Hola nakamas, aquí venimos con el segundo capítulo de: "hay muchas formas de pagar" ¿Qué os pareció el anterior? Dansell casi me mata por astillarle el pie a Sanji hehehehe, pero en fin, lo pasado, pasado fue. Ahora poneos a disfrutar del segundo capítulo, palomitas, asiento, YAOI…
Hay muchas formas de pagar:
Han pasado un par de días desde que Sanji llegara al misterioso lugar. Le duele el pie, pero hace todo lo posible por recuperarse rápido, atendiendo a todo lo que el doctor le dice. Con el paso de los días, ha aprendido a tratar al renito, el cual se sonroja y se pone feliz cada vez que le hacen algún cumplido, aunque lo niegue.
Se despereza, bostezando y estirándose como un gato, pero crispando el gesto al sentir un tirón en el pie. Aparta las sábanas y lo mira, lo tiene vendado completa y fuertemente, y apenas puede moverlo, pero está tan aburrido de llevar dos días sin moverse, que decide ponerse en pie.
Quiere dar un grito de dolor cuando apoya el pie, pero se muerde el labio para no soltarlo, buscando a su alrededor algo en lo que apoyarse, y encuentra una muleta de madera, que de seguro había dejado ahí el pequeño doctor.
Quiere ir a dar se una vuelta, se ha levantado demasiado temprano, pero ya no soporta estar más tiempo en la enfermería. Antes de nada va al baño, y después, decide buscar algo que hacer. Con la ayuda de su muleta recorre lentamente los largos pasillos de lo que parece una mansión por cómo está decorado, pero comprueba que es un edificio de unas cinco plantas cuando se asoma a una ventana. También está dotado de ascensores, por lo que toma uno y va a la planta baja, una idea de escape se le cruza por la cabeza, pero desiste al ver en la entrada a dos guardianes como dos armarios, por lo que opta por buscar la cocina y entretenerse un poco.
La encuentra en el segundo piso, bastante descuidada y desordenada, con unos aparatos que ya le gustaría a él tener en la cocina del restaurante. Lentamente va ordenando la cocina, limpiando cacharros y platos sucios, y luego ordenándolos, olvidándose por un rato de donde estaba y del dolor del pie al hacer algo que le gusta. Cuando finalmente, después de unas dos horas, termina, se sienta en uno de los banquetes, satisfecho consigo mismo. Quiere agradecerle al pequeño renito por sus cuidados, así que le prepara un chocolate con algunos otros dulces, y los pone en un carrito, pues en su estado no es muy seguro llevar una bandeja.
Está llevando el carrito, cuando se cruza con un chico de más o menos su edad, que va un poco desorientado. Y le hace gracia, pero se contiene la risa, de verlo tan despistado. Pero parece que el muchacho le ha oído.
-Tú eres Sanji pies rojos, ¿verdad?-le pregunta con una voz que le hace temblar hasta la corbata.
-S-sí, soy yo-responde el muchacho cohibido-, ¿y tu quien eres?
-Al que le debes trescientos millones de Berries-se pasa la mano por la nuca, mirando el carrito que el rubio lleva-, ¿para quién es esto?
Sanji se queda con la boca abierta… ¿Este es al que le debe todo el dinero? Pero si no es mayor que él, Zeff no puede deberle dinero a un niño. El otro muchacho parece darse cuenta de que ha confundido al rubio, y se ríe en voz baja.
-Tu padre se lo debe al mío, pero como mi padre está muerto, y el tuyo desaparecido, tú me lo debes a mí-le explica, yéndose hacia la salida-, y hasta que no me lo pagues, estaré persiguiéndote-sale por las escaleras.
Un escalofrío recorre la espalda del rubio, pero sacude la cabeza y se aleja, dirección hacia la enfermería. Le ha sorprendido mucho ver al chico, pensaba que era un viejo mafioso, y no un imberbe. Se mete en el ascensor, y cuando sale, se encuentra de nuevo con el del pelo verde.
