Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer. Yo sólo juego con sus personajes.

Advertencias: Rated M, historia para mayores de edad. Si eres menor y lees, es bajo tu responsibilidad. Si no te gustan los Lemmons, no lo leas por favor.


Después de lo ocurrido en su cuarto al despertarnos -algo que no dejaba de hacerme sentir vergüenza cada segundo-, él había ido a su baño a limpiarse, dejándome unos momentos a mí en su cama hasta que él pudiera salir para limpiarme yo. Le dije que entrara antes, ya que su "suciedad" seguro que era peor que la mía. No pude nada más que reírme por mis pensamientos.

Todavía no me podría creer lo que había sucedido momentos antes. No me arrepentía, como le había dicho, ni mucho menos. Pero que él y yo hayamos compartido un momento tan íntimo... guau. Estaba dispuesta a hacer cosas más complejas, de mayor intimidad con él, pero siempre las había imaginado con él despierto. Nunca llegaría a pensar que sería yo quién empezara, y menos aún con Edward dormido.

Escuché como alguien daba golpes ligeramente en la puerta y, sin esperarlos, me sobresalté.

"Dormilones, ¡a desayunar!" gritó a pleno pulmón la pequeña duende, con su característica energía.

"Ya vamos, duende," repliqué, con un poco de dolor de cabeza todavía.

Si no la conociera, pensaría que se droga o es hiperactiva. Bueno, lo segundo puede ser.


"Y, ¿cuándo piensas contarnos que ha pasado con mi hermano en su cuarto?" preguntó la curiosa Alice, haciendo que escupiera el refresco que estaba bebiendo justo en ese momento. Era entrada la tarde ya, y el jardín de los Cullen se veía reluciente con este sol, que apenas se veía aquí. Pero claro, era verano, algo de sol tendría que haber.

Rosalie, sentada en frente de mí, alzó una ceja, mirándome de forma interrogante igual que Alice, a su lado.

"Pues dormir, como siempre," contesté, intentando no darle importancia y que no se me notara la pequeña mentirijilla.

Pero claro, a mis mejores amigas nunca se les puede engañar.

"Mientes fatal," dijo la rubia, y Alice asintió con la cabeza, "además, Alice escuchó ruidos raros", mis manos empezaron a sudar. ¿Ruidos raros?

"Pues..." me mordí el labio, al sentir sus miradas acusadoras, "está bien, os lo cuento," suspiré, y las dos sonrieron como el gato Cheshire* (NA: gato de Alicia y el país de las Maravillas o Alice in the Wonderland, en inglés.)

"Te estamos esperando," demandaron, con una mirada que decía como-no-lo-digas-te-mato.

Y se lo conté. Le conté -aunque fuera algo patético- que le pedí a Edward que me enseñara, que se mostró reacio a hacerlo, que luego me prometió que se lo pensaría. Después, que aceptó en el bar, y lo ocurrido en su cuarto hace apenas unas horas. Hablé lo más rápido que pude, un intento por pasar menos vergüenza y que me arrepintiera de decirlo y les dejara a medias. Sus caras eran de alucine total, sobre todo la última parte. Podía ver en sus caras de incredulidad; no se tragaban que yo hubiera sido la primera en iniciar lo que sea que había pasado en su cama. No sabía como catalogarlo.

"Así que... tu y mi hermano, ¿vais a hacerlo?" preguntó, curiosa y excitada, mi mejor amiga hiperactiva.

"¡La pequeña Bella dejará de ser virgen!" le siguió, para mi vergüenza, Rose.

"Shh, ¡que te van oír!" le corté, con los ojos agrandados al escucharla. Negué con la cabeza, estas cosas sólo me pasan a mí.

"Pero si es genial,", gritó sobre exaltada Alice, "y con mi hermano, siempre lo supe."

"Alice, sólo vamos a hacerlo. No va a pasar nada más," aseguré bajando la voz, pero ella seguía con su sonrisa malvada. Miedo me da. "Te he dicho que lo hemos acordado."

"Vas a ver todo lo que te has perdido estos años," sonrió Rosalie, " y con Edward, ¡todo un reto!" siguió, mientras Alice asentía, demasiado rápido, con la cabeza, "si ni si quiera me miró dos veces la primera vez que me conoció. Eso no me suele pasar a menudo." frunció el ceño. La verdad es que eso si que era muy raro.

"Mi hermano es así," explicó Alice, "no es que haya tenido muchas experiencias." alcé una ceja, y Rose le miró perpleja también, "vaale, ha tenido," suspiró derrotada, "pero no más de cinco, en serio".

"Guau," silbó Rose.

"Es cierto" afirmó, "Rose, le tenemos que dar un par de consejos, ¿no crees?" se giró para mirarla, como si yo no estuviera sentada junto a ellas.

"¿Como?" grité, apretando la mandíbula, "ni se os ocurra hacer nada."

"Tienes razón," asintió Rosalie, ignorándome completamente, mientras yo ponía las manos en jarras, "¿cómo podemos ayudar?"

"¡Ya está! Le tenemos que decir que la enseñe a bailar," dijo Alice, con la mirada perversa, "y a que hable sucio, y algunos gestos que le gusten a los tíos..." enumeró con sus dedos cada cosa que iba diciendo. ¡Esto es increíble!

"Vamos a buscarlo" Rosalie se puso de pie, agarrando de la mano a la pequeña Alice que se levantó al segundo después, "tenemos que decírselo.".

"Adiós, ¡eh!" suspiré. Ni puto caso, se adentraron a la casa, dejándome fuera como si no existiera. A saber que le dirían...

Me acordé de una frase muy dicha. Con amigas como estas, quien quiere enemigas.

Definitivamente yo no.


El agua chapoteó por culpa del movimiento de mis piernas, hacia adelante y hacia atrás. El sol seguía alto en el cielo, y yo seguía sola gracias a mis queridas amigas, sentada en el borde de la piscina, probando el agua, que estaba bastante bien de temperatura. Al ver a los pocos minutos que no venían y que la idea de ir a hablar con Edward iba en serio, decidí quitarme la ropa, quedarme en bikini, echarme crema para no parecer una gamba -sobretodo con lo pálida que era- y meterme en la piscina de los Cullen. Porque claro, esa era la idea que tenía de pasar la tarde con ellas, pero las traidoras me habían abandonado. Ya hacia, al menos, una media hora que se habían ido.

