"Pie izquierdo"
-Estás bien?
-No…
-Por qué no? Estás sana y salva.
-Los maté…
-…
-Soy una mala persona.
-Yo fui quien los mató, no tú, sigues siendo una buena persona!
En un rincón de lo que alguna vez fue un caluroso hogar se encontraban dos niñas hablando entre ellas, se veían exactamente igual, hablaban en tonos tan diferentes que no se notaba que tenían la misma voz.
-No es cierto – Una de ellas estaba sentada, con la espalda apoyada en un rincón abrazando sus rodillas.
-Si lo es! – La pequeña que estaba a su lado trataba animarla de todos los modos posibles – Mira, hagamos un trato, si tú te olvidas de eso yo te protegeré de todo – La niña más extrovertida le dedicó una gran sonrisa – Así tu no tendrías que preocuparte de que esto pase nunca más – Al parecer su amiguita quedó pensando la propuesta.
-Bien, pero no mueras, por favor – se levantó y miró con preocupación a su compañera.
-No es necesario preocuparse por mí – le volvió a dedicar esa sonrisa, parecía que sabía que la tranquilizaba enormemente, como si estuviera resguardada de todo. Tomaron el cuchillo ensangrentado que estaba cerca y salieron de la casa buscando un lugar seguro. Todo alrededor era un desastre.
-Cómo te llamas?
Despertó.
-Oye, novata, son las dos de la tarde, levántate! – Minho la despertaba de manera claramente sutil agitándola por los hombros.
-Estoy despierta – Decía mientras volvía a cerrar los ojos, ese sueño le dio curiosidad, quería saber cómo terminaba.
-Pero claro que no! – De repente sintió una ola de frío viajar desde su cabeza hasta la espalda, abrió los ojos para averiguar que fue esa desagradable sensación – A ver si así despiertas – Vio a Minho riéndose mientras derramaba lo que quedaba de una botella de agua sobre su cabeza. Hiems se sacudió y empezó a tener escalofríos lo que hizo reír al corredor– Lamento tener que despertarte así, pero tenía que traerte el desayuno-almuerzo – Dijo mientras le daba una bolsa de cuero. Al abrirla la chica vio un emparedado, unas cuantas verduras y una manzana.
-Gracias – No esperó nada más y atacó su desayuno-almuerzo, como lo había dicho Minho, no había notado que tenía hambre hasta que le recordaron que funcionaba con comida.
-Salí de aquí a las una de la tarde, esperé una hora a que Satén saliera de su santuario.
Hiems no le prestó atención, mientras comía pensó en su sueño, o más bien, pensó en lo que la estaba haciendo sentir, todos los sentimientos se sentían como si recién hubiese pasado todo, culpabilidad, tristeza, desesperación, miedo y una pequeña pincelada de esperanza.
-Cómo me veo? – Se sentía de tantas maneras que estaba segura que su cara tenía un mínimo de expresión. Notó que Minho la miraba insistentemente, demasiado insistente, quizá debería hacerlo reaccionar como la noche anterior – Y?
-Ah? – Pareció salir de un trance, se revolvió un poco los cabellos y respondió – Te vez exactamente igual que ayer.
La respuesta la desilusionó un poco, pero también sintió alivio de ésta – Gracias – Agradeció el no verse afectada por lo que fue eso, un recuerdo? Minho dijo que ellos no podían recordar nada, sin embargo sintió todo tan cercano que no pudo evitar pensar que fue real.
Entonces ella..?
Ya te lo dije, fui yo, no tú.
Se sorprendió. Ella le aseguraba que fue real; ella le había mostrado sus recuerdos. Por qué había hecho eso?
Tenemos que salir de aquí, Him.
Aunque Hiems no respondiera de forma concisa su amiga sabía que decirle, sin embargo quería responderle, pero sabía que no podía con ese sujeto al frente.
Yo te protegeré para que nada te ocurra, pero deberás hacerme caso, bien?
Estaba de acuerdo.
-Oye, estás aquí? – El corredor chasqueaba los dedos al frente de la cara de la heterocroma – No te mueras aún que hay cosas que hablar.
-Cosas que hablar? – Consideró su pregunta estúpida, ella sabía que la interrogaría, y quizá de una manera algo brusca.
-Primero – Se acercó unos pasos a ella – Con quién estabas hablando ayer?
Demonios.
-Y segundo – Acortó más la distancia que había entre ellos – Quién me atacó?
Por qué se comportaba igual que la noche pasada? Quería que pasara lo mismo, acaso? No quería actuar de manera agresiva, al menos no por ahora.
