La edad en el Futuro


Historia Primera:

Hambre


Todos tenían hambre y fingían que su estómago estaba lleno, sobre todo los hombres que se permitían luchar. Posponían el desayuno para el almuerzo, y el almuerzo para la cena. Ya no les importaba el alimento ni los dolores de cabeza, vientre. Esto no era nada cuando se está al acecho de la muerte.

Hambre.

Todos tenían hambre.


Caía la noche y el paisaje mejoraba al estar en la oscuridad: nada de edificios desmoronados, tampoco carreteras sin final que se destrozaban desde centro o en su totalidad, o los cadáveres pudriéndose al aire libre, en la espera de que alguien los fuera a reconocer. Bulma no tenía idea de cuanto tiempo estuvo en el laboratorio, los dolores de espalda ya eran parte de su jornada que los dejó de clasificar por horas. Lo que si notó, fue la comprensión en su barriga, el ardor causado por sus jugos gástricos comprimiendole las tripas. Se sostuvo del escritorio metálico, el mundo giraba demasiado a prisa para que pudiera seguirle el ritmo. El mareo fue repentino, el cuerpo cedía al cansancio por terminar con los análisis de la máquina del tiempo. De igual forma la asediaba el cansancio, y la necesidad de unas cuantas horas de sueño: ¿dormir o comer? Una cuestión que le hizo sonreír con la astucia de antaño. Ella nunca decidía, gobernaba con inteligencia. Aquello se volvió un privilegio, su vida se transformó en una constante toma de decisiones.

—¿Trunks tendrá hambre? Es un sayajín, siempre tienen hambre— Bulma habló consigo y se encontró atrapada en sus recuerdos. Se vio cuando era joven, con el cabello corto y vestida como si viviera en un verano eterno: los pantalones cortos de mezclilla y una blusa que sólo le cubría el pecho. Le sonreía a su esposo mientras este comía sin parar con los platos apilándose y pediendo más de todo con esa voz de mando que le atraía. Por más que fuera una mujer de ciencia, la teoría de que polos opuestos se atraen, se nulificaba con ellos. Ambos tenían un carácter fuerte y les gustaba sobresalir en su área. Por algo se fijó en el Príncipe de los Sayajín, le gustaba su orgullo y la meta de ser el hombre más fuerte del Universo. Ella se consideraba la mente intelectual más brillante de la generación, que por su rebeldía logró conseguir todo lo que se le venía a la cabeza: las esferas del dragón, un buen hombre, un hijo espectacular, y por encima de todo, recuerdos valiosos para no dejar que su futuro la pusiera de rodillas.

—Madre, ¿por qué tan distraída?— Trunks la abrazó por la espalda. Llevaba un par de días sin verla.

—Pensaba en Vegeta, y que si ambos estuvieran aquí, tú serías más alto— Bulma mintió más que nada para que su hijo no cargase con más preocupaciones.

—Tiene razón, soy más alto, en mi viaje al pasado tuve la oportunidad de verlo— Trunks respondió alejándose de su madre y colocó la espada sobre una de las mesas de metal. Le minó un escalofrío al no llevarla, era su amuleto de proteccióny tranquilidad. —¿Ya comió?— preguntó con más ánimo y alzó una mochila con los víveres del mes.

—Dígamos, que no recuerdo— Bulma ayudó a Trunks con el contenido. Con dinamismo, empezó a dividir las raciones para llevar un control de la despensa. —¿Por qué no vas a comer con Mai?— y le extendió dos latas de fruta y carne.

—Pero, mamá... Es demasiado— respondió Trunks con los ojos puestos en la latería —¿Cómo que dígamos? Me quedaré a comer con usted y luego se irá a descansar— el muchacho tomó las latas y las asentó.

—Hijo, eres un muchacho todavía y nunca haces cosas de tu edad. Comeré sola y me iré a dormir; pero si sales un rato a despejarte. Estoy segura de que Mai comerá más a gusto si la acompañas— Bulma le guiñó un ojo y tomó su parte respectiva al racionamiento, destapó la lata y le dio un bocado a la conserva. Con todos los estragos del futuro, no perdía su encanto y manipulación.

Trunks suspiró, era una pelea en la que nunca vencería. Su madre era experta en poner muchas situaciones cotidianas a su favor. En el pasado se topó con escenas donde le alzaba la voz a su padre, o les ponía un límite a los hombres más fuertes del planeta. Ella era el centro de todos, una mujer poderosa en inteligencia, que pecaba de lograr sus caprichos sin importarle las consecuencias. Él no era así, sonrió al pensarlo. Le gustaba ser una mezcla de sus padres.