No quería ni pensar lo que le estarían diciendo. En serio. Edward, seguramente, me iba a a torturar a partir de ahora por su culpa. Gemí de frustración, metiendo las manos en el agua para refrescarme un poco el rostro. Las iba a matar, estaba segura.

De repente, sentí unos brazos rodeándome. Estuve a punto de sobresaltarme, pero al momento pude identificar a quién pertenecían. Edward. Su olor único, embriagó mis sentidos al segundo que sus manos se posaron en mi tripa. Me estremecí sonriendo, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás, para apoyarla en su hombro. Su risa entre dientes llegó a mis oídos, y la mía se ensanchó aún más. Se había sentado justo detrás de mí, y sus piernas se unieron a las mías, siguiendo mi lento ritmo.

"No te preocupes, anda," susurró bajito en mi oído, y el sonido de su voz era tan aterciopelado que inmediatamente me relajó.

"Espero que no hayan sido muy crueles," hice puchero con los ojos cerrados aún, y su pecho vibró a causa de la risa mientras me estrechaba más con sus brazos.

"Me han dicho un par de consejos," sentí su sonrisa ladina cuando gemí, "nada malo. Y en verdad serán muy útiles."

Abrí los ojos, para encontrarme con su mandíbula fuerte y un poco rasposa a causa de la barba incipiente. "Más les vale," suspiré, mientras él agachaba la mirada para encontrarse con la mía. "Si no las mataré, y tu serás testigo." echó la cabeza hacía atrás, carcajeándose.

"Relajate." susurró riéndose aún, y al segundo, nos empujó para caer al agua.

¡Capullo!

Cogí aire de forma rápida antes de hacer contacto con el agua y dejé de respirar. Una vez metida en el agua, comencé a nadar para salir de ella. Una vez que salí a la superficie, desorientada, lo busqué para mirarlo mal.

Ahí estaba. Pegado al borde de la piscina, carcajeándose de mí. Aunque el agua me cubría hasta los hombros, dada la diferencia de altura, a él le llegaba hasta su fuerte pecho, ahora mojado. Su cabello, revoltoso, parecía de un castaño oscuro por culpa del agua, y sus hombros y su cara tenían gotitas por culpa del salto. Sus ojos brillaban de un verde intenso, por culpa del reflejo del agua y del sol. No podían ser más preciosos.

"Te voy a matar." amenacé, alzando la ceja, después de recuperarme de semejante vista. Lo debió de ver gracioso, porque se siguió riendo.

"Anda, ven," acercó su mano para que la cogiera, y después de dudar unos segundos para hacerlo rabiar, se la di.

Me empujó hacia a él, y me puso de manera que mi espalda hacia contacto con la pared de la piscina. Sus brazos estaban apoyados en el borde de la piscina, a cada lado de mi cabeza. Sus ojos brillaban, mirándome intensamente, de una manera que el aire me faltaba y me daba la sensación de que estábamos demasiado cerca. Además, sonreía de lado, como sabía que me gustaba. Bueno, a mí y a medio mundo. Esa sonrisa debía de estar prohibida.

"Ese bikini te queda perfecto," susurró, a escasos centímetros de mí, sin dejar de mirarme. ¿Que bikini? ¡Ah, cierto!. Era un bikini que me había obligado a comprar Alice, de color azul cielo y que dejaba, para mi gusto, muy poco a la imaginación. "Me encanta ese color en tu piel." siguió ante mi silencio, su voz repentinamente más ronca.

"Gracias," dije, o más bien moví los labios, porque nada salió.

"¿Sabes?" continúo, a la vez que sus ojos bajaban a mis labios. No sabía que era peor, que me mirara a los ojos o a la boca como lo estaba haciendo. Suspiré negando con la cabeza, las palabras no eran capaces de salir de los nervios. No las culpaba. "Tienen razón, tengo que empezar con besarte." susurró, más para el mismo que para mí.

Mis ojos se abrieron. ¿A caso me iba a besar?. Mis dudas se vieron interrumpidas, se acercaba peligrosamente a mí. Muy peligrosamente. Cerró los ojos y pude ver como sus gruesos labios, entreabiertos, se acercaban pare reunirse con los míos. Me sentí mareada, y aún ni siquiera se había producido ese contacto.

Cerré mis ojos, preparándome mentalmente para lo que iba a ocurrir. Segundos después, y aunque no me sentía preparada porque los nervios me estaban comiendo, sentí sus labios rozarse levemente con los míos. Fue sólo un roce, pero bastó para que una llamarada de placer corriera por mis venas, enviándome olas de excitación. De manera suave, sus labios empezaron a moverse contra los míos, y yo los obligué a moverse, pero me costó, mi cuerpo aún no se lo creía.

Sonrió entre mis labios cuando vio que le correspondía, y aprovechó mi suspiro para atrapar mi labio inferior y succionarlo entre los suyos. Esa acción hizo que suspirara de nuevo. Lo lamió tan despacio que por poco me derrito y mis manos, hasta ahora inmóviles, fueron a posarse en su nuca y jugar con su suave cabello mojado por la piscina. Se estremeció ante el gesto y esta vez fui yo la que sonreí, mordiendo su labio superior muy suavemente. Acababa de probar sus labios y ya me había hecho adicta.

Pasó su lengua por mi labio inferior, pidiéndome profundizar el beso. Petición que no tarde ni un segundo en aceptar, y abrí más mis labios. Mi lengua se reunió con la suya, batallando por ganar. Probó cada recoveco de mi boca, y yo de la suya. ¡Hasta su lengua sabía bien! Su olor estaba concentrado ahí, y no pude evitar morderla. Sentí como gruñó al morderla, y porque estábamos en el agua, sino mis piernas hubieran empezado a temblar y me hubiera tenido que agarrar a él para no caerme. Mi respiración se hizo algo superficial, pero le seguí el beso. Con sólo un beso me estaba haciendo sentir tantas cosas...

