Hola ;)

Ayer subí mi primer Fic ( y para aclarar dudas, si he escrito más, pero nunca los había subido) y he visto que me demandais una continuación. No tenía muy claro si seguirlo, pero me he inspirado, he empezado a maquinar y tachan, al día siguiente, teneis la segunda parte. Tardaré en actualizar, ya que tengo exámenes etc.. pero este finde seguro, segurísimo que teneis un nuevo capítulo. No se cuantos más haré, como mucho 5 xd, no soy de historias largas.

Muchas gracias por los comentarios, sois geniales ;)

Espero que os guste el capítulo dos de Porque a veces, todo cae donde más duele

Pd: este capítulo es un pelí más corto... cosas que pasan ;)


Capítulo 2

Los primeros rayos del alba se colaron por las rendijas que dejaban las persianas del salón. Brennan entreabrió los ojos y lo primero que se encontró fue su etérea mirada. A su mente llegó el irracional pensamiento de que si todo aquello era mentira, pero cuando notó como su mano acariciaba su mejilla se dijo a si misma que aquello era demasiado perfecto para ser un simple sueño.

Buenos días princesa –

¿Princesa? ¿Por qué me llamas princesa? –

Dios… estas son las cosas que me encantan de ti –

Y levantando a la doctora con cuidado la besó en la mejilla. Ella puso los ojos en blanco.

Hoy es otro día nuevo, otro momento, ¿y crees que me conformaré con un beso en la mejilla como si fuéramos dos niños pequeños? –

Y antes de que Booth pudiera contestar sintió como una Temperance nueva se abalanzaba sobre él y le besaba como aquella primera vez bajo la lluvia. Cuando se separaron se dio cuenta de que estaba avergonzada. ¿Huesos avergonzada? Aquello sí que era algo nuevo.

Bueno Booth… ¿Y ahora qué? ¿qué debemos hacer? –

Ahora, con poder volver a besarte me basta –

Temperance dejó caer una dulce sonrisa que hizo que Seeley se derritiera, y antes de volver a caer en los dulces labios de la doctora se levantó y miró su móvil

Tengo un sms de Cam. Dice que tenemos un cuerpo y que nos espera dentro de dos horas en el Jeffersonian –

¿Dos horas? Será mejor que me duche –

Yo… creo que me iré a mi casa, tengo que cambiarme, y esas cosas –

Brennan le miró con ternura asintió con la cabeza. Antes de que el agente saliera por la puerta depositó un beso en la mejilla de Brennan y le dijo:

Te veo en el Jeffersonian, y no cambies de opinión –

Ella le miró sorprendida

¿Cambiar de opinión? No te entiendo

Si Huesos, piénsalo, no creo que haga falta que te lo explique –

Los dos se sumergieron en una de esas miradas que paran el mundo. Seeley reaccionó.

Yo, esto… te… -

Y Brennan abrió el corazón esperando esas dos palabras que nunca había escuchado de labios ajenos.

Te, tengo que irme, luego nos vemos –

Y allí la dejó, con la miel en los labios.

Seeley se montó en el coche y se dirigió a su casa. Lo que necesitaba en aquel momento era una buena ducha y ordenar sus sentimientos. La quería, de ello no tenía duda, pero, ¿realmente podía darle lo que ella necesitaba? En aquel momento, la valentía abandonó al agente.

Brennan tardó un rato en movilizarse. No podía creer lo que había sucedido. Se lo había dicho, había dormido a su lado, le había besado, pero otra vez esa maldita inseguridad que perturbaba su mente se apoderó de ella. ¿y si no era capaz de darle lo que él quería? Ella podía ofrecer un presente, un precioso presente, pero y esos treinta, cuarenta o cincuenta años que él le había pedido en su momento, ¿sería capaz?

Y, cuando dos inseguridades se juntan, la cosa acaba siendo una hecatombe.