Bueno, no saben por las que he tenido que pasar estas últimas semanas. Pero en resumidas cuentas mi computadora se arruinó, por lo que tuvo que someterse en una hospitalización total. Afortunadamente pudieron respaldarme todos mis documentos, por lo que recuperé mis fics. Espero que no les haya hecho esperar mucho. Esta historia comienza a entrar más a fondo en la trama por lo que espero que comiencen a interesarse.


-2-

Entremos a la ciudad real.


Dicen que Gold Roger, el antiguo Rey Pirata era un hombre temible y respetable. Los piratas de la era pasada habían dicho en una ocasión que Roger siempre fue el hombre más libre del mundo y que, sin importar qué, siempre guardaba una enorme devoción a sus nakamas y la libertad de vivir como más le gustaba.

Cuando un nuevo rey emergió y se hizo leyenda, todos esperaban que se tratara de un hombre bravo e intimidante como lo era el difunto Gol D. Roger. Sin embargo, al ver al flacucho y sonriente muchacho que había logrado obtener dicho título, muchos se rieron y otros exclamaron con desdén que el mundo se había vuelto completamente loco.

Pero era más que obvio que para aquellos que habían tenido la oportunidad de ver a Monkey D. Luffy en acción dichas risas hubiesen sido de lo más ofensivas. Luffy no era para nada un debilucho, como algunos pensaban. Él era un pirata muy formidable. Les había plantado cara a los enemigos más monstruosos que existían, logró derrotar a los peores piratas del East Blue con sus manos desnudas, derrotó a Crocodile siendo un jovenzuelo que aún no se convertía en adulto, le partió la cara a Enel siendo que era considerado como un dios entre los habitantes de la isla del cielo, se encargó de dejarle claro al mundo que nunca dejaría a ningún nakama suyo desprotegido y para ello casi mató a Rob Lucci, el agente más poderoso del CP9.

Dejó sin aliento a Gekkoh Moria, demostrándole que tenía una voluntad tan grande como para llegar más allá de lo estipulado. Logró enamorar y vencer la ideología feminista de Boa Hancock con tan sólo su humildad y fortaleza. Penetró en Impel Down y arrasó con todos, mostró nuevamente su voluntad de vivir y conmovió a varias haciéndolos ir a la guerra con decoro. Desafió a Shirohige, considerado el hombre más fuerte del mundo, y le dejó claro que no se sentía intimidado de su figura tanto física como simbólica. Enfrentó a los tres almirantes y sobrevivió; incluso golpeó a su abuelo, cosa que jamás había podido hacer hasta ese día.

Entrenó por dos años para volverse más poderoso y lo demostró en habidas ocasiones, ya fuese en la Isla Gyojin, Punk Hazard o Dessrosa, en la batalla contra Kurogihe y en la actualidad.

Luffy se había ganado a pulso el título de Rey Pirata, porque nunca hubo alguien tan amado por sus nakamas y tan temido por sus enemigos, después de Roger y Barbablanca como él. Por lo que, para aquellos que creyeran que ese muchacho de escasa masa muscular, con una sonrisa infantil y ojos soñadores no era digno de ser un rey; estaban sumamente equivocados.

El hombre que se había atrevido a desafiarlo pudo ver la muerte segura en los ojos de los Mugiwara. A pesar de que éstos no eran de la clase de persona que mata a sus oponentes o cuando acudían a una batalla, sí podían dar un aura lo suficientemente tenebrosa como para hacer creer eso.

Inmediatamente se inclinó a sus pies y junto la cabeza y las manos a la tierra desértica. Podían escuchar su desbocado corazón latir a mil por hora, el olor a sudor que emanaban de cada uno de sus poros y el temblor de sus huesos y dientes.

—¡No me mate, por favor, no lo haga! – rogó a pesar de que hacía unos momentos les había desafiado abiertamente.

Todos miraron a Luffy, quien había mencionado la idea de "morir" hacía unos segundos. El pelinegro suspiró con pena y aclaró su garganta.

—No voy a matarte. – dijo para alivio del hombre. Luffy se acomodó la ropa para volver a parecer un tipo normal. —Sólo quiero saber…

—¡Todos quietos! – se volvió a escuchar entre los alrededores y en un promedio de veinte agentes del Gobierno Mundial corrieron armados hacía ellos. Todos chistaron con fastidio, lo único que querían era estar en paz y visitar a su amiga Vivi, ¿Era mucho pedir?

—Dios, son molestos. – exclamó Zoro, preparando sus espadas para pelear.

