Segundo capítulo ya aquí. Voy a poner el desclaimer, que se me olvidó ponerlo en el anterior XD y no quieren que me demanden, cierto? Ya sabemos que a Rowling le gusta leer fanfictions de fans, pero seguramente un fanfic H/Hr no le guste tanto XD así que, no vamos a arriesgarnos.

Desclaimer: Todos los personajes que sean de HP y que escriba yo con ellos pertenecen a JkR, la Warner y todas las compañías que hayan adquirido derechos de HP por el mundo. El resto de personajes son, obviamente, invención mía. Este fanfic está escrito sin ánimo alguno de lucro.

Este capítulo lo veo como un poco "de transición", aunque también ocupa un buen cacho XD (en realidad tiene 13 páginas, pero de historia son 12 páginas también O.o voy a plantearme la posibilidad de utilizar 12 páginas en cada capítulo; la página 13 tiene las N/A)

Sobre el nombre de los capítulos. Bueno, no se alarmen, no me llega la inspiración XD. Y quiero avisar, que a partir del capítulo 3 cada capítulo llevará un pequeño trozo de texto, de una canción o una cita de algún libro y/o personaje ilustre al principio del cap. La mayoría de las veces serán canciones, pero también habrá otras cosas por ahí.

Comencemos pues:

Photographing Harmony

Capítulo 2

"El motivo"

Ron Weasley caminaba por Londres tranquilamente. No llevaba prisa, pues gracias a su hermana menor se había levantado temprano esa mañana. Era lunes, y era su día de descanso en el entrenamiento de quidditch.

De repente alguien se interpuso en su camino. Sólo llegó a ver una espesa melena antes de caerse al suelo. A su alrededor, varios transeúntes se pararon a mirar la escena.

Ron Weasley alzó la cabeza, y se encontró de frente con una sonrosada muchacha que balbuceaba.

-¡Dios mío, lo siento!-dijo, y le tendió la mano para ayudarle a levantarse. El pelirrojo se incorporó, y se sacudió un poco la ropa muggle que ese día había decidido ponerse. Miró un poco molesto a la chica.

-No importa-terminó por decir. Vio como ella parecía relajarse. Ambos suspiraron, y segundos después la joven se alejó, lanzándole una tímida mirada de despedida. Ron se fijó en que su jersey se había roto a la altura del codo, y lanzó una muda maldición.

Cada día Londres estaba más despistado.

Sin darle más importancia al asunto, emprendió su camino. Menos mal que no tenía prisa, porque el encuentro con aquella desconocida le había puesto de mal humor, y le había entretenido. Además, la gran bolsa que llevaba le había echo un terrible daño en la rodilla.

Vio a lo lejos la silueta de su amigo, e inmediatamente una sonrisa ocupó sus labios. Harry Potter alzó el brazo, indicando su posición, al tiempo que también sonreía abiertamente. Anduvo más deprisa para llegar pronto a su lado, y nada más estar lo suficientemente cerca, se fundieron en un largo abrazo, demostrando que, después de todo, se habían añorado todo este tiempo.

Cuando se separaron, Ron se puso algo serio. Observó a su amigo, y su ceja derecha se alzó peligrosamente.

-Amigo, necesitas urgentemente un corte de pelo. Te pareces a un tipo que vi en una película muggle que tenía tijeras en vez de manos.

Harry no pudo evitar pasar una mano por su cabello, más indomable que nunca.

-Yo no tengo el pelo como ese Eduardo, Ron, no exageres.

-¿Eduardo?-preguntó, sin comprender-¿Hiciste nuevos amigos en tu viaje?

Harry negó, con una sonrisa.

-Eduardo es el nombre del tipo de la película.

-¡Ah! Bueno…

Se quedaron en silencio, comenzando a caminar. No habían previsto a donde ir después de encontrarse.

Parecían no necesitar urgentemente hablar. Harry estaba abrumado por la tranquilidad de estar de nuevo en casa, y Ron por la agradable sensación de tener por fin a su mejor amigo de toda la vida a su lado, preparado seguramente para jugar un partido de quidditch con él la próxima vez que fuese a La Madriguera (que seguramente fuese muy pronto)

-Ron…-comenzó Harry, sonriente-me alegro mucho de verte por fin. Estos meses han sido horribles sin nadie que fuera terriblemente inoportuno y no parara de hacer comentarios fuera de lugar.

El mencionado se detuvo, y se echó a reír. Y luego le dio una palmadita en la espalda a su mejor amigo.

-Recuerda bien lo que voy a decirte a continuación, Harry, porque creo que es lo más cursi que te he dicho hasta la fecha, y que seguramente te diré en mi vida.-Harry le observó atentamente, esperando sus palabras.-Te he echado de menos. Creo que no estoy acostumbrado a que estemos separados por tantos meses.

Harry abrió los ojos de par en par, asombrado.

-Me he dado cuenta que…realmente¡te quiero, hermano!

Ron parecía bastante avergonzado, aunque en su frase siempre había permanecido una especie de vena sincera-cómica. Se miraron durante largos instantes, y seguidamente soltaron una sonora carcajada.

-Joder, gracias. Yo también te quiero, compañero-contestó Harry, dando una palmadita en la espalda del pelirrojo, respondiendo así a la anterior.

-De nada, hermano. Y ahora dejemos de querernos tanto, que no estoy acostumbrado. ¿Qué te parece si tomamos una cerveza? Odio el maldito café.

-Sí, no ha pasado tanto tiempo como para que me olvide de cómo una vez te dormiste en tu escoba por negarte a beber café por la mañana, cuando habías pasado toda la noche anterior desvelado por una estupidez.

