Chicas y chicos, qué tal, espero se encuentren de maravilla. Aquí les dejo la segunda entrega de este fic, deseando que lo disfruten. :D
Agradezco los follows, favorites y reviews que han dejado, significan muchísimo para mí.
Bueno, les dejo con la continuación, nos leemos abajo. :3
DISCLAIMER: LOS PERSONAJES DEL MANGA/ANIME NARUTO NO ME PERTENECEN, SINO A MASASHI KISHIMOTO.
Capítulo II
Una y otra, y otra vez, seguía viéndolo, oyéndolo, sintiéndolo; lo soportaba –ya que quería sacarlo todo de una vez– hasta el punto en que sentía que el abatimiento se aproximaba a salir al exterior mediante suspiros y, posteriormente, el llanto. Una, quizá dos, en extremo, tres, permitía que abandonaran mi cuerpo. No más. Él no merecía mis lágrimas y yo no merecía estar sufriendo más de la cuenta. Estoy mal, lo admito sin orgullo –como debe y quiero que sea–, pero eso no significa tener que prolongar mi sanación al rascar las heridas una vez que han comenzado a cicatrizar. Vivir las emociones, mientras nos invaden, –a mi punto de vista– es lo mejor que podemos hacer si queremos salir del hoyo: aquellos que reprimen lo que sienten y evitan el duelo cuando es tiempo de hallarse en él, en algún punto en el futuro sufren por la misma razón. Las sombras, los recuerdos, los olores, sabores, colores y texturas, amenazarán con invadirnos en un santiamén. No podremos tratar de escapar a ser poseídos por siempre. Seguro, a paso tardo y paciente, nos alcanzan y nos hacen añicos la vida; dejarlas tomarte por completo desde la primera oportunidad que se nos presenten está bien. Yo, que me doy ese lujo, sobrellevo la carga que yo misma me eché en los hombros. Prefiero esto a solo prolongar lo inevitable y seguir padeciendo aun cuando hayan pasado meses, incluso años.
El tiempo no pasa en vano y hay ocasiones en las que, en vez de destruir lo que –se supone– ha sucumbido ante él, enaltece en un instante lo que estuvo construido en un principio. Buenas o malas, invariablemente, las consecuencias aparecen. Será esto con lo que él tendrá que lidiar, ya no temprano, si no tarde. Y qué ridículo.
Para mí, en este momento, no hay necesidad de seguir perdiendo el tiempo acongojándome. Los ecos de aquel incidente comienzan poco a poco a desaparecer y, consecutivamente, a ser desechados de mis pensamientos presentes. Se sentía bien llorar, pero se siente mucho mejor levantarse, tomar una larga ducha e ir por la vida sin los ojos hinchados.
Se siente bien –y extraño al mismo tiempo– sonreír de vez en cuando.
El poder estar con alguien aunque el silencio reinara, era todo lo que lo pedía, lo que en serio me gustaba y lo que más valoraba, sobre todo ahora. Si bien tenía cosas que debía hacer en la casa, pasadas unas tres semanas desde que mi primer semestre en la Universidad acabara, comencé a aburrirme del hecho de cumplir con lo mismo diario, pues en mi situación actual lo que ello conlleva es, en todos los sentidos, desagradable. La rutina, ahora más que nunca, no era una opción. Y no pienso que esté mal vivir bajo una, sin embargo, no le cae bien a mi circunstancia.
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Bajamos las escaleras, nuestras voces brillaban por su ausencia y únicamente se escuchaban dos pares de botas pisando fuerte y, más allá, el tráfico de la avenida de enfrente.
Llegamos a la planta baja y antes de salir, dirigimos un saludo al portero –buen hombre, por cierto– quien nos correspondió con una sonrisa radiante. Abrí el portón del edificio, que por fin estaba arreglado después de haber permanecido más de cuatro meses con la chapa hecha mierda gracias a los imprudentes inquilinos a los que les valía sorbete cerrarlo como personas pensantes. De un salto, pusimos los pies en la acera.
— ¿A dónde iremos? —habló por fin.
