Capítulo 2.
Estaba algo ansioso, aunque mi vuelo hubiera durado casi doce horas, me fue muy difícil conciliar el sueño. Aunque los ronquidos de mi queridísimo mejor amigo –al cual a veces no entendía como aguantaba- tampoco ayudaron mucho, que digamos.
Íbamos en el auto de la compañía de mi hermano. Íbamos directamente a mi pueblo Natal.
Konoha, un pequeño pueblo en la isla de Japón, rodeada por montañas y siempre tan verde y con un clima fresco. Un lugar más bien pequeño, todos los habitantes se conocen entre sí, pero muy acogedor realmente.
Cada vez que nos acercábamos más, las ansias aumentaban, aunque sé que mi rostro se mantenía sereno, esto de volver, luego de cinco años, me hacía sentir nostalgia y además un poco de desesperación por reencontrarme con viejos amigos, con mi mejor amiga…
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Tocar el piano me hacía olvidar mis obligaciones, que, aunque nadie lo creyera eran muchas a pesar de mi escasa edad de 9 años. Tocar el piano me hacía sentir lleno. Tocar el piano me hacía sentir vivo, tocar el piano me relajaba completamente. El piano era algo que me gustaba en demasía.
Tocaba Moonlight de Beethoven, siempre que me sentía algo triste y la soledad esta hermosa composición me animaba, a pesar de también tener una melodía melancólica pero la belleza también se encontraba en la tristeza, porque te hace apreciar aún más esos momentos de alegría, además era el momento que podía despejar mi mente y disfrutar la soledad que me abrigaba.
Tenía los ojos cerrados, pues no por ser presuntuoso pero esa canción podía tocarla con los ojos cerrados y no me equivocaría en ninguna nota…
El ruido de la puerta corrediza deslizándose, traté de ignorarlo y seguí tocando….
Tal vez en espera de una interrupción, que nunca llego, hizo que mi curiosidad despertará, así que descuide el tiempo y fui un poco más rápido de lo que debía.
Antes de finalizar con la pieza, la curiosidad pudo conmigo y enfoque a la persona que me hacía compañía, era una niña con un exótico cabello rosa, tenía sus ojos cerrados aparentemente disfrutando la canción, con un libro entre brazos. —molesta— pensé, pues las niñas de la escuela era unas criaturas molestas. Seguí con la última parte de la sonata, apenas finalicé dirigí mi vista hacia ella, observé como se ponía incomoda, y en su vergüenza pude detallar unos hermosos y grandes ojos verdes, ella se dio la vuelta y estaba a punto de salir del salón.
—¿Cómo te llamas? —la pregunta se me escapo de la boca, estaba algo avergonzado, pero algo en ella me llamo demasiado la atención y no solo su raro cabello rosa y sus hermosos ojos.
Mi miró con intensidad e incredulidad a la vez
—¿yo? —y fue la primera vez que escuche su voz.
Bufé exasperado, ¿en serio? Aparte de mi era la única persona en el salón. ¿a quién más le preguntaría?
—em…—tenía un sonrojo hermoso cubriendo sus mejillas—Soy Sakura, Sakura Haruno, mucho gusto —se inclinó levemente
—hmp —me puse de pie —Soy Sasuke Uchiha —le tendí la mano, ella dudo si estrecharla o no, sentía que mi corazón saldría de mi pecho, normalmente no era de hacer amigos, normalmente ya todos me conocían y ellos eran los que se presentaban, pero esta niña despertó mi curiosidad además quizás no era tan molesta, pues apreciaba la música y al parecer le gustaba la lectura. Estrechó mi mano con timidez y me ofreció una enorme sonrisa, quedé perplejo por unos segundos y sin querer una media sonrisa se asomó por mi rostro.
—Tienes muy buena técnica —dijo mientras apartaba su mano de la mía y estrechaba el libro contra si —pero en un momento…. —se notaba incomoda
—¿en un momento? —pregunté lanzando una ceja
—no respetaste el tempo…fuiste un poco rápido, casi al final….
Me sorprendió que se diera cuenta de ese pequeño detalle y antes de que pudiera preguntar ella se tomó la molestia de explicar.
—mi papá es director de orquesta —se miraba orgullosa —además le gusta tocar mucho el piano, aunque…. Yo soy muy mala para ello —bajó un poco la mirada, un destello de tristeza había asomado por su mirada, y aunque normalmente este tipo de situaciones me serian indiferentes, pero no me gusto verla así.
—puedo ayudarte —dije sin pensarlo dos veces, aunque luego de decirlo mordí mi lengua, ¿Qué hacía? ¿Cómo la ayudaría? Ni siquiera sabía si tenía algún problema realmente.
