Hallo! =D Aquí otro capítulo.

Estoy bastante contenta por la aceptación de este fic, no imaginé que recibiría 5 reviews, me han hecho bastante feliz, y si soy feliz escribo rápido XD

Además me enteré ayer de que ya viene la ova de sex pistols *__* y tuve la suerte de ver el tráiler ;O;, ahora soy más felíz XD

Las mismas advertencias de siempre, malas palabras, y en este capítulo, mucha violencia escolar hacia cierto inglesito, y sangre, mucha sangre (mentira!)

Respuesta de los reviews abajo!

Hetalia no me pertenece ;_; para mi desgracia, y Let Dai tampoco, son de sus respectivos creadores y yo solo fantaseo y asusto a la gente



Una semana había pasado ya después del incidente. El otoño se acercaba, las hojas secas desnudaban los árboles antes frondosos y cubrían las veredas por las cuales los escolares transitaban, conversando, en el bullicio típico de la juventud.

Arthur guardó el móvil en el bolsillo de la chaqueta del uniforme, antes de acomodarse la bufanda en torno al cuello.

-¡Oye tú!

No tuvo tiempo de reaccionar, un sujeto ya, estaba sujetándolo del cuello. Los ojos verdes se abrieron, era el asiático, el sujeto de la noche del asalto hacia el chico rubio.

-¡Déjame!-le espetó, empujándolo a un lado. Reconoció también al rubio corpulento, y a otro sujeto igual de alto pero de piel oscura y rasgos exóticos.

-Sshh ''princesa'', no hagas problemas o tendremos que llevarte inconsciente- advirtió el rubio, encajando su puño en el vientre plano de Arthur, que se retorció , escupiendo saliva y mirándole por debajo de sus cejas espesas, con molestia.

-¿Qué no escuchaste, mierda?-el asiático lo tomó del cuello de la camisa, parecía ser el más pesado del grupo, siempre estaba metiendo cizaña y tratándolo como basura- ¡vamos ya porque Alfred quiere verte!


-Cof cof-el rubiecito escupía sangre, tosiendo, sujetándose el abdomen, de rodillas en el suelo con el uniforme escolar minutos antes, limpio, ahora lleno de tierra y sangre, con dos botones de la camisa arrancados que habían ido a parar al suelo debido al tirón que se dio al caer súbitamente a este por los golpes.

Arthur tembló, lamentándose por su suerte. Se cubrió el rostro blanco con ambos brazos, recibiendo patadas de parte del moreno y del asiático, que lo golpeaban sin asco, moviéndolo de un lado a otro sobre el piso.

Los golpes se detuvieron de pronto y el inglés se preguntó porqué, con la respiración agitada y sin dejar el susto de lado abrió sus ojos verdes, frente a él, de pie, el muchacho de la tienda.

Llevaba el uniforme de una escuela privada, para chicos, la más cara de la ciudad supo, al adivinar las fachas del recién llegado. El cabello rubio le caía sobre el rostro, liso y despeinado, las cejas del mismo color, los ojos arrebatadoramente celestes y severos, la boca vuelta en una sonrisa despectiva. Era alto y delgado, atlético. Atractivo a su modo, con esa hermosura salvaje que puede poseer una bestia. Un cigarrillo se deslizaba en sus labios rosados, y se acercó a Arthur decididamente.

-Te has resistido ¿no?..-cuestionó, agachándose a la altura del cejudo, para tomar su delicado mentón, cubierto de sangre y polvo, alzándolo con los dedos de manera suave. De modo que el rostro de ambos quedara casi a escasos centímetros.

Los verdes ojos de Arthur temblaban, llenos de lágrimas que se negaba a derramar. Su nariz pequeña y respingada estaba roja, húmeda también, al igual que su boca llena de sangre, fruncida en un gesto de dolor.

Era un mocoso después de todo. Un inglesito obediente que desconocía de peleas y de buscar problemas.

Alfred lo tomó del cuello destartalado de la camisa, para alzarlo y lanzarlo bruscamente al suelo, provocando que el chiquillo volviera a gemir de dolor y a revolcarse.

-¡Contesta cuando te hablo!- habló, pateando en un costado a Arthur que tosió, escupiendo sangre.

De pronto fue alzado nuevamente, su mirada de terror se clavó en el asiático que lo miraba con sorna, le encajó un puño en el rostro y Arthur pensó que se moriría de la vergüenza de ser golpeado hasta el cansancio.

-¿Ves lo que pasa cuando te metes con los de la Saint Rudolph?-le dijo- ¡aprende bien ese nombre! ¡para que sepas la próxima vez que con nosotros no se jode!-escupió- y todo por ese marica imbécil de Nor Väinämöinen, esa perra idiota, lo vamos a matar también, así que de nada te habrá servido protegerlo

¿Nor Väinämöinen?, pensó el ojiverde, aún en el suelo. ¿El hermano de Tino? ¿Ese muchacho, atacado aquella noche, era ni más ni menos que el hermano mayor de Tino? Apretó los ojos, ahora entendía porque su rostro se le había hecho tan familiar, esa tarde, en el fast food. El chico probablemente había tratado de evadirlo, por el miedo o por no preocupar a Tino.