Sus manos, ambas a cada lado de mi cabeza, bajaron para ponerse en mis caderas. Podían estar bajo el agua, pero el roce de sus manos con mi piel quemaba. Y mucho. Seguí probando con mi lengua su boca y él la mía. No podría pensar en que alguien fuera capaz de cansarse de sus besos. Eran intoxicantes, adictivos. Podríamos llevar 30 segundos besándonos o 5 minutos, no lo sé. El concepto del tiempo había desparecido en el segundo en el que sus labios hicieron contacto con los míos.

Chupó suavemente mi lengua y fue mi turno de gemir bajo. Lo oí suspirar y acercarse aún más a mí. Podía acostumbrarme a esto... Bueno, realmente, ¿quién no lo haría?

"¡Tortolitos!" gritó a lo lejos una voz de soprano, intentando romper el momento mágico. Intentándolo, porque Edward y yo nos seguimos besando como si no hubiéramos oído nada. Su lengua seguía moviéndose con la mía y, ¿quién era yo para pararlo?.

"¡Bella, trae tu culo hasta aquí!" lo sentí reírse sobre mis labios, pero los siguió moviendo contra los míos, yo no se lo pude negar. ¿Qué era lo que decía Alice?

"¡Que sepas que tenemos que hablar ahora en la cena!, ¡Además, habrá noche de chicas y serás barbie-Bella!"

Eso fue lo que necesitó la pequeña duende para retirarme de los adictivos labios de tal monumento.

"Ya vamos, hermanita," le gritó de vuelta, y yo gemí frustrada. Él sonrió suspirando mientras me miraba, y yo me mordí el labio.

Pensaba moverme, pero él se volvió a acercar a mí, mordiéndome el labio él esta vez. Su mirada no perdió el contacto con la mía mientras lo hacía, sus ojos parecían haber adquirido un tono más oscuro que el de antes. Yo no pude apartar la mirada tan intensa, y mi vientre empezó a cosquillear. Estuvo mordiendo mi labio inferior varios segundos, y yo no hice otra cosa nada más que devolverle la mirada, perdiéndome en sus ojos.

Finalmente paró, y dejó un beso casto en mis labios antes de apartarse un poco. Sonreí, después de un profundo suspiro, y sus mejillas se alzaron para devolverme la sonrisa.

"Siempre he querido hacerlo." susurró para sí mismo, sin despegar la mirada de mis labios.

"¿Qué?" exclamé confundida, mi cerebro no era capaz de procesar toda la información aún, todavía se estaba recuperando de lo que había sucedido hace unos segundos.

"Que mi hermana te maltratara por mi culpa, digo." contestó, desviando la mirada. Apoyó sus brazos en el borde para salir del agua. Me quedé mirando su culo mientras lo hacía. ¿Es qué todo lo que tiene ese hombre es perfecto?

Por suerte, me recuperé de la visión justamente cuando él se dio la vuelta.

"Que sepas que te odio."

"Ya, ya, vamos," animó, cogiendo mi mano para ayudarme a salir de la piscina. Temblé un poco del frío, no me había dado cuenta que la temperatura había bajado un poco. Edward me abrazó a él y cogió una toalla que estaba al lado para pasarla por mis hombros.

"¿Preparada?" pasó un brazo por mi hombro, estrechándome a él.

"Ni un poquito." contesté. Seguro que Alice nos había visto. ¡Y me había dado igual!

"Me lo suponía." sonrió, dándome un beso en la cabeza.

Lo odio. Juro que a veces lo hago.


"¡Gané!" gritó Emmett, con las manos agarrando fuerte el joystick* (NA: mando de las videoconsolas.).

"No has ganado", puso los ojos en blanco Jasper, "Alice acaba de apagar la tele".

"Pero estaba ganando," contraatacó Emmett, "¿verdad, Bells?" me preguntó, poniendo ojos de cordero. Yo me encogí de hombros a su lado.

"No metas a Bella," le dijo Jasper, "luego seguimos a ver quien gana."

Tras en el incidente en la piscina, subimos a cambiarnos a su cuarto para ir a cenar. Me robó un par de besos cada segundo, cada uno más difícil de superar. Ya habíamos cenado, y ahora estábamos en un salón de los Cullen. Sí, en uno de ellos. Edward había ido un momento al baño, Jasper y Emmett estaban jugando a algún juego. No sabía cual porque no estaba prestando atención, estaba más entretenida recordando los besos que había tenido, los mejores de mi vida. Cuando estaba prestando atención habían llegado Alice y Rose, apagando la tele.

"A ver," comenzó Alice, cuando Edward llegó a la habitación, sentándose a mi lado. Al otro lado del sofá, estaba Emmett, y Rosalie se fue a sentarse encima de sus piernas. Emmett la rodeó con sus enormes brazos. Yo sonreí ante la imagen. "Tenemos que hablar de algo importante." y ahí fue cuando se me fue la sonrisa. No sabía porque pero tenía que ver conmigo. Estaba segura.

Emmett, Jasper, Edward y yo fruncimos el ceño. Ellas sonreían ampliamente. Lo dicho, algo de mí.

"Como sabéis, afortunadamente, Bella no hizo nada con el chucho," explicó Alice. Si, a nadie de los Cullen le caía bien. Alice fue a sentarse encima de Jasper, quién estaba en el sofá de enfrente. Los otros dos seguían frunciendo el ceño. Edward, sin embargo, sonreía ampliamente.

"Menos mal," contestó Emmett, aunque seguía confundido, no sabiendo donde quería llegar. Jasper parecía ir entendiéndolo por la mirada de su cara, al ver que la mirada de Alice pasaba de Edward a mí.

Yo hice una cortina con mi pelo, intentándome esconder de la situación. ¿Por qué no podía separar simplemente? ¿Por qué a mí? He debido de ser muy mala en la otra vida.