Ron le miró, intentando justificarse-Vamos¡esa maldita adivinanza era muy difícil! A veces los muggles me sacan de quicio con sus acertijos-. Harry rió de buena gana, y los dos amigos siguieron andando sin preocupación alguna, acercándose poco a poco a uno de los bares que tanto conocían, pues sus estadías en el mundo muggle desde que Harry se había echo el hombre más famoso de toda la historia del mundo mágico (sí, mil veces más famoso que antes, si era posible) eran bastante largas y frecuentes.

-Y por cierto-comentó de repente Ron-¿no te ha seguido nadie aún?

Harry negó-Que yo sepa no. De momento no he visto nada raro.

Hablaban del tema de Harry y sus acosadores fotógrafos normalmente, pues aunque el tema no era especialmente agradable, si había sido muy común antes de que el pelinegro se marchase.

-Eso es extraño-dijo el joven Weasley-aunque, bueno, deben de creerte muerto, entonces-comentó con ironía. El moreno sonrió, pero volvió a negar.

-Si me creyesen muerto ya estarían buscándome por todas partes para intentar confirmar que no lo estoy, esperanzados, e incluso darían una recompensa, como les pasó a los muggles con Elvis Presley.

-¿Uhm?

El joven Potter suspiró, recordando que su amigo no conocía apenas nada del mundo no-mágico.

-Da igual-. Le escuchó murmurar algo, pero no llegó a descifrar el qué. Pocos minutos más tarde ya estaban frente a la puerta del Café-Bar, y Ron empujó para abrirla.

-Espero que nadie entre aquí a fotografiarte mientras tomamos nuestra cerveza, porque sinceramente no me haría gracia que todo el mundo nos empezase a mirar y yo saliese detrás de ti en la portada de alguna revista engullendo cortezas de cerdo como un verdadero cerdo.

Harry rió estruendosamente mientras se dirigían hacia una mesa en un rincón algo apartado.

-Reza por ello.

O.O.O.O.O.O.O

Hermione había llegado a su casa hacía pocos segundos. Abrió la puerta con rapidez y, nada más entrar, dejó la gran bolsa marrón en el suelo y se agachó en la misma entrada, abriéndola con rapidez.

Su preciada Nikon CoolPix seguía en perfecto estado, envuelta en su funda protectora. Esa cámara era el primer y único capricho que había podido permitirse tras sus dos años de trabajo en "Sunday wiz"

Antes, sacaba las fotografías con una cámara de fotos digital normal y corriente, regalo de sus padres en una navidad hacía ya varios años. Sin embargo, su pasión por la fotografía creció tanto que estaba decidida a conseguir una cámara de fotos profesional, aunque su precio fuese alarmante.

"Para luego dedicarte en usarla desquiciando a un pobre ser humano que merece tanto como tú privacidad en su vida…"

Dejó la cámara de nuevo en su funda, y apartó la bolsa hasta pegarla contra la pared. No se molestó en colgar el abrigo en el perchero, si no que dejó que se quedase sobre el parqué marfil de la entrada. Cogió la varita mágica que había quedado dentro de la manga del abrigo, y realizó varias florituras en el aire mientras se dirigía al salón. Literalmente, saltó sobre el sofá, y seguidamente se sentó, apoyando la cabeza en el respaldo. La varita quedó a su lado mientras un vaso repleto de agua se acercaba a ella, flotando desde la cocina, y refugiándose entre sus dedos.

Suspiró pesadamente, sintiéndose endemoniadamente culpable por el contrato que acababa de firmar, y por el estúpido puesto de trabajo-en-pruebas que acababa de aceptar.

El hecho era que, bueno, era muy probable que la semana siguiente no siguiese trabajando en "Corazón de bruja", y había infinitas razones para ello. La primera, y más importante, era que ese trabajo estaba atacando a su sentido común. Y eso era algo que Hermione Jane Granger nunca permitía, que su sentido común se viese dañado.

También destacaba el hecho de que ella no encajaba con esa revista. Primero, era una de aquellas acérrimas seguidoras de mandar al diablo todas las publicaciones de prensa rosa, mágica o no. Y luego también influía que aquella revista era totalmente opuesta a ella en la manera de vestir y de pensar. Tantos colores por todas partes le turbaban, incluso llegando a marearla. Ya se imaginaba todas las miradas que recibiría cuando se presentase allí con su indumentaria de siempre, cómoda, segura. No pensaba calzar tacones de aguja ni suéteres con escote prominente, pues ese no era su estilo.

Además, trabajar para una maldita loca obsesiva por Harry Potter no era su mayor ilusión en la vida.

No, estaba claro. Su objetivo era entrar en el "Departamento de aplicación de la ley mágica", aunque no como auror. Allí se encuentra el "Equipo de reforzamiento de la ley mágica", que vigila porque todas las leyes sean cumplidas, y sus trabajadores se encargan de asegurarse que la vida de los muggles no sea mágicamente intervenida, ni que los magos y brujas demuestren sus habilidades mágicas delante de ellos.

Hermione también sabía que desde ese departamento, y si lograba entrar en el equipo, estaría más involucrada con el mundo muggle. Podía llegar a ser una desmemorizadora, o podría presentar propuestas para mejorar la visión de los muggles que muchos magos tienen aún hoy en día.

El hecho era que hasta navidades no podría empezar su preparación, pues el curso acababa de empezar en septiembre, y ella no se podía incluir ahora, así lo estipulaba. Y no podía sobrevivir tres meses a base de la herencia de sus padres, ni trabajando en un McDonalds.

Fuera, comenzó a llover estrepitosamente. Los nubarrones habían cubierto por completo el cielo.