Volvieron a golpearlo, entre los tres ahora. Alfred, alejado de la escena por pasos, observaba impasible y aparentemente aburrido la masacre. El cigarrillo delgado y blanco deslizándose sobre sus labios.

-Ya es suficiente- dijo, y se acercó, desabrochándose la chaqueta oscura del uniforme, quitándose la corbata para dejarla caer a un costado, mostrando la camisa blanca a medio abrir.

''Tengo miedo''

Pensó Arthur, a punto de largar a llorar. No podía decir a ciencia cierta que parte del cuerpo le dolía menos. Se sentía atacado y herido, no solo físicamente sino en su orgullo también, golpeado por esos bastardos que se creían rudos solo porque iban a joder a los chicos más pequeños. Si lo iban a matar era mejor que lo hicieran ya, y que no se burlaran de él jugando de esa forma.

Alfred hurgó sus pantalones. Extrajo una navaja roja , larga y brillante. La desenvainó con maestría propia de un rufián acostumbrado a esas ''artes''. Y alzándola sobre su pecho desnudo, logró un corte limpio, largo y profundo. Ante la mueca desencajada de Arthur, el americano, acababa de cortarse a sí mismo.

El olor a sangre logró que Arthur se convulsionara en arcadas, amenazando con vomitar, más tuvo que contenerse porque en ese instante, sus mechones amarillos fueron tomados en asalto por la mano de Alfred que se cerró en torno a ellos. Su rostro fue alzado y Alfred le mostró su pecho sangrante y expuesto sin pudor.

-Límpialo- le dijo, claro y conciso- hazlo con la lengua

Arthur, mareado y demasiado shockeado como para replicar. Se alzó con simpleza, de rodillas frente al pecho del rubio. Sus dedos blancos y pequeños colocándose sobre el pecho desnudo del otro. Era firme y cálido, de piel blanca pero más oscura que la propia.

Como un esclavo atendiendo a su amo, como un perro lamiendo las heridas de la mano que le alimenta.

La lengua del inglés se deslizó tímidamente por el surco de carne abierta, provista de sangre. El olor a óxido, a carne abierta, le inundó las fosas nasales pero contrario a lo que pensaba, no fue asqueroso del todo.

El sabor salado bailó sobre su lengua. Y Arthur en un gesto bastante atrevido debido a las condiciones, se atrevió a alzar los ojos verdes, encontrándose con los celestes de Alfred, que lo miraba sin expresión.

Tragó la sangre y de pronto el americano lo separó con brusquedad, de un empujón, pero sujetando su camisa sucia de modo que no pudiese alejarse a pesar del manotazo.

Alfred observó su rostro con cuidado. Las cejas grandes pero que de alguna extraña manera encajaban en ese rostro pequeño y delicado. Los labios de Arthur temblaban, rojos, por la sangre que había arrojado con los golpes, y la sangre que segundos antes había lamido de su pecho.

El inglés soltó un suspiro ahogado, cuando sus labios y los del vándalo se juntaron en un casto beso. Apenas un roce. Las pieles sensibles tocándose. Los ojos verdes llenos de lágrimas abiertos de par en par, los celestes con una determinación que asustó al contrario. La mano ciñéndose en el suave cabello amarillo, como si atrapase un animalito, de modo que Arthur no pudiese separarse aunque lo intentara.

El calor se apartó de pronto y de manera brusca, aún sin soltarlo, ya separados, Alfred volvió a echar un vistazo. Las mejillas teñidas de carmín, como una virgen a la cual acaban de robarle su primer beso y tal vez así era.

Lo soltó, y Arthur cayó pesadamente contra el piso, como un costal de papas desplomándose sobre la tierra.

Sacó un nuevo cigarrillo y se lo colocó en la boca, encendiéndolo para luego mirar al trío que parecían hienas hambrientas de sangre- háganlo-les dijo, ignorando el silencio que se había formado después de la acción tan poco usual en el ''lider''.

El moreno, alto, tomó a Arthur del saco del uniforme, alzándolo para colocar sus manos en la hebilla de la correa, tratando de sacarla con éxito. Los ojos verdes de Arthur se humedecieron aún más, sacó fuerzas de donde no tenía para moverse como un conejo asustado, agitándose, tratando de que no continuara- ¡No! –miró a Alfred- ¡no dejes que lo hagan!-dijo, más el americano se limitó a darle la espalda, dejando que el viento despeinara su cabello y se llevara la estela de humo que dejaba el tabaco.

Fue colocado en el suelo y despojado de su camisa, dejando a la vista el pecho blanco y algo marcado. El rubio holandés sonrió con sorna, antes de encender un cigarrillo e iniciar la ''prueba de dolor''.

Arthur soportó en dura agonía.

Las cenizas calientes de los cigarrillos, hundiéndose en su piel, poco a poco, el olor a carne quemada, el dolor punzante de los poros siendo destrozados, del calor inundando y penetrando su cuerpo, las quemaduras expandiéndose por todo su pecho.

Parecían disfrutarlo, sonriendo y soltando carcajadas cada vez que su cuerpo se agitaba en algún espasmo, cuando otro cigarrillo iba a parar en su piel marcada y mancillada.