-¿Tú no te ibas hacia abajo?-pregunta el del carrito confundido.
Una vena sale en la frente del otro, y oculta su cara, Sanji podría jurar que se había sonrojado y todo.
-No es de tu incumbencia-se va de nuevo, esta vez sí escaleras abajo.
El cocinero se ríe bajo, vaya, parece que no tiene muy buen sentido de la orientación. Llega a la enfermería y se encuentra al renito buscando desesperado a su paciente hasta debajo de los jarrones. Cuando le ve, suelta un suspiro de alivio, pero inmediatamente le mete una colleja.
-No deberías moverte con tu pie en ese estado-le reprocha.
-Te he traído algo-le dice sonriendo, mostrándole la bandeja, y sobándose la coronilla-, creo que te gustará, son un chocolate caliente y algunos dulces.
Al renito se le ponen los ojitos brillantes y se pone a bailar por toda la estancia, con una sonrisilla feliz.
-No por esto me harás más feliz cabronazooo-canta alegre, acercándose a la bandeja.
Sanji ríe, sentándose de nuevo en la cama, haciendo una mueca de dolor, parece que ha forzado más de lo que debe su pie. Se pregunta si podrá de nuevo pelear como antes, aunque no peleaba por gusto, su padre le enseñó que las manos de un cocinero son demasiado importantes como para pelear con ellas, así que aprendió a luchar con los pies.
Cuando el doctor termina de comerse el desayuno, deja la bandeja a un lado, para ir a atender el pie de Sanji. Lo desvenda con cuidado, quitándole también la gasa.
-Está bastante bien, a pesar de que solo han pasado un par de días-diagnostica mientras aplica medicina en la herida-, puede que dentro de otros dos días ya esté curado del todo, pero no debes moverte, tienes que hacer reposo total-le venda de nuevo el pie.
-Pero me aburro mortalmente, necesito hacer algo-protesta, tumbándose con los brazos en la nuca, mirando al techo.
-Tengo una silla de ruedas por si ocurre algo grave-le informa-, si sabes manejarla puedes usarla hasta que te recuperes-le da permiso.
-Gracias Chopper-san, eres el mejor-le sonríe.
-Waaa no me digas eso, imbeciiiiiiil-se sonroja el renito, bailando contento, con las mejillas sonrojadas.
Sanji se ríe, al ver al doctor tan alegre, le cae bien, bueno, es el único que le cae bien, teniendo en cuenta de que allí no conoce a nadie más. Pasan ahí un rato, hablando sobre cosas banales, hasta que llaman a la puerta.
-Adelante-la voz del renito invita a pasar a los visitantes.
En eso abren la puerta, y aparecen el tío del tanga, y el tío que da escalofríos.
-¿Cómo te encuentras?-pregunta con voz suave el segundo.
-Bueno, mortalmente aburrido-contesta Sanji receloso, mirando a los dos incesantemente, y un poco nervioso.
-Tranquilo, no te vamos a comer… De momento-sonríe casi siniestramente el de la barba, mirándolo con sus ojos dorados.
-En mi enfermería nadie se come a nadie-refunfuña Chopper, sin miedo hacia el hombre-, si te lo vas a comer, hazlo fuera de aquí-.
Sanji se queda con la boca abierta, ¿pero a dónde ha ido a meterse? Parece una casa de locos.
-No te sulfures, Chopper-san, un doctor tan brillante como tú no debe exaltarse-lo elogia, sabiendo de su debilidad.
Mientras el renito se pone a bailar en círculos, contento, chillando y sonrojado y Mihawk le contempla divertido y riéndose, Franky se acerca a la cama del convaleciente, saludando al muchacho rubio, y riéndose también ante la escenita que el doctor estaba montando.
-Siento lo que te hice en el pie, tío-se disculpa, lo mejor que puede, pareciendo arrepentido de verdad-, no era mi intención, solo pretendía desmontarte del waver-.
