Publicaciones: MSS y -bajo el mismo Nick-.
Siento la demora. Les dejo el segundo capitulo :). Gracias por leer.
Capitulo 2:
Una semana. Tan solo había transcurrido una semana desde que sus caminos se cruzaron, desde que Sasuke se arrojó a la vida de Sakura, inesperadamente, alterando cualquier mínimo detalle de su existencia. Había cambiado su futuro y presente. Claramente, ninguno de los dos esperaría por tener el mismo destino, que les hubiera correspondido, sino no se hubieran conocido.
Los días pasaban como ráfagas de viento, y con ellos, Sasuke comenzaba a desarrollar un vínculo muy fuerte con Sakura. Ni él mismo conseguía dar explicación a tal lazo que formaban y fortalecían día tras día. Ambos se complementaban como el ying y el yang, ambos tenían algo que al otro le faltaba y eso producía que su relación permaneciera en constante equilibrio.
Pese al escaso tiempo que llevaban en conocerse, el cual les era completamente indiferente, el pequeño Uchiha ya se sentía en total confianza con su amiga. Cada momento que compartían, así fueran pequeños minutos, él trataba de aprovecharlo al máximo, debido a que en el centro más recóndito de su ser temía por el hecho de que esa fuera la última vez que vería a Sakura. Sólo con ella podía ser plenamente él; sólo con ella se sentía en tranquilidad, comodidad y placer. Simple y llanamente, a su lado, se sentí en paz.
Jugar con ella también era una de las cosas que le resultaban divertidas. Más que nada, por ver cómo se enfadaba cuando él le ganaba y sus mejillas se calentaban por la sangre subiendo a través de ellas tornándolas de un cálido tono rosa.
Uchiha Sasuke, un niño de tan sólo ocho años de edad, ya había podido comprender la importancia de Haruno Sakura en su vida. Ella era importante para él, y a pesar de que aún no había podido descifrar bien el motivo del porqué, se había prometido a sí mismo que mientras estuviera a su alcance la protegería a como dé lugar. No importaba cómo, pero sentía que era su deber.
La grande y dorada manecilla del reloj, que marcaba el número ocho, se deslizó vilmente hacía el número nueve.
En una de las tantas mesas, casi apartada del resto y situada en la parte final de la cafetería, una hermosa niña de ojos esmeraldas esperaba impacientemente a su reciente, y consagrado, mejor amigo. El brillo en sus ojos divagó nuevamente hacia la entrada del comedor, pero al no ver ningún rastro de su azabache amigo volvió a centrar su mirada en dicho reloj que colgaba en la pared que se levantaba a un costado de ella.
De sus labios salió un ligero resoplido. Sólo había pasado menos de un minuto desde de la última vez que se había fijado en el reloj que marcaba, exactamente, las nueve en punto a.m.
Ahora, eran las nueve y un minuto.
Sí. Definitivamente se había atrasado, lo que era muy extraño en él ya que nunca, desde el tiempo que llevaban de conocerse, llegaba tarde y menos a la hora del receso. Ellos acordaron encontrarse todas las mañanas, ni bien tocara el timbre, para desayunar juntos.
"¿Será que le pasó algo y por eso no llega?" Se preguntaba la pequeña repitiendo una y otra vez la misma de acción de alternar su vista entre la entrada y el reloj. "¿Y si tal vez no vino al colegio hoy porque no se sentía bien?" No, eso no podía ser porque ella recordaba muy bien que en la entrada lo había visto, y hasta incluso, él la había saludado desde lejos por lo que sí estaba en el colegio, pero entonces ¿por qué tardaba tanto? "A lo mejor se sintió mal a mitad de clases y lo vinieron a buscar", pensó ella tratando, posiblemente, de calmar su ansiedad y preocupación.
Un rastro de tristeza se detectó en su rostro, la pequeña se sentía desilusionada por no haber podido hablar con su querido amigo ese día. Ahora, debería esperar hasta mañana para verlo y preguntarle qué le había sucedido.
Rendida de la espera, se preparó para levantarse de la silla e irse a buscar algo para comer antes de que el receso acabara cuando sus ojos vislumbraron entre la entrada a la cafetería a un niño de cabellos negros alborotados. De repente, toda pizca de tristeza y desilusión en su rostro se habían esfumado en un abrir y cerrar de ojos, en cambio ahora se podía apreciar una bonita y feliz sonrisa plantándose en su cara.