"Por lo tanto, Edward le va a enseñar a hacer todo," concluyó, enfatizando el todo y se hizo un silencio sepulcral en el salón. Yo seguía escondiéndome tras mi pelo, pero sentí a Edward intentando ocultar la risa a mi lado. Al segundo, sentí su mano dándome un apretón en el muslo, intentando calmarme. Sólo me puso más nerviosa.

"Así que, primito, ¿vas a desflorar a la pequeña Bella?" preguntó chasqueando la lengua, como si hablara del tiempo. Oí a Edward carcajearse. Mis mejillas subieron 20 tonalidades de rojo, e intenté esconderme más, pero él me vio. "Me encanta hacerla sonrojar."

Rosalie le dio en la nuca, "ouch. Nena, es verdad".

"Si hemos dicho esto," siguió Rose, como si lo de Emmett no había sucedido, "es porque si tenéis ideas de como ayudar, que se las digáis. Además, si veis a estos dos muy pegados, ya sabéis porqué".

"Como si necesitaran motivos para estar pegados..." susurró Jasper, y yo lo miré mal. Bajó la mirada y murmuró un inaudible "lo siento". Me sentí más relajada, Jasper tenía ese don. Por algo estudiaba psicología.

"Hagáis lo que hagáis," puso mala cara Alice, como si se lo estuviera imaginando, "tu primera misión es esta: enséñale a bailar contigo, con un chico y a perder un poco la vergüenza al ligar," Edward asintió con la cabeza."En unos días iremos a un pub y veremos si ha aprendido." La vergüenza me inundó de nuevo.

"Vamos a hacer de jueves, ¡cómo mola!" por estas cosas, se notaba que Emmett era Cullen. A veces se parecía demasiado a Alice. Todos se carcajearon de lo que él dijo. Todos, menos yo.

"Espera, espera. Bailaré con Edward, ¿no?" pregunté, dudosa y con miedo de que me hicieran bailar con un desconocido. Eso si que no.

"No te preocupes," le restó importancia Alice, "será con mi hermano, no te haremos hacer nada con otro, sino no lo harás. Todavía." suspiré aliviada, aunque un poco preocupada por ese todavía.

"Entonces..." Alice se levantó y se movió por el salón con sus típicos andares de bailarina. Rose se acercó a Emmett, para besarle, "robamos a Bella por toda la noche, ¡fiesta de pijamas!" suspiré, dispuesta a levantarme derrotada, pero Edward tiró de mí, haciendo que quedara sentada en sus piernas.

"Shh, tranquila," susurró en mi odio, "no va a pasar nada, sólo van a ayudar," pasó un mechón de pelo detrás de mi oreja, mientras sonreía. Le sonreí. Vi como se acercaba a mí, y me alejé asustada.

"No, que nos van a ver." murmuré, haciendo un gran esfuerzo por no lanzarme a sus labios desesperadamente.

"Si están despidiéndose, no lo van a notar." finalizó, y me cogió de la cabeza para acercarme a él. Sus labios se acercaron a los míos de nuevo, uniéndose en un beso algo más profundo. Me gustaba. En ese mismo segundo me olvidé de la demás gente."Te voy a echar de menos," suspiró, apoyando su frente con la mía. Miré a sus verdes ojos y sonreí.

"Y yo a ti." contesté, y le di un beso casto después de levantarme. A los segundos después las chicas se unieron conmigo. Le dediqué una última mirada y él me guiñó un ojo.

"Vamos" dijo Alice, antes de tirar de nosotras.


Había perdido la cuenta de las horas que llevaban torturándome. Se estaban pasando. Que si depilar, que si cremas, que si perfumes, que si lencería... no podía más. Las odiaba con toda mi alma.

"Quita esa cara tonta," dijo riéndose Rose, mientras se secaba el pelo en la cama de Alice. Era King Size, por lo que no íbamos a tener problema para dormir. Al fin me habían dejado ponerme el pijama, y Alice se estaba terminando de bañar. Después de todo lo que me había hecho podía tener la conciencia tranquila.

"Me odiáis."

"Te queremos, que es distinto," suspiró, riéndose. "Edward ya me lo agradecerá por ti."

"¡Es verdad!" gritó Alice a través del baño. La odio.

Al cabo de un rato, apareció Alice. Nos pusimos un par de pelis pastelosas, para reírnos más que nada y después de atiborrarnos de palomitas, nos sentamos las tres alrededor de la cama. En el fondo las quería un poco. Sólo un poco, y no lo admitiría.

"Así que," empezó la enana, "¿estás preparada para todo con mi hermano?" alzó la ceja, y Rose la imitó. Sólo pude reírme.

Cogí la cucharada del helado y probé un poco. "Mmm," ellas me miraban interrogativamente, "creo que sí," admití, para mi vergüenza.

Las dos dieron un grito raro. A veces daban miedo. Mucho miedo.

"Que mi pequeña Bellita va a dejar de ser virgen," dramatizó de nuevo, tomando un poco de helado."No me lo puedo creer."

"Ya me lo has dicho antes." dije entre dientes a Rose, mirándola mal.

"No nos desviemos del tema," regañó Alice, tumbándose en la cama. Rose y yo nos sentamos con las piernas cruzadas, esperando a que hablara, "Bella, ¿Tu no has hecho nada de nada?"

"Nada." admití secamente, mirando a la pared. Quizás, si me concentro en un punto fijo y hago como si la conversación no es conmigo, la vergüenza no será tanto. Pero nada, seguía dándome. Igualmente, prefería mirar cualquier punto que no fueran los ojos de mis amigas, eso sería mucho peor.

"Entonces tendrá que enseñarte todo," apuntó mentalmente y estaba segura de que estaba frunciendo el ceño, "a lo mejor, con su ayuda, te sueltas más como los chicos." añadió.

"Seguramente," concordó Rosalie. "Bella, no seas absurda, miranos".

Suspiré y regresé la mirada a ella. Ella sonrió de forma pícara, por lo que desvié la mirada. Ella y su novio se divertían más de la cuenta en ponerme roja.

"¿El chu-Jake te tocó alguna parte?" al advertirle con la mirada de que ni se le ocurriera decir chucho, dijo su nombre. Aún así, lo escupió.

Juro que mis orejas deben estar rojas al ser consciente de la pregunta.