-Pues podrías haber tenido más cuidado-le reprocha el rubio-, por tu culpa llevo dos días sin fumar y sin moverme, y estoy de los nervios-lo mira con cara de malas pulgas, pero no puede evitar reírse de Chopper cuando comienza a dar vueltas por la camilla, dando grititos, puede ver a Mihawk y a Franky tronchándose de la risa.
Pero cuando la risa se le corta al doctor, este se transforma en una especie de humano que todavía conserva parte de su forma de reno. Sanji se sobresalta un poco, pero los otros dos ni se inmutan. Pero con lo que no contaban era con el capón que la nueva forma de Chopper les mete a cada uno.
-Iros a freír monas y dejadme en paz, cabrones-les grita, recuperando su forma semi humana y saliendo, con un gruñido cabreado, dando un portazo.
Mihawk se ríe en voz baja, ni se inmutó por la colleja.
-No deberíamos hacerle cabrear así-comenta el mismo, colocándose bien el sombrero-, si te disculpaste con él, vámonos, tenemos que cobrar a cierto individuo-con un movimiento elegante de su gabardina, sale de la enfermería.
-Hasta otra, Sanji-el del pelo azul sin pantalones también sale por la puerta, dejando al chico algo impresionado por todo.
Se da cuenta, de que está solo en la enfermería, y su paquete de tabaco está a su alcance, por lo que toma uno, lo prende y se pone a fumar tranquilamente, llenándose sus pulmones faltos de nicotina durante dos días escasos.
-Aahh, lo echaba de menos-suspira, dando otra calada al canutillo y echando el humo hacia arriba.
De repente abren la puerta, haciendo que el rubio se atragante con el humo e intente apagar el cigarrillo con cualquier cosa posible, pero no encuentra nada. Levanta la vista temiendo una reprimenda del doctor, pero, casualmente no oye nada. Levanta la vista y se encuentra con el mismo chico de antes, el del pelo verde.
-¿Qué haces aquí?-pregunta el cocinero sorprendido. Por a donde se dirigía antes, parecía que iba a salir del edificio, pero se ha sorprendido de encontrárselo en la enfermería, con cara de confusión.
-Me he perdido-responde, como si fuera lo más normal del mundo, encogiéndose de hombros-, y parece que mis hombres me están buscando.
Una gota resbala por la nuca de Sanji, al oír la voz de uno de sus supuestos hombres hablar por un den den mushi que el peli verde lleva consigo.
-Zoro ¿se puede saber dónde cojones te has metido? Ibas detrás de mí, no puedes haberte perdido tan fácilmente.
El nombrado coge el caracolito y lo descuelga.
-Ya sabes cómo soy, Saga, haz el favor de no armar escándalo. Estoy en la enfermería, ven a recogerme-.
-¿En la enfermería? Pero si estábamos en la segunda planta y bajando-le grita el supuesto Saga-, no puedes tener un sentido tan pésimo.
-Pues sí, lo tengo y no me lo quita nadie, vamos, ven a buscarme, que al final llego tarde a la reunión-cuelga el caracolito, y se dirige de nuevo a Sanji, cruzándose de brazos y mirándolo con una ceja alzada con curiosidad-, cuando te recuperes de tu pie, trabajarás para mí, haciendo encargos para saldar tu cuantiosa deuda conmigo.
Sanji le mira con altanería, prendiendo el segundo cigarrillo.
-No me des órdenes, cabeza de césped, ya sé que tengo que pagar mi deuda-gruñe, no le cae demasiado bien a primera vista.
-¿Qué has dicho, cocinero de mierda?-murmura Zoro desenfundando una de las katanas que lleva al cinto.
-¿Cómo sabes que soy cocinero?
-Lo sé todo sobre ti y tu padre, se hasta que tienes un lunar en la nalga izquierda-sonríe divertido el Don, envainando la espada, al ver la cara de desconcierto que se le ha quedado al rubio.
-S-serás cabrón-apoya la mano en la cama y le lanza una patada con su pie sano, pero este la frena con el reverso de su katana.
