Notas:

No hay mucho que decir, sólo que me tardé un poco porque no tenía internet.

-Las canciones que hay no me pertenecen, son de FOB, All Time Low y Keane. Supernatural tampoco me pertenece...y sin más que comience :D


Capítulo 2: Vomito en sus halos.

"We're fading fast.

I'm miss missing you, now and then."

-Fall Out Boy; Miss Missing You.

2005.

Le gustaba nadar, no sabía porque pero le gustaba. Pareciera que el agua despejaba cada uno de los rincones de su mente. Y más si lo hacia a esas horas porque era de noche.

Si, Castiel quizá en toda su vida había sido extraño y reservado, pero todo eso le había llevado a la consecuencia de que, si se guardaba las cosas, tenía que sacarlas de algún otro modo, y cuando estaba en la piscina se sentía así. Como si la tensión se fuera en el agua.

Aquel había sido un día pesado para el joven. Había estado recordando demasiadas cosas. Muchas. Pero, ¿Quién lo culpaba? Cada uno de los humanos nacían con memoria.

Aunque en él, tener buena memoria jamás fue algo bueno. Muchos lo consideraban como una excelente habilidad. Y otros locos pensaban que quizá era un don.

Pero la memoria puede ser todo, menos buena. A veces ayuda, se transforma en la mejor amiga. Puede ser la mejor aliada. A veces, puede estar de nuestro lado. Pero otras, sólo se encarga de rechazar. Logra la creación de una guerra interna en la mente.

Por eso nunca le gustó su memoria. Podía recordar muchas cosas, muchas. Una de las razones por las cuales tenía un buen promedio en la escuela. Pero a veces, en las noches, recordaba muchas cosas que no quería.

Veía a las personas que olvidaban las cosas rápidamente, y a veces se preguntaba si ellas tendrían la desesperación de tener una memoria como la él.

Recordaba incluso que su primo, le había dicho que mientras unos buscaban olvidar, personas como Castiel, otros buscaban recordar. Aspiraban a recuperar aquellos recuerdos perdidos.

Para la desgracia (o la fortuna) de Castiel, él no tenía recuerdos perdidos. Su memoria era como un cajón de papelería. Si él quería un recuerdo, podía buscarlo y encontrarlo rápidamente.

Claro que aquellas desgracias habían ocurrido cuando el tenía como quince o dieciseis años. Recordaba que eran las vacaciones de verano. Cuando recién comenzó a hablarle al inicio de sus problemas.

A Dean Winchester.

No supo más de él, desde que salieron de la preparatoria. Él se fue a estudiar, quería ser un excelente médico. No quería continuar el camino de sus padres de "muy-apenas-conseguí-trabajo". Así que después de eso, no más Dean Winchester. Lo único que supo, era que se había ido al norte del país, pero nada más.

Y aunque el no quisiera admitirlo. Le importaba. Le importaba demasiado. Se le aparecía en sueños, en momentos en los que iba caminando hacia el hospital, miraba su nombre en todas partes. Ya quería olvidarlo de una vez por todas, pero era algo imposible.

Ahora ya tenía veintiseis años. ¿Qué se suponía que haría? ¿Encontraría a otro hombre y mientras hicieran el amor lo llamaría por el nombre de Dean? ¿O tal vez pasaría toda la vida recordándolo cuando él quizá ya tendría a alguien a quien a amar?

No lo sabía. Ni siquiera sabía en donde vivía.. Pudo haber ido a donde sea, y a esa etapa de su vida, ni de broma iría a buscarlo. Parecía chica enamorada.

Y en efecto, lo estaba. Después de tanto tiempo, seguía enamorado del joven. O tal vez, era la costumbre de pensar en él. Pero, ¿Qué más podía hacer? ¿Matarse? No era fanático del suicidio, y aunque pudiera dar lo que fuera para ver de nuevo a Dean, no le daría su vida.

Como sea, nadar no le haría nada mal.


"I'll take you out, though I'm hardly worth your time."

-All Time Low; Six Feet Under The Stars.

1995.

-¿Sam?-Dean abrió la puerta de la habitación de su hermano lentamente.

-Adelante.-Dijo Sam mientras bajaba el libro que estaba leyendo.

-Nada más venía a decirte que saldré un rato…por si me buscas.