—No tardaré, madre— Trunks la abrazó y subió corriendo por la escalera que lo regresaba a la superficie.

Bulma lo despidió con una mano a medio levantar.

—Eso es algo que no le sacó a su padre. Extraño pelear con él...


Trunks no cometería la imprudencia de volar, su ki llamaría la atención de Black. Corría entre escombros, y a su alrededor se levantaban humaredas de batallas anteriores. El ollín se le pegaba en las ropas y le mantenía el rostro sucio por la velocidad de su carrera. El olor a carne quemada se volvió parte del entorno y ya no se atrevía a averiguar si se trataba de una persona o un animal, se tragaba el dolor de una muerte de una lista de millones. No tardó en llegar al escóndite de Mai, uno de tantos que tenía dispersos en la ciudad para que Black no se enterase de su localización. No le sería extraño que se encontrase en otro o que no haya llegado por quedarse a ver asuntos de primer nivel de la resistencia. Sin embargo, al acercarse a la puerta, escuchó algunas voces. No comprendió el tema de la plática, todos hablaban a la vez o sólo se escuchaba la voz de Mai, al parecer, pidiendo orden. Trunks se resignó, regresaría otro día, sí es que surgía alguna milagrosa oportunidad de comer juntos. Bajó la mirada y apretó los labios: se enamoró en medio de un mar de sufrimiento.

Cuando iba a dar la media vuelta para regresar con su madre; la puerta del refugio se abrió. Se oyeron los cerrojos de metal y como la puerta, en un rechinido por la oxidación, se abría lentamente. Varios hombres salieron, algunos se reían por un chiste local, otros más se quejaban de su cansancio y hablaban de las escasas horas de sueño que tenían a la semana. Lo único en común era que todos llevaban su mochila con la comida del mes. Mai salió de último, despidiéndose de sus hombres, viéndolos partir, con un temor intrínseco de que jamás volverían.

—Hey, Trunks, chico, vete a casa— dijo uno de los hombres con más edad dentro de las filas de la resistencia.

—Creo que lo haré, señor— respondió Trunks asintiéndole.

—Sabes, chico, mejor no. Hazle compañía a la señorita— y le apretó los hombros —además, veo que trajiste toda una cena romántica —el hombre chifló al ver las etiquetas de las latas— carne y fruta, hace tiempo que no me toca una lata de carne en mi racionamiento, ¿hoy festejan algo especial?

Trunks negó bastante apenado, mostrando su tímidez que en esta línea del tiempo ocultaba para no preocupar a las personas de su alrededor, pero habían temas para los cuales no podía ser valiente y se comportaba como un chico: Mai.

—Vale, como sea, aprovechen el tiempo mientras está de buenas— el hombre se despidió.

—Trunks, ¿qué haces aquí?— Mai apareció detrás y lo rodeó, mirando con curiosidad lo que escondía.

—Nada, yo...— Trunks se llevó las latas a la espalda. Mai sonrió de lado y se mantuvo quieta.

—Ven, comamos algo. Nos lo merecemos— comentó la chica, adelántandose a su refugio.

"Nos lo merecemos" esas palabras fueron dolorosas para él, lo suficiente, para acrecentar su odio contra Black. Nadie merecía comer, para su época sonaba más como un privilegio que una necesidad. El chico torció la boca y su mirada se profundizo, adquiriendo la mirada de su padre.

—Espera, Mai— Trunks la llamó con voz grave.

Mai se giró para ver que pasaba y se mantuvo quieta por su apariencia. Ella optó por la misma postura, sus cejas se enjutaron y se pasó una hebra de su largo cabello por detrás de la oreja.

—Ten— Trunks se le acercó y le puso las latas en las manos. Carne y frutas, un festín para los momentos especiales. Era como si Navidad llegase por adelantado.

—No puedo aceptarlas— Mai le retiró las latas, empujándolas de regreso a su dueño. —Son tuyas, compartelas con tu mamá— ella también tenía su carácter.

—Por favor— Trunks pronunció estás palabras firme y claro. Algo que su padre no soltaría con facilidad.

A Mai se le abrieron los ojos por el comportamiento del chico. Trunks era demasiado noble a pesar de la situación diaria. Eso le hizo bajar las defensas y dejarse arrastrar por la petición de un buen corazón. Mai tomó las latas y sonrió con suavidad. —¿Me acompañas a cenar?

