En el hermoso y pacífico reino de Arendelle, los aldeanos disfrutaban de un cálido y fresco día de verano. En el castillo, la gobernante: la reina Elsa, esperaba, en su despacho, la carta que le informaría quien sería el anfitrión del Festival de la Osadía. Esperaba que fuera Arendelle, porque desde hace años que no lo era*; cuando era elegido, su padre siempre rechazaba la propuesta, ya que significaría tener que hospedar a los representantes de cada territorio en el castillo, pero había cerrado las puertas debido a una "razón difícil de explicar".

Ella temía que los organizadores se hallan enterado de su "peculiar cualidad": magia capaz de crear hielo y nieve. O peor aún, lo que pasó hace un año en el día de su coronación: cuando sus poderes fueron descubiertos, ella huyó a las montañas, creó un invierno eterno y su hermana murió congelada, pero milagrosamente volvió a vivir.

Después de romper su tratado comercial con Weselton y tener conflictos con las Islas del Sur por el atentado contra su vida, podría afectar de mala manera la decisión del lugar sede, no quería que por culpa de sus poderes, Arendelle se tuviera una mala imagen y cayera en la ruina.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de la puerta abriéndose, entró su adorada hermana: la princesa Anna.

-¿Elsa?- dijo ella. -¿Por qué no bajaste a desayunar esta mañana? Me quede muy precupada por ti.

-Perdoname Anna, me levanté muy temprano de la cama y vine aquí a pensar-contestó Elsa triste por haberla preocupado.

-Ah...- dijo Anna suspirando de alivio. -Creí que estarías enojada conmigo por algo, pero luego pensé que eso no podría ser, porque últimamente no hice nada que te pudiera molestar...

-Anna...

-Pero recordé lo que paso ayer, con el florero...

-Anna...- Elsa empezaba a impacientarse.

-y con el tapete de las escaleras...

-¡ANNA!- gritó su hermana, asustándole. -Si me hubiera molestado por algo que hiciste te lo hubiera dicho, recuerda que entre las dos ya no hay secretos- dijo con con una cálida sonrisa.

-Lo sé, pero pensé que otra vez te encerrarías y me dejarías fuera de tu vida- dijo la pelirroja con tristeza.

-Eso nunca volverá a pasar de lo prometo.

-Esta bien, pero dime porque no bajaste

-Es que estoy esperando la respuesta del comité organizador del Festival. Hace años que Arendelle no es el reino anfitrión, pero temo que los organizadores se hayan enterado lo de mis poderes y me consideren un peligro.

-Elsa- dijó la pelirroja con un tono de molestia en su voz- tú no eres peligrosa, lo que pasó hace tiempo fue un accidente, no le harías daño a nadie y todos aquí lo saben-.

-Sí, pero ya se esparcieron los rumores en muchas partes y podrían despreciar el reino, o peor: planear una invasión.

Su hermana estaba a punto de contestar cuando le puerta se abre y entra Kai, su sirviente, con varias cartas en su mano.

-Majestad, acaba de llegar la correspondencia y ,si no me equivocó, por el sello una de ellas es del Comité del Festival de la Osadía-. Éste era la figura de un arco y una flecha; atrás de ella estaba una flama, ambas rodeadas por un círculo.

Ambas quedaron sorprendidas, pero Elsa trataba de disimular calma. -Gracias Kai- dijo la rubia recibiendo amablemente las cartas.

-Con permiso majestades- el mayordomo hizo una reverencia a la reina y a la princesa y salió de la habitación.

Las hermanas se miraron entre ellas por un breve segundo, luego fijaron su vista a la carta que habían estado esperando. Anna empezó a caminar lentamente hacia atrás, sabía que ese era un momento de mucha tensión para su hermana y quería darle su espacio personal. Elsa quitó el sello y removió la hoja del sobre, la desplegó y empezó a leerla. Después de un momento, la dejó sobre el escritorio, se levantó y se dirigió a la pelirroja.

-¿Elsa?- Empezó a caminar hacia ella.

-Anna...- en su cara empezaba a formarse una sonrisa- empecemos a organizar todo, Arendelle es la sede oficial de la septuagésima edición del Festival de la Osadía.

-¡O por dios!¡No puede ser! ¡Te lo dije!- Anna empezó a girar de la felicidad y abrazó a su hermana mayor con mucho cariño.

-Ahora mismo haré el anuncio oficial ante todo el pueblo, le diré a Kai que cite a todos en el patio principal.

-Cuando llegue Kristoff de las montañas le diré, pero ahora iré a decirle a todos. !O por dios! !Que emoción!- salió de la habitación corriendo y dando saltos de alegría.

La reina sonrió al ver a su hermana alejarse por el pasillo. Ella tuvo razón todo el tiempo, ahora que ya puede controlar mejor sus poderes, iba a demostrar que no era un peligro para los demás. Empezó a revisar diferentes documentos y a planear las actividades que se llevarían a cabo: las pruebas para los competidores que los representarían, re-modelar el viejo campo de juego, comprobar que hubiera posadas para los deportistas de los otros reinos (incluyendo a los familiares de estos y otras personas extranjeras) e investigar si había suficientes habitaciones para los embajadores; de no ser así tendría que ceder su habitación y mudarse a la antigua alcoba de sus padres.