—No. – Luffy le detuvo. —Si peleamos llamaremos a más. – inevitablemente eso había sonado muy razonable. Luffy usó su Haki del Conquistador para dejar a todos fuera de combate. Se sacudió las manos y volteó al agente que pensaba interrogar. Rápidamente recibió un golpe en la cabeza cuando todos le reclamaron por haberlo dejado inconsciente junto a los demás.

—Ahora no podremos saber qué estaba pasando. – dijo decepcionado Usopp.

—Bueno, no importa. – Luffy se encogió de hombros a pesar de los chichones en su cabeza. —Ya lo averiguaremos cuando lleguemos donde Vivi.

—Esto es inquietante. – comentó Robin. —Ese sujeto dijo algo sobre la eliminación de aquellos que simpatizaban con la familia real. – el humor de todos se hizo tenso. Si algo malo le había pasado a Vivi lo mejor sería que se apresuraran a llegar a Alubarna para averiguarlo.

—¿Vivi está en problemas? – preguntó Luffy con extrañeza.

—Ojala no. – exclamó Chopper.

—Eso no lo podremos saber hasta que vayamos con ella y busquemos información. – razonó Nami. —Por el momento vamos a revisar este lugar y recuperar toda el agua que podamos.

Los piratas tenían consigo cinco barriles de agua, pero era claro que se terminarían tan pronto como Luffy insistiera en que tenía sed, lo cual era muy constante.

Debido al ángulo por el cual entraron, no les tomó les tomó más que dos días llegar directamente a Alubarna. A comparación que la primera vez que estuvieron ahí, no fue necesario caminar por grandes extensiones de arena, sufriendo sed, desesperación y las alucinaciones de Luffy.

Ya estaba cayendo el sol, y a pesar del cansancio de tener que haber andado a pie en el calcinante calor del desierto los Mugiawaras decidieron que iban a llegar ese mismo día. Franky y Chopper se quejaban constantemente del calor, esto debido a que el cuerpo metálico de ciborg y el pelaje del reno se calentaban dramáticamente y simplemente no les dejaba andar.

El que más a gusto iba era Brook. Al no tener piel no resentía el calor ni tampoco sudaba, pero, en ocasiones, por solidaridad fingía que se limpiaba la frente y exclamaba exhausto.

—Nami, ¿Cuánto falta? – con esa ya iban más de treinta veces que Luffy le preguntaba y la pelirroja simplemente había comenzado a ignorarlo.

—Poco, Luffy, poco. – suspiró cansada. Bebió un poco de agua de una cantimplora y regó un poco más en su cabello.

—Ah, mi querida Nami-san se está refrescando…- cerca, Sanji espiaba con un ojo totalmente especializado, Zoro le miraba con algo de asco y exclamaba cosas como:

—Te sangrará la nariz si sigues así, pervertido.

—¿Qué te importa? – se quejaba Sanji para comenzar una pelea entre los dos.

—¡Nami, estoy cansado! ¿Cuánto falta para llegar? – ahí iba Luffy de nuevo.

—¡Unos minutos, joder! – mostraba pequeños colmillos. —¿Por qué no te entretienes con otra cosa? ¡Usopp! – llamó al francotirador el cual iba con la cabeza gacha. —¡Juego con Luffy! – ordenó. En ocasiones Nami se comportaba como la segunda al mando y dejaba a Zoro fuera de esa línea.

—¿Jugar? – Usopp miró momentáneamente a Luffy y suspiró. —Chopper, juega con él.

—¿Yo? Estoy muy cansado. ¿Franky?

—Lo siento, chicos. Pero mis brazos a penas se están enfriando y no quiero tocarlos o los quemaré. – y era cierto. Por ello el carpintero había decidido ubicarse detrás de todos y así ahorrarse la pena de quemarlos con el ardiente metal de su cuerpo.

—Luffy-san, yo puedo jugar con usted si lo dese… - pero fue interrumpido por el muchacho.

—¡Oh, ya la veo, es Alubarna! – dio un saltito emocionado y emprendió la carrera.

—¡Espera, Luffy! – todos gritaron en vano.

—Diablos, siempre hace eso. – dijo con fastidio la navegante.

—Miren. – Robin, quien había guardado silencio la mayoría del camino señaló hacía la ciudad con algo de intriga. —Está totalmente custodiada.

No mentía. A lo lejos la ciudad de Alubarna parecía la mera representación de Troya. Tenía grandes paredes de piedra que, a pesar de las originales, se veían más reforzadas.

—¿Más murallas? – masculló Sanji. —Comienzo a creer que algo malo está pasando aquí. – dejó salir humo de su nariz y boca al tiempo.