Hermione suspiró con disgusto, recordando que la lluvia encrespaba aún más su cabello. Y no es que a ella le preocupase, pero no se imaginaba a Melinda Collintong mirando con buenos ojos su melena desastrosa. Y podía ser que el trabajo no fuese de su agrado, pero una de las cosas que tenía Hermione Granger era la seguridad de que, pasase lo que pasase, tenía que complacer a sus superiores. En el colegio ya le pasaba con los profesores, y ahora quería pasarle con Melinda.

Era algo con lo que había nacido. No es que le gustase hacer la pelota y alabar hasta la saciedad. Simplemente había aprendido con el tiempo que eso daba resultados. Ya lo hacía mecánicamente. Formaba parte de ella. Siempre intentando dar la mejor impresión posible.

Y por segunda vez en el mismo día se le presentó una batalla campal entre sus ideas, siempre raudas y correctas, y el deber. Ahora¿qué debía elegir?

Se recordó que ya había fallado a sus ideales una vez.

Se levantó, con un último suspiro totalmente desesperado, y emprendió camino rumbo a la cocina, donde un café bien caliente debía de ser suficiente para calmar a su atolondrado cerebro, a la vocecita que no paraba de repetirle el mismo susurro decepcionado.

Lo fácil antes que lo correcto. Lo fácil antes que lo correcto. Lo fácil antes que lo correcto… ¿orgullosa, eh?

O.O.O.O.O.O.O

Había pasado una hora desde que se adentraron en la cafetería. En la calle llovía impetuosamente, y allí se estaba muy cómodo y calentito. Además, la emoción del reencuentro era mucha. Harry y Ron habían hablado principalmente de lo que Harry había echo durante su estancia en las montañas.

Porque sí, Harry Potter había estado en las altas montañas, acompañado de grandes grandísimos compañeros. Harry Potter había estado conviviendo ni más ni menos que con los gigantes.

Tras la caída de Voldemort, los gigantes que sobrevivieron (que fueron la gran mayoría), y que habían ayudado a Voldemort, fueron exiliados y alejados hacia un lugar desconocido. Aunque muchos fueron devueltos a las montañas debido a su arrepentimiento, con los más peligrosos no valía ningún tipo de promesa de paz.

Hagrid le acompañó la mitad del tiempo. Estuvo seis meses con él, antes de tener que marcharse de nuevo a Hogwarts para no levantar muchas sospechas. Según la versión que el gigante había dado a todo el mundo a entender, estaba en Francia resolviendo unos asustos con Madame Olympe, con la cual ciertamente si estuvo, pero acompañándolo a él, y ayudándolo a acostumbrarse.

Al principio Harry pareció reacio a la idea, y no era para menos. Sin embargo, Hagrid le aseguró que ahora los gigantes eran pacíficos, y que cuando él iba a visitarles le preguntaban constantemente sobre "Niño-Que-Salvó" (pues su inglés no era nada del otro mundo). Al parecer, desde que el Señor Oscuro fue derrotado, Hagrid le pidió permiso al nuevo ministro de magia (que no era otro que Percy Weasley, recomendado por Albus Dumbledore) para convivir con los gigantes un tiempo indefinido, estudiar sus movimientos (si realmente se habían vuelto afines al lado de los buenos) y, si así era, enseñarles a hablar un poco de nuestro idioma.

Con el paso del tiempo, y de varias experiencias, Harry había aprendido a no confiar demasiado en Hagrid cuando de criaturas mágicas se trataba. Pues él era tan bonachón que pecaba de ello. Constantemente le aseguraba a Harry que tras su estancia allí había quedado claro de que bando estaban, y que toleraban más a los humanos. Aunque seguramente sólo le dejarían acercarse a él, por eso de ser el "Niño-Que-Salvó".

Sin embargo, sabía que Hagrid no le expondría a un peligro tan grave sin estar completamente seguro de lo que decía. O al menos eso quería pensar cuando, tras estar el semi-gigante insistiendo desde hacía varias semanas (cuando él planteó lo de alejarse por un tiempo del mundo mágico para desconectar delante de la mayoría de los miembros de la Orden, en una comida en La Madriguera) no tuvo más que aceptar.

Pensándolo bien, era seguramente uno de los dos lugares en todo el mundo donde los reporteros ni se imaginarían que estaría. ¿Harry Potter con los gigantes? Y luego todo el mundo se echaría a reír. A parte de que nadie osaba acercarse a ellos, y mucho menos malditos fotógrafos que tenían poco valor.

El otro lugar en el que pensó era Azkabán, pero la prisión no la iba a pisar ni loco. Ese lugar le daba escalofríos. Y aunque los dementores ya no vigilaban a los presos (que aún había bastantes mortífagos allí) los trabajadores del "Departamento de Misterios", bajo un escrupuloso secreto, como era de esperar, habían logrado encontrar un hechizo que realizaba en la persona a la que era lanzado la misma sensación de intenso frío y desaliento que ocasionaba un dementor. Este hechizo era alto secreto, y sólo era enseñado y estudiado por los magos que tenían que vigilar a todo maleante que allí se encontraba, y bajo juramento estaban de que no revelarían su nombre ni el método para utilizarlo al mundo mágico. Si no, serían condenados al beso de un dementor (pues los dementores no podían destruirse, pero se habían recluido en una zona controlada, rodeados por tierra, que acababa con sus fuerzas). Unos pocos magos del ministerio conocían su paradero (entre los que estaba el ministro, Percy Weasley, al cual Ron molestaba constantemente preguntándole donde se encontraban)

Su estancia con los gigantes había sido mucho más agradable de lo que imaginaba. Se construyó una pequeña casita de madera, comía de las sobras de los gigantes, que no tenían problemas en darle la pierna de cervatillo que les sobraba, o se conseguía él su propia comida, apareciéndose en un pequeño bosquecillo cercano a un aún más pequeño pueblo muggle, donde podía comprar comida y provisiones elementales. Cerca de las montañas donde habitaban sus nuevos y grandes amigos no se encontraba ninguna vida no-mágica humana, pues ese lugar estaba bajo protección mágica.

