Nota: Todo de Rowling, menos el poema, ése es de Whitman.
En principio, esto iba a ser un fic un poco más largo, pero el tema esta muy usado por muchos autores mucho mejores, así que con una viñeta vale. Está inspirada en un poema homónimo de Whitman, al que adoro e idolatro y Lily, en mi imaginación, también.
La última vez que florecieron las lilas en el jardín,
y la gran estrella declinaba en el cielo nocturno de occidente,
lloré y he de llorar todavía con la eterna primavera.
Toda la semana había estado lloviendo, pero ese día el cielo estaba despejado y los rayos del sol se filtraban entre las rendijas oscuras de los pensamientos, empequeñeciendo por segundos las sombras trágicas de la guerra. Las lilas que James se había empeñado en plantar cuando compraron la casa, casi dos años atrás, se abrieron tímidamente. Eran sus favoritas, Lily dijo que no era el clima adecuado para cultivarlas, pero él esbozó una sonrisa torcida.
-Lo mismo me dijeron de cierta pelirroja cabezota y ahora resulta que su cepillo de dientes hace juego con el mío.
Así que la pelirroja cabezota sonrió, sacudió la cabeza y entró en la casa porque, si James Potter quería que las malditas lilas florecieran en el desierto, Merlín sabía que hordas de turistas acudirían en masa a ver los campos de lilas que habían florecido en el desierto. Aunque tuviese que convencer una por una a cada semilla.
Ese mismo día, por la tarde, le había escuchado cantar en el jardín.
-¿Qué haces?- le preguntó con curiosidad desde la puerta.
-Le canto a las lilas-dijo con naturalidad, como si fuese lo más obvio del mundo-¿no dijiste que los muggles lo hacían para que crecieran las plantas?
-¿Y tú crees que a las lilas les gustan los Beatles?-preguntó divertida.
-Claro, ¿a quién no le gustan los Beatles?
A la mañana siguiente la había despertado con la sonrisa de las gamberradas y un brillo de triunfo en los ojos.
-Buenos días, señora Potter.-desde que el maestro de ceremonias lo había proclamado delante de sus familiares y amigos, James siempre la despertaba así, saboreando las consecuencias de su travesura favorita. Llevaba el desayuno en una bandeja y un ramo de lilas en un jarrón horrible que les había regalado Petunia.
-Lilas… ¡no puede ser! ¿cómo…?-asombrada por las dotes de jardinería que no recordaba que su marido hubiese demostrado jamás.
-Verás cariño, no me llaman mago sólo por esa cosa que hago en la cama cuando…-una almohada se estrelló contra la sonrisa burlona de James Potter.
-Pero eso es trampa…
-No, Sirius y yo lo leímos en un libro muggle, creo que se llama Kamasutra…-una segunda almohada voló hacia su cabeza y fue atrapada al vuelo con reflejos de buscador.
Casi dos años después, las lilas seguían sin marchitarse, floreciendo incluso los escasos días soleados del invierno, recordándole a Lily el por qué de su fe inquebrantable en la magia, a pesar de la guerra. James era su razón para creer. La constancia y el empuje que la habían enamorado, esa magia inocente, descarada y sencilla con la que convocaba sonrisas y desaparecía preocupaciones. Le oyó silbar alegremente en la cocina preparando la papilla de Harry y fue a desayunar con él observada por las calabazas que sonreían en un naranja desesperado, agorero. Triste.
Dice mi ego que le gustan los reviews. A mí me resultan útiles las críticas. Si gustas...