-Yo te ataqué – Estaba nerviosa, si él pudo reconocer que no fue la misma la que atacó, podía reconocer que mentía.
-No mientas, novicia – mierda, lo descubrió, y lo que es peor, sacó un cuchillo de su bolsillo – No soy tan idiota como los demás garlopos, además – Apuntó el arma a su garganta – Nadie sabe que estás aquí, de modo que si te mato, nadie te extrañara – Su mirada era fría.
Quiero matarlo.
Pero no podían, las habían confiado a él, y debían ser honestas si no querían morir.
Lo mataré si sigue provocándome.
Ésta vez no la dejaría salir, tenía que ser considerada, debía cuidarse ella, también.
Tomó rápidamente el cuchillo por la hoja, sin importarle el corte que se hizo y se lo arrebató de las manos, en un instante, gracias a unos movimientos de un arte marcial que Minho no pudo reconocer, estaba tirado en el suelo, con Hiems encima de él apuntando el filo de la bendita arma a su arteria.
-Pensaste que no te podía atacar? – Sabía que la subestimaba, y eso le irritaba demasiado.
-Hie… – Se notaba que cuidaba de no cortarse el cuello al hablar. Qué podría hacer con él? No lo mataría, y ya le había dejado lo suficientemente claro que ella no era un contrincante fácil, sin embargo los creadores la habían enviado especialmente al corredor, por lo que sabía que debían confiar entre ellos mutuamente. Se decidió a empezar a ganar confianza.
-Te ayudaré, pero no vuelvas a hacer eso, por favor – Lo dejó ir. Sabía que a ella no le gustaría la idea de contarle todo lo que sabía a una persona que acababa de conocer, pero la situación lo ameritaba.
Lo siento, Him.
Se sorprendió, acaso recibió una disculpa?
Si yo no me hubiese mostrado en un principio no tendrías que actuar así.
Se conmovió, ni siquiera había pensado que era su culpa, a pesar de recordar muy poco sabía que era la primera vez que hacía eso. Cuando salió de sus pensamientos vio a Minho incorporarse.
La miró con algo parecido al odio; a pesar de que cabía una posibilidad de confiarse mutuamente supo que ya no podrían llevarse bien, y se sintió apenada, pues el muchacho le llegaba a agradar, éste, sin decir una palabra caminó hasta la bolsa de dormir donde se tumbó con todo el peso de su cuerpo – No he dormido nada – solo cerró los ojos y no hizo ningún otro movimiento.
Se sentía mal, culpable, de hecho, por qué? Solo se había defendido de un posible ataque, era completamente justificado, y no perjudicaba su propósito, sin embargo sintió como si hubiese hecho enojar ella, esa extraña personalidad dentro suyo.
-Lo siento.
-No importa – Sonaba molesto. Supuso que debía empezar a hablar.
-Hoy soñé con algo – Notó que su mirada se posó en ella, de manera inquisitiva – creo que fue de cuando era niña – Se irguió rápidamente y Hiems sonrió internamente al notar que había captado su atención, aunque esa inexistente sonrisa se hubiese desvanecido al recordar el relato – Creo que maté al alguien.
La miro con desconfianza – A quién?
-No lo sé – Pensó que la miraría mal o volvería a amenazarla, pero solo se volvió a recostar y le lanzó la bolsa con comida.
-Dormiré, así que no hagas mucho ruido.
-Creo que me agradas – Se cortó de inmediato, quería ganarse su confianza, pero decir eso no estaba en sus planes, no supo de donde salió.
-…
Dio por terminada la conversación y empezó a comer los vegetales que quedaban, se le había quitado el hambre, de modo que descubrió que no le gustaban las espinacas, así que las masticaba lenta y tortuosamente.
-Es gracioso como se te olvidan incluso los gustos – Se sobresaltó, a su manera, de una forma inexpresiva, al escuchar la voz del hombre – Me tardé una semana en descubrir que odiaba la manteca de cerdo – Se quedó callado, mirando algún punto perdido en la copa de los árboles – Estabas asustada cuando llegaste? – Su vista se posó en ella para ver como negaba con la cabeza – tienes suerte, casi todos llegaron llorando como bebés a este lugar, no recordábamos nada, sólo nuestros nombres. – Su mirada se tornó dolida – Tienes suerte de no temer como nosotros…
-En mis recuerdos tenía ira hacia alguien, pero no sé a quién, pero supongo que hizo algo muy malo para que lo odiara al punto de querer asesinarlo.