A Sam le estaban dando mala espina las salidas de su hermano desde que entró a la preparatoria. Sabía que su hermano había cambiado. Si, seguía siendo el tipo popular de la escuela, seguía siendo testarudo y bromista, pero había algo distinto.

Ahora hacia las tareas, y cuando terminaba, se iba a quien sabe donde. Se llevaba su Colt y no sabía nada de él. Su padre también se preguntaba lo mismo, pero a veces Dean sólo podía contestar:

-Eso no es de su incumbencia.

Tal vez de Sam no. Él tenía sus propios asuntos. Pero a John siempre le preocupó él por qué el chico se llevaba la Colt. Está bien, él también se la llevaba cuando tenía su edad, pero aunque a Dean también le interesaba el cazar cosas como a su padre, quería hacerlo a otra edad.

Por eso se le había hecho extraño.

Aunque Dean no iba a cazar animales como su padre. Sólo iba a practicar unos cuantos disparos y a despejarse de lo que la preparatoria le hacia pasar.

Aquel día no había sido la excepción. Es decir, todos los días hacia lo mismo, sólo que aquel día se sentía agotado. El profesor de biología le había encargado kilogramos de tareas y para colmarlo, no sabía nada de biología. Él único que sabía era Castiel Novak, y ni de broma le pediría ayuda.

Si, ya había pasado un año de conocerlo y seguía sin hablarle. El chico seguía sin darle tan buena espina. Aunque tenía que parar mucho sus instintos porque Novak lo hacía salirse de sus casillas.

Su voz. Joder. Su puta voz. Le quedaba como anillo al dedo al mocoso que ahora estaba en la preparatoria con él y que mágicamente le tocaba en casi todas las clases. Ahora ya no era él mismo que había conocido hacía un año.

Ahora era más alto, claro que Dean le llevaba unos cuantos centímetros. Le comenzaba a salir un poco de barba que se rasuraba seguido, pero que le daba un jodido toque atractivo. Y los frenillos que se había quitado hacía meses de los dientes, habían logrado su objetivo, haciendo que una dentadura perfecta se asomara por detrás de los labios de Castiel.

Era perfecto. Y para colmarlo, llevaba la misma loción de siempre que provocaba a Dean en cada rincón de su ser.

"Malditos impulsos homosexuales." Pensaba comunmente el chico.

No es que fuera homosexual. Al menos así lo pensaba él, por eso había decidido despejarse la mente con su Colt.

Aunque ese día fue distinto, no disparó nada. No hizo nada con el arma, sólo se dispuso a sentarse y observar el campo verde que se extendía a sus pies. Disfrutar del aire fresco del verano y sentarse en la mullida hierba. Escuchar la corriente del Missouri. A pensar como tanto le gustaba.

Sin embargo, sus pensamientos se vieron eclipsados por unos pasos, aunque no les tomó mucha importancia porque ni John ni Sam sabían a donde se iba. Tal vez era una persona que pasaba por ahí, buscando lo mismo que él o que buscaba perderse en aquel prado.

Quería girarse para ver quien era, pero lo único que vio, fueron dos prendas colgadas en un árbol, que se le hicieron vagamente familiares. Eran de mujer. Supo que eran de mujer porque unos vaqueros estrechos no podían ser de hombre. También había una playera que reconocería en cualquier parte, sólo que la playera no era de ella.

Era de Castiel.

Era una playera color negro y tenía el rostro de Edgar Allan Poe en el pecho. Supo que era de Castiel porque ya lo había visto varias veces con aquella playera. Y supo quien era la chica porque ella tenía acceso a cualquiera de las cosas que Castiel tenía.

Se acercó y vio la vertiente del rio. Aunque lo que había ahí, era solamente un riachuelo. Y ahí estaba la chica de catorce años con una blusa de tirantes y unos pantalones cortos.

-¿Ruby?-Dijo él acercandose aún más.

-¡Joder!-Gritó ella tapandose el pecho por un impulso.-¿Dean? ¿Qué…que haces aquí?

-La misma pregunta va para ti.-La chica alzó la ceja y el chico prosiguió.-Siempre vengo a aquí, a pensar.

-Ya veo.-Dijo ella después de una pausa.-Yo vengo aquí a mojarme un rato, el calor es insoportable. Lo cual es raro porque yo vengo de un clima fuerte.

