Edad 4:
Mover mis piernas resulta cada vez más difícil y doloroso, he perdido la cuenta de cuantas vueltas he corrido a mi máxima velocidad y mi vista recién ha comenzado a nublarse; más sin embargo no puedo detenerme porque si lo hago este será el cuarto día consecutivo que pase sin ingerir alimento alguno. Morir de inanición es un miedo constante con el cual he aprendido a vivir desde que mi adiestramiento con padre comenzó y pensé que podría dejar un poco de lado ese temor desde que había estado desenvolviéndome tan bien en los entrenamientos, pero eso cambio completamente hace tres días cuando padre me dijo que iba a empezar a usar pesos en brazos y piernas para acelerar mi formación física y aumentar mi resistencia.
Por supuesto no había resultado nada bien y tuve una especie de regresión en mucho lo que había aprendido; la dificultad de mover mis brazos había entorpecido el lanzamiento de kunai y shuriken, necesitaba demasiado esfuerzo de mi parte para marcar algún golpe durante las prácticas de taijustu y lo peor de todo, el peso extra invalidó casi por completo la velocidad y resistencia que me había costado tanto desarrollar. Es esa la razón por la cual no había podido comer nada y ahora me encontraba al borde de un colapso; padre ordeno que volviese a alcanzar mis anteriores marcas de tiempo pero al serme obviamente imposible me quito las barras de racionamiento hasta que lo hiciese.
¿Es tan cerrada su pequeña mente que no se da cuenta que lo que está pidiendo de mi es algo que incluso él es completamente incapaz de hacer? ¿O se trata solamente de otra forma de maltratarme?; mientras trato de mantener el ritmo siento como la sangre comienza a dirigirse hacia mi cabeza y la presión allí crece exponencialmente, me duelen mis oídos y dientes de lo apretada que tengo la mandíbula. Creo que vomitare lo que sea que aun quede en mi estomago, tengo tantas ganas de gritar, de rendirme, desearía con todo mi ser regresarle cada humillación y abuso al que me ha sometido. Es cada vez más difícil contenerme, siento como el chakra se arremolina en mi interior como un torbellino sin control y me siento lleno de poder; comienzo a correr cada vez más y más rápido, no sé que está sucediendo con mi chakra pero lo agradezco si de esa forma consigo comer algo.
-¡Tiempo!- grita padre, automáticamente mis piernas dejan de responderme y me desplomo sobre el césped. –Superaste tu mejor tiempo por 7 segundos… es aceptable-.
Respiro muy dificultosamente mientras trato de volver a tomar control de mi cuerpo y preguntar si puedo comer ahora que ya cumplí con las condiciones pero me detengo cuando arroja una bolsa de monedas hacia mi cara.
-Dentro viene la lista de lo que debes comprar y una barra para que comas, asegúrate de llegar antes de la cena y podrás tener tres mas- dice antes de desaparecer por medio de shunshin (jutsu de cuerpo parpadeante).
Permanezco durante casi 20 minutos más tendido sobre el césped mordisqueando la barra de racionamiento mientras tratando de mover mis piernas de nuevo y disfruto del alivio que me produce estar solo; no es algo nuevo el hecho de que padre me ordene ir a comprar en su lugar los alimentos que solo él consume, pero a sucedido solo muy pocas veces por lo que debe estar realmente satisfecho con mi progreso hoy.
No me engaño ni por un instante pensando que esto es meramente una recompensa por mi esfuerzo, el fin de dejarme ir a recorrer la aldea es mostrarme como un niño perfectamente sano y feliz, y así evitar cualquier sospecha que pudiese generar el que yo estuviese encerrado siempre. Esa es también la razón de porque nunca me hiere en el rostro, el porqué sigue comprándome ropa y me ordena cuidar de mi apariencia.
Por fin soy capaz de ponerme en pie y me dirijo inmediatamente a la zona del mercado mientras reviso la lista dentro de la bolsa de monedas, al parecer solo debo comprar pescado, arroz, algunos vegetales y té; no es mucho así que debería poder terminar rápido las compras y aun tener tiempo para mi misión personal.
Llego por fin a donde se encuentran la mayoría de los puestos donde se encuentran las cosas que necesito; procedo a colocar una sonrisa en mi rostro y saludar amablemente a los vendedores que he llegado a conocer las pocas veces que he estado aquí.
-Buenas tardes igualmente Haru-chan- me responde amablemente la señora mayor que se encarga del puesto de té –Imagino que tu padre desea lo de siempre, ¿correcto?-
-Sip, oba-chan- contesto mientras le doy una sonrisa aun más grande y falsa.
-Makoto-kun nunca cambiara- ríe brevemente mientras busca y empaca mi pedido -¿Oh? ¿Te lastimaste en los entrenamientos de nuevo eh?- pregunta refiriéndose al vendaje de mi brazo izquierdo.