Caminaba con dos bandejas en dirección a la mesa donde se hallaba Sakura sentada, le sonrió y sus pasos se hicieron un tanto más rápido. A ella le había causado gracia la forma en la que Sasuke se tambaleaba de vez en cuando y hacía equilibrio para no perder el control, tanto como de las bandejas como de sus cortas piernas, y que todo el contenido de las mismas fuera a parar directo al suelo.
Una ves que Sasuke llegó hasta la mesa, dejó ambas bandejas de comida en ella y se deslizó por una de las sillas a un lado de sakura.
‒Siento la demora, mi linda Sakura ‒se disculpó depositando un tierno beso en la mejilla izquierda de ella.
A pesar de que ya había pasado más de una semana desde que se conocían, Sakura no podía evitar sacarse la manía de ruborizarse cada vez que él le decía: "Mi linda Sakura".
‒Esta bien, Sasuke-kun. Pero pensé que te había pasado algo y que ya no vendrías. ‒Sus párpados bajaron en línea recta al suelo debido a sus últimas palabras dichas.
‒En verdad, siento que hayas pensado eso, Saku. Sólo es que había una larga fila en el bufet y pues, también tuve que quedarme un tiempo más en el salón de clases ‒explicó el chico posando un brazo detrás de su nuca, para luego, rascársela un tanto nervioso‒. Por cierto, te conseguí esto ‒dijo él arrimándole una de las bandejas.
‒¿Pastel de chocolate? ‒preguntó la niña mirando el plato que se encontraba en frente de ella, el cual contenía una rebanada de torta.
‒Pastel de chocolate ‒repitió él azabache asintiendo con una sonrisa impregnada en su rostro‒. Tu favorito.
‒Muchas gracias, Sasuke-kun. ‒Tomó, en su mano derecha, el tenedor que estaba a un lado del plato, sobre una servilleta, y con él agarró el primer bocado de torta llevándoselo a su boca. Luego de degustar dicho postre fijó sus verdes ojos jade sobre los del pelinegro. Frunció el ceño en una mueca de confusión.
Sasuke solo se limitó devolverle la mirada con ambas cejas alzadas.
‒¿Qué ocurre Sakura? ‒preguntó confundido por la reacción de su amiga‒. ¿No te gustó el pastel?
‒No, no es eso. Sasuke, ¿no te gusta el pastel de chocolate? ¿Acaso no quieres probar un poco?‒inquirió ella segundos más tarde.
Sasuke se alivió por su respuesta ¿o más bien pregunta? Ya había pensado que aquel trozo de harina, decorado con puro colorante y porquería que sabía espantosamente empalagosa, se encontraba, para colmo, en malas condiciones y se lo había dado a Sakura.
‒Lo siento, Sakura, pero no me gustan las cosas dulces. ‒Dicho esto se encogió de hombros y llevó a sus labios el sorbete que poseía su cajita de leche para beber un poco de ese líquido blanquecino.
‒ ¿Cómo es que no te puede gustar lo dulce? ‒Volvió, nuevamente, a preguntar atónita por su respuesta. Sabía cosas de Sasuke, pero esta era nueva. Ciertamente esperaba que tuvieran mucho más tiempo para conocerse.
‒No lo sé. Simplemente, me empalaga de sobremanera.
‒Mmm… Bueno, lo acepto. Sé que eres demasiado dulce así que no necesitas más azúcar. ‒Se le escapó una pequeña risita de los labios.
El calor se abrió paso entre las níveas mejillas de Sasuke, tiñéndolas de un leve rojo. Ladeó la cabeza hacia un costado para que este pequeño detalle, vergonzoso para él, no se notase. Aunque, la de cabellos rosáceos, ya lo había notado desde el primer segundo.
‒Sakura, ¿puedo preguntarte algo? ‒Centró una vez más su vista en Sakura, debido a que el sonrojo por fin había abandonado sus mejillas.
‒Claro, Sasuke-kun. ‒Elevó las comisuras de sus labios formando una cálida sonrisa.