''Tino ayúdame'', pensó, en el rostro sonriente de su novio, en él, en la boína blanca que le quedaba como los dioses, en su sonrisa limpia e inocente. Si pensaba en Tino, el dolor se iba, podía soportarlo, se repetía, si lograba vencer el dolor les ganaba, si no podían arrancarle un grito, o una lágrima, se aburrirían y lo dejarían.

-Vaya-al final Im tuvo que admitirlo, el muchacho no había gritado ni una sola vez, los cigarrillos habían sido en vano, también los golpes. El bastardo simplemente resistía, mordiéndose la lengua tal vez, los gritos que seguro arañaban por salir.

De pronto los tres se apartaron, dejando a Arthur tendido en el suelo, con los ojos verdes idos, la camisa abierta, la piel lacerada, los labios rojos como la sangre, pero su orgullo recuperado. La derrota en aquellos tres pares de ojos.

-Lo has hecho bien-murmuró finalmente el holandés, dando paso a Alfred, que se acercó a paso calmo, colocando sus piernas por sobre los muslos del rubio que seguía extendido.

-Eres mío-murmuró, golpeando con su violencia brutal al rubio de ojos verdes, antes de alejarse, dejando a Arthur desesperado, marcado para siempre.

El golpe lo aturdió un poco. Le había pateado la nuca, alejándolo.

Escuchó los pasos desapareciendo. El viento meció su cuerpo herido y las palabras resonaban una y otra vez ''eres mío, eres mío, eres mío'' había dicho él, lo había besado, lo había golpeado, había tomado su orgullo para arrojarlo al suelo y pisarlo.

-Alfred…Alfred…-llamó sin voz, sujetándose el pecho que dolía, lágrimas calientes deslizándose por las mejillas rojas, antes de largar a llorar con todas sus fuerzas.


-Arthur está enfermo- soltó de pronto Tino, enfundado en unos pantaloncillos sueltos, clavando sus ojos violetas en los celestes de su hermano que permanecía secando su cabello con una toalla sobre los hombros desnudos, mirándolo con infinita paciencia.

-Tonto, ¿estuviste tres horas haciendo una cola en el cine para que cancelara?

-¡Niichan! Arthur jamás haría algo así, no lo conoces- de pronto los ojos violetas brillaron, con la ilusión de una quinciañera enamorada- Arthur es tan geniaaaal, es realmente lindo, lindo lindo, si no puede ir es porque realmente algo malo ha pasado ¿sabes? Arthur no es de esa manera, niichan, nunca me mentiría.

Se deslizó hasta la alfombra de color oscuro, recostándose sobre un almohadón para mover las delgadas piernas por sobre su cuerpo, boca abajo, sin dejar de mirar al rubio mayor.

-Nee niichan ¿porqué estás tan serio?- Tino dio un giro, colocándose boca arriba ahora, el cabello rubio esparciéndose sobre el piso, los ojos violetas mirándolo fijamente.

Nor esquivó la mirada, sintiéndose súbitamente culpable, por pensar en ese muchacho, en Arthur Kirkland, por traicionar a su hermano con el solo pensamiento, sabiendo bien que las circunstancias eran injustas y que Tino lo había conocido primero.

Si sabía todo eso ¿por qué demonios no podía sacarlo de su mente?

-Arthur tiene-comenzó nuevamente Tino, con esa extraña habilidad que poseía, para no dejar de hablar sin cansancio- unas manos realmente preciosas, son largas, blancas, delicadas ¿imaginas ser abrazado por esas manos?-murmuró con aire soñador, perdido en sus pensamientos, con su simpleza sinceridad que lo hacía aún más ingenuo- A Arthur yo…

Las palabras se quedaron en el aire, el cuerpo del noruego reposaba ahora sobre el de él, abrazándose fuertemente a su cuello, asustando un poco a Tino por el repentino movimiento que tuvo un dejo de desesperación pero que prefirió ignorar.

-¿Niichan?

Tino, perdóname, perdóname

-Niichan me estás asustando-murmuró bajito el finlandés, palmeándole la espalda, sorprendido por el repentino gesto de afecto que su hermano le regalaba.

Perdóname por enamorarme de Arthur



El jovencito de ojos verdes se reclinó sobre una de las bancas. Después de correr veinte vueltas alrededor de la pista de atletismo, sentía como el corazón le latía desbocado y las piernas temblaban.

Las heridas se habían curado ya, sorprendiendo incluso a Arthur que se había preocupado porque mamá no las descubriera y le echara la lata del porqué andaba metiéndose en peleas y dejando que lo trataran como a un trapo.

Se echó una toalla húmeda tras la nuca, estirando las piernas para evitar un calambre. A su alrededor los miembros del club de atletismo cuchicheaban.

-¿Has escuchado? Al líder de la pandilla de la secundaria Shibukawa, le han roto todos los dientes, y a los demás integrantes les han dado una paliza

-¡Bromeas!-añadió otro chico, cuya voz era algo chillona.

-Es en serio, al parecer fueron los de la Saint Rudolph

Un gemido de sorpresa colectivo se dejó escuchar, al sólo oír el ''temible'' nombre, en silencio, y sin necesidad de palabras, todos sabían ya de quien se trataba.