—Ya te dije —y levantando mis brazos a forma de exageración, respiré hondamente—, lejos.
Guardó silencio. Caminamos hacia la avenida que atravesaba toda la ciudad, de un extremo a otro. De pronto, un viento Sur nos impactó de costado. Yo había girado mi cabeza hacia el lado opuesto para no arriesgarme a que alguna basurilla entrara en mis ojos –y, para tal fin, funcionó–, pero en cuanto la quise poner de nuevo en su lugar, mi cabello se estrelló bruscamente contra mi cara, mi boca, haciendo que perdiera el equilibrio debido a la impresión. Mi acompañante tuvo que halar de mi playera para que no pusiera un pie en la avenida y los autos fueran a dejarme como una alfombra.
—Agh, ¡carajo! —me quejé tratando de escupir una buena cantidad de cabello que ahora tenía en la lengua, mientras Shikamaru reía por lo bajo— Para ya —lo miré y rolé los ojos, avergonzada e irritada por tan ridícula escenita.
—Debes hacer algo con ese cabello, problemática, casi te mata —intervino cuando pudo contener la risa lo suficiente para hablar—, además lo tienes hecho rayos.
—Lo mismo digo, tan solo mírate, el tuyo parece una escoba.
—Si de artefactos de limpieza hablamos, el que te cargas, tiene pinta de trapeador viejo.
—Como si me importara —y la verdad, no. Ni un poco. De todas las desgracias que vinieron a mí, una tras otra, mi cabello maltratado es la que menos me interesa.
La luz del semáforo peatonal se tornó de color verde. Caminamos hacia el otro lado junto con otras tres personas. Sin reflexionarlo demasiado, me estaba dirigiendo a la parada del bus y hundía mi mano derecha en el bolsillo trasero de mi pantalón tratando de hallar unas monedas.
—Oy, ¿a dónde vamos? —paró en seco, desconcertado.
Momentos atrás, se me ocurrió una idea, que si bien no era la gran cosa, parecía que podríamos pasarla más o menos a gusto.
—A donde el viento nos lleve —suspiré imitando a las actrices de los comerciales de productos para el cabello, provocando que mi coleta se estampara contra mi rostro tal cual había ocurrido hacía unos minutos. Durante mi intento por arrugar mis labios hasta tener el pico parado y 'parecer' sensual, el trolebús llegó y la gente que estaba formada para abordarlo se quedó mirándome unos segundos, para luego negar con la cabeza y comenzar a subir. Me boté de la risa al imaginarme cuán boba lucía. Shikamaru rio conmigo, se posó junto a mí y me dio un golpecito en la nuca.
—Vamos, torpe —susurró tirando suavemente de mi flequillo hasta estampar mi frente con la suya y dedicarme una sonrisa sincera—, subamos. Y, espero que ese lugar a donde el viento nos lleve, sea uno en el que pueda tirarme y fumar a mis anchas.
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El respeto al espacio personal era un concepto que la mayoría de las personas que utilizan el transporte público ignoraba o se lo pasaba cínicamente por la entrepierna. Por más que Shikamaru había tratado de evitar que los hombres rozaran alguna parte de mi cuerpo con el suyo, solo lo había logrado un par de veces, pues apenas había espacio para respirar y le era difícil moverse entre tantos hombres con voluptuosos y sudorosos cuerpos, señoras con bolsas de mano que más bien parecían costales de basura –estorbosos y llenos de porquería– y niños, por los cuales había que estarse fijando en dónde pisaba uno, para no romperles un piececito.
Estábamos por llegar, así que decidí recorrerme hacia la salida, en medio del bus.
No vi ni de dónde vino, así que cuando sentí una rasposa mano que apretó suavemente –pero lo suficientemente fuerte como para darme cuenta– mi trasero, solté el tubo de donde estaba sosteniéndome para no salir volando por la ventana gracias a la maravillosa forma de conducir del chofer, y aparté esa mano de mi cuerpo a una velocidad –que ni yo me creí– para luego dar un fuerte tirón y saber a quién coño pertenecía; no estaba de humor para que me estuvieran jodiendo. Me sentía como en una película de acción, en donde la hacía de agente de reconocimiento, de apariencia frágil y despistada, pero con una fuerza, inteligencia y reflejos que mis compañeros de trabajo envidiarían.