-…si, fue un accidente- Por supuesto ambos sabemos que no, oba-chan es una ex kunoichi, vieja conocida de padre además de su vendedora favorita de té por lo que ha visitado la casa un par de veces y ha sido testigo de un poco del maltrato en el que vivo, obviamente no ha movido un solo dedo al respecto igual que cualquier otra persona que ha podido ser testigo del trato de padre a conmigo.
Pago mi compra y me retiro, me hace sentir demasiado enfermo permanecer entre esta clase de personas; ya con toda la compra realizada comienzo a vagar por las calles principales en busca de mi objetivo. La primera vez que pude recorrer la aldea fui inmediatamente en busca de pistas que me dijeran en que periodo de tiempo me encontraba y gracias a lo que solo podría nombrar como "viejas chismosas de mercado" pude enterarme que justo hace un año hubo un incidente dentro del clan Hyuga y el hermano de la cabeza del clan había desaparecido.
Omitiendo la mayor parte de lo que inventaban, que si había se había enamorado de la esposa de su hermano, que si se había huido de la aldea, etc; era fácil deducir que hablaban sobre el intento de secuestro de Hinata por parte de Kumo y si recordaba bien esto sucedió durante su tercer cumpleaños así que sumando otro año ella estaría por los cuatro igual que yo, lo que confirma que soy de la misma edad que los 9 novatos y vuelve aun más valioso mi conocimiento sobre el futuro.
-¡Fuera de aquí! Yo no voy a venderte nada– más adelante junto a un carrito de dulces un hombre le gritaba a un pequeño niño rubio vestido con una camiseta vieja y pantalones cortos oscuros.
-¡Yo no quiero sus feos dulces viejo!- grito al vendedor y corrió rumbo a otra calle; por fin lo encontré, tengo que detenerlo antes de que lo pierda de vista.
-¡Oye espera!- lo alcance por fin dentro de un callejón, parece que se detuvo a llorar allí para que nadie lo viese.
-¿Qu-que quieres?- se encogió visiblemente cuando me vio y parecía listo para correr, ¿creía acaso que yo iba a hacerle daño?, decidí acercarme lentamente para no asustarlo más.
-Vi que ese viejo no quiso venderte- dije suavemente- mmm… si tu quisieras yo podría ir y comprar por ti- le ofrecí, esta era probablemente la mejor forma de acercarme a él.
-¿Cómo se que no te irás corriendo con mi dinero?- pregunto con desconfianza cruzándose de brazos y haciendo un puchero; entiendo perfectamente su desconfianza y me hace sentir mal por estar tratando de acercarme a él por conveniencia.
-Mmm…¿Qué te parece si me dices lo que quieres y yo te lo regalo? ¿Estaría eso bien?- levanto los brazos en señal de rendición.
-…Solo una paleta- murmura lanzándome una extraña mirada.
-Muy bien, solo espérame aquí, vuelvo enseguida- le doy una sonrisa y corro rápidamente a comprarla; ojala este pequeño gasto extra no me traiga muchos problemas con padre, incluso si así fuese es necesario para mis planes.
Compro dos paletas, una naranja y otra azul y corro de vuelta al callejón donde veo al pequeño tratando de eliminar los restos de lágrimas que aun tenia sobre el rostro.
-Ya volví- sonrío alegremente mientras le ofrezco la paleta naranja –Esta es para ti y esta para mí- digo mientras le muestro también la paleta azul y espero que tome la naranja, pero no lo hace. Me mira fijamente con sus grandes ojos azules en shock y de un momento a otro parece como si fuese a llorar otra vez.
-¿P-po-porque?- me pregunta con la voz rota y no sé qué hacer, me está poniendo nervioso, así que simplemente trato de seguir sonriéndole.
Sigo tratando de pensar en qué razón inventar para ganarme su confianza cuando sin darme cuenta toma la paleta de mi mano y al voltear a ver su rostro puedo distinguir claramente la confusión, pero justo debajo de esa capa veo brotar algo distinto, algo que rompe completamente mi determinación, veo esperanza.
-Porque yo estoy solo igual que tu- finalmente confieso, tanto como para él como para mi mismo; puede que ser cercano a él sea una buena estrategia pero no voy simplemente a abusar del buen corazón de un niño pequeño, a usarlo como una herramienta como padre intenta utilizarme; en cuanto vi ese brillo en sus ojos nació en mi un sentimiento que creí ya ni siquiera recordar, una sensación empática que me había sido tan incómoda en mi anterior vida, un extraño y enorme afecto que brotaba de mi cada vez que veía a un niño o animal siendo dañado, un sentimiento ordinariamente conocido como instinto maternal.