—Será mejor que vayamos por Luffy antes de que cause un alboroto. – opinó Franky. —Después de todo, supongo que deberíamos guardar distancia e investigar qué sucede, ¿no?

—Tienes razón y conociendo a Luffy ahora mismo debe estar gritándole a todo el mundo. – Usopp apoyó la idea.

—¡Aww! – Franky juntó sus brazos con entusiasmo. —Por eso usaremos mis piernas para llegar. – aquellas se transformaron en las bandas de un tanque. —Aquí la arena no está tan blanda, podré andar. Vamos, Usopp, Chopper. – invitó a los más jóvenes y éstos saltaron encantados.

—¿Te has enfriado ya? – preguntó el espadachín.

—¡Sí! ¡Todos abordo! – era una suerte que Franky fuera tan grande, sin embargo, al poner más peso en su cuerpo comenzó a hundirse.

—Bien, cambio de planes. – exclamó Nami. —Zoro, Sanji, Usopp y Brook. Ustedes irán a pie, nosotras y Chopper con Franky.

—¡¿Ah?! – se quejaron Zoro y Usopp. —¿Por qué ustedes tienen que irse en Franky y nosotros caminando? – dijeron al mismo tiempo.

—Porque Robin y yo estamos muy cansadas y no es cortés en un caballero hacer que una dama camine. – se defendió la gata ladrona.

—¿Y desde cuando tú eres una dama? – gruñó Zoro.

—¿Acaso dijiste algo? – para entonces Nami había desenfundado su Sorcery Clima Tact.

—No, nada. – susurró el mejor espadachín del mundo.

—Espera, ¿Y por qué Chopper va con ustedes? – apuntó acusadoramente Usopp.

—Porque Chopper es pequeño. – excusó Robin. —Nos veremos en las cercanías de la ciudad, nos adelantaremos para buscar a Luffy. Vámonos, Franky. – ordenó la arqueóloga y el pirata de acero asintió con una sonrisa.

—¡Sujétense! ¡Chicos, nos veremos allá! – aceleró y alzó mucha arena para salir de ahí disparado.

—Franky y Chopper nos traicionaros. – gruñó Usopp.

—Vamos, vamos, es por el bien de las señoritas. – solapó el cocinero.

—¿Algún día dejarás de ser su tapadera? – Zoro lo miró con irritación.

—¡Nunca! – canturreó Sanji mientras varios corazones salían a su alrededor.

Y mientras los miembros de la tripulación del Rey Pirata se peleaban entre ellos, Luffy aceleraba el paso lo más que podía para llegar a las grandes puertas de la ciudad. Conforme se fue acercando se dio cuenta de una larga fila de personas, todos hombres, esperando entrar en orden. Luffy se acercó a ellos y frenó eventualmente. Los miró sin entender, los hombres, más bien obreros, regresaban a sus casas después de un laborioso día en los muros. Cada día eran trasladados cientos de trabajadores para terminar los muros de la enorme isla.

Estos hombres eran reunidos a las afuera de la ciudad y registrados por serie para después dejarlos entrar. Luffy no lo sabía, puesto que acababa de llegar, pero justo cuando iba a preguntarle a un anciano qué estaban haciendo escucho el silbato de un guardia que cuidaba la entrada.

—¡Oye tú! – se le acercó y le amenazó con una batuta de hierro cuya punta tenía un pequeño dobles de cuero. —¿Qué haces fuera de la línea?

—¿Yo? – Luffy pareció tonto con esa pregunta.

—Maldición. – escupió el hombre. —Nunca te pagan lo suficiente. – tomó a Luffy de un brazo. —Ven, por tu estura tú debes ir aquí. – lo colocó dentro de la línea y retrocedió. —Bien, bien, sigan avanzando.

Luffy alzó una ceja cuando se vio dentro de la organización. Claramente esas no eran sus intenciones, estuvo a punto de retirarse pero alguien lo retuvo.

—Será mejor que no lo hagas. Nos meterás en problemas a todos. – se trataba de un hombre mayor, cuya cara estaba tan arrugada y su barba llegaba a su pecho.

—¿Problemas? – alzó la cabeza para ver la fila que lucía interminable. —Viejo, ¿Por qué hay tantas personas?

—¿Qué eres nuevo o qué? – preguntó con algo de fastidio en su voz. Al ver la cara expectante de Luffy alzó las cejas un momento y después suspiro desganado. —Tenemos que entrar en orden para que nos cuenten.

—¿Y por qué querrían contarnos?