-Y…¿De dónde vienes?-El chico se sentó en una roca enorme, mientras Ruby se ponía jugar con el agua.

-De Chico, California. Aunque Cas y mis padres son de Little Rock.-Dean le dirigió una mirada dubitativa.-Soy adoptada.

A Dean le sorprendió mucho. Ahora ya entendía él por qué Castiel y ella eran distintos. Ella era una rebelde, mientras que Castiel era un chico tranquilo que se la pasaba leyendo entre clases.

-Aún así, ambos estamos contentos aquí. A Cas le agrada mucho Lawrence, no sé por qué. Dice que es tranquilo y que tiene todo lo que le gusta.

-¿A Castiel? Pensé que él no estaba a gusto aquí…bueno, es que siempre está solo en el descanso.-Terminó rápidamente al ver que la chica lo miraba con una mirada extraña.

-Cas es un raro, pero lo quiero mucho, a pesar de todo. Tú también piensas lo mismo de Sam, así que no digas nada…-Ruby miró de nuevo a Dean, sólo que ahora le lanzó una mirada socarrona.-Dejemos de hablar de mi hermano.

-¿Eh?...Quiero decir, no estábamos hablando de tu hermano, ¿O si?-Dean tragó saliva.

Ruby soltó una carcajada. No podía creer que a Dean le gustara su hermano. Bueno, Cas siempre estaba insultándolo y diciendo que era un cretino de bonitos ojos. Y Ruby sabía detectar que Castiel estaba patéticamente enamorado del hijo del cazador. Aunque nunca se lo dijo, porque sabía que lo negaría.

-No te preocupes, mi hermano tampoco deja de hablar de ti.

Esto fue como un tiro en la culata para Dean. Los colores se le subieron a la cabeza y no distinguió si se ruborizo o se puso verde por las naúseas que comenzaban a surgir en su estómago…¿Eran naúseas?

-Esto…yo…yo no quería decir eso.-Sacudió la cabeza y carraspeó.-Pero bueno, ya me tengo que ir, y…y tú también deberías de hacerlo o se hará tarde.

-Deberías de invitarlo a salir.-Le espetó con un toque de dulzura en la voz.

-¡¿Qué?!

Si, la chica estaba loca y Dean ya era un arcoiris.

Como la mayoría de las personas, Dean comenzó a imaginarse más de 102934288 universos alternos a la respuesta de esa pregunta, y ninguno le gustaba, porque en todos terminaba con la lengua de Castiel en su garganta.

-Deberías.

-Pero me voy a ver…-Sacudió la cabeza.-Me gustan las chicas, Ruby.

-Dean, a mi no me engañas, así como Cas tampoco puede engañarme. Sé como te excitas cada vez que pasa enfrente de ti. No lo niegues. No pierdes nada invitándolo a salir, además nunca sale. Deberías hacerlo.

Ruby salió del río y se escurrió el cabello mientras Dean sólo se le quedaba viendo.

-Y yo que tú, iba de una vez porque se está haciendo de noche y Cas se duerme temprano. Además, ¿No querrás que el señor John y Sam sepan que invitaste a mi hermano a salir?

-¡Pero ni siquiera sé a donde llevarlo!-Dean se tapó rápidamente la boca sin darle crédito a lo que acababa de decir.

-Lo sabía. Anda, lárgate porque no quiero que me veas cambiarme.

Dean se volvió y murmuró un "gracias" mientras caminaba hacia el prado color verde. Tantas emociones, tantos pensamientos se acumulaban en su mente y creaban un espagueti de kdefjhsdkasjh en su cerebro. No sabía que hacer, ya estaba oscureciendo y Dean parecía perder la razón.

Volvió a escuchar pasos y pudo jurar que era Ruby.

Pero no. Era alguien distinto.

Si los vasos capilares de Dean fueran más sensibles, un torrente de sangre le hubiera brotado de la nariz en ese momento, porque el aroma de Castiel invadió cada uno de sus sentidos.

-¡Castiel!-Exclamó el chico y cada uno de los rincones de su piel se erizó al ver los ojos azules y penetrantes de Castiel.