Arthur se tensó al escuchar aquella simple oración, mordió sus labios y un calor extraño le quemó desde el estómago hasta el pecho, al tiempo en que la toalla resbalaba de su nuca hacia el suelo.

''¿Porqué tengo que seguir pensando en eso?, no me importa, no me importa Alfred, ni esos mocosos, ni nada de lo que sucedió esa tarde''.

Sacudió la cabeza con fuerza, gruñendo a sí mismo, ocasionando que algunos de los chicos que entrenaban se alejaran, murmurando que todos los ingleses estaban locos.

Se sujetó el pecho con el rostro descompuesto, antes de tomar la toalla que reposaba sobre el pavimento y dirigirse hacia los vestuarios masculinos.


-Aahh tengo ganas de ir por ramen picante a la estación, en serio Arthur, te lo digo…-Taro hablaba sin parar, Arthur alzó los ojos claros al cielo, era naranja, con tonos rojos y algunas avecitas revoloteaban la zona, repasó mentalmente lo que debía hacer: tomar una ducha, deberes, llamar a Tino, preparar la cena…

-Oye ¿qué hace aquí ese extranjero?, pensé que eras el único en toda la escuela, y ¡mírale la facha! ¿qué se cree?

Arthur tardó en reaccionar a las palabras, no supo si porque Taro hablaba tan rápido que era casi imposible seguirle el ritmo a pesar de vivir en Japón por muchos años y hablar un japonés aceptable, o si por el hecho de lo que esas palabras significaban.

Y lo vio ahí.

Alto, desenfadado, con una chaqueta de piel de color café, el cabello despeinado y rubio, luciendo exactamente como un yankee, como un bravucón elegante.

Alfred F. Jones estaba ahí.

Alfred F. Jones había girado sus espectaculares y aterradores ojos celestes para clavarlos en su presencia.

Se sonrojó inevitablemente, y frunció las cejas en señal de fastidio por su estúpida reacción que arrancó del otro una sonrisa burlona.

-¡Lo siento Taro! ¡Tengo que irme! Ha surgido algo- gritó, mientras tomaba su mochila, trotaba sobre sus zapatos deportivos, le daba la espalda a todo lo que era difícil de entender y largaba a correr en dirección opuesta al americano, lo más lejos posible.

El aire era pesado, el cabello rubio se agitaba y Arthur no podía adivinar si corría de Alfred o si de él mismo.


Las piernas le dolían y los pies quemaban, no llevaba la cuenta ya de cuantas calles había recorrido a pie y sin bajar la velocidad, el sudor le bajaba por las sienes.

En ese momento, recordó a Nor, al hermano de Tino, y las palabras que Im Yong Soo había pronunciado aquella noche.

''También lo mataremos''

¿Estaría el chico en la misma situación? ¿Alfred le habría hecho las mismas terribles cosas? ¿lo habría besad..?

Llegó a un teléfono público, pues había olvidado el móvil en casa y marcó con rapidez el número de memoria.

-Arthurrrr…-la melodiosa e infantil voz de Tino se escuchó tras el auricular- ¡Ya estaba extrañándote!-al otro lado de la ciudad, el pequeño sonreía sonrojado, emocionado, de rodillas al lado del teléfono, sosteniendo entre sus manos con nerviosismo un cojín que estrujaba entre los dedos, imaginando que la llamada del inglés era para compensarlo por lo del otro día, o simplemente para que salieran a tontear por ahí como siempre.

-Eh- Arthur tomó una bocanada de aire, relajándose- ¿Tu hermano está ahí, Tino? ¿Nor? Necesito hablar con él, por favor ponlo al teléfono.

El cojín cayó de las manos del finlandés, y se quedó mudo por unos segundos, como si lo hubiesen abofeteado, con los labios entreabiertos y con el cuerpo frío. Una punzada de celos, de extrañeza, de sentirse ajeno al que le hablaba lo invadió.

-No está-dijo con simpleza, entrecerrando los ojos y sintiendo asco por aquellos sentimientos que se anidaban en su pecho.

El cejudo resopló- tengo que irme- y sin más cortó la comunicación, apoyándose sobre sus rodillas cubiertas por el uniforme escolar.

Nervioso, y sin saber bien como planear su siguiente movimiento, corrió a lo largo de la calle, hasta que el peso de un cuerpo, y la coalición de ambos lo hizo detenerse abruptamente, a punto de caer al suelo, más unas manos suaves y blancas lo detuvieron por la cintura.

El de ojos verdes gimió con sorpresa, y enfocó el rostro preocupado de Nor Väinämöinen, con el cabello rubio apartado por el ya conocido adorno de cruz, y los ojos celestes, limpios e inocentes , mirándolo.

Al notar la cercanía de los cuerpos, y la posición, Arthur se sonrojó como un tomate, y no atinó a más que a empujar al chico que vio con una gota en la cabeza, como el cejudo hiperventilaba con los ojos en blanco.

-Yo…-apenas podía hablar por la carrera- te estaba buscando Nor

-Ya veo-habló el noruego, dirigiéndose hacia una banca, Arthur siguiéndolo a sus espaldas, ambos sabiendo exactamente ya, de qué iba la charla.