— ¡Qué diablos! —Shikamaru y otras personas a mi alrededor se sobresaltaron cuando un viejo salió de entre la multitud retorciéndose entre mi agarre.
Era un hombre asqueroso. De aspecto agotado y sucio; llevaba encima un olor a alcohol que se hacía más fuerte conforme lo arrastraba hacia mí. No tenía más de cincuenta años; rayos, las drogas y el alcohol sí que hacen estragos a la larga. Lo miré a los ojos, fúrica.
— ¿Y usted, qué se cree que soy? —no me esperaba esa respuesta de mi parte. Ni esa, ni ninguna otra. Lo que normalmente hacía era ignorar los roces, apretones y arrimadas de cualquier bastardo pervertido. Pero hoy, algo en mi interior terminó por romperse en miles de pedazos después de solo haber estado fracturado y fisurado, por un largo tiempo— ¡¿Una puta que no tiene de otra más que dejarse toquetear por cada maldito que le arroje un par de billetes a los pies?! No, cabrón, claro que no —se quedó mirándome. De seguro estaba atarantado por tanta chuchería que se metió antes de subirse al transporte—, a mí y a cada mujer que te encuentres por la calle, nos respetas —grité señalándome y luego a las demás pasajeras—. Me vale una jodida y puta madre si no te enseñaron a evitar cometer actos dignos de un patético calenturiento con sed de estar irrumpiendo la paz de alguien con el fin de, aunque no por mucho, se te pare el pito y sientas lo que no lograrías si estuvieses sobrio.
— ¡Ah, vete al diablo, niña estúpida! —interrumpió zafándose de mi mano. No valía que gastara mi tiempo en él más de lo que ya. Rolé los ojos, jalé a mi amigo y toqué el botón para indicarle al conductor que quería bajar. Las puertas se abrieron y justo cuando estaba por pisar la acera volteé al interior de transporte, el hombre se acercaba, inclinándose hacia adelante y con una mueca de placer dibujada en el rostro me dio una sonora palmada en el trasero. Ahora sí, se la había ganado. Me abrí paso entre la multitud expectante con la clara intención se soltarle una buena puñeta en la nariz.
—No, váyase usted al diablo —declaró tranquilamente –aunque con un tono retador– una voz que venía de atrás. Apenas pude reaccionar para apartarme y observar fijamente cómo un puño cerrado, luego un brazo, se dirigía hacia el tipo, para que milésimas de segundo después se impactara, con una fuerza increíble, contra su rostro, haciendo que perdiera el equilibrio y cayese al suelo al no poder sostenerse con nada ni nadie. Me quedé con la boca estúpidamente abierta, logrando ahogar una risotada. Shikamaru recuperó su postura, sobó un poco sus nudillos y tomó mi mano, siendo él quien ahora me jalaba a la salida—. Vamos, Tenten.
Pisamos la baqueta y caminamos rápido unos minutos –que, irónicamente, parecieron dos años– en silencio, a contra corriente, sumergidos en el bullicio de la plaza contigua a la acera peatonal. Aún me llevaba de la mano.
—Vaya, eso fue… —no sabía qué más decir— Rayos, amigo —y dijo nada, solo giró levemente su cabeza y me miró de reojo unos segundos y volvió la vista al frente, parecía molesto—. Gracias.
—No fue la gran cosa, pero espero que no se repita.