-Hola, Dean. ¿Qué haces aquí? ¿Has visto a mi hermana? Se suponía que estaría aquí, pero…-Sacudió la cabeza.-Vine a buscarla.

-Ah, si. Me la encontré hace un momento, está en el riachuelo. Pero si yo fuera tú me esperaría porque se está cambiando.

-¿La viste desnuda?-Preguntó Castiel antes de que la ira le brotara de la piel.

-¡No!-Gritó asustado y nervioso.-Quiero decir, no, claro que no. Pero…hablé con ella un momento y casi me corre porque se iba a cambiar. De hecho…se puede decir que me corrió.

-Ya veo. En ese caso…¿No puedo esperar contigo a que regrese? No es por ser…-Carraspeó.-No me gusta este lugar.

-Claro. No…no importa, no hay problema.

Se sentaron en el lugar en el que Dean había estado al principio, a esperar a que Ruby regresara. Dean seguía sin saber que hacer. Si no estuviera Ruby cerca, ya se hubiera abalanzado sobre el chico para probar su escencia.

En cambio, a Castiel casi se le salía el espíritu por la cercanía de Dean. Tenía a centímetros su mano. Un movimiento y quedaba encima de la de él.

-Ruby me dijo que era adoptada.-Dean decidió romper el silencio.

-Si. Hace años que papá la adoptó cuando fuimos a California. Por eso no se parece a mi. Yo vengo de…

-Little Rock. Lo sé, Ruby también me lo dijo.

-Hablaré muy seriamente con ella cuando lleguemos a casa.

Castiel tragó saliva. ¿Qué tantas cosas le había dicho Ruby a Dean de él?¿Y si…? Pues, si le había mencionado alguna cosa que él hubiese dicho, le negaría todo y con eso bastaba.

-Oye, Cas.

El ojiazul giró rápidamente la cabeza. Era la primera vez que Dean Winchester lo llamaba así. ¿Era una buena señal, acaso? Su corazón casi se sale del pecho y sus arterias estaban apunto de reventarse.

-¿Qué…qué pasa?

-Me han dicho que eres bueno con la biología.-Dean se llevó un buen trago de líquido de su boca a la garganta.-¿Me podrías ayudar? Bondevik encargó demasiada tarea y…

-Claro. No hay problema.-Castiel lo cortó enseguida.-Sólo con que tú me ayudaras con historia…Sam me ha dicho que tu también eres bueno.

-Ah…pues, no es mi fuerte en si.-Dijo sonriendo, olvidandose de todo.-Pero me gusta mucho.

Castiel soltó una risita y Dean comenzó a disfrutar el tiempo que pasaba con Castiel. Ahí fue cuando empezó el inicio de todos sus problemas, inconscientemente. Dean habló de él. Castiel habló de él. Se sentían en el cielo.

Pasaron las horas, y como si el tiempo jamás hubiese existido la sorpresa fue tan repentina cuando se dieron cuenta de que el sol comenzaba a ponerse en aquel prado.

-Oye, ¿Dónde está Ruby?-Castiel interrumpió.

-Esa niña. De seguro se fue porque sabía que estaba con él.-Se dijo Dean a sí mismo.

-¿Qué?

-Nada. Que de seguro ya se fue sin haberte visto. Creo que lo mejor es que vayamos a casa.

-Si. Yo también pienso que es lo mejor, antes de que anochezca más.

Dean se movió bruscamente de su lugar mientras que Castiel hacia lo mismo, y sin embargo ninguno notó la enorme raíz del árbol que estaba debajo de ellos. Dean tropezó y de ahí todo fue muy rápido.

Castiel se volvió y Dean cayó encima de él, y por algún impulso, las manos de Dean, aterrizaron delante de los hombros del chico angelical.

-Dean…-Dijo el lentamente.-Me duele mi pierna, ¿Podrías quitarte?

El joven Winchester sólo lo miro. Pero no lo miró como siempre lo hacía, lo miró como siempre quiso. Dulcemente mientras se inclinaba hacia él.

-¿Dean? ¿Qué coño estas haciendo?-Castiel quería sonar irritado, pero los ojos verdes del chico no lo dejaban.-Esto no…

No terminó la oración porque las manos de Dean tomaron su cabeza y los labios de Dean, chocaron repentinamente con los pequeños labios del chico ojiazul. Fue un roce de piel, pero bastó para que la piel de Castiel se erizara y sus sentidos reaccionaran.