-¡Entonces debemos ser amigos-ttebayo!- exclamó con renovada esperanza, como si lo que dije hubiese sido suficiente para comprenderlo todo.
-Sí, eso me gustaría mucho- y por primera vez en años la sonrisa que le di fue completamente sincera –Mi nombre es Haru-
-¡Yo soy Naruto Uzumaki y desde hoy eres mi mejor amigo-ttebayo!- dándome lo que posiblemente sea la más bella y cálida sonrisa que haya visto nunca.
Durante el tiempo que me quedaba comimos las paletas y jugamos corriendo de un lado a otro por las calles que estaban vacías mientras Naruto se burlaba de cómo la paleta me había dejado la lengua azul. Cuando por fin oscureció tuvimos que separarnos, yo tenía que volver con las compras y él al parecer todavía vivía en el orfanato por lo que tenia toque de queda; como me es imposible saber con certeza cuando volvería a dejarme salir padre solo pude prometerle que cuando pudiese lo buscaría y volveríamos a jugar así que por favor no me olvidara, a lo que él solo sonrió aún mas y grito que nunca podría olvidar a su nuevo mejor amigo.
De regreso a casa tuve que mentirle a padre y decirle que durante la compra unos niños me hostigaron pidiendo jugar conmigo hasta que sus padres llegaron y se ofrecieron a llevarnos al parque, donde tuve que fingir jugar con los niños para que no resultase sospechoso el porqué de mi insistencia en regresar a casa; pareció un poco renuente al principio pero al enseñarle mi lengua manchada de azul y reportarle que además me habían obligado comprar una extraña cosa dulce que yo no conocía se convenció de la veracidad de mi historia.
Supongo que es lógico creerme, en esta vida jamás había comprado ningún dulce por lo tanto no debería ser capaz de relacionarlo directamente con los gustos de los niños pequeños normales. Gracias a esto también pude recibir mis tres barras extra aunque había llegado un poco más tarde de lo usual, de las tres barras solo pienso comer una como cena y ocultar después las otras en mi habitación para prevenir otra situación como la de los últimos días.
Comencé a preparar diligentemente la cena de padre con los ingredientes que recién había comprado, todas las comidas era la misma rutina independientemente si yo podía o no comer alguna barra; era básicamente yo quien se encargaba de todos los quehaceres del hogar y sorprendentemente no me parecían en absoluto complicados, incluso la cocción de los alimentos se me daba particularmente bien.
Mi día a día desde que comenzó mi entrenamiento había sido una rutina constante, a primera hora de la mañana prepararía el desayuno de padre para que pudiese ir a su nuevo trabajo como constructor, después me encargaría de la limpieza de la casa, luego prepararía la comida para cuando él regresara y finalmente después de comer, ambos iríamos al claro a continuar mi adiestramiento como shinobi; dependiendo de mi desempeño podríamos solo regresar a casa o tendríamos un combate el uno contra el otro, claro que era su forma de molerme a golpes con una excusa.
Cuando por fin padre terminó de cenar lo que había preparado fui despedido, así que inmediatamente después me retire a mi habitación; en cuanto cerré la puerta broto de mi una pequeña sonrisa, hoy había sido el mejor de los días y tan solo el recuerdo de cómo me había divertido con Naruto hacia brotar de mi una sensación de felicidad; no es como si quisiese jugar siempre como un niño pequeño, pero justo esos momentos me habían hecho recordar otros tantos en los que verdaderamente había tenido esta edad.
Olvide completamente mis problemas y me centre únicamente en hacer feliz al pequeño que jugaba conmigo; me tire en mi futon el cual remplazaba la vieja cuna que había en mi habitación y lentamente comencé a quedarme dormido aún con una sonrisa en la cara.
Edad 5:
Estoy viviendo una vida miserable; poco a poco el entrenamiento a empeorado, antes abarcaba la mayoría de las artes shinobi y aunque era muy intenso padre tomaba en cuenta que mi cuerpo era aún pequeño y débil. Todo eso cambio cuando perdió su empleo como constructor, parece ser que la aldea estaba recuperada en su totalidad de la destrucción provocada por Kurama y ya no estaban en la necesidad de tantos constructores por lo que padre fue uno de los que prescindieron.
A raíz de esto vertió toda su atención y tiempo en mi entrenamiento, el cual fue resultándole insuficiente así que comenzó a perderse en la bebida.
Pararon repentinamente las horas dedicadas al conocimiento teórico, a aprender a leer y escribir, y fueron reemplazadas con lo que solo podría describir como un entrenamiento especifico para asesinatos. Las clases de taijutsu donde me podría a repetir katas una y otra vez sin parar se convirtieron en combates en los que pondría una meta de golpes con éxito, las clases de armas donde tendría que asestar justo al centro de los objetivos se convirtieron en clases de velocidad, infiltración y estrategia donde el objetivo era llegar hasta padre sin ser detectado o de lo contrario tendría que sobrevivir al aluvión de armas que me arrojaría, el control de chakra fue reemplazado por un arcaico jutsu medico para emergencias y el incremento de mi rango sensorial, y así con cada parte del entrenamiento.
