Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos o puede que alguno me lo invente.
N/A: ¡Y aquí estoy! Muchas gracias por todos vuestros reviews, me alegra mucho el saber que le habéis dado una oportunidad a este fic. Nos os entretengo más, aquí dejo el otro capítulo. No tengo ni idea cuantos capítulos tendrá este fic, yo escribo y haber que sale :D
Naturalmente, los Cullen son vampiros y los demás licántropos, en eso no he cambiado la historia.
Fotos del fic en mi perfil.
Título: A pesar de todo, eres mi papá.
Capítulo dos: La cena familiar.
Edward POV.
Podía notar la presencia de mi pequeña detrás nuestra, aunque no podía leerle la mente, porque había desarrollado un bloqueo ante mi poder, escuchaba su respiración, la conocía tan bien como si fuera la mía misma, muchas veces la había oído, tantas que se había convertido en mi sonido preferido.
Sentí sus pasos detrás de nosotros. No tardó en acercarse y rodearme con sus pequeños y frágiles brazos en un gran abrazo.
-Hola papá – me saludó al tiempo que se apartaba y me daba un beso en la mejilla.
-Hola cariño – dejé que me besara y luego hice yo lo mismo.
Fue saludando a todos los presentes deteniéndose en su abuela y en su madre para abrazarlas con más determinación.
Después de los efusivos saludos, nos sentamos todos a la mesa, Bella estaba a mi lado y ambos estábamos en frente de nuestra niña, que estaba rodeada por Alice y Rosalie.
Notaba a Renesmee algo ansiosa y nerviosa. Aunque ella no lo notara, no paraba de moverse, sus dedos tamborileando en la mesa, chascando los dedos, retorciéndose las manos… algo le pasaba, Jasper lo notó, podía escucharlo en su mente.
-¿Qué tal va el trabajo Ren? – preguntó Jasper entablando conversación.
Pareció relajarse y habló.
-No me quejo, es genial haber encontrado un trabajo acorde con lo que estudié, los trabajadores son muy simpáticos y los jefes muy amables, me alegro de haber entrado – contestó entusiasmada.
-¿Hay algún chico que te interese para reemplazar a ese perro tuyo? – preguntó mi hermana Rosalie haciéndome sonreí, me alegraba que odiara al chucho.
Renesmee suspiró y torció los ojos.
-¿Y cómo te va la tienda Alice? – preguntó mi pequeña evitando ser ella el centro de atención y pasándoselo a una que le encantaba serlo, en eso era igual a Bella, preferían ser el papel secundario, terciario o incluso mejor el último, el papel principal para otro.
-¡Genial! – contestó mi duende hermana – como es diferente a lo que la gente está acostumbrado aquí, tiene mucho excito y me estoy replanteando abrir otra, y no me preguntes más, porque no pienso decirte nada, será una sorpresa para todos.
¿Sorpresas de Alice? Sálvese quien pueda.
Uno de los camareros del restaurante se acercó a la mesa, nos preguntó que queríamos de beber pero yo no le presté atención, toda estaba en su mente.
Hay que ver como de buena esta la del pelo anaranjadito, que carita más linda, ¡Qué tetas! Tiene carita de niña dulce y buena, pero seguro que luego es una guarra en la cama, esas de carita angelical son las peores.
¡Se acabó! No lo soportaba más. No deseaba seguir escuchando a ese pamplinas decir asquerosidades sobre mi hija, y menos pensar en su vida sexual, que nada más y nada menos era con el estúpido del perro.
Me levanté de la mesa y me alejé de ella, de momento hasta que ese individuo se fuera, no podía seguir escuchando como pensaba cosas sobre mi hija, y no podía decirle nada porque lo estaba escuchando en su mente.
Cuando advertí que ya se había ido regresé sentándome en el mismo sitio que antes y cogiendo la dulce mano de mi esposa.
-¿Qué pasó papá? – preguntó mi pequeña con curiosidad.
-No desearás saberlo – le contesté.
Asintió y siguió con lo que estaba haciendo antes de que yo llegara, al parecer estaba muy metida en una conversación que mantenían ella, Jasper y Carlisle sobre la dictadura de Franco en España.
Qué raro – suspiré. ¿Podía hablar Jasper de otra cosa?
-Amor, ¿Pasa algo? – me preguntó mi esposa cerca de mi oído.
Me volví hacia ella.
-Sé que algo le pasa a nuestra niña Bella, y estoy preocupado, ¿Estará bien? – le comenté mis dudas a mi esposa, ella más que nadie podía ayudarme.
-Edward, si ella tuviera algún problema lo diría y creo que es lo bastante mayorcita como para cuidarse sola amor – dijo y besó mis labios dulcemente.
-Eh, eh, reserven algo para los pobres – gritó Emmett refiriéndose a nosotros haciendo que todos en la mesa estallaran en carcajadas.