—Porque todos los días mueren personas en el calor del desierto. Así hacen inventario de la mano de obra disponible.

—¿Mano de obra? – hizo un gesto gracioso e incomprensivo. —¿Para qué?

—Para las murallas, claro está. ¿De verdad no lo sabes? – parecía ofendido.

—No, acabo de llegar. – Luffy se encogió de hombros.

—¿Acabas de llegar? ¿Eres un forastero?

—Bueno, vengo del East Blue.

—¡No puedo creerlo! – exclamó sorprendido el hombre, incluso las arrugas de su rostro parecieron borrarse.

—¡Ustedes dos! – uno de los oficiales llegó donde ellos amenazadoramente. —¡Guarden silencio y avancen!

—Sí, lo sentimos. – dijo el hombre. —Chico. – después le susurró a Luffy. —¿Cómo es que entraste? ¿Acaso ya no hay guardias en la entrada?

—Entré a escondidas. – contestó con simpleza el moreno. —Oye, viejo. ¿Por qué el padre de Vivi está haciendo estas cosas? ¿Tienen problemas de piratas o ladrones?

—¿Te refieres a Nefertari Cobra, el rey?

—Ajá. – asintió el pirata.

—Pues…– suspiró con algo de tristeza. —Me temo que él…

—¡Su número! – gritó de pronto un guardia que estaba al ras de las puertas, registrando a los hombres. Luffy le miró en silencio.

—¡Soy el número 1! – contestó con algo de emoción.

—Uno, uno… - decía mientras la buscaba en la lista. —Bien, aquí estás. – lo tachó. —Pase. – tan sólo pasó el olor de las casas alrededor las cuales ya tenían la cena lista lo distrajo sorpresivamente. Luffy dejó atrás el registro y entró alegremente en Alubarna.

—Vaya, es una gran línea de personas. – dijo Chopper mientras olfateaba los alrededores.

—No será sencillo entrar. – explicó Robin mientras dejaba de usar sus poderes. Acababa de utilizar sus ojos fleurs para ver el inicio de la fila, se encontró con un sistema de registro manual el cual sería difícil de engañar, puesto que se manejaban por números.

—¿Está todo controlado? – preguntó Nami, ideando algo.

—Así es. – respondió Robin. —Podríamos subir por los muros, pero todo está muy bien vigilado.

—No podemos entrar por enfrente ni arriba. – meditó Franky para después ponerse a pensar mientras colocaba un dedo en su nariz y automáticamente su cabello cambiaba de forma en su conocido flequillo.

—¡Ah, nunca canso de verlo! – rio Chopper y se apresuraron a callarlo.

—Shh, necesitamos que no sepan que estamos aquí. – recordó Nami.

—Lo siento. – Chopper bajó las orejas mientras se disculpaba.

—Oh, ya lo tengo. – dijo Franky y miró al médico con una sonrisa. —Tu transformación de escarabajo puede cavar túneles, ¿No es así?

—Es el Horn Point. – recordó un poco molesto. —Pero sí, puedo cavar muy bien.

—Ya entiendo. – Nami chaqueó los dedos al comprenderlo. —Usaremos la habilidad de Chopper para entrar por debajo. Claro, es un buen plan.

—Pero… - el reno los miró con algo de preocupación. —La arena es muy blanda como para excavar.

—No te preocupes. – contestó Robin. —La presión que ejercen las paredes en sus bases endurecen la tierra y las vuelven un sitio más sólido. Podrás cavar en esa superficie, ¿Verdad?

—Sí es así entonces no habrá problema. ¡Horn Point! – se trasformó. —Vamos.

Se apresuraron para acercarse a una de las paredes que no estuviera muy vigilada y comenzaron la operación.

—Se ve mucha gente ahí. – dijo Usopp mientras alcanzaba a ver la fila que poco a poco avanzaba. —¿Qué les parece si nos disfrazamos y entramos?

—Ya estamos disfrazados, no creo que haya algún problema. – Sanji exhaló el humo de su cigarro.

—No hagan nada estúpido. – sugirió Zoro, mientras recorría con sus dedos su el cinturón donde sostenía sus katanas.

—No creo que sea buena idea que cargue así sus espadas, Zoro-san.- sugirió el esqueleto.

—No piensos dejarlas. – declaró con firmeza el espadachín.

—Sólo procura, tal como dijiste, no hacer nada estúpido. – recordó Sanji mientras se sonreía burlonamente.

—Cállate. – gruñó Zoro. —Muévanse. – hicieron fila y esperaron pacientemente su turno.