-El matar a alguien tampoco es algo muy bueno que digamos… – Sintió ganas de golpear a Minho, ella sabía que no había tenido otra opción. Al parecer él comprendió su molestia, pero no dijo nada, solo se recostó de manera definitiva y se durmió.
Idiota.
-Creo que solo es impulsivo.
No dijo más y empezó a recorrer el bosque, no era muy llamativo; árboles torcidos, suelo cubierto de hojas secas, y las Lápidas, fuera de eso no había nada fuera de lo común o que destacara, de modo que caminó un poco hacia afuera del bosque, esperando ver a alguien.
Se escondió lo suficiente como para que no la vieran a simple vista y observó; habían muchas personas, todos hombres, haciendo distintos trabajos, pero le llamó más un grupo cuyos integrantes se veían todos fuertes, y más que en el grupo en si se fijó en el que parecía ser el líder de éste; un chico de unos 17 años, pelinegro, alto, diría que medía 1.80, y de aspecto desagradable. El verlo a le produjo una rabia inmensa, como si quisiera correr y golpearlo en la cara, aunque notó que no era un odio tan intenso como el que había sentido al ser cargada.
Se despejó, sería muy raro para todos ver a una chica desconocida salir del bosque y golpear a alguien.
Centró su atención en las puertas, cuando Minho le dijo que se abrían en la mañana y se cerraban en la noche no le creyó, sin embargo estaban ahí, abiertas, dejando un ancho pasillo al descubierto.
Quería entrar ahí.
Acaso no viste al penitente?
Suspiró – Tem – Ella siempre se preocupaba por su seguridad, aunque de vez en cuando era algo estricta – Nunca dije que quería entrar ahí.
-Pero lo pensaste – Lo había hecho, a veces odiaba que supiera todo lo que pasaba por su mente – Suficiente investigación por hoy, vamos a dentro del bosque o nos verán – Una vez más tenía razón, caminó buscando algo en qué entretenerse, debían ser las tres de la tarde, y aún faltaba mucho para dormir. Un haz de luz llamó su atención, al acercarse de manera cautelosa vio lo que parecía una lagartija mecánica, analizaba su entorno escaneando las cosas que le interesaban con la luz rojiza, en la parte superior se su abdomen tenía una inscripción que no alcanzaba a leer, se acercó más sin importarle que la pequeña máquina la escaneaba, cuando se acercó lo suficiente pudo leer algo; CRUEL.
Un impulso la llevó a aplastar a la lagartija artificial, pero ésta fue más rápida y se escabulló. El perseguirla era difícil, era rápida y se escondía en todos los surcos que encontraba, se dio por vencida, otro día trataría de matarla.
Era extraño tener tantos impulsos de ira en tan poco tiempo, buscando algo en que distraerse notó un punto de color dentro de toda esa tonalidad apagada del bosque; una flor de un brillante índigo. Era hermosa. Por un momento pensó en cortarla, pero se atrevió a matar el único rastro de belleza en el paisaje. Si tenía suerte podía multiplicarse y llenar el suelo de flores, aunque era una posibilidad de uno en un millón.
Mientras caminaba se burlaba de ella misma por ser tan ingenua, se sorprendió que Tem no fuera la encargada de eso, tal vez dormía, no sabía que hacía eso, y hablando de dormidos…
Al ver a Minho por primera vez lo encontró bien parecido; alto, contextura delgada, pero musculosa, cabello negro corto, ojos con una forma llamativa, bastante linda, según ella, su rostro duro y su actitud orgullosa daban sensación de encontrarse frente a un líder. Con esa primera impresión nunca se imaginó verlo prácticamente esparcido en el suelo, con la boca abierta y roncando como si quisiera imitar a algún animal salvaje.
Soltó una pequeña carcajada al verlo así, era muy expresiva cuando estaba sola, por un momento pensó en taparle la nariz, a ver qué pasaba, pero luego recordaba que no se podían llevar tan bien. Notó que tenía en su bolsillo una pequeña libreta con un lápiz, se le ocurrió una idea y de manera sigilosa extendió la mano tratando de no despertarlo. De vez en cuando el corredor interrumpía sus ronquidos, lo que le sacaba el corazón del pecho, pero finalmente pudo obtener el preciado objeto.
Corrió rápidamente por el bosque con dirección fija. Cuando llegó al lugar comprobó que la flor seguía ahí, abrió la libreta casi al final y tomó el lápiz apuntando a la hoja.
Acaso sabía dibujar?
Tenía que averiguarlo; comenzó con trazos simples y agregando unas sombras por aquí y allá la imagen retrataba muy bien la belleza de la flor. Lamentaba no tener un lápiz de color para no tener una imagen en blanco y negro.