Por si eso no fuese suficiente mi ropa había sido reemplazada por lo que era prácticamente un traje anbu completamente negro y de tamaño infantil. Lo único bueno que había de la situación era que padre había desarrollado una aversión a salir de la casa por lo que yo era el encargado de hacer las compras y cualquier otro deber que implicara ir a la aldea, lo que me había dado más tiempo para ver a Naru-chan.
Nuestra relación se había desarrollado mucho en este lapso de tiempo pero no éramos exactamente amigos, nuestra edad mental era demasiado diferente como para vernos como iguales, al principio fue extraño pero todo se resolvió cuando comenzó a llamarme nii-san. Esa era una perfecta forma de definir nuestra relación, yo siempre estaba guiándolo y protegiéndolo mientras que él era quien ponía una sonrisa en mi boca y aligeraba la carga que yo mismo había puesto sobre mis hombros.
Atraigo mis piernas aun más hacia mí en un abrazo, en un vano intento de no sentir tan reducido el espacio en el que me encuentro, padre llego ayer a casa muy ebrio y comenzó a golpearme gritándome cosas inteligibles hasta que me arrojo dentro de la bodega de la casa y me encerró. Llevo aquí bastante tiempo, probablemente es medio día y ya tengo entumecido casi en su totalidad el cuerpo debido al frio, si no me saca pronto es probable que contraiga hipotermia.
Escucho el sonido de llaves y movimiento detrás de la puerta y trato de rogar que me saque.
-Ma-makoto-sama…- mi voz suena rota por las condiciones en las que estoy.
-¿Minami-chan…?- escucho a padre suspirar confundiéndome, probablemente sigue ebrio.
-Deja-déjame salir p-por favor- suplico, a este paso moriré si no consigo un poco de calor.
-No puedo Minami-chan, ese monstruo esta allí contigo, si te dejo salir él también va a escapar- puedo sentirlo arrodillado frente a la puerta pero estoy bajo de chakra por lo que no estoy seguro.
-Por favor Makoto-kun, no me abandones…- no me importa si tengo que fingir ser mi madre muerta si eso me permite vivir.
Tan pronto como lo digo escucho como comienza a desbloquear desesperadamente la cerradura de la puerta y la abre, la luz me sega tanto que nunca veo venir a padre quien ahora me envuelve en un abrazo, ahogado en sollozos.
-Minami-chan, Minami-chan, Minami-chan…- lloraba aferrándose más a mí, el calor de su abrazo me es repugnante pero necesito evitar una posible hipotermia a toda costa.
Me quedo completamente inmóvil mientras trato de absorver la mayor cantidad de calor de su cuerpo, mi cuerpo es tan pequeño y delgado que sus brazos me cubren todo el cuerpo.
-Makoto-kun… ¿cómo me mato ese monstruo?- una vez más mi curiosidad podía más que el pensamiento lógico.
-¡Oh Minami-chan! Ese demonio te contamino con su chakra maldito, te vi perecer lentamente frente a mi sin poder hacer nada, únicamente empeñada en mantenerlo, ¡Te dije que debías deshacerte de él, pero tú no me escuchaste pensando que eso dentro de ti era nuestro inocente hijo!-.
Oh…bueno eso explica un poco el desprecio, podría empujar y averiguar más o podría engañarlo para ir a la aldea y conseguir un poco de ayuda de Naruto; tiento un poco mi cuerpo para calcular si ya me es posible moverlo correctamente pero por desgracia parece que necesito unos minutos más, así que tengo que alargar esta farsa.
-Si el monstruo me mato, ¿Por qué no lo has matado?- oh mierda no debí haber preguntado eso.
-No me pongas más pruebas mi amor, vienes cada noche a recordarme mi promesa, así que por favor no me tortures más…- susurra y me suelta de su abrazo, toma mi rostro entre sus manos y me obliga a verlo de frente –Te prometí que lo volvería fuerte, que no permitiría que muriera ¡y voy a cumplirlo!-.
¡HAHAHAHAHAHAHAH! Así que esa es su estúpida razón para mantenerme vivo, ¡hahahah! ¡que estupidez!; por lo menos ahora sé que no es solamente un sádico sino también un puto loco que habla todas las noches con su esposa muerta prometiéndole cuidar a su hijo solo para despertar y maltratarlo el reto del día, mi vida es un jodido chiste.