-Así que lo has vuelto a ver

-Yo ¿ah?-el inglés se sorprendió de la percepción del otro, como si hubiese leído sus pensamientos, o es que porsiacaso, era tan obvio.

-Alfred, él, ha vuelto a golpearme- dijo con franqueza, su estúpido orgullo haciéndose a un lado en ese momento, puesto que con el hermano de Tino, no necesitaba comprobar nada- ellos me buscaron, me llevaron a un descampado y me golpearon hasta cansarse- omitió el detalle del beso, y de la sangre en el pecho del otro- dijeron que iban a hacerte lo mismo, por eso yo, me preocupé- sus mejillas se tiñeron de rojo, su ceño estaba fruncido, como un niño que no quiere admitir algo que es obvio.

-Tonto- soltó con suavidad, sin ganas de reprenderle- Arthur, no tienes que hacerte el fuerte, si es por Tino, no le voy a contar nada- agregó, apartándole el cabello del rostro al chico. El corazón del noruego latió desbocado tan sólo al sentir la cercanía de esa piel tan caliente y rosada en sus dedos pálidos

''Contrólate, contrólate''

-No tienes que defenderme, ya estoy grande- sonrió con simpatía al cejudo que se negaba a mirarlo, aún rojo y sudado- esos mocosos no van a hacerme nada, estoy en un nivel más que ellos, ya soy un estudiante universitario y no pueden hacer más que robarme mi billetera, eres tú el que debería tener cuidado, ese tipo…

-Uhm tú, no le digas nada a Tino ¿por favor?

Se quedó perdido por un momento en aquellos ojos verdes, tan profundos, tan limpios, sonrió con tristeza, tan inalcanzables.

Sacudió el cabello rubio del inglés, antes de ponerse de pie- no te preocupes.

Un extraño vacío se apoderó de Arthur mientras lo veía partir. Toda aquella situación lo estaba enfermando.


-Maldita lluvia- masculló el inglés, quitándose la chaqueta para cubrir su cabeza de la constante llovizna que los empapaba en ese momento.

Taro chasqueó la lengua- por eso te dije que era mala idea venir al centro, nos hubiésemos quedado en aquella tienda de videojuegos mirando chicas lindas- dos lagrimones se deslizaron por sus ojos oscuros al tiempo en que Arthur lo miraba con poco interés.

-¡He ahí está!- la voz inconfundible de Im Yong So, distrajo a ambos jóvenes, y Arthur más que sorprenderse se molestó al reconocer al koreano, al rubio musculoso y al moreno, venían a paso lento hacia ellos, los bastardos al parecer se habían enamorado de él, puesto que parecían estar en todo momento siguiéndolo.

Fue rápido al reaccionar, no se arriesgaría a iniciar una pelea callejera, y menos a involucrar a Taro en el problema en el cual ya estaba metido hasta el cuello.

-¡Taxi Taxi!..-gritó, logrando que un auto se parara, y al notar eso, el trío emprendió la carrera rumbo al cejudo, decididos a no dejar que se escapara.

-¡Oye cejas trae tu trasero aquí maldita sea!-escuchó la tosca voz del rubio, más no pudo contestarle alguna grosería puesto que tiraba con todas sus fuerzas de Taro para que se metieran juntos en el auto ya en marcha.

Las respiraciones de ambos eran irregulares, Taro quiso preguntar, pero el auto doblaba ya la esquina y la mirada preocupada de su amigo lo hizo callar.

''Arthur está en problemas''


-Estos muchachos son unos buscapleitos aru

Soltó para sí mismo Wang Yao, secando unas copas con algo de papel absorbente, antes de girar hacia el bar lleno de licores, y de que su cola de caballo de oscuro cabello negro, se moviera con gracia.

Acababa de ingresar a una universidad pública, y con 6 hermanos a cuestas y un padre enfermo, podía considerar su único sustento, aquel trabajo como bartender en el exclusivo local de uno de los Jones.

Miró de reojo a la ''pandillita de mocosos'' como los llamaba a sus espaldas, puesto que si lo escuchaban corría el riesgo de quedarse de patitas en la calle.

Alfred Jones sentado en uno de las mesas descuidadamente, con las piernas largas y atléticas estiradas. Vestía una chaqueta de piel café, con el número 50 en la espalda. Unos vaqueros aparentemente rotos y una cinta sujetándole los cabellos rubios. El muchacho fumaba sin aparente preocupación, pero Yao sabía a la perfección que algo debía estar tramando aquel demonio.

Van, el ''holandés'' como lo llamaba, jugaba a lanzar dardos a un puntero, retando a Sadiq Annan a mejorarlo, el turco aceptaba el reto y tomaba un par de navajas para acrecentar la apuesta y volverla más peligrosa.

Im Yong Soo coqueteaba con un par de mujeres que cubrían sus vergüenzas con simples trapos que para el chino, no eran ropa para nada.

Frunció el ceño, y pensar que aquellos mocosos no excedían ni los 17 años.