Cuando acabó notó que había oscurecido, qué la estaba alumbrando, entonces? Al voltearse vio a Minho sosteniendo una linterna de modo que iluminara la flor y la libreta, de la impresión casi dejó escapar un grito.
-Ya es de noche, novata – Dio media vuelta y caminó hacia afuera del bosque – Sígueme.
El ambiente entre ambos era tenso, Hiems no era muy expresiva y Minho era lo suficientemente expresivo como para demostrar que aún estaba molesto.
Quizá no debí atacarlo.
Eso no importaba ahora. Se habían detenido detrás de la finca, los Habitantes dormían a lo lejos. Se dio cuenta que estaba frente a la puerta de un baño, y recién descubrió que lo necesitaba urgentemente.
-También hay duchas si quieres usarlas, y una muda de ropa – No esperó más y entró, no le gustaba escuchar el tono de voz enojado. La sala era pequeña, había un solo lavabo, dos puertas en paredes opuestas; la de la izquierda daba a unos cinco cubículos donde Minho dijo que "dejaban caer el plopus", la puerta de la derecha tenía otros cinco cubículos, aunque estos estaban destinados a las duchas.
Luego de usar las letrinas pensó que en verdad debería ducharse, incluso al llegar en la caja ya había estado sudando.
Dejó sus prendas a un lado y dejó que el agua fría la recorriera de cabeza a pies; a diferencia de la mañana esta sensación no le pareció desagradable, se sentía relajada. Al salir se encontró con una camiseta sin mangas de hombre y unos pantalones, de hombre, también. Iba a vestirse cuando notó un espejo al final de la sala, se acercó con curiosidad, era la primera vez que se veía a sí misma; le llamó la atención sus ojos, quizá por eso él la miraba tanto, era bonita? Ella no se encontraba bonita, su rostro le pareció normal, con unas pronunciadas ojeras, eso sí, su cuerpo era delgado, no muy voluptuoso, se dio vuelta para ver su espalda y se encontró con una cicatriz que recorría toda su columna…
"Es peligrosa, fue un error traerla aquí"
Sacudió su cabeza, otro recuerdo? Esta vez fue una mujer, solo recordó su voz, y una gran tristeza.
No te pongas triste, era una perra.
Quiso preguntarle algo, pero de inmediato esfumó su presencia, de algún modo – Maldita Tem – Dijo sonriendo.
Siguió analizándose en busca de otras cicatrices que le generaran recuerdos, pero solo encontró unos cuantos rasguños sin mucha importancia, en eso algo le llamo la atención en la zona de su abdomen…
Tenía abdominales? No tardó en percatarse que también tenía extremidades musculosas.
-Eso explica como pude derribarlo…– No se había preguntado el porqué de su fuerza física.
-Oye, shank, terminaste? – Justamente estaba él golpeando la puerta impaciente, se apresuró a vestirse, le sorprendió el descubrir que la ropa interior de hombre no era tan incómoda como pensaba, se puso rápidamente los pantalones y la camiseta, cosa que fue fácil con lo holgadas que eran, había un par de zapatillas que calzó para luego salir de la sala de baño. Al salir se sintió intimidada, otra vez, por la mirada de Minho. Después de un minuto de incomodo silencio solo atinó a decir – Buenos bíceps – seguido de eso caminó a la salida.
-Qué? – Pensó que lo había dicho en voz alta, pero por lo visto no la escuchó.
Dejaron todo en orden y salieron del lugar, se dirigía de regreso al bosque cuando escuchó la voz, aún molesta, de su acompañante – Yo dormiré con los larchos, tú ve al bosque – Solo asintió y no esperó mucho para correr hacia su objetivo, por alguna razón le daba terror estar mucho tiempo con él sabiendo que quizá la odiaba.
Se acostó en su lecho pensando en todo lo que había pasado en el día, la pelea con Minho, el pequeño acercamiento con él, sus impulsos de ira, los recuerdos…
-Quiero dormir.
-Te aguantas hasta que me cuentes todo lo que sabes.
-No seas infantil, Him.
Si hubiesen podido estar frente a frente le habría dedicado una mirada de molestia terrible.
-No te gustará lo que verás.
Luego de eso se durmió.
(fin del capítulo 2)
Gracias a los que se quedaron, me motivan a seguir :'3 (gay mode on)
Guest: gracias, la verdad es que si hay pocos n
Eri-reader-28: Me alegra que te guste, y me hiciste imaginar a Hiems en posición fetal diciendo: mi precioso... w
Trataré de subir los capítulos los domingos y eso .w.
bye
Megi