"Bueno, él... lo.. intentó," balbuceé, usando mi cabello de cortina, "digamos que yo siempre me volvía a ese punto... fría." me mordí el labio, sin atreverme a mirarlas aún.

"¿Fría?" preguntaron las dos, algo alto, a la vez. Alcé la vista y sus enormes ojos -sí, de las dos- me miraban desconcertados.

Asentí con la cabeza.

"A ver..., no sé, me... me bloqueaba cuando él intentaba algo más," confesé, finalmente."No me gustaba que el tocara... esos sitios. Él paraba cuando me sentía así."

"Por fin hace algo bien." susurró para sí misma Rose. Yo bufé.

"¿Y con mi hermano por qué cambia?"

Ahí la pregunta en cuestión. Ni yo misma estaba segura.

"No sé, Alice. Tal vez por la confianza que tengo con él." las dos me miraron con una mirada de – no te lo crees ni tú-, así que, seguí, "porque tu hermano me atrae más físicamente..."

"Me alegro." dijeron ambas, mientras se chocaban la mano. A veces pasaban demasiado tiempo con los chicos...

"Pero tienes que perder la vergüenza," explicó Rose, "Edward te tiene que hacer sentir más segura. Enseñarte a ver lo que los demás vemos, cuánto vales." Bufé, y ella me miró con sus profundos ojos azules, tirándome dagas con ellos, "es verdad, Bella. Y sabes lo que odio cuando empiezas así. Me da mucha rabia que no seas clara viéndote a ti misma."

"Así es," le siguió Alice, "aparte de porque tu quieres dejar de ser virgen, que lo veo bien, más que bien con mi hermano," pusimos, tanto Rose como yo, los ojos en blanco, "debes aprender a valorarte a ti misma. Verás, cuándo Edward se derrita viéndote, como te sientes más segura."

"Él no se va a derretir al verme," bufé, y la rubia me dio en la cabeza. "Ouch. Tiene razón Emmett, si que duele." me rasqué, pero ninguna de las dos se reían. Ouch.

"Si que lo va a hacer, Bella," reprochó Alice, y Rose asintió con la cabeza, "conoces a mi hermano. ¿Crees que se acostaría con alguien que no le gustara?" negué con la cabeza, agachando la mirada y mordiéndome el labio.

"Edward se queda embobado mirándote, hazme caso," dijo Rose, "lo he visto con mis desde que llegó antes de ayer. Parece más que dispuesto a ayudarte. Y esos besos..."

"¿Crees que mi hermano te hubiera dejado...ya sabes, esta mañana.." asentí, ¡claro que sabía a lo que se refería! Era tan incómodo para ella como para mí, "seguir... si no le atrajeras?"

"Quizás tenéis algo de razón," murmuré abatida, "pero no sé cómo."

"Ya te lo hemos dicho," resopló Rose, "vales, y él te lo demostrará."

Después de la charla -Bella, vales-, que no estaba del todo convencida, nos fuimos a dormir, las tres en la cama de Alice. Vale, yo misma podía admitir que a Edward le debía de atraer algo físicamente, pero mi cabeza no era capaz de entender cómo un hombre como él, -un hombre perfecto-, que puede tener cualquier mujer, le atraía yo. Sé que no era para toda la vida, que era sólo para hacerlo, pero aún así, seguro que tenía a mujeres mejores -seguramente a más de una modelo- detrás de él para una noche. Supongo, que él quería ayudarme, que me veía con buenos ojos, como los demás. Con un par de tontas reflexiones, me quedé dormida junto a mis amigas. He de decir, que Alice hacía a veces unos silbidos muy graciosos durmiendo.


Después de la noche del domingo, el lunes pasó sin ninguna complicación. Nos despertamos algo tarde y yo me dirigí para mi casa a pesar de los intentos de Alice porque me quedara. Habíamos quedado en que el martes por la tarde Edward me ayudaría, y que el sábado sería el día que quedaríamos para salir a un pub a bailar. Miedo.

Aparqué mi viejo Chevy al lado de casa. Parecía que hacía años que no había ido. Charlie se había ido a pescar con su amigo Billy, una de sus aficiones junto con ver el béisbol* (NA: o baseball) todo el finde, aunque hoy habría vuelto a trabajar. Como afición que era y el tiempo libre que tenía, se iba a pescar casi todos los fines de semana, aunque me decía que si quería que se quedara él lo hacía.

Yo no le daba la menor importancia y le decía que se fuera. Desde hace unos cuantos de años, cogí como costumbre quedarme en casa de los Cullen, y eso parecía despreocuparle más, aunque no lo dijera. Charlie, como padre, se preocupaba demasiado, aunque no le gustaba mucho demostrarlo. Era una persona muy reservada, como yo. Era un hombre demasiado simple, a decir verdad. Todo lo contrario a mi alocada madre. Con razón no congienaron tan bien. Me imagino a la loca de Reneé dándole dolores de cabeza al pobre Charlie.

Así que una vez que llegué, me puse a hacer cosas de la casa. No es que él me obligara, pero era demasiado desordenado, y a mí me encantaba limpiar y dejar todo en orden, pese a ser lo más patoso del mundo. Fregué, lavé la ropa, hice la cena -pollo con patatas, que sabía que le encantaba-... y cuando me dí cuenta, faltaba media hora para que llegara.

Aproveché el tiempo que me quedaba y fui a ducharme. Me encantaba relajarme bajo el agua, más sabiendo que no había nadie que pudiera esperar. A los pocos minutos, para no gastar más agua de la cuenta, salí, me puse rápidamente el pijama -un pantalón un poco por encima de la rodilla y una camiseta de tirantes blanca, realmente- y bajé para cenar con Charlie, que acababa de llegar. Justo a tiempo.

La cena pasó cómodamente, como era de esperar. Le encantó la comida, me preguntó que había hecho; si había estado entretenida, como había estado Edward... Por suerte se le había quitado el pequeño mosqueo. Los primeros días que se fue me vio algo mal y masculló entre dientes que él podía haber avisado. Bufé, hombres.

