Título: The game is on.
Capítulo: The game is over
Resumen: ¡No es tan difícil tener relaciones sexuales! Sherlock le hacía esto apropósito, se paseaba con tan solo una maldita toalla, casi desnudo por el piso, le provocaba. Pero si quería jugar así, John también sabia jugar. Este fanfic participa en el Rally "the game is on!" Del foro I am sherlocked.
Advertencias: Mención de sexo.
Nota: No esta beteado, así que disculpen si hay algún error. Ahora que ha terminado el mes y puedo hacerle las modificaciones que yo desee al fanfic ;) me gustaría dejarles este capítulo a todos aquellos que lo esperaban, y espero que sea de su agrado. No hay lemon explicito aun, espérenlo pacientes xD estoy esperando a que me llegue la inspiración para el hard. Gracias por leer.
Esto no era parte de su experimento. Pero se pondría a anotar enseguida lo que había pasado con John.
Su experimento: Provocar a John Watson.
Razón de su experimento: No aburrirse.
Respuesta esperada: John Watson, el sujeto, se desespera y toma el control de la situacion. Termina por tener sexo salvaje en su habitación.
Respuesta obtenida: Una sin dudas mucho más interesante, un John Watson siendo más paciente de lo que había esperado. Y sobre todo, uniéndose al juego.
Cuando lo vio, oh dios, cuando lo vio con su uniforme de soldado, actuando como el imponente capitán Watson, y no como el dulce John que él conocía, no se explicó lo que le paso en aquel momento.
Mentiría si dijera que no le gusta la parte dulce de John, le hacía sentir completo, le hacía sentir único, amaba a John el de los horribles suéteres.
Pero amaba al otro John también, al otro lado de John. El Capitán Watson del ejército, cada vez que lo miraba no podía evitar pensar en lo peligrosamente sexy que se veía con su traje de ex militar. Podría haberse desnudado y entregado con las piernas abiertas en par en par para recibir a John, pero eso sería aburrido, el juego debía continuar.
Después de que se deshaga de la erección que acaba de aparecer debajo de su toalla...
Cuatro días después:
Dios, no podía, no podía resistirlo más. Había usado todo lo que tenía, pero nada, John ya no parecía afectado por sus provocaciones.
Y el único motivo por el que ya no relacionaba igual era porque se metía mucho en su papel de soldado, maldición, si hasta le ordenaba que vaya por leche. El protestaba, pero no dudaba en obedecer cuando observaba sus ojos, nunca se había dejado intimidar por nadie, por nadie que no sea John.
La diferencia entre las demás personas que tratan de intimidarlo es que a el le gustaba ser intimidado por John, era un miedo excitante.
Había hecho absolutamente de todo para que John cediera, se rindiera y le rogará por algo de sexo, pero no. Había paseado con un bóxer apretado y corto que logró que John sin disimulo se volteara a verlo.
¡Incluso se había comprado una tanga roja!
El día que decidió andar con la tanga puesta y John volvía de su trabajo como doctor, lo primero que el rubio hizo es subir a su cuarto y ponerse el uniforme, pero cuando bajo y miró a Sherlock, sin nada más que una tanga, roja y apretada, se quedó sin respiración. Entonces Sherlock sonrió divertido, eso era todo, el juego había terminado, John al fin seguiría sus impulsos y se lanzaría sobre él.
Su sonrisa se borró cuando John, con mucha dignidad y una enorme y poco disimulable erección en los pantalones, el sargento Watson se dio media vuelta y marchó a nuevamente a su habitación.
Sherlock suspiro exasperado, cuando John se retiró se sacó sin pudor ahí mismo en la sala la ropa interior provocadora y empezó a masturbarse, pensando en lo que sería que John Watson, el sargento, el capitán, el soldado John Watson lo castigará por desobedecer sus órdenes. Gimió desesperadamente, pensando en cómo sería si John le encontrará y al fin terminaran ese juego interesante pero infernal.
Quería llegar de una maldita vez, el pocas veces en su vida había llegado a masturbarse, recuerda que había odiado hacerlo desde pequeño, pero de todas maneras, ahora no veía otra manera de realmente conseguir placer.
La tortura era horrenda y la espera tediosa, ni siquiera había un caso en el cual ocupar sus pensamientos, que ponga a trabajar a su mente y así pueda olvidarse del sexo que no estaba teniendo porque él había decidido hacer "interesante" las cosas. Y había subestimado a John pensando, casi asegurando, que respondería de una manera muy distinta a la manera a la que había reaccionado.
Imaginaba que llegaría John, y le ordenaría que no se tocara, que se quedase quieto, el haría caso y entonces John se encargaría de darle placer, sin quitarse - al menos no del todo -, el uniforme de soldado.
- ¡John!
Gimió, no, grito su nombre, casi llamándolo en una súplica. Quería sentir que podía clavar sus uñas en su espalda, y estimular su pene, quería dar y recibir placer. Su cuerpo era un simple transporte y aún no consideraba necesario tener sexo, pero cuando se trataba de John, - y con ese uniforme, dios - podría distraer su mente, a la vez que su transporte le era útil para algo.
Sintió unos pasos ligeros por la escalera, le hubiese preocupado si se trataba de otra persona, pero se era John el que bajaba las escaleras, seguramente atraído por los sonidos que provenían de su sala.
Cuando llegó, John se quedó estético en la puerta y Sherlock no dejó de masturbarse, mientras miraba a los ojos a su capitán John Watson. Casi llegaba al orgasmo, un poco más... Faltaba muy poco... Pero algo en la mirada de John hizo que detuviera los movimientos de sube y baja de su mano.
No pudo saber exactamente en ese momento quien perdió ni quien ganó el juego, pero si supo algo, es que el juego había terminado, para su mala o buena suerte. No dejó de mirarlo a los ojos. Azul y gris se encontraron. Un azul parecido al del océano, que le hacía acordar en estos momentos a Sherlock a cuando era pequeño, a cuando era un chiquillo con una espada de madera que quería ser un pirata. Y un gris, un gris que John no estaba seguro de que fuera de un color exacto, era un color entre gris, azul, y verde, uno que le quitaba la respiración cada vez que miraba fijamente.
John decidió acercarse a él, y los dos sonrieron y pensaron al mismo tiempo:
The game is over.
