(Pido disculpas de ante mano si hay algún error de tipeo. Todo lo relacionado con la saga de Percy Jackson y los Dioses del Olimpo le pertenecen a Rick Riordan. Eddie.)

CAPÍTULO II

Era el momento, finalmente había tomado el valor para atacar a Jackson con una de las flechas que le robé a Eros. El plan era simple: disparar y dar en el blanco; entonces, Percy dejaría de interesarse en Annabeth y yo recuperaría mi familia. Con la respiración pausada esperé paciente a que el Hijo de Poseidón se acercara a la ventana de su cabaña, la flecha emitía un suave fulgor fucsia que amenazaba con delatarme si no actuaba pronto, aunque todos estuvieran en sus respectivas cabinas, había unos seres que rondaban el perímetro haciendo guardia: las Arpías.

—Vamos… aparece Jackson, aparece… —Murmuré un tanto impaciente, apuntando hacia la ventana. Entonces, apareció. Pero no en el marco de la claraboya sino por el umbral de la puerta trasera. Me pregunté si había notado algo sospechoso, ya que dirigió su vista hacia el camino que yo había tomado; sin embargo, no me detuve a averiguarlo, de modo que disparé. La flecha voló a una velocidad casi imperceptible, como si hubiera adquirido vida propia, acortando la distancia como un bólido y derribó a Percy expulsando una pequeña nube fucsia que se disipó enseguida. Al parecer la flecha fue absorbida por el muchacho ya que no la vi atravesar su cuerpo, aun así no tuve el tiempo de verificarlo, porque al instante escuché una voz que empeoró todo.

–¡Percy!– Chilló Annabeth a pocos metros desde la cabaña seis ¿Qué rayos hacía ella ahí? Cuando debía estar en su propia casa. No tardé mucho en comprenderlo: Chase y Jackson se encontraría en la cabaña tres, por eso Percy salió y miró hacia esa dirección ¿Desde cuándo ése par tenían aquellos encuentros? Era obvio que nadie en el campamento lo sabía. La imagen de Annabeth en la cama de Percyme llenó de celos y decepción, ¿cómo podía ella actuar así? Escapándose de su cabina para verse con el miserable de Jackson ¿cuánto duraría ahí dentro? ¿lo hacía todas las noches? ¿cómo podía el Hijo de Poseidón convencerla de aquello? Debí haberle disparado con una flecha real, pero claro de haberlo hecho yo volvería al inframundo directo al Tártaro y nunca alcanzaría los Elíseos.

No me tomó más de tres segundos pensar mi siguiente acto. La Hija de Atenea no podía enterarse de nada y estaba a punto de echar abajo mis planes, así que no vi otra opción más que cargar rápidamente la ballesta con otra flecha, apuntar hacia la rubia y disparar. El arma se precipitó por el aire como un rayo láser y golpeó a la chica con tal fuerza que la hizo caer de espaldas como si su pecho hubiera chocado contra la rama invisible de un árbol, obligando a su cuerpo irse hacia atrás de forma estrepitosa.

Pero mis problemas apenas empezaban.