Quito sus asquerosas manos de mi cara y simplemente salgo de la casa, no puedo soportar estar allí más tiempo, todo es demasiado ridículo. ¡Odio a padre, odio a madre, odio a Konoha, los odio a todos!…parpadea en mi mente la imagen de Naru-chan, lo necesito para calmarme, para darle algún sentido a mi vida, tengo que encontrarlo.
No es medio día como había pensado antes, es mucho más tarde, probablemente cerca de oscurecer; corro a toda velocidad por los techos de la aldea tratando de pasar desapercibido mientras busco a mi otouto, cuando el sonido de un llanto me detiene en seco. Me acerco con curiosidad a la estrecha calle de donde proviene el sonido, desde donde estoy solo puedo ver a un grupo de tres hombres pateando algo en el suelo.
Siento como mi enojo aumenta al sentirme identificado con quien quiera que sea su pobre víctima, hasta que alcanzo a ver una mata de pelo rubio entre el caos; todo se detiene y no puedo pensar más, simplemente me arrojo contra los tres hombres con el único pensamiento de hacerles mucho daño.
Ninguno de los hombres se espera ser atacado por una pequeña figura como la mía, así que aprovecho mi velocidad y altura para propinarle un golpe detrás de la rodilla al primero, ocasionando que caiga al suelo lo que aprovecho para estrellar su cabeza en el suelo y dejarlo inconsciente, uso a mi favor la confusión de los otros para saltar y propinarle una patada en el rostro al segundo hombre la cual rompe su nariz y lo deja fuera. El tercero es el único que me ve e intenta defenderse recogiendo una botella rota del suelo, de nada le sirve cuando en menos de un parpadeo le arrebato su arma improvisada y la entierro profundamente en su cuello, esto provoca que se rompa y corte mi mano lo cual no me importa tanto cuando el hombre esta desangrándose a mis pies. Le sonrío, quiero ser lo último que vea antes de morir.
Cuando me aseguro esta muerto y los otros dos inconscientes me dirijo hacia Naruto, quien aún permanece en el suelo llorando tratando de proteger su cabeza con sus pequeños brazos.
-Otouto ya estas a salvo, yo te protegeré, mantén los ojos cerrados hasta que yo te diga- mi voz suena más fuerte de lo que planee pero en cuanto lo tomo en brazos siento como se tranquiliza automáticamente.
Huyo rápidamente del lugar sin un rumbo fijo, no es hasta que anochece y llego al claro donde me entreno que siento como mi cabeza comienza a aclararse me doy cuenta que aun tengo en brazos a mi otouto, quien aun mantiene los ojos cerrados con fuerza pero ya ha dejado de llorar. Suavemente lo coloco en el césped a los pies de un árbol, lo recorro con la mirada y al notar que las pocas heridas que tiene ya están sanando siento como si un gran peso fuese quitado de mis hombros; le doy una rápida mirada a mi ropa también y agradezco la falta de luz porque hasta ahora me doy cuenta que estoy empapado de sangre, lo que también hace que me pregunte como llegue tan lejos sin ser detectado.
Ese pensamiento provoca que me ponga en alerta automáticamente y busque firmas de chakra a los alrededores, mis habilidades como sensor no son muchas pero deberían bastar solo para asegurar que Naruto y yo estamos solos. Bruscamente volteo en su dirección solo para verlo removerse inquieto pero aun sin desobedecer la orden que le di; me siento a su lado y lo rodeo con mis brazos.
-Ya puedes abrir los ojos otouto- susurro y cruzo mis dedos por qué no empiece a hacer preguntas, no quiero tener que mentirle a él también.
-Nii-san…me salvaste- abre sus ojos solo para mirar mi rostro e inmediatamente apretarme el también en un abrazo, no vuelve a llorar pero su tristeza es tan tangible que me golpea con fuerza tal cual lo haría un muro. Lo único que puedo pensar es que probablemente tengo el rostro lleno de sangre y no me di cuenta.
-Está bien Naru, todo está bien…- se separa de mi y únicamente puedo tratar de sonreírle. En ese momento algo brilla en sus ojos y se pone de pie frente a mí.
-¡No! Yo también quiero protegerte nii-san, siempre estas cuidando de mí y yo nunca he podido ayudarte- puedo ver algo feroz en su rostro –Crees que no me doy cuenta pero no soy un tonto, no quiero ser una molestia para ti pero yo siempre noto todas las heridas que tienes cada vez que nos vemos, siempre se cuando te esfuerzas por sonreír para mi cuando veo claramente que estas roto…- termina en un susurro y estoy completamente sorprendido, hice todo lo posible para ocultarlo pero él siempre vio a través de mi fachada.
