Después de tanto tiempo, aquí me tienen de regreso. La verdad es que tengo la idea, pero no se me ocurre como continuarla. Así que espero les guste y e den una oportunidad. Bueno, aquí está mi spr mega hiper duper tardada continuación ;) disfrútenla. Y no sean duros, nunca se me ha dado esto de las ideas y de escribir -.- jajjaa

Malditos Celos, Bendito Amor.

II. La Fragilidad De Un Corazón.

Ron's POV

Llevaba dos horas encerrado en la habitación. Nada de lo que Harry o Neville me dijeran me haría ponerme bien. No importaba lo que pasara, lo que dijeran, lo que me mostraran…había perdido a Hermione…tardé demasiado en darme cuenta de lo que sentía por ella. Y para cuando lo descubrí, lo acepté y lo confirmé, ella ya había encontrado a alguien más a quién amar, y le era correspondido. Y peor aún, ese chico era su hermano, su hermano mayor; George Weasley.

Esperanza. Fe Lealtad. ¿De qué sirven? ¿Qué es creer? ¿Qué es seguir adelante, si tu corazón no avanza, se ha quedado atrás, junto a la persona que tanto amas?

Recibir para dar. Dar para recibir. ¿De qué sirve esa lógica, de que sirve amar, si, a final de cuentas, nadie te amará de vuelta? Hay tantas cosas sin sentidos en este mundo irreal, inerte, hipotético, en el cual todos vivimos. Pero… ¿qué es realmente vivir? ¿Sufrir, llorar, gritar, morir? Ninguno de los grandes científicos ha descubierto este misterio todavía…sin embargo, siempre está presente.

¿Por qué existe el amor? ¿Por qué duele? ¿Por qué la gente lo busca?

Tantas preguntas, pocas respuestas…y nada de tiempo.

-Ron, ¿estás bien? ¿Puedo pasar?- Preguntó una voz desde detrás de la puerta del dormitorio de chicos. No, no era una simple voz. Era SU voz, su dulce voz.

En un intento desesperado de olvidarla, tomé una almohada y me la puse sobre la cabeza, apretándola contra mi nuca. Dos lágrimas resbalaron por mis mejillas, quemándome en el camino.

-Ron.- Susurró Harry, quitándome la almohada

Y en ese momento supe que la voz de Hermione no había sido un sueño ni mi imaginación, no, ella estaba allí, del otro lado de la puerta, preocupada, esperando a que le abrieran la puerta, esperando por mí.

Rápidamente me paré, y me arreglé un poco un pelo, por pura inercia. Inercia…ojalá y así fuera la vida, todo por inercia. Sin sentimientos, sin dolor…pero entonces, el poco sentido que tiene se iría. El poco sentido que tiene se perdería…no habría nada, ni razón, ni humanos. Todos seríamos iguales…y yo nunca habría disfrutado de estar a lado de Hermione a través de los años, de las aventuras que he pasado junto a Harry, de las tonterías y problemas en que Neville se mete, de los pleitos entre Ginny y yo, de las locuras de Luna, de…de cualquier cosa que me recuerde a Cho. Y de los grandes inventos de Fred…y George.

Suspiré levemente, dirigiéndome a la puerta. Volteé a ver a mis amigos, y ambos asintieron con la cabeza. Limpiándome las lágrimas del rostro, abrí la puerta.

La cara de desconcierto en el rostro de Hermione me derrumbó el alma. Ella no tenía la culpa de que yo estuviese enamorado de ella.

-Hola, Hermione.- Murmuré lentamente, tratando de que mi voz no se quebrara al hablar. Ella no debía darse cuenta de ello.

-¿Qué sucede, Ronald? Tienes el rosto rojo.- Me dijo, elevando su mano para confirmar mi temperatura.

La detuve unos centímetros antes de que me tocara la frente, no sabía cómo iba a reaccionar ante su tacto.

-No te preocupes, no es nada. ¿Se te ofrece algo?- Le pregunté, girando el rostro para que no viera el dolor que seguramente se encontraba en mis ojos.

-No me mientas.- SU voz era suave, pero, aún así, sus palabras duras. -¿Qué te pasa?

-Nada, simplemente estoy algo cansado.- Contesté, fingiendo una de mis cansinas sonrisas.

No se la creyó, lo sabía, pero lo dejó pasar. Y en ese momento me di cuenta de que Harry y Neville habían salido de la habitación cuando ella había entrado.

-Oh, entonces…-

Pero la interrumpí. Sabía lo que diría; entonces me iré. No podía permitir eso. No sé si fue un sueño, o sucedió de verdad, pero Neville dijo que debía de luchar, y Harry me alentó a seguir su consejo. Como fuese, era la verdad; yo debía luchar por Hermione. No importa que. Además, solo quedan 2 días en Hogwarts, después se irá a mi casa a pasar las navidades. Allí se facilitarían las cosas… ¿verdad? No iba a estar todo el tiempo con George… ¿o sí?