Otro camarero remplazó al cretino que había venido al principio con nuestras bebidas, aunque realmente, no sabía porque se tomaban tantas molestias si no íbamos a beber, pero bueno, también lo hacíamos por guardar las apariencias, Forks era un pueblo pequeño y desafortunadamente aquí la gente tenía una lengua muy larga.
Es linda pensó el camarero refiriéndose a mi hija. Este comentario no me alteró, si no todo lo contrario, me pareció bien que pensaran que era linda de esa forma, porque lo era.
Renesmee pidió calamares a la romana igual que Alice y Jasper, Emmett y Rosalie filete de ternera, Carlisle y Esme pescado a la plancha y Bella y yo calamares a la plancha.
La noche pasó rápida y alegre en compañía de mi familia, al fin y al cabo, era lo único que tenía, lo más maravilloso.
Sorprendentemente, Renesmee había conseguido comérselo todo, cosa que me extraño tanto porque siempre solía dejar la mitad de su comida, toleraba la comida pero más le atraía la sangre, animal por supuesto.
Algunos pedimos postre, y Renesmee volvió a sorprenderme pidiéndolo ella también y los más impresionante de todo es que se lo comió.
Cuando terminamos de comer nos sumergimos en una agradable conversación hasta que Emmett saltó.
-¡Joder Renesmee, cacho tetas que tienes! ¿Te has operado? – soltó en un grito.
¿Pero como el bruto de Emmett se atrevía a decir algo así?
Escuché una silla arrastrarse y miré hacia la persona que yo creía que lo hacía. Mi pequeña Renesmee echó la silla hacia atrás y con una mano en la boca salió corriendo en dirección a no sé donde, me imaginaba que al baño.
-¿Ves lo que has hecho imbécil? – Le grité a mi fuerte hermano – ¡Seguro la has hecho llorar! – le grité alterado.
-Eh Edward, calma – pidió Carlisle.
-Vamos Eddie – dijo el imbécil de Emmett – era de broma, es solo que está distinta y quería hacer la gracia, no pensé que se lo tomara tan a pecho.
-Iré a verla – dijo Bella pasando por mi lado.
Renesmee POV.
Joder, me cago en Emmett, ¿Cómo lo había notado? ¡Mierda! Encima ahora me encontraba delante de la taza del váter de un lujoso restaurante colisionando la cola del baño. ¡Genial! Todo saldrá bien a la mierda.
Volví a echarlo todo por la boca. Quizás con un poquito de suerte se creería que la comisa me sentó mal.
Escuché unos golpes en la puerta y una suave voz.
-¿Se puede?
Sabía quién era, perfectamente. ¡Como para no conocerla! Gracias a ella estaba yo aquí.
Había parado así que me limpié la boca con un trocito de papel higiénico y tiré de la sisterna, me aproximé a la puerta y le abrí a mi madre. Esta entró y la cerró cuando ya hubo entrado. Me encontraba en el lavamanos lavando mi boca.
-¿Estás bien cariño? Eh escuchado como vomitabas…
-Sí, estoy bien – dije cortante.
-Si no te conociera tan bien Renesmee…
Me giré hacia ella y corrí a sus brazos llorando, a mi madre no había quien le ocultara nada, y me alegraba por ello, porque contarle que estaba mal me costaría. Como un bebé sollocé en sus brazos. ¿Tendría que soportar esto por seis meses más? Dios, iban a ser lentos y difíciles, el ser bipolar no era nada bueno.
-Cariño, ¿Quieres contármelo? – preguntó mi madre acariciando mi cabello.
-Ma… má – gimoteé yo.
-Si es por lo que te dijo Emmett, no se lo tengas en cuenta, el solo quería hacer una broma, ya sabes cómo es – se paró y me miró – a mi me parece que tienes unos buenos pechos.
-¡Mamá! – Grité alterada – ¡No es eso! ¿No me vez extraña? – Le pregunté y mi madre paró a pensarlo - ¡Mírale! – Le espeté – mira mi barriga, ¿Qué vez de diferente? ¿Y mis pechos? ¿Y que haya comido tanto? ¿Y los vómitos? ¿Y este humor de perros? – me reí ante lo último, me hizo recordar a Jake.
-Cariño, estas…
-¡Sí! – grité, ni siquiera sabía si lo que iba a decir era como yo estaba, pero daba igual, estaba frustrada y realmente alterada.
-Embarazada – dijo con un suspiro.
La miré, tenía que descifra algo de su intransferible cara, algo, una emoción…
-¡Eso es maravilloso! – soltó de repente corriendo a abrazarme, en nada estuve envuelta en sus fríos y maternales brazos.
-¿Lo es? – le pregunté a lo que ella solo asintió y me besó la frente.
Estuvimos un rato más así hasta que un profunda nausea me hizo apartarme y salir pitando hacia la taza del váter. Una vez allí, volví a vomitar. ¿Cuándo pararía esto? Porque era incómodo tener que estar cada dos por tres echando por la boca todo lo que habías comido en el día, y asqueroso por cierto, muy asqueroso.