-¡Yo me convertiré en la persona más fuerte de la aldea solo para protegerte-ttebayo! Porque tu...tu cuidas siempre de mi... me salvaste de mi soledad... y fuiste el primero en aceptarme tal y como soy…! ¡Yo te protegeré Haru-nii!- ni siquiera trato de detener el torrente de lagrimas que comienza a brotar de mis ojos, soy tan feliz en este momento.
-Ah, ah, no llores nii-san- empieza a agitar las manos y recorrerme tratando de buscar la razón de mis lagrimas.
Es curioso cómo puede ser la vida cruel con unos pocos, te da una alegría inmensa solo para destruirla una vez que crees que todo estará bien. Sentí como si el aire a mi alrededor hubiese disminuido drásticamente en el momento en que me di cuenta de una muy familiar firma de chakra acercándose a donde nos encontrábamos; me puse de pie rápidamente, no me quedaba mucho tiempo.
-Naruto te pido que escuches con atención lo que voy a decirte y en cuanto termine necesito que corras hacia el lugar más seguro que encuentres, escuches lo que escuches no volees, no te detengas y sobre todo, no regreses nunca a este lugar, ¿entendiste?- le ordene tratando de que no escapara en ningún momento la desesperación que me embargaba.
-E-esta bi-ien… nii-san que esta pa- estaba comenzando a preocuparse pero no había tiempo para explicar.
-¡Cállate y escucha!- lo interrumpí fuertemente lo cual lo asusto mucho más pero ahora simplemente asintió enérgicamente. Bien, porque tal vez esto sea lo último que pueda decirle.
-Es muy fácil pensar que simplemente obteniendo lo que crees que te falta, aquello que crees necesitar, encontraras la felicidad; hacerte creer que la vida es así de bonita. Pero yo no te voy a mentir, porque conozco muy bien el sufrimiento con el que te encontraras, por eso lo único que puedo decirte es que si, la vida es así de difícil y dolorosa- tomo sus manos entre las mías –Pero también sé que está llena de cosas hermosas y momentos de enorme felicidad, con los que tarde o temprano te toparas; así que te pido que en tus peores momentos recuerdes esas cosas, porque son a esas memorias a las que nos tenemos que aferrar… y cuando ellas no sean suficientes recuerda que siempre estaré allí para ti- esto es lo único que puedo dejarte ahora Naruto, soy demasiado débil para ayudarnos a ambos en este momento; le doy un empujón y comienza a correr, ruego que obedezca lo que le ordene.
No han pasado ni 15 segundos cuando siento como aterriza alguien al otro lado del claro. Fui un tonto, mi debilidad por Naruto me traiciono en el peor momento haciéndome olvidar de que estaba huyendo. Miro fijamente a padre desde donde me encuentro esperando que diga algo pero solo nos quedamos allí quietos por lo que me parece una eternidad.
-Mako-k- no soy ni siquiera capaz terminar cuando clava un kunai en mi estomago. Lanza una patada a mi costado la cual soy apenas capaz de detener con ambos brazos, lo que me deja descubierto dándole la oportunidad perfecta de propinarme un puñetazo a un costado de mi cabeza justo en la oreja.
El golpe me desconcentra totalmente y cuando me alejo de un salto apenas puedo caer en pie, estoy completamente sordo del lado derecho ahora, por lo cual no me doy cuenta cuando se acerca desde ese costado. Me toma de sorpresa y no puedo evitar que sujete mi brazo solo para romperlo como si se tratase de un mondadientes; esquivo sus siguientes puñetazos a duras penas, doy gracias a que la adrenalina ha anulado el dolor porque de otra forma no sería capaz de moverme.
Aún con mi brazo inutilizado y parcialmente sordo es necesario que me defienda, puedo ver en sus ataques que la furia lo ciega y no hay nada de estrategia detrás; cargo contra el lanzando una explosión de chakra a mis piernas, se desconcentra con mi velocidad y aprovecho para apuñalarlo con el mismo kunai con el que me hirió.
Solo pude clavarlo en su hombro cuando aprovechándose de la cercanía sujeta mi cabeza y me propina un rodillazo justo en la cara, escucho claramente mi nariz romperse y mis ojos se llenan de lágrimas cegándome; es en ese momento rodeado de oscuridad que sé que he perdido, ya no puedo defenderme; siento como el dolor comienza a llenarme completamente mientas dejo de moverme, pero aún así padre no se detiene, lo último de lo que soy consciente es del sonido de mis costillas rompiéndose.
Me estoy muriendo, ya no se qué día es ni cuantos han pasado desde que estoy en este estado, estoy tumbado sobre mi futon sin poder moverme por la increíble cantidad de dolor que eso me provoca; se que no ha pasado demasiado tiempo desde el incidente por la severidad de mi condición, las lesiones que tengo en el cuerpo necesitan ser atendidas en un hospital y las heridas en mi cabeza deben haber provocado un traumatismo craneal, ya que me encuentro entrando y saliendo de la inconsciencia sin poder controlarlo.