Un sabor a hierro corrió por los labios de ambos jovenes, y fue cuando Dean abrió los ojos y notó que Castiel lo había mordido lo suficiente como para sacarle sangre. Castiel entró en una especie de pánico combinado con ira.

-¡¿Pero que carajo estas haciendo?!-Castiel exclamó mientras empujaba a Dean con la fuerza de sus brazos.

-¿Qué?-Fue lo único que Dean pudo decir.-Te di un beso. ¿Qué es lo extraño?

-Eso. No puedes, eres hombre, yo soy hombre. Eso es extraño.

-Al diablo, Cas. Yo sé que te gustó. ¿O no?

Castiel asintió. Embelesado. Ahora sólo tenía ojos para aquellos labios. Dean caminó rápidamente y lo tomó de la cintura mientras lo atraía hacia él. Olia a una fragancia impresionante. Castiel cayó casi a sus pies. Claro que no lo iba a hacer notar.

-Dean, por favor. Esto…

Lo calló de nuevo con otro beso. Aquel, era un baile suave en el que los labios eran los protagonistas. Fue el mejor beso de sus vidas. Castiel puso una mano en su pecho y rodeaba su cuello con la otra, mientras que Dean la tomaba dulcemente y lo atraía más a su cuerpo.

Dios. Era la mejor sensación que ambos podían sentir.

-Dean. En serio, por favor.-Castiel lo volvió a besar.

-Ya basta, Cas. Si, está bien, no te conozco bien. Pero eres él único que me ha hecho sentir cosas así. Tu perfume me vuelve loco…todo tú me vuelves loco. Y no te voy a dejar así nada más.

Castiel lo miró ante semejante declaración y le pasó los brazos por su cuello.

-Y dime…¿Me invitarás a salir?

Dean sonrió mientras le depositaba un dulce beso en sus labios.


"I don't know where to look or what to look for."

-Keane; Disconnected.

2006.

Burgess no era tan malo después de todo. Si, hacía un frío de mil demonios, pero era un lugar tranquilo y no había nada que le trajera recuerdos de aquel joven de ojos azules.

El pasado es pasado y ahí siempre se quedará.

Ya había terminado de desempacar todo y su casa ya estaba lista. Ahora sólo tomaría un poco de café, ya que el frio era intenso y además las manos las tenía entumecidas por estar desempacando y cargando cajas. La casa que había comprado era muy bonita.

Llamaron a la puerta justo cuando puso el agua a calentar en el microondas. Miró por la pequeña ventana que asomaba el interior con el mundo de afuera cubierto de nieve. Vio a un joven adulto de cabellos miel, vestido con un abrigo de tweed y dos ojos llenos de nostalgia combinados con felicidad.

-¡Hola, Gabriel!-Dijo el rubio mientras abría la puerta.-Tiempo sin verte, viejo.

-Ya lo sé, Dean.-Gabriel se acurrucó en su largo abrigo de tweed.-No estaría mal que me dejaras pasar.

-Adelante.-Dean le dejó paso mientras cerraba la puerta.-Hace un frio demoníaco allá afuera.

-Te acosutmbrarás. Burgess es un lugar bonito y tranquilo y dentro de unos meses el frio ya no será un problema.

-Eso espero.-Dean fue hacia el microondas que acababa de sonar.-¿Quieres café?

Gabriel asintió con la cabeza mientras se quitaba el tweed.

-Y dime, Dean. ¿Qué te parece la casa?

-Es hermosa. Pequeña, pero suficiente para mi. Es fria, pero más cálida que allá. Y con eso me basta. No pensé que Burgess fuera tan frio, pero bueno. Como dices tú, luego me acostumbraré.

Dean comenzó a servir en las tazas. El café le despejaba la mente, y ya había pensado lo suficiente aquel día. Ni siquiera eran las doce del día, pero no importaba. Su mejor amigo de la universidad estaba ahí, y con eso le bastaba.

-Que bien que estas aquí, Gabe. No sabes lo mal que me he sentido.

-¿Por qué? ¿Ahora quien te rompió el corazón, cazador?

-Nadie. Sabes que no tengo novia desde Cassie.

