Capitulo 1: La noche de bodas
Hace mucho, mucho tiempo, en una tierra muy lejana y antigua, cuando la magia y la realidad se mezclaban y los sueños y la inocencia estaban a flor de piel de los seres vivientes y pensantes, había un hermoso reino, el cual era gobernado por un joven Rey, cuya belleza física era igualada con creces por su belleza interior. Su nombre era Terrence, Señor de Grandchester. Nuestra historia comienza el día de sus esponsales con la bella y pura Candy la Blanca, una dulce jovencita de hermosos ojos verdes que no hacia mucho tiempo conoció en un viaje al norte. Lo poco que se supo a través de rumores y chismes de los pobladores fue que ella era una pastorcita de origen humilde, y que el se prendó de su belleza al verla curando una ovejita a la vera del camino por donde él volvía de una batalla para defender los limites del mundo libre.
El flechazo fue mutuo, y al poco tiempo, ella ya estaba entrando a la Iglesia enfundada en un hermoso traje de novia elaborado con seda bordada por elfos y piedras preciosas traídas de las minas del este. Todos sabían de oídas que la joven novia era bonita, pero las malas lenguas juraban que no era comparable con la legendaria belleza del Soberano. Al mirarla cualquier duda al respecto quedó disipada.
La ceremonia fue presidida por el gran Sacerdote Celta Alberich y la Maga Cafi. El rito del matrimonio concluyó con el repicar de trompetas y cuernos que estallaron en un sinfín de sonidos majestuosos. El pueblo se regocijo de ver la felicidad de su amado Rey, y les desearon felicidad eterna y la dicha de recibir pronto un heredero que perpetuara su linaje.
La noche de bodas, las hadas del deseo esparcieron sobre la cama real gotas de rocío y pétalos mágicos para que los recién desposados fueran felices hasta el éxtasis. Los ojos Zafiro del Rey miraron llegar a su novia virginal y ansiosa hasta el pie de su cama, ahí, de frente a él. Dejo resbalar el tirante de su bata de organza, que transparente dejaba notar cada pliegue y cada redondez de su juvenil cuerpo. Con suaves besos, él comenzó a acariciar las mejillas de ella que de inmediato se enrojecieron por el calor del contacto de esos cálidos labios y la humedad que destilaban. Ella temblaba emocionada mientras disfrutaba del olor a hierbas y lavanda que el cuerpo y cabellera del rey despedían, y él hizo resbalar el otro tirante para así dejar caer la prenda del cuerpo de su esposa y dejarlo desnudo a su vista deleitada.
-Eres el ser mas bello que yo haya visto alguna vez, amada mía, permíteme enseñarte las delicias que el amor carnal tiene para nosotros, sus hijos.
Despacio, pero con decisión, la tomó por la cintura y la acercó hacia su cuerpo, para que ella notara en su vientre el efecto que su cercanía producía en él. Ella se asusto de sentir la dureza que parecía querer clavarse en su piel, y él percibió ese repentino rechazo.
-No temas, amor, no voy a lastimarte.
Candy sonrió al ver la forma como esos ojos oscuros y profundos la miraban llenos de adoración, y ella a su vez entreabrió sus labios para dejarlo apoderarse de su boca y de cierta manera, ensayar en ella la forma como su virilidad habría de entrar en el cuerpo femenino e invadirla en la intimidad.
Instintivamente, ella comenzó a arquearse hacia él y el calor de su cuerpo, sus jadeos y gemidos le indicaron al amante esposo que su amada ya estaba lista para recibirlo, mientras la tomaba por los glúteos clavando su carne entre sus muslos, la levanto y la acomodo con delicadeza en la cama mientras él se quitaba con calma su bata y exponía su desnudez frente a los ojos azorados de su joven esposa, ella sintió como su boca se llenaba de saliva ante la excitación de ver los músculos delineados del pecho masculino… y la envergadura de su pasión apuntando hacia ella. El comenzó a besar, a lamer, a mordisquear con delicadeza y morbo cada pedazo de carne lechosa que estaba a su alcance, y se deleito en los pequeños botones rosados de sus pechos, arranco exquisitos gemidos de placer mientras con sus dedos abría los pliegues de la flor entre sus piernas. Oh! Que delicia percatarse que ese espacio estaba cerrado, a la espera de que él lo reclamara para hacerlo suyo! Arrebatado y cada mas fuera del control que lo caracterizaba, bajó su cabeza hasta ella y la lleno de besos húmedos y enervantes, mientras que ella se mordía una mano tratando de evitar gritar de desesperación. Su carne ya comenzaba a actuar sin necesidad de razonar y en un reflejo sus piernas se abrieron cual alas de mariposa para exponer sin pudor su mas delicado secreto, sonrosado y palpitante de deseo y hambre de su varón. El entendió que ese era el momento y acomodándose con cuidado para hacer el menor daño posible, se posó sobre ella y con un leve gemido, susurrando suavemente su nombre, se fue dejando comer por esa boca hambrienta de amar y ser saciada. Ella gimió de un dolor delicioso y levanto sus caderas para sentirlo hasta el centro de su cuerpo, y él, con los ojos entornados por la exquisita experiencia, comenzó a bailar dentro de ella mientras los jadeos de ambos llenaron la soledad y la intimidad de esa regia habitación. Al calor de la hoguera, se consumieron como brazas ardientes y en un alarido amoroso, ella fue inundada con su semilla y él se regocijo de haber hecho suya a la única mujer que había amado con todo su ser…
Desde la hoguera, sin que ellos pudieran percatarse, dos intrusos observaban llenos de envidia la hermosa escena de amor que se acababa de suscitar, Susyguel la Gusana y el Espurio rey de la noche Neiltar Sin Corazón espiaban. El celoso por que estaba enamorado de ella, y ella, celosa por que deseaba al Rey. Ese par de criaturas malignas, al ver como aquellos eran capaces de amar, decidieron separarlos y repartírselos entre si. Mientras los amantes reposaban felices y cansados uno en brazos del otro, se presentaron en un trueno al pie de la cama el par de engendros y sin darles tiempo a reaccionar, Neiltar uso un conjuro para convertir a Terrence en un collar de oro con un bello Zafiro como pendiente y a Candy le dijo con una voz abismal, que o aceptaba casarse y amarlo a él, o su amado permanecería como un objeto inanimado por el resto de la eternidad.
-Tienes de aquí hasta que la luna complete su ciclo para darme tu respuesta, si no, su alma morirá y nunca volverá a recuperar su forma humana.
Neiltar desapareció, y Candy la Blanca observo aterrada como una horrorosa mujer pálida y de una frente descomunal tomaba el collar y escapaba de un salto por la ventana , dejándola a ella aterrada sin saber que hacer… De inmediato recordó que en el castillo, la Maga Cafi se encontraba todavía descansando antes de partir al salir el sol a su bosque encantado, le pediría consejo para salvar a su esposo de tan terrible destino.
Continuara…
