Pido perdón por el tiempo que he tardado en traer la continuación, espero les guste. Si alguien ya leyó Akuma na Eros o Virguinal crisis –otra forma en que le llaman– le advierto que los capítulos futuros casi no se parecen al manga, sólo tomé la idea principal.


–¿Cómo te encuentras hoy?

–Si te sientes mal sólo debes avisarnos.

–No deberías venir a la escuela, aún es muy pronto.

–Los profesores entienden tu situación, ¡no te sobreesfuerces!

–Es que es muy dedicado.

–¡Kyaaa~!

La atención de sus compañeras de salón estaba centrada en el chico de cabellera azabache, quien se encontraba a unos escasos dos metros de distancia. Las chicas se desvivían en atenciones con el chico, quien sonreía dulcemente, parecía imposible el sólo hecho de pensar que alguien como él fuese el mismísimo demonio, Akuma.

–Ahhhh, Haruhi, no creo que tu hermano deba estar aquí, tal vez quiera descansar un poco más, estoy segura de que nadie se molestará –le dijo una castaña.

–Yo no tengo ningún hermano… –le recordó.

–¿De qué estás hablando? ¡Claro que tienes un hermano! –le dijo una azabache.

–No hagas esas bromas, Haruhi, apenas le dieron el alta quiso venir a verte y pasar más tiempo juntos –se enojó una pelirroja.

–El semestre pasado ibas a verlo apenas acababan las clases, debe ser un alivio tenerlo ya aquí, aunque tuviera que perder un año completo por su enfermedad.

–De haber sabido que tu hermano era tan guapo, te hubiera acompañado, Fujioka –le dijo una.

–¡Basta! –gritó, captando su atención– Saben tan bien como yo que soy hija única, mi madre nunca tuvo más hijos y mi padre no se volvió a casar, ¡es impos-!

Justo en ese momento Akuma pareció perder fuerza y marearse, recargándose en un asiento cercano, las demás le miraron preocupadas. Haruhi se acercó a verle y justo en ese momento él le jaló de la muñeca, atrayéndola contra él y murmurando apenas imperceptiblemente en su oído.

–Nadie te creerá, Haruhi… alteré sus recuerdos para que crean que somos hermanos… no te conviene contradecirles…

La chica quedó perpleja por lo escuchado, Akuma le soltó y mostró algo que parecía haber sacado del bolso de su vestido amarillo: un inhalador. Hizo un muy buen papel fingiendo tener una pequeña crisis de asma y las demás le miraron con ternura y devoción. El demonio pareció recuperarse y les sonrió.

–Lo-Lo siento… son mis pulmones…

–Fujioka-kun, si no te sientes bien lo mejor sería que fueras a la enfermería –ofreció la misma pelirroja de la vez pasada.

–No, no, ya estoy bien, Haruhi siempre carga con mi inhalador para situaciones como ésta, realmente le estoy muy agradecido a mi hermanita.

–S-Si… –pudo al menos murmurar.

–¡Vamos, no seas tan seca! –sonrió con la cara más dulce que pudo haber fingido.

Las clases transcurrieron normalmente, pero la castaña no dejaba de preocuparse, después de todo, tener a Akuma a un lado no era un pensamiento alentador. Notó cómo parecía concentrado en la clase cuando en realidad no había tomado apuntes de nada, ni siquiera parecía leer el libro delante de él o siquiera darse cuenta de las miradas de las alumnas… bueno, eso no era del todo cierto… había una que notaba perfectamente.

Haruhi recibió un pequeño papel sobre su escritorio, lo desdobló curiosa y leyó su contenido.

"¿Tanto te atraigo, Haruhi, que no puedes quitarme la mirada de encima? ¿Acaso quieres cerrar el trato antes de que cumpla con mi parte del mismo? No me molestaría recibir el pago por adelantado"

Se puso roja como la grana al leer el atrevimiento del demonio, volteó a verlo pero él parecía estar pendiente de cada una de las palabras del profesor. Arrancó un pequeño trozo de su libreta y escribió molesta antes de enviárselo. Akuma se topó con el mensaje y desdobló tranquilo, divertido.

"¡Eres un… demonio! No tengo otra palabra para describirte. En vez de tomar clases conmigo, ¿no deberías estarme ayudando con Tamaki-senpai?"

Hizo una mueca al serle recordado su objetivo, giró a verle y, sonriendo tranquilamente, dijo muy alto para que todos pudieran oírle.