Ron terminó de un último trago con su segunda cerveza, y engulló una corteza de cerdo. Todavía crujiendo en su boca, se giró y miró hacia fuera a través del cristal del ventanal de la cafetería. A parte de la intensa lluvia, había comenzado a levantarse un viento espantoso.

-¿No tendrás un paraguas escondido en los pantalones, verdad?-le preguntó a su amigo, cuando ya había tragado su corteza, todavía absorto en la calle anegada. Harry le imitó, negando con la cabeza.

-Me parece que vamos a mojarnos un poco. Creo que vi una calle un poco escondida a la que veníamos hacia aquí, y desde donde podríamos desaparecernos. No está muy lejos, y no creo que ahora ande mucha gente por la calle.

Unas cinco personas entraron empapadas al bar, riéndose y conversando ruidosamente. Comenzaron a saludar con entusiasmo a la mesa que estaba detrás de Harry y Ron, donde ya había cuatro personas sentadas.

Y ahora, Harry no se explicó como, con el bar-cafetería repleto, podían cinco personas más conseguir sillas (insistiendo por todas las mesas del local) y sentarse en el reducido espacio que había detrás de ellos. Dos compartieron silla, acomodándose como pudieron, Uno de los cinco, un chico de aspecto jovial y con barba de unos diez meses, golpeó a Ron en la cabeza cuando pasó de mala manera por detrás suyo para adentrarse al rincón donde sus amigos le habían dejado un sitio. Ron le miró de mala gana, y el joven le sonrió, algo avergonzado.

-Vaya, disculpe, amigo-. Ron hizo un movimiento de cabeza como indicando que no pasaba nada. El tipo pasó, y el pelirrojo se frotó la zona dolorida. Eso de "amigo" quedaba muy lejos de sus pensamientos.

-No, definitivamente no habrá nadie, todo el mundo ha decidido entrar en este maldito sitio.

Harry soltó una carcajada, y Ron logró sonreír un poco, aún refunfuñando. El moreno alzó el brazo, pidiéndole la cuenta a un camarero que sudaba a chorros. El local estaba totalmente colapsado debido al temporal, y no daban abasto.

-Creo que será mejor que pidamos la cuenta en la barra, no creo que puedan enterarse de nada-. Ron asintió, y se levantaron de la mesa. En menos de un segundo, tres personas que habían estado un rato esperando de pie en la barra, se abalanzaron sobre ella, como si fuese la salvación de la humanidad. Harry se compadeció de la pobre mujer que se había quedado sin silla, y que estaba claro que no encontraría ninguna. El hombre que acompañaba a las otras dos, le cedió el asiento caballerosamente, y comenzó a buscar alguna silla, pero los cinco anteriores habían conseguido las últimas.

Al final, pidiéndole permiso a un camarero que estaba por allí, cogió una caja de plástico en las que se guardan los botellines de cerveza y la puso en vertical. Luego se sentó sobre ella, e hizo algún comentario gracioso, ya que las dos mujeres a ambos lados comenzaron a reír.

Tardaron bastantes minutos en conseguir pagar. El pelirrojo había propuesto escabullirse sin que nadie se enterase (y la verdad es que dudaba que lo hiciesen), pero Harry, abordado por un sentimiento de honraded, negó. Los minutos siguientes Ron se dedicó a maldecir a los bares muggles, a los hombres con barba muggles y a los camareros muggles. El chico de la cicatriz se encargó de recordarle que en Hogsmeade, cuando hacían la excursión en navidad y nevaba, "Las Tres Escobas" también se colapsaba.

-Ya, pero allí por lo menos podías sacar la varita y entretenerte practicando-comentó, en voz lo suficientemente alta como para que por encima del bullicio la pareja que se encontraba pegada a ellos lo escuchase. Los dos amigos pudieron oír claramente las risas que intentaban sin éxito disimular. Y Harry no pudo contenerse y también rió, sin embargo Ron les miró ceñudamente de reojo.

-Creo que se han pensado que hablabas de "otras cosas"-comentó el ojiverde con sorna. Acto seguido salieron del bar (siendo observados aún por la pareja y por sus risitas) y el fuerte viento acompañado de la lluvia les golpeó con fuerza.

Dieron un paso, y al segundo siguiente ya estaban empapados. Harry se escondió un poco, sacó solo la punta de la varita muy disimuladamente y murmuró "Impervius". Cuando volvió a enderezarse, Ron pudo vislumbrar con disgusto como sus gafas eran impermeables al agua de la lluvia.

El par de ojos azules del pelirrojo veían borrosamente la calle, como si estuviese difuminada.

-Tendría que poder hacer eso con mi cara-comentó con disgusto. Harry andaba cómodamente (lo más cómodamente posible ya que se estaba calando) pudiendo ver con claridad, aunque alerta por si alguien pasaba al lado suyo por la acera para taparse las gafas, y así que ningún muggle notara que no tenían ni siquiera una pequeña gota de agua sobre el cristal.

-Ron, pero que toda tu cabeza repeliera el agua sería muy extraño.