Tardaron bastante para que pudieran estar en el frente de registro. Los guardias ya parecían cansados y no les daban la suficiente importancia a los trabajadores por lo que cuando llegaron el registrador estaba ansioso y eso fue mejor para ellos.

—Su número. – pidió con voz cansina a Zoro, quien era el primero de la fila.

—¿Mi número? – no se había esperado aquello y se puso nervioso por un momento.

—Sólo di uno, el que sea. – susurró a su oído Usopp.

—Soy el número dos. – dijo mientras guardaba la compostura.

—Dos, dos…- el hombre revisó tres listas diferentes hasta que le localizó. —Sí, aquí está. – lo tachó. – Pasa.

—Yo soy el número cuatro. – predicó Usopp con total confianza.

—Cuatro, cuatro… - el guardia frunció el ceño. —Espera, debo tener la lista equivocada. – se agachó un momento y sacó otro papel. —Cuatro, cuatro…- predicaba mientras buscaba con la vista. —Según la lista tú ya estás registrado.- los ojos del hombre miraron acusadoramente al francotirador, el cual tragó saliva.

—Pues ese es mi número. – se defendió con una voz temblorosa. —Seguramente alguien se equivocó. – comenzó a sudar, a pesar de que tenían la fuerza suficiente para acabar con todos no querían causar problemas y también el calor del día no ayudaba en nada.

—No lo creo. – gruñó el hombre.

—Ya date prisa. – apuró uno de sus compañeros. —Es tarde y tengo hambre.

—Bien, lo dejaré pasar por hoy. – suspiró con fastidio. Usopp entró con paso firme y una extraña satisfacción de sentirse ileso.

—Mi número es el cinco. – dijo Sanji y el guardia le dejó pasar sin siquiera revisar la lista.

—El número ocho. – informó Brook y a él también le dejaron pasar sin problemas.

—Ya estamos dentro. – suspiró Usopp. —Pensé que tendríamos problemas con esto.

—¿Ahora hacia donde debemos ir? – preguntó Brook, mirando hacia todos lados.

—Tenemos que buscar a Nami-san y Robin-chan. – declaró con firmeza el cocinero, creando fantasías románticas en su cabeza.

—Yo tengo hambre y quiero sake. – profesó Zoro. —Además, también perdimos de vista a Luffy. – comenzó a revisar los alrededores, lo viera por donde lo viera Alubarna había cambiado mucho desde la última vez que estuvieron ahí.

Ya no había alegres comerciantes en la calle vendiendo cuan artefacto y fruta de temporada, tampoco estaban los aldeanos que paseaban y compraban contentos, no había ni una alma, sólo algunas trabajadores que llegaban a su hogar y se encerraban ahí para no saber nada más.

—No es que sea un derrotista. – dijo entonces Usopp. —Pero Alubarna ha perdido… su brillo.

—Es cierto. Esto se ve tan sombrío como Thriller Bark. –comentó Sanji, encendiendo otro cigarro.

—No creo que haya personas dispuestas a darnos de comer. – se lamentó el esqueleto. —Todos actúan como si tuvieran algún temor oculto. Las casas están selladas y no hay ni un alma en la calle.

—Es cierto. – contribuyó Usopp. —¿Qué habrá pasado en Arabasta para que todos se comporten así? ¿Será que el padre de Vivi se convirtió en un tirano?

—¡No digas tonterías! – Sanji salió a defensa de su querida Vivi-chan. —El papá de Vivi es tan bueno y justo como Vivi-chan.

—¿Y si mejor buscamos a Luffy-san? – pidió Brook.

—Entonces yo buscaré a Nami-san y Robin-chan. – Sanji había decidido muy rápido.

—Separémonos. – intervino Usopp. —Nos dividiremos y buscaremos por separado, alguien a las chicas y otros a Luffy.

—Bien. – dijeron al mismo tiempo.

Y así, por parejas, emprendieron su búsqueda por la ciudad de Alubarna, la cual tal como había dicho Sanji se veía tan desolada y taciturna que parecía un pueblo fantasma.

Luffy olfateo gustoso cada recoveco de los marcos de aquel gran pasaje. Sin duda era alguna zona restaurantera por que los olores a comida iban mezclándose conforme avanzaba y se hacías más y más fuertes. Su estómago gruñó en anticipación cuando se imaginó a sí mismo devorando cuan plato estuviese frente a él. La sola idea de comer todas aquellas delicias que probó la última vez que estuvo ahí lo volvía completamente loco y deseoso.