–¡No me olvidé de ello, hermanita! ¡Me encargué de meterlas anoche! Ya no debes preocuparte porque la lluvia moje tus braguitas.

El profesor se calló de inmediato y soltó el gis con el cual escribía en el pizarrón, volteando a verla. Los murmullos de las chicas y chicos no se hicieron esperar, Haruhi sintió que su rostro era una braza encendida debido a la pena que sentía en ese momento, ¡¿cómo se le ocurría a Akuma decir algo así frente a todos?! Apretó los puños con fuerza y bajó la mirada sólo para toparse con otro mensajito sobre su escritorio.

"Nadie me dice cómo hacer mi trabajo, niña"

Al girar a verle se topó con una sonrisa socarrona en su rostro. Éste sería un largo, largo día.

Finalmente inició el receso y Haruhi aprovechó para relajarse en el salón de clases, sacando su obento de su mochila, estaba a punto de iniciar a comer cuando distinguió a su lado a Akuma, quien le contemplaba con esa mirada de gato, se sintió vulnerable ante él de nuevo.

–Haruhi, comamos juntos –le dijo.

–Puedes sentarte… oniichan… –masculló molesta.

–Aquí no, siento que me ahogo, creo que aún no me acostumbro del todo a los espacios cerrados… necesito un poco de aire o me dará una crisis…

Sintió las miradas del resto sobre su nuca, incomodándole. Se supone que debería ser una buena hermana y apoyar al pobre enfermo, así que guardó su obento y levantó seriamente. Akuma sonrió y tomó de la mano, llevándole con él por los pasillos hasta las escaleras, subiéndolas hasta llegar a la azotea.

–Aquí estará bien –le dijo, cerrando detrás de ellos.

–¿Qué es lo que planeas? –se cruzó de brazos.

–No me gusta que mi presa me diga lo que debo o no hacer… –se llevó las manos a los bolsillos– Espero no se repita o no me bastará sólo el avergonzarte frente a tus amigos.

–¡Yo no veo resultado alguno, ni siquiera que estés trabajando en ello! –se enfadó– Parece ser que sólo te diviertas molestándome.

–¿Recuerdas lo que pediste al conjurarme? –se acercó a ella, sonrojándola.

–A Suou Tamaki… –murmuró.

–Amor… –le dijo al oído– El amor no puede conseguirse con magia de la noche a la mañana, nadie puede crearlo, sin importar cuán poderoso sea el demonio… –se separó de ella, mirándole fijamente a los ojos– Podría hechizar a Tamaki y obligarle a que sea tu novio, pero su corazón no sería tuyo, el hacer que alguien ame a otra persona es un proceso largo, por eso muchos demonios no aceptan el trabajo.

–¿Cum-Cumplirás con tu parte del trato? –preguntó esperanzada.

–Sí… y tú deberás cumplir con el pago del mismo.

–Lo-Lo sé… –murmuró, agachando la mirada.

–Aunque… eso no indica que no podamos divertirnos mientras tanto.

Akuma le empujó contra la pared del sitio por el cual había llegado hasta ahí, aprisionó su cuerpo bajo el suyo, impidiéndole moverse. Haruhi quiso gritar pero las palabras no salían de su boca, se revolvió molesta al darse cuenta de la situación en la cual se encontraba.

Las manos de Akuma aprisionando sus muñecas…

El rostro de Akuma tan cerca del suyo…

El cuerpo de Akuma encima de ella…

El calor de Akuma…

Su aliento…

–No… –le dijo firmemente– No hasta que Tamaki me ame…

–Él no tiene por qué enterarse… –susurró– Y yo no tengo por qué darle explicaciones.

–No quiero hacerlo aquí… –murmuró casi sin aliento.

–¿Crees que me atrevería a ello? –preguntó, haciendo que volteara a verle a los ojos– Eso significaría violar el contrato y un demonio nunca lo hace. Si te penetro debería renunciar a tu alma –se separó un poco y liberó su agarre–. Pero una cosa sí te digo, Haruhi: todas las mujeres que hacen un contrato conmigo olvidan su deseo y terminan entregándose a mí por voluntad propia.

–Yo no soy como esas mujeres –le dijo molesta.

–Eso lo veremos –sonrió.

–Además, si en verdad has estado con tantas mujeres mi cuerpo no debe gustarte… –le dijo.

–Ohhh… –clavó esos ojos juguetones en ella– ¿Por qué lo dices?