Despierto de nuevo y esta vez puedo ver a la anciana de la tienda de té con sus manos sobre mí tratando de curarme. Los días siguientes pasan igual, a veces despierto y el que esta es padre intentándome hacer beber agua, otras veces son otras dos ancianas que nunca había visto.
No sé en qué momento sucedió pero ahora me encuentro moviéndome con mayor facilidad y mi mente está más clara, el problema es que cada vez que veo a alguno de mis visitantes solo puedo verme a mí matándolo. Me veo asesinando a padre, me veo asesinando a cada una de las ancianas que vienen con el único propósito de cubrir su crimen; padre no podía dejarme morir por su estúpida promesa pero no me llevaría al hospital porque su abuso seria descubierto, así que las ancianas se encargaban de mantenerme vivo.
Algo se había desquebrajado dentro de mí y fue como si me hubiesen apagado.
Tan pronto como me curaron lo suficiente como para estar de pie padre corrió a las ancianas y continuo mi entrenamiento, el cual había vuelto a cambiar drásticamente, ahora era destruir o ser destruido.
Día tras día debo soportar el dolor y la humillación, encerrado dentro de este violento círculo vicioso. Pero esto no es lo peor.
Poco a poco pierdo trozos de mi cada vez más grandes. No he olvidado nada, todo mi conocimiento se encuentra seguro, clasificado dentro de mi cabeza; lo que en realidad estoy perdiendo es a mí, ya no recuerdo la última vez que reí, la última vez que sonreí, la última vez que llore y no fue de dolor, incluso la rabia en mi interior iba lentamente desapareciendo. Cada vez que utilizo mi chakra puedo ver como ha sido alterado su tono, la primera vez era una suave sombra de violeta mientras que ahora es color índigo y va oscureciéndose más y más.
Hoy desperté sabiendo que era el día, no sé de donde se origino pero solo lo acepte como una verdad que provenía desde lo más profundo de mi alma. Hoy todos morirían.
Comencé con las ancianas, y fue más fácil de lo que creí, podría romperlas con mis manos como hojas secas en otoño pero no iba a ser descuido esta vez, ya había cargado con las consecuencias de la estupidez una vez…no volvería a ocurrir. No conozco el nombre de ninguna pero no me interesa, están las tres reunidas a la mesa bebiendo té y hablando tranquilamente de sus nietos. Cuando me muestro dentro de la habitación oba-chan es la única que hace contacto visual conmigo, ella se da cuenta lo que viene y me lanza una mirada de disculpa antes de caer al suelo sin vida; para lo que me sirven sus disculpas.
Había resultado imposible conseguir cualquier veneno bajo la constante supervisión de padre, lastima para las ancianas que yo supiese que unas cuantas semillas de manzana molidas podían hacer el trabajo. No eran ni siquiera buenos ninjas médicos, si alguna indicación era el constante dolor que me provocaban mis costillas mal sanadas y el que ninguna se hubiese dado cuenta del veneno en su té.
Rápidamente me dirigí al claro a esperar hasta que mi oponente de verdad se presentase; no hubo necesidad de perder más el tiempo cuando al llegar vi que estaba esperándome ya. No sé si él sabía algo de lo que había pasado, pero no iba a dar explicaciones innecesarias; tenía mi plan en mente y nadie ni nada me detendría.
Aprovechándome de el elemento sorpresa mande un clon a atacar su espalda, había aprendido perfectamente los tres jutsus básicos pero mi cantidad de chakra no me iba a permitir abusar de estos, mucho menos teniendo en cuenta lo que tenía preparado para acabarlo. Mientras el clon se acercaba por su espalda yo me posicione en una de las ramas más altas que había cerca; tal como predije se dio cuenta del ataque por la espalda, lo que no esperaba era que fuese un clon y el yo real lo atacase por arriba consiguiendo clavar profundamente mi kunai en su mano al intentar defenderse.
Me retire a distancia después, todo iba de acuerdo al plan pero no podía darme el lujo de arruinarlo, el plan b era algo que sinceramente no quería tener que probar.
-¡Ma-ko-to-kun!- Comencé a burlarme imitando una voz femenina. –Dime padre, ¿acaso mami te visito anoche también?-
Me ataco directamente y comenzamos una batalla únicamente de taijutsu, yo no podría nunca comparar su fuerza pero mi velocidad era suficiente para esquivarlo, sobre todo si estaba enojado. Pero eso no era suficiente, necesitaba que se enfadara mucho mas, lo necesitaba completamente furioso.