Caminó con la cabeza muy alerta y poco a poco ubicó la calle. El dulce aroma de los caramelos, la fruta fresca y la carne recién embutida lo convencía de que se estaba acercando a su botín. No le había tomado importancia a lo desolado que estaba aquella calle, en que las personas cerraban o se asomaban por las puertas y ventanas para ver a aquel desinhibido hombre caminar por la calle principal, tampoco reaccionó cuando en varias ocasiones el viento corrió alrededor suyo, haciéndole notar que estaba realmente solo en aquella calle, es más, el aire le mostraba el camino correcto a donde sea que estuviera aquel basto banquete.

Luffy observó finalmente, al cruzar una esquina un edificio enorme que le pareció un almacén. Sin duda ahí guardaban la comida, porque los olores provenían de adentro. Se pasó la lengua por los labios y cuando estuvo a punto de ir hacia la puerta escuchó el caminar de dos caballos y una carreta que era arrastrada hacia el sitio.

—¡Hey, tú! – exclamó un hombre con cierta irritación. —¡Aléjate de la puerta! – al notar la urgencia en su voz, Luffy se hizo a un lado y dejó que la carreta con los caballos se acercara completamente. No tardó en darse cuenta que aquel carro llevaba consigo grandes cantidades de comida, babeo al instante.

—Oye, sucio campesino. – regañó uno de los centinelas. —No se te ocurra tocar esta comida. – le amenazó con una lanza y Luffy retrocedió, confundido. —Son las reservas del rey, así que… no queremos que te acerques. – le empujaron un poco más y Luffy simplemente le dio el gusto de retroceder.

—¿Las reservas del rey? – se recargó en una pared sucia que daba a un callejón.

—Pss… - escuchó curiosamente y se dio la vuelta, una niña, no mayor a doce años, le hizo guardar silencio con sus dedos. Luffy no dijo nada, sólo observó. La niña caminó con cuidado y se posicionó detrás del carro, como los guardias estaban ocupados abriendo la puerta no se percataron de que la chica estaba ahí.

Con suma precaución abrió un saco mal hilado y sacó de ahí una gran hogaza de pan. Se saboreó en silencio y cuando estuvo a punto de comerlo…

—¡Oh, se ve delicioso, comparte un poco conmigo! – la niña se paralizó al instante y miró con mucho odio a Luffy, quien acababa de descubrirla.

—¡Eh, ustedes dos! – los guardias no tardaron en correr al hecho. Uno de ellos sonó un silbato que a Luffy le pareció conocido.

—¡No! – la niña forcejeo con uno de los hombres, quien además intentaba quitarle el trozo de pan.

—¡Oye, brabucón, metete con alguien de tu talla! – Luffy se acercó más que ofendido.

—¡No te metas en esto, estúpido! – el otro guardia le hizo frente a Luffy. El moreno lo miró directamente a los ojos y en menos de lo que cantaba un gallo el centinela comenzó a temblar de los pies a la cabeza para después caer al suelo delirante.

—¡¿Qué demonios…?! – el otro hombre dejó ir a la niña y se lanzó contra Luffy. Más le valía no haberlo hecho, porque Luffy desapareció de repente para después proyectarse detrás de él. Bastó con un golpe no muy fuerte en la nuca y el hombre cayó al suelo derrotado.

La niña estaba inmóvil y completamente asustada. Luffy se le acercó y al instante se tiró al suelo y se protegió la cabeza.

—Por favor, no me golpee. – pidió en un sollozo.

—No voy a hacerte nada. – declaró Luffy. —Toma. – agarró el saco entero de pan y se lo ofreció. —¿Está bien con esto?

—Me… ¿Me lo regalas? – ella no podía creerlo.

—Claro. La comida no se le debe negar a nadie. – Luffy sonrió y contagió a la chica, quien le dedicó otra sonrisa. —Uff, tengo hambre. – Luffy tomó la carreta de ambos costados y la levantó con todo y caballos, los cuales se escandalizaron por este hecho. Se tragó todo lo que estaba adentro, escupiendo tazones, sacos y bandejas una vez que lo masticó y tragó todo.

La niña tenía los ojos bien abiertos, a punto de caer en un letargo de la impresión.

—Ah, lo siento… ¿Ibas a querer otra cosa? – Luffy se percató de su mirada pávido y lo malinterpretó, pensó que la niña tal vez le reclamaría por acaparar la mayoría de alimento.

—No, no… - negó con cierta fascinación. —¿Cómo es que… puedes comer así?

—Siempre tengo hambre… y mi cuerpo es de goma. ¿Ves? – tomó una mejilla y la haló para estirarla.