–Tan sólo mírame: no llamo mucho la atención… –le dijo, esperando poder mantenerlo alejado con eso– Mi cuerpo es casi el de una niña, mi rostro es demasiado simple… no vale la pena que me quites la virginidad.

–Verás, Haruhi… –le dijo sonriente– Lo que a mí me gusta no es lo que a la mayoría de los humanos les atrae. Yo me siento complacido con arrebatarle la inocencia, la pureza, a una joven y en estos últimos tiempos es muy raro toparse con una virgen, así que estoy encantado contigo: corromperé un cuerpo virginal que debería estar consagrado a otro, tomaré un corazón virgen que deberías ofrecerle a Ka… a Kam… ¡a ése!

Haruhi notó que Akuma no podía ni siquiera tolerar el pronunciar su nombre, si tan solo hubiera rezado con mayor devoción Kami jamás hubiera permitido que cayera en las garras de ese demonio.

–Y si lo que realmente te preocupa es tu cuerpo… –prosiguió– Podemos arreglar eso…

La castaña sintió algo extraño en ese instante, no sabía bien cómo interpretarlo, pero su cuerpo se sentía ligeramente más pesado, miró bajo de sí y contempló asombrada que sus pechos habían crecido de copa A hasta D, puede que incluso DD.

–¿Qué? –murmuró asombrada.

–¿No es lo que querías? –sonrió.

Han… han crecido… –pensó– ¿y son míos?

La castaña se tocó por encima de la ropa, notando que realmente se trataba de su cuerpo y no de una ilusión o ropa por debajo.

–Apuesto a que deben de ser incluso más sensibles… –dijo Akuma.

El demonio se acercó a ella nuevamente, le tomó de un hombro sorprendiéndola con el hecho y rasgó su vestido amarillo, dejando al descubierto su sostén rosado. Haruhi iba a reclamar cuando sintió su mano sobre su seno izquierdo, masajeándolo suavemente. Cerró los ojos ante el contacto, no pensaba que apenas un roce podía causar una serie de reacciones en su cuerpo, sintió que todo su sentido de tacto se concentraba únicamente en ese punto y que lentamente su temperatura corporal se elevaba.

–¿Te gusta? –se burló Akuma.

–S-Sí… –confesó apenada.

Era cierto que antes por curiosidad se había tocado, pero jamás logró sentir nada como lo que ahora experimentada, no sabía si por el reciente cambio de su cuerpo o porque un chico atractivo era el que se atrevía a hacerlo.

–Y eso no es todo… –le escuchó decir.

Su mano libre terminó por bajar lo que quedaba de la tela, dejando expuesto su otro pecho, sin saber cómo el demonio arrancó su sostén, acariciando su piel sin pudor alguno, sonriendo divertido ante el sonrojo de la joven. Su mano derecha aprisionó el pezón ligeramente, causando que la castaña gimiera ante ello, llevó sus manos alrededor de su cuello, apretando con fuerza su ropa.

–A-Akuma… –pudo articular antes de jadear.

–No soportas nada, niña.

En el siguiente segundo el demonio ya no estaba. Haruhi abrió los ojos en ese instante y le vislumbró a unos metros de distancia, de espalda a ella, el azabache parecía burlarse con las reacciones provocadas en su organismo y su sonrojo creció aún más, pero también la indignación por lo que había experimentado… ¡Por Kami, si sus braguitas se habían mojado!

–Será mejor que regreses al salón, Haruhi… de lo contrario podría querer continuar desde nos quedamos.

Sólo entonces la castaña notó que sus pechos había recuperado su tamaño normal y que su vestido estaba intacto, como si nada hubiera ocurrido.

–¡Oye! –le reclamó.

–¿Creíste que serían gratis? –le miró por sobre el hombro– Si quieres un favor extra tendrás que darme algo a cambio.

–¡Eres odioso, Akuma! –le gritó, dando media vuelta.

–Hikaru… –oyó detrás de sí– Puedes llamarme Hikaru… –le dijo.

Haruhi abrió la puerta y bajó corriendo los escalones. Akuma permaneció en la misma posición sin moverse durante aún unos segundos, recordó el aroma de esa mujer, que comenzaba a embriagarle, cómo su cuerpo temblaba bajo él y sus labios gemían… suspiró.

–Será mejor que encuentre alguien con quien calmarme… –murmuró, mirando su entrepierna.