-Harry, por favor, vamos a conjurar un paraguas, no sé tú, pero yo me estoy congelando-. El moreno miró hacia ambos lados, viendo que no pasaba nadie por la calle. Algunos coches si que corrían por el asfalto anegado, pero le hizo una indicación a Ron, y ambos se pagaron a la pared, dando de espaldas a la calle. Volvieron a mirar a ambos lados antes de que, con un susurro, dos paraguas apareciesen en sus manos, ambos de color negro. Ron sonrió satisfecho, y los abrieron, sintiendo inmediatamente el confort de no sentir el agua chocando contra sus cuerpos, con tanta fuerza que los hacía parecer desnudos bajo ella, porque la ropa no te salvaba de que las gotas se te pegaran a la piel, o se deslizasen desde su cabello hasta su abdomen, pasando por sus hombros y sus pectorales.

En unos pocos minutos llegaron al callejón del cual el moreno había hablado en el bar. Ron estaba impaciente por llegar a La Madriguera, pues tenía los calcetines empapados, y le estaba entrando verdadero frío.

-¿Y qué vas a hacer¿Vas a volver a tu piso alquilado en Terrency Street?

Harry negó con la cabeza.

-Dejé el piso cuando me fui con Hagrid. No iba a estar pagando el alquiler durante un año si no vivía allí. Además, no creo que la casera me lo permitiese. Estaba pensando ir a un hotel y…-.

-Ah, seguramente lo has dicho para que me ría¿cierto?-inquirió Ron, frunciendo el ceño-Porque si realmente estás pensando que, tras decirme que no tienes casa, iba a dejar que te fueses a un hotel teniendo en La Madriguera el mismo reducido espacio de siempre, y como siempre acompañado por la sobreprotección de mi adorada madre, estás completamente preparado para que te internen en San Mungo-.

-Ya sabes que yo no quiero molest…-.

-¡Oh, por las barbas de Merlín!-gritó de repente el pelirrojo, haciendo que Harry abriese mucho los ojos, sobresaltado-No te atrevas a finalizar esa frase, o cómo se lo diga a mamá te tocará una gran y aburrida charla sobre el cariño y el afecto que te tenemos todos los Weasley, sobre todo lo que has hecho por nosotros y lo que te agradecemos, y sobre eso de que "nuestra casa es tu casa"… No lo quieras, compañero. Ahora, te perdono porque sé que en el fondo has dicho todo eso de que no tenías casa, de la casera malvada y del hotel para darme pena y que te invite a La Madriguera. Así que, venga, que mamá hoy ha preparado estofado de carne para comer. Y vas a ser el suertudo que se lleve la ración más abundante.

Harry no pudo más que sonreír, totalmente agradecido por la invitación y las palabras de su mejor amigo. No le quiso rebatir el hecho de que él en ningún momento había dicho que su casera fuese malvada, porque en realidad, aunque su intención al decir que no tenía casa no era que el pelirrojo le invitase a alojarse en La Madriguera el tiempo que necesitase, sabía a ciencia cierta que si salía el tema, su traslado a la casa Weasley sería inevitable. Y eso no le molestaba en absoluto, no iba a mentir.

La Madriguera era su verdadero hogar después de Hogwarts. Y ahora que no podía volver a Hogwarts, no había ningún lugar en el mundo donde pudiese sentirse más querido.

Deseando probar el maravilloso estofado de carne bien caliente de Molly Weasley, y rogando porque todo el clan Weasley estuviese en casa, se desapareció, seguido milésimas de segundo después por Ron, y apareció al principio de un pequeño y destartalo camino de piedra que guiaba hacia una alta y estrecha vivienda que tanto conocía, y que desde la primera vez que había estado allí, parecía que se iba a desplomar de lo torcida e inestable que era. A su derecha un cartel anunciaba la entrada a "La Madriguera". Y por primera vez pensó en la simbología de ese nombre para esa casa y para esa familia.

Habían cerrado los paraguas, pues allí ya no llovía, aunque los nubarrones que cubrían el cielo y la tierra mojada daban a entender que hacía poco que había caído un diluvio. Emprendieron camino hacia la puerta de entrada, Harry siguiendo a Ron, y pronto el moreno ya pudo escuchar con alegría a Molly gritando, seguramente a alguno de los gemelos. El pelirrojo sacó la varita y le dio dos toques a la cerradura de la puerta. Ésta se abrió, y antes de que Harry siguiese a Ron a través del umbral, escuchó a la señora Weasley hablarle al pelirrojo.

-¡Ron¿Dónde has estado toda la mañana¡Venga, que ya vamos a…!-y la mujer calló en cuanto la imagen de Harry llegó a sus ojos. La mesa de la cocina estaba repleta de cabelleras pelirrojas. Todo quedó en silencio hasta que la señora Weasley se abalanzó contra él.

-¡Harry, cariño!-y fue todo lo que dijo.

De pronto se formó un revuelo, con sillas siendo arrastradas, y los Weasley allí presentes rodearon al moreno. Tras romper el abrazo con Molly, el segundo en saludarle fue el señor Weasley, dándole efusivamente la mano. Ron se había alejado del bullicio, guiñándole un ojo al moreno y sonriendo, y fue acercándose poco a poco a la mesa.

Los gemelos Fred y George saludaron al unísono al joven Potter, y le dieron unas palmaditas en la espalda. Después Charlie Weasley, que al parecer había vuelto por una temporada de su trabajo con los dragones en Rumanía, también le estrechó la mano. Y Ginny, que había esperado a ser la última en saludarle, le dio un abrazo. La más pequeña de los Weasley incluso le plantó un beso en la mejilla, y Harry le sonrió.