Así se los encuentra cuando abre la puerta un hombre de pelo blanco y corto por el cuello, de ojos marrones y vestimenta casual.
-Lamento interrumpir tus… Interesantes conversaciones con nuestro nuevo miembro de la banda-dice irónicamente el recién llegado-, pero tu transporte te espera para la reunión, en la que deberías estar hace más de una hora.
Con una última mirada de odio mal reprimida hacia el rubio, Zoro envaina su espada, dándose la vuelta y saliendo, pero antes de que lo haga, el del pelo cano coge unas esposas de cadena larga y se la engancha al otro en la muñeca.
-¿Se puede saber que haces, Saga?-pregunta molesto.
-Es para evitar que tenga que estar buscándote por todo el maldito edificio, así que tira-él mismo se ata la otra parte a su propia muñeca.
Con un refunfuño de fastidio, el Don se va otra vez, sin dedicarle una mirada siquiera a Sanji, pero con Saga, ocurre lo contrario, se le queda mirando, con una mueca indescifrable en su cara.
-¿Qué miras?-Sanji se recuesta de nuevo en la cama, de mal humor, mirando con su único ojo visible al otro y con el ceño fruncido.
-Me pareces de lo más interesante, pies rojos-susurra, con voz suave.
Cierra la puerta sin hacer ruido, pero Sanji se ha quedado algo intranquilo, por la mirada que Saga le ha dedicado.
-Na… Serán imaginaciones mías-da otra calada al cigarro y expulsa el humo hacia el techo.
UNAS HORAS DESPUES…
-Wihiiiiiiii-una voz alegre se oye pasar de repente por un pasillo, a toda velocidad, seguida de otra.
-No, Sanji, no vayas así de rápido.
El renito persigue como puede la silla de ruedas en la que va montada el rubio a toda velocidad pasillo abajo, pidiendo perdón a todos los que se asoman por las puertas, a ver quien está armando tal escándalo.
-Sanjiiiiiii.
El rubio frena en seco, a punto de comerse la pared del ascensor, riendo como un loco, con un cigarro puesto en un lateral de su boca. Da una calada y deja que el doctor se acerque, mal hecho, por que se lleva una colleja en la cabeza.
-No te di la silla para que vayas atropellando a la gente por los pasillos, irresponsable. Ahora mismo te la quito.
-No, eso no, no me la quites, me aburro mortalmente en la consulta-lloriquea el rubio.
A Chopper se le parte el corazón de verlo así.
-Está bien, no te la quitaré pero no corras por los pasillos.
Un sonrisilla malosa se escapa de los labios del rubio.
-De acuerdo, me iré a la cocina entonces, un rato-llama al ascensor y se mete dentro, mirando los botones.
Aparte de los cinco pisos que supuso que hay, también hay un par de sótanos, de los que se pregunta cuál será su función. Llega a la segunda planta, la de la cocina, y se tira de nuevo por los pasillos, gritando hacia ella, contento de poderse mover, aunque sea en silla.
Ya es la hora de merendar, por lo que prepara algunos pasteles, café y chocolate, para él y para el renito, el cual parece aficionado de los dulces.
-Ah, echo de menos a Nami, Robin y Vivi-suspira recordando cuando cocinaba en la cocina del restaurante-, ¿cómo estarán?
Mira en derredor, hasta encontrar lo que busca, un den den mushi. Se acerca y marca el número del restaurante, hasta que alguien descuelga y una voz elegante se deja oír.
-Robin-san-exclama Sanji, contento de poder oírla, con un corazón en su ojo visible-, ¿cómo estáis?
-Sanji-kun-se sorprende la morena-, por aquí todo está bien. Pero Nami-san y Vivi-chan están preocupadas por ti.
Sanji se emociona y quiere ponerse a bailar porque sus chicas se preocupan por él, pero no puede por culpa de su pie.
-No os preocupéis, estoy perfectamente, morena-sonríe al caracol.