-Pasa.- Le indiqué, mientras me hacía a un lado para que ella pasara, y decidí olvidarme del asunto de George, en ese momento éramos Hermione, yo y las paredes. –No entiendo nada de física.- Le informé, mientras le tendía una hoja con un montón de tachones.

Ella dejó escapar una sonora risa.

-Por alguna razón, Ronald, eso no me extraña de ti.-

Y con esto, se sentó en mi cama y me comenzó a explicar los problemas. Pasaron 2 horas para que los entendiera, y no porque estuviese distraído, al revés, los entendí fácilmente debido a que era ella, era su voz, la que me decía una y otra vez que hacer.

Comenzamos a platicar de clases y tareas. Estábamos relajados platicando, como el par de viejos amigos que éramos. Hasta que me di cuenta que una esquina de papel salía de su capa. Reconocí la letra al instante, era la indiscutible caligrafía de George.

Sentí el corazón darme un vuelco y callé al instante.

-Ron, ¡Ron!- Me llamó ella, mientras me daba un leve empujón.

-¿Qué? ¿Eh?- Desperté de mis alucinaciones y ella se rió.

-Ronald, si tanto daño te hace aprender física, que a la próxima te pasen los problemas.- Bromeó.

Yo le seguí el juego, solo para ver un poco más su adorable sonrisa.

Estuvimos así hasta que llegó la hora de cenar. Bajamos juntos a la sala común, donde estaban todos nuestros amigos platicando y riendo. Les sonreí genuinamente, indicándoles que no me había dado por vencido. Y al ver la cara de las chicas, supe inmediatamente que ya sabían todo. No me molesté, sabía que mí ayudarían.

Ginny me guiñó el ojo, y me sentí realmente relajado al saber que mi hermanita me ayudaría. Aunque me sonrojé, no era del todo grato que todos supieran que estaba enamorado…y peor aún, celoso.

Caminamos todos al comedor, las chicas cuchicheaban entre ellas, como siempre. No me importó escuchar su plática, estaba realmente feliz. Entre Hermione y yo había un estrecho lazo muy difícil de romper, eso me daba esperanzas. Aunque por el momento no supiera lo que esa palabra significaba.

Una vez que llegamos al comedor, nos sentamos juntos. Estaban Luna, Neville, Cho, Harry, Ginny, yo y Hermione, respectivamente. Comenzamos a comer, cuando los gemelos y los demás de su grupo aparecieron. Ambos venían platicando y bromeando, y me creí a salvo. Pero más traspasaron el umbral del comedor, George se calló, y sonrió de manera alegre, sin malicia. Fred a su lado sonrió cansinamente. Nunca había visto a los gemelos tan separados, por nada del mundo. Ni siquiera cuando a Fred le dio la extraña enfermedad muggle, varicela, y que mis padres no querían que George se contagiara. Terminamos todos enfermos de esa cosa una semana después, gracias a George.

Casi corrió a sentarse a lado de Hermione, quien le sonreía dulcemente. Fred se sentó a lado de George, platicando con otro de sus amigos. No entendía lo que George le susurraba a ella, o él a Hermione, sólo sé que me dolería escucharlo.

-Perdí el apetito.- Comenté, mientras me paraba para dirigirme a mi habitación. Los chicos hicieron además de pararse, pero la mirada dulce de Ginny les obligó a sentarse de nuevo. Ella me siguió con la misma tierna mirada, y se paró para ir a mi lado.

Apreté el paso, mientras antes saliera mejor. Sabía que si Ginny me alcanzaba antes de llegar a mi habitación, no podría controlar las lágrimas de furia, y de celos que luchaban realmente por salir.

Ginny me siguió en silencio, no muy lejos de mí. No paré hasta que llegué a mi habitación y me dejé caer sentado en mi cama, con la mirada baja, las manos empuñadas en mi regazo. Las cristalinas lágrimas caían de mis ojos y rodaban hasta llegar a mis brazos y después al suelo. Ella se quedó parada en la puerta de la habitación, y cuando hube controlado las lágrimas, se acercó a abrazarme. Realmente sabía qué hacer para no incomodarme.

-Tranquilo, Ron. No creo que sea lo que crees. Conozco a Hermione, y conozco a George, que, aunque esté actuando raro, no quiere decir que le guste Hermione, ¿entendido? Trataré de saber que sucede realmente y…-

-¿Dónde se van a ver mañana?- Le interrumpí, un tanto brusco.

-En las afueras del castillo, cerca de la cabaña de Hagrid.- Me contestó amablemente.

Suspiré de nuevo. Sabía que ella estaba al corriente de lo que quería hacer.

-Preferiría que me dejaras averiguarlo yo.- Me sugirió.

-No quiero que me censures la información.-

-No lo haré.-

-Sabes que no aceptaré.-

Ahora fue ella quién suspiró.

-Sí, lo sé. Solo ten mucho cuidado, hermano.-

-No te preocupes.- Le aseguré.

Ella me dio un gran abrazo y un rápido beso en la mejilla, para salir a su cita con Dean.

De verdad que éramos muy diferentes. Pero me alegraba con ella.