Su relación con Ginny desde que terminaron en su sexto curso había sido bastante buena. Juntos habían superado sus sentimientos, y se habían dado cuenta que entre ellos se podía dar una bonita amistad.

-Me alegro que hayas vuelto-comentó la pelirroja, guiándole hacia la mesa, donde Molly le había acercado una silla al lado de donde estaba Ron.

-¡Ronald!-chilló la señora Weasley, dándole un golpe en su mano, que ya se dirigía hacia su boca con un segundo panecillo. El pelirrojo había comenzado ya a comer su estofado-¡Espera a que estemos todos sentados!

Dos segundos después, dejando ya de refunfuñar, y asegurándose que su madre acaba de sentarse, Ron desvió su mano de nuevo hacia el cuenco de los panecillos y engulló uno con una expresión de total y absoluta satisfacción, y un pequeño brillo de triunfo en su mirada, que sin lugar a dudas iba dirigido hacia su madre.

La comida transcurrió sin grandes ni extraordinarios incidentes. Charlie y Arthurd Weasley habían estado hablando casi la mayoría de lo que llevaban de comida entre ellos sobre la política del ministerio de magia. Fred y George habían contado varias anécdotas sobre su vida en "la ciudad" (la independencia parecía ser la salvación para ellos) todas acompañadas por la ceñuda mirada de una Molly que no para de murmurar cosas parecidas a "como en casa en ningún sitio" y que, sin lugar a dudas, y aunque se empeñara en negarlo, no le gustaba nada que sus dos revoltosos hijos viviesen lejos de su protección maternal, e hiciesen dios-sabe-qué-cosas estando solos en el callejón Diagón, administrando un negocio de artículos de broma que ella totalmente desaprobaba, y experimentando con mejunjes nunca antes estudiados (estaba convencida de que su piso debía de ser un laboratorio de pruebas para sus productos, pues en su etapa de comienzo, cuando aún vivían en La Madriguera, su cuarto constantemente era invadido por extraños olores, pegotes de sustancias extrañas en las paredes y, al menos dos veces por semana, una gran explosión, que hacía que la ya de por si inestable casa temblara furiosamente, y que se llenara de un denso humo que dejaba un olor a pollo quemado)

A Harry le interrogaron sobre su viaje, Molly Weasley con un aura de preocupación y esquiva curiosidad. El resto se había dedicado a hacer bromas sobre su estancia con sus nuevos grandes amigos, y Ginny se había encargado de la parte de cambiar de tema cuando el mismo ya estaba demasiado explotado. Comenzó preguntando a la señora Weasley sobre Bill y Fleur, y su estancia en Francia, entablando relaciones familiares con todos los parientes de la semi-veela posibles. Pues desde su boda, hacía ya dos largos años, Bill nunca había vuelto a ver a parientes de Fleur, exceptuando sus padres y su hermana Gabrielle.

Al final, extrañamente, el tema derivó al color de la habitación de Ron.

-Estaba pensando en cambiar el color de las paredes, Ronnie-comentó la señora Weasley, llevándose a la boca un trozo de carne. Ron tragó deprisa, negando frenéticamente con la cabeza.

-¡Mamá! Mi habitación es perfecta como está. Tan…

-¿Naranja?-contribuyó Harry, y Ron sonrió y asintió, orgulloso.

-¡Ronald! Haz caso a mamá-comenzó Gin, mirando a su hermano con el entrecejo fruncido. El pelirrojo miró asombrado a su hermana-¿Sabes? La podrías pintar de blanco. El blanco hace parecer más grande un espacio, y tu habitación es bastante reducida…

-¡Ginevra!-exclamó, con toda la intención del mundo de hacer callar a su hermana, y lanzándole una mirada que totalmente significaba "¿vas a estar del lado de mamá?"

-¡Ronald Bilius!

-¡Niños!-gritó la señora Weasley, callando a los hermanos pelirrojos-Ronnie¿crees que trabajando para el Pudmeled United tener tu habitación llena de pósteres de los Chudley Cannons y pintada de un color naranja chillón es adecuado?

-Además que hace daño a los ojos cuando entras después de subir las oscuras escaleras…

-¡Bah!-musitó Ron, terminando su estofado y sin siquiera lanzar una mirada de reojo a su hermana tras su comentario-Soy guardián suplente, mamá. Me da exactamente igual. La habitación no se va a cambiar, y punto.

Y Harry, que había estado observando toda la escena, al igual que el resto de la mesa, sonrió. Era cierto que le daba la razón a Molly y a Ginny, pero no pensaba decírselo a Ron. Un sentimiento de calidez atrapó su estómago cuando la señora Weasley recogió su plato, y le dio las gracias por la comida. Su cálida sonrisa. Todo le brindó un especial sentimiento, un sentimiento de estar en casa, con las personas más cercanas, las que no fingían delante suyo.

-¿Sabes, Ronnie-Roo?-comenzó a susurrar George, con una sonrisa pícara, asegurándose de que su madre estuviese ocupada con Ginny en la cocina, y que su padre siguiese la charla con su hermano mayor.

-Nuestra adorada madre está preocupada-continuó Fred, poniendo una expresión de drástica pena, y totalmente fingida. Ron bufó, y frunció el ceño.

-¿Qué diablos pasa ahora?-preguntó-¿Algo conmigo?

-Oh, Ronnie, siempre tan astuto-comentaron los gemelos al unísono. Harry y Ron intercambiaron una mirada confusa, y el primero se encogió de hombros-Resulta que mamá está nerviosa porque sabe algo que tú crees que no sabe y está muriendo por contarte que lo sabe. En realidad creemos que se está muriendo porque de una vez se lo anuncies.