Lavé los platos y me dirigí a la cama, algo cansada emocionalmente. Sabía lo que se avecinaba al día siguiente, y no estaba del todo segura de estar preparada. Era pensar en lo que podría pasar en la habitación con Edward y el familiar cosquilleo se acumulaba en mi estómago. En realidad, sabía que no iba a ser para tanto. Una vez que el cuerpo de Edward y el mío hacían contacto, todo dejaba de existir, todo dejaba de importar.

Todavía podía recordar lo sucedido en su cama, y como no hubo ningún nervio, ninguna duda. Sé que esta vez sería diferente -él sería el profesor y estaría despierto; factor muy importante- pero también sabía la tranquilidad que me daba que fuera él. Era contradictorio, me ponía nerviosa, pero a la vez era la persona que más me tranquilizaba. Más que incluso Jasper, que era todo un experto en esas cosas. Pero él, no sé, sabía exactamente como hacer que me relajara, que los problemas se esfumaran. Supongo que por eso se hacía llamar mi mejor amigo, ¿no?.

Al rato de dar varías vueltas a la cama, y prometerme llamar por la mañana a Reneé y a Jacob, me quedé dormida. Por fin, día agotador.


La mañana llegó demasiado pronto para mi gusto. De nuevo me despertó el sol, parecía que el nubloso Forks se había dado un descanso, y no es que me quejara, ni mucho menos. Me recordaba mucho a Phoenix, donde vivía anteriormente con mi madre.

Me preparé unos cereales, los desayuné y después de hacer un par de cosas más me decidí a cumplir la promesa de llamar tanto a Reneé como a Jake.

La conversación con Reneé fue algo larga; que cómo estaba, que que tal el clima, si me quería volver -a pesar que ni ella estaba en Phoenix ahora mismo- y un largo etcétera. A veces me recordaba Alice mucho a ella, con manía de hablar rápido y de saberlo todo. Después de prometerle que estaba bien y que volvería a llamar pronto, me decidí a llamar a Jake.

Nerviosa y mordiéndome el labio, llamé. A los pocos pitidos me lo cogió su padre, y tras varia insistencia, me pasó a Jacob. Seguía algo frío, muy raro en él, pero ya era mas Jake, más él, más mi sol. Conseguí sacarle alguna risa y que se metiera algo conmigo. Antes de colgar me prometió que vendría a verme, y aunque me costaba un poco creerle, me alegró la mañana.

Cuando me dí cuenta, la mañana había pasado y estaba llamando a la puerta de los Cullen. El nerviosismo llegó a mi a la vez que le di al timbre.

Esme, con su encantadora sonrisa, me abrió.

"Hola Bella," saludó, mientras me daba un abrazo. Esme siempre era tan maternal...

"Hola,"le devolví el saludo y la abracé también, y su olor llegó a mis fosas nasales. Olía como a galletas, dulce, muy dulce.

"¿Buscas a la loca de mi hija o hijo?" preguntó, mientras se hacia un lado para que pasara.

Me reí mientras entraba a la gran casa.

"Al loco de tu hijo," contesté, ella riéndose conmigo.

"Está en su cuarto," explicó, no pude más que fijarme en sus grandes ojos verdes, tan parecidos a los de Edward. Asentí con la cabeza, y ella sonrió más ampliamente.

"Voy a verlo entonces."

"Que os divirtáis," alentó, con una sonrisa pícara. No me jodas. ¿Ella lo sabe?

Decidí ignorar el tono con el que había dicho que nos divirtiéramos, no era capaz de mirarla a la cara después de eso. Me parecía más interesante mirar los escalones de madera.

Alisé una arruga imaginaria, intentando disipar los nervios, y llamé a su puerta. No hay vuelta atrás. me susurré para mí misma. Es lo que quieres.

Agarré el pomo de la puerta para entrar, pero justo en ese momento la puerta se estaba abriendo. Alcé la vista, y me topé con unos profundos ojos verdes oscuros, que me miraban pícaros también. ¿Qué le pasa a esta familia conmigo?

"Entra," susurró, abriendo más la puerta. Salí de mi ensoñación a la vez que obligaba responder a mis piernas. No me di cuenta hasta entonces lo incómoda que es la sensación.

"Hola." murmuré. Dejé de mirar mis pies y subí la cabeza, pero antes de añadir algo más, me vi acorralada en la puerta de su cuarto.

¿Pero cómo...?

Por culpa de la diferencia de altura, lo que tenía en frente de mí era sus labios, ahora curvados en una sonrisa de lado. Él no tenía ni idea de lo que me gustaba esa sonrisa, estaba segura.

Antes de poder replicar el porqué de ser empujada a la puerta de su habitación si quiera, sentí sus labios sobre los míos. En el momento en que sus labios hicieron contacto con mis labios, mis ojos automáticamente se cerraron y mis manos se dirigieron a su nuca, jugando con el cabello que se encontraba ahí, provocando.

Mis labios empezaron a moverse contra los tuyos, de una manera insistente, pidiendo más, tanto por su parte como por la mía. No lo pude resistir más, así que pasé mi lengua por su labio inferior, pidiendo permiso para profundizar el beso, probar su lengua de nuevo. Llevaba un día entero sin probar su boca, demasiado tiempo.

No tardo nada en abrir la boca, y su lengua se reunió con la mía. Gemí. ¿Cómo podía saber tan bien? Él suspiró, volviendo el beso más profundo, más demandante. Me agarré más a su cuello, estaba segura de que si me soltaba caía al suelo, mi cuerpo estaba demasiado aturdido.

Sus manos empezaron a moverse por mi pelo, acariciándolo suavemente, acercándome más a él, volviendo el beso más exigente. Como si tuviera que hacer eso para acercarse, lo agarraba tan fuerte que dudo que pudiera existir distancia alguna entre los dos.

De repente, hizo un gestó que me descolocó por completo. Su lengua, empezó a entrar y a salir de mi boca, simulando lo que podría hacer con otras partes de mi cuerpo. Un fuego abrazador paso por todo mi cuerpo y sin poder remediarlo, me alejé de su boca, no podía respirar.