-Mami y papi son el uno para el otro- volví a crear la distancia necesaria entre nosotros para el plan –Mami fue una estúpida que no pudo ver como disfrutaba matándola lentamente por dentro y papi es un shinobi mediocre que se ve forzado a cuidarme a causa de las alucinaciones de su puta que lo atormentan cada noche- cante en un tono infantil.
Y obtuve justo lo que quería, se lanzo ciego de rabia hacia mí para tratar de golpearme, me mantuve mayormente ileso gracias al justu de sustitución; pero tenía que empujarlo más, solo un poco más.
Aun más furioso por no poder tocarme comenzó a realizar sellos de mano y gracias a la herida que le había hecho antes en la mano tardo un poco más en realizarlos dándome el tiempo perfecto de reconocer el jutsu, sacar una pequeña bolsa y acercarme lo suficiente a él.
Pude ver en sus ojos que creía que había ganado justo antes de realizar la bola de fuego, yo estaba en la posición perfecta y no iba a poder esquivarla. Justo en el momento de realizarla lancé hacia él la pequeña bolsa abierta y en el momento en que el fuego hizo contacto con la harina que contenía fue cuando comenzó el caos.
La bola de fuego es uno de los pocos jutsus que suele usar padre y consiste básicamente en lanzar una cantidad de fuego controlado en forma esférica, al arrojar hacia su rostro la harina altamente inflamable causo una explosión y un consecuente descontrol del fuego, provocando así mas daño a la persona que lo realizo que a mi quien simplemente se había arrojado contra el suelo.
Observando como todo había ido de acuerdo al plan me lancé de nuevo sobre padre, quien chillaba de dolor por el daño que había hecho el fuego a sus ojos. Tan rápido como mis rodillas se posaron es sus hombros clave con todas mis fuerzas un kunai con cada mano a ambos lados de su cuello y aprovechando que sus manos trataban de sacar los apoye las mías en su frente y clave mis dedos índice y medio en las cuencas de sus ojos.
Sus gritos eran horribles mientras se retorcía y trataba de que sacara mis dedos, pero nunca lo hice, al contrario cavé más profundo aferrándome por dentro a su cráneo hasta que su cuerpo colapso. Había quedado tumbado boca abajo conmigo aún sentado encima, todavía no moría, aún podía escuchar sus gemidos de dolor.
-¡Ma-ko-to-kun!- lo llame alegremente, consciente de que aun podía escucharme- ¿No te entristece como terminara pareciendo que yo soy el inocente de esta historia? Solo le tendré que mostrar mis heridas a los médicos y estos dirán inmediatamente que te asesine en defensa propia- comienzo a reírme –Serás degradado a un abusador de menores, no tendrás ni siquiera un entierro, tu nombre no estará nunca en la piedra y lo mejor…impediré a toda costa que tus restos estén cerca de los de Minami- siento como se estremece debajo de mi y comienza a sollozar.
Sin pestañear saco los kunai de su cuello y con uno de ellos comienzo a separar la cabeza del resto del cuerpo, realmente espero que sigas sintiendo esto bastardo.
Cuando termino de retirar la cabeza la alzo en lo alto para contemplar mi trabajo pero soy detenido por una mano la cual sostiene con fuerza mi antebrazo, giro mi cabeza hacia quien sea que me ha detenido pero lo único que veo es una máscara anbu mirándome fijamente, hasta que algo golpea mi cabeza por detrás y caigo inconsciente.
N:
Siento que sobrellene un poco de información este capítulo y por más que quise aligerarlo no pude, realmente no me gusta cuando no pasa absolutamente nada en los capítulos, yo prefiero los capítulos en los que tienes que releer el contenido una segunda vez por si acaso te perdiste de algo.
Otra aclaración que quiero hacer es que si, si me doy cuenta de lo extraño que es tener a un niño de 4 años cocinando, haciendo los labores domésticos, etc. Para un niño normal de esa edad sería imposible y aún mas asesinar a alguien solo con 6 años, pero incluso sin tomar en cuenta su edad mental recuerden que los niños se desarrollan diferente en el mundo de Naruto, tomemos como ejemplo a Itachi quien fue expuesto a los horrores de la guerra desde lo Kakashi quien se graduó de la academia a los 5 y se convirtió en chunin a los 6. Puede que también sea poco creíble que un niño de esa edad haya asesinado a un chunin con muchísima más experiencia pero por eso mismo me tome el tiempo de explicar que Haru lo había derrotado por medio de estrategia no de fuerza y si sus planes no hubiesen funcionado irremediablemente abría perdido.
PD: En cuanto al cianuro en las semillas de manzana, se que ese no es el tiempo en el que funciona ni los síntomas que se presentan, pero quería conseguir una forma realista en la que pudiese conseguir el veneno sin alertar a nadie de sus planes. Así que me vi obligada a alterar solo un poco las cosas por el bien de la historia.