El moreno abrió los ojos de par en par, imaginándose en que podía estar metido su mejor amigo. Sin embargo la expresión de Ron no daba lugar a dudas de que no entendía de que hablaban sus hermanos. De repente, un plato con una porción de tarta fue depositado delante del menor pelirrojo, sobresaltando al grupo.

-¿Qué tramáis vosotros cuatro?-inquirió la más joven del clan Weasley, guiando con la varita tres platos más hacia Harry, Fred y George. Molly Weasley había sido abordada por su marido, y ambos se habían alejado un poco del grupo, hablando de algún tema que ellos parecían querer mantener en secreto a sus hijos.

-Estábamos interrogando a Ron sobre su secretito, Ginny.

-¡Ah!-exclamó Ginny, y se llevó un trozo de tarta de chocolate a la boca, sonriendo plácidamente.

-¿Secretito?-inquirió Harry, mirando ceñudo a Ron. Ron negó.

-No sé de que demonios estáis…

-¿Pasa algo que no pueda saber el viejo de Charlie?-comentó el mismo, sentándose al lado de los gemelos.

-Para nada, Char-dijeron los gemelos al unísono.

-¡Estábamos hablando de la novia de Ronald!-exclamó la hermana menor, completamente feliz y lamiendo su cuchara por detrás.

-¡¡¡QUÉ!!!-exclamó Ron.

-Ah, bueno, si era eso creo que subiré a mi cuarto a…

-Espera, Ron¿tienes novia y no me lo habías dicho?

-Oh, Ronnie-Roo, no se lo has contado a…

-¡¡¡Pero yo no tengo ninguna no-no… novia!!!

Todos los hermanos pelirrojos le miraron durante unos segundos, y luego soltaron una carcajada. La señora Weasley volvió de hablar con su marido.

-Vuestro padre ha tenido que volver al ministerio-informó. Y luego observó con ojo clínico la estampa. Ginny sonreía maliciosamente, Fred y George miraban de una forma extraña que no supo descifrar. Charlie se levantó, sonriendo, y le dio unas palmaditas a Ron en la espalda, antes de pasar al lado de su ceñuda madre y subir las escaleras rumbo a su cuarto. Para colmo, Harry miraba desconcertado a su hijo, y su hijo varón menor tenía las mejillas sonrosadas y la cara blanco tiza, lo que hacía que el sonrojo se acentuase.

-¿Se puede saber que pasa aquí¿Qué le habéis hecho a Ron?-preguntó Molly Weasley, acercándose a sus cuatro hijos y al moreno. Ginny rió.

-Mamá, dile a Ron que lo sabemos. Dile a Ron que sabemos lo de su noviazgo secreto-pidió Ginny, acentuando su sonrisa cuando vio a Ron tornarse más blanco aún. La mujer de repente cambió drásticamente su expresión, y una mueca de disgusto cruzó su rostro.

Ron estaba totalmente avergonzado.

-Hijo¡deberías habérmelo dicho! Esas cosas no se ocultan a una madre…

-Bueno, mamá, esas cosas son precisamente las que se ocultan a una madre-añadió George, y Fred asintió tras él.

-¡Mamá!-gritó de repente Ron, fijando sus ojos azules en ella-¡Yo no tengo ninguna novia! Pero estos imbéciles no me quieren creer-. Ginny terminó su tarta, se levantó y se alejó con aires dignos, lanzándole una mortífera mirada a su hermano.

-¿Cómo¿Ah?…-comenzó la señora Weasley, algo descolocada. Ron giró la cabeza sin mirar a sus hermanos, que reían.-¡Oh! Esto… bueno… ¡Fred, George¿No teníais que estar en la tienda a las tres¡Son ya las tres y cinco! Anda, anda, marchaos ya.

El intento desesperado de la señora Weasley por cambiar de tema pareció dar resultado. Los gemelos echaron una mirada al reloj de la cocina, el del cuco, y se levantaron rápidamente.

-¡Gracias mamá!-. Se despidieron con una reverencia que fue correspondida por Harry, y que le hizo reír divertido. Luego le plantaron un beso cada uno en una de las mejillas de la señora Weasley, y acto seguido desaparecieron.

-Harry, cariño, sal al jardín un rato. Seguramente no has visto mucho verde en todo este tiempo. Las montañas son rocosas¿cierto?

Harry decidió asintir, aún siendo mentira (en las montañas había bastante bosque verde) y él y Ron se levantaron. Sería la oportunidad perfecta para preguntarle a su amigo. Cuando Ron pasó al lado de su madre, está le lanzó una mirada indescifrable para Harry, y Ron tragó fuerte.

El jardín de La Madriguera no había cambiado. Harry solo recordaba una situación en la que la hierba estaba cortada a su nivel, y los gnomos no campaban por los matorrales y corrían hasta la valla. Fue precisamente en la boda de Bill y Fleur, en la que el jardín y la casa de los Weasley se engalanó de arriba abajo para complacer a los franceses.

Ron empezó a tirarle piedras a los gnomos, que empezaron a chillar palabras en su lengua, que por el tono seguramente eran insultos, pero de los gordos. El pelirrojo quería pagar su frustración con ellos.

-Oye, Ron¿Es verdad que no tienes novia?-preguntó de repente Harry. Se escuchó un golpe seco, y un gnomo cayó aturdido por una pedrada en la cabeza.

Ron suspiró-¡No tengo! A ti te lo contaría. No se tampoco con quien se imaginan que puedo salir yo…

Una brisa fría se cruzó entre ambos.

-Seguramente con la misma persona que yo me imagino-comentó Harry, medio sonriendo. Ron le miró, y negó con la cabeza.

