se lanzaba al ataque. Ginny no tardó en pocisionarse también, y pronto el suelo de madera de la habitación quedó tapado. Bastante agitadas, ambas se dejaron caer sobre el ahora mullido suelo, con los rostros rojos de tanto reír, y sosteniéndose con ambas manos el abdomen, en un intento de recuperar el aire que en pocos segundos se había escapado de sus pulmones.

-¡Oh Ginny! ¡Tengo que pensar qué voy a usar para esta noche!- dijo Hermione, visiblemente preocupada. Se levantó rápidamente y abrió su baúl con prisa, de donde comenzó a sacar toda la ropa que veía. Mientras lanzaba las prendas a su espalda, Hermione decía: -Esto no me gusta, esto es demasiado anticuado, esto otro muy grande, esto... ¡No, no puedo usar esto! Necesito algo especial... Tal vez... ¿un vestido se verá muy llamativo, Ginny?

-Santo cielo... Hermione, primero cálmate. Deja de esparcir tu ropa por toda la habitación, que con los almohadones ya es suficiente... Y un vestido podría ser adecuado, dependiendo del modelo y la talla.- le dijo, respondiendo a su pregunta.

-¿Éste estaría bien?- interrogó su amiga, mostrándole un vestido negro.

-Ay, Herms, no irás a un funeral. Escoge algo de un color más alegre... atractivo...

-¡Es que mi ropa no es suficiente! No tengo qué ponerme y no podré salir a comprar nada a último momento... ¡Necesito un milagro!

-Ya. No te exasperes. Verás que encontraremos algo... Déjame ver toda tu ropa.

La menor de los Weasley, comenzó a revolver todo el montón que había puesto sobre la cama. Separó diferentes prendas... Formó conjuntos variados, y luego dejó el resto de la ropa a un lado. Siguió jugando con los colores por un rato, mientras Hermione la observaba expectante, pensando en el pelirrojo. ¿Era cierto lo que decía Ginny? ¿Estaba enamorada de él? La única forma de conseguir esa respuesta, era esperar a que llegara el momento del encuentro en el jardín, y descubrir la verdad sobre sus sentimientos. Esa noche, en la primera cita con su mejor amigo, descubriría si lo amaba, o sólo se sentía atraída.

-Pruébate éste.- le dijo Ginny tendiéndole un conjunto que tenía como base el color rosa.

Ella, obediente, entró al baño y se cambió de atuendo allí. Salió a los pocos minutos, luciendo una falda blanca a una palma de las rodillas, una blusa rosa pálido, y unos tacos al mismo tono.

-¿Qué piensas, Ginny?

-Que podrías verte mejor.- dijo ella con sinceridad. -No creo que sea el color que más te favorezca... Por eso hice que te lo probaras primero.

-Estoy de acuerdo. No me gusta demasiado el rosa... Es inapropiado para una primera cita, ¿verdad?

-No exactamente, pero tú te verás mejor en este color.- le dijo, lanzándole una prenda roja. Hermione volvió al baño, para salir instantes después.

-Definitivamente, te luces mucho más con ése, Herms.- la castaña se observó varios minutos en el espejo del armario, girando constantemente, observando el elegante vestido.

-¿Te gusta?- interrogó Ginny.

-La verdad... sí. Pero... me parece demasiado...

-¿Formal?- completo la pelirroja con una sonrisa. Hermione asintió. -Ya sé lo que sucede. Temes que tú vayas impecablemente vestida, y que Ron vaya con un simple jean y una camisa, ¿cierto?

-Creo que sí.- le respondió, inquieta.

-Oh, de acuerdo. Pero no te preocupes, tendremos en cuenta este vestido hasta el final, y luego te decidirás entre éste y otro conjunto que tú elijas.

-Como quieras. Alcánzame ése de color chocolate, me lo probaré.

Y así continuó Hermione, durante bastante tiempo, modelando frente al espejo diferentes estilos de ropa, descartando unos, y aceptando otros. Estaba tan indecisa... No sabía si encontraría una solución a ese problema. ¡Nunca se había sentido tan nerviosa por una cita! ¿Desde cuando le importaba tanto la ropa? La única vez que de verdad se había esmerado en arreglarse, fue en el baile de Navidad de cuarto curso... ¿Entonces qué le sucedía ahora? No lo sabía, pero deseaba verse perfecta para esa cita.

-Oh... dios. Oh dios, oh dios ¡OH DIOS! Hermione, acabo de encontrar el atuendo perfecto para esta noche.- exclamó Ginny completamente convencida.

Hermione se volteó lentamente, y vio a su pelirroja amiga sosteniendo dos prendas que provocaron una reacción inmediata en ella: que la sangre coloreara sus mejillas intensamente, sonrojándose en extremo.