Al momento en pensar en ellos, sus ojos se llenaron de lágrimas. Ya habían pasado cuatro años desde que fallecieron, realmente los extrañaba mucho. Estaba arrepentida de no haberse despedido antes de que ellos partieran en su viaje. En ocasiones, cuando tenía dudas y temores, deseaba que su padre estuviera ahí para decirle que hacer, aconsejándole como ser una buena gobernante. De pronto, surgió un recuerdo en su mente.

Flashback

En el último Festival de la Osadía en Arendelle, cuando tenía seis años, su padre les había contado a ella y a su hermana por primera vez la historia del festival, de la corona y los fragmentos. Antes de irse a dormir, les mostró donde estaba guardado su pedazo, ellas lo contemplaron maravilladas, era lo más brillante que habían visto, parecía un pedazo del hielo. La reina llegó y llevó a las niñas a su habitación, pero su esposo pidió que dejará a Elsa un momento más con él.

Al estar a solas, él le pidió que observara atentamente el trozo de gema.

-¿Elsa?

-¿Si papá?

-¿Sabes porque mantenemos oculto ese fragmento?

-Para que nadie lo robe

-Sí, pero ¿Exactamente por qué?

-Porque es muy valioso y muy bonito.

-Sí, pero no siempre todo lo que es bonito y bello en este mundo es lo que parece. Lo que parece simple puede guardar un gran tesoro. A veces lo más valioso esta escondido en los lugares donde no esperábamos encontrarlos.

-No lo entiendo- dijo la pequeña confundida.

-Algún día lo entenderás- contestó su padre con mucha calma. La cargó y la llevó a su cuarto para ir a dormir.

Fin del flashback

Ya habían pasado muchos años y aún seguía sin entenderlo. ¿Cómo encontraría algo valioso en un lugar donde no buscaría? Decidió dejar de pensar en eso y prepararse para el anuncio oficial. Se fue a su cuarto, se peinó y se puso el mismo vestido que usó en el día de su coronación. Se veía igual que ese día, excepto por su corona que la había dejado en su palacio de hielo.

Cuando estaba de camino al balcón que daba al patio, decidió pasar al cuarto de sus padres. Estaba nerviosa, era la primera vez después de tanto tiempo que no estaba en ese lugar, pero tomó fuerza. Al entrar sintió su presencia, todo estaba justo como lo habían dejado antes de partir. Se acerco a la mesa, tomó el joyero de su madre: una pequeña caja plateada con detalles dorados en las esquinas. Lo abrió y sonrió ante las hermosas joyas que ahí se encontraban, las acarició delicadamente.

De pronto sintió algo extraño, un pequeño sobre con un bulto adentro de él. En él estaba escrito "Para Elsa", esto la sorprendió y decidió abrirlo. Al descubrir su contenido se sorprendió y volvió a llorar, es hermoso lo que había ahí: un collar en el que colgaba una piedra con un diseño floral. También había una carta, empezó a leerla:

"Para ti, mi amor, sabemos que serás una sabia y fuerte líder para nuestro pueblo. Recuerda que siempre estaremos ahí para ti y para Anna.

Con mucho amor, mamá y papá"

En la habitación empezó a nevar y las paredes se empezaron a congelar. Elsa no podía parar de llorar, tenía sentimientos encontrados. Por un lado, estaba feliz al ver que sus padres siempre la quisieron y confiaban en ella; por el otro, estaba triste por no haber tenido suficiente tiempo para convivir con ellos y nunca dejar que la abrazarán, ni siquiera antes de despedirse.

Alguién toca la puerta, era Anna.

-¿Elsa, estás ahí? Ya es hora de anuncio ¿Pasa algo malo?-. Con dificultad abre la puerta y ve preocupada a su hermana llorando. Va hacía ella -Elsa ¿Que pasa? ¿Porqué lloras?- Elsa le da la carta, la empieza a leer y también empieza a llorar. -Oh Elsa, esto es muy hermoso-.

-También me dieron esto- mostrándole el collar -¿Me ayudarías a ponérmelo?.

-Claro- contestándole a su hermana. Se puso detrás de ella, con mucha delicadeza le colocó la cadena en el cuello y finalmente lo aseguró. -Listo, ya quedo-. Elsa se voltea a ver a su hermana. -Se te ve increíble-.

-Anna, los extraño mucho.

-Yo también, pero ellos no querían que estuviéramos tristes, sino felices y ubidas, como siempre debe ser- y la abrazó muy fuerte. Ahora que estaban en el cuarto de sus padres, ambas sentían la presencia de sus padres, acompañándolas.

-Ok- dijo la reina frotándose los ojos -ahora relajémonos y vayámonos a dar el anuncio que seguro ya han de estar esperándonos.

-Esta bien, yo me voy adelantando. Te veo allá- Anna salé apresurada de la habitación.

Después de dar un último vistazo al cuarto y a su aspecto, Elsa sale y camina directo al balcón, con la seguridad de que todo va a salir bien


Perdón por la tardanza, pero tenía unas cuantas dificultades al escribir este capítulo, pero aquí está. Espero que lo hayan disfrutado.

*Para el proceso de selección, se arregla un sorteo entre los reinos para saber quién será el organizador. Ponen sus nombres escritos en un papel, los colocan en una urna y el ganador es el que salga primero. Si existen dificultades o los gobernantes lo rechazan, eligen al segundo que salga.

Esto no lo puso en el prólogo porque hasta ahora se me ocurrió, lo siento (cara avergonzada).

Dejen sus reviews.

Gracias