‒Sakura, hoy jugaré un partido un fútbol. ‒Comenzó su petición arrastrando las palabras consigo torpemente.‒Y… Pues… Bueno, yo. ‒Genial, parecía un retrasado mental tartamudeando como idiota. ¿Por qué le era tan difícil? ¿Qué le pasaba? Sakura ya comenzaba a mirarlo raro‒. Me gustaría que fueras conmigo a alentarme. Si vas, te dedicaré todos los goles que quieras, mi linda Sakura. Entonces, ¿te gustaría acompañarme? ‒"Sí, eso no ha estado tan mal", pensaba internamente Sasuke.
Desvió su vista en dirección al suelo, sintiendo sus manos sudar como nunca y su corazón latir erráticamente. Mucho más fuerte de lo normal.
Silencio. Sasuke sin duda estaba pensando que Sakura tal vez no quería y él…
‒Por supuesto que me gustaría ir a animarte, Sasuke-kun. ‒espetó con emoción la peli-rosa borrando por completó los pensamientos que se le avecinaban al pequeño Uchiha‒. Me alagas como asimismo me apenas por todos aquellos goles que me dedicaras. ‒Sus pómulos se marcaron más debido a la ampliación de su sonrisa.
Sus pasos eran tranquilos y lentos. Ambos niños caminaban por las calles de Konoha entre risas y juegos como ver quién corría más rápido para llegar a la esquina siguiente.
Estaban entrando en otoño; la estación del año en la cual las hojas verdes de los árboles caducos cambian su color a uno amarillento y amorronado, hasta el punto de sacarse y caerse con ayuda del viento que las desprende de su crecimiento. Los diferentes colores de las hojas que se encontraban esparcidas en toda la acera, lentamente, comenzaban a tomar vuelo hacia otra dirección debido a la escasa, pero fuerte, brisa que vagaba por las calles; barriendo así las entradas de las casas, tiendas, y del mismo pavimento.
Siguieron marchando por un par de calles más, bajo los débiles rayos del sol, hasta llegar a una pequeña cancha de fútbol rodeada de césped y bancas situadas a ambos lados de la misma.
Centraron su dirección hacía las bancas; una vez allí la pequeña niña de cabellos rosáceos se deslizó por una de ellas, quedando, inmediatamente, con una vista más amplia de la chanca que ahora tenía en frente a ella. Sasuke simplemente había decidido permanecer de pie a su lado en espera de sus demás amigos.
A tan solo un par de metros de distancia, Sakura pudo distinguir a su hermano, el cual se hallaba conversando con dos niños. Al verla, automáticamente, se encaminó en dirección a ella y Sasuke en compañía de los chicos con los, que segundos antes, estaba cruzando palabras.
‒Hey, teme, ¿qué haces? ‒Se adelantó a decir un ojiazul de hebras rubias y con unas extrañas marcas plantadas en sus mejillas. Era uno de los niños que acompañaba al hermano de Sakura.
‒¡Naruto-baka, cállate de una maldita vez! No interrumpas. ¿No vez que está platicando con una niña muy bonita? ‒espetó el otro niño que estaba a un lado del rubio mientras le guiñaba un ojo a la ojijade.
El nombrado observó con detenimiento a la niña que se encontraba a un lado de su amigo, y por consiguiente, frente a él.
Entrecerró levemente sus ojos.‒ Es verdad. Qué bonita eres, ¿cómo te llamas? ‒inquirió bajo la atenta mirada del Uchiha.
‒Dobe, deja estar molestando. ¿No ves que tu presencia la está incomodando? ‒interrumpió Sasuke frunciendo el ceño algo –bastante- molesto por lo que acababa de decir su torpe amigo.
‒¿Disculpa? ‒preguntó con indignación destilada en su voz‒. Yo, solamente estoy diciendo la verdad. Ella es muy bonita, y además le estoy preguntando a la niña, no a ti, cara de nalga. ‒concluyó cruzando ambos brazos a la altura de su pecho y ladeando su rostro.
Sasuke sólo se limitó a fulminarlo con una de esas miradas que había aprendido de su padre una vez mientras que Sakura observaba todo en creciente silencio, algo incómoda por la situación.
‒Naruto, deja ya de una vez por todas de incomodar a la señorita, como bien dice Sasuke. ¿No ves que estás asustándola? De todos modos, ¿por qué no dejas que él nos la presente? ‒dijo el peligris posando su mirar en el azabache de ojos negros.