Me miraba sorprendida, para luego mostrarme una sonrisa radiante, estaba algo incómodo así que opte por ver hacia otro lugar
—Gracias Sasuke-kun… ¿pudo decirte así? —dijo avergonzada
—hmp, haz lo que quieras —me mostré indiferente y puse las manos dentro de mi bolsillo, ella me seguía sonriendo, por dentro yo también me sentía feliz.
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Estaba en el campus de la universidad de Konoha, exactamente, me encontraba cerca de la facultad de medicina. La molestia que sentía a cada paso que daba, por las miradas descaradas de las chicas que pasaban a mi lado, menguó al ver una corta pero exótica cabellera rosada, detrás de un árbol de sauce, sostenía un libro en sus manos, como la primera vez que la conocí.
—Sakura —se sentía tan delicioso pronunciar nuevamente su nombre, estaba a espalda de ella. Mi corazón latía sin cesar, estaba sumamente contento, aunque mi rostro sea una máscara de fría seriedad.
Restregó sus ojos, y se puso de pie para verme, su rostro era un poema, empezó a llorar, preocupándome completamente, debería estar feliz, no llorar. ¿tan malo era volverme a ver?
Solo quería abrazarla y extendí mis brazos hacia ella y sin pensarlo dos veces, caminó hacia mí y dejo que la envolviera en un abrazo cariñoso
—Sasuke-kun —dijo, mi nombre en su boca era música para mis oídos
—Sakura —repetí nuevamente mientras acariciaba su cabeza, pues ella aun lloraba, parecía tan indefensa que solo quería tenerla entre mis brazos y protegerla para siempre.
—te extrañé tanto, tonto —dijo en un sollozo, estaba enternecido realmente, resistí el impulso de darle un beso a su cabello.
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—Sasuke-kun ¿Qué tal estas? —preguntó animada desde la otra línea, sonreí levemente, me alegraba habla con Sakura, sentía que toda molestia y estrés se disipaba y podía relajarme
—Muy bien ¿y tú? ¿algo nuevo que contarme? —preguntaba mientras revisaba los e-mails
—em… —eso significaba que, si tenía algo que contar, pero posiblemente le daba pena decirlo. La conocía como la palma de mi mano.
—Dime —trate de animarla para que me contara, claro, a mi manera.
—Sasuke-kun…. Yo… yo creo que me gus…—esa pausa que hizo en unos cuantos segundos hizo que mi corazón se detuviera, ¿podría ser…? —yo creo que me gusta un chico que conocí en el hospital…
Algo se había quebrado, dentro de mi….
—¿Sasuke-kun?
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Estábamos en una cafetería a unas cuantas calles de la universidad, Veía a Sakura sonreír tenuemente pero siempre con un deje de tristeza.
—¿Me contaras que sucedió o solo te quedaras sentada ahí suspirando?
—¿Qué? —preguntó al parecer sin entender del todo mi pregunta, pero ella siempre supo leer en mí. —¡oh! No es nada importante —dijo haciendo un movimiento de manos para restar importancia al asunto mientras una sonrisa falsa se colaba en su rostro, cosa que me molestó en demasía
—Sakura…—repetí con calma, pero con cierta presión para que hablara por fin.
Ella me miro directamente a los ojos y se mordió el labio inferior, no soporto el peso de mi mirada y bajo su mirada. Estire mi brazo para rozar suavemente su mano, la cual apartó rápidamente.
—¿Te acuerdas de Sasori?
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—Su nombre es Sasori…
Ante la impresión en la primera llamada, había colgado. Tuve que regresarle la llamada inmediatamente y culpar a la mala señal, lo primero que atine preguntarle era su nombre.
—¿Sasori? —por alguna extraña razón me resultaba familiar.
—Si, en el hospital donde hago mis prácticas, él llega y visita a los niños ofreciéndoles un show de títeres, ¿no te parece tierno? —dijo con una voz melosa, que causó que un escalofrió recorriera por mi columna vertebral.
—hmp… —esperaba que no sonara muy molesto.
—Además de que es muy lindo, tiene unos ojos hermosos y no solo eso, es un artista nato —y siguió con su relato del tal Sasori…
—Sakura…. —la corté en seco —Hablamos luego. Estoy muy ocupado —soné más molesto de lo que debía, pero no había tiempo para reaccionar, yo había colgado inmediatamente.
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—hn… —fue lo único que respondí a modo de afirmación, claro que recordaba de su novio, que era maravilloso, que era gentil y que era el amor de su vida. Me sentí algo mal, aunque no tenía por qué sentirme mal, supongo que cuando tu mejor amiga es como una hermana menor te molesta que otro tipo este detrás de ella y trataba de engañarme de esa manera, nuevamente.
—Terminamos… —no cabía en mi sorpresa.