-Esta juventud, aru

La puerta hizo un ruido seco, y por las escaleras de aquel bar, a pasos elegantes, bajó un muchacho de cabello rubio muy corto. El abrigo oscuro y largo cubría casi a totalidad el uniforme de alguna escuela privada de seguro carísima, dejando ver tan solo el pantalón oscuro y los zapatos de cuero. En su rostro masculino, reposaban unas gafas delicadas y estilizadas, que iban a la perfección con los ojos celestes y la nariz respingada. Su piel blanca y el tono tan claro del cabello, dejaban entrever que indudablemente era extranjero y de noble cuna.

-Berwald hum, llegas tarde- soltó Alfred, con una sonrisa indescifrable, sin cambiar su posición desde la mesa, con el gesto de un niño malcriado.

Y esa era la cerecita de la copa, Berwald Oxenstierna, hijo de un inversionista sueco, amigo de la infancia de Alfred Jones y de la familia Jones en su totalidad. Era un muchacho de 17 años, bastante alto y desarrollado para su edad, dejando incluso atrás a Alfred que no era para nada bajo. El escandinavo era la mano derecha del engreído ''gringo'', Yao jamás en su vida había visto a Alfred gritarle al sueco de la forma en que hacía con los otros tres, ni golpearlo, ni mandarlo siquiera, compartían una amistad de la infancia, y Berwald sabía recompensar todas esas excepciones con su intachable fidelidad.

No reprochaba jamás la mala conducta de Alfred, ni reprobaba sus actos que algunas veces rallaban en el libertinaje, pero tampoco participaba de ellos ni aportaba opiniones.

Todo esto, Yao lo sabía, por sus constantes chismorreos con Im Yong Soo.

-Me da miedo aruu…-tembló el chino, dándoles la espalda a todos los muchachos, si Alfred le asustaba por lo salvaje, el sueco le aterraba por lo serio y extraño, casi nunca pronunciaba palabra, y cuando lo hacía, el idioma japonés, que masticaba con acento sueco, hacían de sus frases, algo parecido a los ladridos de un perro furioso.

-¡Oye viejo! ¡danos alcoooohool!-canturreó el coreano.

Al chino se le erizaron los cabellos y volteó con una mueca furiosa- ¿viejo aru? ¿a quién diablos le llamas viejo, aruuu?-golpeó con la mano la cabeza del coreano que se quejó con lágrimas en los ojos, y las voluptuosas chicas que minutos antes le coqueteaban lo llenaron de mimos y de besos.

-¡Oye no puedes entrar aquí como si fueras el dueño, pedazo de imbécil!-la voz chillona de una mujer interrumpió la aparente ''tranquilidad''

Una chica de pechos grandes y cabello corto y rubio bajaba las escaleras algo acalorada- ¡Le dije que no podía entrar pero ha empujado a Aagnes e insiste en venir a hablar contigo ¡Alfred!- la chica rubia se hizo a un lado, al tiempo en que Nor Väinämöinen hacía acto de presencia, venía forcejeando con una muchacha de cabello rubio también, llevaba una cinta en la cabeza y sus ojos eran verdes.

Los ojos del noruego eran implacables. Celestes llenos de rencor, se clavaron en los de Alfred que alzó una ceja con maldad- ¿quién ha dejado entrar a este hijo de puta aquí?

-Alfred ¡te digo! ¡me ha empujado y se ha encaprichado en hablar contigo!- se quejó la belga, respirando agitadamente por el coraje.

El americano suspiró con molestia, entre sus manos descansaba uno de los dardos con los que minutos antes Sadiq y Van jugaban. Sin hacer mucho esfuerzo, lo alzó lanzándoselo de lleno al rostro al noruego.

Un hilo de sangre bajó por la blanca mejilla del chico, más eso pareció no amedrentarlo y por el contrario su mirada se endureció más. Sin vacilar se acercó al americano con el puño en alto, listo para asestárselo. Pero Alfred, sin inmutarse y con su usual sonrisa burlona, tomó rápidamente la frágil muñeca del noruego y la torció dolorosamente, impidiendo el golpe, para después empujarlo, provocando que se golpeara contra una mesa.

-No me meto con maricas, lárgate de aquí ahora.

-¡No te tengo miedo Alfred Jones!-gritó el muchacho desafiante, ambas mujeres rubias soltaron un gemido de sorpresa, cuchicheando entre ellas el atrevimiento del noruego por desafiar a Alfred.

-¡Esa perra le ha pegado a Alfred!-gritó el holandés, dispuesto a golpearlo sin que el jefe tuviese que ensuciarse las manos.

-¿Qué sucede? ¿es porque fuimos a molestar a tu noviecito?- agregó con cizaña el koreano, acercándose hasta el par de muchachos que se miraban con profundo odio.

-¡No!-le dijo el noruego de pronto, horrorizado ante el hecho de que lo relacionaran con Arthur, y que por su repentino ''atrevimiento'' tomaran reprimendas contra el inglés que nada había hecho más que meterse en ese lío por su culpa.

-¿Es tu novio eh?- picó el koreano- harían buena pareja, los dos son igual de metidos y de imbéciles

Nor apretó los puños con rabia, conteniendo las ganas de romperles la cara a todos y cada uno de ellos.

Berwald observaba la escena con los brazos cruzados, limitándose a ver y a no participar, pero calladamente analizaba la situación.