Intenté controlar la respiración, y él parecía hacer lo mismo. Estos besos no eran nada normales. Apoyó su frente con la mía y yo cerré los ojos, una manera para controlarme y no violarlo en ese mismo momento. Si lo miraba, estaba segura de que sería mucho peor.

"Esto si que es un saludo," murmuró con voz ronca. Mi centro hormigueó. A este paso me iba a quedar sin ropa interior. "De ahora en adelante, quiero que me saludes así" ordenó con un gruñido, haciéndome suspirar de nuevo.

Asentí con la cabeza, incapaz de formar una frase con coherencia en esos momentos.

"Bella, mirame." exigió de nuevo. Mis ojos, haciendo caso a su petición, se abrieron dispuestos a buscarlos. Estaban a pocos centímetros de los míos, sus pupilas más dilatadas y su iris más oscuro que de costumbre. Me quedé enganchada a su mirada, me era imposible desviar la mirada de sus perfectos ojos.

A los pocos segundos, me sonrió ampliamente. Una sonrisa que llegó a sus ojos, una sonrisa verdadera. Al ver su estado de ánimo, no pude nada más que sonreír de la misma manera. Sólo que yo debería de parecer una idiota.

"¿Preparada para tu primer día?" cuestionó, con la voz algo más suave mientras se separaba un poco más de mí.

Asentí con la cabeza mientras me mordí el labio, y le oí suspirar de nuevo.

"Eso creo," admití, volviéndolo a mirar.

"No tenemos que hacer nada que no quieras," explicó, acariciándome la cara. Adoraba sus manos. Eran largas, por culpa de la guitarra y del piano, pero masculinas. Su tacto era algo caliente en estos momentos, pero reconfortante. "Lo que estamos haciendo es por ti, tu eras la que lo querías, así que.."

"Lo sé," susurré, hablándole en el mismo tono. Pasó la mano por su cabello, despeinándolo aún más."Contigo todo siempre es fácil."

Se carcajeó, echando la cabeza un poco hacia atrás, mostrando su nuez de Adán. Yo de mientras, me quedé mirando como una idiota. ¿Hay algo de él que no me guste?

"Eso espero." suspiró, una vez terminada la risa, algo más serio. "Además, Alice me ha dicho que quiere que estés más segura, y para que negarlo, yo también." añadió, acercándose a su mesita de noche. Yo me moví un poco hacia adelante, alejándome de la puerta, sin saber que hacer. "Vamos a ver," comenzó, sacando una tela negra de el. "Te voy a explicar que vamos a hacer, ¿de acuerdo?" asentí con la cabeza.

Él se acercó a mi, con sus pasos desgarbados, característicos de él. Se colocó justo detrás mía, jugando con la tela. ¿Cómo...?

"Te voy a colocar este trozo de tela en los ojos, para que no veas nada," susurró en mi oído, enviando un escalofrío a mi columna vertebral."Voy a poner una canción, y tu vas a bailar sin ver nada, mientras yo me siento y te miro," explicó, yo suspiré algo desconforme con la idea. Él lo sabía. "Lo vas a hacer. Quiero que dejes sentir la música, que seas tú, que te muevas a través de ella. Puede que no al principio, pero quiero que poco a poco imagines a gente mirándote. ¿De acuerdo?" terminó, dándome un pequeño beso en el hombro.

Me mordí el labio asintiendo.

"Voy a ponerte la venda,"suspiró mientras colocaba la tela en mis ojos. "¿Ves algo?" negué con la cabeza, todo se veía negro. Hizo un nudo, ni lo suficiente fuerte ni lo suficiente flojo, lo justo para que no se me cayera y no pudiera ver.

Sentí sus pasos alejarse de mí, pero al segundo sus labios estaban sobre los míos. Sonreí siguiéndole el beso, embriagándome de su sabor. Sentí su sonrisa contra mis labios también, y me mordió el labio. Suspiré, chupando el suyo lentamente. Seguimos besándonos un rato más, hasta que dejó un beso casto y oí sus pasos, alejándose un poco.

"¿Preparada?"murmuró, con la voz de nuevo algo ronca. ¿Todos sus tonos de voz me gustaban, o qué?

"Sí," afirmé, sin estar segura a donde dirigir la cabeza.

Oí como trasteaba con el aparato de música. "Yo me voy a sentar en la cama, ¿vale?" dijo, mientras le oía seguir trasteando con el reproductor.

Al poco tiempo, empecé a escuchar la melodía de Rabiosa de Shakira.

Lo oí caminar hasta la cama, y como se sentó. Los nervios llegaron de nuevo, disparándose por cada poro de mi piel. ¿Cómo voy a bailar, a dejarme llevar, mientras él me está mirando? ¡No puedo! Alice y Rose me enseñaron a bailar, pero...

"Bella, baila." gruñó Edward, mientras la voz de Shakira se empezó a escuchar. "Ahora."

Tenía que hacerle caso. Suspiré e intenté poner mis pensamientos en blanco y centrarme sólo en mover mi cuerpo, en bailar. Empecé a mover suavemente las caderas, apretando aún más los ojos, como si eso me fuera a ayudar a que mi mente desconectara. Edward estaba haciendo tan poco ruido y la música estaba tan alta que era fácil pensarlo, y al poco tiempo mis caderas hicieron un ritmo más pronunciado.

Olvidé que Edward estaba ahí, los propósitos por los que me estaba bailando y me concentré sólo en escuchar el ritmo de la música y que mi cuerpo lo siguiera. Me imaginé que estaba en una pista de probablemente una discoteca sola, y con la música, como estaba, a todo volumen. Que nadie me podía mirar, que nadie me podía juzgar, y ahí caí en la cuenta: la raíz de mi miedo a bailar se debía a que pensaba que la gente podía criticar la forma en que bailaba, o que lo hacía mal. Pero sabía que Edward no iba a hacerlo.

Moví un poco mi cabeza, alejando de mi mente a Edward. Poco a pocos mis caderas se balanceaban de manera más pronunciada. De un lado a otro, en círculos... hacía lo que me pedía la canción. Pasé mi mano por mi pelo, agitándolo un poco, y mi mano hizo un recorrido lentamente entre mis pechos, por mi tripa hasta llegar a mis caderas y seguir moviéndome.