Paré y me limpié con papel como lo había hecho al principio. Bajé la tapa y me senté encima.
-¿Estás bien? – preguntó mi madre a mi lado.
-Si – contesté – supongo que esto es normal.
-Y tan normal – me ofreció una sonrisa cálida que agradecí internamente.
Nos sumergimos en un cómodo silencio. Mi madre a mi lado no paraba de juguetear con mi cobrizo cabello, sabía que le recordaba al de papá.
-¿Vas a decírselo? – preguntó mi madre sacándome de mi nube.
-¿El qué? – contesté tontamente.
-Que estas embarazada.
-¿A quién?
- A tu padre –contestó tranquilamente.
-¡Claro que no! – Me alteré - ¡A saber cómo reaccionará cuando se lo cuente! Empezará por estampar la primera cosa que pille contra algo y luego irá a por Jacob – dije dramáticamente, pero lo último sabía que lo haría.
-Cariño, tienes que decírselo.
-No puedo – dije suplicando con mis ojos para que no me hiciera decírselo.
Sabía que tarde o temprano tendría que decirlo, los cambios ya se estaban haciendo notar, imaginaros dentro de unos meses, pero ahora no estaba preparada como para afrontar la situación y decirle a mi padre, verás papá, estoy embarazada, serás abuelo.
-Cariño, si no se lo dices tú, me veré obligada a decírselo yo - ¿Eso era una amenazada? No, mi madre no se l contaría, ¿O sí?
-No serías capaz – le dije.
-Renesmee…
-Está bien, prefiero decirlo yo – me di por abatida, tendría que decírselo si o si.
-Vamos – dijo cogiendo mi mano.
-¿Ya? – grité.
-Sí, ya – dijo y me arrastró fuera del baño.
Nos paramos antes de llegar a la mesa detrás de unos biombos de decoración, mi madre se giró hacia mí y me miró con ternura.
-No puedo creer que vayas a ser madre – miró mi barriga – se nota un poquito, es tan tierno. Dijo mordiéndose el labio y abrasándome otra vez.
Si te digo yo, que estas madres de hoy en día estaban todas locas. Correspondí fuertemente al abrazo de mi madre, lo necesitaba.
Nos acercamos a la mesa con paso sigiloso y sin pausas y antes de que llegara Emmett saltó hacia mí.
-Siento haberte dicho eso, la verdad es que esta estupenda, solo era…
-No te preocupes Emmett, sé que no lo hiciste con intención y no fue por eso por lo que me fui – le dije cortando su discurso –ahora tengo algo que contarles y les agradecería que me escucharan, es importante, se me hace difícil decirlo, pero si no lo decía yo, cierta personita fisgona – dije mirando a mi madre intencionadamente – lo contaría.
Todos me observaban elevando las cejas con cara de interrogación, los había dejado muy intrigados.
-¿De qué se trata pequeña? – me animó mi padre a hablar.
Miré a mi madre pidiendo ayuda, no sabía cómo comenzar y ella me ayudaría.
-¿No ven nada raro en Renesmee? – preguntó mi madre en general.
-¿Cómo que raro? – preguntó mi padre alterándose por un momento.
-Tranquilo papá – dije intentando tranquilizarlo con mis palabras – todo va bien – o al menos lo que se puede decir bien después de lo que escucharas a continuación.
-¿Cómo de raro Bella? – preguntó mi abuelo Carlisle.
-¿Tiene algo que ver con el físico? – se aventuró a decir Rosalie.
Mi madre y yo asentimos a la vez.
-Yo ya lo he dicho, creo que se ha operado los pechos – dijo frescamente Emmett ganándose una colleja de parte de mi tía y una sonrisa de la mía.
-¿Algo más? – pregunté.
-Quizás hayas cogido un poquito más de peso… - habló la abuela.
-¿Solo un poquito? ¡Por dios! Parezco una mini bola – dije amargándome por momentos.
-¿Hasta dónde queréis llegar? – preguntó mi madre sumamente enojado, no sabía que pasaba y le fastidiaba el no saberlo.
-¿En serio sois tan ciegos como para no ver qué pasa con Renesmee? – preguntó mi madre haciendo un gesto.
-Espera – interfirió mi abuelo – ¿Te ha bajad o el periodo últimamente?
Negué con la cabeza.
-¿Mareos? – Preguntó Jasper, sabía por dónde iban las cosas, rubio listó – pensé.
Asentí.
-¿Vómitos? – esta vez fue Rosalie la que se mojó.
Asentí.
-¿Cambios de humor? – Alice preguntó.
Volví a asentir.
-Y considerando tu vientre ligeramente abultado solo queda decir que…
-¡No puede ser! – Gritó el que reconocí como mi padre - ¡¿Estas embarazada? – Gritó poniendo el santo en el cielo – asentí.
N/A: ¿y? ¿Os gustó? ¿Queréis saber cómo continua? Pronto sabréis. ¿Reviews? Saludos.