Antes de que Sasuke pudiera decir algo fue cortado por una voz, un tanto, ronca y enojada que inspiraba cansancio de tal escena:
‒No se preocupen. Yo se las presento ‒habló, por primera vez, el segundo ojiverde entre todos los presentes. Este, a diferencia de su hermana, tenía cabellos castaños y su piel era más morena a comparación con la nívea piel de Sakura.
‒Oniichan… ‒Las palabras de la única niña no terminaron de salir de sus labios ya que su temor era mucho mayor a su deseo de hablar. A su hermano, sin duda, no le agradaba mucho el hecho de que otros niños se le acercaran.
Unas pequeñas manitas, que ella reconoció bien, la tomaron por los hombros para arrinconarla un poco más hacia él. Sasuke acercó sus labios al oído de ella para susurrarle algo que no logró ser escuchado por los demás:
‒Tranquila, Sakura, yo te cuidaré. No tengas miedo. ‒le murmuro él. Luego se separó unos centímetros de ella y miró a los tres niños que los observaban expectantes.
‒Sasuke-kun… Gracias. ‒Asintió suavemente la cabeza con seguridad, y las paredes de las comisuras de sus labios se elevaron dejando ver una hermosa sonrisa dibujada en su rostro.
‒Descuida, Kotaro, no te enfades. Yo la presento ‒dijo Sasuke tratando de controlar el enojo de su amigo. ‒Naruto, Suigetsu, ella es Haruno Sakura; tiene siete años, es la hermana de nuestro amigo Kotaro, y está en segundo grado en el instituto ‒presento el pelinegro con una amigable sonrisa.
"Así que es por eso que Kotaro se enojó cuando el baka de Naruto comenzó a decir que Sakura era linda", pensó internamente el ojivioleta ente incrédulo y divertido.
"¡Diablos! Ahora sí que metí la pata. ¿Cómo se me ocurre decir tantas boberías y estupideces frente a Kotaro? Con el carácter que tiene. Es igual de amargado que el teme cuando se lo propone, me va a ir muy mal" también pensaba el de ojos azules entre temor y vergüenza mientras sonreía nerviosamente.
‒Hola, mucho gusto ‒saludó con una leve y tímida sonrisa la de cabellera rosácea.
‒El gusto es todo mío, Sakura ‒Correspondió al saludo Suigetsu ‒. Me presentó. Yo soy Hozuki Suigetsu, pero tú, puedes decirme solo Suigetsu, Sui o como lo desee ‒Su voz era coqueta, como la de los galanes de feria‒. Y el nombre de mi tarado amigo, que te ha estado incomodando, es Uzumaki Naruto, pero a él puedes llamarlo simplemente baka. Es así como casi todo el tiempo le decimos ‒Terminó su última frase en un bajo susurro para Sakura, como si de un secreto se tratara. Ella soltó una suave risa ante esto.
Naruto, que alcanzó a parar la oreja para escuchar lo último dicho por Suigetsu, no dudó ni medio segundo en largarse a protestar ante su comentario, causando, para lo que muchos describirían, un berrinche. Mientras tanto, del otro lado de tal lamentable escena, Sasuke y Kotaro miraban todo en silencio y con la viva imagen del aburrimiento impregnada en sus caras.
‒Bueno, es un placer conocerlos a ambos. ‒Sakura no tuvo más remedio que obligarse a dejar su timidez a un lado y decir algo que distrajera a los dos de una, asegurada, pelea que conllevaba insultos como: "Nabruto cara de papa" o "Pescado mal oliente, dientes de serrucho", o algo por el estilo se imaginó ella. Pero deseaba evitarlos.
La tarde continuo muy pacífica, a pesar de las mini-pelas que surgían por algún que otro comentario, todos continuaron conversando un tiempo más entre bromas y carcajadas.
El olor a césped le resultó tan placentero a Sakura que se sentía increíblemente feliz de poder estar allí y el haber conocido a Naruto y Suigetsu. Debía reconocer que nunca antes había reído tanto como esa tarde por las ocurrencias de ambos. Estando allí ella se sentía bien.
Unos minutos mas de plática se llevó el tiempo, y los cuatro muchachos decidieron que ya era hora de ponerse a pensar porque premio jugarían ese nuevo partido de fútbol que estaba a momentos de iniciar.
¿Rewies? : D
¡Muchos ricos besos a todos! 3