Un gruñido agudo resonó entre las sombras de los árboles y supe que había sido descubierto por la Arpías que vigilaban a los campistas luego del toque de queda, y según Quirón, destrozarían a todo el que encontrara por fuera de su cabaña. Busqué con la vista el lugar exacto de la procedencia de la criatura pero arriba todo estaba muy oscuro y un segundo gruñido me hizo saber que era hora de huir. Lancé la ballesta al suelo, la cual cayó entre los arbustos, até la bolsa que contenía la última flecha divina a mi cinturón y comencé a descender rápidamente del árbol, recriminándome por no haber llevado conmigo las zapatillas aladas. No me encontraba muy arriba por lo que sólo tenía que bajar hasta la rama que estaba a mis pies y desde ahí podía saltar al suelo para regresar corriendo a la cabina once. Una de las ventajas de ser el Hijo del Dios de los Ladrones era poseer una increíble habilidad para escapar. No obstante, esta habilidad me falló en esos momentos: cuando estaba a punto de saltar una de las Arpías me encontró. Apareció de repente en la base del árbol gruñéndome con sus afilados dientes, que si me dejaba caer sin duda me devorarían en cuestión de segundos. Mi corazón se aceleró y sentí la descarga de adrenalina recorrer mi cuerpo como una inyección de energía, velozmente impulsé mis pies hacia arriba, antes de que la criatura los atrapara entre sus garras, aferré mis manos a la rama sobre mi cabeza y trepé por el tronco arriba. El monstruo arrancaba con sus brazos cada rama que mi pie abandonaba para buscar el siguiente peldaño, y sentía que si tardaba un segundo, lo próximo que la Arpía desprendería sería las piernas de mi cuerpo. Intenté ascender en espiral para retrasar a la criatura, pero sabía que ése no era el árbol de los Frijoles Mágicos, así que pronto llegaría a la copa, donde sin mis tenis con alas estaba a merced de las guardianas del campamento.

Cuando me faltaba alrededor de dos metros para llegar a la cima, decidí que era momento e enfrentarme a la Arpía. Saqué la única arma que llevaba conmigo de su bolsa de cuero y mientras me sostuve con de una rama con mi diestra, con la mano izquierda agité la flecha resplandeciente de un lado a otro amenazando a la criatura quien me gruñía ferozmente, lanzaba algunos zarpazos con su brazos pero parecía comprender el origen divino de mi arma como para atacar directamente. Tomé la ventaja y empecé a descender poco a poco, haciendo retroceder al monstruo. Otro graznido hizo eco en el aire y al subir la mirada, observé una segunda Arpía que se precipitaba hacia mí. –Por Hades.– Maldije mi suerte, y fue entonces que sentí cómo el árbol se sacudió con un golpe que me hizo perder el equilibrio.

Al parecer la Arpía que me perseguía cuesta arriba, aprovechó mi segundo de distracción para partir el tronco con sus garras y la copa del árbol se alcanzó a doblar peligrosamente. Yo ya iba en caída libre hacia el suelo ¡Que va! Hubiera deseado que fuera 'caída libre', así no me hubiese golpeado con cada rama que encontraba en mi vertiginoso descenso. En cierto momento solté la flecha a causa de un golpe en mi antebrazo, y lo único que hice fue cubrirme la cara mientras mi cuerpo rebotaba de una rama a otra como una pelota de pinball. Lo único que me detuvo fue el suelo.

Fue entonces cuando me retracté y agradecí que las ramas amortiguaran mi caída o de lo contrario me habría roto algún hueso. El golpe sacudió mi cabeza y me tomó un par de segundos para reponerme y lograr levantarme si tambalearme y sentí una punzada en las costillas cuando arqueé mi espalda para recuperarme antes de empezar a correr. A mi derecha se encontraba el cuerpo de Percy boca abajo, parecía que había girado con el flechazo antes de caer en el exterior de su cabaña, creí verlo moverse un poco y podía decir que lo oí gemir suavemente; si estaba despertando debía salir de ahí. Pero no fue él quien me alertó.

–No te atrevas a dar un paso más, Hijo de Hermes.– Giré mi rostro 180° para encontrarme con una de las Cazadoras de Artemisa; pero lo que realmente me alarmó fue ver el arma con la que me apuntaba. No conocía su nombre, pero podía decir que era hermosa, tendría la misma edad de Thalia, su cabello oscuro caía rebelde por detrás de sus hombros, no portaba una armadura como tal, sólo las correas que cargaba su arsenal que incluía el carcaj terciado por su pecho, y me observaba con una mirada fría y decidida a disparar. Tensionó su arco en señal de amenaza y yo levanté los brazos en signo de rendición. A pesar de que se encontraba a unos diez metros de distancia, sabía que su tiro tenía pocas probabilidades de fallar, por ello la opción de huir no estaba ya entre mis posibilidades.

–Suelta eso, no sabes lo peligroso que puede ser. –Advertí sin mostrar demasiado mi temor por la flecha de Eros con la que me señalaba.