—Al final, le metiste un buen puñetazo en medio de los ojos que te aseguro le quitó lo borracho y drogo, ¿qué te preocupa tanto? —solté con una sonrisa tonta. De pronto se detuvo, giró su cuerpo hasta quedar de frente con el mío. Sus ojos adquirieron seriedad. De su amplia frente escurría una gota de sudor, que delineó su rostro hasta caer y perderse en su chaqueta. Pasó sus manos por mis hombros, sujetándolos con fuerza; nunca me había percatado de cuan grandes que eran; tenía consciencia de que eran ásperas y que su tacto era un tanto brusco. Si a mí no me estaba tratando con la mayor delicadeza, al tipo pervertido debió haberle quebrado la nariz y tirádole un par de dientes, por decir poco. Acortó entonces la distancia entre nosotros, se inclinó para quedar a mi altura y dejó caer su frente sobre la mía, cosa que hacía constantemente, bueno, al menos desde que mi vida comenzó a dar giros inesperados.
— ¿De verdad me estas preguntando eso? —resopló. Pude sentir su aliento. Sí que estaba cerca. Y como me quedé callada, debido a la impresión de sentirlo desde una perspectiva diferente a la cual estaba acostumbrada, me dio un golpecito en la nuca— Maldita sea, ¿en qué pensabas, problemática? Ese hombre pudo haberte hecho algo más —musitó antes de que un joven, que al parecer llevaba mucha prisa, pasara y nos empujara accidentalmente—. Ven, te llevaré a un lugar más despejado, estamos estorbando.
—Y pensé que era yo la que te estaba llevando a cualquier lado —reí de mí misma.
— ¿Qué no es el viento quién nos guía? —me guiñó un ojo.
—Ni tú ni yo —dije desviando la mirada a un edificio de bienes raíces—, pero, no importa ya, qué esperamos, llévame.
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No llegamos tan lejos como yo esperaba. Gracias a la peripecia del bus, tuvimos que bajarnos mucho antes de acercarnos al centro de Konoha.
Lo seguí hasta una pequeña zona de condominios, por el aspecto de ésta, supe que era una gente bien acomodada. En la parte de en medio, había un jardín, lleno de flores, arbustos y árboles que enmarcaban una preciosa fuente hecha de mármol. Lo que más me impactó fue la figura que se hallaba siendo cubierta por el agua que, delicada y discretamente, brotaba de orificios en el suelo de la misma. Era una mujer, un ser tan fino, que sentía que era una grosería mirarla insistentemente. Se encontraba desnuda: su pierna derecha, ligeramente flexionada hacia el lado opuesto, resguardaba ese secreto tan íntimo, tan suyo. Sus brazos cubrían sus senos, sus manos, como haciendo una plegaria, estaban justo debajo de su mentón; parecía que tenía algo entre ellas, pero desde donde estábamos parados, no se alcanzaba a distinguir qué era. Tenía un semblante sumamente pacífico, mantenía con gran cariño lo que fuese que se encontrara junto a su pecho. No sonreía.
— ¿Te ocurre algo? —Shikamaru me dio una palmadita en la espalda, haciendo que mis pensamientos se esfumaran.
—No, estoy bien, es solo que —me acerqué a la fuente, tenía una curiosidad inmensa por apreciarla más de cerca— hay algo que quiero comprobar.
Sus ojos, en realidad, no estaban observando hacia el interior de sus manos, se encontraban clavados en el infinito. Y no parecía tranquila, no del todo. Me posicioné justo delante de ella y la miré fijamente un par de segundos.
—Dios mío —aparté la vista, y horrorizada, cubrí mi boca con ambas manos. Era inquietante.
Bueno, aquí está.
Sí, lo sé, esto quedó algo raro. xD En mi defensa, quiero decirles que este fue una especie de "puente" para el capítulo siguiente, les aseguro que se pone mejor; ténganme paciencia, por favor. (;-;)
Debo confesarles que, debido a que esta semana estoy en trámites de inscripción al segundo semestre de la Universidad y la próxima semana inicio clases, temo demorarme unos días en subir el siguente capítulo. Bien, pues, sobre aviso no hay engaño. :v
Contestaré sus reviews a la brevedad, apenas hace un rato abrí mi correo, por lo que no me había percatado. Les doy las gracias.
Que tengan una excelente semana, los leeré la próxima, con un ligero atraso, pero con un capítulo seguro. ;D
Hyugita390