Alfred se puso de pie, aburrido ya de tanta idiotez y dispuesto a matar a golpes al molesto rubio que interrumpía su tranquilidad , como una mosca golpeando en su ventana, pero de pronto más pasos resonaron en las escaleras, y Arthur, envuelto en una chaqueta de color claro bajaba con rapidez, interrumpiendo en la escena.

-¿Qué haces aquí?- le preguntó a Nor, él había averiguado que aquel lugar era el escondite de los de la Saint Rudolph debido a Taro que parecía estar bien informado, pero jamás hubiese imaginado que el hermano de Tino estaría ahí.

''Maldita sea'' , pensó con angustia Nor, apretando más los puños si era posible, todos sus intentos por alejar a Arthur de aquel bastardo, se iban a la mierda en ese momento.

-Bien-Alfred sonrió, clavando sus ojos en la pequeña figura del inglés que le devolvió la mirada- te estaba esperando

Arthur exhaló fuerte, golpeándose nuevamente con la realidad, Alfred Jones lo estaba esperando. Sus ojos celestes eran lo único que podía distinguir en ese momento, en la escena, ni Nor ni los demás existían, solo aquellos ojos.

-Saquen a las mujeres- le dijo a Sadiq, que no necesitó acercarse a las chicas para que ambas salieran despavoridas. Incluso la ucraniana y la belga salieron también.

-¡Nor vete de aquí por favor!-le gritó Arthur al rubio, estaba seguro de que algo tramaban ya esos infelices, y que al noruego no le tocaría la mejor parte.

-Me voy a quedar no importa lo que digas

-¿Así que no se conocían verdad?- picó Alfred ahora, descubriendo la mentira del otro, sintiéndose extrañamente de mal humor de pronto.

Im Yong Soo tomó a Arthur del cabello, antes de empujarlo contra el suelo y patearlo. El holandés lo imitaba, y poco demoró el turco para unirse a la ''fiesta''. Wang Yao tragó saliva, haciendo de tripas corazón, para girarse sobre sí e ignorar los gritos del noruego que luchaba para defender a Arthur de la paliza.

-¡BASTA!-gritó Nor, al borde de las lágrimas- ¿qué demonios se creen? ¿los chicos rudos? ¿creen que porqué golpean niños más pequeños que ustedes, son valientes eh?-miró a Alfred con odio- ¡Tú! ¡deja a Arthur en paz! ¡solo eres una manzana podrida que buscas fastidiarle la vida a este chico cuyo único error fue cruzarse con ustedes aquella noche! ¿porqué no lo dejas en paz? ¿porqué no me dejas en paz? ¡aléjate de nosotros de una vez por todas, sucio imbécil!

La sala se quedó en silencio, y antes de que el noruego reaccionara Alfred lo había tomado por el cuello, alzándolo, cortándole la respiración- así que la ''señorita'' perra cree que soy una manzana podrida…

-¡Por favor…!-la voz pequeña y suave de Arthur lo detuvo por unos instantes- déjalo ya

Alfred soltó el cuerpo del escandinavo, dejándolo caer al suelo, y se acercó a donde Arthur estaba para tomarlo de la nuca con cuidado, pegándolo a su pecho. El rostro del inglés se hundió en el cuerpo del otro, aspiró su aroma a tabaco y colonia, abrió sus ojos sorprendidos al notar como las manos hábiles del americano le arrancaban la chaqueta y le desnudaban el torso con rapidez.

En cuestión de segundos el británico se halló medio desnudo. Fue separado con lentitud y las manos del americano se deslizaron por sobre sus pezones, apenas posándose en los pectorales, arrancándole un gemido a Arthur que no pudo contenerse ante la diferencia de temperatura de las palmas heladas del gringo con su pecho caliente.

Nor estuvo a punto de intervenir, adivinando que el maldito quería pasarse de listo con Arthur, pero primero muerto antes de dejar que algo así sucediera frente a sus ojos.

Más contrario a lo que todos pensaban, Alfred sin dejar de posar sus manos con suavidad sobre el cuerpo del inglés, soltó- Ya eres parte de nosotros- le dijo, alejándose un poco para encender un cigarrillo, dejando a Arthur aún más perplejo por sus acciones- eres parte de los de la Saint Rudolph, pasaste la prueba

El inglés no reaccionaba, aún debatiéndose en si largar a llorar como una niña o si alegrarse, fastidiarse, vomitar. Un cúmulo de sentimientos antagónicos lo inundaba, y no fue sino hasta que Alfred le alcanzó un cigarrillo, que dio en cuenta que todos lo miraban esperando su respuesta.

Tomó el cigarrillo aún medio ido y lo colocó en su boca, dando una calada que le supo a demonios, lo soltó y comenzó a toser sin control, escuchando de fondo risas, más Alfred continuaba mirándolo, sonriendo sin sonreír realmente.

-Ugh…

-Eres mío ¿no?-le dijo el americano- ya te lo dije y ahora eres parte de nosotros

-¡No! Demonios, Arthur vámonos ya-interrumpió el noruego, tomando del brazo a Arthur para jalarlo, recogiendo su chaqueta y tratando de cubrir el torso del chico. No quería escuchar aquellas palabras, no quería escuchar a ese vándalo diciéndole a Arthur que era ''suyo''. Sentía celos y coraje, y celos nuevamente y culpa por su pobre Tino que no debía ni imaginar que a su novio estaban rifándoselo como premio en aquel lugar.