En el caracol de la chica aparece con un ojo en forma de corazón y con un cigarrillo en la boca.
-Jajaja, no has cambiado, Sanji. Bien, se los diré… Oh, lo siento, acaban de llegar unos clientes, adiós, Sanji-kun-la chica oye una fogosa despedida y con una risita cuelga el aparato.
Bailando con la silla, haciendo piruetas y casi comiéndose la puerta del enorme frigorífico, se dispone a salir hacia la enfermería con su bandeja de la merienda, cuando algo entra flechado a la cocina, abre el frigorífico y se pone a atracarlo.
-Eh, eh, ¿Qué haces?-toma del brazo al chico y tira, pero para su sorpresa, este se estira. Sorprendido, lo suelta, y hace que la mano le pegue una guantada a su propio dueño-, ¿P-pero tú qué cojón eres?-pregunta.
-Foy eff fiffo fe foma-dice.
-Traga antes de hablar, animal sin educación-le espeta.
Una gran bola se forma en la garganta del chico, y Sanji cree que terminará ahogándose, pero pasa sin problemas.
-Soy el chico de goma, Monkey D. Luffy-se presenta, cogiendo otro trozo de carne y comiéndoselo a grandes bocados.
-Deja de atracar la nevera-le grita, cerrando la puerta-, no puedes ir dejando sin comida a todo el edificio.
-Zoro me deja que atraque la nevera y no me dice nada-hace un puchero de niño pequeño, lo que hace reír al cocinero.
-Venga, no pongas esa cara de ajo… Si quieres puedo cocinarte algo-le ofrece-, ¿Qué te apetece?
-Carneeeeee-contesta el chico, el cual tiene una cicatriz debajo del ojo izquierdo, yendo a sentarse como una bala en una de las mesas, con el cuchillo y el tenedor preparados.
Sanji ríe ante el ímpetu del chico, abriendo la nevera, encontrando los ingredientes necesarios para hacerle un plato al muchacho.
-¿Cómo te llamas?-pregunta Luffy, oliendo lo que está cocinando, e intentando meter mano al guiso, pero Sanji le da con un cucharón en la mano, pero al ver que no surte efecto, la mete un mordisco, haciendo que el otro salte.
-Me llamo Sanji… Y no me gusta que metan mano a mis guisos mientras no están hechos todavía-responde con su ojo ensombrecido, haciendo que el otro retroceda de nuevo hacia la mesa.
Apenas pasan cinco minutos cuando…
-Sanji, tengo hambreeeee, me muerooooo-protesta el chico, con la cabeza encima de la mesa, mirándolo con ojos de carnero degollado.
-Eres un impaciente-pone una fuente de carne encima de la mesa-, hala, aquí tienes. ¿Quieres algún postre?-pregunta, mientras ve como engulle en dos bocados lo que le había cocinado.
A Luffy se le ponen los ojos de estrellas cuando se acaba el plato.
-Sugoii, que rico-exclama-, eres el mejor cocinero del mundo. Mucho mejor que los de aquí… Se el cocinero, se el cocinero-le suplica, casi poniéndose de rodillas.
-Lo siento, solo soy alguien que tiene que pagarle a Zoro lo que le debe-una mueca de desilusión se dibuja en la boca del moreno-, pero si quieres puedo cocinar cuando tengas hambre-sonríe.
Luffy se emociona y se pone a brincar por toda la cocina, casi cargándosela, por lo que Sanji va detrás de él impidiendo que platos, vasos, cuchillos y demás se caigan de su perfecto equilibrio, gritando al emocionado chico que pare, o no le volverá a cocinar nada.
-¿Se puede saber qué es todo este alboroto?-el mismo hombre que hace unas horas se llevara a Zoro, aparece de repente en la puerta, mirando la escenita que el más joven está montando.
-Lo siento, viejo shishishishishi-se disculpa, saliendo de la cocina-, adiós Sanji-agita su mano alegremente, y sale corriendo, mientras se pone un sombrero de paja con una cinta roja que lleva al cuello.
