1er capítulo: La Llegada
Había sido una semana de lo mas aburrida, pensó Mayura, mientras miraba deslizarse a las pequeñas gotas de lluvia por la ventana de su aula. Nada, ni siquiera Freyr, su compañero en el club de actividades paranormales, había hecho uno de esos dibujos de pollo que el decía eran retratos del Yeti.
Sonó el timbre de comienzo de clases, y con lentitud entró su profesor, al cual con cariño llamaban U-sama. Era un hombre en extremo apacible y tranquilo, tanto, que estaba en la lista de personas paranormales de la pelirosa.
"Buenos días alumnos-dijo, con su tono de voz cansado- Bien, como supongo sabrán, hoy se unirá a nuestra clase un nuevo alumno... Pasa, por favor"
Así, mientras un chico de aspecto algo descuidado y lentes entraba, U-sama escribía el nombre de este en el pizarrón: Ryuusuke, Loki.
El chico inspeccionó con rapidez el salón, y con una pequeña reverencia se presento ante el curso, que lo miraba atentamente.
"Mmm... el único lugar libre es junto Daidouji, la muchacha pelirosa del fondo a la derecha. Aunque es poco sensato, creo que deberías sentarte a su lado-dijo U-sama de forma indiferente. Mayura estaba en su mundo, sin notar el más mínimo comentario. Solo notó la presencia del nuevo alumno, cuando este se paro frente a ella, y sus ojos se encontraron con los verdes casi invisibles de el.
Loki se preguntaba por qué no era sensato sentarse junto a ella... pero no tardaría mucho en descubrirlo.
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U-sama había misteriosamente desaparecido durante el receso. Muchos creían que Koko, una muchacha que le tenía mucho afecto, había aparecido. Y como ella era algo tope y exagerada, no les habría sido sorprendente que su profesor estuviese en ese momento en terapia intensiva.
- Ohayo, Loki-kun- dijo Mayura, aprovechando el tiempo libre.
- Hola, supongo...- Le respondió sin muchos ánimos.
- Que te parece la escuela?
- Ehm, supongo que esta bien.
- Y como era la anterior? -
Loki estaba a punto de responder, cuando un fuerte ruido a cristales rotos se escucho en la escuela, haciendo que todos sus compañeros de aula salieran corriendo a curiosear. Supuso, entonces, que no seria mala idea ir a echar un vistazo.
Todo había sucedido en el aula de al lado. Cuando llegó, los alumnos de ese curso (el cual era un año mayor que el de él) estaban parados lo más lejos de la ventana posible, menos una chica pelirosa que se mantenía impasible leyendo, sentada en su banco. La reconoció enseguida, era su hermana, Helen, o Hel, como solían decirle. Además, una de las ventanas estaba rota, y en el piso había un ladrillo.
Miro todo con detenimiento, desde las caras sorprendidas y/o asustadas de los alumnos, hasta al ladrillo, el cual notó tenia una nota. Pero, mientras se acercaba al ladrillo para tomarla, otra gran piedra voló por los aires, hacia su cabeza...