Ambos se quedaron estáticos, parados en medio de una calle destruida y las nubes negras. Pronto llovería y algunas calles se inundarían por las coladeras cubiertas de escombro. Pero nada de eso opacó los sentimientos de los jóvenes.

—Sí...


La lluvia azotaba a la ciudad y la electricidad se veía perjudicada por los truenos. Mai y Trunks estaban a oscuras, escuchando como el agua chocaba contra la ventana y derrumbaba uno que otro edificio de las cercanías.

—Me pareció ver que tenía algunas velas de respuesto— Mai buscó en las gavetas y algunos estantes altos. Cuando dio con una, la encendió colocándola en el suelo, en medio de ambos. La cara se les sonrojó por la sombra del fuego.

—Mai...— Trunks se embelesó por los colores de su rostro, acercándosele demasiado. La chica retiró la cara y abrió las latas, dividiendo en dos las porciones de cada ración.

—Tengo algo de té, prepararé un poco— dijo Mai al acercarse a la estufilla que tenía en un rincón de su refugio y no se retiró de allí, hasta que el agua hirvió y estuvo listo el té.

En ese tiempo, Trunks no le quitó la mirada de encima y guardó silencio para no hacer más tenso el ambiente. Afuera, la tierra temblaba cuando un pedazo de pared caía y adentro, unas cuantas gotas se filtraban al refugio.

—Tu té— Mai le sirvió a Trunks. Este asintió sin saber que decir.

La cena transcurrió en silencio sin ser incómoda. Era extraño estar rodeados por el ruido de la naturaleza y no los impactos de la pelea. Tanto Trunks como Mai apreciaban la lluvia y miraban al techo cuando algún trueno resonaba con fuerza y alumbraba por completo el interior de la habitación, bañandolos con un brillo blanco que los dejaba ciegos por unos cuantos segundos.

—¡Qué rico!— Mai combinó la carne con la fruta. El sabor dulce del almíbar transformó a un festín la simpleza de la comida.

Trunks sonrió al encontrarla tranquila e imitó su receta, comprobando que el sabor era delicioso. Sin embargo, un dolor de barriga hizo que dejase de comer. Mai lo observó, en la boca llevaba un pedazo de carne que dejó de masticar por el cambio en su compañero.

—¿Qué pasa, Trunks?— dijo Mai obligándose a tragar.

Trunks se puso de pie y caminó con la mano en la boca en dirección al fregadero. Al llegar, vomitó una gran cantidad de jugo gástrico combinada la cena del día. Trunks retorcía la espalda por el ardor azotándole la garganta, y la porquería que expulsaba se iba deteniendo, provocándole arcadas que lo hacían escupir.

Mai corrió a servirle un vaso de agua y se lo dejó a un lado; para luego humedecer un pañuelo y limpiarle la boca.

—No, Mai...— Trunks apretó los labios y retiró la ayuda.

—Sí, Trunks— ella le respondió ofendida de que no le aceptase sus preocupaciones y continuó limpiándole los labios y parte del mentón donde colgaba un gran hilo de saliva. —¿Hace cuántos días que no comes?— le preguntó furiosa y con unas cuantas lágrimas colgándole por la preocupación.

—Uno, dos. No recuerdo— respondió Trunks antes de volver a vomitar.

Mai apretó el pañuelo, y lo fulminó con la mirada. —¿Uno, dos? ¿No recuerdas? ¡Piensa en tu salud!— Mai, por impulso, lo abofeteó, que el sonido de su golpe se perdió con un trueno. —¿Cómo piensas seguir peleando si no te cuidas? ¡Piensa en tu madre y en todos los que te apoyan!— los gritos de Mai sobrepasaron al sonido de la lluvia.

Trunks no supo como debatir su preocupación. Únicamente, agachó la mirada y se acarició la mejilla.

—Tómate al agua y descansemos— Mai le dio el vaso y se fue a colocar las colchas.

—¿Está bien si me quedo está noche?— Trunks preguntó con mucha culpa.

Mai asintió al tender las colchas sobre el suelo —ayúdame, entonces.

Trunks se puso a su lado y la ayudó a "hacer la cama".

—Te prepararé el desayuno y te lo comerás todo— pronunció Mai al quitarse la gabardina y quedarse con su blusón.

Trunks asintió recargándose en su hombro "comer es un privilegio, más, cuando es a tu lado".


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¿Algún tema que deseen para la próxima historia? Sino, hay veo que escribo xD.

Gracias por leer.