–Pero estoy dispuesta a averiguarlo. –Replicó agudizando su vista a través del arco. Por eso no me agradaban las Cazadoras, eran tan arrogantes y caprichosas.

–¡¿Rose?! –Resonó la voz de Thalia metros atrás de su compañera aún internada en el bosque, y vi mi mundo venirse abajo, podía persuadir a la Cazadora que tenía enfrente, pero la Hija de Zeus difícilmente creería en mi inocencia. Sin embargo, no fue mi amiga la próxima en llegar a la escena del crimen.

Los gruñidos de las Arpías anunciaron su presencia en los árboles que se sacudieron. Venían para acabar su trabajo porque esas criaturas jamás se daban no se rendían tan fácilmente. Rose y yo nos distrajimos con el monstruo que se acercaba y mis reflejos de semidiós me dijeron que era el momento de escapar de mis dos cazadoras. Miré a la chica que había bajado la guardia pero aún sostenía su arco cargado con la flecha divina buscando a la Arpía con la vista y di media vuelta echándome a correr. No logré avanzar ni dos metros cuando sentí un golpe en la espalda que me dejó sin aire, fue como si una aguja de acupuntura se hubiese enterrado justo debajo de mi omóplato pero aun así no dolió, logré percibir un aroma dulzón en ese último aliento y antes de car inconsciente de bruces creí escuchar una voz masculina que pronunció mi nombre.

En mi sueño, estaba flotando, pero no en el aire sino dentro del océano, afuera el sol resplandecía dándome una increíble vista de un arrecife de coral a mis pies. Llevaba conmigo mis zapatillas aladas y sentí esa libertad de volar aunque estuviera rodeado de agua, aquello me alarmó al caer en cuenta que necesitaba oxígeno para respirar pero, extrañamente podía hacerlo. Ese hecho constató mi teoría de que estaba bajo la influencia de Morfeo. ¿En qué momento me había quedado dormido? No tenía idea y no le di demasiada importancia, total era un simple sueño. A pesar de estar a metros por debajo de la superficie no me estaba ahogando, no sentía esa agonía por la falta de aire ni la presión en mis pulmones, y contrario a ello, me agradaba estar en el mar, la corriente a mi alrededor me envolvía como un abrazo suave dándome la sensación de seguridad, incluso calidez porque el agua no era fría, pero tampoco caliente ¿en realidad era agua? Porque ni siquiera estaba mojado; sin embargo, cuando relamí mis labios tenían esa salinidad marina que odiaba, con la diferencia de que me agradó su sabor. Entonces sonreí, e sentí feliz rodeado de ese azul intenso y extendí mis brazos dejándome llevar por la corriente con los ojos cerrados, si ése era un sueño en verdad, no quería despertar.

"¿Luke?" Una voz masculina me llamó desde las profundidades. Ya había escuchado esa voz antes, y de repente mi paraíso submarino se desvaneció dejándome de nuevo en la oscuridad. Maldije esa voz por interrumpir mi sueño. Siempre tan impertinente. "Luke, despierta." Me llamó de nuevo, pero me negaba a obedecerle, quería regresar a aquel lugar donde era feliz, donde me sentía tan liviano como una pluma, no como ahora que percibía la gravedad sosteniendo mi cuerpo a una superficie no muy cómoda. Empecé a oír algunos murmullos y la voz sonó otra vez.

–Luke ¿me escuchas? – "Claro que te escucho, imbécil." Le respondí mentalmente, le escuchaba fuerte y claro, ya no era un eco en mi mente que me hablaba en medio de la fantasía. –Vamos, despierta. – Insistió y me exasperó. ¿Cuál era su preocupación por mí? O mejor, ¿por qué tenía ese tono de preocupación? Me quejé por lo bajo y creí escuchar su sonrisa, algo que me irritó y me confundió ¿Era ésa su mano la que apretaba la mía? Por Zeus ¿qué estaba sucediendo? Finalmente entre la molestia, la curiosidad y el temor, me atreví a abrir los ojos.