-¡Pendejo de mierda es que nunca puedes cerrar la puta boca!- el holandés se acercó amenazante, ya casi colocando sus manos sobre el cuello del noruego, más Arthur aún atontado se interpuso.

-No tiene nada que ver con esto- dijo, provocando que por primera vez en aquella noche Alfred frunciera el ceño.

-Ya- el rubio de ojos celestes, golpeando con la mano una de las paredes, atrayendo la atención de todos los presentes.

- Elije ahora mismo, te vas con este puto o te quedas conmigo


Primera aclaración: Alfred no lleva lentes en este fic XDD

;__; Waaa, los dos hermanos nórdicos se disputan a Arthur, y Alfred es algo posesivo y escalofriante ¿no? , me encanta Arthur, y más aún Arthur adolescente, de hecho todos los personajes aquí son adolescentes, salvo Yao que ya debe ir por los 20 o 21 XD

Ya apareció otro personaje más, Turquía, también incluí a Bélgica , aquí ''Aagnes'' (me siento como Tino y su talento para los nombres) y Ucrania era la pechugona en el bar XDD (por cierto no sé su nombre ¿sugerencias?) , en fin, ellas serán las chicas de la pandilla de Alfred, pero salvo para una escenita, no serán muy necesarias, y por fiiiin mi adorado Su-san *_* -gritos- aún no tiene mucho protagonismo, pero Su-san será muy importante y actuará calladamente, no se preocupen

La historia comenzó a moverse y desde aquí viene la acción, y más personajes, XD Tino me da algo de pena, el pobre no pinta ni para un cuadro, pero ya verán que pronto tendrá más protagonismo, sé que su carácter es soso y hasta cierto punto demasiado tonto, pero todo tiene una razón y necesito que sea de esa forma por algún tiempo =P

Por cierto, Alfred besó a Arthur y lo obligó a lamer sangre de su pecho (¿?)

Empiezo con los reviews

Solange Alviet : ¡Hola! Gracias por darle una oportunidad a mi SuFin, estaba algo tímida acerca del lemon, porque hace mucho que no escribo uno, pero si tú lo dices confiaré XD. Y si, te doy la razón, adoro esta pareja que es bien canon (eso no quita lo interesante) y si no hay fics ¡a escribirlos! , gracias por leer este fic =P y por dejar tu opinión, ¡besos!

Bonnish: Hola, siento mucho que el fic no se haya entendido cuando lo leiste, eso se debe a la conspiración de fanfiction contra mí, jajaja, lo que pasa es que no entendía muy bien el formato, y se comía mis espacios y mis separaciones T_T ya lo edité y creo que quedó medianamente aceptable y más entendible.

Si deseas un pequeño resumen ahí va: Arthur pasea por una calle una noche XD encuentra a un chico siendo golpeado, y entonces ve a Alfred (chico malo) y termina siendo él golpeado, pero aún así Arthur no puede dejar de pensar en Alfred XD , apesto para los resúmenes.

Gracias por tu opinión y espero que este capítulo te guste más y esté entendible, besos =D

Rinoa-Diethel: Si, a pesar de todo nuestro querido Tsundere tiene su corazoncito y decidió ayudar al lindo escandinavo XD, lo de solitario es cierto, en mi fic no lo será tanto, trataré XD más adelante saldrán amiguitos, y lo de Tino, buff…no sabes lo que pasará luego, pero no doy spoilers ;_;

Jajajaja acá prometo hacer sufrir a ambos, pero lo tomaré como en el manga original, un sufrimiento adolescente, la confusión de los sentimientos, inseguridad, etc, XD

En eso tienes razón, el bulling es muy común en USA pero hace poco leí que es más pronunciado en Japón o.o debe ser por eso tan marcado del ''kohai'' y el ''sempai'', en fin, en cierto modo Alfred es una suerte de abusador XD y ha puesto sus ojos en Arthur

Tus deseos son órdenes y aquí otro capítulo, espero te guste =D gracias por tu opinión y muchos besos, cuídate también

SillyKnight12 : Hiii, me alegra que te guste este fic, está bien OC, pero yo pienso que si es un mundo alterno, es algo interesante ¿no?, no eres la única, Alfred matón es muy sexy XD y más si lo es con Arthur, demonios el masoquismo no es bueno XDDDD

Aquí otro capítulo que espero sea de tu agrado =D, como ya ves, Alfred ha mostrado algo más por Arthur! Besos, saludos y gracias por dejar tu review!

Pleasedontforget : Eres como yo, XD leo un fic y me obsesiono y quiero que suban otro capítulo muy pronto, por eso te entiendo y trataré de actualizar rápido =D

Wow , me halagas, XD no sabía que este fic podría gustarle mucho a alguien, estoy felíz, y si te entiendo *____* Alfred matón es demasiado, quiero que me golpee ;_; ok no, XD

Muchas gracias por tu review, espero que leas este capítulo =D besitos!