Gabriel no sabía nada de Castiel. Tal vez, Gabriel era su mejor amigo, pero no le gustaba recordar a Castiel porque parecía niña viendo el Titanic. Lágrimas por donde sea. Nunca quiso hablar de ese tema y jamás lo haría.

-Fue la primera novia que tuve, como sea. Pero no sé…ultimamente he tenido…mucha nostalgia, no sé, creo que…

Gabriel alzó el dedo antes de que su amigo pudiese continuar. Le había llegado una llamada por teléfono.

-No tardo nada.

Dean se giró para conseguir el azúcar. Quería su café dulce por alguna razón. Y no es que a Dean le gustaran las cosas dulces, pero el café le recordaba a Castiel, y más el azúcar.

-¡Tía Eve!-Gabriel alzó un poco la voz.

Eve. Así se llamaba la madre de Castiel. ¿Seguiría viva? La última vez que la vio no se veía nada bien. Además, no sabía que Gabriel tuviese una tía que se llamara así.

-Estoy en casa de uno de mis amigos, Dean Winchester, ya sabes, por las vísperas. ¿Qué ocurre?

La sonrisa se le borró rápidamente a Gabriel y lo único que hizo fue asentir con la cabeza y decir unas cuantas palabras relacionadas a lo que parecía ser el hospital. Pero lo que noto más, fue que en la cara de Gabriel había una gran mueca de preocupación.

-Está bien, tía. No te preocupes, estaré allá en un momento. Adios, te veo después.

-¿Qué ocurre?- Dean preguntó después de una pausa y de revolver el azúcar con el agua.

-Un primo mio sufrió un accidente. Está en el hospital de aquí. Iba a venir en las vísperas y la tía me pidió ir por él. ¿Me darías un aventon?

Dean asintió.

-Yo sé que amas mi Impala.

Subieron al hermoso automóvil, mientras avanzaban por la poca nieve que cubría el asfalto. No tardaron mucho en llegar al hospital, a decir verdad. Era un pueblo pequeño así que no iban a tardar mucho. Dean miró el edificio, no era muy grande, pero aún así, ocupaba un buen espacio en la manzana, lo suficiente para ser general.

Bajaron del auto, y Dean se abrigó a si mismo. Por razones ajenas, se sentía extraño. Parecía tener una corazonada. Gabriel nunca habló de su familia, y ahora iba a conocer a alguien de ella. Era..extraño, ya llevaban mucho tiempo de ser amigos.

-Es extraño que mi primo este aquí, es muy precavido. Pero, no estaba excento. Espera ahí, te hablaré en un rato.

Dean se sentó en la sala de espera, se puso a leer una revista y a ver una que otra cosa, comenzaba a aburrirse, y aunque fuera el hospital, comenzaba a hacer frío. O quizá era porque así se sentía él. Como si algo le faltase, como si estuviera vacío.

-No me pasa nada. Sólo son unos golpes.-Escuchó una voz medio enfurecida y que se le hacía vagamente familiar.

-Cas, déjame ayudarte, no estas del todo bien.

-¡Joder, Gabriel! Estoy bien.

Una figura alta, de cabello castaño oscuro y dos ojos azules penetrantes apareció al final del pasillo. Tenía unos cuantos moretones y unas vendas en la mano, además de pequeñas venditas en la cara en donde había diminutas aberturas que perjudicaban aquel angelical rostro. Su mirada seguía siendo poderosa. Y aquella mirada se posó en Dean.

Fue tan extraño, tan sorprendente, tan intenso lo que pasó en aquel instante en su cabeza que no supo que hacer. No sabía si lanzarse encima y besarlo como la última vez o simplemente pasarlo por encima. ¿Qué hacía Dean ahí?

-Dean.-Dijo su primo y se paralizó.-Él es mi primo, Castiel. Castiel, el es Dean, es un amigo de la Universidad.

Ambos se miraron y no sabían que hacer. Tenían miedo en lo más profundo de su ser.

-Hola.-Dean rompió el silencio y alzó la mano.-Mucho gusto, Dean Winchester. Yo los llevaré a su casa. Es un...un placer conocerte.

Aunque eso no era cierto. Era un placer volverlo a ver.


Alguna crítica, sugerencia, etc, dejen un review o den un follow. Estaré sumamente agradecida.