-Tsk, que molesto-gruñe el recién llegado, mirando a Sanji. Un sonrisa, para nada agradable cruza por su cara-, vaya, pensé que no te podías mover.
Una mueca de desagrado se hace presente en la faz de Sanji, mientras coloca unas cacerolas.
-Como puedes ver, estoy aquí-dice, con tono agradable, sin embargo.
Ahora que lo puede observar mejor, se da cuenta de que el que creía viejo es solamente un poco más mayor que él, quizá solo un par de años o tres más, y Sanji tiene diecisiete. Sus rasgos son apuestos, pero un indescifrable escalofrío hace que Sanji no se sienta muy a gusto en su presencia. El llamado Saga se acerca hacia Sanji, el cual no puede evitar retroceder con la silla.
-Calma, pies rojos, no voy a comerte, por el momento. Solo tengo curiosidad por ti-sonríe algo siniestramente, tomando del mentón al chico, el cual aparta su mano de un golpe.
-Déjame en paz-se escapa de ahí, tomando su bandeja, que por suerte aún está caliente-, no te me acerques.
Sale a toda prisa, pero no se da cuenta de la mueca siniestra que tiene Saga por sonrisa en ese momento…
YA ES DE NOCHE…
Sanji da vueltas en la cama. Le duele el pie, a pesar de haber utilizado la silla de ruedas y no puede dormir bien. Resignado, se levanta, buscando a tientas la luz de la lamparita. Entorna los ojos cuando la luz le da en la cara, debido a que están acostumbrados a la oscuridad. Se levanta, pero no se va a la silla de ruedas, ahora hará demasiado ruido, por lo que toma la muleta de madera y se dispone a ir al baño. Cruza por delante de varias puertas, y en una de estas, le parece oír un gemido, pero le resta importancia, creyendo que se lo ha imaginado.
Cuando ya sale del baño, encuentra la puerta de antes abierta, y con una pequeña luz saliendo por el resquicio. Se asoma curioso, y tiene que reprimir un grito de horror cuando ve lo que ha sucedido dentro. Un cuerpo apuñalado y sangrante ocupa el centro de la habitación, tirado de cualquier manera. Sabe que es inútil, pero aún así lo sacude, intentando encontrar algún rastro de vida en él, manchándose las manos de sangre.
-Eh, despierta, vamos, despierta-tiene que reprimir un sollozo.
Lo sacude más fuerte, rozando algo, el arma del crimen, un puñal incrustado en las costillas. Lo saca, sin pensar en las consecuencias, todavía está caliente, no debió ser hace mucho.
-CHOPPER, CHOPPER-lo llama a gritos, pero está demasiado alejado, por lo que se levanta y se dispone a ir hacia la puerta.
Pero de repente, alguien se interpone en su camino.
-Felicidades, acabas de matar a tu primera persona-sonríe siniestramente el del pelo plateado, apoyado indolentemente en el marco de la puerta-, y si te escapas de la lengua, no volverás a ver el sol-le amenaza, dando un paso hacia él-, así que más te vale cumplir, absolutamente todos mis deseos.
Sanji retrocede aterrorizado contra la pared, con unas silenciosas lágrimas escapando de sus ojos como platos. Saga posa la mano en la barbilla de Sanji, y alza su cabeza para que lo mire.
-Eres bien hermoso, podré disfrutar con tu compañía.
Un estremecimiento de asco recorre el cuerpo del rubio al sentirse tocado por él, pero no se rinde, su mente trabaja a toda máquina, intentando hallar una solución a todo eso…
Bueno chicas y chicos, aquí acaba el segundo capítulo de este fic. Esperamos que lo disfrutéis, muchos besos y abrazos para todos. Ah, quería disculparme por la tardanza, lo siento mucho, soy yo quien sube los capis, ya están todos escritos, pero se me formateó el ordenador y los perdí u.u Bueno, la cosa es que ya lo he subido shisih, perdón. Nos leemos ^^