-No, tú llevas ventaja. Tú lo sabes todo.

-¿Y quién te dice a ti que Ginny no lo sepa?

Ron se paró, bajando el brazo medio alzado donde tenía otra piedra para lanzar. Los gnomos aprovecharon para escabullirse más lejos del pelirrojo.

-¡Oh, mierda!-fue todo lo que pudo musitar, antes que, con una mezcla de enfado y temor, otro gnomo cayese derribado al suelo.

O.O.O.O.O.O.O

Hermione llevaba como una hora en la terraza de su apartamento, sentada en una silla de plástico. El plato de comida se había esfumado hacia ya tres cuartos de hora, y ahora una gran taza de café caliente y humeante descansaba en su mano derecha, mientras aguantaba una mirada perdida entre las azoteas de alrededor.

Había estado bastante rato reprochándose lo del "Caso Potter", y para ser sinceros, en ese preciso momento le estaba dando a su cerebro un descanso. Y le era necesario.

Sobre la una había recibido una carta vía lechuza. En ella lo primero que distinguió fue que venía de "Corazón de bruja". Por unos instantes deseó que la hubiesen despedido, pero cuando leyó su contenido no pudo sentirse más defraudada.

Melinda Collintong se había tomado la molestia de escribirle todos y cada uno de los lugares donde merodeaba Harry Potter cada día. Todos eran lugares públicos, bares, cafeterías, su restaurante preferido. Las calles que más frecuentaba por el mundo muggle. El Callejón Diagón, que según había oído no estaba escondido muy lejos de donde ella vivía.

Y luego, abrió notablemente los ojos al encontrarse con un lugar llamado La Madriguera. Al parecer por lo detallada que era Melinda, pretendía que fuese allí. Leyó que La Madriguera era el hogar del mejor amigo de Harry Potter.

Se encontraba totalmente consternada. ¡Ni loca se iba a adentrar en una propiedad privada!

No era su estilo. No era su casa. No pensaba espiarle mientras pasaba un rato divertido con sus amigos. No, no. Ella no. Una cosa era hacerle alguna que otra fotografía furtiva por la calle, pero no cuando estaba en su más completa intimidad.

Hermione le dio un sorbo a su café, e hizo un movimiento con su varita. Segundos después un bote de leche condensada se deslizaba hacia ella desde la cocina.

Echó una buena cantidad en su café, y volvió a beber.

Necesitaba un par de horas de tranquilidad antes de sumergirse mañana temprano en su personal y repugnante misión.

Repugnante.

Sonrió irónicamente, volviendo a sentir el sabor dulzón mezclado con el agrio café en su garganta.

Delicioso.

O.O.O.O.O.O.O

¡Ya he vuelto!

Bueno, empecemos para que no me maten. Cosa número uno: capítulo que no aporta apenas nada XD. Prometo que en el siguiente por fin se verá algo de interacción Harry y Hermione. Y también prometo que meteré a nuestra lunática favorita.

Sobre lo de la muchacha que le gusta a Ron… bueno, creo que es obvio quien va a ser, sobretodo considerando mis parejas prioritarias.

Sobre la cámara de fotos… Google tiene la culpa! Metí en Google cámara de fotos profesional y me salieron varias, pero como la marca Nikon es famosa, y nose.. la elegí a voleo! Le quité unos numeritos que llevaba (creo que se llamaba Nikon Coolpix 5700) pero de todas formas, el modelo de la cámara no es importante, cierto? Sólo quería demostrar que Hermione si es una profesional. A de más, cuando escribo sobre temas que no conozco mucho, en vez inventarme, busco información. Google es lo que tiene :p

Sobre Ron y Harry: quería que se viese su profunda relación. AMO esa amistad de sobremanera. Son geniales juntos.

Ahora, la relación de Harry y Ginny. Debo decir que yo no tengo nada en contra de Ginny. A mí es un personaje que me encanta hasta que JK la convirtió en una especie de femme fatale. La Ginny de mi historia va a tener un poco de eso, porque yo la considero más atrevida que Hermione o Luna, pero no en el estilo de JK. Quiero decir, es una chica bonita, y habrá alguno que esté detrás de ella, pero nunca llegará a ser tan presuntuosa ni nada por el estilo. Y no pienso escribir que Ginny y Harry se llevan mal, porque yo no quiero que se lleven mal. Además, la pareja de Ginny ya la tengo clara desde el principio, y de quien se trata también. Si van a mi profile y leen todo el tocho ese que he escrito se darán cuenta rápido de quien es mi pareja para Ginny, que va a ser su pareja en este fic. Y luego ya si les gusta o no podéis decidirlo vosotros.

Aclaración: Ginny está estudiando medimagia. Ese es un punto importante para los siguientes capítulos y la trama del fanfic. De todas formas en los próximos capítulos hablaré del tema. Supongo que en el siguiente alguna escena en San Mungo se dejará caer :D O a lo sumo en el cuarto.

¡Gracias por todos sus reviews! Saben perfectamente que me prohíbe respondérselos aquí. Ahora mismo no puedo responderles personalmente, pero me dejaron muchos más de los que esperaba! Y bueno, si van a mi profile (clic en mi nickname, arriba) y se meten en mi Homepage, irán directitos a un blog que me he creado para responderles allí los reviews, y algunas cosas más :D agradecería mucho si se pasasen por allí.

Lo malo de esto es, como digo siempre, que cuantos más te siguen, más puedes decepcionar. Y la verdad es que me sabría fatal si decepcionase a alguien, o aburriese, o simplemente no gustase.

Espero de todo corazón que eso nunca ocurra (LL

Nos leemos:

Elen ·