—¡¿Goma?! – la niña cayó de espaldas. —¡Eso quieres decir que tú eres…!

—¡Ustedes! – interrumpió un hombre que venía armado y montado en un camello.

—Creo que son amigos de estos dos. – poco a poco el número de soldados aumentó hasta llegar a diez.

—¡Sígueme! – la niña tomó a Luffy de la muñeca y lo guío a través de las calles.

—No recordaba que Alubarna fuera tan… tétrica. – comentó de pronto Nami, acababa de llegar a la ciudad por un gran túnel que Chopper había cavado. Contemplaron con algo de espanto la horrida ciudad que alguna vez había rebosado de buenos deseos y gente trabajadora.

—¿Qué habrá pasado para que todo sea así? – dijo Chopper, con cierta tensión en su voz.

—Tal vez no están en sus mejores días. – opinó Franky.

—¿Será eso? – Robin llevó una mano a su barbilla.

¡Sígueme! – escucharon entonces no muy lejos de ahí.

—¡Oye, oye, a dónde vamos! – y aquella era la indudable voz de Luffy que se estaba acercando. En menos de tres segundos aparecieron casi de la nada Luffy y una pequeña niña que corrían con prisa.

—¡Es Luffy! – dijeron todos sorprendidos.

—¡¿No nos digas que volviste a meterte en problemas?! – se quejó Nami al verlo correr hacia ellos con prisa.

—¡Corran! – dijo el capitán y una vez que pasaron de ellos, se percataron al escuchar los pasos y gritos de los guardias. Siguieron a Luffy y a la niña.

—¡Aww, sospecho que ahora nosotros también estamos en problemas! – rio Franky.

—¡¿A dónde vamos?! – pidió saber Chopper.

—¡Es por aquí! – la niña dobló una esquina conduciendo a Luffy y al resto de la tripulación con ellos. Al momento de doblar todos atropellaron a alguien en el proceso. Exasperados se levantaron rápidamente para pedir disculpas, pero no dijeron mucho al cabo de darse cuenta que se trataba de Brook y Zoro.

—¡Ah, Luffy-san, lo encontramos! – festejó el esqueleto.

—Hola. – Luffy alzó una mano al aire a modo de saludo.

—¡Saludarán después, ahí vienen los guardias! – alarmó Nami, a lo que la niña que había estado conduciéndoles reaccionó, ya que, el ver al esqueleto la había dejado totalmente pálida.

—¿Tenemos pelea? – Zoro sonrió entre dientes. —Pues no nos quedemos atrás.

—No, no causemos alborotos. – pidió Chopper con toda la adrenalina bombeando en su corazón.

—¡Por aquí! – volvió a motivarlos la niña y se echaron a correr. Para ser tan pequeña podía mantener un paso apresurado por lo que los condujo con suma maestría por las calles de Alubarna.

—¿De dónde salió esa niña? – preguntó Robin al verla guiar a todos.

—No lo sé, Luffy venía con ella.- Nami se encogió los hombros mientras corría.

—Aquí. – la niña señaló apresurada y todos corrieron a esconderse detrás de una gran cantidad de cajas y barriles. Se lanzaron al suelo y esperaron a que la gran horda de guardias pasara de lleno creyendo que los perseguían.

Cuando ya no se escuchó nada los Mugiwaras respiraron con tranquilidad.

—Cielos, casi… casi se me sale el corazón. ¡Ah, pero yo no tengo corazón! ¡Yohohoho! – se expresó Brook mientras se tomaba el pecho dramáticamente.

—Eres incorregible, Luffy. – jadeó Zoro. —¿Ahora qué hiciste?

—Sólo les di una paliza a unos tontos que estaban…

—¡Nami-swan, Robin-chan! – Luffy fue interrumpido estrambóticamente por la voz del conocido Mugiwara cocinero. Tanto él como Usopp estaban parados a pocos metros, los habían encontraron por pura casualidad.

—¡Sanji-kun! – Nami gruñó molesto.

—¡Ese estúpido cocinero! – vociferó Zoro.

—¡Oigan, escuche ruidos por aquí! – y ahora la voz de los guardias.

—Parece que tendremos que correr de nuevo. – dijo con simpleza la arqueóloga.

—¡Ahí vienen! – señaló Chopper.

—Ya me harté. – Zoro se levantó y desenvainó sus espadas. —Voy a cortarlos un poco.

—¿Qué está sucediendo? – preguntó Usopp, quien aún no captaba lo que estaba ocurriendo.

—¡Los tenemos! – los hombres se aproximaron con aras de atraparlos.