Un fuerte suspiro se oyó. ¿Por qué Edward suspiraba? La verdad es que no estaba pendiente, estaba tan dentro en la música que me envolvía que no podía hacer otra cosa que no fuera seguir bailando.

La canción pasó otra vez a una de Shakira, esta vez Hips don't lie. Las canciones que estaba eligiendo eran buenas para la ocasión, con un ritmo muy bailable y fácil de desconectar.

Mis caderas tampoco mentían en estos momentos; estaba muy segura de ello. Transmitían la seguridad que sentía, cómo me estaba dejando llevar por la música. Una vez relajada, ya en el ambiente que él quería, le hice caso: me imaginé que alguien me estaba viendo bailar. Pero no era alguien, a quién me estaba imaginando es a él mismo, así que más bien, en vez de imaginar lo que estaba haciendo es ser consciente de la realidad que me envolvía en estos momentos y no importarme.

Hice movimientos un poco más atrevidos, mi respiración era agitada. De repente, sentí unas manos heladas en mis caderas, que se seguían balanceando de un lado a otro. Sus manos estaban muy frías o yo del baile estaba muy caliente, pero el cambio de temperatura entre su piel y la mía hizo que me estremeciera. Su toque, sin embargo, quemaba, como siempre.

Me acercó más a él, y con sus manos en mis caderas, empezó a seguir mis movimientos.

"Lo estás haciendo genial," susurró en mi oído, después de suspirar.

Me mordí el labio y seguí moviendo, contenta de que lo estuviera haciendo bien, justo como él quería. Sus labios se posaron en mi hombro y dejaron un beso húmedo ahí, desconcentrándome por completo. Suspiré fuerte y puse mis manos en lo alto de las suyas, entrelazándolas mientras seguíamos perdidos en nuestro baile, en nuestro ambiente. Algo caliente, hay que decir y ¡Joder...! Su erección chocaba contra mi trasero cada vez que me movía de un lado a otro, más que dispuesto. Apretó más sus manos.

Me dio la vuelta y supuse que ya estaba en frente de él. Me acercó más a él y con mis manos palpé su pecho, mientras sentía como vibraba a causa de la risa. Las dejé en sus hombros y seguí bailando, y colocó sus manos en la parte baja de mi espalda. Alcé un poco la cabeza, aunque con la tela no podía ver y sonreí, y juro que sentí su sonrisa. Estábamos tan pegados que sentía todo su cuerpo junto al mío, su fuerte pecho estaba junto al mío y sentí algo duro pegado junto a mi estómago, de nuevo su duerza... parecía aún más puede ser. Tragué pesado. A Edward parecía que le estaba más que gustando el baile, y eso me encantaba. Y por qué no, también me encendía, y mucho.

Sus manos bajaron un poco más aún y mordí su hombro, una manera de controlarme para no gemir o violarlo. Suspiró justo en mi oído, haciéndome cosquillas.

Giré un poco la cara y al segundo, sus labios y los míos estaban pegados. Pero era un beso más distinto a los demás que nos habíamos dado. Desesperado, frenético. Mis labios abrieron paso rápidamente a su lengua y se juntó con la mía, llevándonos a los dos por un camino muy peligroso. Ya no sabía porque parte iba la canción, o si la canción estaba puesta si quiera. Sólo era consciente de su boca pegada a la mía, de sus manos bajando aún más y apretar mi culo... No pude evitarlo y gemí entre tus labios, y eso pareció gustarle más porque sus manos me apretaron más aún a él. Nos separamos los dos por falta de aire y sus labios bajaron por mi cuello, dejando besos por ahí con la boca entreabierta. Mis suspiros se hicieron más audibles en su cuarto. Me agarré más fuerte en sus hombros, para evitar caerme por las sensaciones.

"Edward." gemí, cuándo succionó más de la cuenta mi cuello. Eso podría haberme dejado marca. Pero, ¿y qué más da? Seguí entregándome a las sensaciones que me daba su boca en mi cuello, y pasé mis manos por su espalda, acariciándola y arañándola un poco. Me agarró y anduvo conmigo hacia atrás, dejándome sentada en su sillón creo. Lo oí suspirar fuerte y volver a besarme, yo le seguí el beso cada vez más encendida.

"Quédate ahí quieta." ordenó, con la voz ronca. Yo asentí con la cabeza, respirando con dificultad por los besos que habíamos tenido. Lo oí alejarse, y oí su cama, por lo que supuse que se había sentado ahí, justo en frente de mí. ¿Qué pasaba?

"Bella," dijo con la voz ronca aún. Me mordí el labio, "¿harías ahora mismo lo que te pidiera?, ¿cualquier cosa?"

¿Quién podía negarse a tal hombre?


¡Hola de nuevo! Aquí estoy, dejándoos el segundo capítulo. El siguiente está también completo y contiene bastante Lemmon... mucho Lemmon, ya veréis :D

Muchas gracias por el apoyo que me habéis dado. Quiero decir una cosa: mucha gente dice que el trama es parecido a muchos, puede ser, pero quiero decirles que no va a ser así. No va a ser el típico, os lo aseguro. Puede que lo que sea el Summary, que la amiga le pide ese favor y él cumple esté muy visto, pero os digo que aunque eso sea así, será lo único parecido. Estoy poniendo todo para que esta historia sea diferente. Gracias porque aunque hayáis pensado eso, le hayáis dado una oportunidad.

Me alegro mucho, muchísimo de todos los reviews, favoritos y alertas, pero sí que me esperaba un poco más. Supongo que es porque he puesto todo mi empeño en esta historia, y me está costando mucho. También es que soy muy impaciente, aquí estoy y solo ha pasado un día TT jajaja.

Yo como dije, he hecho un par de capítulos, y no me quiero rendir. Además, las personas que ya me habéis apoyado... no voy a defraudaros, de verdad. Yo seguiré con la historia, e intentaré que nada me afecte. Os lo debo. No me quiero enrollar mucho, que voy a parecer pesada xD.

¡Besos! :)