—Nami-san, ¿Esos hombres te dan problemas? – Sanji se acomodó su corbata mientras los miraba acercarse.

—Sí. – suspiró ella, resignada.

—¡Qué bien, una pelea! – Luffy se liberó del agarre de la niña y se acercó al donde iban a enfrentarse.

—¡No los dejen escapar! – dijo quien al parecer era el capitán.

Luffy se tronó los nudillos y se preparó para el embate. Zoro y Sanji también, iban a divertirse un poco… o eso pensaron.

Una potente onda electromagnética paralizó a los jinetes y a los soldados que iban a pie. Se retorcieron como serpientes moribundas y exclamaron con dolor al mismo tiempo que perdían el conocimiento. El trió monstruoso volteó molesto hacia la navegante, quien acababa de arruinarles por completo la diversión.

—¡Nami! – reclamó Luffy. —Eran nuestros oponentes.

—¿Qué no se supone que entraríamos a Alubarna sin ningún percance? – ella regañó por el contrario a Luffy. —¡Siempre andas por ahí causando problemas, capitán loco!

—Oh, se están levantando. – señaló Usopp.

—No hay problema. – Robin también hizo lo suyo, dejando inconsciente a los pocos guardias que habían resistido el ataque de Nami.

—¡Oye tú, mujer! – gruñó Zoro, de la misma que Luffy lo había hecho con Nami.

—¡No le hables en ese tono a Robin-chan! – Sanji no tardó en oponerse a su rudeza.

Así, comenzaron a discutir sin darse cuenta que la chica, a la cual Luffy había rescatado, ella iba de un lugar a otro, observando con completa emoción a cada miembro de aquel extraño grupo. Un hombre de goma, un espadachín, un cocinero, un extraño sujeto de nariz larga, un grandulón, dos mujeres, una rara criatura y un esqueleto. Si, sin duda eran ellos, no podía equivocarse.

—Disculpen. – la chica habló callándolos a todos de pronto. La miraron con expectación y ella se encogió ante los nervios. Carraspeó un poco y prosiguió. —Ustedes son… ¿Ustedes son los Mugiwaras? – se atrevió a preguntar la chica.

—¡Sí! – Luffy respondió rápidamente.

—¡Luffy! – y todos se lamentaron por eso.

—¡¿Enserio?! – ella dejó escapar una expresión difícil de descifrar. Era como si lo hubiera dicho entusiasmada pero al mismo tiempo temerosa.

—No, no, sólo somos… una familia de vacaciones. – negó Sanji, con suavidad y tacto.

—¡Claro, somos una familia! – prosiguió Usopp. —Él es papá. – señaló a Franky. —Ella mamá. – ahora a Robin. —El abuelo… - su dedo apuntó ahora a Brook, quien rió suavemente. —¡Y todos nosotros somos hermanos! – sonrió por último.

Se marcó un profundo silencio y la cara de la niña se transformó en la de una incrédula.

—¿Ah sí? – alzó una ceja. —No les creo. – sentenció y todos tuvieron una gotita en la cabeza estilo anime.

—¡Yo soy el capitán! – declaró con fuerza Luffy.

—¡Cállate! – rugió Usopp.

—Huelo a más personas. – dijo entonces Chopper. —Son varias, se acercan a nosotros.

—Tenemos que escondernos. – puntualizó Nami.

—Vengan a mi casa. – ofreció la niña. —Después de todo usted me salvó. – se lo dijo a Luffy.

—De acuerdo. – el muchacho aceptó la ayuda y a todos no les quedó de otra más que seguir a la niña.

—Por cierto, ¿Cuál es tu nombre, dulce damita? – pidió humildemente Sanji.

La chica se volteó levemente y sonrió con un leve sonrojo. Estaba muy contenta.

—Me llamo Shana. Es un placer conocerlos.

—El placer es nuestro. – respondió Robin por todos.

—Dios, nunca creí que lo conocería. – susurró, pero Chopper alcanzó a oírla.

—¿A quién? – preguntó curioso. Shana se detuvo y miró a Luffy. Otra sonrisa se asomó en su rostro.

—A él. – le apuntó con el dedo. —Al Rey de los Piratas.

Y ante esto, Luffy simplemente sonrió.

Continuará…

Como verán estoy puntualizando mucho que Luffy es el nuevo rey por dos cosas: Por que me gusta ese título para él, y dos, por que el hecho de ser el rey de los piratas marcará un dato curioso en esta historia.

Casi podremos saber lo que paso en Arabasta, pero eso será en el proximo cápitulo. Espero sus comentario. Gracias por leer.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.